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La mona se viste de seda

La noche del sábado Telecinco estrenó “El gran debate”, programa que sustituye en prime time a “La Noria”. Le recuerdo que “La Noria” era un programa de éxito, con una audiencia notable y críticas sangrantes, que cayó en desgracia tras pagar 9.000 euros por entrevistar a la madre de El Cuco, acusado de encubrimiento en el caso Marta del Castillo. Los anunciantes, alarmados por el revuelo social causado, retiraron la publicidad. Sin anuncios, “La Noria” estaba muerta.
“El gran debate” surge, por tanto, de las cenizas de “La Noria”. ¿Es un nuevo programa? Yo no diría tanto… Y no diría tanto porque para el primer “El gran debate” seguro que el cuerpo les pedía un especial sobre la sentencia del juicio de Marta del Castilla, pero como fue precisamente ese tema el que causo la ruina a “La Noria” han tenido que hacer un monográfico sobre el paro. Suficiente para clarear su churretosa imagen y limpiar la conciencia de los anunciantes. ¡Sopas Knort, Peugeot, Ausonia, Martini, El Pozo, Colgate y Ford vuelven a incluir publicidad en Telecinco durante el prime time de los sábados! Esto era lo importante. Esto, y los 1,45 euros que cobran por cada mensaje para participar en la pantomima de sondeos.
“Un espacio para entender lo que pasa en este país en este momento…”, “un encuentro de ideas, de personas con voluntad de construir”, dice Jordi González cuando trata de definir “El gran debate”.  Pero lo cierto es que se trata de una adaptación light de “La Noria”: un plató luminoso, un circo de invitados igual de bullangueros y un nivel intelectual deplorable, por populista y superficial. Mantienen los aplausos de regidor sin criterio, los invitados políticos circenses (Antonio Miguel Carmona, del PSOE, el Consejero de Turismo y Cultura de Murcia, del PP) y añaden algunos conatos de periodismo sin el menor interés: Telecinco no destaca por su equipo de informativos. El resultado es un debate gritón, de bajísimo nivel, por mucho que los presentadores se toquen con el bolígrafo los labios y pongan cara de estar reflexionando. “¿Qué estarías dispuesto a hacer para tener trabajo?”, se preguntaba un Jordi González que muy bien podía haberse respondido: “pues presentar programas en Telecinco”.
Tras dos horas de demagogia y vocerío, y nada más sonar las doce campanadas, Jordi González y cuadrilla se quitan el disfraz de “encuentro de ideas” y recuperan su verdadero y diabólico aspecto: ¡comienza “La Noria”, ese programa que nunca se fue!
Efectivamente. González y compañía despiden “El gran debate” a las 12:24 de la noche, y a las 12: 30 González y compañía presentan “La Noria”. Y lo hacen como si no hubiera pasado nada, en directo, pero sin ninguna referencia al programa anterior, como si acabaran de llegar de sus casas en ese mismo instante. Invitados de refresco, quizá cabreados por el horario golfo, temas más polémicos y escabrosos (Urdangarín) y entrevistas de insultante banalidad (Arancha de Benito).
La mona se quitó la seda y enseñó de nuevo la patita, llena de pelambre y roña…

Sentirse sucio

“¿Cómo puedes soportar este mundo, noble corazón? Suciedad es su blancura; suciedad es su negrura”. Franz Kafka.

Los servicios de la madrileña estación de trenes de Atocha se han convertido en un lugar poco recomendable. Apestan a mierda, el suelo está cubierto de meados y la acumulación de hombres no parece muy natural. Algunos estiran el cuello y miran de reojo los miembros de quienes orinan a su lado. En el interior de una puerta que no se puede cerrar alguien ha escrito “te la chupo” y un número de teléfono. Todo es muy estrecho, todo está muy húmedo y pringoso, todo es oscuro y sórdido. Al salir de ese tugurio me sentí tan sucio como cuando veía Telecinco…

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Ni piedad ni perdón

Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset, reconoce el error cometido al entrevistar en “La Noria” a la madre del Cuco y llora ante los medios su pena mora: “Nos equivocamos, nos equivocamos muchísimo, y si supierais cuán doloroso es equivocarse… a veces cuán humillante y cuán difícil corregir rápidamente un error”. ¡Pobre Vasile, arrepentido de haber sembrado de mierda los cerebros de los telespectadores españoles durante décadas! ¡Lástima de Vasile, consejero delegado de una cadena que el pasado año consiguió un beneficio neto de apenas 70,5 millones de euros, un 45.6% más que durante 2009! ¡Perdonemos pues a Vasile, un hombre que demuestra tener su corazoncito cuando ofrece muestras sin duda sinceras de arrepentimiento!

Mientras el cocodrilo derramaba lágrimas a espuertas en la gala-reunión con sus anunciantes, celebrada el pasado miércoles en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, su cadena continuaba emitiendo basura del mismo calibre que siempre. Cuando escribo estas líneas, en pleno horario de protección al menor, Coto Matamoros se burla de los telespectadores obesos que consultan a Karmele pidiendo ayuda (16:55). Antonio David, el ex guardia civil, asegura que su ex mujer, Rocío Carrasco, le ha sido infiel en numerosas ocasiones (17:29). “Juro por Dios, y juro por mis padres, que me cueste lo que me cueste me voy a llevar a la familia Ostos por delante”, amenaza Mila Ximenez (17:40).

“Cualquier problema vuestro es un problema nuestro, y si el problema vuestro lo hemos causado nosotros, tenemos que solucionarlo nosotros, lo sabemos perfectamente”, insistió Vasile, con las orejas gachas y el rabo entre las piernas. ¿Hablaba de los telespectadores? No, por dios, hablaba de los anunciantes. “Aunque la audiencia nos interesa, vuestro apoyo nos interesa mucho más”, se le escapó a Giusseppe Tringali, consejero delegado de Publiespaña.

La emisión total de publicidad en televisión creció en España en el segundo trimestre de este año un 10,7%, hasta los 7.560 minutos diarios, según el último “Índice de la televisión” realizado por Zenithmedia. Pero de esos 7.560 minutos emitidos al día, los telespectadores solo ven una media 21,5. De todas las cadenas, Telecinco es la cadena que más publicidad perdido el último año, emitiendo un 16,1% menos que en 2010.

La gallina de los huevos de oro está acatarrada. Después de la entrevista a la madre del Cuco en “La Noria”, la fuga de las marcas publicitarias y el aumento del desprecio del telespectador por la publicidad, en Telecinco están preocupados. Tanto como para que Vasile pida perdón, en uno de los mayores ejercicios de hipocresía en la historia de la televisión. Sabe que la telebasura puede sobrevivir sin telespectadores, la parte débil de la cadena, pero no sin publicidad, el lado rentable.

Ni piedad, ni perdón.