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La fábrica de imbéciles

Dicen que el engranaje industrial español no funciona. Que será difícil salir de la crisis porque nuestras fábricas no están a la altura de los tiempos, no son competitivas. Anticuadas, poco eficaces, improductivas, desfasadas… No todas. La fábrica de imbéciles sigue funcionando a toda mecha: los españoles consumen 244 minutos de televisión al día. Eso dicen los datos recogidos por Kantar Media, la empresa que mide las audiencias.

Cuatro horas de televisión diaria hubiesen acabado con la actividad neuronal de Albert Einstein. Es muy posible, por tanto, que este abuso de escoria audiovisual sea el responsable del adormecimiento de la sociedad española, absolutamente anestesiada ante el saqueo económico, moral e intelectual a que está siendo sometida. Nos están robando lo público, nos mienten y engañan, nos sodomizan (políticamente hablando)… ¿Y nosotros qué hacemos? Ver la televisión como yonquis terminales.

La televisión es una fábrica de imbéciles, insisto. Y de miserables. El diario El País del pasado martes dedicaba su página Pantallas a Ana Rosa Quintana. Una entrevista a la reina de la cochambre en la que la escritora de pega quedaba como una reina (sin imputar): “Nunca emitiría una entrevista con Ricart”, titulaban a cuatro columnas. Tremendo arrebato de dignidad de Ana Rosa, la misma mujer que solo unos días antes tuvo que declarar en el Juzgado de Instrucción número 43 de Plaza de Castilla por haber emitido en su programa una entrevista a Isabel García, una mujer que sufre esquizofrenia y retraso mental, y que en esas condiciones señaló a su marido Santiago del Valle como culpable del asesinato de Mari Luz Cortés.

¿Por qué se presta un diario supuestamente serio como El País a realizar una promo entrevista a Ana Rosa Quintana, la reina de la telecochambre? Pues muy fácil: la batalla entre Ana Rosa (Telecinco) y Susanna Griso (Antena 3) por liderar las mañanas es muy dura en esta televisión nuestra, un duopolio fraticida. Y El País apuesta por Ana Rosa, que a fin de cuentas es de la familia. Wikipedia: “El 18 de diciembre de 2009, las cadenas de televisión españolas Telecinco y Cuatro llegaron a un acuerdo de fusión por el que la Sogecuatro (subsidiaria de Sogecable) se integró en Gestevisióm Telecinco a cambio de un 18,3% del capital de Mediaset España Comunicación, nombre de la empresa resultante”.

La fábrica de imbéciles está perfectamente engrasada. Es una máquina magnífica, implacable, letal, de destrucción masiva. Es tan demoledora como para que sus tentáculos se extiendan a otros medios de comunicación. La tele mancha, envenena y contamina todo aquello cuanto toca. Tenga mucho cuidado, no acabe convirtiéndose en uno de esos que consume cuatro horas de basura tóxica al día. Si lo hace, acabará creyendo a Ana Rosa y confiando en El País. Apague la tele, tenga criterio.

Un motivo para NO ver la televisión

Jota Erre

Autor: William Gaddis.

Editorial: Sexto Piso.

¿Se considera usted un buen lector? Quiero decir un lector serio, maduro, constante, concienzudo, meticuloso, curioso, paciente. Un lector no de premios Planeta, por favor, sino de auténtica literatura. Un lector de clásicos, de largo recorrido, de tochos. Uno de esos lectores que, en lugar de arrugarse ante un volumen de 1133 páginas, se crece y se sumerge en ese océano de lectura con los pulmones repletos de aire fresco. ¿Es usted, insisto, un lector de los buenos? ¿Sí? ¿Seguro? Pues ahora tiene ocasión de demostrarlo.

Esta es la historia de un niño, Jota Erre Vansant, con un don especial para hacer dinero. Con poca salud y sin escrúpulos, y con un teléfono como principal instrumento, el protagonista de nuestro libro ve la vida como una inmensa mina de oro. Detrás de cada persona, de cada objeto y de cada gesto se esconde un posible negocio, un paquete de acciones, un camino hacia la riqueza. Nace la Jota Erre Corporation. Alrededor de esta idea Gaddis teje una telaraña de situaciones y de personajes realmente fascinante, que refleja de manera fiel a un sector de la sociedad norteamericana de la época. El poder, el dinero, la ambición… y lo absurdo de todo ello.

“Jota Erre” es un libro que echa un pulso al lector desde las primeras páginas. Construida con diálogos, esta novela de ida y vuelta contiene momentos memorables junto a otros francamente desazonadores: es fácil perderse, a veces es necesario retroceder, no es posible despistarse ni un segundo, ni media página, ni un solo párrafo. “Jota Erre” es un tsunami de excelente literatura crítica, irónica y satírica, capaz de arrollar al lector desprevenido y dejarle hecho unos zorros. Los supervivientes saldrán reforzados para el resto de sus vidas: este libro ofrece una demoledora descripción de la avaricia, el poder del dinero y los depredadores que se mueven por el mundo dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar. Publicado en 1975, “Jota Erre” es una obra de absoluta actualidad que nos recuerda el atroz neoliberalismo actual.

El esfuerzo merece la pena.

Delincuentes desorientados

Ana Rosa Quintana reconoce que dos redactoras de su productora, Cuarzo, recogieron al asesino de Alcásser cuando salió de la cárcel, porque “se encontraba desorientado”, y le llevaron en uno de sus coches hasta Madrid. Pero desmiente haberle pagado el hotel de cuatro estrellas y las copas nocturnas. “No pagamos a asesinos de niñas”, dijo muy digna y un tanto altanera la escritora. Solo custodian y transportan a asesinos de niñas. No les pagan ni hotel ni copas. Que quede claro.

España es, después de Siria, el país donde más ha aumentado la percepción de corrupción en el último año. La corrupción es hermana de sangre de la mentira, de la deshonestidad, de la sinvergonzonería, de la depredación, del envilecimiento.

Tras esta reflexión, continuamos…

¿Pueden entrevistar las televisiones a delincuentes? Por supuesto: las televisiones son empresas privadas que quieren ganar dinero, cuanto más mejor, y eso lo consiguen aumentando la audiencia. Es decir, la publicidad. Y da la casualidad de que las entrevistas a los delincuentes, sobre todo si se trata de sanguinarios asesinos de niñas, embarazadas o monjas, atraen enormes cantidades de telespectadores. Así las cosas, ¿Por qué no entrevistar a esa mina de oro que son los delincuentes?

Solo una cosa puede impedir este vomitivo pseudoperiodismo: que los anunciantes no se sientan cómodos al ver cómo sus productos se relacionan con asesinos en serie, violadores o torturadores. Imagine la promoción de la cadena: “esta noche, en prime time, la entrevista al hombre que asesinó, descuartizó y devoró a sus propios hijos tras violarlos, patrocinada por pan de molde X, colonias X y grandes almacenes X”.

La línea roja no la trazarán jamás las cadenas de televisión privadas. Carecen de moral, su único dios es el dinero, la audiencia. La línea roja tampoco la trazan unos telespectadores que, embrutecidos por años de consumo de telebasura, son incapaces de distinguir entre la buena televisión y la televisión necrófaga. La línea roja tienen que trazarla los anunciantes, que son quienes tienen la sartén por el mango. Así de tristes son las cosas en esta desorientada sociedad neoliberal en que nos ha tocado vivir.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Afilado como un blues de medianoche.

Autor: Javier Márquez Sánchez.

Editorial: Salto de página.

Vivimos tiempos turbios. Tanto como para que traten de convencernos de que la nueva literatura policiaca de calidad llega de Islandia o Sudáfrica. Tanto como para asegurar que la verdadera novela negra, la auténtica, es la francesa. Afortunadamente existen tipos como Javier Márquez Sánchez, un periodista sevillano que en los ratos libres escribe como si hubiera nacido en Atlantic City.

“Afilado como un blues de medianoche” es una novela negra muy norteamericana. Tanto es así que tiene como protagonista a Eddie “Siete Vidas” Bennett, un tipo duro que se encarga de hacer la vida más agradable, y más larga, a Frank Sinatra, Sammy Davis Jr y compañía. Eddie es un espagueti. De padres italianos de Véneto, nació en el Brooklyn de 1922. A partir de entonces se dedicó a recorrer las calles, pelear, beber y vivir. Con sede en Las Vegas, “Siete Vidas” no tiene problemas en tirar de gatillo: “Darle plomo a un malnacido es como darle un beso a una mujer bonita; el crimen sería dejar pasar la oportunidad”.

El libro comienza con Eddie contemplando el cadáver de Norma Jean. “La muerte de Marilyn fue como la muerte de la inocencia. Todos creíamos que JFK era nuestro rey Arturo, que haría de éste un país bueno, próspero, ideal para todos, mujeres y hombres, sin discriminación alguna. Pero no ha podido ser. No le han dejado que sea”. A partir de ese primer cadáver VIP todo se complica, tanto en la trama como en el número de protagonistas. Porque por estas páginas pasa no solo el legendario Rat Pack, sino la flor y nata del mundo de la canción, del cine, del espectáculo… y de la mafia de una Norteamérica que se desangra mientras bebe Southern Comfort. Aunque eso sí, “nadie la tiene más grande que Frank”.

Ni siquiera JFK. Márquez Sánchez, periodista, ya me dejó ko con “Letal como un solo de Charlie Parker”, su primer libro con “el Figura” Bennett como protagonista. Pues este “Afilado como un blues a medianoche” es aún mejor, por ritmo narrativo, por la historia que cuenta, por las magníficas descripciones del Estados Unidos de los 50 y por la espléndida nómina de personajes que hace circular por sus páginas. Una novela negra de las de toda la vida.

El necrófago galáctico

Este verano he tenido la gran suerte de ver volar quebrantahuesos. El quebrantahuesos es la estrella de las necrófagas ibéricas, nuestra carroñera más escasa, amenazada y, seguramente, hermosa, con permiso de los también guapetones, que nadie se ofenda, buitres leonados y negros, y alimoches. Fue en Santa Cilia de Panzano, Huesca, una soleada mañana de agosto. Ornitólogos de todo el mundo se acercan a la Sierra de Guara para observar este ave de espléndido porte, 2,5 metros de envergadura, considerada por los pajareros como una necrófaga galáctica.

Le cuento esto porque nada más regresar a casa, con el olor a buitre aún impregnado en la ropa, me entero de que Nacho Abad, el criminólogo de cabecera de Ana Rosa Quintana, abandona el ala protectora de Telecinco y ficha por Antena 3 para incorporarse al programa de Susanna Griso. Los eternos rivales. Se habló incluso de una cifra astronómica, que Abad negó: medio millón de euros. El equivalente televisivo a los 100 millones de Bale.

No se producía un hurto de estas proporciones entre dos empresas rivales directas desde que los billetes de Florentino Pérez convirtieron en madridista de toda la vida al hasta entonces fiel blaugrana Luis Figo. Esperemos que Nacho Abad no acabe como el extremo portugués, y en los trayectos del tanatorio al plató no tenga que esquivar las cabezas de cochinillo que le lancen los despechados seguidores de la veterana Ana Rosa.

Nacho Abad es a los magazines matinales lo que el quebrantahuesos a la ornitología ibérica. Pero al revés. Me explico… Estamos ante dos estrellas de la carroña. Dos carroñeros estrella, si usted prefiere. Lo que sucede es que mientras el quebranta es el último eslabón de la cadena trófica, al zamparse los huesos de los cadáveres, Abad está especializado en sembrar el planeta de despojos. Es periodista de sucesos. Pero no de sucesos de medio pelo, no. Especialista en esos sucesos sangrientos, macabros y tenebrosos que fascinan a los consumidores de telebasura. Esa niña violada, degollada y troceada por su padre es la materia con que Abad se gana la vida. Con ella y con sus familiares destrozados y sus amigos desolados, y con las hipótesis que rodean el crimen. A mayor daño, más audiencia.

La gran diferencia entre el hermoso quebrantahuesos y el siniestro Abad es, insisto, el papel que desempeñan en la vida, su labor social. Mientras que el ave carroñera cumple una tarea fundamental, al limpiar el medio ambiente de cadáveres, el periodista carroñero siembra el planeta de detalles macabros y contribuye a hacer de la pantalla, esa prolongación del mundo, un lugar más sucio, apestoso y desapacible.

Así las cosas, el cambio de Abad de Telecinco a  Antena 3, considerado el gran fichaje del verano, resume de maravilla el momento que vive la televisión en España. Cadavérico.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Billy Bathgate

Autor: E.L. Doctorow.

Editorial: Planeta (1990).

Tras leer este perfil del hampa neoyorkina en plena Depresión, conseguido en un puesto callejero del centro de Madrid por cuatro euros, Doctorow se convierte definitivamente en uno de mis grandes escritores norteamericanos. “Billy Bathgate” es una obra maestra, un libro redondo, una gozada desde la primera a la última página. El escritor del Bronx describe con precisión y brillantez la vida de un chaval de su propio barrio, que se inicia en el mundo del hampa de manera casual. Dutch Schultz, capo mafioso en franca decadencia, adopta a Billy primero como mascota, después como aprendiz, y finalmente como elemento fundamental de su banda.

Rodeado de delincuentes y asesinos, Billy Bathgate crece en un mundo de lujos, personajes famosos y grandes tensiones, muy alejado de la casa de su deteriorada madre, una modestísima vivienda en el este del Bronx. Maneja dinero, come jugosos filetes y se acuesta con chicas guapas. Está en el lado correcto, pese a la violencia que se palpa en el ambiente.

E.L. Doctorow roza la perfección con esta novela espléndida, grandiosa, enorme. Y es que a una historia emocionante y conmovedora añade unos personajes inolvidables, desde el protagonista y su madre, al puñado de pistoleros que deambulan por todas las páginas de este homenaje a una de las épocas más duras y excitantes vividas por la ciudad de Nueva York. Simplemente maravilloso.

http://www.youtube.com/watch?v=kszzy3MGg0A

La princesa y la reina

Dos mujeres centran la atención de El Mundo, el diario que sabe mezclar como pocos la información política más seria y contrastada, recuerde el 11-M, con las frivolidades más disparatadas e hilarantes, no olvide el 11-M. Dos leyendas de la prensa rosa, dos divas de la comunicación y la empresa, dos bellezas veteranas e irregulares con un gran concepto de sí  mismas: la princesa Corinna por un lado, en una entrevista troceada y ofrecida en dos dosis, y la reina de las mañanas televisivas, Ana Rosa Quintana, protagonista del reportaje de investigación “La trastienda de Ana Rosa”.

La princesa Corinna abre dos días seguidos un diario que presume de serio, innovador y riguroso. Normal, puesto que la larga, profunda e intensa entrevista que mantiene la periodista Ana Romero con la “amiga” del rey Juan Carlos es de esas que pasan a formar parte de la historia del periodismo. “Ser mujer y encima rubia complica aún más las cosas”, llega a confesar la tal Corinna en un momento de estremecedora sinceridad. Tremendo, ¿verdad? Mujer y encima rubia… ¿te puede golpear la vida con mayor dureza?

Solo siendo mujer y castaña, como Ana Rosa Quintana. El rostro de las mañanas de Telecinco es la protagonista de un reportaje inolvidable, no menos estremecedor que la entrevista con Corinna, en el que se desvelan los secretos del programa de la cadena de Paolo Vasile. Desde que Ana Rosa se quita las legañas, a las cinco y media de la mañana, hasta que acaban las “más de tres horas y media de riguroso directo”. Un reportaje de monumental valor periodístico que recuerda por su dureza al Truman Capote de “A sangre fría”, por su prosa innovadora  al Tom Wolf de “La hoguera de las vanidades”, por su impacto y atrevimiento al Norman Mailer de “La canción del verdugo”, y por su rigor al Philip Gourevitch de “La balada de Abu Ghraib”. Los minutos previos al arranque del programa resultan especialmente brutales, y su valor periodístico es incalculable: “”Ya están ahí los bocadillos”. Ana Rosa se lanza directa a por un bocadillo y un café con leche. «Estoy muerta de hambre». Mientras da el último sorbo camina por los pasillos, es el momento del maquillaje y la peluquería, faltan escasos 30 minutos para entrar en directo”.

Pero la cosa no termina aquí, puesto que princesa y reina del universo mediático coinciden en un momento televisivo absolutamente mágico: Ana Rosa analiza la entrevista a Corinna. ¿Choque de trenes? Sí, de trenes cargados de botox y estupidez. “Es muy jugoso lo que ha dicho la entrañable amiga del rey”, dice con mal disimulada ironía el escritor Màxim Huerta, copresentador del programa de Ana Rosa. Y da paso a una serie de entrecomillados y a un sinfín de juegos de palabras, todos insinuando la relación “intima” de Juan Carlos con Corinna. “Al rey me une una entrañable amistad”, leen en el momento con más punch periodístico de la charla televisiva. El resto, suposiciones de un grupo de tertulianos entre los que destaca la capacidad de análisis del conde Lequio.

Reyes, princesas, condes y Ana Rosas. La crème de la sociedad española. La prensa y la televisión de la mano, recordándonos el buen momento que vive el periodismo.

 

P.D.

Cospedal y su “simulacro” de explicación del finiquito de Bárcenas. Sin comentarios…

 

Un motivo para NO ver la televisión

La hora de los caballeros

Autor: Don Winslow.

Editorial: Martínez Roca.

Los seguidores de Winslow y su detective surfero es posible que sufran una enorme decepción al leer las primeras páginas de este libro. El escritor recuerda la historia de Boone Daniels y sus colegas playeros, el Club del Amanecer, sin duda para poner en situación al lector primerizo. El repaso a las vidas y milagros de Doce Dedos, David el Adonis, Johnny Banzai, Marea Alta o Sunny Day sin duda sobran a los que ya hemos cogido olas con “El Club del Amanecer” (Martínez Roca), pero son necesarios para los novatos.

Superado este inicio algo repetitivo, regresa el mejor Winslow. Es decir, el mejor thriller californiano que se puede leer de un autor vivo. Boone Daniels, amante del surf sobre todas las cosas, trata de superar la marcha de Sunny con otra chica, una abogada que trabaja en el caso del asesinato de un viejo surfista golpeado por un joven neonazi. Como suele pasar, nada es lo que parece. Corrupción urbanística, infidelidades, ineficacia policial, artes marciales…la batalla de Rockpile.

La cosa se complica cuando los colegas de Daniels, el famoso Club del Amanecer, aquellos con los que se mete cada mañana en el mar, le consideran un traidor. Solo, con el único apoyo de un tipo triste llamado El Optimista, su último amigo, Daniels se enfanga hasta el cuello. Es el mejor Winslow, el que construye diálogos memorables, marca un ritmo trepidante con capítulos intensos y muy breves, y consigue un desenlace sorprendente, brillante, explosivo.