¿El libro del año?

Un motivo para NO ver la televisión

La canción de los vivos y los muertos.

Autor: Jesmyn Ward.

Editorial: Sexto Piso.

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¿El mejor libro que he leído en 2018? Quizá. ¿Uno de los cinco mejores libros que he leído en 2018? Sin ninguna duda. “La canción de los vivos y los muertos” es una novela estremecedora sobre el crecimiento y la familia, sobre las dificultades para comunicarnos con aquellos que nos rodean, sobre las entrañas de una parte de la sociedad norteamericana abandonada a su suerte. Una novela redonda, en la que cada palabra está en su lugar, cada personaje borda su papel, cada página es un alud de sentimientos y emociones, de literatura apasionada y desgarradora, de todo aquello que hace de la lectura un placer profundo.

“Si el mundo fuera un lugar justo, un lugar para los vivos, un lugar en el que un hombre como Michael no acabara en la cárcel, yo encontraría fresas salvajes. Eso es lo que mamá buscaría en caso de no encontrar algodoncillos. Yo herviría las hojas en la casa del abogado de Michael, donde pasaremos la noche antes de recoger a Michael por la mañana. Le pondría un poco de azúcar y un poco de colorante, como hacía mamá cuando se me revolvía el estómago cuando era pequeña, y le diría que es su zumito.

Pero el mundo no es así. No hay fresas salvajes en este lado de la carretera. Tendría que ser más pantanoso. Pero el mundo también puede brindar un poco de suerte a los pequeños, a veces muestra un poco de piedad, porque después de andar un rato por el lado de la carretera, lejos de la gasolinera, después de dejar a Misty sacando el brazo por la ventana y diciendo “Vuelve ya, coño”, encuentro fresas salvajes”.

“La canción de los vivos y los muertos” cuenta la historia de un chico de trece años llamado Jojo. Y del mundo que le rodea. Pobreza, racismo, incomunicación, drogas, delincuencia… Su familia está ahí para ofrecerle esperanza, pero también tormento: Jojo y los suyos se enfrentan al futuro mirando de reojo al pasado, en una batalla entre la memoria y la supervivencia, entre el amor y la incomprensión, que pone los pelos de punta.

“Me incliné sobre la mesa. Esnifé. Un tirito limpio y abrasador hasta los huesos, y luego lo olvidé todo. Las zapatillas que no compré, la tarta derretida, la llamada de teléfono. La cría durmiendo en mi cama con mi hijo a mi lado, en el suelo, no sea que yo llegue a casa y lo eche de la cama al encontrármelo. A tomar por culo todo”.

Jesmyn Ward ha escrito un libro grande, que deja al lector atónito por la habilidad de la autora para crear una trama nada novedosa pero tremendamente eficaz, por la sencillez y la belleza del lenguaje, y por la humanidad de los personajes, supervivientes en un mundo en descomposición. Absolutamente imprescindible.

“Conocía la enfermedad de la que estaba hablando. Le llamábamos “el mal rojo”. Oí a un médico decir que afectaba sobre todo a los pobres que sólo comían carne, maicena y melaza. Le tendría que haber dicho a ese médico que los que comían eso eran los que tenían suerte: en el Delta, he oído historias de gente que ha llegado a cocinar tortitas de tierra”.

El tesoro del cisne negro

Un motivo para NO ver la televisión.

El tesoro del cisne negro.

Autores: Paco Roca y Guillermo Corral.

Editorial: Astiberri.

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Una ficción basada en hechos reales. Eso dicen que es “El tesoro del cisne negro”. Y es cierto, puesto que cuenta una historia verídica, la del descubrimiento en 2007 en aguas del Atlántico del mayor tesoro submarino encontrado nunca, y el posterior litigio por su propiedad. Pero “El tesoro del cisne negro” es mucho, muchísimo más. Es un homenaje a Tintín y Cousteau, evidentemente. Pero también a los libros de portadas amarillas de Editorial Juventud, y a las aventuras de Salgari, de Verne y de Bernard Cornwell. Por supuesto tiene el regusto maligno de Philip Glosse y su repaso a los grandes piratas. Finalmente, nos ofrece la victoria del bien sobre el mal, del débil sobre el poderoso, algo que recuerda a la gesta de Blas de Lezo que el escritor Pablo Victoria llamó “El día que España derrotó a Inglaterra”. Tengo en las manos un libro que, como todas las grandes historias marinas, huele a sal y suena como una ola de tres metros chocando contra el casco de un velero.

“- Acceder a las peticiones españoles equivaldría a prohibir la arqueología subacuática en todo el mundo y condenar al olvido toda la riqueza que esconden los océanos.

- Lo más grave no es el robo, ni siquiera el daño arqueológico. El hundimiento de la Merced fue un acto vil en el que perdieron la vida 237 hombres, mujeres y niños. Un acto que cambió la historia de España y Europa… Un suceso tan grave en su época como Pearl Harbor en la nuestra”.

En “El tesoro del cisne negro” incluso nos encontramos con una historia de amor. Poco más se les puede pedir a Roca y Corral, dibujante y guionista respectivamente de una de esas historias gráficas que gustan a los críticos, se venden como churros y, definitivamente, marcan una época. La aventura, en pleno siglo XXI, es posible. Y lo es pese a la televisión, las redes sociales o la mediocridad política. Lo es gracias a libros de espíritu clásico, como éste, que nos hacen soñar, nos ayudan a recuperar la inocencia lectora de la juventud y, de paso, nos ponen al día sobre legislación de tesoros navales. Un placer atemporal, desde proa a popa, de la primera a la última página. Imprescindible.

“- Álex, lo he estado pensando y quiero que vayas tú a EE.UU. a supervisar la operación de retorno. Necesito alguien en quien confiar.

Las 2234 monedas de oro están en estuches. Pero las de plata siguen en cubos, bañadas en algún tipo de solución líquida. Ithaca no ha revelado qué líquido usa, imaginamos que será uno que reproduzca las características del agua marina para no desestabilizar el metal.

- ¿Cómo podemos saber que no nos engañan? Habrá que contar todas las monedas. Pero son 567.000”.

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La ultraderecha sale del armario

Televisiones, radios y periódicos coinciden en el titular que resume los resultados de las elecciones andaluzas: “La ultraderecha irrumpe en España”.

Se confunden. La ultraderecha estaba instalada en España mucho antes de la aparición de Vox. ¿No me cree? Escuche a Pablo Casado hablar de los carcas que quieren sacar a su abuelo de una cuneta, o a Albert Rivera acusar a Pedro Sánchez de querer “romper España”. Husmee en la hemeroteca y vea las fotografías del rey Juan Carlos con sus “hermanos” de Marruecos y Arabia Saudí. Recuerde a los titiriteros encarcelados, a Dani Mateo ante el juez. No olvide cómo funciona la justicia, quién tiene el dinero, cuán grandioso luce el Valle de los Caídos décadas después de la muerte del dictador.

La ultraderecha no ha llegado, porque siempre ha estado ahí. Disfrazada de demócrata, pero negándose a condenar el franquismo. Consintiendo que se coloquen urnas… excepto en Cataluña. La ultraderecha simplemente ha salido del armario. Que no nos pase nada.

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Los Enciclopedistas

Un motivo para NO ver la televisión

Los Enciclopedistas.

Autores: José A. Pérez Ledo y Alex Orbe.

Editorial: Astiberri.

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Estamos ante un momento histórico. Aquel en el que la razón quiso imponerse a la religión y sus secuaces, a saber: la ignorancia, la mentira, la hipocresía, la superstición… Un instante complicado, pero mágico, en el que un puñado de intelectuales soñadores se enfrentó al peor enemigo posible, encarnado en dos frentes aliados para que nada cambiase. La iglesia y la monarquía. Si a este proceso cultural fundamental en nuestra civilización le añadimos unos cuantos asesinatos misteriosos tendremos “Los Enciclopedistas”, un cómic que nos recuerda que debemos luchar cada día por nuestro mayor patrimonio: la inteligencia.

“Es una guerra. La de la razón contra la superstición. La de la libertad contra el sometimiento. Nosotros no la hemos comenzado, pero estamos dispuestos a librarla. Lucharemos con las ideas, y demostraremos que son más poderosas que cualquier cuchillo o pistola. Vamos a llenar París de ideas. Hasta que no quede un lugar donde esconderse de ellas. Firmado: Un ciudadano”.

José A. Pérez Ledo y Alex Orbe, guionista y dibujante respectivamente, reflejan a la perfección lo que debió ser el París de mediados del siglo XVIII. Es decir, el París de la catacumbas y la miseria, de las tabernas apestosas y los hostales mugrientos, de la oscuridad eclesiástica y la dictadura monárquica. En ese ambiente de miseria y opresión un grupo de intelectuales, y una joven y valerosa dibujante, se proponen editar la obra más ambiciosa de todos los tiempos: L´Encyclopédie, compendio del saber humano, de la verdad y la ciencia. Demasiado para una conservadora sociedad secreta, los Cruzados, que parece capaz de cualquier cosa con tal de poner fin a ese compendio del saber.

“Diderot: Cree que el pueblo es suyo, pero el pueblo es maleable. Hoy opina una cosa, mañana puede opinar otra. Basta con darles las herramientas.

El rey: ¿Y qué herramientas son esas?

Diderot: Las ideas.

El rey: No hay idea que sea más poderosa que un arma, filósofo.

Diderot: Se equivoca. Una idea puede acabar con un rey”.

A medio camino entre la obra histórica y el thriller, Los Enciclopedistas se lee de un tirón, con los ojos bien abiertos, preparados para disfrutar de uno de esos cómics que no solo entretienen. Los Enciclopedistas nos recuerda que hubo gente que luchó, y hasta dio la vida, por la libertad intelectual de nuestra sociedad, por la victoria de la ciencia y el conocimiento sobre la superchería religiosa, porque el mundo en que vivimos sea más justo, más culto y menos oscuro e ignorante. Apasionante.

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