Periodismo

Hoy podría hablarle de las televisiones autonómicas que han externalizado la información, cediendo sus informativos a empresas privadas. Canarias, Aragón, Baleares y Murcia emiten telediarios realizados, no se lo pierdan, por productoras ajenas. También podría contarle cómo el Gobierno de Rajoy quiere cambiar la ley para, dicen, proteger el fútbol en la radio. Es decir, para permitir que las emisoras puedan acceder a los campos y retransmitir los partidos por la patilla, sin pagar ningún tipo de derecho pese a que obtienen beneficios con la publicidad con que aliñan esas retransmisiones. Incluso podría comentarle que la Formula 1 sale a subasta por impago de La Sexta. Pero no quiero perder el tiempo con minucias… Prefiero centrarme en un tema realmente importante, que afecta a todos los consumidores de información rigurosa e independiente: el altercado entre Jorge Javier Vázquez, presentador de Telecinco, y Pedro J Ramírez, director de El Mundo. Un enfrentamiento entre dos líderes de opinión que pone en peligro el futuro del periodismo de calidad.


Permítame que le sitúe: tras colaborar habitualmente con el suplemento “La Otra Crónica”, de El Mundo,  Jorge Javier Vázquez acusa a este periódico de “inventarse las noticias”. Pedro J responde con un artículo titulado “Lo que se ´inventa` LOC”, en el que asegura que “la invención de datos no es nuestra línea editorial”. Y sentencia con un “pues anda que tú”: “Poniendo en duda nuestro rigor y nuestra profesionalidad sólo pone en duda los suyos”.
Cebrián se le había quedado pequeño. ¡Por fin Pedro J ha encontrado un rival de su altura! Y es que tras reconciliarse con la Pantoja y dar juntos las campanadas, el bueno de Jorge Javier Vázquez, también conocido por Mermelada, quizá viva el momento cumbre de su carrera: “A mí aquí me tenéis, a mí, a Jorge Javier Vázquez. Que El Mundo me dé todas las hostias que le dé la gana que a mí, personalmente, me la pela viniendo de El Mundo”. El Mundo, por su parte, ha criticado duramente “Sálvame”, el programa que presenta Vázquez, por “sacar provecho” de la enfermedad de Terelu Campos. “¿No fue El Mundo el que publicó la foto de Esperanza Aguirre tras su operación?”, sentencia Mermelada.
La estrella de Telecinco y la cúpula de El Mundo, a la greña. ¿Cómo se puede caer tan bajo? Quizá Jorge Javier y Pedro José no sean tan diferentes, y estén unidos por algo más que su debilidad por la ropa extravagante. ¿La doble moral? De ninguna manera: ambos sienten pasión por la independencia, el rigor y la verdad. Por la información de calidad, para que usted me entienda. Pese a que en estos momentos vivan un feroz desencuentro, son dos seres condenados a entenderse. Por el bien de nuestro periodismo.

Un motivo para NO ver la televisión
Chuck Ragan
CD: Covering Ground.


Chuck Ragan no es un novato. Cantante, guitarrista y compositor norteamericano, ha tocado con bandas de diferentes pelajes y grabado punk y hardcore a lo largo de la última década. “Covering Ground”, su noveno disco en solitario, es una demostración de talento como cantautor.
Colega de Mike Ness y los Gaslight Anthem (a quienes telonea), Ragan tiene una voz profunda, y ha escrito para este disco un puñado de magníficas canciones de corte clásico que interpreta con la ayuda de acústica, armónica, violín…Brillante, y mucho más que folk: los temas suplican electricidad. “Covering Ground” es, enchufado o no, uno de los grandes discos del 2011.

¡Os quiero un huevo!

El portavoz del jurado lo ha dejado claro: “Al haber duda aplicamos la consideración más favorable para el acusado”. No culpable. Camps y su colega Costa, el de la carita triste, se van de rositas. Nada de cohecho impropio, nada de devolver los trajes, nada de cadáveres políticos. ¡Estos muertos están muy vivos! Olviden todas las sonrojantes grabaciones telefónicas que hemos escuchado, olviden los comentarios obscenos de El Bigotes, olviden los testimonios de los empleados de Forever Young, olviden incluso la vocecilla de Costa pidiendo caviar para navidades. El ex president de la Comunidad Valenciana escuchó la sentencia, sonrió, guiño el ojo, agarró la manita de Costa y miró al cielo en un gesto enternecedor, con el que parecía agradecer al todopoderoso que en España la justicia funcione como es debido. “¡Os quiero un huevo!”, imagino que pensó. A todos menos a sus amiguitos del alma, Campos y Betoret, que, lástima, se auto inculparon sin necesidad alguna… Pardillos.

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Camps no culpable