Silenciar Venezuela

“Aunque quieren silenciar Venezuela, como si no fuera nuestra, nadie nos podrá quitar el dolor de Venezuela… “, escribe Juan Cruz en portada de El País.

Ésta es la presencia de Venezuela en las portadas y editoriales de El País durante los últimos once días. Once días, once dianas (para ser exactos). La de hoy lunes con regalo: ¡Pablo Iglesias también es un dictadorzuelo! Imaginen en medios menos progresistas, aún más conservadores…

¿Silenciar Venezuela? Quizá lo que sobre sea ruido y propaganda.

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Giro editorial

Primero me cansé de la televisión. Es una fábrica de adocenados, un nido de manipuladores, un arma de destrucción masiva, sin solución alguna. Después me cansé de la política. Resulta insoportable la mansedumbre que mostramos ante la corrupción, la mentira, la desigualdad, la mediocridad. Escribir sobre política supone repetirse día tras día en un bucle insoportable. ¿Cerrar el blog? Nunca. Por todos estos años y por todos esos lectores, los verdaderos protagonistas. Demos entonces una vuelta de tuerca a El Descodificador. Un giro editorial.

¿Más libros, más música, más cultura, ciencia y sociedad, más entretenimiento de calidad? Menos basura, en resumen.

La idea no es original, pero apetece. Hablemos de literatura sureña, de rock and roll, de fotografía callejera, de viajes y exploraciones, de esa película que nos ha gustado tanto y esa canción que no podemos quitarnos de la cabeza. ¿El partido político creado para delinquir que nos gobierna? ¿Venezuela? ¿El duopolio televisivo corrupto? ¿La fianza de Villar? ¿Trump? ¿Los impuestos de Ronaldo? También, por supuesto. Pero menos.

Apostemos por el lado positivo de la vida. Arrinconemos la mediocridad. Intentemos ser cada día personas más solidarias, más críticas, menos dóciles. Mejores personas. Descubramos discos y libros, recorramos senderos de alta montaña, visitemos museos con fósiles de 70 millones de años, viajemos a través de una serie documental, compartamos esos detalles que nos entretienen, nos divierten, nos engrandecen. ¿Rodrigo Rato, Monedero, Albert Rivera, Hernando y el periodista que da lecciones de ética con Marhuenda a su vera? Sí, pero menos.

¿Les parece a ustedes buena idea? Convoco desde este momento un referéndum, por supuesto digital (sin urnas: no quiero el aliento de la Fiscalía en el cogote), para tomar la decisión final. En caso de que gane el sí, arrancaríamos con el nuevo formato tras las vacaciones. En caso de que gane el no… seguramente también. Los bolivarianos perroflautas podemitas antisistema somos así.

¿Giro editorial en El Descodificador? Ustedes tienen, como siempre, la última palabra.

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Conduce toda la noche

“Miente como un testigo presencial”. Refrán ruso.

Pensaba escribir sobre la declaración de Mariano Rajoy en la Audiencia Nacional. Pero me ha dado tanto asco semejante descaro, tamaña impostura, esa sucesión de banalidades ensayadas, esa burla constante a la justicia y a los ciudadanos, que prefiero no hacerlo. El cuerpo me pide alejarme del estercolero. ¿Cómo recomponerme tras semejante sobredosis de basura? Solo conozco dos antídotos de acción inmediata: los libros y la música.

Solo unos minutos antes de la pantomima judicial, tirando viejos papeles a la basura, encontré un sobre pequeño y sucio. Dentro, cuatro fotografías que hice durante el concierto de Elliott Murphy en La edad de oro, allá por 1984. Puse en marcha la trituradora de la nostalgia. ¡Una de aquellas imágenes fue portada de un disco, el primer doble en directo del gran cantautor norteamericano!

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Recupero al gran Elliott, lo opuesto al mediocre Rajoy. Compromiso frente a despotismo. Sensibilidad frente a estupidez. Honradez frente a putrefacción. Verdad frente a engaño. Música frente a ruido. Suena una de mis canciones favoritas, “Drive All Night”, a todo volumen: “Tenemos lo que es correcto… y podemos conducir toda la noche”.

Que alguien bendiga a tipos como Elliott. Gracias a ellos somos capaces de sobrevivir a individuos como Rajoy.

La pena y el asco

Llega uno de vacaciones, con un collar de flores en el cuello y arena en el ojete, y se encuentra con que Miguel Blesa ha dejado el top 10 de enemigos públicos de este país. Y lo ha hecho a la tremenda, por decisión propia, como consecuencia según la televisión de que “le abucheaban en los restaurantes”. El veraneante, que llega aturdido por las horas de vuelo, el principio de insolación y el estrés traumático post vacacional, se debate entre la pena y el asco.

La pena y el asco no como mezcla de sentimientos encontrados, sino como versión ibérica de El ruido y la furia. Faulkner eligió a un retrasado para contar la decadencia de una vieja familia conservadora del sur de Estados Unidos. En España ese papel de tarado está reservado para José María Aznar, el narrador ideal de la historia negra que vivimos: fue el tipo que sembró la semilla del mal. “¡Con él empezó todo!”, gritaría Piqué un día de euforia. Con él acabó todo, podrían decir los familiares de un Blesa que aceptó la manzana envenenada.

La pena se pasa cuando se recuerda que en los últimos cuatro años, tras sentir en el cogote el aliento de la ley, el muerto se deshizo de todo su patrimonio. En el registro de la propiedad ya no figuran a su nombre las cuatro propiedades que tuvo, repartidas entre Madrid, San Lorenzo de El Escorial y las localidades de Orcera y Linares, ambas en su Jaén natal. Y no queda ni rastro de la indemnización de 2,8 millones de euros que cobró por abandonar Caja Madrid. Finalmente, un disparo acabó con cualquier responsabilidad criminal y con las eventuales obligaciones económicas subsidiarias del banquero. “Eres libre”, le susurró al oído la escopeta.

La furia se siente al ver llorar a las humildes víctimas de la estafa de las preferentes. Cuando se escucha a Blesa decirle al juez que “Un jubilado no tiene por qué ser un ignorante financiero”.

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Un motivo para NO ver la televisión

The hunt.

Autor: Álvaro Laiz.

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Es mucho más que un libro de fotografía. Es una pequeña obra de arte de carácter artesanal que nace de una buena idea, crece como apuesta personal, y queda reflejada en esta maravilla que entra por el tacto, una portada rugosa como la lengua de un tigre, y se cierra con un mapa luminoso que incluye los créditos.

“The hunt” habla de la caza. Es decir, de los cazadores y de las presas, del bien y el mal, de la supervivencia y el instinto primitivo, de las fronteras lejanas y los hombres sencillos. De las tierras perdidas del oriente ruso y los cazadores udegei. “The hunt” es un trozo de vida auténtica, de taiga y de demonios del norte, de gruñidos y zarpazos, de hombres-ciervo y rastros en la nieve. Es una sucesión de preguntas a las que contestar con la respuesta del cazador. Es la aventura en estado puro.

Un trabajo formidable, insisto, consecuencia de la constancia y el talento. Tóquelo, véalo y disfrútelo junto a “El tigre”, de John Vaillant, y sentirá cómo la sangre vuelve a correr por sus venas. Una belleza.