Crueldad infinita

“El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Su tendencia natural es a obrar mal y no tiene redención”. Fernando Vallejo.

Siempre he pensado que el auténtico problema de la llamada “fiesta de los toros”, lo verdaderamente preocupante, no son las corridas que se celebran en las grandes plazas. Espectáculos casposos pero medianamente organizados, en los que la parafernalia que rodea la lidia intenta disimular la sangría. Este es un circo macabro que se está muriendo solo.

Lo verdaderamente preocupante son los efectos colaterales. El terrible holocausto herbívoro que tiene lugar en esos cientos de pueblos que han convertido la tortura en tradición, que parecen disfrutar con el maltrato animal, que hacen del suplicio a una vaquilla el centro de sus celebraciones patronales. Esas fiestas que convierten a los hombres en bestias.

Lo espantoso de la tauromaquia es que va mucho más allá del toro banderilleado y picado en una plaza. Lo tremendo de la cultura taurina es la decadencia de la misma, esos vecinos embrutecidos en fiestas, esos ayuntamientos que alimentan a la bestia, esos miles de novillos y vaquillas asesinados de manera cruel. Golpes, estrés, pinchazos, sangre, estoques atravesando sus cuerpos en desarrollo… Todo delante de niños condenados a contemplar esa barbarie.

Me acuerdo de un viejo post: España no es un gran país. No lo es. Ningún país que hace de la tortura una fiesta puede ser grande.


Narcisa

Un motivo para NO ver la televisión

Narcisa

Autor: Jonathan Shaw.

Editorial: Sexto Piso.

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Narcisa es una gran historia de amor. De amor al crack, al sexo sincopado, al desprecio, la manipulación y la autodestrucción. De amor a una mujer que te utiliza, te necesita y te chupa la sangre. Porque Narcisa, cuerpo de niña y carácter de vampiro, podía llegar a ser mucho más que una prostituta drogota: “era un arquetipo espiritual, una especie de entidad angelical, no una puta cualquiera; ni siquiera era una persona…”.

Narcisa es dura hasta parecer despiadada. Se revuelca por el barro, recorre los violentos callejones, maltrata a quienes la idolatran y se retuerce castigada por la memoria. “¡Ja! A mí me han violado tantas veces, me cago en la puta, que ni siquiera me acuerdo, cara! Dejo de contar con doce años, ¿lo pillas? Ni siquiera me salgo con la mía con este dichosos cuerpo en el que soy prisionera con vosotros, putos terrícolas, ¡nunca he tenido el privilegio de hacer ni una puta cosa que he querido en esta vida de mierda en vuestro dichoso planeta!”.

¿Setecientas páginas dedicadas a las andanzas de una drogadicta caprichosa y egoísta? Efectivamente. Y no sobra ni una línea. Si el autor, un tatuador llamado Jonathan Shaw que se estrenó en el mundo de la literatura en 2008 con esta obra, hubiese suprimido un solo párrafo, podía haber sido éste: “Narcisa sería capaz de fumarse los trozos de uña amarilla recién cortada de los dedos de los pies de Margaret Thatcher sin pensáselo dos veces”. Y estará de acuerdo conmigo en que hubiese sido una lástima. ¿Acaso se puede describir mejor una adicción? Shaw sabe de qué habla, y se recrea en las miserias de la pareja protagonista y en el lumpen de Río de Janeiro, lugar donde se desarrolla la historia, pero no resulta ni morboso ni melodramático. Iggy pop, Jim Jarmusch, Robert Crumb y Hubert Selby Jr le adoran. Por algo será.

“Pensaba que lo sabía todo sobre adicciones. De primera mano. Lo que no había acabado de pillar es que un heroinómano es como un viejo perezoso sedado colgado de su árbol pedo perdido, en comparación con el hiperactivo mono de cola anillada de una yoncarra supersónica como Narcisa. Los toxicómanos pueden pasarse años dando vueltas y vueltas en el retrete sin que el remolino los engulla. Los yoncarras, no. ¡A los yoncarras, tío, hay que sacarlos de ahí y pegarles un tiro!”.

Narcisa ve a Cigano, un ex presidiario y ex yonqui que la adora, la protege y le financia la adicción, como al resto de los hombres: “un pene andante y parlante pegado a una hucha con forma de cerdito”. Y Cigano va y viene, entre la pasión, los celos y los disgustos: “¡Joder! Estoy enganchado a ti, princesa. Igual que tú al crack”.

Narcisa es el corazón y el alma de “Narcisa”, evidentemente, pero Shaw encuentra momentos para arrinconar a la protagonista del libro y dar paso a un desfile de ilustres fracasados. Una parada de los monstruos, un circo de derrotados, anti héroes y “bichos raros”: “borrachuzos, carteristas, escuálidos matones preadolescentes, fulleros depravados, travestis entrados en años, putas viejas alcohólicas de cuerpo fláccido y fracasados más feos que un pecado”.

Elliott Murphy cantaba a las maravillosas perdedoras neoyorkinas de los setenta. Narcisa podría haber sido una de ellas, carne de crack y de canción electroacústica, subidón y bajonazo, hechizo y desprecio, espíritu de supervivencia y detonante de pasiones, odios y azares. Una obra maestra underground.

Murcia ¡qué director de RTVE más hermoso tienes!

Me cae bien el director de la RTVE de Murcia. Es un tío sincero, un tipo que va de frente, un profesional del periodismo en quien se puede confiar. En este país de políticos mentirosos, de instituciones podridas y de funcionarios corruptos podemos considerar a Juan de Dios Martínez un héroe, un valiente, un ejemplo para los murcianos en particular y los españoles en general. Mientras todos trapichean, manipulan y corrompen de manera retorcida y sibilina, a la chita callando, Juan de Dios lo hace de frente: “Las directrices las marco yo absolutamente, yo doy la información, ahora la información la doy como yo quiero darla. Lo que sale de ellos lo decido yo. Si el total [como se denomina en televisión un fragmento de una declaración] que hay allí no me gusta, que me busquen otro que éste no me gusta. Toda esa gente díscola [algunos redactores de informativos de TVE y RNE] de momento son disciplinados. Me ha costado mucho esa disciplina y me cuesta muchos disgustos porque me ponen a parir fuera de aquí, claro que sí, que no me sorprende y lo sé, entiendes, pero por eso precisamente, porque me están poniendo como un cabrón, ahora soy un cabrón y más que lo voy a ser”.

Su sinceridad es tan real, tan sincera, tan caprina, que incomoda: “ahora soy un cabrón y más que lo voy a ser”, dijo este alma de cántaro en una conversación grabada (bootleg) a la que ha tenido acceso eldiario.es. Qué mal rato ha tenido que pasar este hombre, la sinceridad con piernas, ejemplo de periodista independiente, con toda esa gentuza llamándole cabrón. Así es como pagan los trabajadores sin corazón los esfuerzos de algunos profesionales por mantener la disciplina, por tener el redil en órden, por acabar con díscolos y antisistemas.

Los murcianos deberían estar orgullosos de Juan de Dios, ejemplo perfecto de cómo entiende el poder la información televisiva.

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Las Campos

En la España veraniega no se habla de otra cosa que de las Campos, María Teresa y Terelu, madre e hija, reflejo perfecto de una sociedad, la nuestra, cada día más incapacitada para utilizar de forma provechosa el sistema neuronal. Las Campos han estrenado en Telecinco lo que llaman un reality, que no es otra cosa que dejar que entre una cámara en tu casa y liarte a contar cuatro miserias privadas: que si estoy enfadada con fulanita, que si me gusta comer esta basura, que si la criada no pone bien la mesa, que si hace tiempo que no hay un hombre en mi cama… Un éxitazo, evidentemente: 18,6% y 2,3 millones de espectadores.

Estoy a punto de caer en la trampa. Estaba pensando un chiste sobre las diferencias entre los dos grandes realitys españoles de los últimos tiempos, el del escuchimizado Vaquerizo y el de la oronda Terelu. Estaba rebajándome a su nivel intelectual, el de la cueva de Voronia (2.149 metros de profundidad)pero me he dado cuenta a tiempo de mi gravísmo error. No caigamos en la trampa. No sigamos el juego a estos mierdas que se están forrando mientras nos embrutecen. Que nos venden entretenimiento sórdido y miserable, de la peor calidad, como si fuese un prodigio de imaginación y talento. “Desconecte de la realidad, de su realidad, que es un asco, con nuestros superficiales, divertidos y tremendamente rentables (para nosotros) programas”, dicen mientras se forran.

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De ninguna manera. Escribiré de TVE, y de cómo ayer domingo interrumpieron sin piedad la lucha de la selección española de baloncesto por la medalla de bronce ante Australia. ¿El motivo? La entrega de medalla de plata al equipo español femenino de gimnasia rítmica. Una entrega que ya estaban emitiendo en Teledeporte. Dos cadenas para esa medalla, ninguna para el directo del emocionante basket. La guinda a una retransmisión de las olimpiadas lamentable por parte de TVE.

Lo peor quizá hayan sido los comentaristas. Auténticos hooligans, hablando maravillas de todos los españoles, justificado sus derrotas, aullando como coyotes y repitiendo una y otra vez los mismos chistes. “El equipo español se merece la victoria”, repetía el comentarista del baloncesto. Claro, y los australianos no. Son unos mierdas, que ni entrenan, ni se esfuerzan, ni saben jugar, ni tienen derecho a la victoria. No se merecen ganar, pero nosotros sí.

Lo dicho: mucho ultra, mucho gritón, y poco analista deportivo de verdad en unas olimpiadas que no pasarán a la historia por la calidad de los comentaristas.

P.D.

El gran Pablo Casado, la sangre nueva del PP, enemigo acérrimo del populismo, felicitó por la medalla de bronce al equipo español de baloncesto… ¡del 2008!

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