La razón se impuso a la fe

“El Espíritu Santo que Cristo ha mandado junto al Padre, y el Espíritu Creador que ha dado vida a cada cosa, son uno y el mismo. Por eso, el respeto de la creación es una exigencia de nuestra fe”, dijo el Papa Francisco el domingo en la Basílica de San Pedro, durante su homilía de la festividad de Pentecostés. En ese mismo instante Darwin se revolvió en su tumba, murieron tres crías de ornitorrinco y Esperanza Aguirre depositó su sobre en una urna de Malasaña: “Espero que el espíritu Santo inspire a los madrileños para que voten lo mejor”, dijo mientras Pecas tiraba de la correa tratando de huir.

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Y entonces se produjo el milagro. La razón se impuso a la fe. El Partido Popular sufrió una derrota histórica. Los ciudadanos reaccionaron, castigaron a los corruptos, a los ineptos, a los malos políticos, a Mariano Rajoy y sus cómplices. Al PSOE. Y apostaron por la renovación.

¿A Aguirre no la ha votado ni Dios? Bueno, a lo mejor Dios sí, pero lo que es el Espíritu Santo, ese que preña a distancia e inspira a los madrileños, debe de haber votado en blanco. En Madrid la gente ha confiado en Manuela. Y en Barcelona, en Ada. Y en Extremadura, y en Castilla La Mancha, y en… Han votado por el cambio, han desbancado al PP, han puesto patas arriba un mapa político español que necesitaba este alboroto, esta derrota de lo podrido, un renovarse o morir.

Disfrutemos de los nuevos vientos, respiremos aire fresco, creamos de nuevo en la política… pero no nos confiemos. En un día festivo citaré a un ave de mal agüero: “Más allá de quien gane hoy, la regeneración democrática de España es desoladoramente improbable”, dijo nada más y nada menos que un Hermann Tertsch que visitó Telemadrid seguramente a modo de despedida. No hagamos caso a este triste ejemplo de mamandurria humana: ¡El bipartidismo ha muerto! Es tiempo de unidad popular, de ilusión y caras nuevas, de ideas progresistas, de una segunda transición.

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¡Volquetes de putas!

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Vota decencia

“Ojalá este domingo regrese la decencia”, ha dicho el filósofo, profesor y académico Emilio Lledó, premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Y se ha referido a la ignorancia como principal causa de todo lo malo que nos sucede, desde la violencia al miedo pasando por la pobreza o la infelicidad.

Ignorancia es creer a Esperanza Aguirre cuando asegura que la publicación de su renta por el diario Infolibre “pone en riesgo la recuperación económica”. O cuando dice que “Si Podemos gana será la última vez que votemos libremente”. O cuando afirma que Pablo Iglesias acabaría con los medios de comunicación plurales. O cuando abraza a un inmigrante, besa a un niño, baila un chotis, monta en bicicleta o gana 369.000 euros en un año como “cazatalentos”.

Votar a alguien así sería indecente.

Ignorancia es aplaudir a Mariano Rajoy y a Rita Barberá en la Plaza de Toros de Valencia el mismo día que sabemos que Anticorrupción investiga los gastos de representación de la alcaldesa entre 2011 y septiembre de 2014. Ritaleaks: 685 euros la noche en la suite del hotel Palace madrileño, casi 5.000 euros por el alquiler de un coche con chófer en Londres, ostras, jamón de Jabugo…

Votar a alguien así sería indecente.

Ignorancia es aceptar que el PP, partido cuya financiación irregular ha sido acreditada por el juez Ruz, se haya gastado en esta última campaña más de 20 millones de euros. Ignorancia es tolerar que Cospedal publique su programa electoral el último día de campaña. Ignorancia es aplaudir a este tipo…

Votar a alguien así sería indecente.

“Ojalá este domingo regrese la decencia”, insiste Emilio Lledó.

P.D.

Yo no voto en Madrid, pero me gustaría…

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Flamenco

“La noche llegó / Porque la montaña se ha tragado al sol”. Nuevo día. Lole y Manuel.

En un país como el nuestro, pero civilizado, los informativos de televisión hubiesen abierto el pasado martes con la noticia de la muerte de Manuel Molina, uno de los grandes genios del flamenco moderno. Cantaor, guitarrista y compositor. Un visionario, un revolucionario, un profeta. En el informativo de mediodía de la televisión pública española (TVE) del día en que falleció el músico que formó pareja con Dolores Montoya, le dedicaron apenas un minuto y cincuenta segundos. Al descenso de las temperaturas, cuatro minutos y doce segundos. Al comienzo de la peregrinación al Rocío, dos minutos. “Que el flamenco sea Patrimonio de la Humanidad es solo una etiqueta. No hacen nada por la música flamenca”, reconoce de manera muy oportuna el cantaor Miguel Poveda en una entrevista que acaba de publicar Jot Down.

Los patriotas de pulserita con la bandera, abono de barrera en Las Ventas y cuenta en Suiza (real o soñada) no se emocionan con el flamenco. No es un sonido fácil, no siempre resulta festivo. Es música de gitanos. Los patriotas de mamandurria, evasión de impuestos y luto en Semana Santa son más de rebujito que de quejío, más de Los del Río que de Rancapino. Ese 21% de IVA cultural. Esa caseta en la Feria de Abril con sevillanas y rumbitas sonando a todo trapo. Ese lucir palmito camino de Almonte, raya va raya viene, reventando caballos mientras escuchan un viejo pelotazo de Isabel Pantoja: “Virgen Milagrosa, Virgen del Rocío / La de los ojos mas hermosos de mi España / Que es el país mío”.

El flamenco es Patrimonio de la Humanidad, de acuerdo, pero donde esté una canción de Bertín Osborne

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