La vida y la caspa

“Si supones que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si supones que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas”. Noam Chomsky.

En la puerta del cine, varias salas y diferentes películas, me encuentro con dos opciones: cine de acción o infantil, por un lado, y “El hombre de las mil caras” y “Captain fantastic” por otro. ¿La historia de Paesa y Roldán? ¿Más corrupción, avaricia y mediocridad? ¿Las cloacas de la democracia? Sería masoquismo. Como añadir vieja caspa socialista a la actual caspa neoliberal. Quizá en otro momento. Veo el traje rojo de Viggo Mortensen y termino de decidirme: elijo “Captain fastastic”. Acierto.

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Acabaré viendo “El hombre de las mil caras”. Seguro que es una buena película, que cuenta una historia interesante y que no está de mas recordar ese capítulo negro de nuestra historia reciente. Pero la actualidad tiene saturado mi sistema de defensa contra la podredumbre. En “Captain fastastic”, sin embargo, una familia celebra el cumpleaños de Noam Chomsky. Y lo mejor no es eso, sino que lo celebra cualquier día del año. ¿Que estamos de bajón? Pues nada, a celebrar el cumple de Chomsky.

“Captain fastastic” habla del valor de la familia, de que la revolución empieza en uno mismo, de la importancia de tener un buen cuchillo de monte, de la confianza en tus ideas, de no perder la esperanza y de que el poder tiene que tenerlo la gente.

No se la pierda. Paesa, Roldán y compañía pueden esperar. “Captain fastastic” es una hermosa historia sobre las pequeñas grandes cosas de la vida.

Pero eso fue la noche del sábado. La noche del domingo fui a ver… ¡“El hombre de las mil caras”! Y me pareció un truño impresionante. Tan casposa como me temía, larga y predecible, con personajes protagonistas mediocres. Sí, así eran ellos, más falsos que la peluca de Belloch. Una historia conocida, contada a trompicones, que nos recuerda con crueldad lo poco que ha cambiado este país. Triste.

¿Las elecciones en Galicia y Euskadi? Los resultados de Ciudadanos son una buena noticia…

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Un motivo para NO ver la televisión

Stuck Rubber Baby.

Autor: Howard Cruse.

Editorial: Astiberri.

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Estamos ante una historieta gráfica dirigida a todo el mundo, no sólo a la comunidad gay. No lo digo yo, lo dice el autor, un dibujante veterano y sureño, del corazón de Alabama, que ha vivido en sus propias carnes la discriminación sexual y racial. Cruse necesitó cuatro años para completar este clásico del cómic, una obra grande e inolvidable que puede parecer autobiográfica, pero que no lo es: “Stuck Rubber Baby es una obra de ficción”, reconoce. “Sus personajes son inventados, y Clayfield es una ciudad creada para la ocasión”.

Nadie lo diría. Clayfield huele a opresión, a Sur profundo, a Flannery O´Connor y a Lynyrd Skynyrd, a Ku Kux Klan y a lucha por los derechos civiles. A insultos raciales, a miedo y a esperanza. Y es que Toland Polk, protagonista de “Stuck Rubber Baby”, muy bien podría ser Cruse, un artista tan sensible como creíble que cuenta con verdadera solvencia la opresión de los habitantes de una región ruda, violenta y olvidada de Estados Unidos durante la década de los sesenta.

“¡En aquel momento surgieron en estampida del establo todas las dudas que había tenido con respecto a mi tenue afirmación de heterosexualidad! ¡Tal como perdí los papeles, parecía que hubiera sido el primer pringado al que se le bajara en mitad de la refriega! ¡En pocas palabras, me entró pánico! Se lo solté todo a Ginger, le expliqué que, muy probablemente y a pesar de mis mejores intenciones, era marica”.

“Stuck Rubber Baby” es una obra maestra por el ritmo narrativo, por el inconmensurable guión y por un dibujo luminoso y brillante, que parte de Crumb y el underground, de la puesta en escena contracultural, hasta encontrar herencias convergentes que le ayudan a denunciar a quienes atentan contra la dignidad del hombre. Cruse posee el don de la originalidad, de la frescura y del compromiso. Es un artista y un activista. Un tipo muy necesario en estos tiempos de barbarie contemporánea.

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Cooperadores imprescindibles.

“Periodismo es nuestra religión”. García Ferreras.

Alfonso Rojo, periodista de enorme prestigio invitado habitual de las tertulias más serias y rigurosas de la televisión española, desde TVE a La Sexta pasando por Telecinco o 13TV, ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Madrid a pagar 20.000 euros a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, por vulnerar su honor. En el programa “La Sexta Noche” (La Sexta) Rojo llamó a Iglesias “chorizo”, “mangante”, sinvergüenza” y “gilipollas”, entre otras cosas.

¿Y? Se preguntará el consumidor habitual de debates televisivos. Si un periodista de larga y contrastada carrera profesional, recuerde que Rojo fue uno de los hombres de confianza de Pedro J Ramírez en El Mundo, no puede decirle cuatro verdades a un antisistema populista perroflauta bolivariano con coleta… ¿Qué queda de nuestro amado sistema de información, de la sagrada libertad de expresión?

En cualquier caso, Rojo no trabaja solo. Ni gratis. Como a los sicarios que disparan en nombre de otro, alguien paga a Rojo para que sea agresivo y lenguaraz, elementos televisivos que generan audiencia fácil. Es decir, pasta gansa. O sea, que Rojo llamó a Iglesias “chorizo”, “mangante”, sinvergüenza” y “gilipollas” porque una cadena de televisión que ahora sin duda renegará de aquel momento, financió sus exabruptos. Cuando una tertulia ficha a Rojo, o a Inda, Marhuenda, Pérez Henares, Graciano Palomo o incluso a ese tipo con gafitas tan triste de ABC, sabe perfectamente a quien está dando un micrófono. Y un dinero. Cooperadores necesarios. Imprescindibles.

Duele escuchar a toda esta gente en televisión. Pero la libertad es así de maravillosa. Rojo puede insultar todo lo que quiera, hasta que un juez diga basta (y paga), en las cadenas privadas, televisiones creadas para ganar dinero, embrutecer y desinformar a la población. Otra cosa es que Rojo suelte sus vomitonas en la televisión pública. Afortunadamente el presidente en funciones quiere una TVE como la BBC…

La puta audiencia

La nueva edición de “Gran Hermano”, el programa con que Telecinco embrutece a la población desde hace 17 años, comenzó con mal pie. Es decir, con mala audiencia. Bajó de los 3,4 millones de telespectadores de la anterior edición a 2,5 millones. ¡Casi un millón menos! Menos de la mitad que la legendaria primera edición, que alcanzó los 5,3 millones de espectadores. Un descenso notable, y preocupante, que exigió que los ejecutivos de la cadena se estrujasen los sesos y dieran lo mejor de si mismos…

Puede haber una prostituta entre las concursantes. Desde otro programa de la cadena, no menos repugnante, han dejado caer este rumor, que ya funcionó de maravilla en el primer “Gran Hermano”. No han dicho nombre, no han confirmado nada, simplemente han dejado caer “la bomba”.

Baja la audiencia, sube la desvergüenza. Una técnica barata y poco exigente que confirma esa frase que adoro, y me gusta repetir de cuando en cuando en este blog: “El talento está en la televisión”.

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Un motivo para NO ver la televisión

Lamia

Autor: Rayco Pulido.

Editorial: Astiberri.

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En su quinto trabajo, tercero en solitario, el dibujante canario Rayco Pulido nos ofrece una historia negra tan fascinante como inquietante y terrorífica. Se desarrolla en la España más triste y gris, aquella de la posguerra, primera mitad de los años cuarenta, con la Iglesia, la policía y los militares al frente de un país aburrido y mediocre. La protagonista es Laia, una chica de 32 años que parece vivir en la más absoluta felicidad: embarazada, amada por su marido, con éxito en el trabajo…

Como en toda buena historia criminal, nada es lo que parece. Se suceden los asesinatos brutales, los detectives privados extravagantes y los policías duros de pelar. Todo es impostura, menos la muerte, en este thriller ibérico que parece arrancado de las páginas de El Caso, sangre y dictadura, pero que rezuma imaginación y talento. La tensión no deja de crecer, página a página, hasta llegar a un desenlace brutal que no defraudará a los aficionados al género.

Poco más se puede decir de “Lamia” sin desvelar más de lo recomendable. Excepto que Rayco ha realizado un excelente trabajo, tanto con el dibujo, blancos y negros luchando a brazo partido, como con el guión, 18 capítulos breves para poner en orden una narración plagada de sorpresas, de personajes sorprendentes y crímenes atroces. Una vez que abra el cómic, una edición de lujo, y comience a leer, ya no podrá parar. Cerrará el libro sin aliento, con el corazón en un puño.

 

La condición humana

Mariano Rajoy ha cogido por costumbre justificar los problemas de su partido, esa corrupción que se extiende por todos los órganos del PP como una metástasis asesina, diciendo que se trata de “la condición humana”. Una frase convertida en mantra con la que pretende dar por zanjado el asunto: no es el Partido Popular, imbéciles, es la jodida condición humana.

No hay filósofo, desde Ortega y Gasset a Hannah Arendt, que no hayan reflexionado sobre la condición humana. El misterio de la existencia, el cuerpo y el alma, la totalidad y la fragmentación. Rajoy, que lejos de ser un filósofo es el líder de lo que la Guardia Civil denomina “una organización criminal”, no pretende reflexionar sobre la evolución del ser humano en cuestiones mentales o físicas, éticas o morales. Solo trata de ganar tiempo ante la prensa, ante los ciudadanos, ante una realidad que le tiene contra las cuerdas.

La honradez, la bondad, la solidaridad, la generosidad, el altruismo, la sinceridad… Todo forma parte de la condición humana. De la condición humana de la gente de bien. “Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje. Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos”, escribió Hannah Arendt, autora del libro “La condición humana”.

Rajoy no es hombre de análisis literario, de filosofía y reflexión. Es hombre de Marca, de mentira y manipulación. Un político que pasará a la historia por ocultarse, por evitar a la prensa y no dar la cara, por liderar un partido podrido, que recurre a lo más sagrado, la condición humana, para disculpar su desfachatez, sus inmoralidades. No se puede ser más miserable.

Un motivo para NO ver la televisión

El hombre que cayó en la tierra.

Autor: Walter Tevis.

Editorial: Contra.

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La reedición de este clásico absoluto de la ciencia ficción podría entenderse como un homenaje al recientemente fallecido David Bowie, protagonista de la película sobre el libro dirigida por Nicolas Roger en 1976 y del musical “Lazarus”, secuela de “El hombre que cayó en la tierra”. Pero también como un regalo para los aficionado al género, que tienen la ocasión de seguir las aventuras terrícolas de un extraterreste absolutamente inolvidable.

“Era como si uno de aquellos individuos -siempre pensaba en ellos como aquellos individuos, a pesar de que había llegado a simpatizar con ellos y a admirarlos- se descubriera a sí mismo tratando con un grupo de chimpancés muy listos y espabilados. Newton se había encariñado con ellos, pero su vanidad típicamente humana le hacía difícil evitar el fácil placer de ejercer su superioridad mental para dejarlos asombrados. Sin embargo, por agradable que esto resultara, no podía olvidar que aquellos individuos eran más peligrosos que los chimpancés… y que habían transcurrido millones de años desde que algunos de ellos habían visto a un antheano sin disfraz”.

Thomas Jerome Newton partió del planeta Anthea hacia la tierra con intención de construir una nave espacial para trasladar a sus colegas, habitantes de un planeta arrasado por las guerras nucleares, y garantizar la supervivencia de su especie. Tras años de entrenamiento, en los que el pobre Newton utiliza la televisión terrestre como herramienta de aprendizaje, el frágil protagonista de esta novela aterriza en la Tierra. “¿Qué estaba haciendo aquí, en este otro mundo, el tercero con respecto al sol, a casi doscientos millones de kilómetros de su hogar?”. Es un tipo raro, sin uñas y con ojos de gato, pero sumamente inteligente, que pone en marcha de inmediato una serie de revolucionarios inventos que le convierten en millonario. Necesita dinero para un gran proyecto de supervivencia.

¡Pobre extraterrestre rico! Podríamos decir… Newton. ¿Quién eres tú? ¿A qué lugar perteneces? Todo lo que sabe sobre la Tierra lo ha aprendido estudiando durante 15 años la televisión. “Ella le había mostrado una soñolienta y ebria vitalidad que los antheanos, con toda su sabiduría, no podrían haber conocido, ni siquiera haber soñado. Se sentía como un hombre que se hubiera visto rodeado por animales razonablemente amables, tontos y bastante inteligentes, y hubiera descubierto gradualmente que sus conceptos y relaciones eran más complejos de lo que su adiestramiento podía haberle conducido a sospechar”.

El californiano Walter Tevis publicó esta fascinante novela en 1963, y rapidamente se convirtió en una obra imprescindible para entender el género. Emotiva y original, la amenaza no es el extraterrestre sino los terrícolas, “El hombre que cayó en la tierra” humanizó la ciencia ficción. Por eso su reedición es una excelente noticia no solo para los aficionados al género, sino para todos los públicos. Estamos ante el grito desesperado de un individuo solo, una elegía al planeta, un canto triste a la incomunicación y el desamparo, un llanto por las miserias humanas. Enternecedor.