Un tonto muy tonto

“Si existiera un campeonato mundial de tontos y él decidiera participar, probablemente ganaría solamente la segunda plaza. No por no tener méritos, más bien por tonto”. La frase, algo enrevesada en su final pero tan poética como cariñosa en su comienzo, es de Mauricio Carlotti, vicepesidente de Atresmedia, y está dedicada a Ramón Pérez-Maura, adjunto al director del periódico gubernamental ABC y hasta hace solo unos días tertuliano habitual de La Sexta.

maura-carlotti

Una bronca entre la casta mediática que comenzó cuando el periodista de la vocecilla aflautada escribió un artículo en el que confesaba haber sido un “tonto útil” de programas como “Al rojo vivo”: “Como soy un poco zote, he tardado bastante en darme cuenta del juego casi decimonónico en el que estoy participando. Se trata, al fin, del viejo axioma: periodismo y dinero condicionando el resultado electoral… Es el negocio perfecto. El capitalismo más abyecto celebrado por la izquierda más rancia a la que ese capitalismo le parece muy bien si le genera votos“. De acuerdo. Pero, ¿y lo de tonto útil? “Un concepto político marxista con el que se define a personas que al defender unos principios acaban convirtiéndose en instrumento de sus rivales… He sido un tonto útil, pero creo que hay quien merece ese título más que yo, y no lo reconoce”, escribe el periodista al servicio del Partido Popular. “El marqués (José Manuel Lara, presidente del grupo Planeta) coloca en sus tertulias a políticos de izquierdas que con sus diatribas contra el sistema dan audiencia a su televisión y esa audiencia da dinero al señor marqués”.

La trifulca, que tuvo lugar vía Twitter, se saldó con el periodista de ABC donando 30.000 euros a Cáritas. Y es que cuando se trata de pasta, pues ya sabe usted: de puta a puta nos tuteamos. “Habla de dinero, olvidando las decenas de miles de euros que ha cobrado por sus participaciones”, escribió Carlotti en su blog.“Reclama a los demás medios una coherencia editorial que su grupo no manifiesta, más allá de estar siempre alineado con quien gobierne, sea quien sea, allí donde se publican sus periódicos”. Y sentenció: “Si un tertuliano, en más de tres años y en 120 tertulias no se entera de dónde está, con quién juega y a qué se juega, creo que con un ‘tonto’ a secas despachariamos adecuadamente el expediente”.

En ese momento de honor y máxima tensión el vicepresidente de Atresmedia sacó a relucir a su familia italiana: “Mi abuelo me enseñó que un hombre no discute, apuesta. Apostamos que son 120 (programas) x 250 (euros por programa) = 30.000 euros”. Pérez Maura niega la cifra y acepta el desafío. Si estaba equivocado, los 30.000 para Cáritas. Si el confundido era Carlotti, los 30.000 para el Centro de Solidarietá Don Milani.

La pasta se queda en casa. Pérez-Maura, un tonto muy tonto, se tiró el pisto entre los rojeras de La Sexta durante 120 programas. Y como cobró 250 euros por cada programa, pues los de Cáritas tienen ahora 30.000 eurillos más en la caja. ““X nada del mundo querría un euro de su empresa. Quede con dios, Carlotti”, escribe todo digno el hombre que llevaba desde 2011 defendiendo a Rajoy y los suyos en La Sexta.

perezmaura01_560x280

Vuelve el hombre

No es la típica serpiente de verano. Lamentablemente. No es el clásico fichaje futbolero que se da por hecho una y mil veces, en todas las tertulias, pero nunca llega a confirmarse. No es un bulo mediático, es una realidad desinformativa. Regresa el gran Alfredo Urdaci, el del “Ce Ce O O”, la mano derecha de El Pocero, el monologuista más cachondo de La Sexta, la cadena progresista (B) de Lara. Y lo hace por la puerta grande. ¿Dónde recala? Se preguntará el lector que se reboza en las arenas playeras de Torrevieja. ¿En TVE, donde dirigió brillantemente los servicios Informativos y presentó con gran éxito el Telediario 2? No, mejor todavía: en 13TV, la tele de la señorita Pepis de la Conferencia Episcopal Española. Urdaci será, según la web de los obispos, “director de los Servicios Informativos de la cadena y presentador y director de la II Edición de Al Día (20:30 horas)”. Horario de máxima audiencia para un periodista de reconocido prestigio y enorme credibilidad.

Todos los periodistas en paro de este país, que son muchos, deberían sonreír al conocer la noticia del regreso de Urdaci. Resulta tremendamente esperanzadora: Si un tipo así encuentra trabajo en un medio de comunicación, está claro que cualquiera puede hacerlo. ¿Ven cómo el mercado laboral ha revivido? Hasta el mercenario más chusco, con peor fama y más negro currículo, encuentra un lugar donde caerse muerto.

Habrá que esperar hasta septiembre, “fecha en la que 13tv pondrá en marcha una nueva y ambiciosa parrilla televisiva con la que el canal se reafirma como principal opción televisiva junto a los dos grandes grupos del panorama audiovisual. ¿Principal opción televisiva junto a Mediaset y Atresmedia? ¿13TV? Serán mentirosillos estos puñeteros obispos… ¿Y el octavo mandamiento? Venga ahora mismo a confesarse todos, unos con otros, en una orgía de pecados y arrepentimientos, mitras y bonetes, monaguillos y monjitas, estolas y casullas.

Urdaci es el rey de los manipuladores audiovisuales. Una leyenda entre los periodistas gubernamentales, que en estos días difíciles crecen como las setas en otoño. Un mito entre aquellos mamporreros capaces de darlo todo por recibir del poder una caricia en el lomo. Recibámosle con los brazos abiertos en esta España periodísticamente acabada.

Sublimotion

Durante los últimos años he podido observar que, en los meses de verano, los medios de comunicación recurren de manera sistemática a dos temas fascinantes: los discos de vinilo y los restaurantes de super lujo. Poco decir de los viejos singles y elepés, y de esos recorridos absurdos por las tiendas que aún venden rodajas de música. Una sucesión de tópicos. Mucho más interesante resulta la élite gastronómica, siempre sorprendente en su necedad y en sus precios. La última dosis de cocina galáctica la ofrece El País, que recomienda un restaurante de Ibiza con el menú del día a 1.650 euros. No, no a 16.50 euros. Ha leído bien a la primera: 1.650 euros.

El chiringuito ibicenco se llama Sublimotion, y el chef que ha diseñado tan accesible cubierto es Paco Roncero. “A mi no me gusta decir que es caro, sino costoso”, dice el cocinero. Ya sabe usted, a partir de ahora las cosas no son caras, sino costosas. ¿Un menú degustación por 1.650 euros? Costoso. Simplemente costoso. No olvide que “un haz proyecta caligrafiado el nombre de cada comensal”, y estos detalles tienen un precio. Como la pantalla de 360 grados “que envuelve la estancia” y acompaña cada plato para “trasladar a los presentes del Ártico a Central Park, de las huertas de Toledo al fondo del mar, de un viaje en globo al mismísimo infierno”. Joder, al mismísimo puto infierno.  Qué fuerte, ¿verdad?

La frivolidad estival de los medios no tiene freno, carece de límites. Dentro de este proceso de deterioro algunos incluirán la salida de María Escario del Telediario de TVE. Yo no puedo evitar pensar en el cese de Hilario Pino como presentador de informativos en Cuatro. Se comentó que, tras catorce años en la cadena de Mediaset, Pino abandonaba de forma voluntaria su puesto para emprender nuevos proyectos. Pero parece que se trata de un despido: “No hacía por motivarse en equipo, no se vinculaba en el resultado. Se le veía con falta de interés y motivación”, dice la empresa a modo de agradecimiento por sus años de trabajo.

Pino es un periodista sobrio, de la vieja escuela, y seguramente no encaja con el proyecto que tiene Paolo Vasile para los informativos de Mediaset. Unos informativos, los modernos, esclavos de la audiencia, basados en vídeos de Youtube, presentados por guapas señoritas.

P.D.

“Vamos a intentar hacer en España lo que Jaume Matas hizo en Baleares”. Mariano Rajoy, 2004.

1269942183_0

En la foto inferior, Jaume Matas en la entrada a una versión segoviana del restaurante Sublimotion. ¡El puto infierno, tío!

14065641299601

 

Un motivo para NO ver la televisión

John Hiatt

Cd: Terms of my Surrender.

JohnHiattTermsOfMySurrender-1024x1024

John Hiatt está en forma. A sus 66 años el de Indianapolis lleva décadas manteniendo un nivel excelente, escribiendo buenas canciones, grabando discos brillantes y ofreciendo conciertos que le sitúan en la cresta del género Americana. Es uno de los grandes cantautores eléctricos norteamericanos, injustamente a la sombra de Dylan, Springsteen y Petty.

Terms of my Surrender, su disco número 25, reúne once canciones simplemente brillantes. Blues suaves y raíces, la voz profunda de un músico sin dudas sobre su trabajo, a veces cerca de Tom Waits (Old People, Marlene), otras como el último Springsteen (Wind Don´t Have to Hurry), siempre partiendo de la guitarra acústica, de melodías robustas y letras sencillas, directas. Otra joya.

 

Sanción microgorda

La Sala Primera del Tribunal Supremo ha dictaminado que el diario El Mundo debe pagar 20.000 euros como indemnización por una de sus exquisitas piezas periodísticas. ¿Se castigan, por fin, sus informaciones sobre el 11-M? No, por dios. Eso es historia del periodismo español: los lectores nunca agradeceremos lo suficiente a los jefes del diario de Unidad Editorial por enseñarnos cuán bajo puede llegar a caer un medio de comunicación. El Mundo debe pagar 20.000 euros porque la Justicia considera que determinadas expresiones utilizadas en uno de sus textos de opinión son constitutivas de infracción “al derecho al honor y a la intimidad”.

Barbara-Rey-Chelo-noche-amor_MDSVID20111119_0017_3

Un blog de televisión del periódico que fuera dirigido por Pedro J llamó a Chelo García Cortés, colaboradora del programa de Telecinco “Sálvame”, lindezas como “microgorda ponzoñosa”, “carroñera del montón y miss plumilla menopáusica transmutada en pequeña escribiente florentina del buitrerío ibérico”. Y dijo que tenía una “imbecilidad de grado cum laude”. Estos insultos tienen un precio: 20.000 euros. Un precio que se paga tarde, los insultos se vertieron en mayo de 2008, pero se paga.

Esta sanción me obliga a reflexionar por varios motivos. El primero es que colgué mi último post en El Mundo el 2 de noviembre de 2007, después de escribir durante tres años precisamente un blog sobre televisión (y sus mundos paralelos). Un blog que escribí, que escribo diez años después, con absoluta y total libertad, pero procurando no cruzar las líneas rojas que dictan el sentido común y la buena educación. No estoy seguro que haberlo conseguido siempre. ¿Habré faltado al respeto a alguien en todos estos años? Puede que sí. Lo siento. Nunca, en ningún caso, jamás, ha sido de manera premeditada, por razones personales, para conseguir visitas.

Me horroriza haber podido escribir cosas tan despectivas como “microgorda ponzoñosa” o “miss plumilla menopáusica”. Es posible que algún lector busque y encuentre expresiones parecidas en El Descodificador. Si no lo he hecho, es posible que haya estado cerca. Lo siento, insisto. Lo de “carroñeros” creo que puede tener sentido, por ejemplo, para definir a seudo periodistas que despellejan a famosos en programas basura. O que venden sus relaciones sexuales en televisión. Pero “microgorda ponzoñosa” suena demasiado miserable y personal, claramente ofensivo, francamente violento y absolutamente innecesario.

La culpa es del autor del blog de El Mundo, evidentemente, pero sólo en parte. Los medios exigen que los blogs tengan visitas, muchas visitas, para sobrevivir (El País acaba de cerrar decenas), y una forma de conseguir esas visitas es escribiendo post agresivos. El problema comienza cuando al opinador se le va la mano, se viene arriba, se cree impune por trabajar en un gran medio y, lo que es peor, ejerce esa agresividad con los más débiles. Cuando es crítico hasta la sangre con el poder, político o económico, o con su propio medio, bien por sus pelotas. Llamar a una tertuliana “microgorda ponzoñosa” es demasiado fácil, muy ruin y tremendamente injusto. 20.000 euros me parece una sanción… digamos que microgorda.

Decía Ryszard Kapuscinski que las malas personas nunca pueden ser buenos periodistas. Si desde un medio llamas a alguien “microgorda ponzoñosa” es muy posible que seas mala persona, y por tanto mal periodista.

Les pido disculpas de nuevo por lo que me pueda tocar. Lo siento. No volverá a pasar.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Autor: Ben Brooks.

Editorial: Blackiebooks.

BB45_3D_web

Etgar tiene quince años. Bebe Nesquik y ron, fuma poco, come porquería, tiene una novia que le engaña, unos amigos raros, se da baños calientes, y pasea a su perro, Amundsen, menos de lo que debiera. Amundsen se caga en el salón de su casa. La vida de Etgar es una mierda, y el protagonista de nuestra historia se defiende escondiéndose bajo las sábanas, bebiendo, viendo series… y husmeando en chats sexuales. Cuando sus padres se van de viaje conoce a alguien en internet, y se gasta con ella el dinero que le dejó su abuela. Son dos personas inocentes, abofeteadas por la vida, dándose consuelo, ofreciéndose calor. Pero las cosas no son tan fáciles…

“Quiero correr por todo el barrio, rompiendo ventanas y encendiendo fuegos y meando en los buzones hasta que llegue la policía y me eche spray de pimienta en la cara y se me lleve. Quiero hacerles unos arañazos profundos en las piernas a los policías. Quiero darles cabezazos y clavarles los codos en los ojos. Quiero rebotar de una pared a otra en la celda hasta que me desmaye y me despierte treinta horas más tarde con una conmoción cerebral en un día que no sea hoy”.

Lolito es la historia de un pequeño perdedor. En ocasiones tronchante, a veces cruel, siempre naif. Ben Brooks (1992) es un escritor joven que tiene un estilo propio, sencillo pero ingenioso, que le viene al pelo a este libro moderno, chispeante, con más talento del que puede parecer en las primeras páginas. Un libro original y fresco que, presentado por Blakiebooks en una bonita edición con tapa dura, hay que leer.