Motivos

Durante estas navidades se me han acumulado algunos libros que, viendo el ritmo actual de novedades y lecturas, tenían pocas posibilidades de ser comentados. Una injusticia. ¿Y si dejamos lo que teníamos previsto para hoy sobre Albert Rivera y hablamos de asuntos importantes? En este especial de Un motivo para NO ver la televisión agrupamos seis libros, todos interesantes y muy recomendables. Mejor que lo de Rivera, se lo aseguro…

Desventuras de la ciencia.

Autor: Jim Jourdane.

Editorial: Makisapa (Francia).

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El dibujante Jim Jourdane lee en Twitter las anécdotas de algunos científicos de diferentes pelajes, siempre sorprendentes, generalmente divertidas. Y comienza a ilustrarlas. Habla con ellos, e incluso viaja a sus lugares de trabajo. Editado tras un crowfunding, este libro es una auténtica maravilla. En ocasiones tronchante, siempre entretenido y sorprendente. Fundamental para niños inquietos y para adultos curiosos.

 

El muchacho silvestre.

Autor: Paolo Cognetti.

Editorial: Minúscula.

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Librito pequeño de contenido enorme: los grandes espacios abiertos de los Alpes italianos. El protagonista de esta historia abandona la ciudad y se instala, como un Thoreau europeo, en “una baita de madera y piedra a dos mil metros de altitud, donde los últimos bosques de coníferas ceden el paso a los pastos estivos”. Una obra luminosa y optimista sobre el mundo rural, la soledad buscada y la naturaleza salvaje.

 

Guiri pajarero suelto.

Autor: Andy Paterson.

Editorial: Tundra.

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Veterano observador de aves británico, Andy Paterson ha vivido 35 años en Málaga, ha formado parte de la Sociedad Española de Ornitología, y ha viajado por medio mundo con los prismáticos al cuello. En este libro cuenta los detalles y anécdotas de más de 65 años de pasión pajarera. Momentos generalmente divertidos, con no pocos comentarios sobre multitud de especies y observaciones, que harán las delicias de los aficionado a la naturaleza en general y al birdwaching en particular.

 

Los Dalton.

Autores: Olivier Visonneau y Jesús Alonso Iglesias.

Editorial: Dib-buks.

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Un cómic con los Dalton de verdad, no los de Lucky Luke y el dibujante belga Morris (un divertido esperpento). Los Dalton de Visonneau y Alonso Iglesias son más recio, más violentos, más complejos. El resultado es un trabajo mucho más serio y maduro. Son la misma familia de bandidos desarrapados, pero en este caso en una versión que se inspira “libremente” en la auténtica historia de los famosos ladrones. Una aventura interesante que fascinará a los amantes del western y entretendrá a los seguidores del cómic de acción.

 

Fellini en Roma.

Autor: Tyto Alba.

Editorial: Astiberri.

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Si usted recuerda el comentario en este mismo blog sobre “La vida”, un libro del mismo autor sobre la triste amistad entre Picasso y su amigo Carles Casagemas, solo hace falta decir que este nuevo trabajo es al menos igual de fascinante. En lugar del pintor malagueño, el personaje protagonista es el director italiano Fellini. El resto, un prodigio de sensibilidad y belleza, tanto en cuanto a guión como a dibujo. Una serie de sueños fantásticos que nos descubren Roma de la mano de Fellini. No se puede pedir más.

 

Más allá del ancho Misuri.

Autor: Bernard DeVoto.

Editorial: Valdemar.

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Quizá el menos comercial de todos los títulos publicados en la serie Frontera por la editorial Valdemar. Sin duda una obra histórica apabullante que se lee con agrado y ayuda a comprender mejor el resto de libros de la colección. La realidad del salvaje oeste durante la primera mitad del siglo XIX, prestando especial atención a las tribus indias, a los tramperos y al comercio y transporte de pieles. Es historia, pero se disfruta como una apasionante novela de más de 600 páginas.

No mentirás

Podría decirle que no hemos tenido Descodificador durante estas navidades por culpa de la falta de previsión del Gobierno con la nevada, pero le estaría mintiendo. ¿Le importa mucho que le mienta? No estoy muy seguro, la verdad. Nos mienten constantemente y les seguimos creyendo. O al menos votando. Así que imagino que aunque yo le mienta como un bellaco usted seguiría leyéndome, ¿no es así? No quisiera ser menos que María Dolores de Cospedal..

Una de las cosas que más me ha sorprendido estos días ha sido una frase de la Ministra de Defensa: “La injerencia y la desinformación son un nuevo campo de batalla”. ¿Un nuevo campo de batalla? Habló doña Finiquito, la política que ha dicho cosas tan surrealistas como “una indemnización en diferido en forma simulación de lo que hubiese sido en diferido”. Podríamos decir que la injerencia y la desinformación son un campo de batalla desde que la política es política, pero no tenemos necesidad de retroceder tanto en el tiempo. La injerencia y la desinformación son la base de un partido que quiere controlar las redes sociales, que financia medios de comunicación afines que de otra manera estarían muertos, que destruye pruebas judiciales, que ha hecho de la corrupción (la mentira sistemática) su forma de vida.

Estas navidades no hemos tenido Descodificador por la nevada, y la negligencia del Gobierno a la hora de tomar medidas. Bueno, y también porque he pasado unos días tomando caipiriñas en unas islas tropicales. Todo vale, ¿verdad?

Felipe VI preside hoy la Pascua Militar con la presencia del Rey Juan Carlos

Un motivo para NO ver la televisión

Morir en California.

Autor: Newton Thornburg.

Editorial: Sajalín.

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Los que ya conocíamos al escritor norteamericano Newton Thornburg gracias a “Cutter y Bone”, grandiosa novela comentada en su día en este blog, esperábamos nuevas traducciones de sus clásicos. La llegada de “Morir en California” no decepciona en absoluto: sigue mostrando a un escritor en estado de gracia capaz de mantenerte atrapado durante 380 páginas con una historia magníficamente construida, perfecta en su desarrollo y tremenda en un final que por supuesto no desvelaré. Es decir, que si te gustó “Cutter y Bone” adorarás este “Morir en California”. Un master en novela policíaca.

“Ahora, viendo al viejo conducir el taxi a través de esa noche de diciembre, Hook pensó que en estos tiempos de cataclismos, las cosas en el fondo no habían cambiado tanto, ni siquiera en veinticinco años. Los chicanos, como los negros, seguían sirviendo al hombre blanco, solo que ahora los blancos habían aprendido a sentirse culpables en esa relación de servidumbre”.

Un granjero de Illinois pierde a su hijo de dieciocho años poco después de la muerte de su mujer. Lejos del hogar, en California, el chico se suicidó. O eso dicen. Hook, un hombre apegado a la tierra con profundas convicciones morales, no lo cree y comienza a investigar en un ambiente que no es el suyo. Como en las grandes novelas negras, en “Morir en California” hay mucho más que la historia de una venganza, de un padre que trata de recuperar la memoria de su hijo, de una persecución implacable en busca de la verdad. En estas páginas encontraremos la maldad y la bondad, dos de los motores que mueven a los seres humanos. Y por supuesto todo aquello que nos hace parecer diferentes siendo si no iguales, al menos parecidos: el rencor, la violencia, la fe, la memoria, el odio, la esperanza…

“Y después se había instalado la rabia, un toro negro de rabia que no había dejado de embestirlo en toda la tarde: rabia porque habían estado a punto de matarlo por una broma, rabia porque no podía hacer casi nada al respecto, y, por último, rabia porque no era capaz de entender lo que había ocurrido, porque no tenía ni la más remota idea de cuál era la psicología de todo aquello, por qué habían hecho lo que habían hecho”.

“Morir en California” tiene todos los elementos de las mejores novelas policíacas. Elementos que han sido manejados con enorme solvencia por un escritor que, cuando habla del interior de las personas, de aquello que les hace reaccionar, sabe de qué habla. Y sabe cómo contarlo. Un libro que demuestra la grandeza de un género absolutamente inagotable.

¡Feliz Navidad!

Pedir disculpas

El pasado lunes la presidenta del Partido Popular en Madrid Cristina Cifuentes dijo, toda digna y enfadada, que su formación estaba pensando abandonar la Comisión de Investigación sobre Corrupción Política en la Asamblea de Madrid. No le gustaba la actitud de María Espinosa, diputada de Podemos Madrid, cuyo nivel de “descalificaciones e insultos” le pareció “totalmente intolerable”. Cifuentes sentenció: “Va a tener que pedir disculpas a tantos miles y miles de madrileños que han confiado en el PP”.

Solo un día después sabemos, gracias a la Cadena SER, que un empresario admite la financiación ilegal del PP en Madrid. Se llama Daniel Mercado, fue gerente de Over Marketing, y asegura que cobró en negro y también de adjudicatarias de la Comunidad de Madrid, las campañas electorales de Esperanza Aguirre en 2003 y 2007. Habla de Aguirre, Ignacio González y Francisco Granados como los “estrategas” de las campañas, que le enviaban al gerente del PP, Beltrán Gutiérrez, para acordar las fórmulas de pago.

Señora Cifuentes, ¿quién debe pedir disculpas a los miles y miles de madrileños que han confiado en el PP?

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Un motivo para NO ver la televisión

Todo es posible.

Autora: Elizabeth Strout.

Editorial: Duomo.

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En el medio oeste norteamericano está todo, a juzgar por el número de escritores que surgen de esas tierras rurales olvidadas. Narradores que pueden resultar brutales a la hora de describir las vidas de los habitantes del corazón de Estados Unidos, como podría parecer que pide el terreno y sus asperezas, pero también de una sutileza y una comprensión apabullantes. Elizabeth Strout pertenece a estas últimas. Tras ganar el Pulitzer con “Olive Kitteridge”, la absolutamente imprescindible vida de una maestra retirada en un pequeño lugar de Maine, Strout presenta con este “Todo es posible” una colección de historias conmovedoras protagonizadas por personajes de una humanidad cautivadora. Y sin una sola estridencia: estamos ante la reina de la sugerencia, del apunte, de la sutileza. El lector tiene que poner de su parte, algo que lejos de incomodar aumenta el placer de la lectura. Nos vemos reflejados en esas páginas.

“Para Charlie, eso parecía demostrar la futilidad de los sueños expuestos en los escaparates de los grandes almacenes por los que había pasado antes, en ese pueblo que habían encontrado juntos, a media hora de Peoria: podías comprar una máquina quitanieves o un bonito vestido de lana para tu mujer, pero bajo la superficie todas las personas eran ratas que corrían buscando basura que comer u otra rata que follarse, que construían sus ratoneras en ladrillos rotos y las ensuciaban tanto que su única contribución al mundo eran sus excrementos”.

Elizabeth Strout pertenece a ese privilegiado grupo de escritores capaces de convertir la pérdida de un botón de la camisa en un par de párrafos fascinantes. “Las sandalias de Yvonne, con altas plataformas de corcho, la hacían más alta aún. Para Linda eran un claro indicio de que Yvonne era probablemente de familia modesta. Los zapatos siempre delatan a la gente”. En el terreno en que mejor se desenvuelve esta escritora, que nació en Nueva Inglaterra pero vive en Nueva York, es el de lo cotidiano. Los detalles. Pueblos pequeños en los que suceden grandes cosas. O al menos cosas que nos interesan, que esconden desengaños y frustraciones, que soportan miedos y soledades. Pueblos que hace tiempo dejaron de cumplir sus promesas. Strout se mueve con soltura por esas malas calles, mirando de reojo a Lucy Barton, protagonista de su anterior novela, y al resto de habitantes, a sus vidas sencillas y al tiempo complejas. Grandes aventuras mínimas. De todo esto, que se dice pronto, hablan las historias reunidas en “Todo es posible”, un libro realista, doloroso y admirable que se sitúa en ese improbable cruce de caminos en que coinciden Flanery O´Connor, Richard Ford y Carson McCullers.