Malas compañías

Un motivo para NO ver la televisión

Malas compañías.

Autor: Ancco.

Editorial: Astiberri.

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Un libro triste a rabiar. Un cómic en blanco y negro sobre el que flota el humo del tabaco, la incomprensión juvenil, el fracaso convertido en forma de vida y la violencia no siempre contenida. La Corea del Sur de los años noventa fue un lugar duro para todos, incluidos unos adolescentes que carecían de futuro.

Premio revelación en el Festival Internacional del Cómic de Angouléme 2017, “Malas compañías” cuenta la historia de Jinju, una niña torcida. Tiene malas costumbres, como fumar como un carretero o saltarse las costumbres de su familia o las obligaciones de su colegio. Y es castigada por ello. Físicamente.

“Aún hoy siento alivio al pensar que ya no me va a pegar.

¿Por qué tardé tanto en entender que se puede vivir sin que te peguen?

Pero mi padre…

Quizá el no supiera qué podía hacer…

… aparte de pegarme”.

Dibujos sencillos pero impactantes, y diálogos en muchas ocasiones brutales, hacen de “Malas compañías” un cómic que impresiona y produce desasosiego. Ésta no es la Corea que se supone mira al futuro. Es un lugar sumergido en una profunda crisis, tanto económica como social. Tan trágico como sorprendente.

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Génie la loca

Un motivo para NO ver la televisión

Génie la loca.

Autora: Inès Cagnati.

Editorial: Errata Naturae.

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Ésta es la desoladora historia de una mujer sin suerte, de un mundo rural despiadado y de una niña, su hija Marie, que se convierte en una narradora de primera. Francia, tras la II Guerra Mundial. Marie sigue los pasos de su madre cuando ésta trabaja duro en el campo, cuando se enfrenta a una familia que la rechaza, cuando llora desconsolada porque no tiene nada. La gente la llama Génie la loca, pero solo es una mujer introvertida, incansable, abandonada a su suerte por una familia altiva y una sociedad inmisericorde.

“Se escribieron muchas cosas en los periódicos. Sobre ella, que no tenía marido y que, sin embargo, era la hija de una familia respetada, y sobre que jamás se había sabido quién era mi padre. Sobre mí que me quedaba sola mientras ella trabajaba en las casas de la gente, que la mayoría de las veces no la pagaban, y ella no reclamaba; sobre mí, que estaba abandonada a mí misma, en una antigua cabaña al pie de una colina salvaje poblada de zorros. Sobre ella, a quien llaman Génie la loca, que no hablaba, que no respondía cuando le preguntaban. Sobre mí, que confesaba lo contenta que me había puesto aquella aventura”.

Marie es la sombra de su madre. Cuenta con detalle cómo abusan de su condición de trabajadora sin derechos, cómo se burlan de sus silencios, cómo no aceptan que sea diferente, que no siga las reglas, que se niegue a sonreír. Marie sigue los pasos de su madre deslomada, y se acurruca junto a ella cuando termina la jornada.

“- Vete de aquí.

Pero yo quería quedarme junto a ella”.

“Génie la loca” es uno de los libros más tristes, y más hermosos, que he leído nunca. Quizá porque, además de la historia de una mujer acosada por la vida, también es una historia de amor desgarradora, sin concesiones, condenada al drama. Una absoluta delicia que nadie debería dejar de leer.

Verano viejuno

Un montón de motivos para NO ver la televisión

Ni una sola novedad. Ni un libro o un disco de escaparate. Solo antiguallas, a modo de recuperación, quizá de saldar deudas. Durante el mes de agosto no he leído un solo libro editado recientemente, y me he dedicado a recuperar clásicos discográficos. He aquí la lista de ilustres resucitados, por si sirven de inspiración a alguien. En breve regresarán los nuevos títulos…

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- El canto de la tripulación, de Pierre Mac Orlan (Ikusager).

Un clásico de piratas con personajes inolvidables, sueños de grandeza y aventuras de otros tiempos. Breve y poético, debería leerlo cada verano.

- Memorias, de Isaac Asimov (Ediciones B).

Un loco entrañable, con un gran concepto de si mismo y cientos de libros a sus espaldas. Se reconoce como escritor prolífero, antes que como gran escritor, y lo cuenta con mucha gracia. Va de menos a más, hasta convertirse en imprescindible para quienes pretendan sumergirse en el mundo de la ciencia ficción.

- Las minas del rey Salomón, de H. Rider Haggard (Valdemar).

Aventuras en estado puro. Hacía tiempo que no leía a Rider Haggard, y decidí regresar al escritor victoriano por la puerta grande: las hazañas del cazador Allan Quatermain me recuerdan los viejos y buenos tiempos, cuando el niño viajaba por África a lomos de un libro. Tan emocionante como aquella primera vez.

- Más allá del Oeste, de Ángel Fernández-Santos (Ediciones El País).

Compré este libro escrito en 1988 en un puesto callejero madrileño por un euro. Estaba dedicado por el autor, con quien tuve la suerte de trabajar en El País, a Eduardo Chamorro: “esos territorios más allá del cine, al oeste del Oeste”. Devoré los diálogos western recopilados por el más grande de los críticos de cine, y añoré su talento y su generosidad.

- Ken Parker, de Berardi y Milazzo (ECC Ediciones).

A medio camino entre dos géneros, el western y la aventura, este clásico olvidado de dos grandes del cómic italiano se ha recuperado en pequeños tomos que incluyen, en alrededor de 200 páginas (9,95 euros), dos historias de un trampero llamado Ken Parker. Blanco y negro para unas peripecias editadas en los setenta que hablan de antihéroes y grandes espacios abiertos.

- Laid Back, de Gregg Allman.

El primer disco en solitario del fundador de los Allman Brothers es una de mis grabaciones sureñas favoritas. Se ha reeditado en una versión extendida que, a diferencia de la mayoría de estos sacaperras, merece la pena: incluye 18 canciones extras, alguna en directo, otras con nuevas mezclas y, lo más interesante, demos acústicas francamente emocionantes.

- I Have Always Been Here Before, de Roky Erickson.

El pasado 31 de mayo murió uno de los grandes: el que fuera líder de los 13th Floor Elevators Roky Erickson. Y lo hizo de manera discreta, como fue toda su vida. Una vida marcada por las drogas, los problema mentales y las grandes canciones. Nada menos que 43 de ellas se han recopilado en este disco doble, una joya sicodélica en las que se alternan los momentos ácidos, los aullidos desesperados y el pop perfecto.

- The WiserMiserDemelza: Complete Big Beat Sessions, de The Prisoners.

Han pasado 25 años del lanzamiento del mejor disco de la mejor banda británica desconocida. Un momento inmejorable para recuperar esta maravilla garajera, convenientemente ampliada.

- Siren of the Disch, de Jason Isbell.

Otra reedición de un primer disco formidable, en este caso grabado en los legendarios estudios FAME por el cantante y guitarrista Jason Isbell. Miembro de Drive by Truckers, nacido en Muscle Shoals, Isbell es uno de esos tipos que transitan los caminos en los que el rock y el soul se cruzan. Incluye cuatro canciones nuevas, producto de aquellas sesiones de 2007, y solo por ese EP merece la pena hacerse de nuevo con el disco.

Mi padre, el pornógrafo

Un motivo para NO ver la televisión

Mi padre, el pornógrafo

Autor: Chris Offutt.

Editorial: Malas Tierras.

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Tras leer las primeras páginas de “Mi padre, el pornógrafo” podría parecer que Chris Offutt, escritor norteamericano de relatos, ensayos y guiones de series de televisión, trata de ajustar cuentas con su progenitor en un original libro biográfico. Sería lo normal pensar en una venganza post mortem, puesto que Offutt hijo no parece tener reparo alguno en contar las miserias más íntimas de Offutt padre, un tipo “que se pasó media vida haciéndose pasar por un escritor de ciencia ficción cuando en realidad ejercía de pornógrafo profesional”. El hijo parece si no despreciar al padre, al menos evitarlo. Esquivar su presencia, olvidar su carácter bronco, su ausencia absoluta de cariño, sus malos modos y su egoísmo desenfrenado. Su sola presencia era una amenaza, “una enorme represalia de manera verbal. Jamás nos pego, ni a nosotros ni a nuestra madre, pero temíamos su furia, sus comentarios denigrantes y sus imposiciones de culpa”.

Una familia aterrorizada por un hombre que pensaba que se le recordaría como “el rey de la pornografía escrita del siglo XX”. No puede decirse que no lo intentase con todas sus fuerzas, puesto que publicó cientos de títulos del género y dejó innumerable inéditos: “Papá escribió porno de piratas, porno histórico, porno de ciencia ficción, porno de vampiros, porno de intriga, porno de zombis y porno de la Atlántida. Una novela del Oeste inédita abre con sexo en un granero, con la participación de un pistolero llamado Sosegado Smith, sin lugar a dudas el mejor nombre de un personaje creado por papá”.

Sorprende la distancia que el autor toma en ocasiones con su padre, un individuo de carácter irascible que parece poseído por una ambición desmedida. Andrew Jefferson Offutt fue un auténtico cabronazo hasta el final de sus días. Incluso su mujer, la madre del autor del libro, se libera con su muerte y recupera la sonrisa y las ganas de vivir.

“- Ya me he hecho cargo de las cenizas de tu padre…

Mamá me llevó hasta la linde del jardín. Unos pasos más allá de la hierba, señaló varios pegotes de ceniza, solidificada por la lluvia en forma de montículos gris oscuro..

- Bueno –dije- no va a salir rodando por el jardín.

- Pues no.

- ¿Por qué has escogido este sitio?

- Es donde tu padre meaba siempre”.

“Mi padre, el pornógrafo” es la historia de un hombre complicado, agazapado tras infinidad de pseudónimos, y de cómo al morir libera a su familia. Una realidad enrevesada que su hijo Chris ilumina basándose en su legado, un batiburrillo formado por un rifle, un escritorio, ochocientos kilos de porno… y un puñado de recuerdos. Original y brillante en su prosa, demoledor en su contenido, este libro no le dejará indiferente.

“Mi cuñado comentó una vez que era sorprendente que papá hubiese vivido tanto sin que nadie le hubiese partido la cara. Yo no lo había considerado hasta entonces, pero tenía razón… Nadie le pegó jamás porque evitaba el conflicto con cualquiera capaz de defenderse”.