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Un poco de humo azul

Un motivo para NO ver la televisión

Un poco de humo azul.

Autores: Pellejero y Lapière.

Editorial: Astiberri.

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Dos viejos conocidos, responsables juntos o por separado de genialidades como “Un verano insolente”, “Dieter Lumpen” o “El largo y tortuoso camino”, nos ofrecen ahora una historia inolvidable que habla del amor, la solidaridad, la identidad y la represión. Los hechos tienen lugar en una dictadura sin nombre de Europa del este, y los protagonistas son seres heridos que se consumen esperando. Ella se llama Laura, es hija de la desencantada dueña de un bar-hostal-burdel, fuma cigarrillos secos con poemas escritos y recuerda a Ludvik, el amor de su vida, un hombre al que conoció cuando iba en un camión camino de la tortura. El es un fotógrafo que viaja con una mochila roja, un tipo de culo inquieto que para una noche en la pensión de Laura.

“El dolor era como una luz blanca cegadora que absorbía el tiempo. No conseguía deshacerse de ella. Intentaba escribir, pero no le venía nada más, delante de la hoja en blanco, que la inmanencia de la tortura. Al final, borracho, por suerte, terminaba durmiéndose”.

Si empieza a leer “Un poco de humo azul” no podrá parar hasta la última página. La historia es demasiado buena, y los dibujos resultan perfectos para la narración. No olvidará jamás algunos personajes, determinados diálogos, lugares como “la Ruta de las damas”, esas curvas del camino en las que las mujeres de los presos se ponían guapas para ver a sus novios, maridos y hermanos apenas unos segundos. Y todo con dos impulsos moviéndose entre las páginas, escondidos en las esquinas de las viñetas: la venganza y la solidaridad. El bien y el mal, como tantas veces, rozándose, circulando en paralelo, engrandeciendo y hundiendo al ser humano: “No te pido que comprendas lo que hemos sufrido ni hasta que punto seguimos sufriendo… Solo te pido que asumas esto: no hallaré descanso hasta que acabe con esto”.

“Un poco de humo azul” es un cómic imprescindible sobre lo mejor y lo peor de la humanidad. Sobre infancias perdidas y futuros vacíos, sobre el amor verdadero y el rencor eterno, sobre la maldad, la bondad y la identidad. Una maravilla.

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El show de Albert

Un motivo para NO ver la televisión

El show de Albert Monteys.

Autor: Albert Monteys.

Editorial: ¡Carmba! / Astiberri.

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En primer lugar me gustaría enviar un fuerte y solidario abrazo a la familia y amigos de Albert Monteys: ellos son los verdaderos protagonistas, los auténticos héroes, de un cómic autobiográfico en ocasiones desolador, siempre tronchante. Albert es un ser… digamos que especial. Vanidoso, inseguro, obsesivo, orondo… Y por supuesto encantador: pese a ser un catalogo de manías y miserias tiene una familia que le soporta y hasta parece quererle. Albert dibuja historietas, supuestamente de humor. Esta es su obra. El show diario de Albert Monteys contado por el propio Albert Monteys.

Antes que nada, decir que la edición es espectacular. Tapa dura, portada luminosa, y 158 páginas en las que nuestro hombre se desnuda ante el lector. Un espectáculo no demasiado prometedor, pensará más de un amante de la historieta. Pero la grandeza de Albert no está en su físico, tal y como él mismo se esfuerza en aclarar, sino en un sentido de humor cabroncete, realista, despiadado, brillante. Profundamente autocrítico, nuestro dibujante se fustiga de manera cruel, en ocasiones delante de su propia familia, para deleite de un lector que más de una vez se ve reflejado en él, en sus desdichas y mezquindades.

Reconozco que abrí “El show de Albert Monteys”, recopilación de historietas publicadas con anterioridad en “Orgullo y satisfacción”, con pocas esperanzas. Y he de confesar que no pude dejar de leer, entre carcajadas, hasta la viñeta final. Divertido a rabiar.

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La portavoza

No se habla de otra cosa. La portavoza. ¿Será posible semejante despimporre, tamaña ignorancia, tan brutal muestra de ausencia de estudios? Todos los intelectuales del país, las élites culturales y sociales, se descojonan de la diputada (que por cierto, un día fue “la diputado”) capaz de semejante torpeza. “Hay que mejorar el sistema educativo”, se mofa el ministro de Educación y Cultura. Una zoquete, sin duda. Pobrecilla, y pretende dirigir junto a su banda de desarrapados sin preparación una democracia consolidada como la nuestra, un gran país como es ESPAÑA!

Mientras tanto, se celebra el sexto aniversario de la reforma laboral. La tasa de paro ha pasado del 26,02% en 2012 al 16,55% en 2017, dicen en el Gobierno de M punto Rajoy. Los aguafiestas, esos que odian España, hablan de un 26% de temporalidad y un 32% de asalariados cobrando el salario mínimo. Temporalidad, precariedad, fraude y abuso empresarial.

Minucias. No me diga que no es de coña lo de la portavoza

Un motivo para NO ver la televisión

Grandville Fuerza Mayor.

Autor: Bryan Talbot.

Editorial: Astiberri.

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Termino de leer “Grandville Fuerza Mayor” y, todavía sobresaltado por las andanzas del inspector LeBrock, recuerdo unas palabras de Alex de la Iglesia: “¿Cuál es el Santo Grial, la impávida y redonda Verdad, aquello que no puede ser negado ni desmentido? Amigos, no es otra cosa que la Emoción, el torbellino imparable de ilusión que te envuelve cuando lees un tebeo y te lo crees”.

Me lo creo. El inspector LeBrock es un tejón, su enemigo mortal un lagarto con aspecto de T.Rex, sus colegas de comisaría ratas y perros, su maestro un águila… Con todo este zoológico el bueno de Bryan Talbot monta una historieta policíaca digna del mismísimo Conan Doyle. “Thriller científico-romántico”, dice la editorial. Monumental aventura de buenos y malos, con todos los ingredientes del género negro clásico: policías y bandas mafiosas, matones y prostitutas, redadas y tugurios de mala muerte, trafico de drogas y de carne, traiciones y heroicidades. Y todo protagonizado por animales.

Quizá le suene a John Blacksad, el genial gato detective de Canales. “Los relatos con personajes antropomorfos no tienen nada de nuevo”, asegura Talbot en el texto de despedida. Hay una evidente relación entre ambos: se trata de dos mamíferos carnívoros de tamaño medio dedicados a la investigación policial. Pero las historias del tejón LeBrock son bien diferentes, tanto por la extensión como por el dibujo y, sobre todo, por la complejidad del guión. “Blacksad” es un espectáculo visual. “Grandville” es un homenaje a las tramas complejas, a los enredos inteligentes, a los desenlaces sorprendentes.

Lamentablemente, este cuarto volumen es el último de la serie. Se trata, asegura el autor, de un trabajo agotador: entre tres y cuatro jornadas de diez horas cada página, sin contar el guión. Y estamos hablando de un cómic de 166 paginas. La buena noticia es que una gran productora acaba de adquirir los derechos televisivos y cinematográficos de la obra. Hasta entonces, no lo dude y sumérjase en los callejones portuarios de esta maravillosa historia de tejones justicieros, lagartos sicópatas y delincuentes emplumados, escamados o de cuatro patas. Se lo creerá y, como dijo Alex de la Iglesia, vivirá el torbellino imparable de ilusión que te envuelve cuando lees un buen tebeo.

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Prehistoria

El Comité de los Derechos del Niño, que evalúa el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aconseja a España que no permita que los niños, niñas y adolescentes participen y asistan a eventos taurinos. Poco más que añadir.

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¿Poco más que añadir? No estoy tan seguro: vivimos en un país en muchos aspectos prehistórico, donde se multa con 480 euros a un joven que ha realizado un fotomontaje poniendo su cara al Cristo de la Amargura. Sí, al ser engendrado por una paloma. Al hombre que resucitó y habitó entre nosotros. Pero este ataque a la libertad de expresión no debería sorprendernos: vivimos en un país viejuno donde se encarcela a titiriteros y se persigue a cantantes de rap. Los toreros, mientras, salen a hombros.

El cambio es imparable, pero el recorrido resulta de una lentitud insoportable. En las redes, la gente se está solidarizando con el fotomontador sancionado subiendo sus propias caras empotradas en un Cristo. En el mismo instante en que termine el curso de Photoshop colgaré la tele con cuernos en la cabeza del hijo de Dios. Hasta entonces…

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Un motivo para NO ver la televisión

El día 3.

Autores: Cristina Durán, Miguel A. Gener Bou y Laura Ballester.

Editorial: Astiberri.

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Este es un cómic emocionante, una historieta gráfica para la memoria, un trabajo a medio camino entre el reportaje y la historia de amor. Un amor profundo a la verdad. Y por supuesto a las víctimas, los muertos, heridos y familiares y amigos del peor accidente de metro de la historia de nuestro país. Fue el 3 de julio de 2006 en Valencia, cuando apenas faltaban seis días para la visita del papa Benedicto XVI. Los políticos al frente del gobierno valenciano no quisieron empañar tan importante acontecimiento con la verdad sobre los hechos que costaron la vida a 43 personas y heridas de consideración a otras 47. Trataron de ocultan la verdad, pero gracias a los familiares de las víctimas, incansables en su lucha contra el olvido, no pudieron.

“El día 3” es la crónica de una tragedia. Y también una lección de esperanza, de dignidad y de constancia. Ganador del Premi Ciutat de Palma de Cómic 2016, estre estremecedor libro cuenta de manera minuciosa y emotiva el trágico accidente, las miserias políticas de una comunidad corrupta, y la movilización de un puñado de familiares en busca de la verdad. Una tarea dura que despertó la solidaridad de cientos de personas. Poco a poco la concentración en la plaza de la Virgen, pidiendo justicia y memoria, fue ganando participantes, hasta convertirse en un ejemplo de lucha.

Estamos ante una de esas historias gráficas que se devoran de una sentada: una vez que descendemos por las escaleras de la estación “Jesús”, y vemos salir a los heridos de la oscuridad del túnel, no podemos dejar de leer. Se trata de una historia compleja que, basada en hechos reales, se presenta repleta de recovecos técnicos y políticos. Los autores del cómic solucionan este problema, información y manipulación a partes iguales, de manera magistral. Cada página es un paso adelante en el duro y escabroso camino seguido por las víctimas, cada viñeta un gesto de apoyo a su Asociación.

Un trabajo excelente que demuestra lo útil que puede ser la historieta como medio no solo de entretenimiento, sino de información, compromiso y solidaridad. “El día 3” es un ejemplo de lucha contra algunos de los males de nuestra sociedad: la corrupción, la manipulación, la mala política, la mentira y la desigualdad. Tan hermoso como necesario. Gracias.

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