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Ciclogénesis explosiva

No puedo evitar sentirme en el centro de un fenómeno político económico espantoso, de proporciones descomunales y con efectos letales sobre la población. Me vapulean, me zarandean, me llevan como puta por rastrojo, sin rumbo, de encontronazo en encontronazo. Tengo el centro de gravedad hecho fosfatina, los músculos entumecidos y los huesos molidos. Soy un pelele en sus manos, me temo. En manos de unos desaprensivos que juegan conmigo a los bolos. Yo soy uno de esos palos torneados de base plana e infinita capacidad para encajar golpes, un ciudadano, y el que lanza la pesada bola tiene barba rala, mirada bovina y cara de plasma. Cada movimiento suyo supone una ciclogénesis social explosiva para nosotros, los españoles, golpeados con saña, maltrechos, tumefactos, muchos ya derribados.

El Gobierno tiene previsto aprobar en el Consejo de Ministros de hoy la congelación del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para 2014 en 645 euros mensuales. Ya se ve la luz al final del túnel ¿verdad? Por si usted está cegarruto le recuerdo que también congelarán el indicador que se utiliza como referencia para conceder becas, ayudas, subvenciones o el subsidio por desempleo. ¿Ve ahora la luz?

Me siento estafado. De manera constante, de forma insoportable. Ayer la prensa avanzaba los últimos movimientos del tarifazo eléctrico, y parecían realmente esperanzadores. De aquel estremecedor 11%, recuerda, pues nada de nada: ya no tiene por qué preocuparse. Mariano Rajoy y los suyos han tomado las riendas, han puesto a las eléctricas en su sitio y han dejado la subida en nada. Bueno, en nada, en nada… En torno al 3%, que es lo que aconseja competencia al Gobierno. Solucionado el problema, ¿verdad?

Una subida de la luz del 3%, después de lo que podía haber sido una subido del 11%, es un regalo que hacen Soria, Rajoy y compañía a los ciudadanos más necesitados y empobrecidos de este país. Que lo sepan ustedes. Aunque seguro que algún antisistema, de esos que rodean el Congreso, piensa que es la táctica de la vaselina: tras sentirte amenazado durante un largo periodo de tiempo con la sodomización, el que te adviertan de la utilización de un lubricante solo puede ser considerado como una excelente noticia.

Se congela el salario mínimo en plena Navidad, pero la luz solo subirá un 3%. Un toque final de vaselina, poca cosa me parece para suavizar los efectos de la intensa borrasca anal que desde hace dos años sufrimos los ciudadanos.

P.D.

Incluso miembros del Partido Popular discrepan con la Ley del aborto de Gallardón: “personalmente no coincido con la opinión mayoritaria de mi partido en lo que respecta a la reforma de la ley del aborto. Estoy más de acuerdo en una regulación de plazos que de supuestos”, ha dicho la delegada del Gobierno en Madrid Cristina Cifuentes.

Lara presidente

Los periodistas preguntan en rueda de prensa a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, por la caja B de su partido y por la condena a cuatro años de cárcel por delito fiscal a Carlos Fabra, símbolo durante mucho tiempo de la grandeza del PP. ¿Sigue usted creyendo que es “un ciudadano y un político ejemplar”? Rajoy dice que sobre esos temas ya ha dicho todo lo que tenía que decir. Y se pone a hablar de economía. ¿Desfachatez del presidente? No, torpeza de los periodistas. Sobre las cosas realmente importantes de este país no hay que preguntar a los presidentes del Gobierno, hay que preguntar a José Manuel Lara.

El ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero presentó anoche “El dilema: 600 días de vértigo”, su libro de memorias como jefe del Estado. Está editado por Planeta, la editorial de Lara, e incluye la famosa carta que el Banco Central Europeo envió en 2011 al entonces presidente para marcarle los tiempos que debía seguir la economía española. Tanto la oposición como los medios de comunicación quisieron conocer el contenido de ese documento, pero Zapatero se negó a hacerlo público por, dice ahora, “el riesgo a la estabilidad”. Fue un secreto de Estado… hasta que llegó Lara con el talonario. Entonces se desclasificó la carta, que ahora usted puede leer tranquilamente tras pasar por la caja de su librería favorita.

El libro de Zapatero deja muy clara una cosa: que los silencios de Rajoy están plenamente justificados. El actual presidente no evita a la prensa por miedo a la realidad social, por avergonzarse de pertenecer a un partido corrupto o por simple inutilidad intrínseca. No. El presidente no habla, no da explicaciones y evita a los medios, porque no quiere reventar el contenido de su futura biografía política. Los ciudadanos que quieran saber qué piensa el líder del Partido Popular, cuáles son los planes del hombre que en estos momentos dirige el país, deberán tener un poco de paciencia: ¡Esperen a que Rajoy abandone Moncloa y publique sus memorias!

Así las cosas, quizá deberíamos eliminar intermediarios. Vayamos al grano. Votemos a Lara próximo presidente.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Vidas de hojalata.

Autor: Paul Harding.

Editorial: RBA.

Hace algunos años, Paul Harding (Massachusetts, 1967) abandonó el mundo del rock and roll para dedicarse a la escritura. Ignoro si el mundo de la música debe llorar la pérdida, pero estoy seguro de que la literatura está de enhorabuena: “Vidas de hojalata” es uno de esos debuts que dejan huella. Tanto como para que, tras una tirada inicial de apenas 500 ejemplares en 2009, fuese galardonado meses más tarde con el premio Pulitzer de ficción.

“Vidas de hojalata” es la emocionante descripción del final de la vida de un hojalatero que arregla relojes, y que recuerda a su padre, un vendedor ambulante que padece ataques epilépticos. Es la Nueva Inglaterra de finales del siglo XIX y primera mitad del XX. George Washington Crosby agoniza en su cama de alquiler de hospital, colocada en mitad del salón de su casa. “Noventa y seis horas antes de morir, George recuerda…”.

George recuerda su vida, su familia, sus relojes, sus esfuerzos, su relación con su padre enfermo. Y cómo la naturaleza influye en ese mundo rural que viene y va, de manera recurrente, entre delirios, memorias y reflexiones. Todo ello narrado de manera magistral, vigorosa, innovadora. Un primer libro estremecedor.

“Tus mañanas frías se llenan con el dolor que causa el hecho de que , aunque no nos sintamos cómodos en este mundo, es todo cuanto tenemos y es nuestro pese a estar lleno de conflictos, de modo que lo único que podemos considerar nuestro son los conflictos; pero incluso eso es mejor que nada, ¿no crees?… Y mientras el hacha se clava en la madera, consuélate pensando que el dolor de tu corazón y la confusión de tu alma significan que aún estas vivo, que aún eres humano y que sigues abierto a la belleza del mundo aunque no hayas hecho nada para merecerla. Y cuando te resientas por ese dolor en el corazón, recuerda: Algún día estarás muerto y enterrado”.

Juego de espejos

La portada de El Mundo del jueves abre a cinco columnas con el nombre del líder del Partido Socialista Obrero Español: “Rubalcaba levanta a Rajoy”. En la siguiente página del diario esta la columna de Arcadi Espada, que arranca con esta frase: “Hubo graves errores en la intervención de Rubalcaba”. En la página tres, el editorial del periódico comienza de esta manera: “Era la gran ocasión de Rubalcaba”. La siguiente columna de opinión, firmada por el vicedirector del diario Casimiro García-Abadillo, se titula “Fiasco Rubalcaba”. Y la siguiente, de David Gistau, tiene por cabecera “Quédese, señor Rubalcaba”.

Si mal no recuerdo, el presidente del Gobierno de España es en estos momentos un tipo llamado Mariano Rajoy. Sí, ese que se niega a decir la palabra “Bárcenas”. El que presume de ser de fiar, de transparencia y honradez. El que ha colocado el listón del paro en los seis millones. El que debía apechugar con las críticas en esa pantomima llamada “Debate del Estado de la Nación”.

Pero no. El culpable de la mediocridad de Rajoy es el anodino Rubalcaba. O eso parece entenderse del diabólico juego de espejos diseñado por un determinado sector de la prensa.

Con estas miserias en la cabeza me preparo para ver “House of Cards”, la nueva serie de Canal + protagonizada por Kevin Spacey. El que fuera protagonista de “American Beauty” es en este thriller Francis Underwood, un político como los nuestros. Como alguno de los nuestros: ambicioso, despiadado, egoísta, amoral, cruel, traicionero, mentiroso, libidinoso y sin ningún tipo de escrúpulos. Todo le sirve con tal de alcanzar el poder y disfrutar de las ventajas e influencias del liderazgo. “Nada que no sepamos”, pensará con toda razón el lector inteligente.

Pero no. Los políticos-mafiosos de “House of Cards” ofrecen una versión cinematográfica, y por tanto irreal, de la corrupción. Son unos auténticos hijos de la gran puta, pero unos auténticos hijos de la gran puta de ficción, y por tanto se han construido con un gran trabajo de guión, producción, dirección. Resultan brillantes, inteligentes, astutos… Los nuestros son de verdad, torpes y zafios, y el dinero que roban es el nuestro. En cualquier caso, “House of Cards” es una serie a seguir, como es obligatorio ver la película “La Trama” (Broken City). Y es que para vencer a nuestros enemigos debemos conocerles a fondo. Recuerde que en ocasiones la realidad supera la ficción.

Perdón, acabo de recibir una alerta de noticia en el móvil… “Bárcenas declaró ante notario, mes y medio antes de la publicación de los papeles, una lista de donaciones y pagos del PP”.

¡Será sinvergüenza  este Rubalcaba!

http://www.youtube.com/watch?v=n6wytrQo-UE

P.D.

En “El programa de Ana Rosa” (Telecinco) los tertulianos no tienen la exclusividad de la estupidez y el desvarío. Ayer mismo un psiquiatra llamado José Miguel Gaona dijo que al menor que había quemado el pelo a una profesora en un colegio de Barbate “deberían darle una paliza, una paliza pequeña, que no dejase marcas”. Sin comentarios.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El Profesional

Autor: W.C. Heinz.

Editorial: Gallo Nero.

Todos aquellos que se llenan la boca pronunciando el nombre de Gay Talese cuando hablan de periodismo “auténtico” deberían correr a su librería favorita, dejarse de modas alimentadas por suplementos literarios, y pillarse este libro del reportero de deportes neoyorkino Wilfred Charles Heinz. Inmediatamente después deberían leérselo, si es posible en unos billares, escuchando el chocar de las bolas, en un gimnasio de boxeo que apeste a linimento, o en cualquier antro con poca luz, música suave y bebidas de calidad.

El Profesional es una primera novela colosal. Escrita en 1958, cuenta la historia de un boxeador de los pesos medios llamado Eddie Brown. La cuenta Frank Hughs, un periodista que se convierte en la sombra de Brown durante el mes en que este último prepara su asalto al campeonato del mundo. Un mes de entrenamientos duros, carreras campestres y golpes neutralizados con vaselina que ayudan a entender tanto al boxeador como a su entorno: managers, colegas y rivales, familiares y aficionados…

Hemingway dijo que era la única gran novela de boxeo que había leído. Y quizá tenga razón: “El Profesional” ofrece un master en el arte de narrar, de describir personajes y situaciones, de analizar el interior de los protagonistas:

- El boxeador, de todos los practicantes de todas las artes, se encuentra en la posición más peculiar y desafortunada.

- ¿Por qué lo dices?

- Porque todo combate se disputa ante un público. ¿Acaso crees que para un pintor es lo mismo?

W.C. Heinz entiende el boxeo como un arte, y muestra al boxeador, al buen boxeador, como el más exquisito y sabio de los artistas. Tan incisivo como  apasionado, el periodista se sumerge en un mundo no tan sórdido como cabría esperar, y arrastra al lector por los pasillos de un deporte sin clase media: o eres un ganador o un perdedor. Absolutamente grandioso. Y más en la primorosa edición de Gallo Nero.

El jefe

“El liderazgo es hacer lo correcto por educar e inspirar a un electorado, teniendo empatía con el ánimo, las necesidades, deseos, y aspiraciones de la humanidad”. Benazir Bhutto

El concierto que ofreció Springsteen el pasado domingo en Madrid posiblemente fue el más largo de su carrera, y sin duda uno de los más intensos. Treinta y dos canciones y casi cuatro horas sobre el escenario, con 60.000 personas absolutamente entregadas a este cantante y compositor de 62 años. No voy a recrearme en la parte musical de esa noche inolvidable, sino en el espectáculo de masas, en la concentración humana, en el poder que puede llegar a acumular un líder.

Ahí arriba estaba Springsteen, dando órdenes a un ejército de 60.000 almas sedientas de instrucciones. Habló de la crisis en varias ocasiones, y recordó a la gente sin trabajo, a las familias que se quedan sin sus casas, a quienes luchan contra el poder. “En EE.UU. hemos vivido malos tiempos. Aquí también. Demasiada gente ha perdido su trabajo. Sé que aquí los tiempos son peores. Nuestro corazón está con vosotros. Queremos dedicar esta canción a todos los que están luchando en España”, dijo antes de tocar “Jack of all Trades”. En otra de sus canciones sugirió la posibilidad de utilizar una bola de derribos. Pero lo impresionante no era lo comprometido del discurso, sino el liderazgo de un cantante de rock. Si Sprigsteen decía “Uhhh!”, 60.000 personas aullaban “Uhhh!”, y si decía “Ahhh!”, la gente chillaba “Ahhh!”. ¿Palmas? Todos palmas. ¿Brazos arriba temblando? 120.000 brazos temblaban y señalaban el cielo de Madrid.

La sensación era estremecedora: si en ese momento Springsteen nos hubiese pedido salir a la calle y prender fuego al Tribunal Constitucional, es posible que en estos momentos solo quedasen los rescoldos de tan insigne institución.

Quizá todo esto se deba a que en España no tenemos jefe. Estamos solos, y por eso nos movemos como pollos sin cabeza. Nos sentimos huérfanos de líderes fiables, de ideólogos comprometidos, de intelectuales independientes, de cabecillas con ideas y estrategias. De alguien que nos ayude a transformar sueños en realidades. Es más creíble, y resulta más cercano y fiable, un cantante de rock and roll de New Jersey, que los últimos presidentes de Gobierno que hemos padecido en España. El liderazgo no es consecuencia de unas elecciones. Confiamos más y vemos mayor compromiso en un extranjero que canta a las malas tierras de Montana, a bandas callejeras de Nueva York o a las chicas del paseo marítimo de Atlántic City, que en aquellos que dirigen un país que se tambalea, y que vivió sus momentos más negros (El tipo de la deuda a 10 años supera el 7% y el diferencial con el bono alemán se acerca a los 590 puntos) mientras Springteen cantaba “No surrender”.

Las librerías están repletas de títulos que ofrecen lecciones de liderazgo. Textos que potencian las estrategias de caudillaje en el entorno de la política y la empresa, y ayudan a mejorar el rendimiento personal y profesional de aquellos instalados en el poder. Basura. Todo eso es simple teoría, porque lo que realmente diferencia a un político de un cantautor eléctrico es el material con el que trabajan: mentiras y verdades.

Indignado, Springsteen encabezó una insurrección contra el desánimo. Escondido, Rajoy lidera el camino al descrédito y la perdición. Necesitamos más guitarras y menos políticos. “Los tiempos difíciles vienen, los tiempos difíciles se van. Mantén tu rabia y no tengas miedo…”