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El hipertenso Rivera

El bar del tío Cuco, un local humilde del Nou Barris, se convirtió hace unos meses en el centro del universo hostelero ibérico: fue el local elegido por la televisión, ahí es nada, para celebrar un simpático y modesto encuentro entre Pablo Iglesias y Albert Rivera. Codos en la barra, cafés en vaso, mesa de mus, diálogo fluido, buen rollito. En un momento dado Iglesias dijo que, como parecía que estaban de acuerdo en todo, quizá deberían presentarse juntos a las elecciones. Risas. Los telespectadores disfrutamos de un programa original, relajado e interesante. “El espíritu del tío Cuco”, invocaba Jordi Évole. Y como las elecciones se van a repetir pensó, con mucha razón, que era el momento ideal para revivir aquel humilde y exitoso debate a dos.

Anoche cambió el escenario, el espíritu del tío Cuco está muerto y enterrado, y algo más. Ni bar de obreros, ni codos en la barra, ni cafelitos, ni buen rollo, ni hostias. Salón en el cielo de Madrid, cristaleras enormes, parqué brillante y mesa de madera noble. Un escenario ostentoso para un debate a cara de perro entre dos políticos que llevan demasiado tiempo enseñando colmillo, diciéndose de todo. Desconfíados, a veces agresivos, quizá impacientes. Su posición en el tablero ha cambiado desde entonces: ya no son dos iguales, partiendo desde la misma casilla de salida. Según las encuestas, Iglesias ha superado al PSOE y Rivera está atascado en la cuarta posición. Cola de ratón. No hay tiempo ni espacio para contemplaciones: que le den por el culo al espíritu del tío Cuco. A la yugular.

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Albert Rivera está tocado. Será porque Ciudadanos no crece como esperaban, o porque Podemos crece más de lo esperado, pero lo cierto es que Rivera pareció un tanto desquiciado. Muy agresivo, nerviosísimo y sudoroso, basó todo su discurso en atacar a Podemos. Iglesias sin embargo tiene aprendida la lección: la tranquilidad transmite moderación y equilibrio. Apenas levantó la voz, no gesticuló en exceso y no faltó al respeto a su excitado rival.

Évole insistía en que el espíritu del tío Cuco quedaba muy lejos. Bueno, no pasa nada. Se había perdido el efecto sorpresa, el diálogo no resultaba tan fresco y cordial como entonces, y las ideas no sorprendían a los telespectadores. Normal. A estas alturas hemos escuchado más a Iglesias y Rivera que a nuestras parientas/parientes. Conocemos sus tics, y sus programas, y sus modales. Ver a Rivera sudando, con la boca seca, hablar de como ha tenido en sus brazos a niños refugiados en Grecia, o de que acaba de visitar Venezuela como prueba de su enorme interés por la defensa de la libertad, la democracia y los derechos humanos, fue un regalo para Podemos. Es un político contra las cuerdas, un gato panza arriba dando zarpazos histéricos, un tipo hipertenso que pacta con los socialistas, sueña con el PP y tiene pesadillas con Podemos. Pablo Iglesias se limitó a no dejarse contagiar por esa histeria, a ofrecer cuatro datos demoledores y a beberse medio vaso de agua.

P.D.

La Mongozuela de junio, ya en los mejores kioscos.

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Un motivo para NO ver la televisión

I.D.

Autora: Emma Ríos.

Editorial: Astiberri.

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La enigmática portada, el denso ramaje de la copa de un árbol, laberinto de líneas naranjas sobre fondo blanco, hace imposible adivinar la originalidad de la historia interior. “I.D.” habla de un cambio de caparazón. Se mantiene el alma, o el cerebro, como usted quiera llamar a aquello que nos hace humanos. Se cambia la carne.

“¿Quiénes somos en realidad? ¿Cómo afectan los cambios físcos? ¿Hasta qué punto nos transformaría un cambio de cuerpo? Solo hay una respuesta, y es vivirlo en primera persona”.

Responde un psiquiatra gonzo que quiere cambiar de identidad, de cuerpo, de forma de investigar. Es uno de los tres implicados en el proyecto. Los otros dos son una mujer misteriosa y una chica que se siente hombre. Son muy diferentes, pero acaban unidos por la esperanza. Y es que Emma Rios, arquitecta que dibuja historietas, ha creado un original grupo de personajes insatisfechos que resultan no ser lo que parecen.

- “No estar contentos con lo que somos o con lo que tenemos puede parecer frívolo, pero es inherente al ser humano.

- No hay que avergonzarse. Sólo somos criaturas inquietas”.

Criaturas inquietas… y desubicadas. Un principio filosófico básico advierte de que la felicidad consiste en querer ser lo que uno ya es. Este cómic inquietante y turbador, a veces violento y hasta escalofriante, habla precisamente de eso, de las identidades equivocadas, de los lugares incorrrectos, de las incomodidades con nosotros mismos. Del espejo siniestro que nos impide alcanzar no ya la felicidad, sino la simple normalidad. El futuro ya está aquí.

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Otegi

“El día del asesinato de Miguel Ángel Blanco estaba en la playa, como un día normal”, dijo Arnaldo Otegi en “Salvados”. No tiene que ser fácil ser Otegi. Como no debe ser fácil entrevistar a Otegi. Como sin duda no es fácil escuchar a Otegi. Pero la democracia tiene estas cosas. Jordi Évole entrevista a Otegi en La Sexta, y es periodismo. Información, nada que ver con esa “apología del terrorismo” que advierte la caverna. Un trabajo bien hecho, puesto que muestra al actual Otegi: un hombre consumido por las contradicciones, que se resiste a abandonar el pasado, que quiere dibujar un futuro optimista, que no acierta a arrepentirse, a pedir perdón, a reconocer el daño causado.

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El terrorismo para Otegi es “algo que ha ocurrido”. Una frase de una necedad insoportable que me recuerda, salvando las distancias, al “esa persona que usted dice” de Rajoy. Tipos que se dedican a la política, pero que no son capaces de coger al toro por los cuernos, y exigen a los demás lo que no son capaces de ofrecer. Tipos que intentan justificar lo injustificable.

Arnaldo Otegi ha contribuido al final de ETA, y seguramente ha cumplido una condena injusta de más de seis años de cárcel. Pero Otegi colaboró con ETA, y aún hoy justifica a la banda terrorista. Un callejón sin salida.

Da la sensación de que Otegi ha perdido una gran ocasión para reconocer el dolor causado. Una excelente ocasión para, sin necesidad de humillarse, humanizarse y pedir perdón. Debió hacerlo con contundencia, con autoridad, sin dejar una sola duda de su arrepentimiento. Sin humillarse, insisto, pero sin dejar margen para la duda. Y después pedir el acercamiento de presos, y la independencia de Euskadi, y todo lo demás.

¿Una oportunidad perdida? Seguramente. Pero todos sabemos que esto no iba a ser fácil. Entrevistar a Otegi, digo. Y todo lo demás.

 

Fashion & politics victims

El “Salvados” (La Sexta) del pasado domingo, dedicado a las miserias, contradicciones e hipocresías de la industria textil, es uno de esos programas que debería verse de manera obligatoria en todos los colegios. Televisión necesaria para todas las edades: ayuda a comprender el mundo, a formarnos como ciudadanos, a educar el criterio y la cultura solidaria. Televisión pública, en su concepto, ofrecida por una cadena privada.

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La historia es sencilla y bien conocida: si usted quiere comprar ropa a precios de ganga en tiendas modernas de la Gran Vía y centros comerciales, alguien tiene que pagar por ello. Explotación laboral, contratos de mierda y sueldos de risa, condiciones de trabajo miserables, enfermedades laborales, contaminación desenfrenada… a miles de kilómetros de nuestras casas, en el llamado tercer mundo. Todo la gente lo sabe, o debería saberlo. Por eso no está nada mal que de cuando en cuando alguien, en este caso Jordi Évole y su equipo, lo cuenten de manera clara, pedagógica y amena. Televisión útil, que aquí puede disfrutar en diferido: Fashion victims.

La televisión que deberían hacer las cadenas estatales, televisión de servicio público, comprometida y con intereses sociales, sin ánimos comerciales, informativa y entretenida, la está haciendo una cadena privada. Debería darles vergüenza. Pero les da rédito electoral: las televisiones públicas al servicio de los partidos políticos son una suerte malévola y retorcida de financiación ilegal. Si quieren publicidad en televisión, que la paguen.

Han convertido la televisión pública en un terreno baldío, ocupado por grandes fincas privadas como la de Bertín Osborne. La televisión privada suple en ocasiones las obligaciones de la pública, pero no olvidemos que su principal misión es otra: hacer dinero. Por eso “Salvados” es una excepción, una rara avis que podemos y debemos disfrutar, pero sin asumir que sustituya a la televisión pública, a una televisión pública que ya forma parte del botín robado por los políticos corruptos.

Un motivo para NO ver la televisión

Bonnie Raitt.

Cd: Dig In Deep.

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Regresa la gran dama blanca del blues. A sus 66 años, Bonnie Raitt es, junto a Lucinda Williams, la referencia de la música norteamericana de raíces. Y para que nadie lo dude lanza este “Dig In Deep”, su disco número 20, un álbum absolutamente maravilloso en el que demuestra estar en plena forma. Como guitarrista y como cantante. Doce canciones de corte clásico, desde medios tiempos irresistibles a blues trotones. Y con el slide recorriendo el mástil como en los viejos y buenos tiempos, allá por el comienzo de los setenta. Imprescindible, una vez más.

La máquina del fango

“Hoy no salir en televisión es un signo de elegancia”. Umberto Eco.

Umberto Eco regaló al programa “Salvados” el título perfecto para el programa que Jordi Évole dedicó el pasado domingo a la intencionalidad política de determinados medios de comunicación: “La máquina del fango”. El filósofo y escritor italiano aseguró que “para deslegitimar a alguien es suficiente con decir que ha hecho algo, con crear una sombra de sospecha”. Y no se refería precisamente a las declaraciones de su compatriota Rossi, un mal perdedor que acusó a Márquez de haberse convertido en escudero de Lorenzo para que éste consiguiera el título de Moto GP. Hablaba de periodismo…

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“Salvados” se propuso analizar el estado de los medios de comunicación. Dejaban caer una pregunta: ¿Para desprestigiar al adversario político se utilizan diarios, televisiones y radios? La respuesta debían ofrecerla, no se lo pierdan, el exdirector de El Mundo, Casimiro García-Abadillo, la periodista de Onda Cero, Julia Otero y la subdirectora de La Razón, Pilar Gómez. No está mal el lote, pero yo sin duda hubiese recurrido a las estrellas de la cadena, a esos periodistas que día tras día refuerzan la imagen de periodismo creíble y serio de que presume La Sexta: Francisco Marhuenda y Eduardo Inda. Sin estas dos leyendas de la información veraz y el periodismo crítico no hay análisis posible sobre el desprestigio de los medios. La ausencia de Marhuenda resulta especialmente dolorosa, puesto que lidera La Razón, empresa hermana de La Sexta.

Évole tenía a la estrella de la noche, al hombre con todas las respuestas, en su propia casa, Planeta. Un tipo que dirige La Razón, diario famoso en el mundo entero por sobrevivir durante 15 años sin obtener beneficio económico alguno, tiene que tener todos los secretos sobre “la máquina del fango”. Si le queda a usted alguna duda, sobre el espesor del cieno o la pestilencia del mismo, puede recordar alguna de sus legendarias portadas: “Rajoy vence a Rubalbárcenas”, “Los malos estudiantes agitan la educación” o “Monedero se esconde en el metro”.

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Quizá Marhuenda no sea el inventor del ingenio mecánico, pero desde luego es un diligente encargado del mantenimiento y uno de los máximos beneficiarios del funcionamiento del mismo. Por eso un programa de televisión sobre la máquina del fango sin uno de sus maquinistas más dotados, queridos amigos de La Sexta, es un programa incompleto. Combustible para la caldera de una locomotora que, vaya por dios, parece que arranca: La Razón ha cerrado el ejercicio 2.014 con, ¡milagro! unos beneficios de 5.000 euros antes de impuestos. Una gran noticia para el periodismo en general y para la libertad de expresión en particular.

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Un motivo para No ver la televisión

Sherwood Fleming

Cd: blues Blues Blues.

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Nació hace casi 80 años en Lula, Misisipi, y creció recogiendo algodón y escuchando canciones tristes. Poco después se trasladó a California, donde grabó algunos temas para pequeñas discográficas que pasaron sin pena ni gloria. Sherwood tiró la toalla y abandonó el mundo de la música. Han tenido que pasar décadas, y el sello Dynaflow ha tenido que utilizar todo su poder de convicción, para que nuestro hombre regrese a los estudios de grabación. Menos mal: ha registrado un disco memorable, blues de enorme calidad, en el que destacan cuatro composiciones propias y dos versiones de clásicos de Ike Turner y Buddy Guy. Nunca un título describió mejor un disco: Blues, blues, blues… La mejor sorpresa posible para los amantes del género de los doce compases.