You are currently browsing the El Descodificador posts tagged: Telecinco


¡Vaya bestias!

Justo cuando los países más civilizados del mundo intentan que los circos no tengan números con animales, a Telecinco no se le ocurre otra cosa que estrenar un programa en el que los animales tienen que hacer números de circo. Hay que ser muy bestia, la verdad. El espacio en cuestión se llama “¡Vaya fauna!”, y nos arrastra a los tiempos de la televisión más decrépita y roñosa. Sólo por el momento en que un tipo obliga a que un oso pardo realice un corte de mangas, cuando el humano grita “fuck”, el supuesto talent show debería desaparecer de inmediato de la programación de la cadena. O por ese momento patético en que le obligan a hacerse un selfie con un par de niñatos cantarines…

gemeliers-se-hace-un-selfie-con-tima-y-su

Ya lo hemos comentado en otras ocasiones en este blog: un plató de televisión, con sus focos, el público, el caos, la tensión… no es lugar para animales. Ni siquiera para domésticos, cuanto menos para un oso pardo, sometido por un entrenador circense para que realice las más repugnantes payasadas, todas impropias de un plantígrado imponente. Un programa impresentable, de otra época, en el que se explota y maltrata a los animales, despojándolos de sus condiciones naturales hasta convertirlos en patéticas caricaturas. Un programa de freaks para los muchos freaks que tiene este país: 19% y más de tres millones de espectadores, una excelente audiencia de la que deberíamos avergonzarnos todos. Los espectadores y la cadena.

El éxito de “¡Vaya fauna!” es el éxito de la ignorancia. Y nos recuerda que vivimos en el país donde a la tortura de herbívoros se le llama “fiesta nacional”, y donde espectáculos de la sordidez del toro de la Vega son considerados una tradición que defienden miles de personas.

Cuentan que “¡Vaya fauna!” es el estreno de la sobrina de Silvio Berlusconi como productora de televisión en España. Tras ver a un gorrinillo enano abrir una cajonera, a un perro explotar globos, a un oso hacer el idem, a un león sometido por una cadena, a un caballo toreado por un hombre y a un loro hacer mutis, solo puedo pedir, más bien exigir, que retiren el pasaporte a la sobrínísima.

Un motivo para NO ver la televisión

Siete casas vacías.

Autora: Samanta Schweblin.

Editorial: Páginas de Espuma.

img191

Siete cuentos como siete casas. ¿Vacías? Quizá no tanto. En todas ellas encontramos gente desajustada en busca de una solución final. La mujer que ve a su marido pusilánime haciendo amistad con el chico que vive al lado. Problemas con la ropa que nos sobra, con el vecino que nos mira, con la decoración que soñamos, con una máquina robada, un jardín abandonado, un coche atascado o una sombra tras un seto.

Siete cuentos sorprendentes, que escarban en el interior de individuos desorientados, que hablan de la soledad interior, de la ausencia de respuestas y de la inseguridad que pueden llegar a ofrecer cuatro paredes.

No deberíamos perder de vista a Samanta Schweblin, argentina del 78, premiada por sus magníficos cuentos y, desde hace poco, con toda una novela en las librerías, “Distancia de rescate”, Mondadori.

 

.

 

Por el cambio

Telecinco ha estrenado un programa increíble. No sale Nacho Vidal, ni la hija de la Pantoja, ni una señora muy pija que está en el chasis. No aparecen musculosos descerebrados repletos de testosterona junto a neumáticas chicas semidesnudas. No hay un jurado de cantamañanas aplaudiendo a un puñado de cantantes desafinados. No se manifiestan los reyes de la farándula, no gruñen las reinas del corazón, no trinan presentadores vestidos con mariposas peinados con saña. No. Telecinco ha estrenado un programa que se llama “Cámbiame”, que dura solo media hora y que consiste en ayudar al telespectador a “cambiar por dentro y por fuera”. ¿A cambiar incluso de cadena?

La televisión de Paolo Vasile anuncia que Cristina Rodríguez, la coach del nuevo espacio, examinará el estilismo de los políticos, e incluso les propondrá cambiar su imagen. Hasta aquí podíamos llegar. No hay programa de televisión, ni coach de moda, ni milagro de la mismísima virgen de Lourdes capaz de superar el cambio que propuso la revista Mongolia al político de moda, el ciudadano Albert Rivera

rivera_mongolia

Me siento frente al televisor sin poder quitarme de la cabeza la metamorfosis del líder de Ciudadanos. La sintonía de “Cámbiame” da paso a gente fea, desastrosa y desastrada, que se presenta ante un jurado de imponentes estetas que buscan la redención de los primeros, un look nuevo que les permita reintegrarse en la sociedad real, que al parecer es una sociedad fina, elegante y cool. “Lo que necesitas, a parte de imagen, es autoestima”, le dice la coach a la primera participante en el programa-milagro. Se trata de Janet, una señora de 62 a la que la vida ha tratado mal: “Me han confundido con una pilingui… me siento como envejecida”.

“Económicamente, ¿Cómo estás?”, le pregunta a Janet la monitora personal que le han asignado. “Mal”, reconoce la señora que busca cambiar de pinta. “Como toda España”, sentencia. “Me muero de ganas de cambiarte… Eres una tía con unos ovarios espectaculares”, le suelta la presentadora, un busto parlante con hombreras maquillada hasta la nuca. Comienza el show. Fuera ese pelo pollo. Fuera ese sol que te ha puesto la piel de obrero. Venga ese estilismo en la ropa, esos chutes de colágeno. ¿Quirófano? No en este caso…

Tras pasar por el laboratorio de chapa y recauchutado, la buena de Janet tiene que hacer la pasarela delante del público del plató. Le quitan la venda de los ojos y a desfilar. Aplausos, lágrimas, comentarios elogiosos: “Tiene clase… elegante y proporcionada… cinturita y pecho espectacular… parece una princesa”, dicen ahora de la que parecía pilingui.

“Cámbiame” es como los programas de Chicote pero con seres humanos ajados en lugar de restaurantes apestosos. Donde sale la grasa revenida de las freidoras ponga unas patas de gallo, donde unos filetes en estado de putrefacción sitúe unas lorzas cerveceras, en el lugar del camarero borracho coloque un top del Carrefur y un pelo de rata. Entonces llega Telecinco, y le pega un lavado de cara al invitado, le regala cuatro trapos y… ¡Voila! De bruja a Cenicienta. Es el milagro de la televisión. De una televisión miserable que juega con los más débiles, que se aprovecha de las miserias ajenas.

cambio-look-Janet-Cristina-Rodriguez_MDSVID20150615_0076_9

P.D.

La Asociación de Consumidores de Medios Audiovisuales de Cataluña (TAC) pide la retirada de “Mujeres y hombres y viceversa” (Telecinco) por, entre otros motivos de peso, “sexismo”“apología de la ignorancia”. Buena idea, pero quizá demasiado tarde…

gladiadores-Mujeres-hombres-pretendiente-Ainhoa-tronista_MDSVID20120426_0091_3

Una tele como un caballo

“Cuando veo un pene del tamaño de un caballo, me asusto”, confiesa Leticia Sabater a un Jorge Javier Vázquez con los ojos como platos. “He tenido que dejar muchas relaciones porque la tenían muy grande”, sentenció la artista que, como pudieron leer los seguidores de este blog en semi exclusiva, paso por el quirófano para ponerse un himen nuevo y quedar como para estrenar.

sabater-operacion-salvame-1

Tan interesante entrevista tiene lugar en Telecinco, televisión privada que lidera las audiencias en España por noveno mes consecutivo: en mayo alcanzó un 15,4% de cuota, seis décimas más que en abril. Podría contarle maravillas de Mediaset, la empresa propietaria de Telecinco, pero prefiero que sean ellos mismos quienes lo hagan: “Mediaset España se ha posicionado en 2014 como la compañía audiovisual más rentable a nivel nacional y entre las primeras empresas de medios de Europa, así como la mejor preparada para afrontar con optimismo los retos de 2015. La empresa ha obtenido un beneficio neto de 59,5 5M€ y ha duplicado su EBIT (144,8M€ ) y ha mejorado su EBITDA ajustado en un 88% (163,9M€). Mediaset España ha concluido 2014 como el grupo audiovisual líder de audiencia en televisión con el dato más alto de su historia (30,7%); el de mayor tráfico en Internet con 10 millones de usuarios únicos mensuales; y como el más participado en redes sociales con el 56% de los comentarios sobre TV”.

¡Vea usted todo lo que se puede conseguir a partir de un simple himen reconstruido y un pene del tamaño de un caballo! Es la magia de la televisión. Con un decrépito presentador hortera, una desvencijada musa de Ansón, un hollejo recauchutado y cuatro chuminadas más organiza usted la televisión líder en España. Lo que no dice mucho ni del país en cuestión ni de su televisión en concreto. Y qué quiere que le diga de este blog…

Un motivo para NO ver la televisión

La escultura del sí.

Autor: Michel Onfray.

Editorial: Errata Naturae.

Portada-La-escultura-de-si

¿Cómo compensar al lector tras un post tan deprimente como el de hoy, protagonizado por vírgenes recicladas, grandes miembros caballunos, televisiones atontaciudadanos y blogs cómplices? Con una dosis de filosofía moderna. Conocía a Michel Onfray por su “Tratado de ateología” (Anagrama), un libro muy interesante que invita a pensar en la vida en la tierra y olvidarnos del resto de pamplinas. Pues bien, la editorial Errata Naturae publica con su habitual mimo, papel de tacto sensual, buena portada y excelente traducción, un clásico de este doctor en Filosofía fundador de la Université Populaire de Caen.

Onfray apuesta por una filosofía “asociada a hacer viable la propia existencia, allí donde nada es dado y todo debe ser construido”. Vivir de manera hedonista pensando en la propia existencia sobre todas las cosas. Con el texto que hoy nos ocupa, “La escultura del sí. Por una moral estética”, es una invitación a la reflexión crítica, por supuesto, pero también un ejemplo de sentido común, una invitación a entender la felicidad como meta cotidiana, como ejercicio diario. “Es lícito despreciar o ignorar a nuestros semejantes si no se encuentran puntos de conexión con ellos, frente al amor cristiano que todo lo iguala; esa igualdad se traduce en la mediocridad y la neutralidad de los demás”. En ocasiones provocador, a veces impertinente, siempre inteligente, este ensayo de Onfray es un canto a la vida.

Publicidad secuencia

“True Detective” es una de esas series que justifican el dinero que cuesta la suscripción a Canal +. Lo dije en su día, y lo confirmo ahora que en su reposición en abierto ha sido mutilada con crueldad, capada con sadismo y cercenada con alevosía y nocturnidad: en La Sexta interrumpieron con anuncios el legendario plano secuencia de seis minutos del cuarto capítulo, seis minutos repletos de tensión, acción y emoción que son un monumento a la televisión.

6a00d8341bfb1653ef01a3fcd138e2970b

La serie protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson, una auténtica maravilla que ha recibido las mejores críticas, no está funcionando como debiera en La Sexta. La culpa no es, imagino, de la crudeza con que castran los momentos cumbre e introducen la publicidad. La culpa la debe tener no cuidar al telespectador como es debido. No es un problema de La Sexta en particular, sino de la televisión en abierto en general: no cultivan los sentidos del telespectador. Le alimentan a diario con una dieta de alfalfa seca, y cuando se les escapa algo de grano nadie es capaz de apreciar la calidad, el sabor y el aporte nutricional de la semilla. Nos toman por asnos sin paladar. Nos alimentan con paja. Solo nos quieren para poder meter publicidad. Y si es posible, en secuencias de seis o más minutos.

Insisto en un viejo y triste mantra: se puede ver buena televisión, pero pagando.

P.D.

En Telecinco tampoco se cortan con la guadaña. Durante una entrevista de Pepa Bueno en el programa “Viajando con Chester” interrumpen la pregunta de la presentadora para dar paso a la publicidad. No se puede hacer peor.