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Portavoz a la venta

Dicen que Teresa Mesa, la mujer que ejerce de portavoz de la enferma de ébola Teresa Romero, tiene un contrato en exclusiva con el programa de Ana Rosa Quintana (Telecinco). Tiene que ser cierto, porque quien lo asegura es el periodista David Gistau, tertuliano del programa de Susanna Griso (Antena 3): “Ha firmado con el programa matinal de Ana Rosa Quintana un contrato en exclusiva idéntico al que habría gestionado el reportero de Wilder. Incluye un horario específico, de 9 a 13, durante el cual la portavoz tiene prohibido emocionar a todo público televisivo que no sea el de la feria de Telecinco”. Una vergüenza, porque es evidente que la feria de Antena 3 donde trabaja Gistau tiene el mismo derecho a emocionar a su público que la cadena de Vasile.

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Mientras tanto Cuarzo, la productora de Ana Rosa Quintana, niega con rotundidad que “exista contrato alguno con Teresa Mesa y que se le haya pagado. Nunca pagamos a los testimonios, sólo a los colaboradores”. Por su parte, la portavoz de la auxiliar enferma se ha apresurado a “dejar claro que no estoy cobrando, lo hago por cariño a la familia”. “¿Cómo es posible que un portavoz cobre a los medios por hablar? ¿Como es posible que los medios paguen? Lo sabe Teresa? Con laSexta no cuenten”, dice tan digno como sorprendido César González Antón, director de Informativos de La Sexta, hermana pequeña de Antena 3, en Twitter.

¿A quién creemos? ¿A las rivales por el título de la telebasura matinal? ¿A sus opinadores a sueldo? ¿A los periodistas de medios próximos, familia directa? ¿O a la propia portavoz, que niega la mayor?

En esta sociedad enrarecida por la corrupción y la crisis económica se ha instalado la desconfianza: es difícil poner la mano en el fuego por nadie. En cualquier caso, si hay que buscar un culpable es necesario mirar a las televisiones, que si no han pagado en esta ocasión, habitualmente sí pagan. Quizá no a portavoces, pero sí a tertulianos repugnantes, a famosetes ignorantes, y a cualquier delincuente o pelagatos que ayude a conseguir una miaja de audiencia. No es la única polémica: “¿Es ético que un portavoz favorezca a un medio sobre otros?”, se preguntaban en algunos medios. Yo creo que es perfectamente ético. Un portavoz no puede tratar de la misma manera que al resto, yo al menos no lo haría, a medios como ABC o La Razón, que desde el primer día se apuntaron a la caza de brujas que inició el Consejero de Sanidad de Madrid con la auxiliar enferma. O a la COPE, que llegó a anunciar su muerte.

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Un motivo para NO ver la televisión

La otra piel.

Autor: David Mark.

Editorial: Siruela.

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Aector McAvoy es una especie de John Wayne british: feo, fuerte y formal. Bueno, no tan feo, puesto que la tensión sexual con una de sus superiores, Trish Pharahon, es una de las constantes en esta novela negra protagonizada por un detective de alma blanca. Porque McAvoy es todo nobleza y bondad. Incluso cuando se ve sumergido en peleas gitanas a la vieja usanza.

David Mark es un escritor de Carlisle, Reino Unido, que ya nos sorprendió con “El oscuro invierno”, una novela negra británica sorprendente que ya comentamos en esta web. Lo mejor que se puede decir del libro que hoy nos ocupa es que mantiene el nivel de “El oscuro invierno”. Bien escrita, bien estructurada, con la intensidad creciendo constantemente y unos personajes creíbles, en ocasiones emocionantes. La historia es compleja, puesto que mezcla varios problemas: cultivadores vietnamitas de marihuana, narcotraficantes de mayor nivel, políticos de élite aficionados al sexo extremo, una chica frágil que añora a su amigo homosexual y está a punto de ser asesinada, una familia adorable con raíces gitanas…

David Mark lo ha vuelto a hacer. Eso sí, con la ayuda de Aector McAvoy, uno de los policías más originales y entrañables de los últimos años.

Pincha para comenzar a leer “La otra piel”.

Cuestión de respeto

Dice Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset y uno de mis personajes televisivos favoritos, que su secreto es “leer entre líneas”. Una frase que sugiere sutileza y reflexión formulada por el hombre que dirige una cadena basada en el brochazo y tente tieso. Curioso. Y es que ahí donde le ve, Vasile y la Universidad Europea han inaugurado la V edición de Master en Creación de Contenidos Audiovisuales. Efectivamente: un templo de la sabiduría y el conocimiento, la universidad, une sus fuerzas con un santuario del vandalismo y la ignorancia, Telecinco. La telebasura y la erudición, de la mano.

En la ceremonia inaugural del esperpento Alejandro Echevarría, cómplice de Vasile y presidente de Mediaset España, ha afirmado que “Mediaset España está muy orgullosa de su aportación al mundo de la formación en colaboración con la universidad”. No hay más que ver la colección de ejemplares que recogen para la cátedra de “Gran Hermano”, o en los fulanos y fulanas que se citan en las tribunas de “Hombres mujeres y viceversa”, o en los gachós y gachises que se reúnen en torno a ese avezado mentor que es el Jorge Javier Vázquez de “Sálvame”, para darse cuenta de que Telecinco y la universidad son almas gemelas, con ideales comunes y fines paralelos. La  “aportación” al mundo de la ilustración de Telecinco es, qué duda cabe, inolvidable.

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No me sorprende este giro en su actitud intelectual. Se veían venir grandes cambios en Mediaset, otrora ejemplo de producción audiovisual cutre, indecente, chabacana y hasta hedionda, hoy asociada a instituciones dedicadas a enseñar a aprender. Y se veían venir porque la actitud de esta empresa audiovisual en la polémica generada por la publicación de fotografías de Teresa Romero, la auxiliar enferma de ébola en el hospital Carlos III, ha sido ejemplar:  “Por respeto, en @informativost5 hemos decidido no emitir las fotografías del interior d la habitación de Teresa. Qué aportan? Es su intimidad”, decía Carme Chaparro, presentadora de Informativos Telecinco en su cuenta de Twitter.

¿Respeto? ¿En Telecinco? Pues sí, ahí lo tiene. Ver para creer…

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Depredadores y carroñeros

El presunto pederasta de Ciudad Lineal es un depredador. Así lo han decidido las televisiones. La depredación es una interacción biológica: el depredador es un animal que caza a otros seres vivos, las presas, para alimentarse, para subsistir. Depredador suena a degollina, a muerte, a masacre, a violencia, a escabechina. Depredador recuerda a la película de Arnold Schwarzenegger en la que una criatura extraterrestre despelleja y destripa humanos.

A los periodistas y comentaristas de los programas matinales de las grandes cadenas, como el de Ana Rosa (Telecinco) o el de Susanna Griso (Antena 3), se les llena la boca de sangre y de semen cuando llaman “depredador” al presunto violador de Ciudad Lineal. “Es un auténtico depredador”, aseguran una y otra vez, a modo de mantra, los mismos periodistas y comentaristas que cada día escarban en las crónicas de los sucesos más macabros, entrevistan a los personajes más sórdidos, cuentan las historias más tristes y violentas. ¿Una contradicción?

De ninguna manera. Depredadores y carroñeros son enemigos eternos. Lo cuenta la televisión, nada menos que en los documentales de la prestigiosa National Geographic

Si el violador de Ciudad Lineal es un “auténtico depredador”, podríamos decir que los periodistas que así le califican son “verdaderos carroñeros”. El depredador caza para comer, los carroñeros se alimentan con los restos de la cacería. ¿O no es tan sencillo? Hoy sabemos que la depredación y el consumo de carroña, tradicionalmente concebidos como procesos independientes, están estrechamente relacionados a través de múltiples vías de interacción. Vea los programas matinales. Hermanos de sangre. Todos con el buche lleno, todos contentos.

Bueno, todos no. El abogado del presunto “depredador” de Ciudad Lineal ha denunciado al ministro de Interior, a la delegada del Gobierno en Madrid y a la cúpula policial por un delito de revelación de secretos: los medios de comunicación han ofrecido datos que “se cargan el procedimiento”. Sí, todas esas noticias que los necrófagos televisivos consideran grandes exclusivas periodísticas, y que en realidad son simples filtraciones policiales. Pero la cosa no queda aquí. La utilización de fotografías de Antonio Ortiz, el supuesto pederasta, en todos los medios, puede influir, o anular, la prevista rueda de reconocimiento. Se ha dificultado el trabajo policial, se ha entorpecido la labor de la justicia, pero ha merecido la pena: la audiencia ha subido una miaja.

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Un motivo para NO ver la televisión

Jeff Tweddy

Concierto completo en la Brooklyn Academy Of Music.  Tweddy interpreta íntegro su primer disco en solitario, “Sukierae” (comentado aquí hace sólo unos posts), además de algunas canciones grabadas en su día con Wilco y Uncle Tupelo.

Escándalo

Hay gente que se escandaliza por nada. En las redes sociales comentan ruborizados que, en el estreno del nuevo programa de cocina de Telecinco, el presentador David de Jorge dice llegar “con los calzoncillos limpios y una ilusión del copón”, además de  “ponerse cachondo” cuando se le agarra la comida en la cazuela: “Que alguien le explique que existe una cosa llamada horario protegido”, gruñe un telespectador. “Como sea tan soez en otros programas como el de hoy… le auguro poco tiempo en televisión. Hoy ha sido soez, grosero y faltón”, refunfuña otro.

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David de Jorge es un crack. Y me pone cachondo. ¿Soy por ello un tipo soez, grosero y faltón? No creo. Soez, grosero y faltón es Juan Morillo, alcalde del PP de La Guardia (Jaén), cuando responde a un socialista diciendo que “las faldas están para quitarlas, que es lo que hacen los hombres”. Soez, grosero y faltón sería en todo caso Joaquín Leguina, el socialista sabihondo, cuando en su blog dice que “El culo femenino representa la más bella y profunda llamada de la Naturaleza”. Soeces, groseros y faltones son, sin salir de Telecinco, los concursantes de Gran Hermano, cuando juegan a doblar películas porno, fingen orgasmos y gastan bromas con condones.

David de Jorge es un crack, así de sencillo. Y si alguien piensa que este cocinero es soez, grosero y faltón es que no ha escuchado los chistes de Arguiñano. No perdamos ni un minuto más con esta memez y hablemos de “Robin Food: atracón a mano armada”, el nuevo programa de cocina de Telecinco (14:30 horas)…

Robin Food es un espacio redondo: como una rodaja de merluza o una tortilla de patatas. Como los programas que hemos disfrutados durante años en ETB, pero con más presupuesto. Robin Food hace salivar, afila el colmillo y pone en marcha los jugos gástricos. Despierta el hambre. Y proporciona felicidad. Es un homenaje diario al buen zampar, a los pequeños placeres de la mesa, a la cocina sencilla, sin gilipolleces, sin concesiones. Robin Food es un espectáculo televisivo y gastronómico, es televisión jugosa y sabrosa, es servicio público. ¿No me cree? Eso es que no ha visto cómo preparan un arroz con bogavante, con truco para el socarrat, una receta eterna puesta al día por un tipo con dos grandes virtudes: transmite entusiasmo por los fogones y… tiene los calzoncillos limpios. Algo que no todos los cocineros pueden decir.

Robin Food es un escándalo. De programa. Porque, como dice Jorge, el que sabe cocinar es el puto amo del universo.

 

Un motivo para NO ver la televisión

999 recetas sin bobadas.

Editorial: Debate.

Autores: David de Jorge y Martín Berasategui.

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David de Jorge no solo es un gran comunicador televisivo. También ha escrito, en ocasiones en solitario y a veces acompañado, algunos de los libros de cocina más útiles, y divertidos, que cualquier amante de las sartenes pueda imaginar. Los más recientes los firma junto a Martín Berasategui: “Más de 999 recetas sin bobadas” y “Más de 100 recetas adelgazantes pero sabrosas” (Debate).

El primero de ellos es un recetario magnífico, digna continuación del imprescindible “A cocinar (Las mil y una recetas para la cocina de casa)” (Lur), seguramente el libro más utilizado de la biblioteca gastronómica de mi casa. “Con la cocina no se juega” (Debate) es un homenaje al sentido común gastronómico, y una “pura exaltación de la gula y el jovial disparate”. Es el David de Jorge anecdótico, que se pasea por “el valle de los reyes” (perfiles de los grandes chefs) justo antes de analizar las entrañas de la tortilla o de fusionar a Joselito con Dom Pèrignon. Simplemente delicioso.

“Porca memoria” (RBA) es uno de mis favoritos. Por la gorrina portada y por el contenido, “la recreación literaria de los recuerdos gastronómicos vividos” por dos zampones. “Ironía, autobiografía, sarcasmo, prosa humorística…” y amor, mucho amor por la comida.