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Arcadas de sangre

Pasan los veranos, como pasan las modas, las penas, las oportunidades, las desgracias y el resto de cosas inevitables de la vida. Pasan las horas, los días, los meses y los años, pese al trabajo del cirujano y a las toneladas de botox. Todo pasa. Y ella queda. La princesa del pueblo sigue allí. Siempre. Al pie del cañón, al frente del negocio, defendiendo el fuerte, con la fuerza inhumana que da la inconsciencia, con la convicción ciega de los fanáticos, con la energía de los insensatos y la urgencia de los buscavidas. Todo se acaba, todo muere, es un hecho. Pero ella permanece, seguramente para recordarnos la fragilidad del ser humano: somos unos mierdas.

Belén Esteban regresó de sus vacaciones el sábado y, todavía con arena en el culo, se pasó por el plató de Telecinco (“Sálvame”). Consiguió el mejor dato de la versión de fin de semana del espacio del corazón, con un 16,6% de cuota de pantalla y casi 1,4 millones de espectadores, y se retiró entre aplausos a sus aposentos en palacio. La realeza plebeya sigue reinando en la televisión comercial.

No mejoramos. La pantalla sigue siendo un estercolero, con el mismo icono de siempre iluminándonos desde la montaña de excrementos: la ex de Jesulín permanece en la cima, reluciendo como un orondo Corpus Christi, para recordarnos cómo es la televisión en España. Cómo es España. No hacía falta. Un verano macabro, sin grandes noticias pero con excelentes sucesos, nos ha recordado en cada informativo que vivimos en un país donde los hombres asesinan a las mujeres, donde los toros matan a los hombres, donde la ignorancia y la incultura están acabando con la inteligencia. El país de Belén Esteban. Y de Esperanza Aguirre y Felipe González, del ABC y La Razón, de Telecinco y Telemadrid, de las tradiciones y las fiestas nacionales, del regreso al ladrillo y el adiós a la educación: España es líder en la Unión Europea en fracaso escolar, con una tasa del 21,9% que dobla la media comunitaria. Arcadas de sangre.

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Un motivo para NO ver la televisión

Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

CD: Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

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Mi disco de las últimas semanas, quizá de los próximos meses. Un huracán de rock y blues. Nathaniel Rateliff, cantautor de Denver, Colorado, metió su guitarra acústica en la funda en 2013, formó una gran banda, The Night Sweats, y grabó un primer disco explosivo. Puro ritmo y blues, con ecos de los grandes sellos de la música soul, pero producido de manera innovadora, un sonido que podría trasladarnos a una noche de copas con Tom Waits y Otis Redding bebiendo hasta el amanecer.

El primer disco de Nathaniel Rateliff y sus Night Sweats es una de esas maravillas que gana intensidad con cada escucha, que crece con cada tema, que sorprende por sus mil matices, por la fuerza de la voz y la originalidad y el riesgo de los arreglos. Un trabajo tan potente, una grabación tan sólida y atemporal, solo podía estar editada por una discográfica de leyenda: Stax. Absolutamente imprescindible.

 

La sombra del asesino

La nueva estrella de la televisión generalista española tiene nombre: Istvan Horvath. Es el amigo rumano del presunto asesino de las dos jóvenes de Cuenca. Solo han pasado unos días desde que se descubrieron los cadáveres de las mujeres y ya apunta como protagonista mediático del verano. ‘El y su mujer acaparan, de momento de manera gratuita, los programas matinales con sus jugosas declaraciones: “yo no sabía nada, soy inocente, a mi mujer se le ha cortado la leche, me dijo que las había matado pero no le creí…”. El amigo Horvath habla en la calle, al abandonar el juzgado, en el salón de su casa… Y su mujer, también. Las dos grandes cadenas, Antena 3 y Telecinco, están encantadas y dan voz a este hombre, supuesto cómplice y encubridor del presunto asesino.

Con el crimen de Cuenca, una mina de oro, los asesinatos machistas y los muertos en los encierros, las televisiones rellenan la mitad de sus informativos. El resto, los torneos de verano y los ahogados en las playas. Esta es la tele del 2015, donde se agazapa el talento, el entretenimiento de calidad y el servicio público.

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Telerrealidad

Hace unos días una de las lectoras habituales de este blog (Chata) me preguntaba mi opinión sobre Iker Casillas y su salida del Real Madrid. No tengo muy claro si apelaba a mi condición de futbolero acérrimo, de atlético apasionado o, simplemente, si se estaba cachondeando. No importa, le contestaré como se merece: me gusta tanto el fútbol como me repugna la información sobre fútbol. Dicho de otra manera, tengo la sensación de estar excesivamente mal informado. Mucha cantidad, pero poca calidad. ¿Es Casillas un topo? Me importa un pimiento. Recuerdo su parada a Robben ante Holanda en la final del Mundial de Sudáfrica, tan importante como el gol de Iniesta. Y también sus garrafales fallos con los pies en los últimos grandes partidos de la selección. ¿Se marcha Sergio Ramos del Madrid, tiene una oferta Messi del PSG, vuelve Falcao al Atlético? Me importa un pimiento, insisto. Se que el 99% de esas informaciones son falsas, directamente inventadas por periodistas del corazón (deportivo), material de saldo para rellenar diarios de ínfima calidad e interminables secciones de deportes de telediarios. Culebrones.

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“Sara Carbonero pide una excedencia en Telecinco”, asegura El Mundo en la portada de su web. Periodísticamente la información resulta tan impactante como el titular: “Aunque en el fútbol no hay tiempo muerto, Sara Carbonero lo ha solicitado, bajo la fórmula de la excedencia. Coincidiendo con el fichaje de Iker Casillas por el Oporto, la presentadora ha pedido al grupo Mediaset una interrupción de su relación laboral, tal y como ha reconocido la compañía, que no aclara la duración de esta pausa”. Deporte y televisión unidos en una pieza que indica el nivel de exigencia del periodismo de nuestros días.

Si quiere información de fútbol que no le derrita neuronas… lo tiene complicado. Lea a Pepe Sámano en El País, a Santi Segurola en Marca y, por supuesto, suscríbase a Líbero y Panenka, dos revistas que podrá llevar bajo el brazo, junto al Economist y a Mongolia, sin avergonzarse.

Que los principales medios de comunicación dediquen un milímetro de espacio en sus portadas a la excedencia de Sara Carbonero es acojonante. La telerrealidad de este país, dirá alguno. Así las cosas, yo me quedo con el descaro de Telecinco, la cadena de Paolo Vasile: no acaban de chapar la última edición de una bazofia con forma de reality llamada “Supervivientes” y ya tienen en marcha otra mugre similar a la que llaman “Pasaporte a la isla”. Los ganadores de este último programa, una versión low cost del anterior, tendrán como premio participar en… ¡la siguiente edición de “Supervivientes”!

No me canso de repetir una de las frases favoritas de los ejecutivos audiovisuales de este país: “El talento está en la televisión”. Y en la información deportiva, añadiría.

Guiñoles

Televisiones, diarios y radios de toda España han prestado una gran atención durante los últimos días a los guiñoles de Canal + Francia. El pasado viernes todos comentaban en tono melancólico la desaparición de los muñecos, poco menos que una tragedia para el humor inteligente contemporáneo. Notición, qué duda cabe. Al día siguiente se confirmaba la continuidad de los muñecos, poco menos que patrimonio nacional francés. Mayor notición, si cabe. Y eso que en España los guiñoles chaparon en 2008 sin pena ni gloria.

En el periodismo español los guiñoles son, reconozcámoslo, innecesarios. Por redundantes. La redacciones de informativos, sin ir más lejos, está atiborradas de guiñoles. Muñecos sin alma ni sangre en la venas, cuerpo de trapo y bisagra en la cintura, que se mueven gracias a unos hilos invisibles que se manejan desde dos sitios: arriba y la oficina del paro. Arriba es arriba, la planta que está justo encima de la redacción, con su moqueta y sus sillones ergonómicos. Y la oficina del paro es el sumidero de la profesión: estamos en julio, pero si eres periodista sabes que pasarás mucho frío en la calle.

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La Ley Mordaza que tanto nos escandaliza lleva años funcionando, quién sabe si a modo experimental, en los medios de comunicación. La única diferencia de esta última con la que maneja Interior es que son los propios periodistas quienes se vigilan, quienes toman nota de sus matrículas y se graban en vídeo, quienes se cortan y se censuran, quienes no quieren pasar ni una sola noche en el calabozo del paro.

Los guiñoles bailan en las redacciones al ritmo que marcan los dueños del guiñol y sus secuaces. Y no se saltan ni un paso, no se la juegan en una sola nota, no arriesgan en la más mínima improvisación. El espectáculo cada día resulta más aburrido, más prescindible, menos democrático. Pobres. Dentro de poco estarán todos en la calle, y ahí la competencia es feroz. Porque donde esté un buen mimo, que se quite un guiñol…

Le cuento todo esto después de ver la entrevista de Pedro Piqueras al presidente del Gobierno Mariano Rajoy en Telecinco. Vergonzosa. Rajoy, el político alérgico a dar la cara, el hombre de plasma, sentado en el plató con una sonrisa húmeda de oreja a oreja, completamente seguro de que el supuesto informador que tenía enfrente se limitaría a masajearle el lomo. Así fue. Un burdo ejercicio de periodismo mamporrero, de colaboracionismo, de vulgar propaganda. Se les debería caer la cara de vergüenza. Al presidente por cobarde, por pervertir la política y la información. Al segundo por pusilánime, por ensuciar el género entrevista con tan escandalosa friega. Y por guiñol.

Mariano