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Televisión documental

Ayer hablábamos del poco talento que reúne la televisión comercial, un estercolero formado por un duopolio de grandes cadenas y las escuchimizadas TDT. El talento se refugia en La 2 de TVE y en las televisiones de pago, donde hace meses disfrutamos de “Crematorio”, ficción española de auténtica calidad. Otro ejemplo: la noche del miércoles Canal + estrenó “Narco Cultura”, un impresionante documental de Shaul Schwarz, filmado casi en su totalidad en Ciudad Juárez, sobre el impacto del narcotráfico en la sociedad mexicana. Y el jueves la cadena de pago de PRISA inaugura “Witness”, una sección para reportajes y pequeños documentales creados por aficionados.

“Witness” (Canal +, jueves, 21:30) es una idea tan apetecible que debería haber recalado en la televisión pública. Por aquello del servicio público, de llegar al mayor número posible de telespectadores, de ofrecer entretenimiento de calidad. Todo esto ya es posible en España, pero pagando. “Witness” es reportaje, documental, cortometraje, campañas de compromiso social, fenómenos virales…Según informa la propia empresa, “contenidos que circulan por la Red deslavazados y de manera anárquica”. Piezas de alrededor de cinco minutos de duración realizadas con absoluta libertad narrativa, ordenadas y ampliadas en un espacio abierto a cineastas, periodistas, fotógrafos y a todos aquellos con algo que contar. Su primer programa está formado por cuatro grandes historias: “A la hora, en el lugar”, del fotógrafo Eduardo Nave, recorre todos los lugares en los que ETA ha asesinado. El cineasta Jorge Dorado cuenta en “Khessal” cómo las mujeres de Senegal utilizan productos cancerígenos para blanquearse la piel. En “Under pressure” es otro fotógrafo, Carlos Spottorno, quien ofrece varios perfiles personales sobre la esclerosis múltiple. Finalmente el realizador Juan Rayos ofrece en “La sonrisa verdadera” el viaje en bicicleta por Marruecos de dos hermanos, uno de ellos ciego y autista. Televisión útil, entretenimiento de nivel.

P.D.

La mala televisión: Telemadrid sitúa Alemania en Polonia y Polonia en Bielorrusia.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Un hombre al margen

Autor: Alexandre Postel.

Editorial: Nórdica.

Un hombre

Pocas historias tan desasosegantes, sin asesinos en serie por medio, como ésta, protagonizada por un gris profesor de filosofía de una gran universidad. Solitario e introvertido, Damien North es nieto de un prestigioso político francés. Ofrece sus clases, tiene sus más y sus menos con los alumnos, y vive la vida ordenada y monótona que se podría presuponer a un  viudo maduro. Un buen día todo ese orden se va al garete: la policía se presenta en su casa y le acusa de haberse bajado al ordenador cientos de fotografías pedófilas.

Nada vuelve a ser igual para Damien North. Vecinos, familiares, colegas de universidad, policía, abogados, jueces, reclusos… Todos le dan la espalda. Nadie cree en el protagonista de esta novela inquietante, que te agarra del cuello en la primera página y no te suelta hasta el final, cuando ya es demasiado tarde.

No es un libro sobre pedofilia, ni mucho menos. Es un libro sobre la credibilidad perdida, sobre la imagen que tenemos de aquellos que nos rodean, sobre la confianza y las dificultades para redimirse. Sobre lo difícil que resulta rehacer una vida. Muy interesante.

Phil Spector

Harvey Philip Spector nació en el Bronx neoyorkino hace 73 años. Guitarrista y compositor, a mediados de la década de los sesenta grabó como productor un puñado de singles de éxito para bandas de chicas negras, como The Crystals o The Ronnetes, además del “River Deep Mountain High” de Ike and Tina Turner. Grandes canciones recogidas en producciones exuberantes, con infinitas pistas, orquestas y coros. Decenas de tomas, cientos de instrumentos, miles de horas de grabación, infinitas mezclas… Un trabajo duro, largo y exasperante que terminaba agotando a todos, excepto a un Spector que disfrutaba contemplando “cómo todas las piezas del puzzle terminan por encajar”. Al resultado le llamaron “El muro de sonido”, y estuvo tan de moda en esa época que los Beatles pusieron en sus manos la grabación de “Let it Be” (1970). Presumía de haber inventado el negocio de la música…

Cuentan que Spector, un tipo bronco que pensaba que el estudio de grabación podía llegar a tener más importancia que las canciones o los músicos, acudía a trabajar con un revolver en la cintura. “Era un tipo enano, con alzas, peluca y cuatro pistolas, que trataba horriblemente a todo el mundo… Acabamos hartos de su alcoholismo, sus payasadas, de su drama y su locura”, aseguraba Johnny Ramone en un documental sobre su banda, los Ramones. El 2 de febrero de 2003 Spector, de 62 años, disparó en su mansión de Los Angeles a la actriz Lana Clarkson. El 13 de abril de 2009 fue declarado culpable de homicidio en segundo grado, y condenado a 19 años de cárcel.

http://www.youtube.com/watch?v=AxYpV6UbzW8

Anoche Canal + estrenó “Phil Spector”, una película de  HBO rodada por David Mamet basada en la relación entre el legendario productor musical (interpretado por Al Pacino), y su abogada defensora, Linda Kenney Baden (Helen Mirren), durante la preparación del primer juicio por asesinato. Gran televisión.

Le llegaron a llamar el Van Gogh de la cultura pop. Algunos, sin embargo, pensaban que se encontraba más cerca de Mark David Chapman. Tras ver esta magnífica película, más próxima a la ficción que al documental, la imagen de Spector no es tan negativa. Le presentan como un excéntrico adorable, un genio desmadrado. Un perfeccionista irascible, una víctima de la fama. El monstruo se convierte en un inocente atrapado por su propia leyenda. La peli cuenta cómo pretenden juzgar no a un hombre, sino a un estereotipo: el del triunfador, el tipo hecho a sí mismo, el genio millonario que vive aislado del mundo, encerrado en su castillo. La gente le odia por todo ello, no por ser un posible asesino. Sin duda por estas razones muchos críticos y telespectadores han entendido la película como “una alegoría política conservadora”.

La sensación es, en cualquier caso, placentera. Sentarse frente al televisor y levantarse, hora y media después, con la grata impresión de no haber perdido el tiempo. Es más, con la satisfacción de haber disfrutado de un entretenimiento de auténtica calidad. Un lujo inaudito en la tele actual.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Thoreau. La vida sublime.

Autores: A. Dan y Le Roy.

Editorial: Impedimenta.

Estoy obsesionado con Thoreau, lo reconozco. El pasado verano visité su casa en Concord, paseé por sus bosques de Massachusetts, y me detuve ante su tumba en el cementerio de Sleepy Hollow. Dentro de algunos días reseñaré las nuevas ediciones de “Walden” (Errata Naturae) y “El Diario (1837-1861) (Capitán Swing). Y es que en estos días miserables, con el materialismo y el capitalismo desbocados, cansado de líderes mediocres y doctrinas huecas, recuperar a Thoreau se me antoja imprescindible.

Porque Thoreau no es, como dice el libro que hoy nos ocupa, un teórico metódico, “inventor de una filosofía coherente”. Thoreau es “un antimoderno”. Es decir, alguien que no quiere convertirse en esclavo de las nuevas necesidades (económicas, tecnológicas, sociales…) y apuesta por una apacible vida rural.

“Thoreau. La vida sublime” es un cómic que cuenta la vida del escritor y pensador norteamericano de una manera muy sencilla. Maximilien Le Roy escribe el guión, basado en citas del propio Thoreau. A. Dan, biólogo de campo, dibuja la historia recreándose, como no podía ser de otra forma, en la naturaleza. El resultado es perfecto para no iniciados, por directo y colorista. Una sencilla y excitante invitación a penetrar, ya de manera más profunda, en el universo del hombre que buscó en la sencillez el verdadero sentido de la existencia.

 

La dignidad humana

La televisión pública china CCTV exhibió el pasado viernes a cuatro condenados a muerte. Acusados de secuestro, tráfico de drogas y asesinato, fueron ejecutados inmediatamente después de su fugaz aparición televisiva mediante inyección letal. En las redes sociales chinas las imágenes han causado un gran debate: algunos internautas están de acuerdo con su emisión mientras que otros las calificaban de “innecesarias, vengativas e ilegales”.

http://www.youtube.com/watch?v=OrDewjIWVeQ

Sinceramente, las imágenes no me impresionan. Tampoco me dejan indiferente, pero no llegan a causarme excesiva desazón. Quizá el rostro de uno de los asesinos, en el segundo 45 del vídeo, me llega a provocar cierto incomodo. Pero el resto… Perdone que le diga que aquel que pretenda ganarse la vida en España como crítico de televisión, y se arrugue viendo a cuatro criminales haciendo el paseíllo, no tiene ningún futuro. Es un blandengue. Un mierda. Las cadenas españolas ofrecen cualquier día más miserias y tragedias innecesarias, y se recrean más en violaciones y asesinatos, de lo que puedan soñar los chinos en sus peores pesadillas.

“Nunca se puede ultrajar la dignidad de una persona”, ha dicho el abogado defensor de los derechos humanos Liu Xiaoyuan tras ver las imágenes de CCTV. Si este buen hombre viese las mañanas de Antena 3 o de Telecinco seguramente cambiaría de opinión, y pensaría que las teles de su país no están tan mal. Porque la base de nuestros magazines matinales son los sucesos: ese niño asesinado y arrojado a un pozo, esa mujer violada, ese crimen machista o ese secuestro con final infeliz. Ana Rosa Quintana y Susanna Griso tienen sus propios equipos forenses, bandas de necrófagos perfectamente adiestrados para diseccionar las vidas y muertes de las víctimas y para husmear en el dolor de sus familiares.

O sea, que no nos asustemos tanto con la barbarie audiovisual china y la más que posible violación de los derechos humanos. No seamos tan hipócritas. Pasear delante de las cámaras a cuatro presos minutos antes de su ejecución es una aberración. Un ultraje a la dignidad humana. Pero entrevistar a los padres de una niña que acaba de ser asesinada, también.

P.D.1

Tras leer este post usted puede tener la sensación, equivocada, de que la televisión es basura. Un error, insisto. La de pago no. Anoche los abonados a Canal + pudieron disfrutar, a través del canal National Geographic, de “Matar a Lincoln”, un magnífico documental de ficción que reconstruye los últimos días en la vida del que fuera 16º presidente de los Estados Unidos. Ridley Scott dirige esta recreación dramática basada en el relato de los hechos. Buenos actores, una ambientación excelente y una historia apasionante. Gran televisión, en resumen. De pago…

P.D. 2

Pero cuidado, porque también se puede hacer televisión digna en cadenas en abierto. En “Salvados” (La Sexta) hicieron anoche un programa sobre emprendedores, y entrevistaron a Juan Rosell, presidente de la CEOE. “¡Hostia, qué indefinido más guapo!”, dice el presentador ante la propuesta del empresario: que se pueda echar a los empleados con contratos indefinidos cuando las empresas no marchen bien. “¿Qué se le pasa por la cabeza cuando ve a su antecesor, Díaz Ferrán?”, pregunta Jordi Évole mientras enseña unas imágenes del ex presidente de la CEOE. “Pues que no me gusta que nadie esté en la cárcel… debe de hacer hecho cosas muy gordas”, respondió un Rosell que justifica tributar fuera de España, deslocalizar, ingeniería fiscal… “¿Ha visto usted casos de corrupción de cerca?”, dijo Évole para cerrar el programa. “Los he intuído… financiaciones… la he intuído… la mayoría de las veces la cosa queda en nada… es muy dificil de demostrar”, respondió un Rosell que se sobrepuso de mala manera al sonido de la palabra “corrupción”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Quique González

Cd: Delantera mítica.

El esperado nuevo disco de Quique González arranca con tres grandes canciones (“Tenía que decírtelo”, “La fábrica” y “Dallas-Memphis”), para luego venirse ligeramente abajo. Quizá sea su trabajo más áspero, en cuanto a letras y sonido. Dice haber cambiado el terciopelo por el cuero. “Las chicas son magníficas”, cantada junto a Zahara, es la otra gran canción de un álbum que se cierra como arrancó, a lo grande, con la versión en castellano del tema “Is Your Love in Vain?”, incluido por  Bob Dylan en uno de los discos favoritos de Quique: “Street Legal” (1978).

El noveno disco de Quique González se ha grabado en Nashville, como “Daiquiri Blues”. En los estudios Alex The Great, con Brad Jones como productor y parte de la banda actual de Emmylou Harris, músicos como Bryan Owings y Will Kimbrough, además de Lex Price (bajista de K.D Lang), Tyson Rogers (pianista de Tony Joe White), Chris Carmichael y el propio Brad Jones.

El próximo día 22 Quique inicia su nueva gira en Santiago de Compostela. El resto de fechas, en su página web.

La follonera

Mercedes Milá tiene dos caras, pero no tanto. Como el propietario de una fábrica de bombas racimo, que hace puntualmente donaciones a una ONG de ayuda a huerfanitos afganos mutilados, la mediática estrella de Telecinco lleva una doble vida televisiva. De día presenta y anima “Gran Hermano”, la bazofia que ensucia incansablemente nuestras pantallas. Pero los lunes, cuando cae la noche, se disfraza de comprometida y avezada periodista de investigación y presenta “Diario de…” (Cuatro), un espacio de supuesta investigación. En realidad todo es lo mismo: telebasura. El circo de la casa-prisión y el show de la cámara oculta.

http://www.youtube.com/watch?v=-MHm3xw3BLk

En Diario de… veréis temas que me quitan el sueño”, asegura una melodramática Mercedes Milá, presentada por El País (accionista de Mediaset, propietaria de Cuatro) como super periodista que “dispara contra las consecuencias de la crisis”. La follonera. En la pieza promocional, vendida como información, dejan para el párrafo final la utilización de cámara oculta, “un procedimiento bajo el punto de mira de la justicia en los últimos meses”.

¿Sobre qué se construye el actual periodismo televisivo? Miradas críticas, investigaciones, conflictos que alimentan el drama… No. El periodismo televisivo se construye sobre el periodista. Porque la televisión comercial actual no concibe el periodismo sino como espectáculo. Al día siguiente del promo-reportaje sobre Milá y su “Diario de…” El País dedicaba el mismo espacio, la página de Pantallas, a la emisión en Canal + (canal de pago de Prisa) de “Con las barras bravas”, un reportaje de Jon Sistiaga sobre los violentos aficionados argentinos al fútbol.

No es lo mismo, pero es igual. El periodista, protagonista.