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El sitio de mi recreo

Tengo la sensación de que los grandes talentos del pop-rock español están muertos. Debe ser un problema de la edad: cuando pasas de los cincuenta el cuerpo te obliga a mirar más de la cuenta por el retrovisor. Puedo ver a Enrique Urquijo y sus problemas tocando, en un bar junto al Puente de Segovia, “Agárrate fuerte a mí, María”. Me descojono con un Pepe Risi que, escondido tras unas gafas negras de escarabajo, me cuenta historias chungas de la Elipa mientras caminamos por Cuatro Caminos. Siento a Poch moverse como una cola de lagartija, a las tres de la mañana, en el asiento trasero del taxi que nos lleva camino del Agapo. Y por supuesto escucho atentamente a Antonio Vega hablar de gatos mientras los perros de Ñete corretean por la plaza de Olavide, la misma noche en que tocará en un garito sin nombre. Un concierto nefasto. Nunca más volvería a verle en directo.

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La sensación que me dejó el último Antonio Vega fue amarga. Por eso reconforta verle joven y sano en algunos planos de “Tu voz entre otras mil”, la película documental que anoche estrenó Canal +. Un trabajo que ha provocado división de opiniones. La directora de la cinta, Paloma Concejero, habla del retrato de un músico genial que no puede evitar sumergirse en los abismos. “No es un reportaje para la tele”, reconoce. “Me interesa ver cómo llevaba a la práctica esas teorías, cómo define sus canciones como trozos de carne donde se reflejan sus crisis amorosas, la relación con su madre o la ausencia de la persona a la que quiere… Desprendía un magnetismo que he querido trasladar a la gran pantalla. Antonio, en un día bueno, te traspasaba, no solo su parte de autor, sino su vida y su filosofía. Quiero que esa sensación llegue al espectador que no ha tenido la suerte de tenerlo enfrente”.

Carlos Vega, hermano de Antonio, no piensa lo mismo: “Nos sentimos manipulados y engañados. La película es el retrato de un drogodependiente que tocaba la guitarra y componía y no la de un gran músico que tenía sus adicciones. La grandeza de Antonio como músico no está reflejada en este documental”.

Filmaciones inéditas en Super8, documentos gráficos, letras, poemas, manuscritos, dibujos, fotos de su archivo personal… Todo en una película emocionante y terrible, en la que Antonio habla de las llaves del cielo. “Tu voz entre otras mil” es la puerta del infierno. El lado oscuro de un genio irrepetible.

P.D.

Comenzaba este post con la sensación de que los grandes talentos del pop-rock español están muertos. No es justo. No es cierto. Ahí están ahora mismo, juntos en la carretera, dos genios: Quique González y Lapido. Ahí está el nuevo disco, tras un largo silencio, de Los Enemigos. Ahí están los incombustibles Siniestro Total. Ahí están… Me temo que solo es un problema de la edad, del jodido paso del tiempo, de aquellos días que nunca regresarán: “De vez en cuando siento / que puedo regresar tiempo atrás / Éramos jóvenes los dos / fue tan perfecto…”.

Un motivo para NO ver la televisión

Nacha Pop

Cd: Nacha Pop.

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Recuerdo perfectamente las primeras veces que pude ver a Antonio, Nacho, Carlos y Ñete sobre un escenario: con Alaska y los Pegamoides y Tos, en Rockola, teloneando a Los Ramones en Vista Alegre, en el festival de Primavera… Nunca olvidaré el día en que compré el primer disco de Nacha Pop. Fue en 1980 en la vieja tienda de Escridiscos en los bajos de Argüelles. Ya en casa, en un tocadiscos-maleta antediluviano (los dos altavoces hacían de tapa), las canciones explotaron: La chica de ayer, Antes de que salga el sol, Nadie puede parar, Lloviendo en la ciudad…

Eran días raros, algo confusos, con emisoras que metían en el mismo saco a los nuevos románticos, a los artistas del sello Stiff o a los Flamin Groovies. Nacha Pop eran frescos, inocentes, creíbles… y cantaban en castellano. Fue un shock. Sus canciones contaban historias de los bares de Malasaña, de las chicas del barrio, de nuestras primeras citas con el rock and roll. Era un primer disco capaz de liderar una movida, un álbum imperfecto que sonaba a gloria. Una colección de canciones que engrandeció la vida de mucha gente y la cambió para siempre.

 

Regula o revienta

Pablo Iglesias, el filoetarra bolivariano que amenaza con acabar con la democracia y la paz en España, ha propuesto una regulación de los grandes medios de comunicación. ¡Será sinvergüenza! Los voceros de esos grandes medios de comunicación se le han tirado, no podía ser de otra manera, a la yugular. Y es que el demonio con coleta ha dicho ser partidario de establecer mecanismos de control público para regular una parte de los medios para garantizar “la libertad de prensa, sin condicionantes de las empresas privadas o la voluntad de los partidos políticos”.

Conservadores de corazón y socialistas de salón se han llevado las manos a la cabeza: ¡Control público en los medios de comunicación privados! ¿Hasta dónde quiere llegar este kamikaze anarquista? ¿Qué sería entonces de la sagrada libertad de prensa? ¿Acaso no entiende este pelagatos que no puede haber democracia sin las mentiras de ABC o a la sumisión sodomita de Marhuenda?

Los defensores de la democracia estreñida que disfrutamos olvidan que ya existen una serie de controles públicos sobre los medios de comunicación. Controles que pretenden evitar la podredumbre moral y los abusos empresariales. Controles que, lástima, no funcionan: al mismo tiempo en que el luciferino líder de Podemos presentaba el libro “Conversaciones con Pablo Iglesias”, del periodista Jacobo Rivero, donde se incluyen sus opiniones sobre el control a los medios, se hizo oficial que Mediaset vendía su 22% de Canal + a una Telefonica que, de esta manera, pasaba a controlar por completo el negocio de la televisión de pago en España.

Es decir, que al duopolio de la televisión en abierto formado por Mediaset (Telecinco y Cuatro) y Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) se añade ahora el monopolio de Telefónica en la tele de pago. ¿Quién fue el inconsciente que propuso regular la “concentración de la propiedad de los medios para evitar que buena parte de la información que circula en España sea a través de grandes corporaciones? ¿Quién ha sido el miserable que ha asegurado que “los demócratas no pueden consentir que una gran empresa pueda decir lo que los periodistas tienen que escribir”? ¿Quién es el inconsciente que pretende dar “más peso a los periodistas para que no se vean obligados a escribir o titular lo que les dictan los propietarios multimillonarios” de sus medios? Sin duda un enemigo de las libertades, la informaciones veraz y los medios cabales. Pablo Iglesias.

Regular los medios de comunicación no es controlar lo que dicen esos medios. Es evitar que acumulen poder. No es amordazar la libertad de información, sino garantizarla. Es impedir, desde el Gobierno, que la televisión de un país quede en tres manos. Es alimentar una democracia informativa real. Y unos medios independientes, libres. Pero hay un problema… Para que propuestas como ésta funcionen, es necesario un Estado realmente democrático, algo francamente difícil con un Gobierno corrupto. No me canso de repetirlo: ¡La sede del Partido Popular se reformó con dinero negro! ¡Los cabecillas del partido cobraban sobresueldos en B!

En estas condiciones es muy difícil hablar de democracia real, de medios de comunicación libres, de mecanismos de control eficaces. Si no somos capaces de controlar la corrupción, ¿cómo vamos a impedir la desinformación de los medios que la encubren?

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Guardiola, ese pringado

El fútbol es uno de los pilares de la televisión. El pasado martes el minuto más visto del día, con 11.575.000 espectadores y un 51,8% de cuota de pantalla, correspondió al partido entre el Bayern de Munich y el Real Madrid. ¡Más de once millones de personas pendientes de la pantalla!
Si el fútbol interesa tanto como parece al telespectador, ¿Por qué no hay buenos programas de fútbol en televisión? Gratis, digo. La mayoría de los espacios futboleros de Canal +, con Robinson o Maldini, son muy dignos. En abierto, sin embargo, todo es basura. Sensacionalismo, griterío, tertulianos partidistas sin un mínimo criterio. La barra de un bar, llena de borrachuzos, trasladada a la pantalla. Un ejemplo de este despropósito es “Jugones”, el programa de fútbol de mediodía en La Sexta que presenta un hooligan llamado Josep Pedrerol.
“Jugones” arranca con un editorial. El tal Pedrerol se marca un monólogo que debe resultar, de manera inevitable, polémico, agresivo, irrespetuoso, malencarado, gañán. Un ejemplo: el día después del Bayern-Madrid, con el equipo de Ancelotti clasificado para la final de la Champion, el presentador hizo este discurso: “Pep Guardiola es el gran fracasado, su soberbia le ha pasado factura. El fútbol no lo inventó Guardiola, el de la falsa modestia”. Y así durante unos minutos, cebándose de forma excesiva con Guardiola, lanzando opiniones claramente sesgadas, buscando la provocación, rozando el insulto. ¿El motivo de semejante despropósito? La audiencia, imagino.
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Guardiola se ha convertido, tras perder con el Madrid, en el objetivo de la prensa rosa del balón. Le estaban esperando. El gran estratega, el maestro del fútbol de toque, el tipo educado en todo momento, el que habla inglés, italiano y aprende alemán, resulta incompatible con buena parte del ganado futbolero. Se la tenían guardada. Y a la primera de cambio han sacado los cuchillos: “el gran fracasado, el de la falsa modestia”, dice un Pedrerol que, pobre, jamás le llegará a la altura de los zapatos al entrenador catalán.
En “Jugones”, como en los programas del corazón, buscan la polémica, el escándalo, la víscera. Son el “Sálvame” del fútbol, con grandes dosis de cotilleo y maledicencia y sin apenas periodismo. Una lástima que en un país que reverencia el balompié no se pueda ver un programa decente sobre este deporte. Ni siquiera el legendario “Estudio Estadio”, con sus imprescindibles resúmenes de la jornada, es lo que era.
Y es una pena, porque el fútbol tiene todo tipo de público, de seguidores. El que lanza plátanos a los jugadores, como veíamos en el post de ayer. Y el que lee a Eduardo Galeano en los descansos. Por eso existen diarios deportivos de medio pelo, como As, Marca, Mundo Deportivo o Sport, y revistas con un gran nivel, como Líbero o Panenka. Por eso es lamentable no poder ver ningún programa digno en abierto, y tener que buscar refugio en las previas y los post partido de Canal +, y en sus excelentes “El día del fútbol”, “El día después” o “Fiebre Maldini”.
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Televisión documental

Ayer hablábamos del poco talento que reúne la televisión comercial, un estercolero formado por un duopolio de grandes cadenas y las escuchimizadas TDT. El talento se refugia en La 2 de TVE y en las televisiones de pago, donde hace meses disfrutamos de “Crematorio”, ficción española de auténtica calidad. Otro ejemplo: la noche del miércoles Canal + estrenó “Narco Cultura”, un impresionante documental de Shaul Schwarz, filmado casi en su totalidad en Ciudad Juárez, sobre el impacto del narcotráfico en la sociedad mexicana. Y el jueves la cadena de pago de PRISA inaugura “Witness”, una sección para reportajes y pequeños documentales creados por aficionados.

“Witness” (Canal +, jueves, 21:30) es una idea tan apetecible que debería haber recalado en la televisión pública. Por aquello del servicio público, de llegar al mayor número posible de telespectadores, de ofrecer entretenimiento de calidad. Todo esto ya es posible en España, pero pagando. “Witness” es reportaje, documental, cortometraje, campañas de compromiso social, fenómenos virales…Según informa la propia empresa, “contenidos que circulan por la Red deslavazados y de manera anárquica”. Piezas de alrededor de cinco minutos de duración realizadas con absoluta libertad narrativa, ordenadas y ampliadas en un espacio abierto a cineastas, periodistas, fotógrafos y a todos aquellos con algo que contar. Su primer programa está formado por cuatro grandes historias: “A la hora, en el lugar”, del fotógrafo Eduardo Nave, recorre todos los lugares en los que ETA ha asesinado. El cineasta Jorge Dorado cuenta en “Khessal” cómo las mujeres de Senegal utilizan productos cancerígenos para blanquearse la piel. En “Under pressure” es otro fotógrafo, Carlos Spottorno, quien ofrece varios perfiles personales sobre la esclerosis múltiple. Finalmente el realizador Juan Rayos ofrece en “La sonrisa verdadera” el viaje en bicicleta por Marruecos de dos hermanos, uno de ellos ciego y autista. Televisión útil, entretenimiento de nivel.

P.D.

La mala televisión: Telemadrid sitúa Alemania en Polonia y Polonia en Bielorrusia.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Un hombre al margen

Autor: Alexandre Postel.

Editorial: Nórdica.

Un hombre

Pocas historias tan desasosegantes, sin asesinos en serie por medio, como ésta, protagonizada por un gris profesor de filosofía de una gran universidad. Solitario e introvertido, Damien North es nieto de un prestigioso político francés. Ofrece sus clases, tiene sus más y sus menos con los alumnos, y vive la vida ordenada y monótona que se podría presuponer a un  viudo maduro. Un buen día todo ese orden se va al garete: la policía se presenta en su casa y le acusa de haberse bajado al ordenador cientos de fotografías pedófilas.

Nada vuelve a ser igual para Damien North. Vecinos, familiares, colegas de universidad, policía, abogados, jueces, reclusos… Todos le dan la espalda. Nadie cree en el protagonista de esta novela inquietante, que te agarra del cuello en la primera página y no te suelta hasta el final, cuando ya es demasiado tarde.

No es un libro sobre pedofilia, ni mucho menos. Es un libro sobre la credibilidad perdida, sobre la imagen que tenemos de aquellos que nos rodean, sobre la confianza y las dificultades para redimirse. Sobre lo difícil que resulta rehacer una vida. Muy interesante.