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Crueldad infinita

“El hombre nace malo y la sociedad lo empeora. Su tendencia natural es a obrar mal y no tiene redención”. Fernando Vallejo.

Siempre he pensado que el auténtico problema de la llamada “fiesta de los toros”, lo verdaderamente preocupante, no son las corridas que se celebran en las grandes plazas. Espectáculos casposos pero medianamente organizados, en los que la parafernalia que rodea la lidia intenta disimular la sangría. Este es un circo macabro que se está muriendo solo.

Lo verdaderamente preocupante son los efectos colaterales. El terrible holocausto herbívoro que tiene lugar en esos cientos de pueblos que han convertido la tortura en tradición, que parecen disfrutar con el maltrato animal, que hacen del suplicio a una vaquilla el centro de sus celebraciones patronales. Esas fiestas que convierten a los hombres en bestias.

Lo espantoso de la tauromaquia es que va mucho más allá del toro banderilleado y picado en una plaza. Lo tremendo de la cultura taurina es la decadencia de la misma, esos vecinos embrutecidos en fiestas, esos ayuntamientos que alimentan a la bestia, esos miles de novillos y vaquillas asesinados de manera cruel. Golpes, estrés, pinchazos, sangre, estoques atravesando sus cuerpos en desarrollo… Todo delante de niños condenados a contemplar esa barbarie.

Me acuerdo de un viejo post: España no es un gran país. No lo es. Ningún país que hace de la tortura una fiesta puede ser grande.


Sangre española

En TVE apuestan definitivamente por los toros. Y lo hacen pese a las circunstancias adversas. Desde la televisión pública siguen programando corridas pese a que desde que decidieron volver a hacerlo, septiembre de 2012, las audiencias han acumulado fracaso tras fracaso. Nuevo mínimo (9,1%) en la corrida del pasado sábado en Albacete. Es decir, que los toros no solo son un espectáculo conflictivo y sangriento que divide a la población, sino que al telespectador no le interesan. Entonces, se preguntará ese lector que pese a ver la tele mantiene una cierta actividad neuronal, ¿por qué TVE insiste en emitir tortura de hervíboros?

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Muy sencillo: porque se trata de la Fiesta Nacional. Sí, la fiesta de la España verdadera, la de las tonadilleras, el Farias, la virgen del Rocío, la bandera rojigualda, los hombres viriles y las morenas guapas, la gente de órden, la semana santa y todo lo demás. Ya sabe usted a qué me refiero. Una seña de identidad. Marca España. Nada de titiriteros, culturetas, catalanes, inmigrantes y perroflautas. ES-PA-ÑA.

Y cuando se trata de defender España, ese sagrado concepto, todo vale. Y cada agujero es una trinchera. En TVE se arriesgan incluso a ser multados, por programar una carnicería en horario infantil y calificarla como para mayores de 7 años. Pero no parece importarles demasiado. ¿Es este el papel de la televisión pública, la de todos los españoles? Evidentemente no, pero TVE no es una televisión pública, es una televisión gubernamental. Y el gobierno del PP apuesta por las esencias sagradas de España: sangre, arena y moscas.

Más toreros y menos profesores, claman las hordas conservadoras…

3. 8 Toros. El Roto.

Un motivo para NO ver la televisión

La forma del viento

Autor: Juan Varela Simó.

Sala: Museo Nacional de Ciencias Naturales.

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Desde hoy mismo, y hasta el 18 de septiembre, los amantes de la naturaleza y la pintura tienen una cita obligatoria: la exposición antológica de Juan Varela, nuestro pintor de fauna y flora favorito, en el madrileño Museo de Ciencias Naturales.

Juan pinta lo que ve. Es decir, observa las aves, los mamíferos, las sierras y las marismas, y traslada esas imágenes, esa luz, a sus cuadernos de apuntes, primero, y a sus grandes trabajos, después. Lapiz, acuarela, óleo… hasta completar un total de 60 obras de enorme belleza y precisión científica. Lucen igual de hermosas en las paredes de una casa que en las hojas de una guía de campo.

Juan no solo es un gran dibujante. Es un gran tipo. Esta exposición, con buena parte de lo mejor de su obra, es la mejor manera de entrar en un mundo especial, en el que se dan cita la ciencia y el arte. El autor es riguroso en su forma de entender el dibujo, y brillante a la hora de pintar. La divulgación científica y la belleza de la mano en una muestra imprescindible. Tanto como el catálogo, editado primorosamente por Lynx.

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TVE vende toros

En TVE no hay publicidad. Dicen. Pero lo cierto es que mediante algunos trucos, más o menos burdos, se pueden ver anuncios en la tele pública. Por ejemplo con los patrocinios, eufemismo de campañas publicitarias. O con los telediarios, eufemismo de informativos.

“El abono (a la feria de San Isidro) ahora nos va a costar 105 euros, lo que supone 1,6 euros por festejo”, dice Gonzalo Bienvenida, presidente de la Asociación Juvenil Taurina. Y lo dice no en la barra del bar “El burladero”, entre raciones de rabo de toro y olor a colilla de puro, sino en el prime time de la televisión pública. Publicidad taurina en el informativo estrella de TVE, el Telediario de las nueve de la noche: “31 tardes ininterrumpidas de toros, 24 corridas, cuatro de rejones, tres novilladas. Vuelve Enrique Ponce”, dice la presentadora de una pieza que invita a la juventud a rascarse el bolsillo para financiar la tortura de herbívoros: “Una feria en la que los menores de 25 años tendrán por primera vez una grada reservada para toda la temporada. El número de abonados jóvenes se ha multiplicado por cinco… esperando que se repita el éxito del pasado San Isidro”.

¿El éxito de los toros? Tan grande es que TVE consiguió el pasado año una audiencia mínima histórica para una emisión taurina en la primera cadena: 10,2% de cuota de pantalla. Y para colmo de males en horario infantil.

Las corridas de toros son un asco. Un espectáculo sórdido que agoniza, pese a los esfuerzos conservadores por apoyar la tortura. Con la televisión pública, con subvenciones e incluso con el turismo masivo de baja calidad. ¿Recuerda los 3.000 chinos que han pasado unos días invitados en España? Pues se los llevaron a los toros. Chinos que vienen a España a miles, pero que para desesperación de hosteleros y vendedores de espadas toledanas no gastan un duro. Ratas. Nosotros nos dejamos los salarios basura en sus tiendas de todo a cien y en sus ultramarinos abiertos 24 horas. Y ellos, en lugar de fumarse un Farias y beberse un cubata en el tendido de sombra, sacan los rollitos primavera del papel albal entre el tercero y el cuarto de la tarde y se los zampan con un trago de agua. Así no salimos de la crisis.

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Un motivo para NO ver la televisión

La naturaleza es un campo de batalla.

Autor: Razmig Keucheyan.

Editorial: Clave Intelectual.

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Este es un libro duro que habla de una política despiadada, de un capitalismo voraz, de unas estrategias neoliberales depredadoras, de una naturaleza amenazada. De los ingredientes, en resumen, de un futuro muy negro. Todo el mundo lo sabe, el planeta está en peligro, pero son muy pocos los que toman conciencia, analizan el problema y luchan para deshacer “el tríptico que forman el capitalismo, la naturaleza y el estado, e impedir que este último obre en favor de los intereses del capital”. Las desigualdades que sacuden el mundo también tienen consecuencias medioambientales.

“Las desigualdades ambientales constituyen un dato estructurante de las relaciones de fuerzas políticas en la época moderna. Ellas implican que las consecuencias nefastas del desarrollo capitalista no son padecidas de la misma manera, en el mismo grado, por todos los sectores de la población. Estas desigualdades preceden holgadamente a la crisis ecológica actual. No obstante, esta tiende a agravarlas. Una forma particular de desigualdad ecológca llamó aquí nuestra atención: el racismo ambiental… El capitalismo es generador de crisis, pero también produce anticuerpos a la crisis que le permiten amortiguar sus efectos y, de paso, sacarles provecho… El aseguramiento de los riesgos climáticos, una de las formas que adoptan hoy las financias ambientales”.

Razmig Keucheyan es doctor en sociología y profesor-investigador titular en la universidad de París-Sorbona. Especialista en el pensamiento de Antonio Gramsci, Keucheyan cree que los grandes perjudicados por la crisis medioambiental son los de siempre: los más pobres, los menos favorecidos, los abandonados a su suerte. Y es que la naturaleza es, dice, “la más política de las entidades”.

“El capitalismo no morirá de muerte natural, por una simple razón: tiene los medios de adaptarse a la crisis medioambiental. Una vez más, está en vías de hacer la demostración de su asombrosa resiliencia… El capitalismo no es solo capaz de adaptarse a la crisis ambiental sino por añadiduría de sacarle provecho”.

“La naturaleza es un campo de batalla” está dividido en tres grandes bloques: Racismo ambiental, Financiar la naturaleza (el seguro de los riesgos climáticos) y Las guerras verdes (la militarización de la ecología). En los tres casos se trata de teorías imaginativas desarrolladas con rigor y con sentido común, desde una visión profundamente crítica del problema. Un libro innovador, exigente y certero que plantea el reto medioambiental como lo que es: un desafío económico y social por explorar, por abordar y por vencer. Imprescindible para todos esos ciudadanos comprometidos que se avergonzaron del primo de Rajoy.

De lobos y toros

El pasado fin de semana se han celebrado dos grandes manifestaciones en España. Una en defensa de los lobos, otra en favor de las corridas de toros. Esta ultima ha ocupado la portada de los grandes periódicos, si se puede utilizar este adjetivo al referirnos a ABC, El País o El Mundo: “Clamor en defensa de la fiesta” (ABC); “El grito del toreo” (El Mundo); “El mundo del toro sale a la calle para pedir respeto por la fiesta” (El País). Para encontrar la manifestación del lobo en esos mismos medios es necesario utilizar una lupa. En El País no encontrará ni una línea.

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La portada de ABC resume el espíritu de los tres medios de comunicación que han llevado la defensa de “la fiesta” a sus portadas. Tiene mérito: no es fácil conseguir que un periódico huela a colilla de Farias, a sol y sombra, a testículos sudados. Resulta entrañable que medios supuestamente progresistas, como El País, lleven a portada la defensa de las corridas de toros y escondan en el interior de su sección de Madrid la verdadera noticia del día sobre la tauromaquia: “La Comunidad lleva cuatro años sin fiscalizar La Ventas”. Como lo acaba de leer. La empresa que gestiona la plaza de toros de Madrid, Taurodelta, no presenta cuentas ante el Registro Mercantil desde 2012. Lo que no ha sido obstáculo para que la Comunidad prorrogue en 2015 el contrato un año más.

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¿El lobo? Un tema complicado: estuve en Madrid el domingo, pero no quise ir a la manifestación. No me gusta la actitud de determinadas asociaciones ecologistas, que no acaban de entender el sufrimiento de los ganaderos que conviven con estos carnívoros. Es muy fácil acusar a los pastores, a los ganaderos, a la gente del campo, desde un piso o un despacho en el centro de una ciudad, de no proteger bien a sus vacas y ovejas. Es de ignorantes o, peor, de malintencionados. La organización Lobo Marley, sin ir más lejos, ha publicado la fotografía de una vaca que ha muerto “intentando parir, sin ayuda, sola y abandonada” con textos como éste: “…la negligencia es del ganadero… la realidad no es que la muerte de la vaca importe al ganadero, nada de eso. La realidad es que lo que importa es ser un alborotador, sobre todo si eres sindicato u organización y vives de ese cuento de “QUE VIENE EL LOBO”. Con esto, queremos desarmar todas esas voces que gritan, que tras la muerte de su ganado a los dientes del lobo, además de una pérdida económica, también la existe emocional. Ni la una, ni la otra. Lo que existe es un juego orquestado por los sindicatos y organizaciones agrarias para tratar de sacar más dinero a las administraciones, al estado o a la Comunidad Europea. Estas dos fotos, son la punta del iceberg de una gran cantidad de ganado abandonado a su suerte en la montaña durante días, semanas y a veces, meses. No ser ganadero a titulo principal y llevar varios negocios conlleva un factor negativo hacia el ganado; no se puede estar en misa y repicando”.

Conozco muy de cerca una ganadería en Ávila que está sufriendo ataques de lobo desde hace algunos años. Más de 1.000 hectáreas de sierra, con 500 cabezas de ganado avileño. Tres familias y siete mastines cuidan de la explotación día y noche. Y les he visto la cara la mañana en que descubren que los dos chotos gemelos que nacieron un par de días antes habían sido muertos y devorados por los lobos. Por eso digo que hay que ser muy ignorante, o muy malintencionado, o seguramente ambas cosas, para escribir unas líneas como éstas: “La realidad no es que la muerte de la vaca importe al ganadero, nada de eso. La realidad es que lo que importa es ser un alborotador”. “Con esto, queremos desarmar todas esas voces que gritan, que tras la muerte de su ganado a los dientes del lobo, además de una pérdida económica, también existe la emocional”.

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Esto es lo que encuentran los ganaderos que sufren ataques de lobos. ¿Imagina usted que en su trabajo le sucediese algo similar? ¿Qué se despertase cada mañana pensando en el drama que se iba a encontrar en la oficina? Decir que la muerte de este choto no importó al ganadero es de miserables. Decir que no existe pérdida emocional es de canallas. De ecologistas de salón. O peor, de ecologistas profesionales que, como esos políticos que se aferran a sus escaños, viven al calor de una ONG, manipulan tópicos conservacionistas, utilizan la sagrada memoria de Rodríguez de la Fuente y abusan de la confianza de ciudadanos bienintencionados.

Quiero el lobo vivo, por supuesto. Pero no soy tan estúpido como para no comprender que su supervivencia depende de quienes comparten el campo con él, los ganaderos, y de la agilidad y la buena intención de la administración. De una administración que en demasiadas ocasiones tiene intereses cinegéticos, y puede llegar incluso a sugerir a los ganaderos que busquen soluciones y tomen medidas por su cuenta. Quiero el lobo vivo, y por eso quiero que ganaderos, administración y conservacionistas trabajen juntos.