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Caricias

Seré breve. La noticia publicada el jueves, “Los diarios tradicionales reducirán su facturación un 4% en 2017″, se entendía a la perfección viendo las portadas de los periódicos del viernes.

Mención especial merece el subtítulo de la noticia: “Los asociados de la AMI -entre los que se encuentra ‘El País’, ‘El Mundo’ y ‘ABC’- volvieron a los beneficios en 2016, pero aupados por la venta de inmuebles”. Es decir, que se autodenominan Medios de comunicación, pero en realidad son agencias inmobiliarias.

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Un motivo para NO ver la televisión

Medio Planeta

Autor: Edward D. Wilson.

Editorial: Errata Naturae.

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Libros salvajes, la modélica colección de la editorial Errata Naturae dedicada a la fauna y la naturaleza libres, publica una obra imprescindible que ayuda a entender el resto de títulos. Firmado por Edward D. Wilson, el señor de las hormigas, seguramente el biólogo más importante de nuestro tiempo, “Medio planeta” es la crónica de los últimos espacios salvajes, de cómo se formaron, de su grandiosidad, y de los peligros que los acechan. Y por supuesto un análisis de sus habitantes, esos animales y plantas en muchos casos por descubrir. Subtitulado “La lucha por las tierras salvajes en la era de la sexta extinción”, estamos ante una obra enorme que explica de manera meridiana la grandeza de la Tierra y la bajeza de nuestra gestión medioambiental. El futuro está en nuestras manos. “¿Somos como dioses?”, se pregunta Wilson. Y se responde advirtiendo que tenemos que ejercer nuestro poder de la mejor manera posible.

“Seguimos siendo demasiado codiciosos y miopes, y estamos divididos en tribus enfrentadas a la hora de tomar decisiones sabias a medio plazo. La mayor parte del tiempo nos comportamos como un batallón de simios peleándose por un árbol frutal. Una de las consecuencias es que estamos modificando la atmósfera y el clima, cuyas condiciones cada vez son menos favorables para nuestra mente y nuestro cuerpo, y estamos poniéndoselo mucho más difícil a nuestros descendientes.

Y mientras tanto, destruimos sin necesidad una gran parte del resto de la vida. ¡Increíble! Cientos de millones de años para que exista y extinguimos la biodiversidad de la Tierra como si las especies del mundo natural no fueran más que matojos y plagas domésticas. ¿No nos da vergüenza?”.

Es evidente que estamos destruyendo nuestro planeta. La biodiversidad, ese conjunto que forma “un escudo protector para las especies que la componen, incluyéndonos a nosotros”, está en peligro. Wilson explica todo, el pasado y el presente, y advierte sobre el futuro, con la sabiduría y la sencillez con que solo pueden hacerlo los sabios: cada línea es una caricia, cada párrafo un placer, cada capítulo una clase maestra sobre el medioambiente. Un texto redondo que pueden y deben disfrutar incluso aquellos que no han sentido aún la llamada de lo salvaje. El equilibrio perfecto entre conocimiento y capacidad pedagógica, entre compromiso y entretenimiento. Un libro absolutamente imprescindible para entender nuestro planeta, comprender los problemas que padece y vislumbrar las posibles soluciones.

“La única experiencia para las especies que siguen vivas es un esfuerzo humano que esté a la altura del problema. La actual extinción masiva de especies –y con ella la extinción de genes y ecosistemas- es la mayor amenaza de muerte que la humanidad se ha impuesto a sí misma, junto con las pandemias, las guerras mundiales y el cambio climático. Pido a aquellos que se sienten satisfechos dejando que el Antropoceno evolucione ciegamente reconsidere su postura. Pido a todos aquellos que impulsan el conocimiento de las reservas naturales en todo el mundo que no se detengan, que apuntes más alto”.

 

Lo veo muy negro

TVE ha cancelado “¿Cómo lo ves?”, el programa que presentaba Carlos Herrera. Solo se han emitido seis entregas por razones absolutamente obvias: no alcanzaba la audiencia esperada y recibía unas críticas demoledoras. ¿Quién pudiera imaginar este fracaso? Nadie, después del éxito obtenido por Bertín Osborne.

Osborne y Herrera representan y defienden los principios fundamentales de la España de bien. Esa España con una honradez y una formalidad, amiga de las tradiciones y la religión, de la buena mesa y los buenos vinos, de las mujeres hermosas y los caballos andaluces, de los trajes elegantes y las monterías, de la feria de Abril y los buenos puyazos (usted ya me entiende). Esa España que tiene clase y orden, que huele a machote y chulito, que sabe a jamoncito bien cortado y puro de cien pavos. Esa España nuestra donde se vive como en ningún sitio.

¿Alguien dijo caspa? Envidioso…

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Un motivo para NO ver la televisión

Los gansos de las nieves

Autor: William Fiennes.

Editorial: Errata Naturae.

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Subtitulado “Mi viaje migratorio al gran norte”, este maravilloso libro de viajes y pájaros narra la aventura del británico William Fiennes siguiendo por Estados Unidos la migración de los gansos de las nieves. Fiennes abandona la comodidad de su castillo en Broughton para superar definitivamente una larga enfermedad y encontrar respuesta a una existencia sin sentido. Todo comienza con la lectura de un libro infantil: “La gansa blanca”, de Paul Gallico. Un libro que le acompaña desde Texas, donde los gansos pasan el invierno, hasta el Círculo Polar Ártico, donde se reproducen.

“Tendemos a volver a casa. Las aves migratorias no viajan por placer. Se desplazan entre las zonas de invernada y las de cría porque el eje de la Tierra no es perpendicular al plano de su órbita alrededor del sol. Migran en respuesta a la inclinación y a las estaciones y a los suministros variables de comida que existen a causa de ellas. En cualquier especie, un individuo que permanece dentro de un entorno familiar tiene más posibilidades de encontrar agua y alimento, de eludir a los depredadores y la congelación, que otro que se aventure en territorio desconocido. Puede que la añoranza haya evolucionado como una manera de decirle al simio que vuelva a casa”.

“Los gansos de las nieves” es un libro de viajes escrito por un hombre que sabe mirar, que consigue ver, que se relaciona con gente interesante, y que presta atención a los detalles. Y también un ameno manual de ornitología, sobre todo en lo referido a los grandes viajes migratorios. Pero es mucho más que todo esto, puesto que cuando has terminado su lectura, con una sonrisa de satisfacción en los labios, te das cuanta de que sabes cosas que jamás imaginaste sobre trenes, auroras boreales, leyendas vikingas y hasta de deportes como el Curling o profesiones como los bañadores de chocolate. Fiennes escribe de maravilla, con esa sencillez abrumadora del que se recrea en lo que ve y no en contarlo de manera deslumbrante. Es un narrador hábil, eficaz y brillante. No sobra un solo adjetivo, una sola descripción. Cada párrafo es necesario, y se convierte en un placer. Un título que no debería faltar en ninguna buena biblioteca pajarera y/o viajera.

“Me dijo que la radio de la camioneta se había quedado atascada en la cadena de country y western y que más me valía apagarla y escuchar a los pájaros. Las temperaturas habían superado ya los cero grados y las tormentas de nieve eran historia. Había barnaclas canadienses en las charcas derretidas de la tundra cercanas al aeropuerto y las primeras gaviotas argénteas habían llegado del sur. Deje a Ruth en la terminal y conduje solo por la carretera que llevaba a Goose Creek”.

La ignorancia agresiva

Cervecería artesana en una ciudad castellano manchega. Diez de la noche. Pido una pinta de cerveza IPA. El camarero pone una pinta de cerveza IPA en la barra, a medio camino entre donde estoy acodado y donde lo está un chaval con su novia. “¿Es tuya? He estado a punto de cogerla, he venido con sed…”, le digo en broma. “Pues igual te había soltado una hostia”, me contesta antes de darme la espalda.

Amilanado y triste, recordé que unas horas antes había leído en El País cómo Salman Rushdie se quejaba amargamente del momento que atraviesa la sociedad occidental: “Vivimos en la cultura de la ignorancia agresiva”, dijo el autor de “Los versos satánicos”. Y siguiendo con el recurso de parasitar pensamientos ajenos, sin salir del periódico de Prisa, otra reflexión, en este caso de Stephen Hawking: “La vida primitiva es común en el universo, pero la inteligente es infrecuente. Aún no ha aparecido en la Tierra”.

El sentido del humor de Hawking me resulta cruel. Vivimos en un mundo cada vez más incómodo, con constantes brotes de violencia. Nuestra sociedad parece despreciar la pausa, la reflexión, el pensamiento. Quizá éste sea el punto en el que debe comenzar la revolución: acabar con la ignorancia agresiva, apostar por la cultura pacífica. Pensar, estudiar, leer, debatir… dejar paso a la vida inteligente.

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Un motivo para NO ver la televisión

Pensamientos para mí mismo

Autor: Marco Aurelio.

Editorial: Errata Naturae.

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Un post como el de hoy necesitaba un libro como éste. Una traducción impecable de un clásico de un emperador filósofo que pensaba que “la mejor defensa es no parecerte a ellos”. Una edición bellísima, tapa dura, excelente papel, ilustraciones portentosas, de una obra que debería ocupar un lugar privilegiado en nuestras mesillas de noche. Porque “Pensamiento para mí mismo” es el libro ideal para sorprendernos una y mil veces, para abrirlo por cualquier página y disfrutar con sus reflexiones pausadas, su sentido común y su deseo de vivir en la tranquilidad, el equilibrio y la felicidad.

“Sigue siempre el camino más corto, que es el de la naturaleza. Lo conseguirás si todas tus acciones y todas tus palabras están inspiradas únicamente por la razón. Esta línea de conducta te ahorrará muchas penas, muchas contrariedades, y evitará también que obres con ardides e hipocresía”.

Emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180, Marco Aurelio Antonino Augusto era conocido como el Sabio y el Filósofo. Sin seguir un plan preconcebido, Marco Aurelio escribió día a día sus experiencias cotidianas, su visión del hombre, sus virtudes y debilidades. Reflexiones íntimas, en ocasiones críticas, siempre lúcidas, que no siempre resultan optimistas. Creía nuestro hombre que la vanidad, la corrupción o la lujuria eran nuestros enemigos, y que la virtud estaba en la sencillez, la austeridad e incluso el estoicismo.

“Antes de llevar a cabo cualquier acción, pregúntate: ¿en qué puedo serme útil? ¿No llegaré a arrepentirme? Dentro de poco, ya no existiré, todo habrá desaparecido para mí. ¿Qué puedo esperar más allá de que mi acción sea digna, inteligente, beneficiosa para la sociedad y sometida a la misma ley de la divinidad?”.

Estamos ante un libro eterno, que rezuma sabiduría atemporal. Seguimos siendo los mismos humanos frágiles, miedosos y ególatras que en tiempos de Marco Aurelio, seguimos necesitando la lucidez, la serenidad y la inteligencia de sabios como él. Una obra que no debería faltar en ninguna biblioteca.

“Ya no se trata de discutir esta tesis: ¿qué es un hombre de bien? Se trata de serlo”.

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Tan cerca, tan lejos

He sentido una enorme vergüenza cuando he leído en un diario portugués que la cifra de muertos por los últimos incendios asciende a 45. Pensaba que eran 33 los fallecidos. Es decir, que había desconectado del drama del país vecino desde hace días. Yo, y los medios de comunicación nacionales, que quizá no han dado la importancia necesaria a la tragedia vivida en Portugal.

Los medios de comunicación españoles están desde hace tiempo a piñón fijo, que es lo más fácil y lo más barato. Sobre todo las televisiones, con unos informativos absolutamente impresentables. Salvo una breve interrupción por los incendios en Galicia, un paréntesis, el resto de las noticias que aparecen en pantalla se resume en tres grandes bloques: La deriva independentista catalana, sucesos y deportes. En los telediarios de TVE cierran, eso sí, con un tipo que salta en bicicleta por un barranco o se tira desde un puente con esquís.

Atención especial merece La Sexta, que ha encontrado un filón en Cataluña. Horas y horas y más horas de tertulias de saldo, opinadores low cost repitiendo una y otra vez las mismas teorías y obviedades, y grandes dosis de Josep Borrell. Televisión que parece radio, mala radio, pero que debe ser rentable, muy rentable.

Un motivo para NO ver la televisión

Indian Creek

Autor: Peter Fromm.

Editorial: Errata Naturae.

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En “Indian Creek”, el nuevo título de la imprescindible colección “Libros salvajes”, nos encontramos con todo aquello que identifica esta biblioteca de textos asilvestrados: desde el encuentro con uno mismo al que invita la cabaña de Thoreau, a la aventura y los peligros de los grandes espacios que encontramos en “The Big Sky”, el clásico de Alfred Bertram Guthrie. Todo comienza cuando Peter Fromm, el protagonista de la obra que hoy nos ocupa, decide aislarse de la civilización y aceptar una insólita propuesta del Servicio Forestal norteamericano: vigilar una puesta de huevos de salmón en la región de Indian Creek. Es decir, vivir durante siete meses en una tienda de campaña, en medio de la naturaleza, con nevadas que le mantendrán aislado y con temperaturas inferiores a los cuarenta grados bajo cero.

“Victorias diminutas, como el día en que saqué mi primera hogaza de pan dorado de la estufa de leña, me hacían salir de la tienda y correr por el prado como un idiota, riendo y danzando como si acabara de ganar la lotería. Cada uno de esos triunfos, por muy pequeño que fuera, recortaba un trozo de la soledad que siempre acechaba cerca, agazapada en las arboledas sombrías, en el agua negra que procuraba no congelarse, incluso en la forma en que el río hablaba por la noche, poniendo voces que nunca utilizaba durante del día.. Empecé a encontrar mi lugar en el bosque y cada vez me sentía más a gusto en él”.

En “Indian Creek” pasan cosas, pero no tantas. Encuentros esporádicos con cazadores y forestales, escenas desganadas de caza (el protagonista no disfruta cazando), tormentas y temperaturas extremas que dificultan el día a día, un lince muerto de un certero estacazo… La grandeza de esta obra está en cómo el autor, con el paso de las jornadas y las penurias, aprende a observar la naturaleza, a disfrutar de las pequeñas cosas que le ofrece el bosque, a sentirse satisfecho consigo mismo, con su perra y con los cuatro utensilios que conserva en su tienda de campaña. La vida simple.

Pete Fromm utiliza un lenguaje austero para narrar su estancia en la montaña. No encontraremos en “Indian Creek” poesía blandengue, ni melancolía lacrimógena. Fromm comienza añorando a los suyos, soñando con una ducha caliente, una cerveza fría y una ensalada, pero poco a poco se va despojando del traje urbanita y sintiéndose cómodo sobre sus raquetas de nieve, mascando carne congelada y contemplado nevadas interminables. El mundo salvaje termina siendo su mundo.

“Me encontraba en el viejo vado que los indios nez percé habían utilizado en su día para cruzar el río Selway cuando abandonaban su campamento de Idaho para llegar a los territorios de caza del bisonte de Montana. Siguiendo su pista aún era posible ver viejos árboles casi pelados. Los indios descortezaban los troncos para comer, pues no había nada más que echarse a la boca en aquellas duras tierras montañosas. Creí poder imaginar su desesperación por atravesar esos terrenos y alcanzar la tierra prometida de Montana”.

Una narración sincera que habla de adaptación, de aprendizaje, de supervivencia y de soledad. De cómo un simple lector de novelas protagonizadas por tramperos acaba convirtiéndose, no tras pasar algunas edificantes penurias, en todo un mountain man. Y es que quizá todos llevamos un hombre de las montañas en nuestro interior…