You are currently browsing the El Descodificador posts tagged: Errata naturae


Invierno

Un motivo para NO ver la televisión

Invierno

Autor: Rick Bass.

Editorial: Errata Naturae.

Portada_Invierno_web_DEF-350x538

Rick Bass, escritor y periodista tejano afincado en Montana, dedica prácticamente medio libro a describir cómo corta leña, transporta leña, almacena leña… a contar cuan importante es la leña, lo peligrosa que puede llegar a ser una motosierra de cortar leña, cuál es la mejor madera para utilizar como leña… ¿Un texto soporífero, como el sonido de un serrucho troceando un tronco para hacer leña? De ninguna manera, porque Bass escribe de maravilla y convierte cada paseo por el bosque, evidentemente en busca de leña, en una pequeña aventura vital.

“Queremos que haga frío, queremos nieve, ansiamos el aislamiento, la desolación, la reclusión, el silencio. Por eso estamos aquí arriba, por eso todo el mundo está aquí arriba. No es que resulte especialmente halagüeño admitirlo, pero aquí venimos todos huyendo de algo y ese aislamiento nos hace sentirnos seguros; sin embargo, al derretirse la nieve y volverse transitables otra vez las carreteras (accesibles a cualquier turista de mierda que quiera venir de visita, a cualquier viejo peregrino), nos sentimos expuestos.

Quiero más frío, más dureza, más profundidad, no más calor”.

El escritor y su pareja buscan la soledad, el aislamiento, y lo encuentran muy lejos de su cálido hogar tejano. En la gélida Montana, donde tienen la fortuna de descubrir una finca grande y aislada que cuidar mientras su propietario vive en la ciudad. De eso habla “Invierno”. Del frío y las penurias de la naturaleza salvaje, de los pequeños pueblos con bares diminutos, de los vecinos que han llegado huyendo quien sabe de qué, de una fauna tan numerosa (lobos, linces, alces…) como esquiva, de la supervivencia física y mental a 40 bajo cero. Bass utiliza un lenguaje sencillo, pero preciso y contundente, para contar detalles de ese valle tan hermoso, de un invierno atroz, de unos humanos que cazan, beben, conducen camionetas y, por supuesto, cortan leña.

“Para mí hay dos mundos (y para cualquier otro, creo) y se me da mejor uno que otro. Antes podía existir en ambos, pero, conforme voy prestando más atención a uno de ellos, el de los bosques y este valle, me veo, cada día que pasa, menos capaz de funcionar en el otro.

El invierno es una época para soñar. ¿Los osos y otros animales sueñan cuando hibernan”.

Bass no es Thoreau, y su rancho no es la cabaña del de Concord. Pero su espíritu es el mismo: disfrutar viendo caer los primeros copos de nieve del año, admirar las huellas de un puma sobre el barro, estudiar el manual de tu primera motosierra, oler cómo la madera de alerce arde en la chimenea. Los pequeños placeres que encontramos cuando bajan las temperaturas, hibernan los osos y los árboles caídos cortan las carreteras. Abríguese, cargue la estufa y lea.

“Este valle tiembla de misterio, de belleza, de secretos; aun así, no da ninguna respuesta. A veces creo que este valle (tan alto en las montañas y entre tanta espesura) es como un paso más cerca del cielo, el último lugar antes de llegar a lo auténtico”.

Paisajes

Un motivo para No ver la televisión

La increíble vida de los paisajes.

Autores: Claire Lecoeuvre y Vicent Mahé.

Editorial: Errata Naturae.

Portada_La-increíble-vida-de-los-paisajes_web_DEF-350x229

Veinte paisajes, seleccionados entre los más alucinantes de la Tierra. Veinte dibujos de sencilla belleza y otros tantos textos que nos explican aquello que no siempre vemos: su historia geológica, su evolución, las características de sus habitantes, su futuro… y las causas de su deterioro, aquello que amenaza los lugares más deslumbrantes del mundo en que vivimos.

“Cumbres blancas y envueltas en bruma donde quiera que mires: el Himalaya, la cadena montañosa más alta del mundo, levanta una barrera entre India y China. Un paraíso o un infierno para los alpinistas y los científicos. Un lugar que atrae a quienes están sedientos de aventura e intriga y a innumerables curiosos”.

Los paisajes que nos muestra Errata Naturae en este libro primorosamente editado, en formato apaisado, tapa dura y excelente papel, han sido elegidos con inteligencia y con mimo. Están todos los grandes hábitats, desde el desierto (El Sáhara) hasta la selva tropical (La Amazonía) pasando por las cumbres de nieves eternas (El Himalaya), el fondo del mar (La Barrera de Coral) o las regiones polares (El Polo Norte). Auténticos paraísos que se presentan de forma muy sencilla: en la página impar un excelente dibujo, en la par un texto que describe el lugar y añade “una historia curiosa” del mismo. El resultado es una obra para todos los públicos que, además de recordarnos lo increíble que es nuestro planeta, nos invita a viajar, a soñar y, sobre todo, a conocer nuestro mundo y a luchar por su conservación. Un excelente regalo de cara a las navidades.

“La selva más grande del mundo gobierna esta región como una majestuosa reina. Un mundo salvaje, inhóspito, una jungla impenetrable, un laberinto aterrador. ¿Seguro? En absoluto. Lo primero de todo: imagina unos caminos inmensos que atraviesan la Amazonía. Caminos trazados por seres humanos en una época muy antigua. Porque esta selva no es tan inhabitable como parece”.

Calzada-del-gigante

Ayers-Rock

 

El embrujo del tigre

Un motivo para NO ver la televisión

El embrujo del tigre.

Autora: Sy Montgomery.

Editorial: Errata Naturae.

Portada_El-embrujo-del-tigre_web_DEF-1-350x538

Los seguidores de las andanzas de devoradores de hombres, esos tigres, leones y leopardos acostumbrados a la carne humana, estamos de enhorabuena. Podemos dejar de releer a Jim Corbett, Kenneth Anderson y compañía para disfrutar de una novedad, firmada no por un cazador sino por una naturalista. Sy Montgomery no quiere acabar con los exclusivos tigres de los Sundarbarns, en la bahía de Bengala. Quiere saber por qué esos grandes gatos son depredadores despiadados (incluyen cada año a cientos de personas en su dieta), mientras que la castigada población local los adora hasta el punto de considerarlos sagrados. El subtítulo de esta obra fascinante aclara de alguna manera su contenido: “Un viaje al lugar donde los tigres se comen a los hombres y los hombres adoran a los tigres”.

“Los Sundarbarns se resisten al escrutinio de los científicos. Como guardianes de un mundo subterráneo, los cocodrilos pueden salir dando tumbos del agua y atraparte; los tigres se abalanzan sobre ti desde tierra o agua; y, mientras vadeas hacia la orilla desde una barca, quizá te veas sorprendido por el ataque de unos tiburones, incluyendo unos muy agresivos que miden cinco metros y medio… Hace un siglo, los datos mostraban que los tigres se habían comido a cuatro mil doscientas dieciocho personas en los Sundarbans durante un periodo de seis años. Un estudio estimaba que un tercio de los tigres de la zona intentará matar y comerse a cualquier persona que vea”.

Sy Montgomery escribe de maravilla, mezclando con habilidad información sobre la biología y costumbres de tan agresivos felinos, detalles geográficos de un lugar perdido entre India y Bangladesh, curiosidades antropológicos sobre los humanos que sobreviven en un hábitat complicado y, por supuesto, anécdotas viajeras. El resultado es un libro que se devora, no puedo evitar el chascarrillo, y que puede ocupar diferentes lugares en nuestra biblioteca: junto a “Los fantasmas de Tsavo” de Caputto (National Geographic), al lado de “El tigre” de Vaillant (Debate) o incluso acompañando a “The deer and the tiger” de Schaller (Midway). ¿Un clásico sobre comedores de hombres? Sin duda.

“Al desgarrar nuestros cuerpos con los dientes, el tigre expone la verdad que los occidentales intentamos olvidar a toda costa: que todos, chital y jabalí, rana y pez, astronauta y mendigo, estamos hechos de carne. La dente de los Sundarbarns, en cambio, lo entiende a la perfección”.

Pero “El embrujo del tigre” es mucho más que una referencia fundamental sobre los devoradores más desconocidos del mundo felino. Es un libro de viajes redondo que cuenta cómo sobrevive la gente en un lugar olvidado del planeta, donde la naturaleza es diferente a cuanto conocemos, se mezclan las religiones (“El hinduismo y el Islam son básicamente antitéticos: el concepto fundamental del Islam, contrario al panteón abarrotado y colorido del hinduismo, es la existencia de un único dios omnipotente… El Islam llegó a Bengala con una forma completamente distinta al Islam de Arabia. Lo introdujeron los místicos sufíes”) y se disparan las leyendas. Espiritualidad, ecología, conservación y aventura en uno de los mejores libros de viajes/naturaleza editados este año.

El arte de ver las cosas

Un motivo para NO ver la televisión

El arte de ver las cosas.

Autor: John Burroughs.

Editorial: Errata Naturae.

Portada_El-arte-de-ver-las-cosas_web_DEF-350x538

No había leído nada de John Burroughs, pero conocía su importancia entre los escritores de la llamada nature writing gracias a un libro imprescindible: “Emerson entre los excéntricos”, de Carlos Baker, editado por Ariel hace ya una década. Esta obra habla de los filósofos e intelectuales que se reunieron alrededor de Ralph Waldo Emerson en el Concord (Boston, Estados Unidos) del siglo XIX. Allí estaban Thoreau, Whitman, Hawthorne, Alcott, Margaret Fuller… y John Burroughs.

“Sin lugar a dudas, el hombre más salvaje que ha producido Nueva Inglaterra desde que los indígenas rojos evacuaran su territorio ha sido Henry Thoreau, un hombre en el que los indios reaparecieron en el plano del gusto y la ética… Su vida entera fue una búsqueda de lo salvaje, no sólo en la naturaleza, sino también en la literatura, en la vida, en la ética”.

En un primer contacto, Emerson consideró a Burroughs “un granjero alerta e inquisitivo… todo curiosidad y atención”. Una descripción que encaja a la perfección con el libro que hoy nos ocupa: “El arte de ver las cosas”. Y es que en el primer capítulo, que da titulo a la recopilación de luminosos ensayos que forman esta obra, el autor reconoce que “si ver las cosas es un arte, se trata del arte de mantener los ojos y los oídos abiertos”. Estar alerta, ser todo curiosidad y atención. La base del observador de la naturaleza, del científico, del viajero. La esencia de un Burroughs capaz de pasarse horas tratando de descifrar la razón por la que unas abejas construyen nidos en el suelo. Las pequeñas cunas de la tierra.

“He descubierto que veo, casi sin esfuerzo, a la gran mayoría de aves a mi alcance en el campo o el bosque por el que paso (un aleteo, un coleteo son suficientes, aunque el revuelo de las hojas conspire para esconderlos)… No obstante, la costumbre de la observación es la costumbre de la mirada clara e incisiva; no es un primer vistazo casual, sino el propósito constante y deliberado del ojo el que descubre lo excepcional y lo característico. Has de mirar con atención y mantener la vista fija en un punto para ver más de lo que ve la tropa humana”.

Miembro de honor de la que denominaba Orden de los Caminantes, Burroughs disfrutaba andando, observando, aprendiendo. De eso tratan estos dieciséis deliciosos textos. De los campesinos y las aves, de las cabañas y los cazadores, de Thoreau y la vida sencilla. De disfrutar del mundo que nos rodea tratando de entenderlo mejor, de vivirlo de manera razonable, de renovar el pensamiento desde la humildad, de no dejar de luchar jamás por la libertad, la justicia, los derechos civiles. La mejor tradición filosófica norteamericana de la naturaleza, esa que gracias a editoriales como Errata Naturae estamos recuperando, tiene en John Burroughs un pensador imprescindible. Disfrutemos de su panorámica visión, de sus penetrantes análisis, de su sensibilidad ornitológica y, por supuesto, de la excelente traducción de Ana González Hortelano.

“Si tuviera que señalar los tres recursos más preciados de la vida, diría que son los libros, los amigos y la naturaleza; y el más magnífico de todos ellos, al menos el más constante y el que siempre está a mano, es la naturaleza… una mina inagotable de aquello que conmueve el corazón, atrae a la mente y dispara la imaginación. Salud para el cuerpo, estímulo para el intelecto y alegría para el alma”.