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Génie la loca

Un motivo para NO ver la televisión

Génie la loca.

Autora: Inès Cagnati.

Editorial: Errata Naturae.

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Ésta es la desoladora historia de una mujer sin suerte, de un mundo rural despiadado y de una niña, su hija Marie, que se convierte en una narradora de primera. Francia, tras la II Guerra Mundial. Marie sigue los pasos de su madre cuando ésta trabaja duro en el campo, cuando se enfrenta a una familia que la rechaza, cuando llora desconsolada porque no tiene nada. La gente la llama Génie la loca, pero solo es una mujer introvertida, incansable, abandonada a su suerte por una familia altiva y una sociedad inmisericorde.

“Se escribieron muchas cosas en los periódicos. Sobre ella, que no tenía marido y que, sin embargo, era la hija de una familia respetada, y sobre que jamás se había sabido quién era mi padre. Sobre mí que me quedaba sola mientras ella trabajaba en las casas de la gente, que la mayoría de las veces no la pagaban, y ella no reclamaba; sobre mí, que estaba abandonada a mí misma, en una antigua cabaña al pie de una colina salvaje poblada de zorros. Sobre ella, a quien llaman Génie la loca, que no hablaba, que no respondía cuando le preguntaban. Sobre mí, que confesaba lo contenta que me había puesto aquella aventura”.

Marie es la sombra de su madre. Cuenta con detalle cómo abusan de su condición de trabajadora sin derechos, cómo se burlan de sus silencios, cómo no aceptan que sea diferente, que no siga las reglas, que se niegue a sonreír. Marie sigue los pasos de su madre deslomada, y se acurruca junto a ella cuando termina la jornada.

“- Vete de aquí.

Pero yo quería quedarme junto a ella”.

“Génie la loca” es uno de los libros más tristes, y más hermosos, que he leído nunca. Quizá porque, además de la historia de una mujer acosada por la vida, también es una historia de amor desgarradora, sin concesiones, condenada al drama. Una absoluta delicia que nadie debería dejar de leer.

Pensamientos al vuelo

Un motivo para NO ver la televisión

Pensamientos al vuelo.

Autor: Yoshida Kenko.

Editorial: Errata Naturae.

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El placer de tener en las manos esta deliciosa edición de las reflexiones vitales de Yoshida Kenko, eterno pensador japonés, solo se puede superar entrando en su mundo particular, un prodigio de originalidad, lucidez y sensibilidad. Cuentan que este importante señor nacido en 1283 abandonó la élite social y se retiró a una cabaña (¡otro más!) en medio del bosque, desde donde daba largos paseos, contemplaba amaneceres y atardeceres, y escribía textos breves en papeles que colgaba de las paredes de su refugio. El ensayo que hoy nos ocupa recoge los escritos recogidos en 243 de esos papeles. Una fuente inagotable de vida, el reflejo de un talento descomunal.

“También me parece irritante el modo en que la gente propaga las noticias y se sorprende con ellas.

Yo siento una atracción especial por los hombres que, viviendo al margen, no se enteran de las cosas hasta que no están en boca de todo el mundo. Los hombres poco educados, siempre que entre ellos se encuentra algún desconocido, hacen que se sienta extraño mencionando temas o nombres de personas que son familiares a los restantes miembros del grupo, mirándose los unos a los otros y riéndose”.

Como todos aquellos grandes escritores que se confían al recogimiento de la cabaña, Kenkó parece escribir desde la libertad absoluta y la sencillez total. “No puedo imaginar que haya hombres que no se sientan satisfechos con el sosiego y la soledad… No hay felicidad mayor que estar solo, sin nada que nos distraiga y nos entretenga”, asegura. Fuera de presiones externas, lejos de la Corte y el Palacio, el creador se libera de presiones y habla de la muerte y el duelo, de los buenos y malos augurios, del pasado y la memoria, de la sobriedad y la mesura exigibles a los gobiernos, de que solo los necios confían en las cosas. Habla incluso del alcohol o el mal gusto. Y por supuesto de lo indeciblemente bella que es la luna en otoño.

“¿Sólo se deben contemplar las flores de los cerezos cuando están en su mayor esplendor, y la luna cuando no la cubre ninguna nube? Añorar la luna que está al otro lado de la lluvia, retirarse a un cubículo, bajar las persianas y permanecer ahí sin ser conscientes del paso de la primavera es mucho más conmovedor. Una rama que está apunto de estallar en flores y un jardín cubierto de pétalos tienen mucho más interés para nuestros ojos”.

“Pensamientos al vuelo”, clásico de la literatura nipona, monumento al ingenio y la reflexión, se presenta en una edición preciosa, con una traducción impecable. 234 dosis de lectura reposada, de placer inteligente. Una maravilla.

“Nuestra avaricia no se extinguirá hasta que no sepamos, con certeza, que esa gran realidad de la muerte, que pone fin a nuestras vidas, ya está aquí, ya presente, ante nuestros mismos ojos”.

Un año en Sand County

Un motivo para NO ver la televisión

Un año en Sand County.

Autor: Aldo Leopold.

Editorial: Errata Naturae.

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Las colecciones Libros Salvajes / Narrativa Salvaje de la editorial Errata Naturae se han convertido en absolutamente imprescindibles. Buena culpa de ello la tiene que sus títulos ofrezcan tanto agradables sorpresas, esos descubrimientos que deslumbran incluso a los seguidores habituales de la escritura de naturaleza, como clásicos absolutos. Henry David Thoreau, Edward D. Wilson, Jim Harrison… y ahora Aldo Leopold.

“Un año en Sand County” es un clásico moderno dividido en tres partes:  “La primera cuenta lo que ve y hace mi familia durante los fines de semana en su refugio contra la excesiva modernidad: la cabaña… La segunda parte narra algunos de los episodios de mi vida que me han enseñado, gradual y a veces dolorosamente, que la acción colectiva está desestructurada… La tercera parte expone, en términos más lógicos, algunas ideas con las que los discrepantes razonamos nuestra discrepancia”. El resultado es un libro luminoso que habla de bisontes y paisajes, de la protección de especies migratorias y de la granja, de las estaciones y los amaneceres con niebla, del corcho como coraza del árbol, de la crecida del río y del cloqueo nasal de alguna focha enamorada. De la vida. Un libro que advierte de los peligros que acarrea la influencia de los seres humanos sobre el planeta, un lugar que consideran indestructible, inagotable y, lo que es peor, de su propiedad. Un master en ecología de carácter atemporal. Eterno e imprescindible.

“Algún día, puede que en un proceso común al de nuestras obras de beneficencia, tal vez en la plenitud del tiempo geológico, la última grulla trompeteará su despedida y subirá al cielo desde el gran humedal trazando espirales. Desde lo alto de las nubes caerá el sonido de los cuernos de caza, el aullido de la jauría fantasma, el tintineo de campanillas y luego un silencio que no se romperá nunca, a no ser que lo haga quizá en los lejanos pastos de la Vía Láctea”.

La montaña viva

Un motivo para NO ver la televisión

La montaña viva.

Autor: Nan Shepherd.

Editorial: Errata Naturae.

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Tapa dura, edición de lujo, para un libro que no dejará indiferentes a los lectores habituales de la colección “Libros salvajes”. Y es que tras leer “La montaña viva” es imposible no mirar un valle con diferentes ojos, no describir un arroyo de montaña con palabras mejor elegidas, no hablar de unas nubes, una ladera o un ciervo con un tono más pausado y emotivo. Nan Shepherd escribió un clásico que se lee como se acaricia el musgo empapado de rocío: con admiración y placer.

“He escrito sobre cosas inanimadas, la roca y el agua, el hielo y el sol, y podría parecer que no fuera este un mundo vivo. Pero mi intención era llegar hasta las cosas vivas a través de las fuerzas que las crean, porque la montaña es única e indivisible, y la roca, la tierra, el agua y el aire no son más parte de ella que lo que crece de la tierra y respira el aire. Todos son aspectos de una sola entidad, la montaña viva. La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: son todos uno”.

La montaña es todo para Nan Shepherd, una escritora diferente. Escribió tres novelas excelentes, las primeras, entre 1928 y 1933, que la hicieron muy popular. Tenía solo treinta años y, quién sabe por qué, desapareció del mundo de la literatura. Y se dedicó en cuerpo y alma a recorrer las Cairngorms escocesas, su tierra. Sobre ese lugar inhóspito, una cordillera polar, escribió el libro que hoy nos ocupa, una obra que permaneció durante medio siglo en un cajón. Y que es todo belleza y poesía. Que describe de manera luminosa los paisajes, y sugiere al lector cómo cambiar su mirada, cómo observar con la mente, cómo sentir la naturaleza de manera profunda y cordial. Podría ser un manual de filosofía campestre, pero es una lección de vida, de observación y de literatura. Imprescindible.

“Estos azules voluptuosos tienen más efecto emocional del que produce el aire seco. El azul china no conmueve. Pero la gama de violetas puede perturbar la mente igual que la música… La lluvia en aire también tiene el extraño poder de hacerte ver las cosas de forma circular, como estereoscópicamente. Los rayos de sol, refractados a través de la humedad del aire, se doblan por detrás de lo que estés viendo… La neblina, que oculta, también puede revelar. Se distinguen pendientes y barrancos en lo que parecía ser un solo monte: el panorama recibe una nueva profundidad”.