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Pinocho ha dicho (por teleconferencia)

El mentiroso mayor del reino, el político que ha reconocido no haber cumplido el programa electoral con que ganó las elecciones, el sonriente mudito que desapareció en combate, el encubridor de delincuentes, el comunicador incapaz de pronunciar la palabra Bárcenas (ni siquiera en sus círculos más íntimos), ha dicho, atención españoles, que “en el 2014 España crecerá con claridad y empezaremos a crear empleo”.

Así que todos tranquilos. ¡En unos meses levantamos cabeza y volveremos a vivir la vida! Se lo asegura Mariano, el presidente, un tipo de fiar. ¿No es cierto? El diario alemán Handelsblatt ya ha nombrado al líder del PP en tres ocasiones “Pinocho del día”. ¿Las razones? Muy sencillas: “dilapidar su capital político”, “su invisibilidad en los momentos cruciales” y “parecer alejado de la realidad”.

Estos alemanes nos tienen una envidia enorme, no cabe duda. Pudiera ser que, por causas que todos conocemos, Rajoy carezca de capital político. E incluso por razones similares, de capital moral. Y quizá en ocasiones pueda transmitir la desconcertante sensación de dirigir un país diferente, con distintas necesidades de las de sus ciudadanos y problemas ajenos a la España real. Pero eso de que le acusen de ausentarse a la hora de dar la cara, de enfrentarse a la prensa, de evitar dar explicaciones… eso es una insidia muy grande. Ayer mismo, aprovechando la reunión de la Junta Directiva de su partido, el gran Mariano Rajoy se presentó ante los medios… en una pantalla de plasma. Algo que viene siendo habitual en esta democracia enferma.

Cuando ya se han cumplido tres meses sin comparecer en rueda de prensa, el presidente del Gobierno que presume de transparencia se dirigió a los periodistas, una prolongación de los ciudadanos, no lo olvide, en diferido y por circuito cerrado de televisión. De nuevo lo hizo. Con dos cojonazos. ¿Para cuándo un plante de medios?

¡Como para no creer a este hombre cuando habla de que “en el 2014 España crecerá con claridad y empezaremos a crear empleo”! Yo me arrodillo ante Mariano, y no como el acto de fe que algún antisocial podría creer necesario para tomar en serio sus palabras, sino como ejemplo de devoción absoluta al tipo que parece capaz de conseguir aquello que se nos antojaba imposible: que Zapatero parezca un presidente que… bueno, no estuvo tan mal.

La dictadura de la televisión

El camino que sigue la televisión en España es el previsto: contenidos de ínfima categoría en abierto y algo de calidad para el que pueda pagar. Así de sencillo, así de triste. Este plan de deterioro audiovisual, que viene de lejos, fue cuidadosamente diseñado por políticos y empresarios que buscaban dos grandes fines: controlar la información, los primeros, y forrarse, los segundos. Si en el camino los primeros han tenido ocasión de  forrarse, y los segundos de controlar la información, no han desaprovechado tan atractivas alternativas. Nos encontramos en la recta final de tan ambicioso proyecto, en el momento culminante de una estrategia vergonzosa. En España la televisión es peor que nunca. La televisión informa más sesgadamente que nunca. La televisión es menos democrática que nunca. Le recuerdo que aquella televisión plural y diversa que prometió Zapatero, con decenas de canales, ha degenerado y se ha empobrecido tanto que ya tiene solo tres dueños: el Gobierno (TVE), Mediaset (Telecinco/Cuatro) y Antena 3 (Antena 3/La Sexta).

Tenemos una televisión casposa, tendenciosa y cutre que se dispone a vivir su culebrón veraniego: la enésima guerra del fútbol. Empresarios de izquierdas, tan brillantes y ejemplares como Jaume Roures y Juan Luís Cebrián, de nuevo a la greña en un conflicto capitalista. Sale a subasta la mejor Liga del mundo, y todo parece indicar que esta temporada no habrá partido en abierto: ninguno de los grandes grupos televisivos del país parece dispuesto a pujar por los derechos. Es decir, que parece que los aficionados tendrán que acceder a las ofertas de pago que les proporcionen Gol Televisión y Canal+ Liga. En caso de que usted ande algo justo de fondos, pues se queda sin fútbol o se baja al bar.

Si usted no es muy futbolero pensará, con toda la razón del mundo, que se trata del último de nuestros problemas. Con la que está cayendo, no necesitamos ni niñatos millonarios, ni rancios presidentes, ni federaciones mafiosas para sobrevivir. Tampoco necesitamos ir al cine o leer libros, ¿verdad?. Seguramente por eso le suben el iva a la cultura…

El fútbol es, como bien sabemos los futboleros, una prolongación de la vida. Y nuestra vida es, actualmente, una prodigiosa mezcla de corrupción,  especulación e hipocresía. El gran negocio que parecía ser el fútbol español, con la televisión ejerciendo de perfecto aliado, de inigualable plataforma de expansión, no es tal. Hace aguas: la burbuja está a punto de explotar. Estamos en España, no lo olviden.

Para desenredar el problema del fútbol en televisión la única solución sería una Comisión de capos di tuttu i capi, como aquella legendaria que reunió en 1931 en Chicago a Charlie “Lucky” Luciano, Vincent Mangano, Tommy Gagliano, Joseph Bonanno, Al Capone y Stefano Magaddino. En este caso la asamblea de empresarios, una cumbre repleta de talento, altruismo y espíritu solidario, podría estar formada por dos viejos conocidos, el consejero delegado de Mediapro (Jaume Roures) y el presidente de PRISA (Juan Luis Cebrián), a los que se añadirían los presidentes del Sevilla y del Real Madrid (Del Nido y Florentino), el presidente de la FEF (Ángel Villar),  el manager de Ronaldo y Mourinho (Jorge Mendes) y el consejero delegado de Mediaset (Paolo Vasile). La Comisión podría reunirse en terreno neutral: la mesa de un discreto restaurante siciliano. Sin armas, sin carteras, sin vergüenza… De ahí saldrían las bases del fútbol televisivo. Es más, ¿Por qué no pedirles que rediseñen la televisión española del futuro? Seguro que sabrían dar al actual modelo la continuidad que este país merece.

Un motivo para NO ver la televisión

El club del amanecer.

Autor: Don Winslow.

Editorial: Martínez Roca.

Si usted busca un nuevo “El poder del perro” se sentirá decepcionado con “El club del amanecer”. Aquello eran palabras mayores, un nuevo concepto de novela criminal. “El club del amanecer” es solo entretenimiento. ¿Solo? Muchísimo, puesto que se trata de entretenimiento de calidad, escrito de maravilla, que se puede utilizar incluso como guía de viaje para recorrer las playas de los alrededores de San Diego.

“El club del amanecer” es una novela de surf policiaco. Un concepto quizá difícil de entender a la primera, pero en realidad muy sencillo: el detective que protagoniza el libro es un amante de coger  olas. Ex policía, Boone Daniels vive para surfear junto a sus colegas, una extravagante cuadrilla unida por lazos que atan: Marea Alta, el Doce Dedos, David el Adonis… Daniels acepta un encargo, encontrar a una striper llamada Tammy, pero la cosa se complica hasta límites insospechados.

Un homenaje a la amistad eterna, a las pandillas, a los espacios abiertos y, sobre todo, a las olas y el surf. Es decir, a la inconmensurable libertad que proporcionan aquellas cosas que no cuestan dinero.

“Hacer las cosas que a uno le gustan, en un lugar que le encanta, con las personas que quiere: de eso se trata la vida, o, como mínimo, así debería ser. Si te pasas la vida así –como he hecho yo, piensa Boone -, no deberías lamentarte cuando se acabe. Tal vez solo un poquito, cuando sabes que estás surfeando tu última ola”.

La televisión española, un duopolio

La democracia y las libertades están de luto: la absorción de La Sexta por Antena 3hace que la televisión en España sea menos independiente y diversa, más pobre y sumisa, menos soberana y más comercial. Nuestra televisión, cautiva en manos de dos grandes grupos empresariales, se italianiza, se mejicaniza. Justo lo contrario de la pluralidad que prometió la reforma audiovisual del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Todo es cuestión de dinero. El grupo resultante de la anexión entre Antena 3 y La Sexta (ocho canales y Gol Tv en alquiler) controlará aproximadamente el 42% del mercado publicitario, frente al 43,5% de sus rivales Mediaset (Telecinco, Cuatro y seis canales de TDT). Aproximadamente la mitad de la audiencia, y el 85,5% del mercado publicitario, estará en manos de solo dos empresas. Murió la competencia, se acabaron las alternativas, nació el duopolio.

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