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Necesitamos más periodismo

Durante la entrega de los últimos premios de la Academia de la Televisión se pudo escuchar a algún periodista de TVE hablar de la grandeza de sus informativos y de la calidad inigualable del equipo de informadores de la televisión pública. ¿Euforia producto de la ingesta de alcohol o el consumo de sustancia estupefacientes? Pudiera ser. Es difícil justificar semejante discurso desde la sobriedad absoluta. Un ejemplo: en el Telediario, producto estrella de esos informativos, he escuchado varias piezas dedicas al hundimiento del edificio con fábricas textiles en Bangladesh (cientos de muertos) en las que no se ha aludido a las empresas españolas relacionadas con el mismo. ¿Se hace buen periodismo en TVE? La respuesta es NO, un no rotundo y con mayúsculas. Basta con ver cualquier telediario…

Propaganda gubernamental. El tiempo y sus circunstancias, con entrevistas callejeras que no aportan nada: “vamos a tener que volver a sacar los abrigos”, dice una señora. Los vídeos que se convierten en fenómenos virales, como el nuevo baile freak que llega desde Corea. Algún caso de violencia doméstica, un par de accidentes de carretera, un atraco en una gasolinera de Oklahoma, la cena de gala para despedir a una reina holandesa… Y los deportes. Más relleno con ruedas de prensa tan vacías como estúpidas: “Ningun jugador ha dicho que no quiere jugar, que me duele aquí o me duele allí”, dice Mourinho como sesuda reflexión.

Los informativos de TVE son cada vez peores, y los del resto de cadenas no se le quedan a la zaga. No hay crítica, no hay investigación, no hay reflexión, no hay información elaborada. Hay muy poco periodismo. ¿Hay periodismo en la televisión?

Se habla de Jordi Évole como de la gran esperanza blanca. Muchos de los lectores de este blog mostraban ayer sus opiniones sobre “Salvados” (La Sexta), una de las sorpresas de los últimos tiempos. Excelentes críticas, buenas audiencias, comentarios inteligentes… ¿Periodismo de gran nivel? No estoy tan seguro. Periodismo urgente y muy eficaz, en ocasiones liviano y ventajista, que funciona muy bien en pantalla: no exige grandes esfuerzos al telespectador que, superado por la corrupción y los escándalos, se queda con los ojos abiertos como platos, anonadado, en shock. El programa del domingo, con el presidente de las Cortes Valencianas Juan Cotino convertido en escurridiza y bochornosa estrella del escaqueo, rozó el 16% de audiencia.

“Salvados” es un programa muy interesante, que debería ver todo ciudadano interesado en la actualidad. Pero no es suficiente. Como no es suficiente el “periodismo de investigación” de los mugrientos magazines matinales o los debates esperpénticos de máxima audiencia. Tal y como están las cosas, tal y como son nuestros políticos y nuestros grandes empresarios, necesitamos más que nunca periodismo de calidad. Incluso en televisión.

P.D.

Telemadrid retransmitió el pasado domingo un clásico del baloncesto: Real Madrid – Barcelona. Y lo hizo de manera lamentable. El despropósito fue tan grande que la Asociación de Clubs de Baloncesto ha tenido que pedir disculpas mediante un comunicado: “La ACB lamenta y pide disculpas a los aficionados por la ausencia de marcador de tiempo, a lo largo de todo el partido, y de resultado en la primera mitad de la retransmisión del encuentro Real Madrid – F.C. Barcelona Regal, emitido en directo en España por las Televisiones Autonómicas y en casi 100 países fuera de España”.

¿Tendrá algo que ver con los despidos de 861 trabajadores de un plantilla de 1.161?

Pues al parecer no. Según la ABC, la culpa no fue de Telemadrid sino de la Televisió de Catalunya, “encargada de la producción”, y que sufrió “una avería en la Unidad Móvil contratada por la cadena para la realización“.

Un motivo para NO ver la televisión

New Old Stocks

CD: New Old Stocks.

El nombre de la banda, y la magnífica portada de su primer disco, nos podía transportar a Texas, a Nashville o a cualquier lugar con tradición  rocanrolera de los Estados Unidos. Cuando escuchamos las diez canciones, en inglés y con guitarras de pedal, dobros y aires campestres, se confirma esa sensación, y gana enteros la posibilidad de que su sede esté California. Pues no…

New Old Stocks son, atención, de Talavera de la Reina, Toledo. Y precisamente ahí, en la ciudad donde nunca pasa nada, se presentó el pasado sábado el primer disco de este quinteto formado por Jesús Jiménez (Bajo y coros), Antonio Llorente (Guitarras y pedal steel), Rosana Abad (Voz solista), Jesús “Buddy” García (Guitarras, dobro y coros) y Coke Pérez (Batería y percusión).

Un concierto muy interesante, mucho más blusero que el disco, que incluye diez canciones propias con aires descaradamente folk. En vivo, con versiones de Bonnie Raitt, Rosanne Cash y Susan Tedeschi perfectas para la voz de Rosana Abad, y muchos solos de Telecaster, muestran una actitud irreprochable y un sonido excelente. En el Teatro Victoria, un lugar maravilloso, ofrecieron un concierto redondo, con un arranque suave que recordaba a  algunas bandas indies de aires acústicos, y un subidón eléctrico en la última hora, mezclando mucho blues con algunos detalles country.

Potentes en vivo, y muy recomendables en un disco que presume de grabación analógica, incluye diez canciones excelentes y viene envuelto en una portada inolvidable. La versión vinilo tiene muy buena pinta…

Pinchar para escuchar a New Old Stocks

Lorza yerma

No había pasado ni veinticuatro horas del striptease de Mercedes Milá en la gala de “Gran Hermano”. Muchos telespectadores aún trataban de controlar las arcadas, las consultas psiquiátricas estaban colapsadas, cientos de bebés se negaban a continuar con sus habituales hábitos de lactancia… Cuando llegó Paz Padilla y se levantó la blusa y enseñó el sujetador. También en Telecinco, por supuesto innecesariamente, y como no, en un programa de categoría: “Sálvame”.

En la misma cadena en que la supuesta humorista enseña sus ubres, cuentan las penurias de los  vecinos de Salou: dicen que su ciudad parece “el cagadero de Europa”. En la localidad de la Costa Dorada se celebra el llamado Salou Fest, y más de 10.000 jóvenes, la mayoría británicos, llegan al municipio para correrse la gran juega. Bailan, beben y se pasean por las calles semi desnudos haciendo pis en las esquinas. El beneficio que dejan en Salou ronda los cinco millones de euros.

Cinco millones de euros es no es moco de pavo: con las urgencias nocturnas que nos quería quitar Cospedal a los castellano-manchegos la Junta pretendía ahorrar precisamente eso, cinco millones de euros.

Con esto no quiero decir que los ingleses jaraneros tengan que venirse a orinar a Castilla La Mancha. Con esto lo que quiero decir es que los vecinos de Salou deberían ver Telecinco para comprobar dónde está el verdadero y auténtico “cagadero de Europa”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Karl y Anna

Autor: Leonhard Frank.

Editorial: Errata Naturae.

Karl y Richard sobreviven a duras penas en un campo de prisioneros siberiano. El primero escucha absorto cómo el segundo le habla de Anna, su mujer, que le espera en Alemania. Presta gran atención a los detalles sobre su carácter, su familia, su casa, su forma de hablar, sus tres lunares…Llega un momento en que los dos la añoran. Los dos están enamorados.

La pareja de trabajadores se deshace, y Karl inicia una larga caminata hasta Alemania para conocer a Anna. Bueno, para conocerla y algo más: se hace pasar por su marido. Los desajustes que provoca la guerra facilitan el enredo. Los protagonistas de este libro viven en un mundo habitado por individuos desencuadernados que en un momento dado se olvidan de pensar, se resisten a razonar, y se dejan llevar por las sensaciones, los sentimientos y las relaciones afectivas. Creen en aquello que sienten. Una forma tan lícita como cualquier otra de liberarse del miedo y la soledad.

En los días grises de la Primera Guerra Mundial el mundo estaba patas arriba en Europa. Tanto como para que fuese natural que mujeres que tenían a sus maridos en el frente viviesen con otros hombres. Para no estar solas, para sentirse protegidas, para poder comer…

Pero incluso en medio de la confusión, la miseria y las necesidades más atroces hay momentos para la belleza. Una chica se viste en la cama en las páginas 54 y 55, media docena de párrafos redondos. Hasta del caos es capaz de surgir el amor más inesperado y puro: “Lo que distinguía a aquellos dos seres de todos sus semejantes y los elevaba sobre ellos era que habían llegado a poseer la conciencia de su felicidad, y con ella el presente, el momento, la profundidad y la ternura interior, que puede revelarse en cualquier instante con una mirada”. Simplemente espléndido.

El último refugio

Quién iba a decirnos, hace cinco años, que Jordi Évole, el tipo insolente que surgía de entre el público del programa de Buenafuente haciendo comentarios irónicos y realizando preguntas mordaces, se convertiría en la gran esperanza de la televisión. Y que tendría un espacio propio, “Salvados”, que con el tiempo se consolidaría como una de las señas de identidad no ya de La Sexta, sino de la televisión española del momento. Secundario de Andreu, Évole no solo ha sobrevivido a la crisis televisiva, sino que gracias a las circunstancias, el criterio y una forma descarada y fresca de hacer periodismo se ha convertido en referencia: nadie cuenta la actualidad  con tanta claridad, nadie desmonta las mentiras de los  políticos con mayor descaro, nadie se agarra a la ironía con mayor sentido común.

“Salvados” celebró su quinto aniversario como el cine de antaño: con un programa doble de estreno. De entrada “Soy inmigrante”, un análisis necesario de la situación que viven los trabajadores que, como consecuencia de la debacle económica y el paro, tienen que abandonar sus países. Un problema de ida y vuelta: una mujer con una enfermedad crónica cuenta las dificultades que tiene para acceder a la sanidad en España, un soldador español recoge comida en el Salvation Army noruego. Espeluznante, y muy bien conducido por un Évole armado con una batería de preguntas, un iPad con incongruencias de la prensa tradicional, y una selección perfecta de personajes a entrevistar.

De segundo plato ofrecieron “Desmontando Salvados”, con el escritor, director de cine y columnista David Trueba que entrevista a Évole en un intento por analizar la evolución del programa, los momentos especiales, las curiosidades. Buena idea. David es uno de esos tipos incapaces de decir una simpleza, de escribir una línea torcida, de dejar escapar un detalle interesante. “Pienso hacer lo mismo que haces tú”, arranca David, “es decir, quedar yo bien y hacer quedar mal al entrevistado”.

Juntos, sentados en una nave industrial alrededor de una mesa, recuerdan los comienzos de “Salvados” y explican la evolución sufrida a lo largo de cinco años. Es decir, cómo han pasado del humor un tanto simple que suponía entregar la guitarra de juguete de Chiquilicuatre al Papa, a poner contra las cuerdas a un político de élite o denunciar una especulación urbanística. Después llegarían los momentos delicados, como esa entrevistas a Otegi días antes de un asesinato de ETA. Y las situaciones hilarantes, tocar la campana en Wall Street. O simplemente memorables, como las entrevistas a Matas, Cayetano Martínez de Irujo o Martínez Pujalte (“ese cruce entre López Vázquez y Saza”, dice David).

“La evolución del programa nos ha permitido que lo vea mucha gente de derechas”, asegura Jordi Évole. Es un gran comunicador, es rápido, está sobrado de desparpajo, tiene olfato a la hora de elegir y enfocar tanto temas como entrevistados, sabe escuchar y sobre todo trabaja a pie de calle. Es decir, sabe qué preocupa a la gente, de qué habla la gente, qué quiere discutir la gente, sobre qué quiere informarse la gente. La crisis del periodismo en general, y del televisivo en particular, mucho más grande de lo que pudiera parecer, le viene de miedo a “Salvados”, un espacio concebido como programa de entretenimiento que se ha convertido en referencia ineludible para aquellos que, además, quieren estar bien informados.

Muchos de mis colegas dicen que ya no ven telediarios. Entre semana “El Intermedio”, y el domingo “Salvados”. El último refugio.

Un motivo para NO ver la televisión

Bobby Rush

Cd: Down in Lousiana.

Bobby Rush nació en Los Angeles hace 73 años, pero su familia se mudó a Chicago, ciudad en la que la música flotaba por las calles. Desde entonces no ha dejado de tocar y cantar blues, soul y funk caliente. Guitarristas del calibre de Freddie King y Luther Allison le acompañaron en unos comienzos duros: Rush no grabó su primer disco como solista hasta 1979 (“Rush Hour”).

Espectacular en directo, Rush posee una voz tórrida que domina a la perfección. Una voz con la que interpreta desde blues primitivos, acompañado por una guitarra acústica, a temas más elaborados y cercanos al soul y al funk. La banda sonora perfecta para una película de Tarantino sobre los bajos fondos de una gran ciudad, las canciones que podrían sonar en cualquier tugurio oscuro con una pista de baile diminuto donde sirven licores clandestinos.

“Down in Lousiana” arranca sonando a puro sur, acordeones incluidos. Rush da clases de armónica e  invita al baile, pero también recita, amenaza rapear, arrastra blues eléctricos de corte clásico, y pasa de John Lee Hooker a Mr Dinamita en solo un corte, en apenas un gruñido. Gran disco, viejos blues.