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Dos colosos de la manipulación

Una de las máximas periodísticas más repetidas asegura que la credibilidad es muy difícil de conseguir y muy fácil de perder. Yo añadiría más: cuando se pierde, es para siempre. Alguien que ya te ha engañado, ¿Por qué no puede volver a hacerlo? Las cunetas, y los platós de las tertulias televisivas, están llenas de periodistas rotos, sentenciados por su credibilidad perdida.

Quizá por eso resultó enternecedor ver anoche en La Sexta al Pedro J de siempre frente al Évole posterior a “Operación Palace”.

Antes de comenzar, deberíamos hacernos una pregunta obvia: ¿Fue auténtica la entrevista de Jordi Évole a Pedro J Ramírez o se trató de otra… digamos que falsificación de la realidad, por parte del presentador de “Salvados”? Al final del programa no advirtieron del pufo, así que debemos entender que fue verdadera, real, una entrevista de las de toda la vida.

Una hora con Pedro J. ¿Desvelaría sus fechorías? ¿Descubriría sus falsas fuentes, sus entrevistas pagadas? ¿Contaría sus trapicheos empresariales? Antes morir que perder la vida. Así las cosas, lo realmente interesante de la propuesta de Évole fue que pocas veces los telespectadores tendríamos ocasión de disfrutar de un cara a cara entre dos manipuladores de semejante nivel. La élite de la adulteración. Si un hombre ha sabido mezclar periodismo y ficción, ese es Pedro J Ramírez, el ex director de El Mundo. Y si alguien nos ha sorprendido recientemente con su capacidad para mangonear la realidad ese es el bueno del ex Follonero. Los telespectadores que se divirtieron con la versión evoleniana del 23-F deberían husmear en las hemerotecas: alucinarán con la adaptación pedrojotesca del 11-M.

Y es que la sombra de la manipulación está presente en todo momento. “Los jóvenes compran El Mundo”, dice Pedro J al comienzo del programa, orgulloso, cuando una chica le pide al quiosquero su periódico. “Es para mi abuela”, dice la joven desmontando la teoría del periodista.

Pedro J hace una visita guiada a Évole por la vieja redacción de El Mundo en la calle Pradillo. Pedro J presume de periódico, de exclusivas, de Orbyt… Considera la vanidad como un mal menor para los periodistas. Asegura que Rajoy es un mal lector, que es aburrido, que le ha decepcionado, pero ya no le considera autor material directo de su cese al frente de El Mundo.

“¡La hostia!”, dice asombrado Évole cuando descubre la “salida secreta” de Pedro J a las pistas de padel. Una salida de emergencia. Hablan en ese descansillo de Aznar, de que jugaron un partido solo unos días después del atentado y el ex presidente le dijo: “¿QuÉ, ahora tengo carisma?”. Interesante anécdota. Ya en su antiguo despacho, Pedro J recuerda que el suelo azul es de Ágata. “Tiene mucha luz… cristales blindados”, dice, justo antes de hacer la primera declaración sorprendente: “Nunca he participado en una trama delictiva”.

Dos grandes profesionales de la comunicación  audiovisual se habían citado en ese cruce de caminos donde coinciden el rigor y la fábula. Y hablaron y hablaron. “¿A mí me estas utilizando tú?”, preguntó Évole a Pedro J. “O a la viceversa”, respondió el ex director. Y se rieron de lo que sabían y callaban, de lo que sospechaban y silenciaban, de lo que pensaban y se guardaban. De la fortaleza del poder y la debilidad de la prensa. De que Pedro J no dudaría en publicar una noticia que perjudicase a su propio padre.  De sus editoriales contra ETA (hay que matarlos) en Diario 16. De los tirantes y de la teoría de la conspiración: “No descarto la participación de ETA en los atentados, pero la veo improbable”, insistió Pedro J. Y los telespectadores, en un show televisivo tremendamente interactivo, tenían que decidir cuánto había de verdad en sus palabras y cuánto de fraude. ¿Estábamos escuchando al Pedro J del 11-M o al periodista serio y creíble que asegura ser? ¿Quien metía el dedo en el ojo al ex director de El Mundo era el Évole cuentacuentos del 23-F o el que se propone como alternativa al periodismo aburrido y dócil?

Terminamos este post tal y como lo empezamos, hablando de credibilidad. Para recuperar la suya, Pedro J tendría que devolver a sus lectores el dinero de cada ejemplar del periódico vendido con patrañas. Évole lo tiene mucho más fácil.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Élisa

Autor: Jacques Chauviré.

Editorial: Errata Naturae.

Élisa

Deje lo que esté haciendo en este momento. Relájese, prepárese un té (o un buen whisky) y dispóngase a pasar un par de horas en la gloria. Antes debe haber bajado a la librería y comprado “Élisa”. Ya con el libro en las manos, siéntese en su sillón favorito, junto al fuego de la chimenea, si la tiene, y deje que su gato, si lo tiene, se acomode a su vera.

“Élisa” es una historia que le proporcionará paz. En una de sus páginas el autor describe el momento que viven los protagonistas, Jacques y Élisa, como “unos instantes de sencilla felicidad”. Y es que este pequeño gran libro, primorosamente editado por Errata Naturae, es una sublime apología de la sencillez, de la felicidad y de la melancólica belleza. La vida simple, las relaciones apasionadas y una sed inagotable, la de Jacques, por una Élisa que endulza cada uno de sus días.

Cuando acaba “Élisa” el lector siente que tiene entre las manos un libro trampa que va mucho más allá de sus 61 páginas. Las ganas de regresar al comienzo, y empezar a leer de nuevo, son enormes: quizá hayamos perdido tonos de colores arrebatados, tal vez algunos matices hayan quedado en las esquinas, es posible disfrutar de nuevos detalles del proceso de iniciación, de esa piel tan cercana a los pechos, de esa manera de descubrir “los vínculos secretos que unen el amor y la muerte”.

“Élisa” representa el descomunal placer de la literatura breve. Y el descubrimiento del francés Jaques Chauviré (1915-2005). Un escritor humilde, de reconocimiento tardío y obra desconocida en España,  que a partir de ahora ocupa un lugar entre los inolvidables.

¡Ho, Ho, Ho!

Es bien sabido que Pedro J Ramírez representa el espíritu navideño: todo bondad, todo paz, todo alegría, todo amor por el prójimo. Quienes tengan alguna duda sobre esta afirmación, y desconfíen del espíritu fraternal y afectuoso del aún director de El Mundo, deberían ver de inmediato este enternecedor proceso transformista…

¡Cómo le queda el rojo al puñetero! Como un guante. Y él lo sabe. Travestido en esta ocasión de Papá Noel, Pedro J demuestra al planeta cómo tiene que ser el director de un periódico del siglo XXI. Atrevido, alegre, dicharachero, una miaja frívolo, un tanto desvergonzado, yo diría que incluso un pelín insustancial… Y no solo cuando se trata de manipular la información. También a la hora de elegir el vestuario y de vender un producto nefasto: “Casi no doy abasto. Todo el mundo quería Orbyt esta Navidad”, dice un Pedro J Noel que promete “un 2014 lleno de periodismo independiente”. “Ho, Ho, Ho, Ho, Ho”, se descojonan los lectores con criterio.

A un servidor ha sido ver a Pedro J vestido de Papa Noel y olvidársele que el maestro de periodistas, además de prestigioso showman, insiste en su diario en las imaginarias dudas sobre los autores del 11M. No pierda de vista ese gorrito tapa calvorotas, esa barba acrílica, ese flequillito engrasado, esa mirada bonachona… Este hombre es un pedazo de pan, además de un periodista como la copa de un pino.

Voy a tener el atrevimiento, desde mi modesta posición de bloguero juntaletras, de hacer una recomendación al gran Pedro J. Desde el respeto más absoluto y el más viril de los cariños, por supuesto. Querido director, si espabila aún tiene tiempo de preparar otro espectáculo audiovisual como este e intentar seguir vendiendo esa patata llamada Orbyt en fechas próximas. Y es que ya le estoy viendo disfrazado de Melchor, larga túnica, frondosa barba y fieles escuderos. García Abadillo a su vera convertido en Gaspar, y Eduardo Inda en el papel de Baltasar. Un trío de reyes que nos devolvería la confianza ya no solo en el periodismo, sino también en la monarquía. Y es que en Navidad todo es posible…

La Sexta noche

La Sexta ha estrenado ‘LaSexta noche’, un programa debate maratoniano para, dicen, entender en una sola velada lo que ha sucedido durante toda la semana. ¡Más les valía quitar de una puñetera vez esos capítulos de ‘Bones‘ que ya hemos visto 87 veces! pensará el telespectador con criterio. Pero no, en La Sexta parecen más interesados en espacios que les confieran cierta influencia política que en entretener al espectador: esta versión de ‘El gran debate’ (Telecinco) es sólo eso, una versión, que comienza media hora antes para intentar anticiparse al espacio original y atrapar al zapeador despistado.

La copia de una basura no puede ser gran cosa. Iñaki López hace de Jordi González, y Andrea Ropero es Sandra Barneda. Los tertulianos de Telecinco, esa subespecie humana, son aquí una tal Paloma Zorrilla, Miguel Ángel Revilla  o Rocío Aguirre, la hermana, atención, de Esperanza Aguirre. No la han contratado por ser familia de quien es, asegura el bueno del presentador, sino por la de cosas que tiene que contar. Si usted se cree esto tras escucharle una sola frase,  puede que incluso se crea el resto del programa.

Fíjese lo que le voy a decir…. Puede que se crea incluso la presencia de Pedro J Ramírez en calidad de estrella no ya del periodismo y la comunicación, sino de la verdad y la justicia. Sí, Pedro J Ramírez, el mismo del 11M y la casete de la Mondragón, resulta que ahora es súper amigo de los jefes de La Sexta, y entre él y Eduardo Inda les rellenan programas que da gloria. Están en buenas manos. Y es que en La Sexta apuestan por el periodismo serio y riguroso.

“Cantabria es una plaza buena para que, aunque lleves una vaca pinta en las listas, la gente te vote”, dice Revilla ante el delirio del público, que en un alarde de criterio comienza a aplaudir. “Lo que tiene que hacer Bárcenas es devolver el dinero, como los de los ERES y Puyol y toda la gente que ha robao. La gente lo apreciaría muchísimo“, sentencia la hermanísima en un ejemplo de reflexión y análisis. Interesantísimo debate sobre la actualidad, qué duda cabe. Pero eso no es nada, un aperitivo con cuatro cacahuetes… Atención al plato fuerte.

El presentador comienza a humedecerse: “Está con nosotros esta noche el periodista más influyente… 23 años destapando casos de corrupción… Y ahora mismo el perejil de todas las salsas. Nadie sabe más del caso Bárcenas, del caso Urdangarin…”. “Y no te olvides de Amy Martín“, dice un Pedro J sonriente que tiene serios problemas para disimular su erección. ” No hay ni un solo español que dude que Urdangarin es un memo”, dice, antes de contar cómo rechazó la famosa foto de Chávez que publicó El País. Vende su portada del día siguiente, y ríe su gracia: “Nosotros también damos la foto del falso Chávez, pero porque hemos entrevistado al médico que le salvó la vida hace cinco años”. Y se queda tan ancho. “Yo no sé si estaba el islamismo radical tras el 11M…”, había afirmado poco antes, quizá para que los telespectadores pudieran valorar en toda su grandeza el resto de su discurso.

Después, mas debate chillón, algún reportaje callejero con tintes amarillentos (hambre en las calles, nuevas drogas)… y se acabó. Esto es básicamente ‘LaSexta noche’. Más de lo mismo. ¿Periodismo? Yo no diría tanto.

Macacos pornográficos

Tenía previsto comentarle hoy algo sobre los 400 trabajadores que se van a quedar en la calle tras los expedientes de regulación de empleo (ERE) previstos en la agencia de noticias EFE y en el diario El Mundo. El diario de Unidad Editorial inició ayer mismo el proceso de despidos, por lo que entré en el Twiter de su director, Pedro J Ramírez, para sondear su estado de ánimo. Esperaba una genialidad para la historia, algo en la línea de James Gleick y su inolvidable “El capital de un periódico son sus periodistas”. No me decepcionó…

“Acabo de llegar a Manhattan y me entero de lo del triple de Marcelinho. Qué pasada!”, decía el último comentario de Pedro J, dedicado a la jugada decisiva del partido de baloncesto entre el Real Madrid y el Barcelona. A la mañana siguiente, sin duda atormentado por los periodistas que su mala gestión dejaba en el paro, Pedro J escribió dos tuits estremecedoramente honestos y melodramáticos: “Bdías. Qué gran noticia para despertarse en Nueva York! Ordenan investigar falso testimonio contra Zougam”; “Dando un paseo por el Hudson en el borde sur de Tribeca. :)”.

Si Pedro J no tenía nada que comentar de su propio ERE, ¿quién era yo para hacerlo? Cambio de tema sin dejar de hablar de perversiones. Por si usted no lo sabía, un grupo de investigadores de la Universidad de Duke ha descubierto lo que consideran “un interesante antecedente de la condición humana”: los macacos macho están dispuestos a pagar (con zumo de frutas de su propiedad) por ver fotografías pornográficas en las que hembras de su especie les enseñan el culo y los genitales. La depravación de estos monos guarretes no tiene límites, puesto que también pagan por ver las caras de los ejemplares de su grupo que disfrutan de cierto estatus. Los famosetes.

¿Cuántos bidones de Zumosol estaría dispuesto a ofrecer un vicioso mico por contemplar una foto de Ágata Ruiz de la Prada?  ¿Y por hacerse una foto juntos?

 

Un motivo para NO ver la televisión

31 noches

Autor: Ignacio Escolar.

Editorial: Suma de letras.

No es tiempo de ganadores. Un policía violento y corrupto, un gorila de discoteca polaco y un muerto viviente que se dedica al periodismo y tiene una enorme facilidad para meterse en líos. Los tres protagonistas de “31 noches” parecen condenados al fracaso desde la primera página, desde la primera noche de un tórrido mes de agosto que el lector vive día a día, golpe a golpe.

Nuestros tres amigos beben gin tonics cuyos hielos “tintinean como serpientes de cascabel”, eliminan a sus rivales con ácido sulfúrico y son especialistas en tomar decisiones equivocadas. Añada a estos individuos nueve kilos de cocaína pura y tendrá los ingredientes perfectos para una novela negra corta e intensa, con momentos realmente brillantes, que se lee en 90 minutos. De un tirón, como debe ser.

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