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El fútbol es así

Esta frase de entrenador viejuno, evidentemente pueril, tiene algo de miga y mucho de verdad. El fútbol es así, con su lado luminoso y su cara oscura. La luz, la del balón y sus feligreses, esos chavales criados a pie de cancha, entre caños y regates, que siguen sintiéndose niños por el resto de sus vidas durante 90 minutos. Y la oscuridad, el negocio que devora el deporte y desvirtúa el juego, la de los presidentes analfabetos y los directivos corruptos, la de las televisiones voraces y la burbuja, la de los representantes depredadores, la del público embrutecido y la violencia.

El caso De Gea es un ejemplo perfecto del lado oscuro. Un jugador que dijo en su día que no ficharía por el Real Madrid ni aunque le ofrecieran “un cheque en blanco”. Un presidente obsesionado por fichar a un portero que no necesita, tiene la portería bien cubierta, a un precio desorbitado: dentro de un año podría ficharle… ¡Gratis! Un club que hace el ridículo a nivel internacional con un fiasco histórico, tras un vergonzoso culebrón veraniego.

¿El fútbol es así? No necesariamente: así son quienes dirigen el fútbol. Las mafias federativas, las mafias de los clubes, las mafias de las televisiones. El caso De Gea es mucho más que el patético fracaso de un fichaje. Es la podredumbre del fútbol. La soberbia y la prepotencia. La ausencia de ética, las dudas sobre la honradez y la legalidad. Los millones de euros que tienen que moverse a la fuerza, algo siempre queda en el camino. El desprecio por el socio, por el aficionado, por el sentido común.

El fútbol es así. De cutre.

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Un motivo para NO ver la televisión

La débil mental.

Autor: Ariana Harwicz.

Editorial: Mardulce.

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Madre e hija se sumergen en un viaje a sus propias entrañas, en una experiencia brutal, íntima y sobrecogedora, capaz de arrastrar al lector en un mismo párrafo desde la ternura a la violencia. Vidas paralelas que circulan alrededor del dolor y el sexo, de la tristeza y la necesidad, de la oscuridad y el desamparo, de la familia y la incomunicación, pero también de un amor infinito y una ternura acongojante.

No hay momentos de tregua en la lectura de “La débil mental”. La escritora argentina Ariana Harwicz coge al lector por el cuello en la primera página, y no le suelta hasta la última, cuando está a punto de asfixiarse en una prosa densa, la mayoría de las veces directa y contundente, en ocasiones enrevesada y difícil, siempre sugerente y emotiva.

Una novela corta de brutal intensidad que deja un regusto a derrota y una escritora a seguir: Ariana Harwicz.

 

 

Hasta nunca, Rojo

Telemadrid ha despedido a Alfonso Rojo. O si usted lo prefiere, no le ha renovado el contrato. La noticia es que después de todo un año presentando el programa “Más Madrid”, un periodista tendencioso aficionado al insulto y la maledicencia dejará de aparecer en la televisión pública de los madrileños. ¿Una buena noticia? A medias…

Telemadrid se libra de un personaje nefasto. Esta es la buena noticia. La mala, que todos los directivos de Telemadrid que, lejos de prohibir el paso de individuos como Rojo a las instalaciones de la cadena, le abrieron las puertas de la misma, le pusieron al frente de un programa y le pagaron (dinero público) por ello, siguen en sus despachos, aferrados a sus cargos y sus nóminas.

La tan cacareada transición en Telemadrid sugerida por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, de momento solo es una broma de mal gusto. Los problemas de la cadena pública madrileña van mucho más allá de Rojo, un simple grano en el culo de una cadena consumida por las hemorroides ideológicas: Telemadrid no es una televisión, es un instrumento de propaganda del PP madrileño. Echar a Rojo es una anécdota dermatológica, cuando lo que Telemadrid necesita es despiadada cirugía.

Mientras no se desmonte de raíz la infraestructura propagandística montada por Esperanza Aguirre y sus secuaces, Telemadrid seguirá siendo una vergüenza para todos: madrileños, periodistas y hasta los miembros honrados y cabales del PP, que imagino existen.

Un motivo para NO ver la televisión

Un buen hijo.

Autor: Pascal Bruckner.

Editorial: Impedimenta.

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Demoledora autobiografía del filósofo y novelista francés Pascal Bruckner, en la que presta especial atención a la influencia de su padre, un tipo instruido pero despiadado, un fascista de tomo y lomo, que marcará su vida. “En casa, la muerte reinaba como dueña y señora, todos éramos cadáveres diferidos, obligados a vivir protegidos como un burlete”.

Bruckner escribe de maravilla, cruzando en este libro fascinante anécdotas personales con reflexiones vitales y filosóficas. Es una cruda novela de formación, como bien reza la contra portada, pero también la espeluznante descripción de un individuo brutal, de un padre violento, despiadado, malvado. El hijo sobrevive a duras penas a la crueldad de un tipo que parece indestructible, y que resulta destructivo y perverso hasta el final de sus días. “Crecer es inventar la propia vida: envejecer es reducirla a algunos elementos anteriores. Si las decisiones han sido erróneas, la vejez será la imagen de esos errores”.

Destaca, por encima de las miserias familiares, el amor de Bruckner por la reflexión, por la cultura, por la literatura: “Los libros me han salvado. De la desesperación, de la estupidez, de la cobardía, del tedio. Los grandes textos nos izan por encima de nosotros mismos, nos ensanchan el alma hasta que alcanzamos las dimensiones de una república del espíritu”. Este es uno de esos grandes textos.

 

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Arcadas de sangre

Pasan los veranos, como pasan las modas, las penas, las oportunidades, las desgracias y el resto de cosas inevitables de la vida. Pasan las horas, los días, los meses y los años, pese al trabajo del cirujano y a las toneladas de botox. Todo pasa. Y ella queda. La princesa del pueblo sigue allí. Siempre. Al pie del cañón, al frente del negocio, defendiendo el fuerte, con la fuerza inhumana que da la inconsciencia, con la convicción ciega de los fanáticos, con la energía de los insensatos y la urgencia de los buscavidas. Todo se acaba, todo muere, es un hecho. Pero ella permanece, seguramente para recordarnos la fragilidad del ser humano: somos unos mierdas.

Belén Esteban regresó de sus vacaciones el sábado y, todavía con arena en el culo, se pasó por el plató de Telecinco (“Sálvame”). Consiguió el mejor dato de la versión de fin de semana del espacio del corazón, con un 16,6% de cuota de pantalla y casi 1,4 millones de espectadores, y se retiró entre aplausos a sus aposentos en palacio. La realeza plebeya sigue reinando en la televisión comercial.

No mejoramos. La pantalla sigue siendo un estercolero, con el mismo icono de siempre iluminándonos desde la montaña de excrementos: la ex de Jesulín permanece en la cima, reluciendo como un orondo Corpus Christi, para recordarnos cómo es la televisión en España. Cómo es España. No hacía falta. Un verano macabro, sin grandes noticias pero con excelentes sucesos, nos ha recordado en cada informativo que vivimos en un país donde los hombres asesinan a las mujeres, donde los toros matan a los hombres, donde la ignorancia y la incultura están acabando con la inteligencia. El país de Belén Esteban. Y de Esperanza Aguirre y Felipe González, del ABC y La Razón, de Telecinco y Telemadrid, de las tradiciones y las fiestas nacionales, del regreso al ladrillo y el adiós a la educación: España es líder en la Unión Europea en fracaso escolar, con una tasa del 21,9% que dobla la media comunitaria. Arcadas de sangre.

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Un motivo para NO ver la televisión

Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

CD: Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

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Mi disco de las últimas semanas, quizá de los próximos meses. Un huracán de rock y blues. Nathaniel Rateliff, cantautor de Denver, Colorado, metió su guitarra acústica en la funda en 2013, formó una gran banda, The Night Sweats, y grabó un primer disco explosivo. Puro ritmo y blues, con ecos de los grandes sellos de la música soul, pero producido de manera innovadora, un sonido que podría trasladarnos a una noche de copas con Tom Waits y Otis Redding bebiendo hasta el amanecer.

El primer disco de Nathaniel Rateliff y sus Night Sweats es una de esas maravillas que gana intensidad con cada escucha, que crece con cada tema, que sorprende por sus mil matices, por la fuerza de la voz y la originalidad y el riesgo de los arreglos. Un trabajo tan potente, una grabación tan sólida y atemporal, solo podía estar editada por una discográfica de leyenda: Stax. Absolutamente imprescindible.

 

El sonido del dolor

Un técnico de sonido de televisión escribe su visión de las corridas de toros: “Si en lugar de la mezcla de sonido de la banda de música, aplausos, bravos, olessss y demás… el sonido fuera el que capta el Sennheiser 816 (micrófono que capta a gran distancia y buena calidad) a pie de ruedo, donde se escucha perfectamente el sonido de las banderillas al entrar en la piel, los mugidos de dolor que da el animal a cada tortura a la que se somete… y además lo acompañáramos de primeros planos de las heridas que lleva, de los coágulos como la palma de una mano, de la sangre que le brota acompasada al latir del corazón o la mirada que pone el animal antes de que le den la estocada final, creo que el 90% apagaría el televisor al presenciar semejante carnicería a ritmo de pasodoble”.

Las palabras de José Sepúlveda suenan estremecedoras. Pero lo cierto es que no deberían sorprendernos tanto. ¿Realmente creemos a esos taurinos que afirman que el toro no sufre durante la lidia, que ha nacido para crecerse en la pelea, que no puede tener mejor final un animal de su nobleza?

El sonido del dolor, de la tortura, es una parte terrible de las corridas de toros que la televisión escamotea. Como muy bien dice el técnico de televisión, y como saben todos los que pisan las plazas, es necesario tapar las resonancias, murmullos y alborotos de la agonía con un pasodoble. Si no, resultaría insoportable. Aún más insoportable.

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