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Servicio público

“Lo que manda es el dinero”. Los reyes del empeño.

La Sexta, cadena B de Atresmedia, el negocio audiovisual de José Manuel Lara, ha estrenado un programa muy bueno y muy bonito y muy práctico que se adapta de maravilla a las necesidades actuales de los ciudadanos españoles. Se llama “Los reyes del empeño”, y es tan bueno y tan bonito y tan práctico que debería considerarse servicio público: los telespectadores tienen ocasión de aprender picardías y trucos para poder deshacerse de sus objetos personales, recuerde que estamos en crisis, y así poder llenar la nevera, pagar la hipoteca o incluso el tratamiento para la hepatitis C. El reloj del abuelo, el equipo de música, el anillo de boda… Un usurero le dará cuatro duros por esos objetos, el muy joputa, pero a cambio usted igual puede llegar a fin de mes. Y si resulta que no es su caso, que usted tiene perras y es un consumista desenfrenado, no se pierda el chollo: puede ahorrarse sus buenos euros si compra de segunda mano, chorretones de fritanga incluidos, esa freidora a la que tiene echado el ojo.

Un ejemplo: Francisco se acerca a la tienda para vender un ventilador, un muñeco teledirigido y una cafetera. Pide por todo 30 euros. “Vengo por necesidad”, dice. “Cuando salga usaré el dinero para dar de comer a mis hijos”. Un gran programa, qué duda cabe. Docu realidad de la buena. Servicio público en estado puro.

Considerando el momento social que vive España, en La Sexta muy bien podrían haber apostado por formatos como “Los reyes del desahucio”, “Los príncipes de la malnutrición” o incluso “Los monarcas de la pedofilia”. Pero como por algún sitio hay que empezar, los chicos de Lara han puesto a currar sus neuronas a tope y han creado un espacio original basado en el trapicheo y la segunda mano. Algo que debería funcionar de maravilla en un país con una situación económica como la nuestra, insisto. ¿Cómo dice? ¿Que ya existen programas similares en otros países, como “La casa de los empeños”, “Empeños a lo bestia” o “El precio de la historia”? Bueno, pues retire lo de original y lo de neuronas a tope…

“En el mundo del empeño nadie dice la verdad”, reconoce la voz en off que introduce el programa. Lo importante es negociar, afirman. Un tipo se presenta en la tienda con unas botas de Messi que quiere pulir. “¿Las quieres empeñar o vender?”. Vender, “por 6.000 euros”. Los reyes del empeño se retiran a sus oficinas “a estudiarlo”. Estrategia, tensión y regateo son, dicen, los ingredientes del programa. “Aquí ha metido su puto pie Messi, estoy tocando su sudor, las tengo en mi puta mano. ¡Es lo máximo! ¡Las quiero en mi tienda!”, dice el tendero a su socio. Regresan al mostrador y ofrecen 650 euros por las botas. “Por eso no las vendo… como mínimo por 3.500 euros”, afirma el vendedor. “Te voy a decir una cosa: A mí me gustan las cosas que hayan tocado gente especial en el mundo, vamos a decir… por eso te doy 800 euros en efectivo ahora mismo”, responde el trajeado chamarilero. “No. Por menos de 2.500 no las puedo vender”. “De verdad las quiero, y quiero ayudarte: quédate con 850 y hacemos trato ahora mismo”. “De 1.800 no bajo”. “Te doy 950 euros, es mi última oferta, y te prometo que nadie en toda España te va a dar este dinero. Piénsatelo”. “Os agradezco vuestro tiempo, pero de 1.500 no puedo bajar”. “1.100 euros, cógelos, de verdad, hazme caso”. “1.150”. “1.250”. “No puedo, 1.150, ahora mismo, hazme caso, firma, no vamos a llegar a más, te lo prometo, por mi vida”. “Trato hecho”.

Para esto no hace falta poner la tele, pensará el lector con criterio. Basta con acercarse al Rastro cualquier domingo por la mañana. ¿Y el resto del programa? Pues más de lo mismo, pero con otros objetos y diferentes pardillos. Como viene siendo habitual en esa fábrica de talento que es la tele española, se trata de una burda copia, hasta en los detalles más pequeños, “nunca se sabe que va a entrar por esa puerta”, de los programas similares que se emiten en otros mundos. Un espacio de auténtico saldo.

En el vídeo, la versión original de “Los reyes del empeño”

 

Un motivo para NO ver la televisión

Han llovido 15 años.

CD/DVD Homenaje a Enrique Urquijo.

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Enrique Urquijo, uno de los grandes genios del pop-rock español, se marchó el 17 de noviembre de 1999. “Han llovido 15 años” es parte de la letra de la última canción grabada por Enrique, “Hoy la vi”. Y el título elegido por Rafa Higueras, impulsor de un proyecto que culmina con este homenaje, en forma de CD/DVD con 20 versiones de canciones suyas interpretadas por amigos y seguidores. La lista de colaboradores es larga: Leiva, Los Elegantes (Juanma del Olmo, Pedro López), Burning (Johnny Cifuentes), Mamá (Jose Mª Granados), Pancho Varona,  Álvaro Urquijo-Los Secretos,  Chema Vargas-Jesús Redondo (Los Secretos), III Republica (Josu García y Pablo Martín), Marwan, Andrés Suárez, Txextu Altube, Rafa Higueras, Ramón Arroyo (Los Secretos), Diego Cantero Funambulista, Casa Rusa, Vicky Gastelo, Rebeca Jiménez, Jorge Marazu y César Pop.

Todos los temas que forman este “Han llovido 15 años” son magníficos. ¿Las versiones? Algunas se ajustan a las originales, otras, las mejores, sorprenden. Como por ejemplo el enorme blues en que los Burning convierten “Siempre hay un precio”, solos de guitarra incluidos. O los metales del vitamínico “Desde que no nos vemos” de Juanma Elegante. O el emotivo “No lo sé” de Mamá. O los temas interpretados por Álvaro Urquijo y Ramón Arroyo.

Un disco nostálgico, no podía ser de otra manera, que nos recuerda que Enrique era un compositor descomunal, que su talento era ilimitado, y que sus canciones continúan emocionando. Se le echa mucho de menos…

 

El hombre del tiempo

El tiempo es un sicario implacable. Durante toda la vida sientes su aliento en el cogote, pero solo a partir de cierto momento eres consciente de lo frío y hediondo que resulta. El tiempo es un coñazo, por implacable y necesario, por firme e insobornable. El tiempo resulta inmanejable. Excepto para algunos privilegiados.

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El cartel, situado en la puerta del bar del pueblo, advierte de la presencia de un artesano: “Se arreglan toda clase de relojes”. Junto a la tienda de comestibles, en plena calle, un hombre ha montado su pequeño taller: una mesa de camping con los destornilladores, las lupas y las maquinarias destripadas. Otra mesa con una montaña de pelucos de saldo. Aquí no encontrará usted el Viceroy de Fernando Alonso. Relojes sobados con correas de plástico, cristales rayados y un sinfín de horas desajustadas. En el otro lado, en el suelo, una maleta con gafas: a cala y cata.

El hombre del tiempo tiene una oferta irresistible: por tres relojes viejos te da uno funcionando. En estos tiempos de complejas teorías macroeconómica y sus enmarañadas aplicaciones en el entorno empresarial, se agradece el candor de este obrero del horario. Tres rotos por uno en marcha. Una oferta irresistible en el mundo rural, situado a años luz de las joyerías de las grandes ciudades. En el pueblo se escuchan las campanadas de la una, y entonces algunos van a misa y otros a tomar el aperitivo, depende.

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El hombre del tiempo pone cuatro pilas, levanta una manecilla caída, sustituye una correa roída y cierra un trapicheo. ¿Tres Rolex por un Casio? Para nada. El hombre del tiempo sonríe, recoge sus mesas, cierra la maleta y arranca la furgoneta. Nunca le entrevistarán en los suplementos premium de los grandes diarios. Nunca será considerado un maestro en el “Gran Saber Hacer” que se exige a los artesanos joyeros de las grandes marcas. Nunca será exclusivo, nunca trabajará para VIPs, nunca será portada de MDT (Máquinas del tiempo), la revista más cool del mundo de la relojería.

Con el hombre del tiempo la maquinaria se invierte. Las horas, los años, retroceden, circulan en sentido contrario, y nos sitúan donde verdaderamente estamos. No en el deslumbrante momento de finales de 2014 que marca el Richard Mille de Rafa Nadal, sino en el difuso instante de la España negra que señala el desahucio de Carmen Martínez Ayuso, de 85 años, del número 10 de la calle Sierra de Palomeras, en el barrio madrileño de Vallecas.

El maldito reloj nos engulló…

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Un motivo para NO ver la televisión

The Bloodhounds.

Cd: Let Loose!

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Mis Stones favoritos son los del Exile On Main St., los del Some Girls… y por supuesto los primeros. Aquellos jóvenes sin malear que conservan el espíritu de Muddy Waters y el sonido de los garajes con humedades. Los Stones del blues and rock, de las canciones primitivas, de Chuck Berry revisitado con un sonido rasposo y fiero. Los Stones a los que se parecen, de forma brillante, estos cuatro músicos de Los Angeles que han grabado un disco auténtico, formidable. Los años 60 en pleno 2014. Otra burla al tiempo.

Pequeño gran Nicolás

Faltan solo unos minutos para las diez de la noche del sábado. “Esta noche vosotros vais a ser privilegiados”, tutea a los telespectadores la presentadora de “Un tiempo nuevo” (Telecinco). Unos telespectadores que pueden ver cómo entre los tertulianos del programa se encuentran Ramoncín y Miguel Ángel Rodríguez. ¿”Un tiempo nuevo”, decía usted? ¿Con Ramoncín y Miguel Ángel Rodríguez? ¿Privilegiados telespectadores? Prefiero un fin de semana en una autocaravana con Charles Manson en pleno mono de crack que una velada de sábado viendo en la tele a Ramoncín, Miguel Ángel Rodríguez… y el pequeño Nicolás. Pero la vida te lleva por caminos raros.

Nicolás tiene mal aspecto en los vídeos: rostro orondo, barba rala, sudadera blanca, mirada bovina, pelo casco, paletos prominentes, papada… Podría ser un rehén yihadista. En plató gana mucho, puesto que aparece minuciosamente afeitado, rostro lustroso ligeramente sonrosado, camisa azul, mirada ovina, paletos prominentes, papada… ¿un toque de rimmel? Su discurso, espeso como un barreño de atascaburras, no varía del directo al grabado. Nicolás se enreda en una de las entrevistas más largas, tediosas, surrealistas e insignificantes que recuerdo. A la media hora sé que nada de lo que dice Nicolás me importa un pimiento, que nada de lo que diga me importará jamás.

Me subo al bar del pueblo a dar una vuelta…

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Dos gin tonics después regreso a casa y me encuentro con el pequeño Nicolás haciéndose un selfi con Mariló Montero en el plató de Telecinco. Han pasado casi tres horas de entrevista exclusiva. De Moncloa y de Zarzuela, de material sensible y de líneas rojas. De secretarios de las Infantas y de organismos, vicepresidencias y ministerios. Charlie del CNI, Francisco Nicolás es la mascota Popular, el cachorro de Génova, un crack de chichinabo. Un asco de chaval.

La mediocridad de este país no da tregua. Dan fé de ello las portadas de los periódicos: El jueves la espicha una grande de España, el viernes enchironan a la viuda de Paquirri, el sábado arranca la carrera mediática del pequeño Nicolás… Los dos primeros acontecimientos abrieron El País, fotografías en color de espíritu sepia. El tercero fue exclusiva de El Mundo, una entrevista del XVI en el XXI, la apoteosis de la moderna picaresca ibérica. Una exclusiva que duró solo unas horas, las que tardó el Guzmán de Alfarache del PP en protagonizar el show político de Telecinco. El moribundo periodismo tomó el pulso a una sociedad anestesiada, y se encontró con que la frecuencia cardiaca de los españoles está bajo mínimos. La sangre no circula. Las venas están llenas de bilis. El corazón solo bombea mierda. Nicolás se convierte en  trending topic. “Un tiempo nuevo” dobla a su rival en La Sexta con un brillante 21,1% de audiencia.

En los 38 días que ha permanecido escondido Nicolás se dejó crecer la barba para las fotos y los vídeos. ¿Consejo de su abogado, de los periodistas de investigación, de su asesor de imagen? En un país diminuto, el pequeño Nicolás ha aparecido en la tele y ha dejado de ser imberbe. Se ha convertido en todo un hombrecito. ¿Recuerda usted la corta estatura y la valentía del Dustin Hoffman que interpreta a Little Big Man en la película de Arthur Penn? Pues resulta inversamente proporcional a la escasa decencia y el enorme descaro de Francisco Nicolás Gómez Iglesias, el gran Nicolás, último engendro de esa fábrica de esperpentos que es la derecha española. Joven aunque sobradamente maleado, Nicolás ya ha catado las mieles del poder político y del poder mediático. A la sombra de AznarAguirre, González y compañía se curtió en el arte de la mamandurria. Al amparo de El Mundo y Telecinco ya sabe lo que son los focos y el confeti. ¡Lástima de espía que llegó de Génova, tan pequeño y tan insignificante, tan exclusivo y tan televisivo! ¡Pobre Nicolás, manipulador manipulado!

Un motivo para NO ver la televisión

El caso Galton.

Autor: Ross Macdonald.

Editorial: RBA.

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¿Qué busca el lector de novela policiaca? Tramas sólidas y bien estructuradas, personajes malvados, diálogos ingeniosos y finales sorprendentes. De todo ello encontramos toneladas en este clásico de Ross Macdonald de 1957 reeditado por RBA en su serie negra. Todo es perfecto en este libro de sencilla complejidad: hasta los momentos más enrevesados tienen una solución simple. Nada queda en la recámara. El bien y el mal se cruzan, nos confunden, pero finalmente se delatan. Nada es lo que parece, nadie es quien imaginas.

Todo arranca cuando Lew Archer, detective legendario, recibe un  encargo de una anciana millonaria: debe buscar a su hijo, desaparecido décadas atrás. Sólo unas páginas más tarde aparecen los huesos de un cadáver sin cabeza, un muerto reciente, un nieto abandonado, una organización mafiosa…  Macdonald maneja todos estos ingredientes con enorme habilidad, con descomunal talento: la historia no tiene una sola fisura, y el lector se mueve por ella con enorme placer.

Cuando uno lee novela negra busca aquello que ofrece Macdonald. Crímenes complejos, tramas brillantes y personajes inolvidables. una novela negra no puede ser mala cuando incluye a un vendedor de coches llamado Joe el Generoso, y menos cuando lo describe de la siguiente manera: “Un hombre de pelo entrecano con un traje de color helado que le daba un aspecto de galán barato. Tenía la cara morena y picada como una escultura de bronce de Epstein, y sus dos mitades no acaban de encajar. Cuando me acerqué más, vi que uno de sus ojos castaños era de vidrio, lo que le daba aspecto de estar constantemente sorprendido”. Brillante.

 

Un país de luto

La vida se va a negro. Con doña Cayetana en el hoyo y la Pantoja en penumbra se nos hace de noche. Con la duquesa en el agujero y la folclórica en la puerta del trullo, todo un país, España, se queda a oscuras. Las tinieblas. ¿Qué ha sido del sol de Andalucía, de la copla y el baile, de las alegrías y las bulerías, del rebujito y el olor de los galanes de noche, de la devoción a dios todopoderoso? Las hermandades de Sevilla están de luto, como lo están los toreros artistas, los fabricantes de trajes de flamenca, los cortadores de jamón Joselito y hasta los gitanos buenos (los que cantan en las fiestas de los ricos, no los que recogen chatarra). Huérfanos, así nos quedamos los españoles sin la duquesa y sin la cachulina. Sin la mujer tropecientas veces Grande de España y sin la viuda de Paquirri. Qué digo de Paquirri… ¡De ESPAÑA! Sin terrateniente y sin defraudadora. El quebranto. En sus atalayas, las vírgenes de escayola lloran lágrimas de Betadine. No nos queda nada, salvo Cayetano y Paquirrín, jockey y disc jockey, dignos herederos del talento materno.

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La capilla de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla y la cárcel de Alcalá de Guadaira, donde reposarán en breve los restos del orgullo sureño, se convertirán en el epicentro de un país consumido por el dolor. Kilómetro cero del sentir de todo un rebaño. Un día de luto en Sevilla, dos años sin luz en Cantora. Los ciudadanos salen a la calle (3,7 millones de españoles no podrán calentar sus casas adecuadamente en invierno) para llorar su pena mora, y se golpean el pecho con saña, y se abrazan tembloros, y se secan los ojos y, si les invitan al velatorio, se beben unas copitas de anís: ¡“Siempre se van los mejores, maldita sea nuestra estampa!”, gimen lacayos y corderos.

“La nobleza de la sencillez”, dice monseñor Amigo Vallejo, refugio espiritual de la duquesa. “La justicia no es igual para todos”, maldice la presidenta del Club de Fans de Isabel Pantoja. Los medios de comunicación no dan abasto. Las televisiones recogen en directo la llegada de una corona del presidente del Gobierno Mariano Rajoy. ¿A Alcalá de Guadaira? No, al Palacio de Dueñas. Incluso la socialista obrera Susana Díaz se deshace en elogios hacia la mujer que deja un patrimonio valorado en 2.800 millones de euros. Un patrimonio que, según técnicos del Ministerio de Hacienda, está exento del pago de impuestos en un 90%.

“Sé de muy buenas fuentes que la duquesa de Alba ha dado más de un millón de euros a los necesitados”, dice la reportera de Antena 3 desplazada a la casa de la fallecida. Defiende a la aristócrata de esa manera tan documentada, más de un millón de euros a los necesitados, de las insidias de un tertuliano que habla de excesos, de terratenientes, de rentistas, de vivir sin dar golpe. Castillos en Galicia, palacios en Castilla, latifundios en Andalucía… ¡Maldito antisistema! ¡Despreciable comunista! Si no has vibrado con las canciones de la Pantoja, si no las has pasado canutas tratando de entender a la duquesa, no mereces pertenecer a este país, el orgullo de una Europa que envidia nuestro sol, nuestras moscas, nuestras leyes de transparencia, nuestras famosas corruptas, nuestras oligarcas campechanas.

Un motivo para NO ver la televisión

Paco de Lucía: la búsqueda.

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Emocionante documental sobre Paco de Lucía, guitarrista genial y hombre humilde, dirigido por Curro García, hijo del músico. Rodada durante tres años en Madrid, Algeciras, Las Vegas y Nueva York, la cinta arranca en la casa del artista en Mallorca. Las guitarras en sus fundas, barba de cuatro días, cigarrillo en la boca. Francisco Sánchez Gómez, Paco el de la Lucía, el de la portuguesa, sale de gira. Imágenes de conciertos recientes dan paso a una biografía visual y sonora de uno de los grandes talentos de este país. Está su hermano Pepe y Camarón, pero también Sabicas y, por supuesto, Carlos Santana, John McLaughlin, Estrella Morente, Chick Corea, Rubén Blades, Carles Benavent y Jorge Pardo. Grandes músicos que se rinden a un genio tímido, modesto, prudente y divertido.

Unos días antes de finalizar el rodaje la muerte sorprendió a Paco en una playa de México, lugar de buceo y reposo. Algo que no afecta en absoluto a un documental sincero, que describe la vida de un hombre cuya influencia va mucho más allá del flamenco. Sombrío en ocasiones, introvertido siempre, la estrella aparece cansada y llena de dudas. Un volcán en el escenario, un hombre fatigado, sencillo y afable sin la guitarra en la mano. Imprescindible.