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La Roja

¿Televisar los partidos de fútbol de la selección española es una “misión de servicio público”? ¿Debe pujar TVE, la ruinosa televisión pública española, por los derechos de los partidos clasificatorios de La Roja para las próximas Eurocopa y Mundial? El gasto rondaría los 40 millones de euros, lo que supondría a la corporación cerca del 1% de su presupuesto anual. ¿Es de interés general el fútbol? No olvidemos que el telespectador podría ver esos mismos partidos, también gratis, en Telecinco, Antena 3 o Cuatro, cadenas que se quejan de competencia desleal de una tele pública que puede envenenar la puja. El presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique, ha dicho que TVE “juega limpio pero con responsabilidad”, y que de no entrar en este tipo de pujas de deportes de élite “se nos estaría abocando a ser una televisión marginal”.

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Echenique no es consciente de que TVE ya es una televisión marginal. Todas las televisiones  gubernamentales lo son. Marginales en sus informativos, cada vez con menos audiencia, menos credibilidad, menos prestigio. Marginales en su programación, envejecida, amojamada, horterizada. Marginales en su esencia, tan falsa como una moneda de seis euros: en las contadas retransmisiones deportivas de la actual TVE, la televisión sin publicidad, se pueden ven anuncios de Vodafone, Adidas, Voll-Damm, Seat… Es más, los comentaristas del Atlético de Madrid-Chelsea del pasado martes, en La 1 de TVE, llevaban en los bolsillos de sus chaquetas publicidad de Ford.

Es difícil confiar en la TVE de alguién como Mariano Rajoy.  Es difícil creer en unos gestores que han intentado destruir una gran redacción de informativos, que han desactivado un espacio del prestigio de “Informe semanal”, que intentan convertir TVE en Telemadrid.

TVE ya no es la televisión de todos los españoles. A estas alturas, así las cosas, ¿a quién le importa dónde se vea a La Roja? Sobre todo si tenemos en cuenta que los comentaristas de fútbol de TVE son los peores de la parrilla. Si no me cree, escuche durante unos minutos a Julio Salinas y echará de menos una vieja aspiración de los amantes del balompié: la opción del sonido ambiente.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Nat Simons.
Cd: Home on High.

Nat

Nat Simons es Natalia García Poza, cantautora madrileña del 85. Y “Home on High” es su primer disco, producido por David Gwynn. Folk indie con las letras en inglés, arropadas por guitarras acústicas, eléctricas y de pedal, por armónicas y dobros, por una producción sensible y relajada.

Dice Nat/Natalia que “Home on High es una casa en las alturas. El título está inspirado en aquella casa de la que hablaba Van Morrison en su disco Astral Weeks, esa casa en otro lugar, en otro tiempo, en otro mundo. Tal vez yo siempre quise construir una casa así, donde poder huir de la realidad que me rodea, donde pudiese ver todo desde otro punto de vista. `No soy nada más que un extraño en este mundo, pero tengo una casa en las alturas en otro lugar`… Quizá esto tan solo sea una interpretación personal de una canción, pero es la mejor forma que tengo de explicar el significado de este disco y de todo este viaje. Aunque éste sea tan sólo uno entre un millón de significados”.

El mejor oficio del mundo

El diario El País ha dedicado a lo largo de los últimos días decenas de páginas a la muerte de García Márquez, tantas que podría perecer que el escritor colombiano les pertenecía, que formaba parte de su plantilla o incluso que publicaba en Alfaguara. Un despliegue brutal, aún mayor que el realizado tras el fallecimiento de Adolfo Suárez, en el que hubo espacio para que pudieran escribir desde grandes talentos hasta ilustres pelagatos. Así las cosas, es normal que muchas anécdotas, ideas y reflexiones se hayan repetido en versiones más o menos diferentes. De entre todas ellas destacaría el habitual “García Márquez era muy amigo mio”, clásico vanidoso del lenguaje necrológico, así como aquellos comentarios que resaltaban que Gabo fue, sobre todas las cosas, periodista.

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“El periodismo es el mejor oficio del mundo”, llegó a decir el autor de “Cien años de soledad”. Y así lo recordaba, todo ufano, un Juan Luis Cebrián que trabajó los dos palos. El éramos uña y carne: “Conversamos durante horas… Nos bañamos juntos en aguas cristalinas de Menorca y participé con él en decenas de actos universitarios… Me dejó compartir caminatas, conversaciones, lecturas… Para mí significa, antes que nada, la ausencia de un amigo entrañable, insustituible”. Y el sobre todo periodista: “un maestro del periodismo que lo defendió como género literario”.

¿Hubiera tenido hueco el García Márquez “maestro del periodismo” en la redacción del periódico de Cebrián? No estoy seguro. Recordemos que cuando el empresario presentó a los sindicatos el ERE en El País analizó de esta manera el problema: “El tema más preocupante es que la edad media de la plantilla es de 53 años, lo cual afecta a los perfiles profesionales y al modelo de periódico que queremos hacer”.

Con cincuenta años García Marquez escribía en la revista “Alternativa”, un proyecto periodístico de oposición que lideró durante mucho tiempo. Para el número uno de la misma escribió un texto sobre el bombardeo al Palacio de la Moneda durante el Golpe de Estado en Chile de 1973. Posteriormente escribió reportajes desde Angola, Chile, la ex Unión Soviética… Con 53 años publicó “Crónica de una muerte anunciada”.

Con esa edad García Márquez estaba en la cumbre de su carrera, como escritor y como periodista. Para Cebrián hubiese sido viejo. “Un tema preocupante”, esos 53 años, que hubiese afectado “a los perfiles profesionales y al modelo de periódico que queremos hacer”. Para colmo de males, el colombiano nunca tuvo el perfil digital que Cebrián exige a sus periodistas, incluyendo cuenta activa en Twitter.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Peste & Cólera
Autor: Patrick Deville.
Editorial: Anagrama.

Peste ok

Mi libro favorito de los últimos meses. Comencé a leerlo la mañana del día en que me operaban, y a la hora de entrar en quirófano estaba completamente enganchado. Cuando terminó la operación, aún bajo los efectos de la anestesia, pedí que me dejaran tenerlo esa noche en la UCI. No leí una sola línea, evidentemente, pero un par de veces levanté la cabeza y vi que estaba ahí.

Regalo de mi amigo Pepe, “Peste & Cólera” es una pequeña obra maestra del género biográfico. Narra la vida y milagros de Alexandre Yersin, científico suizo que se sumerge en la escuela de Louis Pasteur para investigar la tuberculosis y la difteria. Culo inquieto, espíritu aventurero, “Yersin es el primer hombre que observa el bacilo de la peste, como Pasteur había sido el primero en observar los de la pebrina del gusano de seda, el carbunco de las ovejas, el cólera de las aves o la rabia de los perros”.

El bacilo de la peste lleva su nombre: Yersinia pestis.

“No es esta una vida de no moverse”, escribe Deville al comienzo de un capítulo. Yersin es un gran viajero, incapaz de permanecer atado al laboratorio parisino. Admira a Livingston y decide recorrer el planeta. Como médico viaja por China y Madagascar. Bombay, Hong Kong, Cantón… Hasta que con veintinueve años, primavera del 40, fondea en Nha Trang, “el ancla de su arca”, a 28 horas de Saigón. Su cuartel general. El lugar donde lleva una vida aislada de investigación, lecturas, experimentos, pruebas, reflexiones… El paraiso donde su talento se despliega en mil aventuras.

Imprescindible.

Momias

Cuenta José Manuel Galán, egiptólogo español al frente del Proyecto Djehuty en Luxor, que el estado de la ciencia en nuestro país es tan lamentable que una de sus restauradoras ha tenido que dejar su trabajo para hacerse profesora de pilates. Se ha visto obligada a cambiar las momias egipcias por los despojos de gimnasio. Un drama.

La restauradora eligió mal cuando se decidió por la egiptología. Tanto las momias como el dinero están en televisión, saltando de programa en programa, cosechando éxitos de audiencia y alimentando la ignorancia del pueblo. Un egiptólogo es un mierda, un famosete de la tele es un dios. Ahí tiene usted como ejemplo a un tal Amador Mohedano, individuo amojamado de desconocidas capacidades que gana 30.000 euros semanales por participar en el concurso de Telecinco “Supervivientes”.

Amador

¿En qué universidad estudió Mohedano para ganar semejante cifra? ¿Qué especialidad domina el personaje en cuestión para forrarse de tal manera? ¿Canta como los ángeles, baila como una libélula, domina los últimos avances de la cirugía cardiaca o quizá recita los más bellos poemas? No. Amador Mohedado es el ex marido de Rosa de Benito, habitual de la prensa rosa y la tele de higadillos. Un cacho de carne, para que usted me entienda, famoso por sus infidelidades, sus cotilleos, sus miserias familiares. ¿Le parece insuficiente el currículo? Pues le diré que, por si fuera poco, es hermano de la difunta Rocío Jurado. Y se acabó. Está valorado en 30.000 euros semanales, y no se hable más

“La esencia del ser humano es querer saber”, dice el egiptólogo Galán. E insiste en que hay que fomentar la ciencia. Es un hombre de otro tiempo, de otra cultura, me temo que de otro planeta.  Ignora que la esencia de buena parte de los actuales seres humanos es querer ignorar: sumergirse más de cuatro horas al día en la televisión, olvidar las miserias del día a día, y convertirse en cómplices de quienes financian con 30.000 euros semanales las sandeces del tal Mohedado.

P.D.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Looking Into You: A Tribute To Jackson Browne.

Jackson

Espectacular homenaje a Jackson Browne, uno de los grandes cantautores norteamericanos de las últimas décadas, en forma de doble disco. Están invitados buena parte de los amigos del autor de “The Pretender”, desde David Lindley a Bruce Springsteen pasando por Bonnie Raith, Indigo Girls, Lyle Lovett, Ben Harper, Kevin Welch, Lucinda Williama, Joane Osborne, J.D. Souther

Veintitres clásicos de Browne en otras tantas versiones, en su mayoría mucho más que dignas. Algunas, como las de Raitt y Lindley, francamente memorables…

 

Sal gordita

En primer lugar, gracias a todos. Por mantener vivo el blog durante estos días de pasión y gloria. Y por hacerlo no con banalidades, sino con comentarios inteligentes, enlaces interesantes y toneladas de ironía y buen humor. Hacer un blog con lectores como los que tiene El Descodificador es muy sencillo. Y es un placer. Dicho esto, volvemos a la normalidad…

Durante estas jornadas de convalecencia apenas he visto televisión. Salvo partidos de fútbol, en todos sus formatos: directo, diferido, resúmenes, “Fiebre Maldini”… El fútbol puede convertirse, para los que no creemos en dios, en el sustituto natural tanto del analgésico como de la religión. La iglesia de la pelota redonda, que diría John Carlin. Entretiene, adormece, aletarga, aleja de la realidad y sus problemas. Los que confiamos nuestra fe en deidades terrenales, como Arda Turán, Maradona o Sócrates, encontramos en el fútbol un paraíso en la tierra. En tres semanas de baja apenas he visto un par de películas y media docena de informativos, el último de ellos tan surrealista como para tratar de justificar la huida motorizada de Esperanza Aguirre. Hace ya mucho de eso…

Husmeo en webs de televisión y diarios digitales para encontrar la noticia televisiva de las últimas semanas, aquella con la que retomar el blog. Y me doy de bruces con una que resulta fantástica en su patetismo: el periodista Alfonso Rojo llamó “gordita” a Ada Colau, portavoz de la PAH de Barcelona, en el debate La Sexta Noche, de la cadena progresista de Lara. “Está usted muy gordita para el hambre que se pasa en este país”, dijo. Indignado, el presentador del espacio de reflexión y análisis expulsó del plató al afamado reportero. “Lo siento, tío, con todo el dolor de mi corazón”. ¿Expulsado para siempre, entre abucheos y lanzamiento de hortalizas, de La Sexta? No, tampoco es para tanto. Gordita. Cinco minutos después el mismo presentador, recuperado de tamaña insolencia, admitió a Rojo con los brazos abiertos. Acabada la pantomima, el espectáculo debe continuar…

Liderados por Ferreras, los presentadores de La Sexta se han propuesto convertirse en el no va más de la progresía, el compromiso y la coherencia. Lástima de estos pequeños detalles chuscos. ¿La Secta? De ninguna manera: esto no es cuestión de ideas o creencias. Esto tiene que ver con la pasta y el poder, con  las influencias y las audiencias, con la rentabilidad y los beneficios. ¿Sesgados políticamente? Alguien tiene que hacerse con los beneficios que generan los abandonados telespectadores de izquierdas.

Beneficios que, por cierto, se reparten sin problemas entre periodistas progresistas y tertulianos facciosos. “Yo NUNCA cobro por ir a televisión. Los mercenarios q insultan y difaman, sí lo hacen”, dijo Colau en su cuenta de Twitter. “La siguen 126.000 piojos”, afirmó Rojo sobre los seguidores de Colau en la red social. No olvidemos que el “gordita” de Rojo, su forma de hacer periodismo, están financiados por La Sexta, cadena que lejos de evitar ese tipo de tertulianos impresentables los ha convertido en la sal y pimienta de sus espacios de debate.

Las tertulias de La Sexta ganan audiencia sin parar, con lo que eso supone económicamente. La razón de su éxito es muy sencilla: cada día se parecen más a “El gato al agua” e incluso, si me apura, a “Sálvame”. Sal gorda, gordita. Es lo fácil. Es lo rentable. Es periodismo amarillo. Tu haces el trabajo sucio y la insultas, yo me pongo digno y te expulso cinco minutos, lo petamos y repartimos. Tío.

P.D.

Telecinco…

Telecinco

 

Un motivo para NO ver la televisión.

De París a Monastir.
Autor: Gaziel.
Editorial: Libros del Asteroide.

De parís...

Del periodismo de chichi nabo, ese que convierte el insulto y la descalificación en su razón de ser, al viejo periodismo ilustrado, ese en el que los reporteros, fíjese lo que le voy a decir, viajaban realmente al lugar de la noticia. Porque Gaziel, seudónimo de Agustí Calvet, estuvo realmente en los lugares que tan brillantemente describe en este libro, un clásico del reporterismo español.

“¿Qué nos está reservado para el día de hoy? En estos viajes de aventuras cada despertar es un sobresalto. Todos los días, al abrir los ojos, hay que preguntarse dónde estamos, qué sucesos nos aguardan, qué gentes nos rodean y qué lengua es preciso improvisar o balbucir para seguir adelante…”, escribe Gaziel en un libro que es, al tiempo, de viajes, de periodismo y de aventura. Gaziel fue uno de los grandes periodistas españoles del primer tercio del siglo XX, y recuperar sus textos siempre es motivo de alegría. Escribió artículos brillantes sobre la Gran Guerra, describió con maestría tanto las ciudades como el ambiente de las mismas y a sus habitantes, y analizó con precisión cada momento político, cada circunstancia social. Fue un reportero reposado y sereno que describió con precisión, filosofía y elegancia el mundo que le rodeaba.

En “De París a Monastir” Gaziel narra el viaje que le lleva de la capital de Francia a la ciudad serbia, en lo que es una larga e intensa crónica del caliente momento que atraviesa el sur de Europa en 1915. Cada capítulo es una pequeña novela, tanto por la brillante técnica literaria utilizada como por los episodios narrados, reales pero fantásticos. Un clásico del periodismo español felizmente recuperado.