You are currently browsing the archives for the Uncategorized category


Nebraska

Un motivo para NO ver la televisión

Nebraska.

Stormy Mondays.

StormyMondays-NEBRASKA-500x500

Hay que tenerlos muy bien puestos para grabar y editar una versión eléctrica de “Nebraska”, la obra maestra desenchufada que editó Bruce Springsteen allá por 1982. ¿Acaso tiene sentido modificar lo perfecto? Los asturianos Stormy Mondays los tienen en su sitio, qué duda cabe, puesto que no solo salen bien parados  del desafío sino que lo presentarán en directo en dos conciertos únicos e irrepetibles (7 de marzo en Madrid, Café Berlín; 13 de marzo en Oviedo, Teatro Filarmónica).

El descaro de la banda liderada por Jorge Otero solo es proporcional a su tenacidad. Decidieron grabar un “Nebraska” eléctrico cuando se encontraban trabajando en el estudio canciones propias para sus dos próximos discos. Tomaron como base los temas desnudos de Springsteen, maquetas caseras grabadas en casete solo con acústica y armónica, y las imaginaron eléctricas, rocanroleras, suyas: “Resistiendo la tentación de ser demasiado listos con las canciones, nos concentramos en extraer cada detalle posible de los bocetos en blanco y negro de Bruce, para presentarlos a todo Technicolor”.

Unknown-1

El “Nebraska” de los Stormy deslumbra. Porque desde el respeto absoluto, esas canciones grandiosas han sido vestidas con la sencillez más pura, el grupo español construye un nuevo mundo con guitarras eléctricas, batería, órgano, teclados, bajo… metales. “El poder de las canciones nos llevó adelante. Una vez que el disco comenzó a tomar forma, con las pistas básicas grabadas en un par de días, tomó su propia dirección y se resistió a ceder el paso”, asegura Otero en las notas del interior del disco. Un álbum que a las versiones de los temas del trabajo de Bruce, publicadas en el mismo orden que el original, añade un bonus que no tiene desperdicio: “This Hard Land”.

¿Cómo es posible que nadie lo intentase antes? Después de escuchar el increíble trabajo de los Stormy Mondays es imposible no preguntárselo. La respuesta es sencilla: nadie los tiene tan bien puestos. Tendría su gracia que esta idea genial, esta aventura disparatada, fuese la que situase al cuarteto asturiano, cansado de escribir buenas canciones y ofrecer conciertos enormes, en el lugar que se merece dentro del rock español: la cumbre.

A lo lejos

Un motivo para NO ver la televisión

A lo lejos.

Autor: Hernán Díaz.

Editorial: Impedimenta.

fit-230x360

Häkan Söderström es Halcón, un superviviente. Inmigrante sueco, viaja a Estados Unidos con su hermano Linus, pero se separan nada más embarcar rumbo a Nueva York. Ahí comienzan sus problemas, su viaje por tierras salvajes en un desesperado intento por el reencuentro, su aventura y su lección de resistencia, de constancia, de paciencia. Halcón apenas habla, desconoce el inglés y, poco a poco, crece hasta convertirse en un gigante de increíble fuerza. Su fascinante historia comienza en la California de la fiebre del oro, y debería terminar con la reunión de los hermanos en Nueva York. Nada más lejos de la realidad…

“Cruzó desiertos y vadeó ríos, escaló montañas y atravesó llanuras. Comió pescado y perros de las praderas, durmió sobre musgo y sobre arena, desolló caribúes e iguanas. Numerosos veranos le llenaron el rostro de arrugas, y otros tantos inviernos se lo curtieron. Sus manos, quemadas y congeladas año tras año, estaban atravesadas de líneas y arrugas sobre las que se cruzaban nuevas líneas y arrugas. En una ocasión vio el océano, pero dio media vuelta de inmediato, pensando que habría asentamientos en la costa. Siempre se detenía en ubicaciones poco acogedoras –nunca en una vega, en las proximidades de una fuente de agua o en un lugar en el que abundara el alimento- , casi nunca acampaba y rara vez encendía un fuego. En su cabeza reinaba un silencio absoluto. Apenas pensaba en algo que no fuera inmediato. Los años se desvanecían bajo un presente sin peso”.

A lo largo de las páginas de “A los lejos” el joven Halcón (nadie sabe pronunciar su verdadero nombre, Häkan, que deriva en Halcón) trabaja de minero, se convierte en esclavo sexual, colabora con un naturalista que busca el origen de la vida en la tierra, es dueño de un caballo llamado Pingo, acompaña a una caravana de pioneros, protagoniza una matanza, es capturado por un sheriff sin escrúpulos que le pasea como un monstruo antes de dirigirle al patíbulo para, finalmente, convertirse en un fugitivo que sobrevive como trampero, aislado del resto de los humanos. Para entonces es una leyenda: un monstruo asesino para unos, un justiciero para otros.

“Por primera vez en su vida Häkan sintió en su carne, en sus huesos, en cada extremidad de su cuerpo, la exacta medida de su cuerpo y del poder que albergaba. Alzó el brazo, dejó caer el perno y golpeó al hombre en el cráneo, haciendo que se le saltaran los sesos. Tras coger el puñal, se dirigió al carromato y se asomó al interior. Le habían rebanado la garganta al niño. Dos de los hombres, desnudos de cintura para abajo, estaban encorvados sobre Helen. El tercero le sostenía un cuchillo contra el cuello. Ninguno se fijó en Häkan. Apuñaló a aquel que se movía adelante y atrás encima de Helen. Sorprendido, el hombre del cuchillo le rajó el cuello a la chica. Häkan sacó la pistola y disparó a los otros dos”.

El argentino Hernán Díaz ha escrito un libro de aventuras que es imposible dejar de leer, puesto que no dejan de suceder cosas. La mayoría brutales. Imaginen a un Corman McCarthy que quisiese escribir por una vez como Jack London. Imaginen que el protagonista de la aventura fuese un John Wayne nacido en Estocolmo. Imaginen que Tarantino sugiere algunos detalles que mejorarían el guión. Imaginen que la historia se desarrolla en unos espacios naturales localizados por el director de fotografía de John Ford. Imaginen que se rueda otra película titulada “El renacido”. No dejen de imaginar…

Mientras tanto, disfruten de este road western absolutamente original, ingenioso y brutal.

El cineasta

Un motivo para NO ver la televisión

El cineasta

Autores: Nadar & Julien Frey.

Editorial: Astiberri.

elcineasta

Con los Goya aún calientes, aparece un libro que hará las delicias de toda clase de cinéfilos. Y es que “El cineasta” es una muestra perfecta de la pasión por el séptimo arte, de cómo homenajear a los clásicos, de la devoción absoluta por aquellos que deciden contarnos historias con una cámara y un grupo de actores. “El cineasta” está dibujado en blanco y negro, pero respira en color: viaja entre el pasado y el presente, entre los pioneros y los novatos, entre un cine en su época dorada y un cine por hacerse.

“Sigo queriendo escribir y me apunto a un curso de guión. 

- En Estados Unidos, el productor le compra la película al autor. Él es el propietario y tiene el final cut

- ¿El director no puede decir nada?

- Sólo si es coproductor de la película. ¿Conocéis a Edouard Luntz?

- ¿Edouard Luntz?

- Si. ¿Conoces la historia?

- En realidad no”.

Julien Frey es un joven que adora el cine, que escribía “dibujos animados para televisión” pero soñaba con “escribir en una buena serie”. Tiene la oportunidad de presentar su trabajo a Édouard Luntz, veterano director con una carrera prometedora que frustró el último productor todopoderoso de Hollywood: Darryl F. Zanuck. La película que enfrentó a estos dos últimos, y que ha desaparecido, se convierte en una obsesión para Julien, que inicia una búsqueda desesperada de la obra de Luntz.

“Zanuck no era sólo esa imagen de magnate que tanto le gustaba dar. Había escrito gags para MarkSennett y guiones para una docena de películas. Tenía el don de la narración, intervenía tanto en el texto como en el montaje. “¡Al cuerno!”. Pero su manera de comunicarse era muy personal.”¿Y qué? ¿Me mandó a juicio John Ford cuando monté la uvas de la ira ? ¡No! Lo entendió. No como vuestro Luntz. ¡Su película duraba tres horas! ¿Qué esperaba?”. 

“El cineasta” cuenta la investigación realizada por Julien. Sus entrevistas con personajes relacionados con Luntz, sus inquietudes, su visión del cine como arte de desarrollo personal, como ejercicio de integridad y honradez, como símbolo de pasión inquebrantable por la imagen y la narración. Si te gusta el cine, devorarás “El cineasta”.

elcineasta_3

The last rock star

Un motivo para NO ver la televisión

The last rock star

Autor: Elliott Murphy.

Editorial: Varasek.

Captura-300x380

Elliott Murphy es uno de los secretos mejor guardados del rock norteamericano. Los franceses vieron muy pronto su descomunal talento, y le adoptaron como el hijo pródigo que regresa a Europa, la tierra de sus abuelos, para quedarse. Murphy es neoyorkino sobre todas las cosas, pero el París bohemio le venía como anillo al dedo a sus canciones sobre hermosos perdedores. ¿El Scott Fitzgerald del rock and roll? Muchos lo han pensado, incluso los cazatalentos de las grandes compañías de discos que en los setenta quisieron lanzarle a todo trapo como “el nuevo Dylan”. Springsteen se hizo con el premio gordo, mientras que su amigo Murphy debió conformarse con el título de outsider.

“Recuerdo haber tomado una gran limusina blanca al aeropuerto JFK, Geraldine y yo acurrucados en el asiento trasero, y a la altura de Brooklyn estar apurando un vial de cocaína antes de meternos unos valiums al ocupar nuestros asientos de primera clase. No fue ésta la manera en que lo había hecho mi abuelo Murphy cuando viajó en dirección opuesta sesenta y cuatro años antes, seguramente en tercera clase de un barco a rebosar, ´lleno de vuestros rendidos, vuestros pobres, vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad`. Todo esto me avergüenza, pero, a la vez, así era como viajaban todos los artistas de aquella época que he conocido: en primera clase y demasiado colocados como para disfrutarla”.

De todo eso, de la vida intensa del más culto, refinado y estiloso de los rockers callejeros (“Si quieres saber qué pinta tienen los hijos del Sueño Americano, mírame a mí”), habla este libro dividido en tres partes. Una novela, “Tramps”, abre el volumen exquisitamente editada por la editorial Vasarek. “Just a story from America” es la autobiografía que ocupa el centro de la obra, la columna vertebral de la misma. Y una selección de poemas, y dos canciones, cierran el libro a modo de guinda. Me quedo con el relleno del sándwich, una narración brillante de la vida de un músico que escribe de maravilla, y que ha conocido la gloria, muy pronto, y el olvido, durante demasiado tiempo. Páginas repletas de anécdotas maravillosas, de personajes reconocibles e inolvidables, y de una capacidad de análisis y reflexión que le convierten en alguien irrepetible en la escena rocanrolera.

“El principio de los ochenta no sólo fue duro para mi cuenta bancaria, también debilitó mi alma y a menudo desaprovechaba las tardes paseando por los cañones de Manhattan, sintiéndome como un condenado, bebiendo cerveza a escondidas en una bolsa de papel marrón. Mi vida había ido de lo sublime a lo ridículo. Recuerdo estar sentado en el despacho de Jimmy Poulis, JP lo llamábamos, después de un concierto en su club del west side TRAX, con Willie Deville y John Belushi y el presidente de Rolling Stones Records Earl MacGrath, bebiendo y esnifando coca. Puede que yo fuese un hombre olvidado, pero Belushi, que estaba en el cénit de su carrera, parecía alguien cuya única misión fuese destruirse a sí mismo. Estaba en mucha peor forma que yo, mientras que Willie había elegido el camino más largo, iba puesto de heroína, vestía un traje brillante. Ahora todos ellos han muerto, sólo quedo yo en pie. Tiene que haber algún motivo…”.

“The last rock star” cuenta la vida de alguien destinado a ser una gran estrella del rock que se quedó a medio camino. Pese a que tiene una visión diferente del asunto: “Por si todavía no lo he dicho, lo repito: el éxito en el negocio de la música se mide por la supervivencia. Y yo he sobrevivido”. Pero es mucho más que una autobiografía. También es la crónica de una época y un lugar, aquel Nueva York mágico en el que coincidieron Ramones, Talking Heads, Lou Reed, New York Doll, Springsteen, los Modern Lovers de Jonathan Richman, Patti Smith y tantos y tantos otros. Sin desperdicio.