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Volverse malo

“Si tratas de interferir, esto se convertirá en una cuestión mucho más simple. Voy a matar a tu esposa. Voy a matar a tu hijo. Voy a matar a tu hija recién nacida”. Gus Fring en Breaking Bad.

En Toys “R” Us, un juguetería de las grandes, se niegan a vender el muñeco del profesor de química Walter White (Bryan Cranston), el protagonista de la serie “Breaking Bad”. Una preciosidad de 15 centímetros de altura, puro realismo mágico, para la que ya había preparado un hueco en mi estantería favorita: justo entre Johnny Cash y un espinosaurio. La culpa de esta enorme decepción la tiene una madre de Florida llamada Susan Schrivjer: se ha quejado a la popular tienda de juguetes de que la figura de mi héroe televisivo se pueda adquirir en el mismo lugar que las de Bob Esponja o la muñeca Barriguitas. “Si bien el programa puede resultar atractivo para los adultos, su contenido violento y la glorificación del narcotráfico hacen inapropiada la venta de esta colección junto a personajes de Disney y muñecas Barbie”, asegura Susan.

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“Estoy tan furioso que voy a quemar mi muñeca de la madre de Florida como forma de protesta”, ha bromeado el actor Bryan Cranston en su cuenta de Twitter. A mi no me hace tanta gracia. Ahora tendré que comprar el muñeco del profesor mediocre y aburrido que termina triunfando con la metanfetamina en el mercado negro, y a precio de oro. ¡Como si la zorra de Barbi o el puto Mickey Mouse no hubiesen narcotizado a varias generaciones de inocentes chavales!

“Breaking Bad” es una serie que deberían poner en todos los colegios, de manera obligatoria. Sobre todo en los centros religiosos, esos en los que las niñas están en una clase y los niños en otra. No existen los milagros, queridos pequeños: el profesor tiene cáncer, y sólo el dinero puede salvar su vida y dejar a su familia en una posición digna. Rezar no sirve para nada. Trabajar, tampoco. Hay que cocinar. Cristal, meta, speed, ice, tiza, vidrio, hielo, arranque… Como prefieras llamarlo. Hay que buscarse la vida, guisar la meta, ponerla en el mercado, reunir unos cuantos rulos de billetes de cien… y pagar el tratamiento, la hipoteca, y todo lo demás. Dios no existe, pardillo, existe la meth. ¡Vuélvete malo!

Exijo figuras de personajes de verdadera actualidad. Superhéroes de nuestro tiempo para niños modernos, quién sabe si futuros hipsters. Muñecos de realismo brutal, delincuentes despiadados, sin escrúpulos, en cajas con sus correspondientes accesorios y dioramas: un Blesa feliz que permanezca arrodillado, escopeta en mano, junto a los cadáveres ensangrentados de un ciervo de veinte puntas y un estafado por las preferentes de Caja Madrid. Un Rato-pulpo con tres brazos, uno para sujetar una copa de champán, otro con el que toca una campanilla y otro con el que sostiene un puñado de tarjetas black, que ríe a mandíbula batiente. Y los Pujol, una serie de varios muñequitos coleccionables encabezada por un Jordi y una Ferrusola que, encorvados, arrastran grandes bolsas de plástico con la bandera de Suiza. Les sigue una piara de hijos conduciendo ferraris.

Los niños juegan a lo que ven, y quieren parecerse a aquellos que salen en la tele. Antes los más pequeños querían ser astronautas o toreros. Hoy quieren forrarse y triunfar a toda costa, como el pequeño Nicolás, niño viejo que simboliza los deseos y sueños de una generación de adictos al dinero fácil.

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La bicha.

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En esto quiere convertir el PP los Parques Nacionales. Un cazadero.

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Un motivo para NO ver la televisión

Breaking Bad

Autores: Varios.

Editorial: Errata Naturae.

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Comentamos en su día esta maravilla, pero merece la pena recuperarla en un post como el de hoy. Subtitulado “530 gramos (de papel) para serieadictos no rehabilitados”, este libro reune a una veintena de escritores que desmenuzan, desde diferentes ángulos, una de las mejores series de televisión de todos los tiempos. Enrique Vila-Matas, Chuck Klosterman, Greg Littman, Vince Gilligan… analizan Breaking Bad desde el punto de vista de la política, la sociología, la filosofía, la literatura, el periodismo o la comunicación. El complemento perfecto para los adictos a esta serie legendaria, la biblia para los seguidores de Walter White y compañía.

Otro motivo para NO ver la televisión

Breaking Bad. All Bad Thing.

El cómic.

Editorial: AMC.

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Pinchar para ver las primeras 20 páginas.

En pelotas

“El talento está en la televisión”, repiten una y otra vez, a modo de mantra, quienes trabajan en el mundo audiovisual o desean hacerlo. La frase está incompleta, insisto. El talento está en la televisión… norteamericana de pago. En las productoras y cadenas que hacen las grandes series. En la HBO, la FOX,  la NBC. En España la televisión está en pelotas, y el talento consiste en ganar dinero adaptando los formatos que triunfan en el extranjero. ¿Un ejemplo? “Adán y Eva”, la última bazofia estrenada por Cuatro, la filial de Telecinco. La versión cañí del formato holandés “Adam looking for Eve”, un gran éxito en el canal RTL5.

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Dicen que es un dating-show. Es decir, un espacio en el que los participantes buscan parejas sentimentales. Yo diría que es un bolas-show, una zorrera repleta de vagos, chulos y fulanas que no dudan en quedarse en cueros con tal de ganarse unos cuartos sin dar un palo al agua. “Estoy muy orgulloso de mi miembro viril”, dice el machote de Luis. “Busco un tío con buena economía porque yo siempre he vivido muy bien. Es importante que tenga un buen coche, a poder ser Mercedes o BMV porque yo nunca he conducido una gama inferior”, reconoce la despelotada Sonia. Las emociones no se hacen esperar. El bueno de Luis debe tener un vehículo de gama tal alta como el cipote, porque inmediatamente se lanza a retozar con Sonia en un ejercicio que en términos televisivos se conoce como edredoning. Nada que no nos haya provocado náuseas con anterioridad en “Gran Hermano”. Nada que no nos haya avergonzado ya en “Hombres mujeres y viceversa”. Porque “Adán y Eva” es una nueva vuelta de tuerca a de estos dos programas, la meca de la telebasura, pero con los concursantes en porretas.

La sinvergonzonería de las grandes cadenas no tiene límites: “’Adán y Eva’ no es un programa sobre sexo. ‘Adán y Eva’ es un espacio que cuida al máximo la exposición de sus participantes, tratando su desnudez de manera circunstancial y cuidando escrupulosamente las imágenes. La sensualidad, el humor y la sonrisa predominan entre las situaciones que propician los sentimientos de atracción, amistad, frustración, decepción y, por supuesto, amor”, dicen en Cuatro de su programa para el prime time de la noche de los martes.

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¿Amor? ¿Sensualidad y amistad? ¿Desnudez de manera circunstancial? ¿Cuidar al máximo la exposición de los participantes? Qué jetas… El reality del canal de Mediaset consiste en mostrar a hombres y mujeres desnudos. Una idea que hubiera sacado los colores a mis abuelos, pero que en el año 2014 debería estar superada. Solo son un puñado de deteriorados supervivientes, de la misma subespecie que los ya explotados en “Hombres mujeres y viceversa” o “Gran Hermano”, desnudados por los ejecutivos de una televisión sin escrúpulos. Si pueden mostrarlos salidos como perros en celo, mejor. Si cada vez que abren la boca demuestran una ignorancia que roza el analfabetismo, aún mejor. Si discuten como macacaos, se embroncan como hienas y maldicen como piratas, pues todavía mejor. Y si llegan a las manos… ¡Los audímetros revientan!

Esta es la televisión que propone Mediaset: entretenimiento de ínfima calidad, desprecio por el ser humano, ausencia absoluta de imaginación y talento. Son los reyes de la telebasura. Y ya saben lo que pasa cuando los reyes están desnudos… De la misma forma en que una mentira aceptada por muchos no tiene porqué ser cierta, una audiencia masiva (14.8% y 2.816.000 en su estreno) no significa que el programa no sea deplorable.

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En este mundo vivimos…

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¡Ébola en Talavera! Un señor de raza africana…

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Un motivo para NO ver la televisión

Rory Block.

Cd: Hard Luck Child A Tribute to Skip James.

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Rory Block es la reina de la guitarra slide. Con permiso de Bonnie Raitt, por supuesto. Nacida en Nueva York hace más de sesenta años, Block inició en 2006 una serie de homenajes discográficos (en directo lleva toda la vida haciéndolo) a los grandes del blues. El primero fue Robert Johnson, no podía ser de otra manera. Le siguieron Son House, Mississippi Fred McDowell, el reverendo Gary Davis y Mississippi John Hurt. Hoy le toca el turno al gran Skip James.

Guitarrista del Delta, James murió en 1969 tras dejar toda una escuela de bluesman siguiendo su rastro, inspirándose en un estilo muy original y complejo. Afinaba en RE menor abierta, utilizaba los dedos de la mano derecha como cizallas, recitaba como un cura y se apoyaba en líneas de bajo contundentes que creaba él mismo. Su guitarra parece infinita. Un músico único, heredero de Robert Johnson, al que Rory Block rinde acústico homenaje. Una delicatesen absoluta.

Puto fútbol

En la cadena SER entrevistan a Paco Ibáñez. Me sorprende enormemente que una cadena tan conservadora y pusilánime como para deshacerse del programa “Carne Cruda”, un soplo de aire fresco, sea capaz de invitar al veterano cantautor valenciano, un auténtico punk. El hombre de negro, con permiso de Johnny Cash. A punto de cumplir los 80 años, Ibáñez no decepciona. Se siente de todos los lugares (“España es una palabra que se me queda corta”), llama mediocres y ladrones a los políticos, maldice a los pusilánimes y exige compromiso: “Se llenan los campos de fútbol, es donde se duerme mejor, así las otras cosas no las ves. Puto fútbol por aquí, puto fútbol por allá. Es casi obsceno… El fútbol no es un sarampión, es un cáncer para la humanidad”.

“Despierta el alma dormida”, exige un Paco Ibáñez absolutamente atemporal que sigue confiando en Goytisolo y Celaya, en Góngora y Blas de Otero, en una guitarra y cuatro acordes. Con motivo del premio Premio Principe de Asturias concedido a Quino he escuchado estos días, en diferentes lugares y por medio de distintas voces, que las viñetas de Mafalda siguen siendo tan actuales como hace 40 años. Algo parecido sucede con Paco Ibáñez, con su poesía popular y su espíritu inconformista y gruñón. Lo cual me hizo recordar a Quevedo, poeta del Siglo de Oro que sigue estando hoy tan vigente como antaño. Y es que medio siglo después, don dinero sigue siendo el más poderoso de los caballeros…

Paco Ibáñez es un hombre de otro tiempo. Se lo dice un hipster (ver comentarios de ayer). Y es que en estos tiempos de etiquetas y miserias, de superficialidad e ignorancia, no hay hueco para aquellos que navegan contra la corriente. Cuando escribo estas líneas el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz cita a declarar como imputado a Ángel Acebes, ex secretario general del PP y ex ministro con José María Aznar, en el caso de los papeles de Bárcenas. Sí, el Acebes ministro de Interior que 48 horas después de los atentados del 11-M seguía acusando a ETA. No es la única noticia de la tarde: La Audiencia de Barcelona obliga a Núñez, expresidente azulgrana, a ingresar en prisión por sobornar a inspectores de hacienda.

En el tocadiscos (sí, como tiene que ser), ajeno a estas miserias, suena, como un visionario, como un huracán, el Paco Ibáñez que en 1969 llenó hasta la bandera el Olympia de París: “Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan / decir que somos quien somos, / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. / Estamos tocando el fondo” (Gabriel Celaya).

P.D.

Pedazo de portada…

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Un motivo para NO ver la televisión

Las cuatro torres.

Autor: Leandro Pérez.

Editorial: Planeta.

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Un post titulado “Puto fútbol” era el lugar perfecto para reseñar esta novela, auténtica crónica negra de un deporte en descomposición: “El fútbol es una máquina de fabricar rumores, una máquina de cotilleos alimentada por todos”. La historia comienza cuando Juan Torca, un tipo duro curtido en mil hazañas bélicas, llega a Madrid en retirada. Vive de las rentas, en un hotel de la Gran Vía desde el que cubre todas sus necesidades: cama, mujer y footing. Un periodo de reflexión, tras un tiempo de conflictos que pretende olvidar, que salta en pedazos cuando aparece un viejo colega llamado Marsé. ¿Podrías encontrar al topo que filtra información a la prensa del vestuario del Real Madrid? Un favor personal que se complica con una primera muerte, con personajes dibujados con bisturí que entran y salen de escena con vaselina, con informes y un maletín, con cuatro torres deslumbrantes, con una trama que se enreda de manera inteligente, xxxxxx, constante.

“Las cuatro torres”, primera novela de mi colega Leandro Pérez, es un thriller con pinceladas literarias y periodísticas. El autor domina ambos terrenos, puesto que además de leer ha trabajado en periódicos y para editoriales, y eso se nota en cada cita, en cada fuente, en la manera de manejar la hemeroteca. Pero cuidado, porque sumergirse en esta obra, imagino que la primera de una larga serie con Torca como protagonista, es un placer no apto para pusilánimes. No siempre es fácil seguir los pasos, en ocasiones a la carrera, del improvisado investigador: “Marsé no era tan sádico como Santa ni tan retorcido como Krauze, ni tan sagaz como Luisito, ni tan alocado como Samu, ni por supuesto tan disciplinado como Ortega o Jaime, tan bruto como Jandro o tan sanguinario como Hernández”.

Esta aventura policíaca ibérica, profundamente madrileña excepto por algunos detalles burgaleses, viene para hacerse un hueco en la cumbre del género, junto a los clásicos de Juan Madrid, de García Pavón o de Vázquez Montalbán. Y es que Juan Torca, como Plinio o Carvalho, está aquí para quedarse.

Junqueras por bulerías

Arrasó Jordi Évole en su retorno a la noche de los domingos: “Salvados” lideró su franja con 4.104.000 telespectadores, un 20,3% de audiencia. El programa ocupó la portada de la web de El País durante buena parte del lunes. Yo me aburrí como una mona. Pasados los primeros quince minutos, en los que observé y analicé a Oriol Junqueras y su familia de adopción andaluza con interés antropológico, tal y como podría hacer con los concursantes de Gran Hermano, comencé a bostezar. Era la misma historia de siempre, con las ideas y tópicos escuchados una y mil veces, en un decorado diferente. Évole llevó al líder de ERC a Sevilla, donde le esperaba la familia Parejo para una comida casera con un único tema de conversación: la independencia de Cataluña. Una jubilada, una médica, un doctor en economía, un ingeniero agrónomo… y un Junqueras que se defendía como gato panza arriba de las acusaciones de los miembros más radicales del clan sureño. “Procuraré comprar cosas que sean del resto de España antes que de Cataluña (independiente)”, advirtió el ingeniero Antonio. “Si Rajoy, en su día, se hubiera sentado a hablar con Artur Mas, antes de que se plantease el 9-N, habría menos independentistas”, aseguró el político republicano. Nada que no se haya escuchado ya en una barra de bar.

Con excelente criterio, Jordi Évole renunció al excesivo protagonismo, habitual en periodistas televisivos, y se mantuvo en segundo plano. Algo muy de agradecer tras una semana de promoción excesiva, en la asfixiante línea marcada por Santiago Segura para sus “Torrentes”. Quizá llegué a la noche del domingo saturado de Évole. Quizá hastiado del problema catalán. A los quince minutos el programa había perdido la capacidad de sorpresa, el catalán en las antípodas, y el contenido de la sobremesa sevillana perdía relevancia: todo estaba visto, todo escuchado. La culpa no era tanto de Évole y “Sálvados”, en lucha constante por resultar ingeniosos y originales, sino del tema elegido, de absoluta actualidad pero me temo que cada vez más agotado para el consumidor habitual de información.

Cataluña cansa. Cansa y despista, en su circular complejidad, un bucle nacionalista sin fin. Como cansa y despista el españolismo. Y nada ni nadie debería distraer nuestra atención en estos momentos tan delicados. Me preocupa más el deterioro de la sanidad pública que la rapacidad de Jordi Pujol. Me intranquiliza más el abandono de la cultura y la educación pública que la posible frustración causada por el no referéndum del próximo día nueve. Me incomoda más el deterioro general de la ética y los principios de este país que las exigencias independentistas de una región concreta.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El carro de Tespis.

Autores: Bonifay & Rossi.

Editorial: Yermo Ediciones.

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Tras ser desterrado, Tespis, el padre de la tragedia griega, recorrió caminos y pueblos en un carro, con su teatro ambulante. En una aventura con algunas similitudes, Drustan, heredero de un sudista, abandona el hogar para no tener que defender la bandera confederada. En esa huida conoce a lo peor del Oeste norteamericano, una cuadrilla de desarrapados que se suben y bajan del carromato del protagonista viviendo un sin fin de aventuras.

Heredero de Giraud y su grandioso Blueberry, este cómic tiene algo de crepuscular y de realista, con unos dibujos dignos y un guión aceptable. El tomo que nos ocupa reúne los cuatro primeros capítulos de la serie, con guiones de Christian Rossi y Phillipe Bonifay, y dibujos de Rossi. Una edición digna, pero algo cara (40 euros) que destaca entre las infinitas reediciones de cómic-western que se están sucediendo últimamente.

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