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Furtivos

Un motivo para NO ver la televisión

Furtivos

Autor: Tom Franklin.

Editorial: Dirty Works.

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Tengo que comenzar esta reseña de manera contundente: “Furtivos” se ha convertido en mi libro favorito del catalogo de Dirty Works. Lo cual, teniendo en cuenta que estamos hablando de una de las editoriales más coherentes (la Norteamérica profunda) y fiables (ni un libro despreciable) de nuestro país, es mucho decir. Visten sus títulos de un negro riguroso, mantienen un diseño inquietante y no se anda por las ramas: ha traducido exquisiteces del calibre de “Volt” (Alan Heathcock), “Trabajo sucio” (Larry Brown) o “El hielo en el fin del mundo” (Mark Richard). Pero “Furtivos” es… especial.

“Nunca he perdido la necesidad de hablar de mi Alabama, de revelarla tal y como es, frondosa, verde y llena de muerte. Así que regreso con todo lo que he aprendido. Vuelvo a donde la vida muere con lentitud y cazo historias como un furtivo. Cazo como un furtivo porque quiero recuperar los senderos antes de que sea demasiado tarde, antes de que retumben los últimos camiones madereros y las viejas y oscuras costumbres queden taladas para siempre”.

Tom Franklin no solo escribe de maravilla, con una sencillez apabullante que le hace utilizar las palabras justas, sin estridencias, sin forzar descripciones o situaciones, sin abusar de adjetivos, sin un solo alarde estilístico o emocional, con precisión no de forense, sino de cirujano. “Furtivos” es una colección de relatos que hablan de personas al límite, como todos los títulos de Dirty Works, pero lo hacen de una manera diferente. Mientras otros huelen la sangre, se regodean en la violencia o apuestan por dejar al lector empapado en sudor, Franklin hace gala una sutileza exquisita, un ritmo narrativo trotón (sin altibajos), y una humildad conmovedora. Sus personajes pierden, beben, se pelean, lloran y se lamen las heridas como los demás, pero lo hacen en una escala diferente, en un tono distinto. Pura armonía. Todos guardan un poso de dignidad, ninguno es humillado. Ni siquiera los hermanos Gates, protagonistas del increíble relato que da título al libro…

“- Joder, Sugarbaby. Esos chicos no necesitan un abogado. Lo que necesitan es quedarse en el bosque, que es donde tienen que estar. A estas alturas la gente ya tendría que saber que lo mejor es dejarlos en paz.

Goodloe se apartó un paso de la camioneta. Chasqueó los labios.

- Me temo que nadie tuvo tiempo de advertírselo al difunto”.

Puede que Tom Franklin sea el mejor de todos los escritores publicados por Dirty Works. Hay otros más asilvestrados, más directos, más impactantes, más sucios, febriles y aparentes…. Pero ninguno resulta tan fascinante como este hombre nacido en sur de Alabama que siempre ha realizado trabajos duros, desde inspector de residuos tóxicos a empleado de una funeraria. Quizá por eso los diez relatos que forman este libro son auténticas obras maestras, piezas trabajadas de manera artesanal, minuciosa, que se presentan al lector con una naturalidad que desarma. Con una sinceridad que emociona. Y con una calidad que apabulla.

Agencia de Dignidad

Cuando tu lucha es humilde, evitar que cierren el colegio rural de tu pueblo o que supriman la línea de autobuses que te mantiene en contacto con la civilización y la asistencia médica (un bus de ida y otro de vuelta a Talavera al día), los llantos porque Barcelona se quede sin Agencia de Medicamentos suenan lejos, muy lejos. Quizá porque hasta hace solo unos días desconocía la importancia económica de una sede de la Agencia de Medicamentos. Tal vez porque desde que me lo contaron fui plenamente consciente de que cualquier resultado se utilizaría como instrumento de propaganda. Unos dicen que la culpa del fracaso la tienen la aplicación del 155 y la represión policial. Otros, que los independentistas están hundiendo la economía catalana. Que digo catalana… ¡Española!

La economía que me rodea, lo he contado en numerosas ocasiones, lleva mucho tiempo hundida. Mucho más de lo que pudiera estar la catalana por la pérdida de la famosa agencia. Castilla La Mancha se está hundiendo sola, sin necesidad de diabólicos independentistas. Simplemente con unos políticos ineficaces, y el abandono de la administración toledana, Talavera de la Reina y comarca están al frente del paro en España (con excepción de algunas ciudades de Cádiz). ¿Agencia de Medicamentos? Nos conformaríamos con una fábrica de tornillos, con un tren digno que nos comunicase con el resto del país, con que los jóvenes no tuviesen que marcharse para no volver. Con que permitiesen que conserváramos algo de dignidad.

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Un motivo para NO ver la televisión

Mort Cinder

Autores: Alberto Breccia y Héctor G. Oesterheld.

Editorial: Astiberri.

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Palabras mayores. Hablo de la nueva edición en Astiberri de “Mort Cinder”, una de las obras más importantes de la historia del cómic. Seguramente la cumbre del género en blanco y negro, con permiso de Will Eisner y su Spirit. Palabras mayores, insisto, no aptas para todos los públicos: “Mort Cinder” es un trabajo denso, minucioso, en ocasiones áspero y enrevesado, siempre profundo y sorprendente. Una obra maestra, sin duda, que regresa en una edición respetuosa, monumental, que recoge en toda su grandeza la intensidad con que trabajaban Breccia y Oesterheld. El primero con su dominio del blanco y negro, de los rostros angustiosos y los fondos siniestros, de los grises que inundan la página y conmueven al lector. El segundo con un guión que parte de la sencillez absoluta, el objeto, para enredarse en tramas complejas capaces de mezclar de forma coherente la historia y la fantasía, la realidad y la magia.

“¿Es ilusión mía, o todavía vibran en el clavicordio, que durante años estuvo en un pequeño salón de Versalles, las últimas notas de un minué que decidió el destino de dos personas?

¿Está el pasado tan muerto como creemos?”.

Frank Miller dice que “con Breccia empezó todo”, y no seré yo quien lleve la contraria al hombre que firmó “Sin City”. Con Breccia empezó quizá el más adulto de los cómic, que no el más aburrido. Un cómic que husmea en las entrañas del cerebro humano, de sus miedos y obsesiones, de esos deseos materiales que se cruzan con los desajustes psicológicos. Nada es lo que parece en “Mort Cinder”. O quizá todo sea como ha sido, como nos muestra la historia, como ha quedado reflejado en el pasado. Oesterheld y Breccia juegan con el tiempo, con la inmortalidad del protagonista, para recordar al lector su fragilidad. Una narración entre Lovecraft y Borges que solo admite un lenguaje: el de la línea y la sombra, la pesadilla y el misterio, el recuerdo demasiado vivo. El del mejor blanco y negro registrado en una historieta. Simplemente imprescindible.

“- ¿Y tu Mort? ¿Qué será de ti, ahora? Necesitas un empleo…

- Sí, pero es posible que el empleo me lo des tú, Ezra. En tu tienda de antigüedades tienes muchos objetos mal clasificados. Yo te los clasificaré como corresponde, ubicándolos en la época exacta. Tengo muy buena memoria y me acuerdo muy bien de todo”.

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Lo veo muy negro

TVE ha cancelado “¿Cómo lo ves?”, el programa que presentaba Carlos Herrera. Solo se han emitido seis entregas por razones absolutamente obvias: no alcanzaba la audiencia esperada y recibía unas críticas demoledoras. ¿Quién pudiera imaginar este fracaso? Nadie, después del éxito obtenido por Bertín Osborne.

Osborne y Herrera representan y defienden los principios fundamentales de la España de bien. Esa España con una honradez y una formalidad, amiga de las tradiciones y la religión, de la buena mesa y los buenos vinos, de las mujeres hermosas y los caballos andaluces, de los trajes elegantes y las monterías, de la feria de Abril y los buenos puyazos (usted ya me entiende). Esa España que tiene clase y orden, que huele a machote y chulito, que sabe a jamoncito bien cortado y puro de cien pavos. Esa España nuestra donde se vive como en ningún sitio.

¿Alguien dijo caspa? Envidioso…

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Un motivo para NO ver la televisión

Los gansos de las nieves

Autor: William Fiennes.

Editorial: Errata Naturae.

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Subtitulado “Mi viaje migratorio al gran norte”, este maravilloso libro de viajes y pájaros narra la aventura del británico William Fiennes siguiendo por Estados Unidos la migración de los gansos de las nieves. Fiennes abandona la comodidad de su castillo en Broughton para superar definitivamente una larga enfermedad y encontrar respuesta a una existencia sin sentido. Todo comienza con la lectura de un libro infantil: “La gansa blanca”, de Paul Gallico. Un libro que le acompaña desde Texas, donde los gansos pasan el invierno, hasta el Círculo Polar Ártico, donde se reproducen.

“Tendemos a volver a casa. Las aves migratorias no viajan por placer. Se desplazan entre las zonas de invernada y las de cría porque el eje de la Tierra no es perpendicular al plano de su órbita alrededor del sol. Migran en respuesta a la inclinación y a las estaciones y a los suministros variables de comida que existen a causa de ellas. En cualquier especie, un individuo que permanece dentro de un entorno familiar tiene más posibilidades de encontrar agua y alimento, de eludir a los depredadores y la congelación, que otro que se aventure en territorio desconocido. Puede que la añoranza haya evolucionado como una manera de decirle al simio que vuelva a casa”.

“Los gansos de las nieves” es un libro de viajes escrito por un hombre que sabe mirar, que consigue ver, que se relaciona con gente interesante, y que presta atención a los detalles. Y también un ameno manual de ornitología, sobre todo en lo referido a los grandes viajes migratorios. Pero es mucho más que todo esto, puesto que cuando has terminado su lectura, con una sonrisa de satisfacción en los labios, te das cuanta de que sabes cosas que jamás imaginaste sobre trenes, auroras boreales, leyendas vikingas y hasta de deportes como el Curling o profesiones como los bañadores de chocolate. Fiennes escribe de maravilla, con esa sencillez abrumadora del que se recrea en lo que ve y no en contarlo de manera deslumbrante. Es un narrador hábil, eficaz y brillante. No sobra un solo adjetivo, una sola descripción. Cada párrafo es necesario, y se convierte en un placer. Un título que no debería faltar en ninguna buena biblioteca pajarera y/o viajera.

“Me dijo que la radio de la camioneta se había quedado atascada en la cadena de country y western y que más me valía apagarla y escuchar a los pájaros. Las temperaturas habían superado ya los cero grados y las tormentas de nieve eran historia. Había barnaclas canadienses en las charcas derretidas de la tundra cercanas al aeropuerto y las primeras gaviotas argénteas habían llegado del sur. Deje a Ruth en la terminal y conduje solo por la carretera que llevaba a Goose Creek”.

Cuerda de presas

Un motivo para NO ver la televisión

Cuerda de presas

Autores: Jorge García y Fidel Martínez.

Editorial: Astiberri.

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Estamos ante una de las grandes reediciones del año. Un libro doloroso escrito y dibujado con los rescoldos de la Guerra Civil. Blanco y negro asfixiante para una serie de relatos breves sobre la represión en la post guerra. Historias de mujeres encarceladas, despreciadas, maltratadas y humilladas que no deberíamos olvidar jamás. Historias que recuerdan, por su emoción y su intensidad, al mejor “Paracuellos” de Carlos Giménez, a “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez, a Llamazares y su “Luna de lobos”, a… “¿De qué franquismo nos están hablando los media, tan dulcificado que a ratos yo temía que lograran modificar mi mirada con la misma eficacia con que lo están consiguiendo con los legos en historia? ¿Ése era el ayer de nuestros padres y de tantos de nuestros amigos?”, escribe Felipe Hernández Cava en el prólogo.

Un país que consiente que sus cunetas estén llenas de muertos olvidados necesita que siempre estén disponibles libros como éste, una patada en el estómago de esos tibios y pusilánimes que se refugian en el paso del tiempo, en el olvido, en la desmemoria. Publicado en su primera edición en 2005, “Cuerda de presas” es historia, contada para todos los públicos de la mejor manera posible: desde el recuerdo a miles de prisioneras, luchadoras por la libertad. Sus verdugos quisieron quitarles todo, incluso la dignidad. Pero afortunadamente ahí estaban Jorge García y Fidel Martínez para refrescarnos la memoria e impedir que venza el olvido.

“¿Qué contar?

¿Que sopla un viento alcalino?¿Que por su culpa todas llevamos el pelo blanco?

¿Que el único aseo posible consiste en ducharnos con agua de un pozo…?

¿…y que el agua trae tanta cal que estamos sucias apenas hemos terminado?

¿Que vivimos bajo constante vigilancia?

¿Que el hambre nos devora? ¿Que el rancho incluye hierbas llenas de hormigas?

¿Que los pescadores donan lotes de pescado que las monjas confiscan y venden en el economato de la prisión?

¿Qué decir?”.

De la misma forma en que se hizo poesía después de Auschwitz, tal y como nos recuerda el prologuista, se hizo arte tras esa guerra nuestra tan mal curada, nunca suficientemente llorada. Este libro es una apuesta por el recuerdo y la verdad. Un lamento triste y bello para que no olvidemos nunca a aquellas mujeres que lucharon y padecieron por nuestros derechos.

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