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La red rosa

Cuatro ha puesto en marcha un programa de política y actualidad a imagen y semejanza de los creados en los últimos tiempos por La Sexta. Es la estrategia empresarial que siguen Mediaset y Atremedia: sus cadenas comerciales son TelecincoAntena 3, aquellas con las que se forran, mientras que con Cuatro y La Sexta buscan la influencia política, para poder forrarse de otras maneras. El estreno de Cuatro se llama “La otra red”, se emite la noche de los viernes y no ofrece la más mínima novedad televisiva reseñable: comienza con un resumen de la noticia de la semana, la Diada, con las habituales entrevistas en la calle, continúa con una mesa con tertulianos vocingleros, y tiene como clímax una invitada con morbo. El estreno tuvo lugar en un plató de lujo, grandes balcones y hermosas columnas iluminadas como un burdel de carretera: la cúpula del Museo Nacional de Arte de Catalunya. El presentador, Javier Ruiz, encantando como siempre de haberse conocido, prometió “mucha información, muchas novedades, muchas sorpresas”.

La sorpresa era Victoria Álvarez, la ex novia de Jordi Pujol Ferrusola. Se sentó Ruiz junto a la despechada chivata después de contarnos aquello que ya sabíamos. Que si las mochilas con dinero. Que si ella no tenía ni idea de nada. Que como son los Pujol de puñeteros. “Moragas (actual jefe de Gabinete del presidente del Gobierno) me envió un SMS animándome a que denunciara”, dijo ya en la entrevista, insinuando que el Gobierno quería desprestigiar a los Pujol y frenar el soberanismo.

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Se quejó la buena mujer de haber sido utilizada, “por todos”, pero lo hizo sin interrumpir su gira por los platós de España. “No me considero víctima. Ahora, que me utilicen para una serie de cosas…”. ¿Utilizada? Contó, imagino que por dinero, intimidades de su relación con el hijo de los Pujol francamente espeluznantes: “Jordi (hijo) decía que prefería a un yihadista que a un madrileño”; “No podíamos pedir jamón en ningún sitio, porque no era catalán”. Qué fuerte, ¿no? No poder pedir jamón… Detalles personales, muchos triviales, que acercaron la política a la crónica rosa. Tan vergonzoso como ver a Belén Esteban hablar de su hija o de su ex.

Entre los tertulianos, sorpresa. No se puede usted ni imaginar quién estaba: Pilar Rahola. En un alarde de lucidez dijo que, con esas cosas que hacía y decía Pujol no entendía cómo la chivata en cuestión pudo estar dos años con él. “Solo te falta el Interviú”, aseguró Rahola con visión de futuro. Y el programa se tiñó, la 1:23 de la mañana, de un tono amarillo que daba asco. ¿Recuerda “Tómbola” o “Crónicas marcianas”? Pues en ese plan.

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Tenemos una televisión pública sin publicidad, ¿recuerda usted? Pues recuerda mal. El sábado, durante la retransmisión de la Vuelta Ciclista a España, en La 1, me tomé la molestia de apuntar los anuncios: Skoda, Danacol, Cofidis, Hispasat, Pinarello, aceitunas La Fragata, Vodafon, Afflelou… incluso melones de Villaconejos. Si nos engañan con esto, ¿Qué no harán con los informativos?

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El PP mete la pata en Twitter. Intentan escurrir el bulto echando las culpas a Hootsuite. Y estos responden diciéndoles que mienten. País bananero, una vez más.

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Una portada de La Razón para la historia. ¿Del periodismo? No, de la fritanga.

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Muere Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés.

Salvador Sostres en Twitter: “Que muera un pobre es importante para sus familiares pero que muera un rico es trágico para España”.

Pedro J en Twitter: “Con Isidoro Alvárez desaparece otro grande de España (y un gran amigo que ayudó mucho a Agatha). Un mundo de certezas se desvanece”. “Recuerdo a Aznar en febrero de 1996 hablando con él en mi casa: “Isidoro, cuando ganemos te vas a hinchar a vender calcetines”. Y así fue”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Sid Griffin

Cd: The Trick Is To Breathe.

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Sid Griffin es un viejo amigo. Líder de los legendarios Long Ryders, conoce como nadie las entrañas de las músicas campestres norteamericanas. Y adora a Gram Parsons. Su biografía sobre el genio de los Byrds y los Flying Burrito Brothers, publicada en 1985 con el título de “A music biography”, es sencillamente insuperable. Y sus conciertos en España al frente de los Long Ryders, inolvidables.

Tras disolver los Ryders, Griffin formó The Cole Porters, con los que grabó una docena de discos en los que destacan las guitarras acústicas y las mandolinas. Podríamos decir que estamos ante un estudioso de los años mágicos del country rock. Este “The Trick Is To Breathe” es su tercer disco en solitario. Doce canciones, algunas intimistas y otras festivas e incluso irónicas (Elvis Presley Call His Mama After Ed Sullivan Show), que recuerdan al mejor Griffin: un tipo que escribe canciones brillantes, que tiene una voz madura, que conoce como nadie el Nuevo Rock Americano, y que adora los instrumentos acústicos. Un genio escondido.

 

 

los jetas de Bélmez

Iker Jiménez arranca la nueva temporada de Cuarto Milenio (Cuatro) con un clásico: las caras de Bélmez. Es la misma historia de siempre, unos caretos pintarrajeteados en el suelo de una casa, entre el esperpento y el terror, a medio camino entre la superchería y la burla, entre la ignorancia y la estafa. La España profunda de 1971 revisitada en 2014. Pícaros viejunos en manos de modernos pícaros: la TDT recuperando el espíritu de El Caso, de las contraportadas del diario Pueblo, con Terele Pávez recreando aquellos días disfrazada de vieja del visillo.
“Miedo dan los informativos, no Cuarto Milenio”, dice el Iker más espeluznante de este país. Con permiso de Casillas. Y tiene razón. Cuarto Milenio no da miedo, da pena, y con este programa sobre las caras de Bélmez más. Porque nos recuerda que este país ha avanzado mucho, pero quizá no tanto. El programa de la noche del domingo, los rostros borrosos de hace cuatro décadas junto a las caras más duras de la tele actual, ha obtenido una brillante audiencia del 13.1%.

En Cuarto Milenio califican a las caras de Bélmez como “el gran misterio español”. Por encima incluso de la caja B del Partido Popular o de los ERE andaluces. Un misterio de esos profundamente español, puesto que está basado en la ignorancia del ciudadano. Me imagino a María Dolores de Cospedal sentada frente a la tele, en zapatillas y bata guateada, hablando con su marido mientras ven a Iker y parienta poner cara de misterio frente a los dibujos de Bélmez de la Moraleda: “si la peña se cree esto, Ignacio, ¿cómo no se van a creer que voy a bajar los impuestos en Castilla La Mancha?”.

Y así, entre risas y chascarrillos, los jetas de Bélmez (y de Génova, y de Ferraz, y de Cuatro), se burlan de los españoles crédulos. Esos que aún creen en el hombre del espacio, en los fenómenos paranormales, en la televisión, en los políticos, y en tantas y tantas patochadas.

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Dos colosos de la manipulación

Una de las máximas periodísticas más repetidas asegura que la credibilidad es muy difícil de conseguir y muy fácil de perder. Yo añadiría más: cuando se pierde, es para siempre. Alguien que ya te ha engañado, ¿Por qué no puede volver a hacerlo? Las cunetas, y los platós de las tertulias televisivas, están llenas de periodistas rotos, sentenciados por su credibilidad perdida.

Quizá por eso resultó enternecedor ver anoche en La Sexta al Pedro J de siempre frente al Évole posterior a “Operación Palace”.

Antes de comenzar, deberíamos hacernos una pregunta obvia: ¿Fue auténtica la entrevista de Jordi Évole a Pedro J Ramírez o se trató de otra… digamos que falsificación de la realidad, por parte del presentador de “Salvados”? Al final del programa no advirtieron del pufo, así que debemos entender que fue verdadera, real, una entrevista de las de toda la vida.

Una hora con Pedro J. ¿Desvelaría sus fechorías? ¿Descubriría sus falsas fuentes, sus entrevistas pagadas? ¿Contaría sus trapicheos empresariales? Antes morir que perder la vida. Así las cosas, lo realmente interesante de la propuesta de Évole fue que pocas veces los telespectadores tendríamos ocasión de disfrutar de un cara a cara entre dos manipuladores de semejante nivel. La élite de la adulteración. Si un hombre ha sabido mezclar periodismo y ficción, ese es Pedro J Ramírez, el ex director de El Mundo. Y si alguien nos ha sorprendido recientemente con su capacidad para mangonear la realidad ese es el bueno del ex Follonero. Los telespectadores que se divirtieron con la versión evoleniana del 23-F deberían husmear en las hemerotecas: alucinarán con la adaptación pedrojotesca del 11-M.

Y es que la sombra de la manipulación está presente en todo momento. “Los jóvenes compran El Mundo”, dice Pedro J al comienzo del programa, orgulloso, cuando una chica le pide al quiosquero su periódico. “Es para mi abuela”, dice la joven desmontando la teoría del periodista.

Pedro J hace una visita guiada a Évole por la vieja redacción de El Mundo en la calle Pradillo. Pedro J presume de periódico, de exclusivas, de Orbyt… Considera la vanidad como un mal menor para los periodistas. Asegura que Rajoy es un mal lector, que es aburrido, que le ha decepcionado, pero ya no le considera autor material directo de su cese al frente de El Mundo.

“¡La hostia!”, dice asombrado Évole cuando descubre la “salida secreta” de Pedro J a las pistas de padel. Una salida de emergencia. Hablan en ese descansillo de Aznar, de que jugaron un partido solo unos días después del atentado y el ex presidente le dijo: “¿QuÉ, ahora tengo carisma?”. Interesante anécdota. Ya en su antiguo despacho, Pedro J recuerda que el suelo azul es de Ágata. “Tiene mucha luz… cristales blindados”, dice, justo antes de hacer la primera declaración sorprendente: “Nunca he participado en una trama delictiva”.

Dos grandes profesionales de la comunicación  audiovisual se habían citado en ese cruce de caminos donde coinciden el rigor y la fábula. Y hablaron y hablaron. “¿A mí me estas utilizando tú?”, preguntó Évole a Pedro J. “O a la viceversa”, respondió el ex director. Y se rieron de lo que sabían y callaban, de lo que sospechaban y silenciaban, de lo que pensaban y se guardaban. De la fortaleza del poder y la debilidad de la prensa. De que Pedro J no dudaría en publicar una noticia que perjudicase a su propio padre.  De sus editoriales contra ETA (hay que matarlos) en Diario 16. De los tirantes y de la teoría de la conspiración: “No descarto la participación de ETA en los atentados, pero la veo improbable”, insistió Pedro J. Y los telespectadores, en un show televisivo tremendamente interactivo, tenían que decidir cuánto había de verdad en sus palabras y cuánto de fraude. ¿Estábamos escuchando al Pedro J del 11-M o al periodista serio y creíble que asegura ser? ¿Quien metía el dedo en el ojo al ex director de El Mundo era el Évole cuentacuentos del 23-F o el que se propone como alternativa al periodismo aburrido y dócil?

Terminamos este post tal y como lo empezamos, hablando de credibilidad. Para recuperar la suya, Pedro J tendría que devolver a sus lectores el dinero de cada ejemplar del periódico vendido con patrañas. Évole lo tiene mucho más fácil.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Élisa

Autor: Jacques Chauviré.

Editorial: Errata Naturae.

Élisa

Deje lo que esté haciendo en este momento. Relájese, prepárese un té (o un buen whisky) y dispóngase a pasar un par de horas en la gloria. Antes debe haber bajado a la librería y comprado “Élisa”. Ya con el libro en las manos, siéntese en su sillón favorito, junto al fuego de la chimenea, si la tiene, y deje que su gato, si lo tiene, se acomode a su vera.

“Élisa” es una historia que le proporcionará paz. En una de sus páginas el autor describe el momento que viven los protagonistas, Jacques y Élisa, como “unos instantes de sencilla felicidad”. Y es que este pequeño gran libro, primorosamente editado por Errata Naturae, es una sublime apología de la sencillez, de la felicidad y de la melancólica belleza. La vida simple, las relaciones apasionadas y una sed inagotable, la de Jacques, por una Élisa que endulza cada uno de sus días.

Cuando acaba “Élisa” el lector siente que tiene entre las manos un libro trampa que va mucho más allá de sus 61 páginas. Las ganas de regresar al comienzo, y empezar a leer de nuevo, son enormes: quizá hayamos perdido tonos de colores arrebatados, tal vez algunos matices hayan quedado en las esquinas, es posible disfrutar de nuevos detalles del proceso de iniciación, de esa piel tan cercana a los pechos, de esa manera de descubrir “los vínculos secretos que unen el amor y la muerte”.

“Élisa” representa el descomunal placer de la literatura breve. Y el descubrimiento del francés Jaques Chauviré (1915-2005). Un escritor humilde, de reconocimiento tardío y obra desconocida en España,  que a partir de ahora ocupa un lugar entre los inolvidables.

Televisión en lugar de periodismo

Olvide términos tan pasados de moda como credibilidad, periodismo o innovación. Hablamos de televisión. Y el último programa de Jordi Évole, una engañifa sobre el golpe de Estado del 23-F, ha sido un éxito de audiencia: 24% de cuota, con más de cinco millones de espectadores. Esto es lo que importa. Éxito en términos televisivos, por supuesto. El periodismo o la credibilidad son, insisto, algo muy distinto. La falsa realidad del programa “Operación Palace” ha sido un bombazo, ha dado el golpe, y ha conseguido desactivar el estreno de la competencia: Risto Mejide y su “Viajando con Chester” apenas consiguieron un 9,5% de audiencia. Objetivo conseguido, por tanto.

¿El periodismo? ¿La credibilidad? Qué pesado es usted, madre mía. El periodismo y la credibilidad son importantes, pero ni mucho menos fundamentales. En televisión lo fundamental es la audiencia, y ahí queda ese 24% y esos cinco millones de telespectadores. Récord histórico de la cadena. La prensa especializada en la pequeña pantalla lo tiene claro a la hora de titular: “Évole rompe audímetros con su falsa Operación Palace”. La Sexta, filial de Antena 3, se impone una vez más a Cuatro, filial de Telecinco. “Operación Palace” (La Sexta) blinda “Salvados” de cara al futuro, y consigue neutralizar el estreno de “Viajando con Chester” (Cuatro). Punto.

“Operación Palace” no es periodismo, evidentemente. Pero tampoco un prodigio de imaginación, como se apresuran a aventurar en otros espacios de la cadena. Seguro que usted ha oído hablar de Orson Wells, e incluso de “Operación Luna”, un documental que sugería que el famoso viaje espacial norteamericano fue un montaje. Aquí tiene una lista de falsedades similares. Nada nuevo, por tanto, en esta trola sobre Tejero y sus secuaces. Una simple broma. Lo interesante es que el autor de semejante esperpento sea no un imaginativo cineasta, sino el gurú del nuevo periodismo audiovisual, la reserva espiritual informativa de la televisión, el gran Jordi Évole. “Si ya no puedes confiar ni en Évole, ¿hacia dónde va el periodismo?”, se preguntaba la gente en Twitter.

“Por lo menos nosotros hemos reconocido que es mentira”, ha sentenciado Évole en una frase que de alguna manera recuerda el “y tú más” tan habitual en política. Balones fuera, cortinas de humo. El supuesto informador Évole se quita la máscara y descubre su vertiente como manipulador. Y dice que en televisión hay que correr riesgos, y que el programa es “un experimento”, y que no ofende a los que “sufrieron” ese día. 

Pero lo peor de todo es la justificación de Évole ante la división de opiniones que ha provocado el programa: “Nos hubiese gustado contar la verdadera historia del 23-F. Pero no ha sido posible”. Es decir, que como no han podido hacer un trabajo periodístico sobre el golpe de Estado, han montado un espectáculo circense en la línea de “La guerra de los mundos”. No sé si este salto del periodismo imposible a la ficción periodística dice mucho del equipo de “Salvados”.

Personalmente hubiese preferido esperar un año, o lo que fuese necesario, y que Évole y su equipo me hubieran ofrecido esa “verdadera historia del 23-F” que al parecer les “hubiese gustado contar”. El programa que a mí me hubiese gustado ver. Pero han apostado por la audiencia, han elegido desactivar el nuevo espacio de Mejide en Cuatro para la noche de los domingos con una bomba. Falsa, pero bomba. Cuestión de gustos. Y de intereses. Televisión antes que periodismo.

¿Podremos volver a creer en Évole? Como informador, digo.