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Droga dura

Las consecuencias del abuso del alcohol y las drogas duras en algunas personas pueden ser terribles. Golpean el interior de la víctima con la precisión de una gota malaya y con la fuerza de una bola de demolición. Destrozan los órganos internos y las neuronas, pero también deterioran el aspecto externo hasta el punto de convertir al adicto en un guiñapo. La bebida y los estupefacientes machacan el cuerpo, pulverizan el cerebro, destrozan la vida y provocan en el individuo averías en demasiadas ocasiones definitivas. ¿Puede haber algo más peligroso para el cuerpo humano que, por poner un ejemplo, un cóctel de ginebra, cocaína y ansiolíticos?

Quince años de televisión. Mejor dicho, quince años de popularidad televisiva en una cadena que basa su programación en los peores espacios imaginables. La telebasura es una droga dura, muy dura. Casi tanto como la cara de aquellos que utilizan una concesión del Estado, una televisión, para enriquecerse mientras embrutecen a la población.

Dinero, fama, ignorancia, narcóticos, bisturís… Con estos ingredientes la televisión hace maravillas. Y también provoca enormes estropicios. Ahí tienen a Belén Esteban, musa de Telecinco, princesa del pueblo, reina de las audiencias, ejemplo vivo de la evolución de una tele-star. La ex de Jesulín de Ubrique forma parte de la plantilla de la última edición de “Gran Hermano VIP”, reality en el que ha recordado que lleva 15 años dentro del mundo de la televisión…

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La televisión es droga dura. En “Gran Hermano VIP” Belén Esteban puede estar metiéndose el chute definitivo: mercancía cortada, una cadena infecta, un programa repugnante, una decadencia evidente… ¿Muñeca rota? Sí, desvencijada, exprimida y espachurrada por esa trituradora de seres humanos que es la televisión.

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Un motivo para NO ver la televisión

París D.F.

Autor: Roberto Wong.

Editorial: Galaxia Gutenberg.

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El joven mexicano Roberto Wong ha ganado el Premio Dos Passos, destinado a escritores que aún no han publicado, con una novela intensa, compleja y, sobre todo, callejera. Husmea en la cartografía de la derrota contando la vida de un hombre, Arturo, que vive en el D.F. pero tiene el alma en París. En un París en el que no ha estado jamás. Lo cual no es sencillo: el protagonista superpone los planos de ambas ciudades para sentir bajo los pies un mundo que imagina idílico, una vida maravillosa rodeado de sensibilidad, de monumentos, de belleza, de artistas, de oportunidades… ¿Dónde acaba la realidad y comienzan las alucinaciones?

“Continúas por Reforma hacia Montmartre”, escribe Wong en su deambular por dos mundos paralelos pero antagónicos. El agobiante y agresivo D.F. frente a un París que se convierte en su meta, en su salvación. ¿Puede una ciudad ofrecerte la redención? Una amiga de Arturo intenta devolverle al mundo real: “Cualquier ciudad es así. Una ciudad duele. La gente se queja de ella como una sarna que no puede quitarse. Y a la menor oportunidad, todos escapan… París les duele, les harta. Todas las ciudades son así, en cualquiera de ellas uno termina quejándose de todo”.

La farmacia en la que trabaja Arturo sufre un atraco. El ladrón es abatido por la policía. El suceso dinamita la vida de nuestro protagonista, y le lanza a un proceso de autodestrucción por las calles, cantinas y mujeres del Distrito Federal. Todo con París como utopía. “Me moriré en París con aguacero / un día del cual tengo ya el recuerdo”, escribió César Vallejo. “Quisiera ir allí de una vez por todas. Y aún cuando tuviera esos veinte mil pesos, me aterra la posibilidad de que la realidad sea mediocre, gris, de que París no sea lo que esperaba”, escribe Wong en esta novela tensa, violenta, negra y repleta de itinerarios urbanos.

Mujeres leopardo

La gente se mete con Cristina Pedroche, la presentadora de televisión, desde que lució un vestido con transparencias para dar las campanadas. Y porque sale con uno de esos cocineros estrellados que dan de comer a los ricos. Y porque dicen que está fondona en bañador: algún necio ha llegado a llamarla “La ballena de Vallecas”. Y porque… Se queja Pedroche de que la gente es machista, sexista, sensacionalista y envidiosa. “Igual viene con transparencias y nos alegra el día”, dice el co-presentador del programa de Antena 3 “Espejo público” el día que tienen a Pedroche como invitada.

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“La gente me critica porque utilizar las redes es gratis”, dice una Pedroche sin transparencias. Se refiere a las redes sociales. Pero mientras habla, en Antena 3 ponen las imágenes de Pedroche con transparencias. Lo de “La ballena de Vallecas” viene, cuenta la chica, del día en que colgó en internet su foto en bañador cuando comenzaba a dar clases de natación. Utilizar las redes es gratis, ¿recuerda? “En todo caso seré una ballena sexy”, sentencia divertida.

Y para despedirse, imparte un curso de autoayuda: “Yo solo quiero que la gente que vea esto, y por eso lo he puesto en las redes sociales, sea feliz. ¡Quiérete! ¡Yo me quiero! ¡Yo estoy feliz! Y no olviden que a las cuatro menos cuarto… ¡“Zapeando”!”. “Zapeando” es el programa que Pedroche presenta en La Sexta.

La televisión tiene el don de convertir el asunto más sesudo en la cosa más trivial. Uno no sabe si Pedroche es una víctima del machismo o una exhibicionista, si está un poco fuerte o se trata de una mujer leopardo. Lo cierto es que las mujeres sexys lo petan en la tele. Y marcan tendencia. Si no me cree, ahí tiene a Belén Esteban: el pijama animal print que luce en la casa de “Gran Hermano VIP” (Telecinco) está agotadísimo en El Corte Inglés.

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Pero el mayor descaro en cuanto a utilización de la imagen de la mujer lo tenemos en el periódico sensacionalista británico The Sun. Hace unos días dijeron que suprimían, por fin, la legendaria chica desnuda de su página 3. En España muchos tertulianos aplaudieron la decisión, evitando recordar que en nuestros quioscos tenemos cada semana la portada de Interviú y cada día la contraportada del deportivo AS. La legendaria hipocresía ibérica. Pero el colmo es que, solo tres días después, el tabloide de Rupert Murdoch aseguró haber sufrido “un lapsus mamario”: “Con relación a las informaciones recientes en otros medios de comunicación, queríamos aclarar que ésta es la página 3 y hay una fotografía de Nicole, de 22 años, de Bournemouth”. Es decir, que vuelven a las andadas. Y es que no se le pueden quitar las manchas al hombre leopardo.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Chris Spedding

Cd: Joyland.

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Chris Spedding es, con 70 años en las espaldas, uno de los guitarristas de serie B más grandes de todos los tiempos. Es decir, que es un genio pero no juega en la liga de Eric Clapton, Jimmy Page, Hendrix, Gilmore y Compañía. Spedding pertenece a esa larga lista de maravillosos perdedores de las seis cuerdas en la que están tipos como Danny Gatton, Link Wray o Roy Buchanan. Los mejores guitarristas desconocidos del planeta.

Se llama Peter Robinson, pero todos le llaman Chris Spedding. Nació en 1944 en la localidad británica de Derbyshire, y comenzó a tocar la guitarra con doce años. Bueno, la guitarra no: el violín. Intentaba sacar a este instrumento los sonidos rocanroleros de la época. Luego llegaron las primeras bandas adolescentes, con las que incluso teloneó a los Stones en el primer concierto tras la muerte de Brian Jones. Para entonces ya era un músico con personalidad, con feeling… ¡Jagger y compañía barajaron su nombre para sustituir a Mick Taylor!

En 1978 conoce al rocker Robert Gordon: “Tiene mejor voz que yo”, asegura Spedding. Juntos graban grandes discos y ofrecen conciertos memorables. Hiperactivo, ha grabado y tocado con decenas de músicos, desde Dee Dee Ramone y Nina Hagen a John Cale y Brian Ferry. Su nuevo disco, “Joyland”, el número 19 en su carrera como solista, cuenta con la participación de numerosos colegas: Glen Matlock, Bryan Ferry, Johnny Marr, Robert Gordon,  Ian McShane, Andy Fraser… No es rockabilly, el género en que se encuentra más cómodo Speeding, pero está repleto de buenas guitarras. Y como de costumbre, envuelto en una hermosa portada.

Contracultura, contraperiodismo

Las élites culturales y periodísticas españolas están muy preocupadas ante la situación que atraviesa el país. Y advierten: ¡Salvemos la cultura! ¡Salvemos el periodismo! Las élites culturales españolas son aquellas que acarician la mano de Lara en la cena de los premios Planeta, que viajan por Iberoamérica a gastos pagados defendiendo el castellano, que mamonean en la SGAE, que corren a hacer la reserva para comer en el nuevo restaurante con tres estrellas Michelin, que se sientan junto a Vargas Llosa en un palco de Las Ventas o que orinarían en las cuencas vacías de los ojos de su madre si les invitasen a la ceremonia de los Premios Príncipe de Asturias. Las élites periodísticas son aquellas a las que se les llena la boca de independencia, libertad y rigor en la entrega de los Premios Ondas (Prisa) y los Premios Periodísticos de El Mundo (Unidad Editorial), acontecimientos ambos celebrados el pasado martes.

Ante semejantes élites culturales y periodísticas no sería descabellado afirmar que tanto la cultura como el periodismo están en las últimas.

“La cultura no puede existir sin dinero público”, asegura el sociólogo y periodista francés Frédéric Martel en el V Congreso Iberoamericano que se celebra en Zaragoza.  Sin dinero público no hay bibliotecas, ni museos, ni teatros… Sin dinero público la industria del cine se tambalea, y el mundo editorial se viene abajo. Sin dinero público ABC y La Razón estarían en la ruina, más, lo cual sería una auténtica pena.

Si el Estado te paga, el Estado te tiene cogido por los huevos. Cultural y periodísticamente hablando. Necesitamos, por tanto, contracultura y contraperiodismo. La cultura y el periodismo actuales son un coñazo, una antigualla y un bodrio, y son todo esto y más porque están en manos del poder. De un poder que considera la cultura y el periodismo como dos lujos, dos caprichos, en el mejor de los casos dos negocios.

Mientras llegue ese día, el de la contracultura y el contraperiodismo, debemos conformarnos con la biografía de Belén Esteban, que se titula “Ambiciones y reflexiones” y acaba de ser editada por Espasa. Se puso a la venta el pasado martes y ya está agotada la primera edición, de 20.000 ejemplares. ¿Quién dijo que en este país no se lee? Un libro vibrante sobre una vida fascinante, con reflexiones que pueden ayudar mucho a nuestros jóvenes en estos momentos de crisis económica y moral: “Me encantaría dejar la televisión y vivir sin hacer nada, pero ahora no puedo, necesito el dinero”, asegura Esteban en este ambicioso proyecto literario.

Los libros sobre personalidades ejemplares están de moda: ahí tiene calentitas las de Aznar, Zapatero, González, Bono, Solbes, Anguita e incluso la de Fernando Álvarez Miranda, fundador de Izquierda Democrática Cristiana y miembro de UCD. Esta  eclosión de la bio-basura es muy interesante, puesto que indica por dónde van los gustos de los lectores: no olvide que las grandes editoriales se limitan a “echar de comer” a sus clientes.

¿Cultura? ¿Periodismo? No en España, un país cada vez más inculto, más gris, más sumiso, más triste y desamparado, menos  educado, menos informado. Un pais peor.

P.D.

Gran periodista e intelectual de enorme peso, Luis María Ansón flirtea con la reportera de 13Tv, la cadena que mide su audiencia en términos de “cuota social”, que “tiene más merito todavía”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Los bosnios

Autor: Velibor Colic.

Editorial: Periférica.

“Los bosnios” es un libro sobre gente que hace la guerra. Gente que mata, que muere, que hace daño, que resulta herida, que desprecia a su vecino y ama a su hermano. Gente que sufre, odia y se avergüenza de demasiadas cosas. Gente, los bosnios, que en medio de ese desastre encuentra un hueco para la piedad, para la esperanza y hasta para el humor. Gente que sobrevive a gente, mientras escribe un catálogo inconmensurable de desgracias y sufrimientos. Gente que humaniza la debacle de los Balcanes.

Velibor Colic, el autor, forma parte de esa gente. Y formó parte de esas batallas: estuvo en el ejército bosnio durante la última guerra de los Balcanes, y desertó en 1992. Quizá por eso escribe a ráfagas, dejando profundas huellas en un lector que por momentos se siente tiroteado. “Los bosnios” es un libro violento, desgarrador, desolador, que se olvida de estrategias bélicas y enredos políticos para describir de manera minuciosa los sentimientos de decenas de personajes destruidos por un conflicto fratricida. Las víctimas. Perfiles dolorosos de ambos bandos, que sirven para denunciar lo injusto de esta guerra, de todas las guerras. Impresionante.

 

Premios Talento

El acontecimiento televisivo del fin de semana ha sido, sin ninguna duda, el enésimo regreso de Belén Esteban a Telecinco. Tras seis meses “en el taller”, como diría el campechano Juan Carlos, y con un excelente aspecto físico (ver foto), la princesa del populacho aterrizó en “Sálvame Deluxe” para recordarnos en qué país vivimos, cuál es el nivel intelectual y moral que disfrutamos, y hasta que punto es recomendable es nuestra televisión. Contando alguna miseria de su Andreita, un par de detalles de sus adicciones y cuatro intimidades familiares más, Esteban consiguió una audiencia record del 25.7% y 3.113.000 de espectadores.

Sin duda avergonzado por su responsabilidad en todo este desastre humanitario, Paolo Vasile ha rechazado el Premio Talento que le acaba de conceder la Academia de la Televisión. “La coherencia me impide aceptarlo”, ha dicho el consejero delegado de Telecinco. Y por una vez estoy completamente de acuerdo con el señor Vasile. Podría aceptar con orgullo y satisfacción el Premio Basura, o el Premio Grandes Audiencias, o incluso el Premio Enormes Beneficios Económicos. ¡Pero el Premio Talento! Cualquiera que haya tenido la desgracia de ver media hora de la programación de Telecinco comprenderá que no viene a cuento, y que su renuncia a aceptarlo no solo le honra, sino que sugiere que pueda quedarle un ápice de decencia.

Pero cuidado, porque si usted termina de leer la noticia comprenderá que no es así. Paolo Vasile rechaza el Premio Talento no porque se avergüence de su descomunal aportación al embrutecimiento de los españoles, solo comparable a la del ministro Wert, sino porque no está de acuerdo con un sistema de votaciones que, dice, “desconoce sistemáticamente grandes éxitos de las televisiones privadas”.

Otro día, si quiere, hablamos de la utilidad de la Academia de las Ciencias y la Artes de la Televisión.

P.D.

Entrevista con Pablo Motos, presentador de “El Hormiguero” (Antena 3), en XL Semanal, el suplemento dominical de ABC. No sé muy bien si estamos ante un Premio Talento o ante un merluzo integral… “Yo era muy niño y todo el edificio tenía la tele en color, menos nosotros… Calculé que si tiraba la tele al suelo, como mucho me podían estar pegando 30 o 40 segundos y, a cambio, tendríamos en breve una tele en color. Y lo hice. Quiero decir en mi favor que ahora intento compensar lo rebelde que fui de niño y procuro que se sientan colmados de todas las formas posibles, tanto mi padre como mi madre”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El complot mongol

Autor: Rafael Bernal.

Editorial: Libros del Asteroide.

¡Pinche Bernal! El escritor mexicano publicó en 1969 una novela que se adelantó no ya a su tiempo, sino a nuestro tiempo. Porque “El complot mexicano” habla de la corrupción en todas sus formas. Corrupción económica, corrupción política, corrupción policial, corrupción individual y colectiva… Libros del Asteroide recupera esta pieza histórica, y le añade un prólogo de Yuri Herrera y un posfacio de Élmer Mendoza.

“Si de chico fui a la escuela / y de grande fui soldado / si de casado cabrón / y de muerto condenado / ¿Qué le debo al sol / por haberme calentado?”, recita el protagonista de la novela, el policía Filiberto García, recordando las palabras de un paisano de Michoacán. Resumen el México DF de los sesenta, despiadado y violento. Filiberto, que se considera un fabricante de muertos, se ve involucrado en una investigación surrealista. Sus superiores, que sospechan que un grupo de chinos planea asesinar al presidente de los Estados Unidos durante una visita al DF, le encargan impedir el atentando en colaboración con agentes del FBI y el KGB.

Filiberto, un policía tradicional acostumbrado a trabajar solo y de manera violenta, tarda en acostumbrarse a Laski y Graves, sus nuevos compañeros de aventuras. Una china joven y guapa, a la que no acaba de entrar como quisiera, pinche maricón, termina de enredar la vida de nuestro anti héroe. El resultado es un thriller tremendamente original, en ocasiones violento, a veces tragicómico, siempre sorprendente. Una delicia.

Pincha para comenzar a leer “El complot mongol”.