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Madrid

Madrid, mi ciudad, es un lugar de mierda. Y lo es porque en sus calles la sórdida cutrez sobrevive y las alternativas interesantes desaparecen. El próximo día 22 Altaïr, la mejor librería de viajes de España, cierra su local en la calle Gaztambide porque “la difícil situación económica nos ha forzado a efectuar este repliegue”. Sin embargo, ese mismo día los madrileños serán de los pocos españoles que aún puedan ver Intereconomía, la cadena conservadora de Vocento que, arruinada, apaga la señal a nivel nacional pero mantiene abierta la emisión en las comunidades madrileña y valenciana, concesiones propias concedidas por Esperanza Aguirre y Francisco Camps.

Los madrileños tendrán más difícil encontrar “Las montañas de la Luna”, de Richard Burton, un buen mapa de Estambúl o una guía de aves de Costa Rica, qué se jodan, pero podrán encabronarse hasta que les reviente la bilis con las sandeces de los tertulianos de “El gato al agua”. Es el signo de los tiempos. Menos cultura, más doctrina, menos libros, más televisión, menos reflexión y criterio, más intransigentes y fachas.

Son las dos caras de este Madrid sucio, corrupto, aburrido, acabado. El de la gran librería cerrada y el de la putrefacta televisión abierta. El del relaxing cap of café con leche, el de las ciudades deportivas y los estadios Calderón recalificados, el del sobrecoste en las circunvalaciones enterradas y las rebajas en los áticos marbellíes, el de la especulación urbanística y la decadencia cultural. El Madrid de los farsantes y los ignorantes. El Madrid en el que es tan fácil encontrar a sus líderes en el palco de un estadio de fútbol, como difícil verles en una librería.

ana botella

El cierre a nivel nacional de Intereconomía es una gran noticia: el fracaso de lo rancio, de lo ultra, de la crispación y la mentira, del periodismo chusco, de la propaganda. Pero la felicidad nunca puede ser completa. Ese gran momento, el ocaso de un antro, coincide con el cierre de una gran librería, referencia durante casi 17 años para los viajeros de salón y de camino.

P.D.

La librería Altaïr permanece abierta en Barcelona. Y puedo asegurar que es uno de los monumentos de la ciudad. ¿Por cosas como ésta se sentirán diferentes?

 

Un motivo para NO ver la televisión

Robben Ford.

Cd: A Day In Nashville.

Robben

Generalmente prefiero el blues más sencillo y descarnado, más acústico y rural, más rasposo y primitivo. Pero cuando quiero escuchar un blues perfecto, y una guitarra que lo borda, busco un disco de Robben Ford. El músico californiano lleva más de medio siglo tocando, grabando discos espléndidos y dando conciertos con enorme pulcritud y no poca energía. Ford es uno de los grandes de la guitarra, y su nuevo disco, editado tras un cd con versiones (Bringing It Back Home) nos ofrece nueve temas propios.

Grabado en un solo día en los legendarios estudios Sound Kitchen de Nashville, este “A Day In Nashville” cuenta con la colaboración del guitarrista Audley Freed , el teclista Ricky Peterson , el bajista Brian Allen , el batería Wes Little y el trombonista Barry Green. Un sonido pulido, como no podía ser de otra manera, pero por momentos asilvestrado, con dos guitarras corriendo en paralelo, guiños al jazz y al R&B, el trombón picoteando aquí y allá… Un disco de blues con mucha clase, grabado por músicos que van sobrados.

 

El Follofacha

Culo veo, culo quiero. En Intereconomía, la cadena ultra de Julio Ariza, no tendrán ni para pagar alquileres ni nóminas, pero sí se rascan los bolsillos para darse algunos caprichitos. Como por ejemplo crear un clónico, bien es cierto que de saldo, de aquel Follonero que hizo grande Jordi Évole en los programas de Buenafuente. Le dicen el “Follonero de la derecha” y es un tal Cake Minuesa que, de momento, tiene un currículo tan breve como triste: interrumpir la rueda de prensa (sin preguntas, modelo Rajoy) celebrada en Durango por ex presos de ETA. “No tenéis la hombría, la dignidad y la vergüenza de pedir perdón”, gritaba el tal Minuesa ante las miradas sorprendidas de los asistentes. Estaba buscando su minuto de gloria…

El Follofacha, también conocido como Fachanero, ha conseguido su propósito: ese minutillo de gloria que hacen que estemos hablando en estos momentos de él y de su cadena de televisión. Poco más. Bueno, también debemos reconocer el valor de meterse en ese avispero etarra y ponerse a dar voces. Algo así como entrar en un bar de moteros Harley con una camiseta de Honda y acercarse a la barra y pedir un Cola Cao. Con dos cojones.

El Follofacha es una imitación, y ese tipo de deformidades no suele funcionar. Recuerdo que una vez Tom Waits me dijo, durante una entrevista en París, que los imitadores nunca son interesantes porque no tienen tiempo para hacer bien las cosas. Siempre a rebufo, siempre con prisas, siempre excesivos e histriónicos. Es el caso del Follofacha, un esperpento que no todos los días se encontrará con ruedas de prensa de ex etarras.

El gran error sería confundir provocación con información. Se supone que el Follonero auténtico pretende informar, poniendo el dedo en la llaga, sobre determinados temas y personajes de actualidad. ¿Usted es un corrupto que lleva meses evitando a la prensa? Pues tendrá que sentir el aliento de el Follonero en la oreja. Otra cosa es la provocación. ¿Ustedes son unos etarras que han organizado una rueda de prensa? Pues yo se la voy a reventar convirtiéndome en protagonista, recordándoles a voces los muertos y dándoles doctrina sobre el perdón. Poco periodismo, mucho escándalo.

P.D.

Y hablando de alternativas, me da la sensación de que el individuo de las imágenes siguientes está pidiendo a gritos un relevo. Sería un momento estupendo para replantearse ir más allá de una alternativa continuista…

La tangana

Me gusta el fútbol a rabiar, pero jamás perdería el tiempo viendo uno de esos programas dedicados al análisis de la actualidad futbolística. La actualidad futbolística no existe más allá del pitido que pone fin al partido. La lesión muscular en el biceps femoral de la pierna izquierda de Messi me importa un pimiento: el domingo saltará al campo otro jugador. Así las cosas, no tendrían sentido programas como “Punto Pelota” o “Jugones”, basados teóricamente en la actualidad deportiva. Programas que en realidad se nutren de especulaciones, rumores o simples maledicencias sensacionalistas. El periodismo deportivo no podría sobrevivir limitándose a contar lo que pasa. Pasa poco. Demasiado anodino todo. Tiene que tirar de imaginación y de enfrentamiento. Vivir en una constante tangana. Como “Sálvame”, pero con futbolistas en lugar de folclóricas.

Programas broncos en los que el conflicto se desborda y va más allá del plató. Cuentan todos los diarios en sus secciones dedicadas a comunicación que Interconomía ha puesto en la calle a Josep Pedrerol, presentador de “Punto Pelota”, y veta el acceso de su equipo de trabajo a la cadena. Me quedo de piedra, puesto que yo creía que Pedrerol era el presentador de “Jugones”, en La Sexta. Y es que Pedrerol hace, hacía, doblete. Dos programas: en la cadena progresista y en la cadena ultra conservadora. Business es business, ya sabe usted…

No he tenido el placer de seguir a Pedrerol en “Punto Pelota”, pero sí he tenido la desgracia de verle en “Jugones”. El monólogo inicial es de esos que invita a apagar la tele: tono serio, preocupado, melodramático, para hablar de los problemas que atraviesa un equipo, de las malas relaciones entre jugadores, de los rumores sobre algo terrible que afecta a alguien del fútbol. ¿Noticias? Pocas confirmadas. ¿Periodismo? Está por ver. ¿Tangana? La sal del programa.

P.D.

En el lado opuesto, “Informe Robinson” (Canal +). Un programa serio, elaborado, con periodismo. Una mirada original y exclusiva al mundo del deporte.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Hoy se cumplen 25 años de la muerte del gran Roy Orbison, The Big O, el rocker tejano de la voz melancólica. “Roy Orbison canta para el solitario”, resumía Springsteen en “Thunder Road”. El primer vídeo, maravilloso, con Roy sin gafas y con una flamante White Falcon

El final del camino

Me repugna el 90% de la televisión actual, tengo que reconocerlo. Pero admito que me causa una profunda admiración la capacidad de este electrodoméstico para sorprenderme: como le sucedía al bueno de Forrest Gump al abrir la caja de bombones, cuando toco el mando a distancia nunca se lo que me puede tocar…De hecho, escribo este post en shock, aturdido, anonadado y un tanto horrorizado tras ver y escuchar a Ramoncín en Intereconomía. ¿Presentando un nuevo disco en un espacio musical? ¿Anunciando las fechas de su nueva gira en un programa cultural? No, hablando sobre financiación autonómica en “El gato al agua”, programa estrella de la decadente cadena conservadora.

El legendario rey del pollo frito, con permiso del coronel Sanders (creador de Kentucky Friend Chicken), vestía chupa de cuero azul clarito, con coderas, y lucía cuatro pendientes. Epidérmicamente más cercano a Camilo Sesto que a Bruce Springsteen, el de Vallecas ha caído en el más profundo, oscuro y pestilente de los pozos: Intereconomía es el agujero negro, el viaje sin retorno, la tumba del tertuliano. Donde menos pagan, donde menos te ven, donde pierdes esos posos de credibilidad que aún te quedaban. Intereconomía es el final del camino.

Edurne Uriarte es otra de las estrellas de la tabernaria mesa de Intereconomía, y seguramente por eso ha terminado como ha terminado: increpando a la Guardia Civil en un incidente de tráfico. El clásico “usted no sabe con quien está hablando…”.

“Con una tertuliana de Intereconomía”, pudo muy bien responderle el miembro de la Benemérita mientras se calzaba los guantes de látex y se ponía una mascarilla de protección respiratoria: pocas cosas resultan tan apestosas y sucias como la soberbia. El Diario informa de que la ex compañera del ministro de Educación José Ignacio Wert “advirtió a dos agentes de la Guardia Civil de Tráfico de su condición de tertuliana y de la capacidad que tenía de telefonear a sus superiores, incluidos los del Ministerio del Interior”.

Para el periodista, para el político, para el músico, para el abogado y hasta para una Barbi Complementos. Salvo contadas excepciones, en la actual televisión no hay nada más aburrido, más cutre, más tendencioso y menos necesario que un tertuliano. Son el final del camino.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Cuesta abajo.

Autor: Michael Connelly.

Editorial: RBA.

¿Un nuevo caso del inspector Harry Bosch? No. ¡Dos nuevos casos del inspector Harry Bosch! Y por el precio de uno… Cuando apenas le quedan tres años para jubilarse, al policía de Los Angeles se le acumula la faena. Por un lado recibe el encargo de la Unidad de Casos no Resueltos de resucitar una vieja investigación, la de una violación con asesinato cometida en 1989. Nada más arrancar este caso se produce la muerte, aparentemente por suicidio, del hijo de un concejal con el que ha tenido numerosos enfrentamientos. El concejal pide que sea Bosch quien dirija la investigación.

Los casos no se tocan, pero se cruzan. Bosch se sumerge en ambos al mismo tiempo, con la misma intensidad emocional, y con el consiguiente barullo tanto profesional como personal: “La carga de la verdad resulta pesada”. Así las cosas, la jubilación se aleja. El inspector siente que tiene una misión, limpiar las calles de asesinos. Pero no solo se trata de un interés profesional: parece adicto a esa  adrenalina que le produce retirar de la circulación a quienes son capaces de hacer del mundo un lugar doloroso. Íntegro, leal, concienzudo… Su filosofía está bien definida: o bien todas las personas cuentan, o bien ninguna persona cuenta.

Los dos casos se complican. El suicidio esconde una trama corrupta que afecta a políticos y policías. El violador y asesino del 89 es un depredador sexual con un historial tan amplio como espeluznante. Añádale problemas con su compañero en el cuerpo, sus difíciles relaciones con los jefes de la policía, un incipiente romance y una hija adolescente, y tendrá una historia policiaca absolutamente redonda.

La novela número 17 de Connelly con el inspector Bosch como protagonista es, sin duda, una de las mejores que haya escrito jamás.