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El guaperas

Se pregunta Antonio Burgos, colaborador de ABC y uno de los hombres más guapos de España, en una de sus columnas “¿por qué las tiorras separatistas, ora vascongadas, ora catalanas, ora de Bildu, ora de CUP, han de ser tan feas?”. Las llama “las flequis”, y dice que “no quieren separarse de España, quieren que las echemos. Por horrorosas y antiestéticas”. Es imposible no imaginar a Burgos, plenamente satisfecho tras escribir tan brillante texto, dándole una calada al Farias y moviendo la copa de sol y sombra mientras estira el cuello y lanza un regüeldo de morcilla patatera.

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Burgos es un guaperas, siempre lo ha sido. Su físico responde al canon de belleza masculina. Y su nivel de exigencia estética es, por tanto, muy elevado. Lo que es más difícil de entender es que un periódico serio (?), de tirada nacional y con más de cien años de historia, no sólo publique sus eructos de anís, coñá y purito de saldo, sino que le pague por ello. Los diarios son los que hoy hacen buen periodismo en España”, ha dicho sin ruborizarse otro pimpollo, Bieito Rubido, director de ABC, periódico que mantiene, no se descoronen (se lo pido por favor), un máster de periodismo. ¿Imaginan a los alumnos leyendo las columnas de Burgos, entre risas y arcadas?

Rubido no sólo financia las flatulencias del hermoso Burgos, sino que incluso tiene tiempo para dar doctrina en conferencias, para inaugurar con una clase maestra la Escuela de Periodismo Manuel Martín Ferrán, de cuyo consejo de administración forma parte, o para ejercer de apolíneo tertuliano cavernario. Burgos y Rubido, además de agraciados y atractivos como rotundas estatuas griegas, son referencia periodística.

El futuro del periodismo está en buenas manos. En inmejorables manos. Gente guapa como Burgos o Rubido, grandes profesionales de la información con un desarrollado sentido de la armonía y la estética, con una firmeza moral enorme, sumamente educados y con un sentido de la profesión entre lo dionisíaco y lo apolíneo. Toda una tragedia.

 

El mejor Rajoy

Mariano Rajoy supo estar, inmediatamente después de ser brutalmente agredido, a la altura de las circunstancias: No se deben extraer consecuencias políticas (del puñetazo), sería injusto”. Se acabó el debate. Un descerebrado de 17 años tiene un cruce de cables y golpea al presidente en la calle. Un acto aislado, sin ideología, sin causa política. Lamentable excepción en una campaña electoral modélica, en lo que a malos modos se refiere. La vida sigue, la campaña continúa.

¿Seguro?

Las consecuencias de la agresión pueden ir más allá del golpe. Podrían incluso influir en al resultado electoral. Rajoy se ha mostrado serio y contenido, como un auténtico presidente, y lejos de tratar de rentabilizar la agresión se ha limitado a conceder entrevistas a diferentes medios para confirmar que se encuentra bien y que el único culpable es el agresor. Un perturbado en tratamiento psiquiátrico, por cierto. Pero no todo el mundo está siendo tan prudente como Rajoy…

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Además de los habituales francotiradores ultras, y de los diarios digitales habituados a la manipulación y el chantaje, algunos grandes medios de comunicación se han precipitado o han sentido el deber de hacer campaña instrumentalizando la agresión. Incluso el diario El País publicó una Fe de Errores sobre una afirmación previa en la que relacionaban al agresor con las Mareas y Podemos.

El lado oscuro regresa. En forma de joven inadaptado, para golpear al presidente. En forma de fotos, titulares y tuits, para recordarnos que el periodismo puede ser más ruin y miserable incluso que la política. “Sánchez despenalizó moralmente la agresión al utilizarla como argumento”, escribe Ignacio Camacho en ABC. En el editorial de La Razón se puede leer que Rajoy fue “víctima de un acto cobarde impulsado desde el sectarismo y el odio que viene sembrando desde hace cuatro años esa izquierda radical que se considera nueva y que no es otra cosa que el viejo marxismo que creíamos desenmascarado, al menos, desde la caída del Muro de Berlín”. “Una agresión que evidencia la cultura del cinismo”, sentencia El Mundo en su editorial.

“El miedo a la pérdida un camino hacia el lado oscuro es”, dijo el Yoda en la tercera parte de La Guerra de las Galaxias.

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Un motivo para NO ver la televisión

Star Wars. Filosofía rebelde para una saga de culto.

Autores: Carl Silvio y Tony M. Vinci.

Editorial: Errata Naturae.

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La venta anticipada de entradas para el estreno de Star Wars VII ha batido todos los récords, superando los 100 millones de dólares. El libro del que hoy hablamos debería estar en la mesilla de todos esos seguidores apasionados de las aventuras de Luke Skywalker y compañía: es la Biblia de esta saga de culto, un manual para comprender los recovecos de la galaxia y sus protagonistas, una guía de viaje interestelar por la filosofía de un universo con mitología propia. Ocho ensayos que analizan la relación de La Guerra de las Galaxias con el capitalismo global, la sexualidad, las religiones orientales, el feminismo, las nuevas tecnologías o la diversidad y las razas: “El Imperio Galáctico es un estado racial representado por su política exterior e interior de xenofobia, discriminación, creación de guetos y, en los casos más extremos, genocidio de los alienígenas de la Orden Jedi”.

Las películas de George Lucas van más allá de la simple aventura espacial. Los especialistas en la serie ven influencias atemporales, desde el western a los relatos artúricos, y por supuesto una profunda carga ideológica. Desde críticas al sistema democrático y la manipulación de los pueblos hasta los complejos enredos de la teología política. Pasando por el fetichismo en sentido freudiano o la igualdad entre sexos: “Leia se convierte en una rebelde total: franca, sin remordimientos, sarcástica, e incluso autoritaria, que no titubea en disparar y matar con la misma habilidad que los tipos duros que la rodean; en otras palabras, no se comporta en absoluto como una damisela y, sin duda alguna, no está indefensa”.

Espadas láser, ejércitos de cucarachas, héroes peludos y mecánicos, planetas ignotos, bares inolvidables, escenografías nazis, utopías morales, tiranos rencorosos, sabiduría de la bondad… Star Wars es mucho más que una saga de ciencia ficción, puesto que esconde mundos paralelos. O al menos eso dicen quienes analizan, desde el ensayo y la filosofía, los mitos y leyendas de un fenómeno de dimensiones… galácticas.

 

 

Bochorno

No tengo tema para el blog de hoy. Cuando se produce esta incidencia y estoy en Madrid lo tengo clarísimo: me lanzo a la calle en busca de inspiración. O de noticias. O de cualquier cosa que me ayude a escribir tres párrafos que no resulten demasiado patéticos. La ciudad me recibe como me merezco. Con un caluroso abrazo: el termómetro callejero marca 37 grados.

Regreso a la madriguera con las orejas gachas, los alerones empapados y sin rastro de inspiración, noticia o ni siquiera rumor. Pero con una caña en el buche y una frase en la memoria. “La ex mujer de Juan Fernando López Aguilar le acusa ahora ante la policía de darle un puñetazo”, titula El Mundo en su portada de papel, justo encima de la cabecera del diario. Bochorno. Térmico y periodístico.

¿Nos hemos vuelto definitivamente locos los informadores? Quizá la culpa sea solo de algunos medios, incapaces de mantener la dignidad con directores de la mediocridad y la malicia de Marhuenda o Bieito Rubido

“El PP pilla a Carmena subiéndose en el coche oficial para recorrer un kilómetro”, afirma ABC. Si el lector es capaz de reponerse de tan hilarante titular y continúa con el texto, se encuentra con el estado actual del periodismo: las mentiras y las medias verdades se entrecruzan en un grotesco ejercicio propagandístico. ABC recoge una “pillada” del PP. Carmena no tiene coche oficial ni chófer (se trata de un vehículo de incidencia). Carmena nunca dijo que viajaría única y exclusivamente en metro. Dos imágenes ilustran tan impactante exclusiva…

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El texto resta importancia al titular, y desmonta el escándalo, pero ya no importa. El mal, que es de lo que se trataba, ya está hecho: la alcaldesa que dijo que viajaría en metro engaña a los madrileños subiéndose en un coche oficial. ¡Que lo sepa toda España! Gasolina para conversaciones de barra de bar y más de 480 comentarios en la web, en su mayoría descerebrados: “Según Carmena el 94% de los presos tendría que estar en la calle”, escribe unamas999. “La zona de Conde de Orgaz (donde se dice vive la alcaldesa) es una de las más exclusivas de Madrid… No es mal sitio para una ex comunista que gobierna gracias a Podemos”, sentencia Albedo Troy. “Manuela Carmena y los podemitas se hacen fotos en el metro mientras viajan en coche oficial”, dice un diario digital que recoge de esta manera la noticia de ABC, y al que no merece la pena nombrar.

Misión cumplida.

 

¿Todos somos Charlie Hebdo?

El diario ABC dedicó su portada del jueves al atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo: “Ataque a la libertad”, titulaba a toda página. El editorial de ese día, que estaba encabezado por una frase contundente (“Salvaje amenaza a la democracia y a la libertad de expresión”), en su interior llamaba a las armas: “Europa no tiene tiempo para seguir especulando sobre la respuesta a la amenaza yihadista. Tanto el Estado Islámico como Al Qaida, Boko Haram o Al Sabah, han decidido convertir el planeta en un campo de batalla para su violencia terrorista y la reacción de los gobiernos democráticos debe situarse a la altura de las circunstancias. Y esto puede exigir adoptar medidas…”.

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Hace exactamente un año este mismo diario arremetía contra la revista satírica española Mongolia por “utilizar una imagen de la virgen para publicitarse”: “Nuevamente la Semana Santa y sus imágenes son motivo de utilización indebida”, aseguraba el diario que hoy defiende la libertad de expresión. ABC destacaba en esa noticia las declaraciones de Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, que consideraba “una falta de respeto muy grave” utilizar la imagen de la Macarena. “La libertad de unos termina donde empieza la de otros”, aseguraba, y hablaba de “ofender los sentimientos de los sevillanos” y de “una falta de respeto muy grave y, sobre todo, innecesaria y gratuita”.

¿Qué tiene la Macarena que no tenga Mahoma?

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La libertad de expresión es sagrada, incluso para aquellos que no creen en la libertad de expresión. O tienen un concepto muy relativo de la libertad de expresión. O solo ven amenazada la libertad de expresión cuando hay muertos. No olvidemos que hay gente que defiende, al mismo tiempo, la libertad de expresión y la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana.

Ahí tienen a La Razón, sin ir más lejos. El jueves colgaban en los quioscos una emotiva portada en negro, “Todos somos Charlie Hebdo”, y subtitulaban su cabecera con un emocionante “En defensa de la libertad de expresión”. Pues unos años antes los chicos de Marhuenda habían escrito y publicado un editorial en el que analizaban el secuestro del semanario satírico español El Jueves en cuya portada aparecían los entonces Príncipes de Asturias haciendo el trenecito. “La libertad de expresión tiene unos límites: la dignidad moral y las leyes”, aseguraba la Razón. “No es necesario denigrar al otro para hacer ironía o sátira, y menos aún cuando lo que se busca es cuestionar uno de los pilares de la democracia, esto es, la Jefatura del Estado encarnada en la Corona”.

¿Qué tiene la Corona que no tenga Mahoma?

En TVE han defendido hoy, como no podía ser de otra manera, la libertad de expresión. El actual director de informativos de la televisión pública, José Antonio Álvarez Gundín, escribía en La Razón cuando era jefe de Opinión de este diario, allá por 2012: “La libertad de expresión es sagrada, pero no ampara el insulto ni encubre la falta de talento. Tampoco es patente de corso ni refugio de rufianes. Si por algo resultan indigestas las caricaturas francesas de Mahoma es porque carecen de calidad artística y de peso intelectual… son el producto mediocre y vulgar de quien pretende tocar las pelotas o mear el territorio… Una caricatura burda o una película insultante no aportan más de lo que aportaría un bidón de gasolina en un incendio”.

Todos somos Charlie Hebdo. Pero algunos lo somos todos los días, y otros solo el jueves.

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Libertad de expresión. La Audiencia Nacional ha imputado al director y presentador del programa de televisión Tuerka News, Facu Díaz, por el gag “El PP se disuelve”, emitido el 29 de octubre de 2014.

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El ministro del Interior Jorge Fernández Díaz fue entrevistado el jueves en La Sexta. Y habló de la necesidad de controlar a los radicales religiosos. La imagen no pertenece al momento de la entrevista…

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Un motivo para NO ver la televisión

La hoguera pública.

Autor: Robert Coover.

Editorial: Pálido Fuego.

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No es este un libro para pusilánimes, acongojados o haraganes. “La hoguera pública” exige al lector ciertos sacrificios, en lo que se refiere a constancia, intensidad y esmero en la lectura. Estamos ante una obra mayor, ante una historia densa y compleja, enloquecida y tronchante, demoledora y mordaz, que no dejará indiferente a nadie: requiere toda nuestra atención, eso sí, para poder compensarnos con largos ratos de lectura inolvidable. Incluye, además, grandes consejos: “Nunca hay que confiar en ningún hombre que tenga los dientes tan limpios como los de un perro: está claro que nunca ha estado en el mundo real cuando se ha armado la gorda”.

¿La historia? Richard Nixon ejerce de narrador de lo que resulta una avalancha de personajes, datos y anécdotas de un período caliente de Estados Unidos: la Guerra Fría, el comunismo amenazante, los grandes medios de comunicación, los políticos de diferentes calañas… Caricaturas. “Nixonland es la tierra del machacar y agarrar y lo que sea para ganar”. Todo comienza con los días previos a la ejecución, el 19 de junio de 1953, de un matrimonio de origen judío acusado de robar secretos nucleares para pasárselos a los rusos. El patíbulo se levanta en Times Square. Norteamericanos de todas las calañas, sumergidos en pleno conflicto internacional, muestran su interés por este caso.

“La hoguera pública” me recordó, en algunos sentidos, a “El desmoronamiento” (Debate) de George Packer, una versión entre épica y fantástica de los Estados Unidos entre 1978 y 2012. El libro que nos ocupa resulta menos periodístico, pero mucho más hilarante, sobre todo cuando despelleja al poder y sus protagonistas: “La política coquetea con el asesinato y la mutilación, el pillaje y el canibalismo”. La prosa brillante y torrencial de un Coover en estado de gracia consigue que los momentos divertidos y los íntimos y profundos no desentonen, que la lectura sea un placer pese a lo complejo y en ocasiones enrevesado de la trama. Cualquiera que haya intentado escribir un párrafo debe rendirse al trabajo de este profesor universitario, y a los recovecos de esta obra densa y sorprendente que desmonta el American Way of Life. Nada ni nadie salen indemnes del bisturí de Coover, especialmente brillante en su versión descarada y montaraz del Tío Sam, y del miedo a un comunismo con tintes de fantasma.

Un libro insólito, efervescente, inolvidable.