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El muro

Ante la incertidumbre producida por la deriva secesionista catalana los ciudadanos españoles no tiene por qué preocuparse: están en buenas manos. Son las tranquilizadoras intenciones de un líder político acostumbrado a sortear los problemas, de un hombre calmo enemigo de tomar decisiones, de un ser consumido por la pachorra que se niega a realizar cualquier tipo de esfuerzo aplazable. Algunos de ustedes seguro que ya han adivinado de quién se trata: Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España.

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Un motivo para NO ver la televisión

El último recreo

Autores: Carlos Trillo y Horacio Altuna.

Editorial: Astiberri.

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Es un placer encontrarse con clásicos del cómic recuperados a lo grande. Resurrecciones realizadas con veneración y rigor que ofrecen una nueva oportunidad a todas esas historietas que son obras maestras, pero en su día se publicaron de mala manera. Trabajos brillantes que, maltratados entonces por la imprenta, son ahora editados en buen papel y con mucho mimo, cuidando hasta el último detalle. Es el caso de “El último recreo”, la serie post apocalíptica que el guionista Carlos Trillo y el dibujante Horacio Altuna publicaron en España a comienzos de los años 80, en episodios de ocho páginas, dentro de una revista llamada “1984”. El formato pequeño y la mediocre impresión impedían disfrutar en toda su grandeza del impresionante blanco y negro de una ficción inquietante que mostraba un mundo sin adultos. Solo los niños habían sobrevivido a la hecatombe, niños capaces de lo mejor y lo peor que también morían cuando se convertían en adultos.

Astiberri ha puesto las cosas en su sitio con una edición a la altura de la importancia de este título. Excelente impresión, inmejorable presentación, para una versión sorprendente de la vieja historia del niño que se niega a crecer. Los protagonistas de “El último recreo” luchan por sobrevivir, atenazados por el impulso del crecimiento, de unos deseos adolescentes que suponen su sentencia de muerte. En medio de ese dilema, de esa situación límite, todo aquello que nos hace humanos: la amistad, la solidaridad, la traición, el egoísmo, los instintos primitivos, el amor, la violencia… La vida.

El resultado es un cómic que, más de 30 años después de su lanzamiento, sigue dejando con la boca abierta. Y con un nudo en el estómago. Imprescindible.

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Conduce toda la noche

“Miente como un testigo presencial”. Refrán ruso.

Pensaba escribir sobre la declaración de Mariano Rajoy en la Audiencia Nacional. Pero me ha dado tanto asco semejante descaro, tamaña impostura, esa sucesión de banalidades ensayadas, esa burla constante a la justicia y a los ciudadanos, que prefiero no hacerlo. El cuerpo me pide alejarme del estercolero. ¿Cómo recomponerme tras semejante sobredosis de basura? Solo conozco dos antídotos de acción inmediata: los libros y la música.

Solo unos minutos antes de la pantomima judicial, tirando viejos papeles a la basura, encontré un sobre pequeño y sucio. Dentro, cuatro fotografías que hice durante el concierto de Elliott Murphy en La edad de oro, allá por 1984. Puse en marcha la trituradora de la nostalgia. ¡Una de aquellas imágenes fue portada de un disco, el primer doble en directo del gran cantautor norteamericano!

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Recupero al gran Elliott, lo opuesto al mediocre Rajoy. Compromiso frente a despotismo. Sensibilidad frente a estupidez. Honradez frente a putrefacción. Verdad frente a engaño. Música frente a ruido. Suena una de mis canciones favoritas, “Drive All Night”, a todo volumen: “Tenemos lo que es correcto… y podemos conducir toda la noche”.

Que alguien bendiga a tipos como Elliott. Gracias a ellos somos capaces de sobrevivir a individuos como Rajoy.

España paraíso (fiscal)

Vivimos en un país impresionante: el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, posee desde 2012 el 25% de una sociedad offshore en Panamá que tiene un chalé en España. Grande, ¿verdad? Como grande es que Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, intente convencernos de que “España es un gran país”, cargue contra “pesimistas, extremistas y agoreros” y pida que haya más gente “orgullosa” de haber nacido aquí.

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Iré más lejos. Ya no es que España sea un gran país, es que se está convirtiendo en todo un paraíso. ¿El sol, el precio de la cerveza, los callos con garbanzos y el resto de maravillas naturales? No. Un paraíso fiscal, claro. Piense que el encargado de acorralar la corrupción en nombre de los ciudadanos, y del Estado, tiene una empresa en Panamá. Normal en un estado que vive en el nirvana. Como normal es que ni el presidente del Gobierno, ni el ministro de Justicia, dejen de confiar en un fiscal tan… digamos que intachable.

En el Edén, cuando te habías acostumbrado a una maravilla llegaba otra superior. Adán y Eva se pasaban el día con la boca abierta, sin terminar de creerse lo que tenían delante de sus ojos. Que es un poco lo que nos sucede a los españoles. No acabamos de cerrar la boca tras escuchar las conversaciones de los hermanos González (“Tú vas al Gobierno, como hacíamos en Venezuela, dime con quién hacemos esto y te dice con la constructora ‘zutanito’ y te vas a la constructora y le dices que le vas a cargar un 10% más porque habrá que pagar a tal”), que tenemos que volver a abrirla al enterarnos de que tenemos un fiscal Anticorrupción con raíces panameñas.

¿Venezuela he oído? Será Monedero quien ha nombrado la bicha. No, maldición, que ha sido uno del PP, que hacía negocios chuscos por allí, es decir, que se codeaba con los bolivarianos asesinos sin problemas morales cuando había pasta por medio.

Vivimos en el paraíso, creame. Por eso me joden estos catalanes que quieren romper España, que no saben apreciar lo que tienen y quieren vivir una vida diferente. Jodidos ignorantes.

Un motivo para NO ver la televisión

Hitler

Autor: Shigeru Mizuki.

Editorial: Astiberri.

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Abrí este libro con el pie izquierdo. Y no porque sea de Artis Mutis, o porque se trate de un manga, sino porque pensaba que nada de lo nuevo que se publica sobre Adolf Hitler podría sorprenderme. He leído desde la biografía escrita por Ian Kershaw, seguramente la mejor de todas, hasta las “Memorias de Albert Speer (Acantilado), su Architekt personal y su ministro de Armamento. ¿Hitler visto desde el Japón? Habrá que verlo…

Y habrá que disfrutarlo, puesto que se trata de un trabajo serio, sólido y con un profundo respeto por la historia. Es decir, por narrar de manera fiel cómo el nacionalsocialismo se convirtió en un monstruo. Y cómo el líder del movimiento se hizo con el poder gracias a una serie de coincidencias. ¿Moraleja? La primera y más importante es que con los políticos descerebrados no se juega: los carga el diablo. Y no hablo de Trump, sino del más deteriorado, loco y peligroso de los sátrapas de los tiempos modernos.

“¿Pero qué tipo de persona era exactamente Adolf Hitler, el hombre que fue capaz de enajenar a todo el pueblo alemán y se erigió en uno de los dictadores más infames de la historia?”, se pregunta el autor en las primeras páginas. En las siguientes responde a la pregunta con todo lujo de detalles. Desde su niñez hasta el suicidio, desde su enfermiza juventud a su macabra madurez. Siempre con Alemania en la cabeza, siempre solo pero acompado de otros asesinos, siempre enfermo de la mente y el alma, siempre dispuesto a compensar sus carencias emocionales con violencia: “Dios me reclamó cuando aún vivía en esta ciudad para que me convirtiera en el guía de Alemania” (1938, Linz, Austria, la tierra que le vio nacer).

“El sueño de Hitler era recuperar los territorios que el antiguo sacro imperio romano germánico había poseído y construir su Tercer Reich, un imperio de mil años que abarca toda Europa y, al este, hasta los Urales. Y su primer objetivo era la gran Alemania… ¡Es decir, el establecimiento de una gran nación que englobara a todo el pueblo germánico!”

Esta es la historia del hombre que soñó con un mundo ario, que engañó/entusiasmó a todo un país, que vivió como un demente, que mató a millones de judíos y murió como una rata. Shigeru Mizuki lo cuenta de manera magistral, puesto que incluso es capaz de mostrar el lado humano de la bestia. Que lo tenía. Veterano de la II Guerra Mundial, dibujante exitoso en Japón, Mizuki no solo describe a la perfección la vida y maldades de Hitler, sino las características de una época, de un conflicto, de uno de los momentos más espantosos de la história reciente. Demoledor.

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Tila

“En lugar de tanta Coca Cola tome tila, que le va a sentar mejor”, le dice el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a Ramón Espinar, de Unidos Podemos. Y la grada se descojona con el chiste. La escena no tuvo lugar en un karaoke a las seis de la mañana, ni en un burdel portuario horas después. Ni siquiera en el escenario de El Club de la Comedia. No, tuvo lugar en el Senado, la Cámara Alta de las Cortes Generales, órgano constitucional que representa al pueblo español. Festival del humor.

Tila, recomienda Mariano Rajoy a un senador de la Comunidad Madrileña. Sí, la verdad es que Mariano Rajoy es un tipo muy bueno dando consejos. ¿Recuerda aquel que dio a Luis Bárcenas? Sí, el “se fuerte Luis” que ha quedado grabado con letras de oro en la historia de la corrupción española.

Mariano Rajoy hace chistes y recomienda tila. O recomienda tila haciendo un chiste. Y lo hace con un desprecio insultante: considera inferior al que solo sabe “montar el pollo”. Y la gente aplaude, y dicen que es un orador brillante, y olvidan que el chistoso recomendador de infusiones es el líder del partido político al que la Guardia Civil ha llegado a considerar “una organización criminal”. Il Capo.

Espinar no es santo de mi devoción. No por el problema de su padre, que es el problema de su padre de la misma forma en que los asuntos del padre de Rajoy son los asuntos del padre de Rajoy. Siempre que no hayan influido, por ejemplo, en la profesión de Rajoy. Perdón. Me voy por las ramas… Le decía que Espinar no es santo de mi devoción. No me acaba de convencer su discurso, y memeces como la de la Coca Cola me parecen evitables. E impresentables. Fíjese usted si soy exigente con los políticos.

Lo que pasa es que si tomar Coca Cola en el Senado tras pedir que se prohiba su venta en la cámara es objeto de burla, de desprecio, y puede ser utilizada como argumento para el descrédito político, ¿qué podríamos decir del hombre que dirige el partido de la Gürtel, la Púnica, los discos duros, los sobres con dinero negro, la financiación ilegal, etc, etc?

¿Tila? Los ciudadanos somos los que debemos tener la infusión ansiolítica circulando por las venas. No se explica de otra manera que soportemos de manera tan pasiva a estos políticos mediocres, torpes, aburridos y, esto es lo peor, indecentes.

Un motivo para NO ver la televisión

Luces nocturnas

Autora: Lorena Alvarez.

Editorial: Astiberri.

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Se lee en un suspiro, pero lejos de evaporarse, como la fuerte y prolongada aspiración, se queda con nosotros un buen rato. Terminé “Luces nocturnas” y, cegado por el resplandor, aturdido por los destellos, comencé a leer de nuevo. La historia es mucho más jugosa de lo que podría sugerir un vistazo superficial, de balda de librería: niñas, colores chillones, fantasía… Todo esto, y mucho más, puesto que la colombiana Lorena Alvarez cuenta una historia alucinante, un derroche de imaginación, sobre el talento, la niñez, los miedos y las incertidumbres.

Hay algo de realismo mágico en “Luces nocturnas”, un cómic luminoso que podría firmar Tim Burton si la protagonista, Sandy, estuviese muerta. Pero está llena de vida, de ideas brillantes, de dibujos fantásticos, de colores que explotan delante de nuestras narices. Una historia protagonizada por una niña, ideal para leer con niños, puesto que se encuentra en esa delgada línea en que los sueños y las pesadillas pueden crearnos angustia, pero también fascinarnos, hechizarnos, iluminarnos. Realicemos juntos ese viaje iniciático y aprendamos a confiar en nosotros mismos, en nuestro talento y en ese tiempo que perdemos dibujando, escribiendo, creando.

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