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Cambios simulados en diferido

“A pesar de lo que hemos hecho contra la corrupción, nos ha hecho mucho daño”. Declaración de Mariano Rajoy, el del “sé fuerte Luis”, ayer tarde en la Sede Nacional reformada con dinero negro del PP en Madrid.

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“Somos un gran partido”, dijo ayer Mariano Rajoy sin ruborizarse, “el que garantiza estabilidad, seguridad, recuperación económica y confianza en el futuro…. vamos en la buena dirección”. Me temo que no ha entendido nada. Tras escuchar el monólogo que nos regaló tras meses de silencios prolongados, de esquivar cámaras y micrófonos, de dar la espalda a los periodistas, es decir, a los ciudadanos, me quedo con la sensación de haber perdido el tiempo. Los dos, Rajoy y yo. Él por no enterarse, o no querer enterarse, de lo que ha pasado estos últimos meses en su partido y en su país. Yo, por pensar que la campaña mediática de los últimos días, vendiendo que el presidente planificaba cambios importantes, podía ser cierta. Error. Y grave: la política de los grandes partidos es la política de la mediocridad, y a estas alturas deberíamos tenerlo muy claro.

Mariano Rajoy habló durante 40 minutos en su casa y ante su familia. Solo La Sexta retransmitió en directo ese monólogo, un discurso hueco construido con tópicos, medias verdades, mentiras y lugares comunes, sin el menor contenido político de altura. Los cambios que prometió el presidente resultaron ser simulados y en diferido. El presidente tiene tanta alergia al diálogo como a las novedades, y cuando la sociedad reclama alternativas solo es capaz de advertir del peligro de esas alternativas, y de ofrecerse como garante conservador de seguridad y estabilidad. Lo de siempre: O nosotros o el caos. Es decir, la nada. Rajoy solo puede gobernar desde el miedo. Desde el miedo que pueda generar en los ciudadanos a una debacle social, sangre en las calles y conventos quemados, y del suyo propio a quienes le tienen cogido por la pelotas: mantener a Cospedal es una patética muestra de debilidad, de la misma forma que apoyarse en Pablo Casado es una inconmensurable muestra de torpeza y falta de cantera.

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Casado, nuevo vicesecretario de comunicación, sucesor natural de Aznar según el propio Aznar, es uno de esos jóvenes envejecidos y emputecidos que se burlan de “la guerra del abuelo”, de la Memoria Histórica, de “las fosas de no sé quién”…. ¿En un tuit? No, en un mitin. Pues entonces, ya eso…

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El martilleo

Dicen los portavoces del PP que, tras el duro varapalo sufrido en las urnas, su partido, lejos de buscar excusas, ha hecho autocrítica. Unas palabras que aún flotan en el aire cuando Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y líder de los populares, ofrece enormes muestras de madurez y pericia al asumir su responsabilidad en el traspiés electoral durante una charla clausura de la XXXI Reunión del Círculo de Economía: “El martilleo continuado de todos los casos de corrupción sobre todo en las televisiones nos ha hecho daño, y también la forma de tratarlo”. Para confirmar tan sabio análisis, las televisiones martillean de nuevo: El juez Eloy Velasco de la Audiencia Nacional ha citado a declarar como imputados el próximo 26 de junio, dentro de la llamada Operación Púnica, a los consejeros de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria y Lucía Figar. Increíblemente, telediarios y tertulias políticas recogen esta insignificante noticia…

El tratamiento mediático de la imputación de Victoria y Figar, los han sacado en la tele, nos permite ver todo claro: el problema no es la corrupción, sino la forma de tratar esa corrupción en los medios. El problema no son Bárcenas, Granados, Rato, Rita Barberá, los payasos de Ana Mato y la interminable lista de personajes que se suma cada día a la fiesta popular. No. El problema son Escolar, Ferreras y Gabilondo. Es decir, que si todos los medios hubiesen tratado la corrupción popular con educación y templanza, como lo ha hecho TVE, Telemadrid, ABC o La Razón, no hubiese descendido de manera tan dramática el número de votantes del PP. Pero, maldita sea, algunos medios bolcheviques han “martilleado” con la corrupción. Resumiendo: la culpa del fracaso del PP en las últimas elecciones es de La Sexta. Sin esta cadena bolivariana, a las órdenes de izquierdistas tan peligrosos como la familia Lara, Rajoy y los suyos seguirían siendo el gran partido que un día fueron.

Tras consumir telebasura a espuertas durante décadas, no podemos considerar a los telespectadores como ejemplo de espíritu crítico. Pero algunos detalles advierten de que su deterioro podría no ser total e irreversible: no son absolutamente imbéciles. Por ejemplo, se niegan a ver “Así de claro”, el lamentable programa de un Buruaga que sigue haciendo el ridículo por partida doble: con los tertulianos (Alfonso Rojo, Pérez Henares…) y con las audiencias: el lunes un ridículo 5,7% de share en La 1, apenas 806.000 espectadores, muy por detrás de Telecinco, Antena 3, Cuatro y La Sexta.

Tras las elecciones, sabemos que la audiencia de La 1 ha descendido hasta mínimos históricos: 9,9% de media en mayo (Telecinco un 15,4%, Antena 3 un 13 %). TVE ya no compite por el liderato con los cabecillas del duopolio audiovisual, sino por la tercera, cuarta o quinta posición con sus hermanas pequeñas, Cuatro y La Sexta. Esta última cadena es, no lo olviden, la responsable del “martilleo” que está acabando con la paciencia, y con las aspiraciones, del presidente. Normal. Tenga usted en cuenta que dan voz a líderes de opinión tan brillantes e independientes como Francisco Marhuenda, Eduardo Inda, Pérez Henares o un señor muy triste de ABC que ahora mismo no recuerdo como se llama.

Las palabras de Mariano Rajoy, asumiendo la culpa del fracaso electoral, rezuman responsabilidad. Poco más se le puede pedir a un presidente del Gobierno. Estamos en manos de un gran hombre.

P.D.

Joseph Blatter dimite al frente de la FIFA tras el escándalo de corrupción

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Un motivo para NO ver la televisión.

Chris Stamey.

Cd: Euphoria.

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Chris Stamey es una leyenda del pop. Líder de los inolvidables dB´s, banda de Carolina del Norte con la que en los años 80 grabó algunos discos memorables (el primero, “Stands for Decibels”, del 81, es todo un clásico), se ha convertido en un genio de la producción. Y ha editado una docena de discos como solista. Este “Euphoria” incluye una colección de canciones perfectas, power pop con clase fabricado en la madurez. E interpretado con la ayuda de grandes amigos: Norman Blake (Teenage Fanclub), Pat Sansone (Wilco), Django Haskins (Antiguo Ceremonia), y por supuesto Mitch Easter.

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Tele Gobierno

Se acercan las elecciones municipales, la prueba del algodón para un Gobierno que se tambalea. En la Junta Directiva Nacional del PP celebrada el pasado lunes, el presidente Mariano Rajoy quiso acabar con las disputas internas y los cruces de declaraciones, con el mal rollo, y recordó al órgano del partido que tienen “credibilidad y relato”, que “están unidos”, y que “volverán a ganar las elecciones”. No hubo risas, solo silencio.

Ya en Moncloa el presidente se puso serio, se quitó la nariz de goma, dobló el Marca y lo tiró al sofá, y le preguntó a Soraya Sáenz de Santamaría si se le ocurría algo para no hacer el ridículo en las municipales. La vicepresidenta le respondió, sin mirarle a los ojos, que este mismo mes el Ejecutivo saca a subasta entre cinco y seis canales de televisión. ¿Eso es todo? Eso y que el Tribunal Supremo resolverá en breve el futuro, la continuidad, de ocho canales con los que compensar a Mediaset y Atresmedia por las nueve licencias de TDT que perdieron cuando se anuló el reparto del espectro diseñado por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

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Sáenz de Santamaría sabe muy bien cómo funciona este negocio: Yo te doy unos cuantos canales de televisión, fábricas de dinero, y tú dejas de tocarme las pelotas. Esas pelotas que tengo en carne viva, esas pelotas que Mediaset y Atresmedia acarician con sus grandes cadenas, Telecinco y Antena 3, y patean con las pequeñas, Cuatro y La Sexta. Para que no te olvides de quien manda realmente aquí…

Una vez doblegada la televisión pública, para controlar todo el espectro televisivo a Sáenz de Santamaría solo le queda firmar la paz con las privadas. Poco antes de la muerte de Lara la vicepresidenta se reunió con el presidente del Grupo Planeta para cerrar un pacto de no agresión, que pasaba por rebajar la presencia de Podemos en las cadenas de Atresmedia. Tu vas quitando al coletas y yo miro qué puedo hacer por esos canales que están en el alero. El coletas deja de salir en La Sexta, y Podemos comienza a sufrir, dicen, el desgaste de Monedero, Venezuela, Ciudadanos

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Soraya Sáenz de Santamaría le dice a Rajoy que sí, que en el PP están unidos, que tienen “credibilidad y relato” y todo lo que quiera, pero que si de verdad pretenden volver a ganar unas elecciones tienen que poner las televisiones, todas, a su servicio. Y en eso estamos. A fin de cuentas solo son tres: TVE, Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) y Mediaset (Telecinco y Cuatro).

Y a todo esto le llaman democracia.

Un motivo para NO ver la televisión

Querida Diablilla: la historia de Violette Nozière.

Autores: Eddy Simon y Camille Benyamina.

Editorial: Norma.

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Esta es la historia de “el ángel negro”, una hermosa joven que llevaba una doble vida en el París de 1933. Hija cariñosa en casa, irresistible seductora en las terrazas más elegantes de la ciudad. Adora el dinero, el lujo y la vida elegante que le proporcionan algunos hombres. Para conseguir sus fines es capaz de todo, de mentir, de robar y hasta de envenenar lentamente a sus padres.

Se llama Violette Nozière, tiene solo 18 años, y debe solucionar sus problemas económicos, esas necesidades que se ha creado viviendo en un mundo irreal. El caso, que acaba de manera trágica, conmocionó a la sociedad francesa de la época. Eddy Simon y Camille Benyamina hacen un gran trabajo, narrando de forma escalofriante una historia que produce una enorme desazón. Sensación incómoda que se incrementa con las fotografías finales, en las que se puede ver a la acusada durante el juicio. Francamente estremecedora.

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Españolitos

“Cuando se nombra a la gente por su lealtad y no por su talento… llega el colapso”. Jorge Wagensberg, físico, escritor y museólogo.

“Toni Cantó ha convocado una rueda de prensa en Valencia para aclarar su futuro político”, dijo toda circunspecta la presentadora de Antena 3. Y dió paso al lugar donde estaba la noticia. ¿La noticia? Así lo entendieron muchos: No fue la única cadena de televisión que retransmitió en directo un  acontecimiento histórico, en el que decenas de micrófonos rodeaban a un político que anunciaba que abandonaba la política. ¿Era noticia que Toni Cantó aclarase su futuro político? Y de las gordas, por lo que parece.

Un cariacontecido Cantó dijo que renunciaba a su acta de diputado, algo que demuestra coherencia, y a ser candidato de UPyD por Valencia: “Quiero volver al teatro”, dijo. ¿Cómo, pero acaso teatro y política no son la misma cosa? Quizá con ánimo de aclarar la paradoja, sentenció: “quiero pasar a ser un españolito más”. ¿Españolito? Claro. Los políticos no son españolitos, son españolazos. Quizá por eso se despidió de la política dejando una puerta abierta a su futuro político: seguirá como afiliado de la formación al menos hasta el Congreso Extraordinario convocado para después de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, y entonces estudiará sus posibles aspiraciones a concurrir a las próximas elecciones generales. “Todo dependerá de ese congreso extraordinario”, dijo entre contenidos sollozos.

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Cantó es uno de esos nuevos políticos que, tras presumir de hacer “otra política”, se despide como una estrella de la política tradicional, entre flashes y focos… hasta “ese congreso extraordinario”. O hasta la llamada de Ciudadanos. Y es que, como reconoció en La Sexta, “la política tiene un punto de droga”.

Pero si resultó triste, por excesiva, la rueda de prensa de Cantó, qué decir de la que solo unos minutos después ofreció Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno nos regaló la ya habitual “comparecencia plasma”, con la señal para televisión creada por el propio Partido Popular y una puesta en escena teatral: el núcleo duro del partido rodeaba al presidente en una mesa que simulaba unidad. ¿A quién pretenden engañar? Pues muy fácil: a los españolitos.

“Este partido nos ha dado mucho. A mí, desde luego, me ha dado muchísimo”, dijo Rajoy en un emotivo arranque de sinceridad. Y tanto que le ha dado. En blanco y en negro, mediante nómina y en sobres. Quizá ahí se encuentre la respuesta a los problemas de su partido, esos que hablan de pérdida de seguidores, de crisis interna. ¿Un problema de comunicación? ¿Los medios son los responsables? ¿O nosotros o el caos? ¿Todo es cuestión de economía? ¿Falta piel, falta empatía?

La respuesta, insisto, está en la anterior frase del presidente: el partido les ha dado mucho. Seguramente demasiado. A todos, incluido por supuesto Rajoy. Y se lo ha dado Bárcenas. Mientras tanto en el plasma, el propio Rajoy presumía de que el PP ha respondido a la corrupción “con más rigor que nadie”.

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL DEL PP

Un motivo para NO ver la televisión

La balada del norte.

Autor: Alfonso Zapico.

Editorial: Astiberri.

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En la España de 1933 se cruzan las vidas de dos hombres muy diferentes. Tristán es un jóven periodista bohemio y fracasado, hijo de un terrateniente del norte, de todo un marqués, del dueño de la Compañía Minera del Noroeste. Apolonio es un minero, un tipo íntegro, rudo, solidario y formal al que todos los que trabajan rascando carbón respetan. Apolonio trabaja para el padre de Tristán. De un Tristán que, desmoralizado y enfermo, llega al norte, se instala en casa de su padre, en la cuenca minera, y se enamora de Isolina, una sirvienta, la hija de Apolonio.

“La balada del norte” habla de las personas, de sus pasiones, sus miserias y sus sueños. Pero también de la España de los años 30, un país derrotado, desigual, en el que se cuece la revolución asturiana. Habla de mineros y de opresión, de hastío obrero y de apatía aristocrática, de cómo se genera una revuelta popular.

Este es el tomo primero de una novela gráfica descomunal, por el tamaño del volumen inaugural, 226 páginas, por la belleza de la edición, un placer sensorial, y por los maravillosos dibujos de Alfonso Zapico, un artista que ha cogido la medida a estas historias de largo recorrido. Imprescindible.

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