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España paraíso (fiscal)

Vivimos en un país impresionante: el fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, posee desde 2012 el 25% de una sociedad offshore en Panamá que tiene un chalé en España. Grande, ¿verdad? Como grande es que Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, intente convencernos de que “España es un gran país”, cargue contra “pesimistas, extremistas y agoreros” y pida que haya más gente “orgullosa” de haber nacido aquí.

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Iré más lejos. Ya no es que España sea un gran país, es que se está convirtiendo en todo un paraíso. ¿El sol, el precio de la cerveza, los callos con garbanzos y el resto de maravillas naturales? No. Un paraíso fiscal, claro. Piense que el encargado de acorralar la corrupción en nombre de los ciudadanos, y del Estado, tiene una empresa en Panamá. Normal en un estado que vive en el nirvana. Como normal es que ni el presidente del Gobierno, ni el ministro de Justicia, dejen de confiar en un fiscal tan… digamos que intachable.

En el Edén, cuando te habías acostumbrado a una maravilla llegaba otra superior. Adán y Eva se pasaban el día con la boca abierta, sin terminar de creerse lo que tenían delante de sus ojos. Que es un poco lo que nos sucede a los españoles. No acabamos de cerrar la boca tras escuchar las conversaciones de los hermanos González (“Tú vas al Gobierno, como hacíamos en Venezuela, dime con quién hacemos esto y te dice con la constructora ‘zutanito’ y te vas a la constructora y le dices que le vas a cargar un 10% más porque habrá que pagar a tal”), que tenemos que volver a abrirla al enterarnos de que tenemos un fiscal Anticorrupción con raíces panameñas.

¿Venezuela he oído? Será Monedero quien ha nombrado la bicha. No, maldición, que ha sido uno del PP, que hacía negocios chuscos por allí, es decir, que se codeaba con los bolivarianos asesinos sin problemas morales cuando había pasta por medio.

Vivimos en el paraíso, creame. Por eso me joden estos catalanes que quieren romper España, que no saben apreciar lo que tienen y quieren vivir una vida diferente. Jodidos ignorantes.

Un motivo para NO ver la televisión

Hitler

Autor: Shigeru Mizuki.

Editorial: Astiberri.

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Abrí este libro con el pie izquierdo. Y no porque sea de Artis Mutis, o porque se trate de un manga, sino porque pensaba que nada de lo nuevo que se publica sobre Adolf Hitler podría sorprenderme. He leído desde la biografía escrita por Ian Kershaw, seguramente la mejor de todas, hasta las “Memorias de Albert Speer (Acantilado), su Architekt personal y su ministro de Armamento. ¿Hitler visto desde el Japón? Habrá que verlo…

Y habrá que disfrutarlo, puesto que se trata de un trabajo serio, sólido y con un profundo respeto por la historia. Es decir, por narrar de manera fiel cómo el nacionalsocialismo se convirtió en un monstruo. Y cómo el líder del movimiento se hizo con el poder gracias a una serie de coincidencias. ¿Moraleja? La primera y más importante es que con los políticos descerebrados no se juega: los carga el diablo. Y no hablo de Trump, sino del más deteriorado, loco y peligroso de los sátrapas de los tiempos modernos.

“¿Pero qué tipo de persona era exactamente Adolf Hitler, el hombre que fue capaz de enajenar a todo el pueblo alemán y se erigió en uno de los dictadores más infames de la historia?”, se pregunta el autor en las primeras páginas. En las siguientes responde a la pregunta con todo lujo de detalles. Desde su niñez hasta el suicidio, desde su enfermiza juventud a su macabra madurez. Siempre con Alemania en la cabeza, siempre solo pero acompado de otros asesinos, siempre enfermo de la mente y el alma, siempre dispuesto a compensar sus carencias emocionales con violencia: “Dios me reclamó cuando aún vivía en esta ciudad para que me convirtiera en el guía de Alemania” (1938, Linz, Austria, la tierra que le vio nacer).

“El sueño de Hitler era recuperar los territorios que el antiguo sacro imperio romano germánico había poseído y construir su Tercer Reich, un imperio de mil años que abarca toda Europa y, al este, hasta los Urales. Y su primer objetivo era la gran Alemania… ¡Es decir, el establecimiento de una gran nación que englobara a todo el pueblo germánico!”

Esta es la historia del hombre que soñó con un mundo ario, que engañó/entusiasmó a todo un país, que vivió como un demente, que mató a millones de judíos y murió como una rata. Shigeru Mizuki lo cuenta de manera magistral, puesto que incluso es capaz de mostrar el lado humano de la bestia. Que lo tenía. Veterano de la II Guerra Mundial, dibujante exitoso en Japón, Mizuki no solo describe a la perfección la vida y maldades de Hitler, sino las características de una época, de un conflicto, de uno de los momentos más espantosos de la história reciente. Demoledor.

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Tila

“En lugar de tanta Coca Cola tome tila, que le va a sentar mejor”, le dice el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a Ramón Espinar, de Unidos Podemos. Y la grada se descojona con el chiste. La escena no tuvo lugar en un karaoke a las seis de la mañana, ni en un burdel portuario horas después. Ni siquiera en el escenario de El Club de la Comedia. No, tuvo lugar en el Senado, la Cámara Alta de las Cortes Generales, órgano constitucional que representa al pueblo español. Festival del humor.

Tila, recomienda Mariano Rajoy a un senador de la Comunidad Madrileña. Sí, la verdad es que Mariano Rajoy es un tipo muy bueno dando consejos. ¿Recuerda aquel que dio a Luis Bárcenas? Sí, el “se fuerte Luis” que ha quedado grabado con letras de oro en la historia de la corrupción española.

Mariano Rajoy hace chistes y recomienda tila. O recomienda tila haciendo un chiste. Y lo hace con un desprecio insultante: considera inferior al que solo sabe “montar el pollo”. Y la gente aplaude, y dicen que es un orador brillante, y olvidan que el chistoso recomendador de infusiones es el líder del partido político al que la Guardia Civil ha llegado a considerar “una organización criminal”. Il Capo.

Espinar no es santo de mi devoción. No por el problema de su padre, que es el problema de su padre de la misma forma en que los asuntos del padre de Rajoy son los asuntos del padre de Rajoy. Siempre que no hayan influido, por ejemplo, en la profesión de Rajoy. Perdón. Me voy por las ramas… Le decía que Espinar no es santo de mi devoción. No me acaba de convencer su discurso, y memeces como la de la Coca Cola me parecen evitables. E impresentables. Fíjese usted si soy exigente con los políticos.

Lo que pasa es que si tomar Coca Cola en el Senado tras pedir que se prohiba su venta en la cámara es objeto de burla, de desprecio, y puede ser utilizada como argumento para el descrédito político, ¿qué podríamos decir del hombre que dirige el partido de la Gürtel, la Púnica, los discos duros, los sobres con dinero negro, la financiación ilegal, etc, etc?

¿Tila? Los ciudadanos somos los que debemos tener la infusión ansiolítica circulando por las venas. No se explica de otra manera que soportemos de manera tan pasiva a estos políticos mediocres, torpes, aburridos y, esto es lo peor, indecentes.

Un motivo para NO ver la televisión

Luces nocturnas

Autora: Lorena Alvarez.

Editorial: Astiberri.

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Se lee en un suspiro, pero lejos de evaporarse, como la fuerte y prolongada aspiración, se queda con nosotros un buen rato. Terminé “Luces nocturnas” y, cegado por el resplandor, aturdido por los destellos, comencé a leer de nuevo. La historia es mucho más jugosa de lo que podría sugerir un vistazo superficial, de balda de librería: niñas, colores chillones, fantasía… Todo esto, y mucho más, puesto que la colombiana Lorena Alvarez cuenta una historia alucinante, un derroche de imaginación, sobre el talento, la niñez, los miedos y las incertidumbres.

Hay algo de realismo mágico en “Luces nocturnas”, un cómic luminoso que podría firmar Tim Burton si la protagonista, Sandy, estuviese muerta. Pero está llena de vida, de ideas brillantes, de dibujos fantásticos, de colores que explotan delante de nuestras narices. Una historia protagonizada por una niña, ideal para leer con niños, puesto que se encuentra en esa delgada línea en que los sueños y las pesadillas pueden crearnos angustia, pero también fascinarnos, hechizarnos, iluminarnos. Realicemos juntos ese viaje iniciático y aprendamos a confiar en nosotros mismos, en nuestro talento y en ese tiempo que perdemos dibujando, escribiendo, creando.

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Sábado sabadete

El sábado fue un gran día para Mariano Rajoy. Uno de esos días que no se olvidan fácilmente. El Real Madrid ganó 1-4 al Alavés en Mendizorroza. Inmediatamente después, la traición histórica de un partido político a su líder, y a sus votantes y simpatizantes, le convirtió de nuevo en presidente del Gobierno.

No dejarse puntos en un campo difícil como Vitoria, y ante un equipo en forma como el que dirige Mauricio Pellegrino, resulta fundamental si aspiras a ganar la Liga. Convertirse de nuevo en presidente tras 315 días de angustia supone un gran éxito, y una tranquilizadora garantía de futuro. ¿Para los españoles? No, coño, para Rajoy y el Partido Popular.

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No hay mejor manera de afrontar lo que queda del juicio de la Gürtel, por poner un ejemplo, que desde Moncloa. Por eso todas las prisas que tenía Rajoy hace unos días, cuando aseguraba que “España necesita de manera urgente un Gobierno”, ya no son tales: hasta el próximo jueves no desvelará el nuevo Gobierno. Tranquis, que martes y miércoles se juega la Champion.

Desde Moncloa se mira a Bárcenas, a Correa y al Bigotes con otros ojos. Desde Moncloa se habla de los jueces, y con los jueces, utilizando otro tono. Desde Moncloa se afrontan los problemas con mejor ánimo, se destruyen pruebas con más contundencia, se dirigen los medios con mayor descaro. Desde Moncloa los informativos de TVE, y los editoriales de ABC, La Razón, El País y El Mundo se leen cada mañana con otro ánimo. Desde Moncloa el futuro vuelve a ser radiante. Bendito sábado, sabadete.

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La culpa de todo lo que pasa en el PSOE, de TODO, la tiene Gabriel Rufián. Será canalla este Rufián…

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La entrevista de Jordi Évole a Pedro Sánchez me pareció interesante, pero fuera de tiempo. Todo lo que contó, y sonó duro, y sonó impresentable… ya lo sabíamos. O lo sospechábamos. Que González no pinta nada, que Susana Díaz es un peligro, que manda el Ibex. Y criticar la manipulación que ejerce un gran medio de comunicación como El País, desde un grupo mediático como Atresmedia, es para descojonarse de risa. ¡Qué terribles son los poderes fácticos, qué malos son Alierta y Cebrián! ¡Qué grandes periodistas son los de La Sexta! Por favor…

Lo que hace semanas hubiese sonado valiente, hoy sonaba a pataleo, a venganza y a último y desesperado recurso. Es decir, que para contar que Telefónica y Prisa no le dejaron ser presidente del Gobierno ya es un poco tarde.

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Un motivo para NO ver la televisión

Pesadilla en rosa.

Autor: John D. MacDonald.

Editorial: Libros del Asteroide.

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John D. MacDonald es un clásico de la novela negra por dos razones: escribe como los ángeles y ha dado vida a un detective inolvidable. Travis McGee vive en un barco en Florida, y sigue sus propios códigos de conducta. Bien plantado, fuerte y formal, este John Wayne del mundo del crimen nos cuenta en “Pesadilla en rosa” la segunda aventura de una saga espléndida. Lo mejor que se puede decir es que es igual de buena que “Adiós en azul” (Libros del Asteroide), la primera.

“Nina, si te sientes insegura sobre nuestro encuentro sexual, es que das por hecho que somos un par de personas vulgares que se han dado un vulgar revolcón. Dos personas que después se suben los pantalones y se largan cada uno por su lado, añadiendo una nueva muesca a su lista de conquistas. Yo creo que sentimos aprecio y curiosidad el uno por el otro. Esto ha tenido mucho de exploración y aprendizaje. Cuando la cosa funciona, uno aprende cosas sobre sí mismo. Si se pone en juego el alma, si hay respeto, ternura y conciencia de lo que se hace, esa es toda la moralidad que me preocupa al respecto. Haz lo que quieras, cariño. Tú eliges. Puedes vernos desde la intimidad, y entonces seremos Nina Gibson y Travis McGee, felices, resplandecientes y relajados después de una experiencia íntima, excepcional y adorable. O puedes observarnos desde la distancia, y entonces te verás convertida en una estúpida fulana a la que he echado un polvo estando de paso por Nueva York. Y eso me convierte en el playboy McGee, que sonríe activo y guiña el ojo. Convierte algo bonito en algo asqueroso”.

McGee y la chica son los principales protagonistas de una novela sobre “un robo de tal magnitud que más que un robo será una leyenda”. Una estafa de guante blanco en la que entran y salen un sinfín de personajes. Algunos maravillosamente definidos, con precisos detalles sobre su aspecto, su vestuario, su carácter o su pasado. Otros son simples flashes que iluminan la lectura de un párrafo para desaparecer discretamente. Estos son los invitados a una fiesta: “El Maricón Petulante, la danzarina Orgiástica, el Negro Simbólico, Las Parejas Lanzadas, la Bollera Celosa, el Dramaturgo a punto de triunfar, la Chica que Vomitará Dentro de un Rato, el Comunista Simbólico, la Ninfómana Tradicional, el Turista Empedernido y el Viejo Escultor Sabio con Halitosis”.

John D. MacDonald escribe de maravilla, insisto. Y lo hago porque es la base de esta novela, construida sobre una trama sólida y sobre un par de personajes entrañables, pero cimentada con las palabras adecuadas, con frases redondas y párrafos perfectos.

“El amor es un regalo, no un regateo. Supongo que es algo que una debe aprender. Pero ¿qué puedes haber aprendido tú de mí?

- Que una cintura de cuarenta y ocho centímetros es una delicia”.

Lea a MacDonald. Recuperen a esta leyenda. En el mundo actual de la novela negra, saturado de mediocridades y repleto de impostores, no es fácil disfrutar de un espíritu puro capaz de escribir con el talento de Hammett, la originalidad de Chandler o la fuerza de Thompson. Imprescindible.

La condición humana

Mariano Rajoy ha cogido por costumbre justificar los problemas de su partido, esa corrupción que se extiende por todos los órganos del PP como una metástasis asesina, diciendo que se trata de “la condición humana”. Una frase convertida en mantra con la que pretende dar por zanjado el asunto: no es el Partido Popular, imbéciles, es la jodida condición humana.

No hay filósofo, desde Ortega y Gasset a Hannah Arendt, que no hayan reflexionado sobre la condición humana. El misterio de la existencia, el cuerpo y el alma, la totalidad y la fragmentación. Rajoy, que lejos de ser un filósofo es el líder de lo que la Guardia Civil denomina “una organización criminal”, no pretende reflexionar sobre la evolución del ser humano en cuestiones mentales o físicas, éticas o morales. Solo trata de ganar tiempo ante la prensa, ante los ciudadanos, ante una realidad que le tiene contra las cuerdas.

La honradez, la bondad, la solidaridad, la generosidad, el altruismo, la sinceridad… Todo forma parte de la condición humana. De la condición humana de la gente de bien. “Nobleza, dignidad, constancia y cierto risueño coraje. Todo lo que constituye la grandeza sigue siendo esencialmente lo mismo a través de los siglos”, escribió Hannah Arendt, autora del libro “La condición humana”.

Rajoy no es hombre de análisis literario, de filosofía y reflexión. Es hombre de Marca, de mentira y manipulación. Un político que pasará a la historia por ocultarse, por evitar a la prensa y no dar la cara, por liderar un partido podrido, que recurre a lo más sagrado, la condición humana, para disculpar su desfachatez, sus inmoralidades. No se puede ser más miserable.

Un motivo para NO ver la televisión

El hombre que cayó en la tierra.

Autor: Walter Tevis.

Editorial: Contra.

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La reedición de este clásico absoluto de la ciencia ficción podría entenderse como un homenaje al recientemente fallecido David Bowie, protagonista de la película sobre el libro dirigida por Nicolas Roger en 1976 y del musical “Lazarus”, secuela de “El hombre que cayó en la tierra”. Pero también como un regalo para los aficionado al género, que tienen la ocasión de seguir las aventuras terrícolas de un extraterreste absolutamente inolvidable.

“Era como si uno de aquellos individuos -siempre pensaba en ellos como aquellos individuos, a pesar de que había llegado a simpatizar con ellos y a admirarlos- se descubriera a sí mismo tratando con un grupo de chimpancés muy listos y espabilados. Newton se había encariñado con ellos, pero su vanidad típicamente humana le hacía difícil evitar el fácil placer de ejercer su superioridad mental para dejarlos asombrados. Sin embargo, por agradable que esto resultara, no podía olvidar que aquellos individuos eran más peligrosos que los chimpancés… y que habían transcurrido millones de años desde que algunos de ellos habían visto a un antheano sin disfraz”.

Thomas Jerome Newton partió del planeta Anthea hacia la tierra con intención de construir una nave espacial para trasladar a sus colegas, habitantes de un planeta arrasado por las guerras nucleares, y garantizar la supervivencia de su especie. Tras años de entrenamiento, en los que el pobre Newton utiliza la televisión terrestre como herramienta de aprendizaje, el frágil protagonista de esta novela aterriza en la Tierra. “¿Qué estaba haciendo aquí, en este otro mundo, el tercero con respecto al sol, a casi doscientos millones de kilómetros de su hogar?”. Es un tipo raro, sin uñas y con ojos de gato, pero sumamente inteligente, que pone en marcha de inmediato una serie de revolucionarios inventos que le convierten en millonario. Necesita dinero para un gran proyecto de supervivencia.

¡Pobre extraterrestre rico! Podríamos decir… Newton. ¿Quién eres tú? ¿A qué lugar perteneces? Todo lo que sabe sobre la Tierra lo ha aprendido estudiando durante 15 años la televisión. “Ella le había mostrado una soñolienta y ebria vitalidad que los antheanos, con toda su sabiduría, no podrían haber conocido, ni siquiera haber soñado. Se sentía como un hombre que se hubiera visto rodeado por animales razonablemente amables, tontos y bastante inteligentes, y hubiera descubierto gradualmente que sus conceptos y relaciones eran más complejos de lo que su adiestramiento podía haberle conducido a sospechar”.

El californiano Walter Tevis publicó esta fascinante novela en 1963, y rapidamente se convirtió en una obra imprescindible para entender el género. Emotiva y original, la amenaza no es el extraterrestre sino los terrícolas, “El hombre que cayó en la tierra” humanizó la ciencia ficción. Por eso su reedición es una excelente noticia no solo para los aficionados al género, sino para todos los públicos. Estamos ante el grito desesperado de un individuo solo, una elegía al planeta, un canto triste a la incomunicación y el desamparo, un llanto por las miserias humanas. Enternecedor.