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Los debates, esa pereza

“A nadie le apetecen los debates”, dice Mariano Rajoy en la cadena SER. Y se queda tan ancho. Se refiere a esos debates en televisión que exige toda campaña electoral democrática que se precie. Cuando dice que a nadie le apetecen, en realidad se refiere a él mismo. A Rajoy no le apetece ese ejercicio intelectual, de diálogo y exposición de ideas, que sin embargo los ciudadanos esperan con ganas. Así lo dicen las audiencias: 9,7 millones de espectadores (un 48,7% de cuota de pantalla) vieron el último cara a cara entre Rajoy y Sánchez, lo más visto del 2015. ¡Menos mal que a nadie le apetecen los debates!

Rajoy es un presidente triste, vago y pusilánime que, si pudiera, solo saldría de Moncloa para ir a Milán a ver al Atlético de Madrid jugar la final de la Champion (a la hora de escribir este texto no se conocía el rival del equipo del Manzanares). Las ruedas de prensa, en plasma. Las explicaciones a la prensa, deprisita: empieza el fútbol. Y los debates, ya sabe usted, no le apetecen a nadie: “Supone una gran responsabilidad, hay que prepararlo, hay que hacerlo bien, hay que respetar al que está oyéndolo…”. Y eso que dice estar “fresco” de cara a la campaña electoral.

No es normal que un presidente no quiera debates. Negar el debate es negar las ideas, los proyectos, el diálogo, la reflexión, la cooperación, el pensamiento… Negar el debate es negar la democracia.

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Un tuit

Pocas cosas tan tristes como enterarte por un tuit de la muerte de un músico de tu generación que, con sus canciones, marcó de alguna manera tu vida. Es difícil mirar hacia atrás, los buenos años pasados, sin escuchar de fondo dos de mis temas favoritos de Manolo Tena: la estremecedora “Frío”, de Alarma, y la genial y naif “Qué te pasa”.

Pocas cosas tan tristes como escuchar al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. “Tengo tuit”, anunció en “Salvados” (La Sexta). Y de todo lo que dijo en ese programa será la frase, dos palabras, que pasará a la historia. Porque Mariano Rajoy no solo es un político corrupto, por acción o por omisión, sino que es un político tremendamente gris, increíblemente mediocre, absolutamente incompetente.

Jordi Évole le entrevistó en Moncloa. Y lo hizo con un tono sereno y una colección de preguntas duras pero obvias. Nadie debería esperar otra cosa: se trata del líder de un partido al que la Guardia Civil calificó de “organización criminal”. Rajoy contestó a las cuestión de siempre, desde los SMS a Bárcenas a los apoyos a Rita Barberá, con las habituales evasivas: “Nadie es perfecto… No siempre se acierta en la vida… Sí, me equivoqué, es evidente. Desconocía lo que luego supe”. Y pasó a comentar con una sonrisa “el lío que se traen Iglesias y Errejón”.

Rajoy parecía incómodo y por momentos desconcertado, titubeante, sonado. Tenía la lección, una lección, bien aprendida, y repetía a modo de mantra una idea, unas frases: “España es un gran país, con muchas cosas buenas, pero parece que la noticia son las malas. No es noticia que una persona no sea corrupta, y la inmensa mayoría no lo son”. Poca cosa para un político acosado por la corrupción, rodeado de corrupción, manchado por la corrupción.

Poca cosa para un político francamente miserable. Cuando Évole le pregunta si considera de sentido común que en el año 2016 miles de españoles no sepan dónde están enterrados sus abuelos, el presidente de todos los españoles responde con esta frase para la historia de la infamia: “A mí me gustaría que todo el mundo supiera dónde están enterrados sus abuelos, pero no tengo claro que sea cierto eso que usted me dice ni que pueda hacer nada el Gobierno por arreglarlo”. Tremendo. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera que con estas declaraciones Rajoy pone en duda tanto “la existencia de familias que buscan a sus desaparecidos por la represión de la dictadura franquista”, como “la existencia de desaparecidos de la dictadura, insultando y humillando desde su posición de poder, a las miles de familias que desconocen el paradero de un ser querido y que llevan años esperando a que se acabe la transición y empiece una democracia que respete los derechos humanos y termine con la discriminación entre víctimas de delitos violentos”.

Mariano Rajoy, ese presidente de un Gobierno que no tiene dinero para las fosas de los republicanos asesinados por Franco, pero sé para repatriar los restos de los españoles que durante la Segunda Guerra Mundial lucharon en la División Azul del lado de la Alemania de Hitler.

Mariano Rajoy tiene un tuit. Y nada más.

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Un motivo para NO ver la televisión

Una entre muchas

Autora: Una.

Editorial: Astiberri.

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Este no es un cómic agradable y colorido ideal para disfrutar una soleada mañana de primavera. Esta es una novela gráfica áspera y difícil, tejida en negros y grises, que habla de los traumas, del dolor, de la culpa y de la vergüenza. Una novela gráfica de una dureza dolorosa que agarra al lector por las tripas desde las primeras páginas, y se las retuerce sin piedad para recordarle que la violencia sexual es uno de los grandes males de la sociedad actual.

“¿Por qué la idea de que las mujeres y las niñas se merecen lo que les pasa es mucho más fácil de aceptar por las soledades de todo el mundo que el hecho de que los varones violentos causan sufrimiento a millones de todo el mundo, en épocas de paz y en épocas de guerra?”.

Una, la autora, sufrió abusos entre los 10 y los 16 años por parte de tres adultos. Los hechos, que tienen lugar en la segunda mitad de los años setenta, coinciden con las andanzas del llamado Destripador de Yorkshire. Un asesino en serie que mataba prostitutas. “Sólo” prostitutas.

Una es víctima de abusos, y del desprecio de su familia y amigos. Piensan que ella es la culpable, que es una provocadora, que es una “guarra”. La violencia sexual y sus terribles daños paralelos, consentidos por una sociedad capaz de confundir a los que sufren.

“La regla era que las chicas tenían que mantener a los chicos bajo control. Yo no parecía capaz de hacerlo. Nadie esperaba que los chicos se controlasen solos. Las chicas tenían que ser sexys, pero no demasiado, y, aunque el ritmo al que las chicas crecían estaba completamente fuera de su control, tenían que tener cuidado de no dejar que sus pechos y sus muslos alarmasen a la gente. Se exigía que las chicas hicieran cosas sexuales que se consideraba deseables, pero tenían que hacerlo sin revelar sus propias necesidades”.

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Tiempos hipócritas en una sociedad marcada por la miseria, el alcohol, el paro, la violencia, el terrorismo… Tiempos duros para una narración desgarradora, la de una víctima de la violencia sexual que sufre una condena paralela.

“Los niños traumatizados pueden desarrollar un comportamiento que los adultos que los rodean perciben como inapropiado, de modo que llegan los castigos y una mayor marginalización. Así que se disculpa a los adultos mientras se culpa a los niños, pero una cosa es ser explotado porque eres vulnerable y otra dar consentimiento”.

Una novela gráfica desgarradora y desasosegante que nos obliga a pensar, a replantearnos conceptos sobre los abusos y la violencia que hemos visto, y que hemos vivido. Un libro triste y despiadado que nos exige prudencia a la hora de juzgar, y que nos advierte de que el machismo y sus fantasmas campean libremente en una sociedad aún por construir. Demoledor.

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Ya, pero en Venezuela…

El presidente en funciones Mariano Rajoy escribe en El País el mismo día en que la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, declara en el juzgado de lo penal número 6 de la capital por un delito contra los derechos religiosos. Rajoy dedica su tribuna, titulada “Siempre con la libertad”, a Venezuela: “Porque queremos para los venezolanos lo mismo que los españoles disfrutamos cada día: democracia, libertad y seguridad”, sentencia en la frase final.

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El líder de un país que ha encerrado en la cárcel a dos titiriteros durante cinco días por representar una obra de ficción habla de democracia, libertad y seguridad. No se descojone, querido lector, que la cosa es muy seria. Y no solo por el concepto que Mariano Rajoy pueda tener de términos como democracia, libertad y seguridad, sino por el resto del artículo, publicado a toda pagina.

El político que dijo a Bárcenas “Se fuerte, Luis”, el líder de un Partido Popular imputado (investigado) y acorralado por la corrupción, el tipo que quiere un gobierno para España como el de Jaume Matas, escribe en El País sobre la crisis de valores, la cultura del esfuerzo, el electorado anestesiado y el robo… en Venezuela. “Lo peor es la crisis de valores. Se empieza cambiando la cultura del esfuerzo. Las autoridades afirman que también robarían por necesidad y manifiestan su comprensión por los delitos comunes. Se subsidia a la población para crear un electorado anestesiado, agradecido y estable, a disposición del poder político. Se inaugura una cultura que promueve el conformismo, el resentimiento y la sumisión a lo fácil”, asegura el hombre que dijo que Rita Barberá es la mejor.

Rajoy escribe sobre la crisis de valores y el robo. Y lo hace el día que sabemos que en la pasada legislatura, la suya, fueron detenidas un total de 7.140 personas por delitos de corrupción. Cinco al día, pese a aforamientos como el de Barberá.

Es difícil comprender a un político tan complejo, tan lleno de matices y contradicciones, como Mariano Rajoy. Mientras nos regalaba esta apología de la libertad y la democracia en la página 11 del periódico de Cebrián, solo un poco más adelante, en la página 38, se convertía en protagonista de la auténtica noticia del día: “Rajoy cierra la legislatura con la deuda pública al borde del 100% del PIB”. El Gobierno que dijo que de lo que realmente sabía era de economía, que su especialidad era crear trabajo, resulta que ha acabado la legislatura con menos empleo que cuando llegó, ha conseguido que el nivel de deuda sea el más alto en un siglo, y ha logrado que el pasivo de las administraciones alcanzase en diciembre los 1.069 millones de euros.

¿Es esto cierto, señor Rajoy? Ya, pero en Venezuela…

Un motivo para NO ver la televisión

Perdidos en Camboya.

Autor: Amit Gilboa.

Editorial: Varasek Ediciones.

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Si usted conoce Camboya coincidirá conmigo en que se trata de un país fascinante. Un lugar hermoso, con una naturaleza exuberante, una población amable… y un pasado atroz. Por la mañana puedes disfrutar de uno de los lugares más bellos del mundo, los templos de Angkor, y por la tarde sentir un nudo en la garganta al contemplar alguna de las 20.000 fosas comunes que dejó a su paso el genocidio de los Jemeres Rojos de Pol Pot.

El libro que hoy nos ocupa se centra en esa última parte, la Camboya más oscura, compleja, violenta y alejada del orden occidental. Amit Gilboa, escritor israelí criado en Estados Unidos, ha husmeado en las alcantarillas del país del sur de Indochina y cuenta, desde el corazón podrido de Phnon Penh, la capital, todas las miserias que tienen lugar ante su atónita mirada. Desde las entrañas de la política de un país tan complejo, con tantas luces y sombras, Gilboa subtitula su libro “Armas, sexo y marihuana en el lado oscuro”.

Difícil definir con mayor precisión una obra que habla de personajes sórdidos, turistas y potenciales inversores, putas mal encaradas, militares asilvestrados y violencia desenfrenada: “No tardé en darme cuenta de que para mucha gente esta atmósfera de Salvaje Oeste resultaba excitante. La sensación de violencia arbitraria y proximidad a la muerte hacía que los días sin sentido conjugando verbos en clase se convirtieran en aventuras de supervivencia urbana… Sienten una excitación visceral por encontrarse tan cerca de la violencia”.

“Perdidos en Camboya” está más cerca del periodismo que de la literatura. Y Gilboa resulta más próximo a Hunter S. Thompson que a Kapuscinski. Estamos, por tanto, ante una guía de viaje por el lado salvaje de Camboya, un libro escrito con habilidad y socarronería que no solo entretiene y divierte, sino que ayuda a comprender la realidad de un país desordenado y confuso en plena transformación. El título perfecto para introducirse en la excelente colección “On the road” de Varasek Ediciones.

El gallinero

“Yo ni siquiera sé donde los han puesto”, dice Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno que no se entera de nada. El pasado día 17 no sabía “absolutamente nada” del borrado de los discos duros de Bárcenas. Diez días después, tiempo más que suficiente para poder enterarse, continúa en la ignorancia: “No sé si el partido está imputado. Ha sido citada la gerente del partido con motivo del borrado de unos ordenadores del señor Bárcenas, que es lo que se hace en las empresas cuando el ordenador se entrega a otra persona, pero no conozco cómo está este asunto”, dijo un Rajoy que es el único que a día de hoy aun no ha leído el auto de la juez de Instrucción número 32 de Madrid Rosa Freire.

“Yo ni siquiera sé donde los han puesto”, insiste Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno que no quiere saber nada. Se refiere a la polémica sobre la propuesta de la distribución de escaños en el nuevo Congreso. Una propuesta que, por escaños y numero de votos, ningunea a Podemos. Es decir, se burla de los cinco millones de personas que han votado a Podemos. “De lo que se trata es de que Pablo Iglesias quiere estar en la primera fila”, ridiculiza José Manuel Villegas, vicesecretario de Ciudadanos, partido que, con menos votos y escaños que Podemos, sí está en la primera fila.

El Partido Popular, El PSOE y Ciudadanos, la Gran Coalición, o si prefiere La Casta, se han puesto de acuerdo para colocar a la tercera fuerza política del país en el llamado “Tendido del 8”. En el gallinero del Congreso. ¿Un acto pueril, una niñería? Seguramente. “Vamos a trabajar encantados, aunque nos sienten en la cafetería”, ha dicho Pablo Iglesias.

Yo sin embargo no puedo mostrarme tan tranquilo y conciliador: me siento estafado. Una vez más. Se trata evidentemente de una cacicada, de un intento de cacicada, en el que la vieja política desprecia no solo a Podemos, sino también a sus votantes. Una sinvergonzonería que me irrita, por un lado, pero que por otro me hace sonreír con alguna malicia: ¿Esto es todo lo que pueden hacer para frenar el cambio, para que durante unos minutos no se hable de corrupción, para aferrarse a sus privilegios? Pobres.

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P.D.

Seguimos hablando de Podemos, de democracia, de corrupción, de hipocresía, de miedo… José María Aznar: “Podemos es una amenaza para nuestro sistema democrático y nuestras libertades”. “Podemos es chavista-comunista, y además tiene financiación venezolana e iran픓No creen en un sistema democrático y quieren subvertirlo; no creen en el Estado de derecho; no creen en la independencia judicial; no creen en un sistema democrático libre ni en la economía de mercado, ni en las libertades de las personas”. “Podemos es un riesgo político y, si tiene alguna posibilidad de llegar al Gobierno, mucho más todavía”.

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