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Sex Machine

La crisis ha hecho retroceder a España a los niveles de hace treinta años. Lo dice Naciones Unidas. Hablan de desigualdad, pero alguien podría pensar, tras ver los especiales de televisión navideños, que se refieren a horterismo, la musicalidad ramplona, los ritmos agarrotados y las mediocridades bailongas. No. No todo es caspa y decadencia en este gran país. Vean estas imágenes y no me digan que no podrían pertenecer a una inolvidable celebración musical de mediados de los 80. O incluso de antes…

Estará usted de acuerdo conmigo en que no se había visto tanta sensualidad sobre una pista de baile desde que Elvis intentó dislocarse la pelvis en el Ed Sullivan Show, el legendario 9 de septiembre de 1956. O quizá desde que James Brown salió al escenario del teatro Apollo de Harlem, allá por 1963, y mientras se retorcía sobre su columna vertebral como una serpiente en celo aullaba aquello de “Please, please, please”.

Pues estas imágenes, apenas 20 segundos de testosterona y carnalidad, una invitación a la lujuria, son de ahora mismo, y muestran una faceta desconocida de nuestro flamante presidente del Gobierno en funciones. El amo de la pista. El Travolta del siglo XXI. Sex machine. ¿Quién dijo que a Mariano Rajoy le faltaba piel, que escondía la cabeza como un avestruz, que era un sieso, un triste y se encontraba en proceso de momificación? Ahí le tienen, dándolo todo bajo los focos multicolores de una disco abarrotada, con la música a tope y el personal hipnotizado con su swing.

Rajoy baila “Mi gran noche”, el clásico de Raphael, en lo que aseguran es la pasada fiesta de Nochevieja. Y deja al Iceta del Don’t stop me now” de Queen, y a la Soraya de la sintonía de “El Hormiguero”, a la altura de dos auténticas estatuas. Rajoy tiene el ritmo. Y lo sabe. Parece evidente que este tipo, al que muchos dan por muerto, no ha dicho su último palabra….

La dignidad aneja

La Universidad Rey Juan Carlos ha retirado al exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato el doctorado Honoris Causa que le concedió en 2009. Ningún voto en contra: la cúpula universitaria piensa que no merece tan ilustre galardón y no dudó en suprimirle “la dignidad aneja a la condición de doctor Honoris Causa”.

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Ah, la dignidad aneja. ¡Qué concepto tan hermoso! La ciencia primera y fundamental de un hombre, escribió Ángel Ganivet en el siglo XIX, es saber vivir con dignidad. Es decir, ser dueño de uno mismo. Y de paso, de algunas cuentas anejas en Suiza, piensan los antisistema ibéricos en una interpretación bastarda de las leyes no escritas de la ética.

Rato, “El milagro económico español” con patas, se ha convertido en “el fracaso de la dignidad española” con piernas. Y el mundo de la educación no quiere perdedores en sus filas: superando por una cabeza al presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, Rato se convierte en el español que más doctorados Honoris Causa ha perdido, dos, durante el camino a la gloria. Lástima, pensó mientras se lanzaba al mar desde la cubierta de su yate.

En cualquier caso, resulta enternecedor que una Universidad bautizada con el nombre de un conocido cazador de elefantes, y de empresarias alemanas, reparta y retire doctorados Honoris Causa y hable de dignidades ajenas. Son las cosas de un país profundamente hipócrita en el que cada uno va a su bola. Ahí tenemos a Pedro Gómez de la Sernadiputado electo del PP por Segovia apartado de la campaña electoral por su supuesta implicación en el cobro de comisiones a empresas españolas. En “breve conversación telefónica” con la Agencia EFE, Gómez de la Serna ha dicho que “no ha decido aún si recogerá su acta”. Con dos cojones. “Cuando tome la decisión de recoger o no el acta lo haré público”, sentenció. Declaraciones que si duda han despertado la ira del obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, quien considera que los resultados electorales de este domingo reflejan “una sociedad enferma”.

De fondo resuena con la fuerza del trueno una de las sentencias más contundente de Mariano Rajoy: “He sido muy duro con la corrupción”. 

Un motivo para NO ver la televisión

Billie Holiday.

Autores: Muñoz y Sampayo.

Editorial: Salamandra.

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Recuerdo mi vieja y renqueante copia del “Billie Holiday” de Muñoz y Sampayo, adquirida en el comienzo de los noventa, y la nueva edición de Salamandra crece en mis manos como un gigante: una apasionada introducción de Francis Marmande, buen papel y reproducción exquisita, hermosas láminas jazzísticas a modo de epílogo, una portada cálida… Incluso huele de maravilla. Es la edición definitiva, sin duda alguna, de uno de los cómic favoritos tanto de amantes del jazz, como de lectores de novela o, simplemente, de los seguidores de esa pareja de genios formada por los argentinos José Muñoz y Carlos Sampayo.

El primero, dibujante. El segundo, escritor y guionista. Juntos autores de clásicos como el que nos ocupa, o como la inolvidable serie dedicada al detective Alack Sinner. Una historieta policíaca memorable. Grandes guiones y unas ilustraciones originales y rotundas, impactante blanco y negro, que saben capturar a la perfección el ambiente de los bajos fondos, el humo de los garitos, el sonidos de los saxofones, la luz de los callejones.

“Billie Holiday” se reedita con motivo del centenario del nacimiento de Lady Day, la cantante de jazz más grande de todos los tiempos… con permiso de Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald y Bessie Smith. “Para nosotros el reto y desafío principal era el de conseguir no faltarle al respeto al personaje y componer, desde nuestra admiración y agradecimiento, una buena narración figurativa, inmóvil, con música de silencios”, han dicho los autores. Lo consiguen plenamente: “Billie Holiday” es un blues dibujado, doce compases reducidos a dos colores. “La realidad de aquellos momentos, su vida, su historia, eran en blanco y negro”, asegura un Muñoz que apunta a la tristeza, el maltrato y las adicciones que acompañaron a Holiday durante toda su vida.

Supone un placer enorme reencontrarse con este viejo e inolvidable cómic en una edición tan hermosa. Busque cualquier disco de la cantante de Baltimore de mediados de los 50, por ejemplo “Lady sing the blues” o “Stay with me”, suba el volumen, y abra este libro de gran formato, esta original biografía musical. Estará sumergiéndose en el alma del blues, en la tristeza infinita.

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El mejor Rajoy

Mariano Rajoy supo estar, inmediatamente después de ser brutalmente agredido, a la altura de las circunstancias: No se deben extraer consecuencias políticas (del puñetazo), sería injusto”. Se acabó el debate. Un descerebrado de 17 años tiene un cruce de cables y golpea al presidente en la calle. Un acto aislado, sin ideología, sin causa política. Lamentable excepción en una campaña electoral modélica, en lo que a malos modos se refiere. La vida sigue, la campaña continúa.

¿Seguro?

Las consecuencias de la agresión pueden ir más allá del golpe. Podrían incluso influir en al resultado electoral. Rajoy se ha mostrado serio y contenido, como un auténtico presidente, y lejos de tratar de rentabilizar la agresión se ha limitado a conceder entrevistas a diferentes medios para confirmar que se encuentra bien y que el único culpable es el agresor. Un perturbado en tratamiento psiquiátrico, por cierto. Pero no todo el mundo está siendo tan prudente como Rajoy…

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Además de los habituales francotiradores ultras, y de los diarios digitales habituados a la manipulación y el chantaje, algunos grandes medios de comunicación se han precipitado o han sentido el deber de hacer campaña instrumentalizando la agresión. Incluso el diario El País publicó una Fe de Errores sobre una afirmación previa en la que relacionaban al agresor con las Mareas y Podemos.

El lado oscuro regresa. En forma de joven inadaptado, para golpear al presidente. En forma de fotos, titulares y tuits, para recordarnos que el periodismo puede ser más ruin y miserable incluso que la política. “Sánchez despenalizó moralmente la agresión al utilizarla como argumento”, escribe Ignacio Camacho en ABC. En el editorial de La Razón se puede leer que Rajoy fue “víctima de un acto cobarde impulsado desde el sectarismo y el odio que viene sembrando desde hace cuatro años esa izquierda radical que se considera nueva y que no es otra cosa que el viejo marxismo que creíamos desenmascarado, al menos, desde la caída del Muro de Berlín”. “Una agresión que evidencia la cultura del cinismo”, sentencia El Mundo en su editorial.

“El miedo a la pérdida un camino hacia el lado oscuro es”, dijo el Yoda en la tercera parte de La Guerra de las Galaxias.

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Un motivo para NO ver la televisión

Star Wars. Filosofía rebelde para una saga de culto.

Autores: Carl Silvio y Tony M. Vinci.

Editorial: Errata Naturae.

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La venta anticipada de entradas para el estreno de Star Wars VII ha batido todos los récords, superando los 100 millones de dólares. El libro del que hoy hablamos debería estar en la mesilla de todos esos seguidores apasionados de las aventuras de Luke Skywalker y compañía: es la Biblia de esta saga de culto, un manual para comprender los recovecos de la galaxia y sus protagonistas, una guía de viaje interestelar por la filosofía de un universo con mitología propia. Ocho ensayos que analizan la relación de La Guerra de las Galaxias con el capitalismo global, la sexualidad, las religiones orientales, el feminismo, las nuevas tecnologías o la diversidad y las razas: “El Imperio Galáctico es un estado racial representado por su política exterior e interior de xenofobia, discriminación, creación de guetos y, en los casos más extremos, genocidio de los alienígenas de la Orden Jedi”.

Las películas de George Lucas van más allá de la simple aventura espacial. Los especialistas en la serie ven influencias atemporales, desde el western a los relatos artúricos, y por supuesto una profunda carga ideológica. Desde críticas al sistema democrático y la manipulación de los pueblos hasta los complejos enredos de la teología política. Pasando por el fetichismo en sentido freudiano o la igualdad entre sexos: “Leia se convierte en una rebelde total: franca, sin remordimientos, sarcástica, e incluso autoritaria, que no titubea en disparar y matar con la misma habilidad que los tipos duros que la rodean; en otras palabras, no se comporta en absoluto como una damisela y, sin duda alguna, no está indefensa”.

Espadas láser, ejércitos de cucarachas, héroes peludos y mecánicos, planetas ignotos, bares inolvidables, escenografías nazis, utopías morales, tiranos rencorosos, sabiduría de la bondad… Star Wars es mucho más que una saga de ciencia ficción, puesto que esconde mundos paralelos. O al menos eso dicen quienes analizan, desde el ensayo y la filosofía, los mitos y leyendas de un fenómeno de dimensiones… galácticas.

 

 

Ratas de dos patas

Visto en diferido el resultado del cara a cara entre Caraplasma y Pdro Snchz, puede parecer que acerté plenamente eligiendo cenar con mis ex compañeros de El Mundo. Las alcachofas con pulpo estaban exquisitas, el picadillo en su punto de picante, el pez mantequilla delicioso y el crianza en su temperatura ideal. ¿Y qué quiere que le diga de los gin tonics? Podría parecer que acerté, insisto… Pero lo cierto es que, tras ver grabado el debate entre Rajoy y Sánchez puede que me perdiera el momento cumbre de la campaña electoral más excitante y disputada de los últimos años. 

Un país con cinco millones de parados necesitaba una cara a cara como éste, con un gran nivel intelectual y político, para recuperar la esperanza, para creer en el cambio, para confiar en una nueva política. “Indecente”, dijo uno de los candidatos. Ruiz (sic), mezquino y miserable”, respondió el otro. Manuel Campo Vidal, un tipo educado en las mejores academias de televisión, se bloqueó ante semejante diálogo tabernario y estuvo a punto de perder el conocimiento. El clásico chungo, la habitual pálida.  “El cara a cara exige más a los candidatos que los debates”, había dicho el infeliz horas antes de un enfrentamiento que, hasta la fecha, solo se podía presenciar a altas horas de la madrugada en clubs de alterne de carreteras secundarias.

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¿El momento cumbre de la campaña electoral más excitante y disputada de los últimos años? Sí, ha leído usted bien. El cara a cara fue el no va más, uno de los instante claves en la historia moderna de España, puesto que supone la puntilla definitiva a dos formaciones políticas agotadas. Los líderes huecos del PP y PSOE, partidos viejunos responsables directos tanto del estado económico del país como de la corrupción rampante, se enfrentaron el lunes en un debate barriobajero que desnudó una vez más sus miserias, reveló su ausencia de programa, y mostró su decrepitud y su ansiedad por alargar la duración de la franquicia que disfrutan. Un cara a cara ordinario y nada creativo, entre dos auténticos patanes, que debería servir para poner de una vez por todas los clavos al ataúd del bipartidismo.

España necesitaba un debate así, no lo dude. Ya que no hay ideas, que por lo menos corra la sangre. ¡Espectáculo! Nueve millones de espectadores ante el combate del siglo, dos boxeadores sonados en el final de sus carreras (me temo), soltando mamporros al aire, sin orden ni concierto, muy lejos de aquella cima del mundo de la que hablaba Norman Mailer en su memorable crónica del combate entre Muhammad Ali y Joe Frazier. En el fondo del pozo. Ahí es donde se encuentran Rajoy y Sánchez. Moviendo los brazos como zombis, esperando dar ese puñetazo definitivo, un golpe de suerte que derribe a su rival y les permita reengancharse al tren de la casta. Los dos están en la lona, y el árbitro ha iniciado la cuenta atrás. Diez, nueve, ocho…