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Españolitos

“Cuando se nombra a la gente por su lealtad y no por su talento… llega el colapso”. Jorge Wagensberg, físico, escritor y museólogo.

“Toni Cantó ha convocado una rueda de prensa en Valencia para aclarar su futuro político”, dijo toda circunspecta la presentadora de Antena 3. Y dió paso al lugar donde estaba la noticia. ¿La noticia? Así lo entendieron muchos: No fue la única cadena de televisión que retransmitió en directo un  acontecimiento histórico, en el que decenas de micrófonos rodeaban a un político que anunciaba que abandonaba la política. ¿Era noticia que Toni Cantó aclarase su futuro político? Y de las gordas, por lo que parece.

Un cariacontecido Cantó dijo que renunciaba a su acta de diputado, algo que demuestra coherencia, y a ser candidato de UPyD por Valencia: “Quiero volver al teatro”, dijo. ¿Cómo, pero acaso teatro y política no son la misma cosa? Quizá con ánimo de aclarar la paradoja, sentenció: “quiero pasar a ser un españolito más”. ¿Españolito? Claro. Los políticos no son españolitos, son españolazos. Quizá por eso se despidió de la política dejando una puerta abierta a su futuro político: seguirá como afiliado de la formación al menos hasta el Congreso Extraordinario convocado para después de las elecciones municipales y autonómicas de mayo, y entonces estudiará sus posibles aspiraciones a concurrir a las próximas elecciones generales. “Todo dependerá de ese congreso extraordinario”, dijo entre contenidos sollozos.

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Cantó es uno de esos nuevos políticos que, tras presumir de hacer “otra política”, se despide como una estrella de la política tradicional, entre flashes y focos… hasta “ese congreso extraordinario”. O hasta la llamada de Ciudadanos. Y es que, como reconoció en La Sexta, “la política tiene un punto de droga”.

Pero si resultó triste, por excesiva, la rueda de prensa de Cantó, qué decir de la que solo unos minutos después ofreció Mariano Rajoy. El presidente del Gobierno nos regaló la ya habitual “comparecencia plasma”, con la señal para televisión creada por el propio Partido Popular y una puesta en escena teatral: el núcleo duro del partido rodeaba al presidente en una mesa que simulaba unidad. ¿A quién pretenden engañar? Pues muy fácil: a los españolitos.

“Este partido nos ha dado mucho. A mí, desde luego, me ha dado muchísimo”, dijo Rajoy en un emotivo arranque de sinceridad. Y tanto que le ha dado. En blanco y en negro, mediante nómina y en sobres. Quizá ahí se encuentre la respuesta a los problemas de su partido, esos que hablan de pérdida de seguidores, de crisis interna. ¿Un problema de comunicación? ¿Los medios son los responsables? ¿O nosotros o el caos? ¿Todo es cuestión de economía? ¿Falta piel, falta empatía?

La respuesta, insisto, está en la anterior frase del presidente: el partido les ha dado mucho. Seguramente demasiado. A todos, incluido por supuesto Rajoy. Y se lo ha dado Bárcenas. Mientras tanto en el plasma, el propio Rajoy presumía de que el PP ha respondido a la corrupción “con más rigor que nadie”.

JUNTA DIRECTIVA NACIONAL DEL PP

Un motivo para NO ver la televisión

La balada del norte.

Autor: Alfonso Zapico.

Editorial: Astiberri.

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En la España de 1933 se cruzan las vidas de dos hombres muy diferentes. Tristán es un jóven periodista bohemio y fracasado, hijo de un terrateniente del norte, de todo un marqués, del dueño de la Compañía Minera del Noroeste. Apolonio es un minero, un tipo íntegro, rudo, solidario y formal al que todos los que trabajan rascando carbón respetan. Apolonio trabaja para el padre de Tristán. De un Tristán que, desmoralizado y enfermo, llega al norte, se instala en casa de su padre, en la cuenca minera, y se enamora de Isolina, una sirvienta, la hija de Apolonio.

“La balada del norte” habla de las personas, de sus pasiones, sus miserias y sus sueños. Pero también de la España de los años 30, un país derrotado, desigual, en el que se cuece la revolución asturiana. Habla de mineros y de opresión, de hastío obrero y de apatía aristocrática, de cómo se genera una revuelta popular.

Este es el tomo primero de una novela gráfica descomunal, por el tamaño del volumen inaugural, 226 páginas, por la belleza de la edición, un placer sensorial, y por los maravillosos dibujos de Alfonso Zapico, un artista que ha cogido la medida a estas historias de largo recorrido. Imprescindible.

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Patético

Mariano Rajoy ha llamado “patético”, “ridículo”, “incapaz” y “sinvergüenza” a Pedro Sánchez. Mariano Rajoy no es un proxeneta cubierto de tatuajes en libertad condicional, es el presidente del Gobierno. Y Pedro Sánchez no es un chulo rival, es el líder de la oposición. La bronca no tuvo lugar de madrugada, durante una borrachera en un burdel portuario. Se produjo en el interior del Congreso de los Diputados, durante uno de esos momentos grandes que tiene la democracia: el Debate del Estado de la Nación. No fueron los únicos instantes vergonzosos y miserables de la jornada. Celia Villalobos, que presidía la sesión, aprovechó para echar una partida al Candy Crush en su iPad mientras Rajoy hablaba en tan señalada ocasión, el día grande del Congreso. Se aburren sus señorías. Normal: La política resulta soporífera cuando los políticos son tan mediocres como los nuestros. En el momento en que hablaba Durán y Lleida, 119 escaños vacíos. Cuando hizo uso de la palabra Alberto Garzón, líder de Izquierda Unida, este era el aspecto del hemiciclo…

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Al precio que están los gin tonics en el Congreso, que ni en Talavera de la Reina (ver post de ayer), es normal que los políticos prefieran hacer barra que escuchar a quienes ya conocen, a quienes ignoran, a quienes en ninguna circunstancia piensan hacer ni puñetero caso.

“No vuelva aquí a hacer o decir nada, ha sido patético”, bramó Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España. Se dirigía al líder de la oposición. Un frase demoledora, por lo macarra y desproporcionada, pero también por profundamente antidemocrática. ¿Quién es usted para decir a nadie que vuelva o no al Congreso, que hable o calle en el órgano constitucional que representa a todo el pueblo español? En verdad patético.

El entrevistador blandengue

Es bien conocido que al presidente del Gobierno Mariano Rajoy los periodistas le dan repelús: ¡Le preguntan por su gestión, por la corrupción en su partido, por la pobreza y los desahucios, por los sobres de dinero negro que le daba Bárcenas! Para evitar tan malos tragos el líder del Partido Popular evita a la prensa, se esconde de los periodistas y cuando da la cara prefiere hacerlo a través de una pantalla de plasma. No pisaba un plató de televisión desde el 21 de enero de 2014, cuando fue entrevistado por Gloria Lomana, una amiga, en Antena 3. Un tipo pusilánime este Rajoy, seguramente el presidente del Gobierno más escurridizo, obtuso y gallina de la democracia española.

En la noche del lunes Rajoy concedió, un año después, una entrevista televisiva. ¡Milagro! El lector inquieto se preguntará qué pudo llevar a semejante cagueta a afrontar tamaño riesgo. Sentarse en un plató, en directo, frente a un periodista, supone todo un reto para alguien tan timorato como Mariano. Pues muy fácil: eligió a un entrevistador a su medida, el periodista blandengue que le garantizase una entrevista plácida, promocional, superficial. Rajoy eligió a un Pedro Piqueras que había dejado las cosas muy claras: “Cuídate sin dejar de disfrutar”.

Piqueras tiene un enorme carisma para vender caldo de pollo envasado en tetrabrick, las cosas como son. Pero en las entrevistas flojea. Soso como una taza de sopa para hipertensos, el director de informativos de Telecinco se muestra como un periodista maleable, como un entrevistador blandengue, el sueño de un presidente que está contra las cuerdas. “Me niego a estar todo el día debatiendo con el señor Bárcenas cuando tenga a bien hacer una declaración”, dijo Rajoy en el momento más comprometido de la charla. Y Piqueras dejó que el presidente se fuera a su casa sin un arañazo.

No tenemos punto medio. O entrevistadores/protagonistas, de esos que quieren ser más famosos que el entrevistado y conseguir titulares explosivos sobre todas las cosas, o entrevistadores/cómplices, que se limitan a hacer el juego a los políticos asegurándose así su futuro. Bueno, la verdad que hay alguna excepción…

Gonzo realizó en “El Intermedio” (La Sexta) una excelente entrevista a Tania Sánchez. Preguntó todo lo que tenía que preguntar. Y lo hizo sin recordar a los telespectadores lo incisivo y gran profesional que es, sin insinuar que cumple una misión sagrada, de forma educada y eficaz. La buena entrevista es posible incluso desde la discrección.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Truckers, Kickers, Cowboy Angels.

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El rock es un universo. Y sus galaxias están perfectamente etiquetadas: jazz-rock, blues-rock, glam-rock, folk-rock… y por supuesto country-rock. Un buen día, allá por la mitad de la década de los sesenta, alguien se dió cuenta de que los tupés y las melenas encajaban dentro de los Stetson. Las guitarras eléctricas eran compatibles con las de pedal, y las baterías no eran capaces de silenciar a las mandolinas. Dylan lanzó “John Wesley Harding” y los Byrds “Sweetheart of The Rodeo”. Un tipo llamado Gram Parsons, un genio nunca suficientemente adorado, escuchaba a los Stones y planeaba crear los Flying Burrito Brothers. La América rural, blanca y proletaria, se daba la mano con el asilvestrado sonido que venía del blues y la electricidad. “Estás preparado para el campo / porque ya es tiempo de ir”, cantaba Neil Young en “Are you ready for the country”.

Otras fusiones han resultado perecederas, menos perdurables. El country-rock sigue de actualidad con otros nombres porque tenía sentido: instrumentaciones similares, buenos juegos vocales, grandes compositores, cervezas frías y un cierto olor a vaca. Música fresca como el agua del arroyo, limpia como el rocío de la montaña. “La emisora de música country suena suave / pero no hay ninguna razón para apagarla”, recitaba Dylan en “Visions of Johanna”.

De todo esto hablan dos discos absolutamente memorables, tanto por su contenido sonoro como por su trascendencia informativa: “Truckers, Kickers, Cowboy Angels”. Editados por el sello Bear Family, famoso por la cuidada edición de todas sus referencias, estos discos incluyen, además de 64 canciones (2cd+1cd), sendos libretos (150 páginas) escritos por Colin Escott, prestigioso escritor y productor. Todo lo que debemos saber sobre el country rock está en estos discos, dedicados al periodo 1966/68 el primero, un doble, y a 1969 el segundo, sencillo. La lista de músicos y canciones es simplemente apabullante: The Byrds, Flying Burrito Brothers, Bob Dylan, Buffalo Springfield, The Band, Linda Ronstadt, Doug Sahm, Lovin’ Spoonful

Sin duda la colección sobre country rock más importante, seria, documentada y excitante de cuantas se han publicado jamás. ¡Y prometen nuevos volúmenes! Los dos primeros son absolutamente imprescindibles.

Para leer más: Aquellos vaqueros contraculturales.

Dar la cara

En El Mundo, periódico famoso por su desbordante imaginación, han dado una nueva vuelta de tuerca al viejo cara a cara, esa legendaria técnica informativa que consiste en enfrentar a dos individuos para que defiendan planteamientos diferentes de un mismo tema. La cosa no tendría mayor importancia si uno de los contendientes no fuera Carlos Cuesta, un peso pesado del intercambio de guantazos. ¡Pobre Lucía Méndez, su rival en el cuadrilátero audiovisual! Y es que hay que tenerlos muy bien puestos para atreverse a cruzar guantes con Kid Banderita, el púgil que saltó al plató embutido en un batín patriótico…

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El cara a cara es la simplificación máxima del debate. En estos tiempos de crisis, cualquier idea que suponga un ahorro es bien recibida. ¿Tertulia con un presentador y seis comentaristas? Ni pagándoles con cheques de Mercadona. Dos periodistas de la casa, una cámara de vídeo de las que se utilizan en bautizos, media hora de montaje y rotulación, y… Voilà! Ya tenemos el cara a cara.

Hoy por hoy, el cara a cara que exige este país es el que enfrentase a Mariano Rajoy con Artur Mas. Pero hablar de este debate es hablar de unicornios y hadas. Una fantasía, un sueño imposible. Rajoy no da la cara. De Mas pueden decirse muchas cosas, pero no que se esconda: cada vez que anuncia algo importante ofrece rueda de prensa. Con preguntas. En catalán, inglés y castellano. Muchas veces para no decir nada, para confundir, para enredar. No importa. Hay que estar ahí, dar la cara. Y así pasa lo que pasa: que cuando Rajoy cree tener controlada la situación… Mas toma de nuevo la delantera. Por la cara.

Un presidente que se esconde es un presidente miedoso, débil, blandengue. Un presidente que no toma decisiones es un presidente incompetente. Un presidente pusilánime es un presidente saliente. El discurso de Mas es posible que no guste, que no convenza, que rechine. El discurso de Rajoy es inexistente. En el tema de Cataluña. Y en el de la corrupción, la inmigración… El PP ha rechazado la petición de comparecencia de Rajoy por el ébola.

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P.D.

Otra gran portada…

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Un motivo para NO ver la televisión

Lee Ranaldo and the Dust.

Cd: Acoustic Dust.

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Lee Ranaldo, el rey de la guitarra rabiosa al frente de los legendarios  Sonic Youth, emprendió hace poco más de un año una gira acústica por Europa al frente de una banda llamada The Dust. Durante una escala en Barcelona entraron en unos estudios de grabación y registraron los once temas que forman este álbum, una rareza dentro de la discografía del co fundador de la banda más ruidosa del Nueva York de los años 80.

“Acoustic Dust” suena reposado y sincero, con la batería y el Hammond arropando unas voces que convencen y unas guitarras acústicas que reinan. ¿Las canciones? Siguen el camino marcado por Ranaldo a lo largo de su carrera, entre la complejidad y la energía, entre el pop potente y el rock alternativo. Destacan las tres versiones, de temas de Neil Young, Sandy Denny y Mike Nesmith. Polvoriento de verdad.