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Soporifero además de corrupto

Tenía previsto dedicarle el post de hoy al discurso del candidato a la presidencia del Gobierno Mariano Rajoy, pero me he quedado dormido. No todo el rato, pero sí la mayoría del tiempo. Mucha culpa la han tenido los tres platos de fabada completa, con morcilla y todo, que me he comido justo antes, cuando el termómetro marcaba en Toledo 36 grados. Pero no toda. Mucha también ha tenido el aspirante, profundamente soporífero en forma y fondo. ¡Era Rajoy en estado puro!

He estado despierto, una subida de gases, cuando Rajoy ha hablado de su lucha contra la corrupción. Sí, el hombre que le dijo a Bárcenas aquello de “Se fuerte, Luis”, tiene las pelotas de hablar de regeneración política en público. Sí, sí, el de los sobres y la sede reformada con dinero negro, dijo que los españoles “exigen un gobierno en quien confiar”.

¿El Club de la Comedia? No, el Congreso de los Diputados. Como político será un farsante, un mentiroso y un delincuente, pero como humorista no tiene precio este Mariano. La segunda vez que me he despertado, un retortijón sin duda debido a la piel de la morcilla, estaba hablando de las energías alternativas. El amigo personal de José Manuel Soria, el ministro de los papeles de Panamá que puso por delante los intereses del sector empresarial frente a la defensa del consumidor. El presidente que ha consentido el hundimiento de las energías verdes, habla ahora de apuesta por las renovables.

Además de corrupto, soporífero. Si un solo socialista contribuye a que este individuo sea de nuevo presidente, si no exploran nuevas vías para un gobierno alternativo, de progreso, no se lo deberíamos perdonar jamás.

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Un motivo para NO ver la televisión

Real

Lydia Loveless

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La portada del cuarto disco de la cantautora norteamericana Lydia Loveless podría muy bien ser una fotografía de Diane Arbus. En un callejón, una chica triste de extraño gorrito fuma con las piernas torcidas. El blanco y negro resulta dramático. La melancolía se adueña de una imagen que habla de emociones trastornadas, de una cierta marginalidad y de una profunda melancolía. Como en las fotografías de Arbus, Lydia mira a la cámara. Por el contrario, no ocupa el centro de la imagen.

Lydia Loveless podría ser la Diane Arbus de la Americana. Un ser libre que se mueve entre géneros con una soltura apabullante. Un espíritu salvaje que tiene las cosas muy claras: graba de nuevo en su estudio favorito, Sonic Lounge, con Joe Viers en los controles. Es su sonido, no necesita otra cosa. Solo buenas canciones. De las diez que forman este disco muchas lo son: “Same to You”, “Longer”, “Midwester Guys”, “European”

“Real” es un disco de transición. Por su ausencia de hits, por su solidez global, por cómo se distancia del country, por cómo crece con cada nueva escucha, por cómo confirma a Loveless, solo 25 años, como una artista indomable a punto de estallar. Un buen día, cuando la de Ohio grabe su “Car Wheel son a Gravel Road”, regresaremos a este “Real” y comprenderemos que se trata de un disco sublime.

Rajoy quiere la BBC

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, ha reconocido durante una entrevista en RNE que le gustaría para España “una televisión pública independiente y que no sea objeto de disputas entre nadie, como puede ser la BBC en Reino Unido”. El entrevistador, lejos de soltar una sonora carcajada, ha escuchado piadosamente y ha cambiado de tema. Curiosa reacción: teniendo en cuenta que se le supone periodista, y que Rajoy estaba hablando de su casa, de la radiotelevisión pública, podría haber sentido algo de curiosidad y profundizar en el asunto. No se, algo parecido a esto…

  • Señor presidente, ¿Quiere decir que la radiotelevisión pública española no es independiente y es objeto de disputas políticas? ¿Está dando la razón a aquellos, trabajadores de RTVE incluidos, que hablan de manipulación?
  • De ser afirmativa su respuesta… ¿Por qué no ha hecho nada durante sus cuatro años de Gobierno para corregir esa situación, para acabar con la manipulación, para acercarnos a la BBC?

Alfredo Menéndez, que así se llama el locutor radiofónico mudito, dio la espalda al periodismo, a sus compañeros, a su lugar de trabajo… y cambió de tema. Tendrá familia.

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Un motivo para NO ver la televisión

No estamos solos.

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Hoy, cine. ¿Por qué miles y miles de ciudadanos decidieron tomar las calles y plazas de toda España para expresar su indignación frente a los recortes, las privatizaciones, los desahucios y la corrupción política? Porque la gente estaba sufriendo, porque los políticos no hacían su trabajo y robaban, porque crecían las desigualdades y aumentaba la brecha social, porque la democracia estaba siendo maltratada. Los movimientos sociales denunciaron este deterioro de manera espontánea, organizada y con imaginación. El director de cine Pere Joan Ventura, Goya al mejor documental por “El efecto Iguazú”, lo cuenta magistralmente en esta película producida por el Gran Wyoming. “No estamos solos”, es una obra conmovedora que informa, denuncia y emociona. Cine social, comprometido y de calidad. Una gran historia contada de maravilla por un tipo auténtico. Ahora, integra en Youtube. No se la pierdan…

Los debates, esa pereza

“A nadie le apetecen los debates”, dice Mariano Rajoy en la cadena SER. Y se queda tan ancho. Se refiere a esos debates en televisión que exige toda campaña electoral democrática que se precie. Cuando dice que a nadie le apetecen, en realidad se refiere a él mismo. A Rajoy no le apetece ese ejercicio intelectual, de diálogo y exposición de ideas, que sin embargo los ciudadanos esperan con ganas. Así lo dicen las audiencias: 9,7 millones de espectadores (un 48,7% de cuota de pantalla) vieron el último cara a cara entre Rajoy y Sánchez, lo más visto del 2015. ¡Menos mal que a nadie le apetecen los debates!

Rajoy es un presidente triste, vago y pusilánime que, si pudiera, solo saldría de Moncloa para ir a Milán a ver al Atlético de Madrid jugar la final de la Champion (a la hora de escribir este texto no se conocía el rival del equipo del Manzanares). Las ruedas de prensa, en plasma. Las explicaciones a la prensa, deprisita: empieza el fútbol. Y los debates, ya sabe usted, no le apetecen a nadie: “Supone una gran responsabilidad, hay que prepararlo, hay que hacerlo bien, hay que respetar al que está oyéndolo…”. Y eso que dice estar “fresco” de cara a la campaña electoral.

No es normal que un presidente no quiera debates. Negar el debate es negar las ideas, los proyectos, el diálogo, la reflexión, la cooperación, el pensamiento… Negar el debate es negar la democracia.

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Un tuit

Pocas cosas tan tristes como enterarte por un tuit de la muerte de un músico de tu generación que, con sus canciones, marcó de alguna manera tu vida. Es difícil mirar hacia atrás, los buenos años pasados, sin escuchar de fondo dos de mis temas favoritos de Manolo Tena: la estremecedora “Frío”, de Alarma, y la genial y naif “Qué te pasa”.

Pocas cosas tan tristes como escuchar al presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy. “Tengo tuit”, anunció en “Salvados” (La Sexta). Y de todo lo que dijo en ese programa será la frase, dos palabras, que pasará a la historia. Porque Mariano Rajoy no solo es un político corrupto, por acción o por omisión, sino que es un político tremendamente gris, increíblemente mediocre, absolutamente incompetente.

Jordi Évole le entrevistó en Moncloa. Y lo hizo con un tono sereno y una colección de preguntas duras pero obvias. Nadie debería esperar otra cosa: se trata del líder de un partido al que la Guardia Civil calificó de “organización criminal”. Rajoy contestó a las cuestión de siempre, desde los SMS a Bárcenas a los apoyos a Rita Barberá, con las habituales evasivas: “Nadie es perfecto… No siempre se acierta en la vida… Sí, me equivoqué, es evidente. Desconocía lo que luego supe”. Y pasó a comentar con una sonrisa “el lío que se traen Iglesias y Errejón”.

Rajoy parecía incómodo y por momentos desconcertado, titubeante, sonado. Tenía la lección, una lección, bien aprendida, y repetía a modo de mantra una idea, unas frases: “España es un gran país, con muchas cosas buenas, pero parece que la noticia son las malas. No es noticia que una persona no sea corrupta, y la inmensa mayoría no lo son”. Poca cosa para un político acosado por la corrupción, rodeado de corrupción, manchado por la corrupción.

Poca cosa para un político francamente miserable. Cuando Évole le pregunta si considera de sentido común que en el año 2016 miles de españoles no sepan dónde están enterrados sus abuelos, el presidente de todos los españoles responde con esta frase para la historia de la infamia: “A mí me gustaría que todo el mundo supiera dónde están enterrados sus abuelos, pero no tengo claro que sea cierto eso que usted me dice ni que pueda hacer nada el Gobierno por arreglarlo”. Tremendo. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera que con estas declaraciones Rajoy pone en duda tanto “la existencia de familias que buscan a sus desaparecidos por la represión de la dictadura franquista”, como “la existencia de desaparecidos de la dictadura, insultando y humillando desde su posición de poder, a las miles de familias que desconocen el paradero de un ser querido y que llevan años esperando a que se acabe la transición y empiece una democracia que respete los derechos humanos y termine con la discriminación entre víctimas de delitos violentos”.

Mariano Rajoy, ese presidente de un Gobierno que no tiene dinero para las fosas de los republicanos asesinados por Franco, pero sé para repatriar los restos de los españoles que durante la Segunda Guerra Mundial lucharon en la División Azul del lado de la Alemania de Hitler.

Mariano Rajoy tiene un tuit. Y nada más.

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Un motivo para NO ver la televisión

Una entre muchas

Autora: Una.

Editorial: Astiberri.

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Este no es un cómic agradable y colorido ideal para disfrutar una soleada mañana de primavera. Esta es una novela gráfica áspera y difícil, tejida en negros y grises, que habla de los traumas, del dolor, de la culpa y de la vergüenza. Una novela gráfica de una dureza dolorosa que agarra al lector por las tripas desde las primeras páginas, y se las retuerce sin piedad para recordarle que la violencia sexual es uno de los grandes males de la sociedad actual.

“¿Por qué la idea de que las mujeres y las niñas se merecen lo que les pasa es mucho más fácil de aceptar por las soledades de todo el mundo que el hecho de que los varones violentos causan sufrimiento a millones de todo el mundo, en épocas de paz y en épocas de guerra?”.

Una, la autora, sufrió abusos entre los 10 y los 16 años por parte de tres adultos. Los hechos, que tienen lugar en la segunda mitad de los años setenta, coinciden con las andanzas del llamado Destripador de Yorkshire. Un asesino en serie que mataba prostitutas. “Sólo” prostitutas.

Una es víctima de abusos, y del desprecio de su familia y amigos. Piensan que ella es la culpable, que es una provocadora, que es una “guarra”. La violencia sexual y sus terribles daños paralelos, consentidos por una sociedad capaz de confundir a los que sufren.

“La regla era que las chicas tenían que mantener a los chicos bajo control. Yo no parecía capaz de hacerlo. Nadie esperaba que los chicos se controlasen solos. Las chicas tenían que ser sexys, pero no demasiado, y, aunque el ritmo al que las chicas crecían estaba completamente fuera de su control, tenían que tener cuidado de no dejar que sus pechos y sus muslos alarmasen a la gente. Se exigía que las chicas hicieran cosas sexuales que se consideraba deseables, pero tenían que hacerlo sin revelar sus propias necesidades”.

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Tiempos hipócritas en una sociedad marcada por la miseria, el alcohol, el paro, la violencia, el terrorismo… Tiempos duros para una narración desgarradora, la de una víctima de la violencia sexual que sufre una condena paralela.

“Los niños traumatizados pueden desarrollar un comportamiento que los adultos que los rodean perciben como inapropiado, de modo que llegan los castigos y una mayor marginalización. Así que se disculpa a los adultos mientras se culpa a los niños, pero una cosa es ser explotado porque eres vulnerable y otra dar consentimiento”.

Una novela gráfica desgarradora y desasosegante que nos obliga a pensar, a replantearnos conceptos sobre los abusos y la violencia que hemos visto, y que hemos vivido. Un libro triste y despiadado que nos exige prudencia a la hora de juzgar, y que nos advierte de que el machismo y sus fantasmas campean libremente en una sociedad aún por construir. Demoledor.

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