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El contenido y la decadencia

Romney ha ganado el primer asalto a Obama. No lo digo yo, lo dicen todos los analistas políticos del planeta. Una victoria inicial sorprendente que no tiene nada que ver con el programa electoral del candidato republicano, con el contenido de su discurso, con sus intenciones para el futuro de los Estados Unidos, sino con su telegenia. Sí, su capacidad para resultar atractivo en pantalla, para “dar bien” ante las cámaras y encadilar al público. Ya sabe, el tono de voz, los gestos, las miradas, el maquillaje, el vestuario, la confianza en uno mismo, la actitud.

Alguien podría pensar que es más importante cómo se dicen las cosas que las cosas que se dicen. Será por la “decadencia de la clase política”, tal y como afirma el juez Pedraz, nuevo héroe de miles y miles de ciudadanos españoles. El magistrado ha archivado la causa contra ocho imputados por promover las manifestaciones del 25-S porque, dice, los hechos no eran constitutivos de ningún delito. Justifica esas manifestaciones en el marco de la libertad de expresión, y escribe en el auto una coletilla que ha escocido mucho a algunos: “máxime ante la convenida decadencia de la denominada clase política”.

En el PP ha sido escuchar eso de “decadencia de la denominada clase política” y comenzar a generar bilis. Tras quitarse la espuma de la boca Rafael Hernando, portavoz adjunto del Grupo Popular en el Congreso, ha dicho que Pedraz es “demagogo”, “indecente” y, atención a este último escupitajo, “pijo ácrata”. ¿Pijo ácrata? Ya estoy viendo a Wyoming en “El Intermedio” (La Sexta) disfrazado de pijo ácrata, con su polo Lacoste y su libro de Bakunin.

En el PP no sienta bien que les lleven la contraria. Es su carácter, es su historia. Y me temo que han reaccionado tan mal a la decisión de Pedraz porque estaban calientes con el primer enfrentamiento entre Romney y Obama. El republicano ha sido el claro ganador, pero el sorprendente perdedor ha resultado ser Mariano  Rajoy. ¿Rajoy? Sí, querido lector. A perro flaco todo son pulgas. “No quiero ir por el camino de España”, dijo Romney ante decenas de millones de telespectadores, poniéndonos como ejemplo de lo que un conservador no quiere para su país. ¡Será pijo republicano ácrata este Romney!

 

Un motivo para NO ver la televisión

David Hidalgo, Mato Nanji, Luther Dickinson

Cd: 3 Skulls & the Truth

Ha nacido una superbanda. David Hidalgo (Los Lobos), Luther Dickinson (North Mississippi Allstars y Black Crowes) y Mato Nanji (Indigenous), con Jeff Martin a la batería y Steve Evans al bajo. Reunidos para la ocasión, estos cinco músicos han grabado un disco contundente. Olvide a Los Lobos: aquí no encontrará ni rancheras ni acordeones. Las doce canciones incluidas en este “3 Skulls & the Truth” presentan pinceladas de blues tradicional, pero sobre todo blues pesado, pantanoso y psicodélico, con guitarras que harían las delicias de Hendrix, riffs cercanos a los mejores ZZ Top y una secciones de ritmo tan recia y contundente como una locomotora de carbón.

No sea mal pensado: “3 Skulls & the Truth” no es la clásica reunión de virtuosos que improvisa sobre unas canciones simplemente esbozadas hasta rellenar 40 minutos de cd. No. En este trabajo serio y muy profesional no encontraremos temas que se alargan contra natura: los solos están medidos y las estructuras de las canciones son coherentes.

Court show

Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia del Gobierno de Mariano Rajoy, quiere poner en marcha el Código Penal más duro de la democracia. No le parece suficiente con penas de hasta 40 años para los delitos más graves. Ya a cara descubierta, este político tan populista como ambicioso exige más protagonismo. ¿Cámara de gas? ¿Garrote vil? ¿Inyección letal? No, de momento solo pretende endurecer el castigo de aquellos delitos “especialmente reprochables”. ¿Delitos especialmente reprochables? ¿Se refiere quizá a aquellos cometidos por políticos corruptos? ¿Pretende tal vez  meter mano a individuos que, como su colega Carles Fabra, llevan años burlándose de la sociedad española? No, por dios. Gallardón habla de justicia mediática, de delitos audiovisuales, de crímenes en prime time. De court shows

Gallardón quiere que la chusma entienda que él, hoy ministro pero quién sabe si mañana presidente, está del lado del pueblo llano, siente como el pueblo llano, y como el pueblo llano quiere castigar a tipos de la calaña de José Bretón. Un monstruo ¿no es cierto?

Si la propuesta de Gallardón sigue adelante, la justicia quedará en manos de Ana Rosa Quintana, Susanna Griso y Jorge Javier Vázquez. Ellos, utilizando la audiencia a modo de Código Penal, decidirán cuan “especialmente reprochable” es un delito. ¿Qué share tuvo ayer el reportaje sobre el asesino en serie que mataba ancianas después de sodomizarlas con un crucifijo? ¿Un 27%? Crimen especialmente reprochable, amigo Gallardón. Estará semanas en nuestros programas, daremos todos los detalles escabrosos, haremos llorar a los familiares y amigos de las víctimas en riguroso directo, acosaremos a los parientes de la bestia, investigaremos con cámara oculta la fábrica de crucifijos… ¿Solo un 6%, menos que los documentales de cocodrilos de La 2? Menuda mierda de delito, menudo panoli el pervertido: que lo suelten de inmediato, que no sirve ni para rellenar un minuto de programación.

Con Gallardón, los juicios por fin tendrán la grandeza mediática que merecen. El ministerio público tendrá su sede en los platós de las principales cadenas de televisión, circunstancia que ayudará a descongestionar la justicia. De abogados y peritos ejercerán los tertulianos habituales, que por fin verán reconocida su capacidad para malmeter (presuntamente). El juez será el presentador, la Ana Rosa de turno. Los testigos serán los invitados en plató, que con sus comentarios absurdos y tendenciosos encenderán los ánimos de las masas. El jurado, y esto es lo mejor, será total, completa y absolutamente popular: los televidentes, que incluso podrán participar enviando sus SMS, a precios muy módicos, indicando si el acusado merece cadena perpetua modificable o cadena perpetua inmodificable.

Gallardón no propone nada nuevo. En televisión los llamados court show (o judge show, o judicial show) tienen una larga y jugosa historia. Telecinco, no podía ser otra cadena, puso en marcha en España este formato en 1993 con el programa “Veredicto”, presentado por, no podía ser otra persona, Ana Rosa Quintana. En 2009, y para sustituir a “El juego del euromillón”, la cadena de Berlusconi estrenó “De buena ley”, un espacio que sigue en antena. Y que en su versión latinoamericana, “Caso cerrado”, es un gran éxito. Populismo. Gallardonismo.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El bebedor.

Autor: Hans Fallada.

Editorial: Seix Barral.

Estamos ante un clásico de la literatura deprimente y sórdida. La culpa no es de la calidad del texto, siempre potente y por momentos muy brillante, sino de la historia tremenda que cuenta: la de un hombre total y absolutamente derrotado. Primero es el alcohol quién empuja a Erwin Sommer, empresario de postín, a hundir su empresa y abandonar a su mujer tras diferentes episodios de violencia y delincuencia. Después son las circunstancias, y la mala fortuna, los que hunden definitivamente a nuestro protagonista y le arrastran a la cárcel, primero, y al manicomio, finalmente.

Un drama autobiográfico que, escrito en solo dos semanas en una prisión alemana, muestra una visión única del lado oscuro del alma de una sociedad, la alemana de los años 40. Y que desnuda las frustraciones, miedos, obsesiones y malas decisiones de un hombre sin esperanza. “El bebedor” es un libro oscuro, sobrecogedor y apasionante que pone la piel de gallina.

Espíritu olímpico

“Para mí es un honor estar aquí. Es muy difícil que haya un acto más bonito y que yo pueda estar en un acto más bonito que éste a lo largo del tiempo que pueda estar al frente de la Presidencia de España”, ha dicho Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, con esa facilidad de palabra y ese gracejo que le caracterizan. Rajoy no es uno de esos líderes cagones que se esconden hasta que pase la tormenta. De ninguna manera. Evita los grandes incendios que asolan España, el último el del Alt Empordà, sin duda porque el humo podría distorsionar su elegante figura y ensombrecer su brillante discurso. Pero siente debilidad por los focos y los flashes que huelen a victoria, y por eso no pierde la ocasión de despedir al equipo español que participará en los Juegos Olímpicos de Londres. Momento que aprovecha para hacer una metáfora de dudoso gusto (España es un país lesionado), y soltar algo de doctrinilla patriótica: “lo que vamos a hacer nosotros es trabajar, esforzarnos y dar lo mejor de nosotros mismos para superar esta situación… Estoy convencido de que España una vez más estará en el lugar que le corresponde, siempre a la altura de las circunstancias”.

El espíritu olímpico resulta agotador. Faltan un par de días para que comiencen los Juegos de Londres y ya estoy mareado por la grandiosidad de la cobertura televisiva: solo TVE retransmitirá 60 horas diarias de los juegos. Sesenta horas de deportes en una jornada que, salvo cambios de última hora en el reloj atómico del Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando (Cádiz), consta de 24 horas, resultan cuando menos agobiante.

¿Información de calidad? No creo que una televisión como la española, que no está en condiciones de ofrecer ni media hora de información deportiva digna al mes, pueda hacer sesenta horas diarias de calidad. Otra cosa es rellenar con tópicos, frases hechas y patriotismo de saldo. “Austeridad, pero sin perder calidad, será la consigna de la cobertura olímpica”, insisten en TVE. Pero no aclaran si sucederá como con la Champions y, para ahorrar, los comentaristas en lugar de viajar a Londres tendrán que hacer su trabajo desde la cafería de Prado del Rey.

Comentarán desde Londres. Tal y como está la profesión, para muchos periodistas quizá sea la última ocasión de salir de casa. Y eso que RTVE cierra 2011 con un déficit de apenas 29 millones de euros, lo que supone una mejora del 38% con respecto a los 47 millones de 2010. Cuentas que  esperan equilibrar aún más cuando privadas y telecos abonen los 60 millones de euros que deben.

Los Juegos Olímpicos se han convertido en el último cartucho de gran calibre de una televisión pública en horas bajas, con un gestor y un ex director de Comunicación de Aznar al frente. Y en la última baza de un Gobierno que desde, la pasada Eurocopa, no consigue hacerse una sola fotografía que invite al optimismo. ¿Quizá una de Rajoy con “Juanito” (He Zhi When), nuestro campeón en tenis de mesa? Los dos con la adaptación poligonera del chandal “Juego de Tronos”, por supuesto…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Un blues mestizo.

Autor: Esi Edugyan.

Editorial: Alba.

“Un blues mestizo” es una de esas agradables sorpresas que de cuando en cuando nos depara la literatura. Un libro apenas promocionado, de los que lamentablemente pueden pasar desapercibido pese a esconder una historia fantástica. En este caso la de una banda de jazz formada por músicos negros que huye de la invasión nazi. Corren los años 40, y la música suena en Berlín, en París… El grupo del contrabajista Sid Griffiths, narrador de esta singular aventura, cuenta con un trompetista destinado a la gloria: Hiero. Tocan en garitos, pero sueñan con grabar un gran disco junto a uno de los mitos del jazz norteamericano. La guerra, que le pilla en Europa, parece interrumpir sus sueños.

Esi Edugyan, joven escritora canadiense, cuenta con enorme solvencia esta historia de huidas y de envidias, pero también de músicas del alma, traiciones, redenciones y perdones. Sin duda una de las sorpresas más agradables del año.