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Sin novedad en la BBC de Rajoy

Suena el cara al sol en TVE. Los protagonistas de la película levantan el brazo en señal de victoria. De victoria fascista. Son las once y media de la noche del lunes, y el blanco y negro de las imágenes parece escapar de la pantalla e inundar la habitación. Fascismo en prime time. Un viaje en el tiempo, un retroceso a nuestro pasado más gris. La 2 está emitiendo “Sin novedad en el Alcázar”. En la sección “Historia de nuestro cine”, pese a ser una película italiana. Con dos cojones.

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Ésta es la televisión pública que Mariano Rajoy, presidente en funciones, entiende como “independiente, para que no sea objeto de disputas entre nadie, como pueda ser la BBC en el Reino Unido”. Lo dijo hace unos meses en Radio Nacional, y cuentan que nadie se descojonó. El presentador, el técnico y los invitados aguantaron el tipo. Como lo aguantan los trabajadores de TVE, en manos de un director de los servicios informativos, José Antonio Álvarez Gundín, capaz de decir sin ruborizarse que “el sello distintivo de la televisión española” es “el rigor, la pluralidad, la independencia y la credibilidad”.

¿Y usted pretende que este Gobierno (en funciones) desentierre a Lorca, devuelva la dignidad a los que fueron asesinados y enterrados en cunetas o dinamite el Valle de los Caídos? No son ni lo suficientemente demócratas como para entender, no digamos aplicar, la Ley de Memoria Histórica.

Un motivo para NO ver la televisión

Wonderball

Autores: Fred Duval & Jean-Jierre Pécau y Colin Wilson.

Editorial: Norma.

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Estamos ante un cómic policiaco dividido en dos volúmenes. Este es el primero de ellos (el segundo y definitivo aparecerá en breve), a todo color, dibujo académico y guión ortodoxo, de novela negra clásica. Tenemos a un protagonista, el inspector Spadaccini, también conocido como Wonderball por su pasión por esas chuches. El típico policía duro, más bien asocial y violento, completamente fuera de la realidad: odia a los delincuentes, pero también a sus compañeros, a sus jefes, a sus ex… Y entiende que la mejor forma de demostrar sus sentimientos, de abrirse al mundo, es a puñetazos. Todos le odian, como es normal, pero deben soportarle: es el mejor.

La acción se desarrolla en el San Francisco de comienzos de los 80. Un lugar peligroso que parece diseñado a la medida de Wonderball. El criminal es un crack, capaz de matar a nueve personas en nueve segundos. Un tirador implacable. Un asesino en serie que sigue actuando. El inspector Spadaccini, que relaciona a este francotirador implacable con el asesino de John Fitzgerald Kennedy, se ve obligado a mirar atrás, a recordar los viejos y no tan buenos tiempos.

A la espera del segundo volumen, solo cabe decir que cuento los días que faltan para ir a la librería y conocer el desenlace del caso. Hasta entonces, pienso que Spadaccini daría muy bien en el cine. Bruce Willis podría interpretar a nuestro asilvestrado madero, pero Jeff Bridges, o incluso Liam Neeson, lo bordarían.

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Soporifero además de corrupto

Tenía previsto dedicarle el post de hoy al discurso del candidato a la presidencia del Gobierno Mariano Rajoy, pero me he quedado dormido. No todo el rato, pero sí la mayoría del tiempo. Mucha culpa la han tenido los tres platos de fabada completa, con morcilla y todo, que me he comido justo antes, cuando el termómetro marcaba en Toledo 36 grados. Pero no toda. Mucha también ha tenido el aspirante, profundamente soporífero en forma y fondo. ¡Era Rajoy en estado puro!

He estado despierto, una subida de gases, cuando Rajoy ha hablado de su lucha contra la corrupción. Sí, el hombre que le dijo a Bárcenas aquello de “Se fuerte, Luis”, tiene las pelotas de hablar de regeneración política en público. Sí, sí, el de los sobres y la sede reformada con dinero negro, dijo que los españoles “exigen un gobierno en quien confiar”.

¿El Club de la Comedia? No, el Congreso de los Diputados. Como político será un farsante, un mentiroso y un delincuente, pero como humorista no tiene precio este Mariano. La segunda vez que me he despertado, un retortijón sin duda debido a la piel de la morcilla, estaba hablando de las energías alternativas. El amigo personal de José Manuel Soria, el ministro de los papeles de Panamá que puso por delante los intereses del sector empresarial frente a la defensa del consumidor. El presidente que ha consentido el hundimiento de las energías verdes, habla ahora de apuesta por las renovables.

Además de corrupto, soporífero. Si un solo socialista contribuye a que este individuo sea de nuevo presidente, si no exploran nuevas vías para un gobierno alternativo, de progreso, no se lo deberíamos perdonar jamás.

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Un motivo para NO ver la televisión

Real

Lydia Loveless

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La portada del cuarto disco de la cantautora norteamericana Lydia Loveless podría muy bien ser una fotografía de Diane Arbus. En un callejón, una chica triste de extraño gorrito fuma con las piernas torcidas. El blanco y negro resulta dramático. La melancolía se adueña de una imagen que habla de emociones trastornadas, de una cierta marginalidad y de una profunda melancolía. Como en las fotografías de Arbus, Lydia mira a la cámara. Por el contrario, no ocupa el centro de la imagen.

Lydia Loveless podría ser la Diane Arbus de la Americana. Un ser libre que se mueve entre géneros con una soltura apabullante. Un espíritu salvaje que tiene las cosas muy claras: graba de nuevo en su estudio favorito, Sonic Lounge, con Joe Viers en los controles. Es su sonido, no necesita otra cosa. Solo buenas canciones. De las diez que forman este disco muchas lo son: “Same to You”, “Longer”, “Midwester Guys”, “European”

“Real” es un disco de transición. Por su ausencia de hits, por su solidez global, por cómo se distancia del country, por cómo crece con cada nueva escucha, por cómo confirma a Loveless, solo 25 años, como una artista indomable a punto de estallar. Un buen día, cuando la de Ohio grabe su “Car Wheel son a Gravel Road”, regresaremos a este “Real” y comprenderemos que se trata de un disco sublime.

Rajoy quiere la BBC

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno en funciones, ha reconocido durante una entrevista en RNE que le gustaría para España “una televisión pública independiente y que no sea objeto de disputas entre nadie, como puede ser la BBC en Reino Unido”. El entrevistador, lejos de soltar una sonora carcajada, ha escuchado piadosamente y ha cambiado de tema. Curiosa reacción: teniendo en cuenta que se le supone periodista, y que Rajoy estaba hablando de su casa, de la radiotelevisión pública, podría haber sentido algo de curiosidad y profundizar en el asunto. No se, algo parecido a esto…

  • Señor presidente, ¿Quiere decir que la radiotelevisión pública española no es independiente y es objeto de disputas políticas? ¿Está dando la razón a aquellos, trabajadores de RTVE incluidos, que hablan de manipulación?
  • De ser afirmativa su respuesta… ¿Por qué no ha hecho nada durante sus cuatro años de Gobierno para corregir esa situación, para acabar con la manipulación, para acercarnos a la BBC?

Alfredo Menéndez, que así se llama el locutor radiofónico mudito, dio la espalda al periodismo, a sus compañeros, a su lugar de trabajo… y cambió de tema. Tendrá familia.

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Un motivo para NO ver la televisión

No estamos solos.

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Hoy, cine. ¿Por qué miles y miles de ciudadanos decidieron tomar las calles y plazas de toda España para expresar su indignación frente a los recortes, las privatizaciones, los desahucios y la corrupción política? Porque la gente estaba sufriendo, porque los políticos no hacían su trabajo y robaban, porque crecían las desigualdades y aumentaba la brecha social, porque la democracia estaba siendo maltratada. Los movimientos sociales denunciaron este deterioro de manera espontánea, organizada y con imaginación. El director de cine Pere Joan Ventura, Goya al mejor documental por “El efecto Iguazú”, lo cuenta magistralmente en esta película producida por el Gran Wyoming. “No estamos solos”, es una obra conmovedora que informa, denuncia y emociona. Cine social, comprometido y de calidad. Una gran historia contada de maravilla por un tipo auténtico. Ahora, integra en Youtube. No se la pierdan…

Los debates, esa pereza

“A nadie le apetecen los debates”, dice Mariano Rajoy en la cadena SER. Y se queda tan ancho. Se refiere a esos debates en televisión que exige toda campaña electoral democrática que se precie. Cuando dice que a nadie le apetecen, en realidad se refiere a él mismo. A Rajoy no le apetece ese ejercicio intelectual, de diálogo y exposición de ideas, que sin embargo los ciudadanos esperan con ganas. Así lo dicen las audiencias: 9,7 millones de espectadores (un 48,7% de cuota de pantalla) vieron el último cara a cara entre Rajoy y Sánchez, lo más visto del 2015. ¡Menos mal que a nadie le apetecen los debates!

Rajoy es un presidente triste, vago y pusilánime que, si pudiera, solo saldría de Moncloa para ir a Milán a ver al Atlético de Madrid jugar la final de la Champion (a la hora de escribir este texto no se conocía el rival del equipo del Manzanares). Las ruedas de prensa, en plasma. Las explicaciones a la prensa, deprisita: empieza el fútbol. Y los debates, ya sabe usted, no le apetecen a nadie: “Supone una gran responsabilidad, hay que prepararlo, hay que hacerlo bien, hay que respetar al que está oyéndolo…”. Y eso que dice estar “fresco” de cara a la campaña electoral.

No es normal que un presidente no quiera debates. Negar el debate es negar las ideas, los proyectos, el diálogo, la reflexión, la cooperación, el pensamiento… Negar el debate es negar la democracia.

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