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Venezuela, tierra hostil

Lo están consiguiendo. Poco a poco, al comienzo de manera sutil y más tarde a brochazos, lo están consiguiendo. Me refiero a que en España se hable más de Venezuela que de, por poner un ejemplo, que la sanidad pública española cuente con 10.000 millones de euros menos desde que comenzó la crisis, o que el presupuesto para sostener hospitales haya caído en ese tiempo un 14%. En Madrid un 19%.

En el debate de La Sexta del sábado noche tres hienas, una joven del PP y dos talluditas de la peor prensa que pueda usted imaginar, acorralaron y trataron de despedazar a un miembro de Podemos. Utilizaron Venezuela como machete. Y desde su podredumbre infinita acusaron al nuevo partido de bolivariano y de financiarse ilegalmente. Miembros de PSOE y UPyD asistieron indiferentes al linchamiento.

Pablo Casado, ex asistente de Aznar y aguirrista hasta la médula, es el cachorro del PP elegido para modernizar y dinamitar las tertulias. Es decir, para evitar que se hable de que en España gobierna un partido que remodeló su sede madrileña con dinero negro, el mismo con el que financió campañas electorales. Para evitar que se hable de la Gürtel, de las miserias de Aguirre, de los tesoreros del PP, de los payasos de Ana Mato, del ático de González, de la sonrisa de Granados, de… El trabajo de Casado consiste en salir en la tele y evitar que se hable de los 5.000 médicos y enfermeros que ha perdido el Sistema Nacional de Sanidad español entre 2010 y 2013. Para realizar ese cometido Casado levanta la voz, interrumpe, grita e insiste en que Venezuela financia a Podemos, pero sin llegar a decir que Venezuela financia a Podemos. Casado insulta al lector inteligente, y desenmascara a una cadena que presume de progresista. Nadie debería invitar a hablar en una televisión a un tipo que ha dicho frases como esta: “Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”.

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Mientras Casado conducía la lapidación venezolana del miembro de Podemos, en la parte inferior de la pantalla de La Sexta un rótulo adelantaba el siguiente contenido de la cadena: “En unos minutos hablaremos del programa “En tierra hostil” dedicado a Venezuela”. Habló la reportera del espacio: “Nuestro reportaje iba a estar enfocado en la industria del secuestro, pero la realidad de las peleas por conseguir alimentos había que contarla”.

Alguien puede pensar que los espectadores españoles prefieren informarse sobre la industria del secuestro en Caracas que, por ejemplo, sobre los 5.000 médicos y enfermeros que ha perdido el Sistema Nacional de Sanidad español entre 2010 y 2013. Lógico. Vivir en un estado podrido, descompuesto por la corrupción, gobernado por políticos mafiosos, es lo que tiene: que te invita a alejarte de la realidad, a poner distancia, a prestar más atención a lo que pasa a 7.000 kilómetros que a lo que sucede en el salón de tu casa. Mentira. Los ciudadanos, que ya han sentenciado a unos grandes diarios rendidos a intereses económicos, también desconfían del duopolio televisivo, de progresistas de salón y conservadores de manual, de esos leopardos a los que no se les puede quitar las manchas.

Repito lo de siempre, lo único: Apague la tele. Navegue. Lea. Piense.

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Pantuflo

Tras dos meses alejado de la televisión, en lo que ha supuesto un prudente período de desintoxicación mediática, Pablo Iglesias regresó a los platós que le han encumbrado. Y lo hizo por la puerta grande: llamando “Pantuflo” una y otra vez, de forma tan atosigante como cargante, a un periodista. Un periodista que está pidiendo a gritos que le pongan en su sitio, sin duda, pero no de una manera tan burda y poco inteligente. El primer “Pantuflo” de Iglesias pudo incluso arrancar una sonrisa al telespectador, pero los últimos tres o cuatro no hicieron ningún bien al líder de Podemos. Ni al mundo del debate. Ni a la política en general.

Con la desafortunada ristra de “Pantuflos” de Iglesias a Inda solo ganó quien nunca pierde: la televisión. “La Sexta Noche” (La Sexta) consiguió su récord histórico de audiencia, 2.107.000 espectadores y un 16% de share. Y es que un espectáculo cateto, y el de Iglesias comparando al periodista de la sonrisa cínica con el padre de los legendarios Zipi y Zape lo fue, siempre es una garantía de éxito en prime time.

La estrategia de comunicación de Pablo Iglesias, hasta ahora impecable, o al menos muy eficaz, dió un giro la noche del sábado. El “Pantuflo” del político de Podemos sonó cada vez más irrespetuoso y menos ingenioso, más irritante y menos sarcástico, más tramposo y más innecesario. Iglesias debió pedir perdón a un Inda que, por otro lado, se ha convertido en una estrella mediática. Es uno de esos monstruos creado en unas tertulias televisivas en las que sobran hooligans y falta reflexión, cerebro y periodismo.

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Periodismo. Y servicio público.

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Un motivo para NO ver la televisión

Historias del Barrio. Caminos.

Autores: Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí.

Editorial: Astiberri.

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Un título perfecto: Gabriel, el protagonista de este cómic espléndido, sobrevive en un barrio marginal, dentro de una familia desestructurada, entre el lumpen y la desesperanza. Está solo, se siente solo. Es el centro de una historia triste, de esas que no cuentan las televisiones. Una historia de marginalidad y bondad, en la que se cruzan los personajes que marcan la vida de nuestro joven amigo. Delincuentes de poca monta, prostitutas veteranas, una abuela achuchada, bandas callejeras, chicas inaccesibles, amigos traidores, alcohol y drogas, trastornos mentales, delincuencia y solidaridad, pobreza y esperanza… El mundo real. Las historias del barrio.

El guión es realmente insuperable, con unas introducciones a cada capítulo que son sencillamente literatura. Y las ilustraciones encajan a la perfección con la desgarradora historia. Un cómic brillante desde la primera a la última página.

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La limusina de Lara

En La Sexta, la cadena progresista de Lara, partieron la pantalla para poder dar voz a dos cracks. En la izquierda colocaron a Javier Gómez de Liaño, que ejerce de abogado de Luis Bárcenas pese a haber renunciado al puesto. En la derecha situaron a Pedro J Ramírez, ex director de El Mundo enfrascado en la promoción del nuevo diario digital que está creando con la liquidación. La bisagra era el ex tesorero del Partido Popular. Pedro J está eufórico por la exclusiva que acaba de contar, la libertad bajo fianza de 200.000 euros de Bárcenas, noticia que sin duda le ha filtrado Liaño. Un Liaño que está orgulloso de haber conseguido la excarcelación de Bárcenas siendo su abogado en funciones.

Pedro J promociona su figura y su proyecto, Liaño promociona su trabajo y justifica a su cliente. Nadie les acorrala, les pone contra las cuerdas, les interroga de manera periodística. Porque no es periodismo, es promoción.

La televisión es promoción. Ayer fue el Pequeño Nicolás quien utilizaba la televisión como trampolín, hoy es El Bigotes quien se ofrece a Mediaset y Atresmedia, el duopolio audivisual de este país, para ser entrevistado. Definitivamente, la televisión se ha convertido en guarida de pícaros, mangantes, vividores, acaparadores, manipuladores, vagos, chulos, emprendedores y gentes de mal vivir.

Dicho lo cual, debemos ser conscientes de que “El Intermedio” es un milagro. Ver a Gonzo recorriendo en una limusina los lugares más emblemáticos de la vida de Bárcenas, desde la sede del PP a la embajada de Suiza pasando por la Audiencia Nacional, no tiene precio. Observar ese Hammer inmaculado, infinito, dieciséis ventanillas y luces interiores de discoteca, aparcado en Soto del Real es arte. “¡Bienvenido Mr. Bárcenas!”, rezaba el cartel colocado en los laterales del interminable vehículo. Un lujo. Un milagro, insisto.

Pero Lara no va a pagar siempre la limusina de Bárcenas. No sé cuánto durará “El Intermedio”, sí días o años, porque ignoro el momento en que el empresario catalán y el Gobierno tendrán que sentarse a negociar quién sabe si una nueva reforma audiovisual, una campaña de publicidad estatal o cualquier otro negocio que favorezca la pluralidad informativa y empresarial. Lo único de lo que estoy seguro es de que hasta que llegue ese triste momento no deberíamos perdernos un solo programa: Wyoming y sus chicos son el último refugio.

P.D. 

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Un motivo para NO ver la televisión

La tejonera

Autor: Cynan Jones.

Editorial: Turner.

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Esta es una historia de violencia, en la que nacen y mueren animales mientras las personas sufren. Durante ese tiempo vienen al mundo corderos, los perros ladran atados a cadenas, y los tejones son perseguidos de forma inmisericorde por humanos marginales. Por encima de todo ello, el dolor de la pérdida y la ausencia. Esta es una narración perfecta que habla de cicatrices no cerradas, de hombres de campo, de ampollas en las manos y demonios en las entrañas.

Cyran Jones escribe sobre la vida rural en la costa oeste de Gales. “Se acercaba la Semana Santa y aquellos hombres querían que los llevara a una tejonera para ejercitar a sus perros. Eran de los Midlands. En su mayoría eran de los Midlands o de los Valles del Sur, los hombres que acudían a él para eso, y empezaban a aparecer sobre todo en esa época del año. Ésa era una de las razones por las que se veía aumentar el número de tejones muertos en la carretera”.

Cyran Jones escribe con un cuchillo en los dientes: puede ser retorcido e inmisericorde como Cormac McCarthy, pero también sencillo y estremecedor como Delibes. Por eso “La tejonera” es un libro tremendo, breve y contundente, que te golpea en el estómago como la coz de una mula. Conmovedor en su rudeza, arrebatado y feroz en su ternura. Sorprendente.

Servicio público

“Lo que manda es el dinero”. Los reyes del empeño.

La Sexta, cadena B de Atresmedia, el negocio audiovisual de José Manuel Lara, ha estrenado un programa muy bueno y muy bonito y muy práctico que se adapta de maravilla a las necesidades actuales de los ciudadanos españoles. Se llama “Los reyes del empeño”, y es tan bueno y tan bonito y tan práctico que debería considerarse servicio público: los telespectadores tienen ocasión de aprender picardías y trucos para poder deshacerse de sus objetos personales, recuerde que estamos en crisis, y así poder llenar la nevera, pagar la hipoteca o incluso el tratamiento para la hepatitis C. El reloj del abuelo, el equipo de música, el anillo de boda… Un usurero le dará cuatro duros por esos objetos, el muy joputa, pero a cambio usted igual puede llegar a fin de mes. Y si resulta que no es su caso, que usted tiene perras y es un consumista desenfrenado, no se pierda el chollo: puede ahorrarse sus buenos euros si compra de segunda mano, chorretones de fritanga incluidos, esa freidora a la que tiene echado el ojo.

Un ejemplo: Francisco se acerca a la tienda para vender un ventilador, un muñeco teledirigido y una cafetera. Pide por todo 30 euros. “Vengo por necesidad”, dice. “Cuando salga usaré el dinero para dar de comer a mis hijos”. Un gran programa, qué duda cabe. Docu realidad de la buena. Servicio público en estado puro.

Considerando el momento social que vive España, en La Sexta muy bien podrían haber apostado por formatos como “Los reyes del desahucio”, “Los príncipes de la malnutrición” o incluso “Los monarcas de la pedofilia”. Pero como por algún sitio hay que empezar, los chicos de Lara han puesto a currar sus neuronas a tope y han creado un espacio original basado en el trapicheo y la segunda mano. Algo que debería funcionar de maravilla en un país con una situación económica como la nuestra, insisto. ¿Cómo dice? ¿Que ya existen programas similares en otros países, como “La casa de los empeños”, “Empeños a lo bestia” o “El precio de la historia”? Bueno, pues retire lo de original y lo de neuronas a tope…

“En el mundo del empeño nadie dice la verdad”, reconoce la voz en off que introduce el programa. Lo importante es negociar, afirman. Un tipo se presenta en la tienda con unas botas de Messi que quiere pulir. “¿Las quieres empeñar o vender?”. Vender, “por 6.000 euros”. Los reyes del empeño se retiran a sus oficinas “a estudiarlo”. Estrategia, tensión y regateo son, dicen, los ingredientes del programa. “Aquí ha metido su puto pie Messi, estoy tocando su sudor, las tengo en mi puta mano. ¡Es lo máximo! ¡Las quiero en mi tienda!”, dice el tendero a su socio. Regresan al mostrador y ofrecen 650 euros por las botas. “Por eso no las vendo… como mínimo por 3.500 euros”, afirma el vendedor. “Te voy a decir una cosa: A mí me gustan las cosas que hayan tocado gente especial en el mundo, vamos a decir… por eso te doy 800 euros en efectivo ahora mismo”, responde el trajeado chamarilero. “No. Por menos de 2.500 no las puedo vender”. “De verdad las quiero, y quiero ayudarte: quédate con 850 y hacemos trato ahora mismo”. “De 1.800 no bajo”. “Te doy 950 euros, es mi última oferta, y te prometo que nadie en toda España te va a dar este dinero. Piénsatelo”. “Os agradezco vuestro tiempo, pero de 1.500 no puedo bajar”. “1.100 euros, cógelos, de verdad, hazme caso”. “1.150”. “1.250”. “No puedo, 1.150, ahora mismo, hazme caso, firma, no vamos a llegar a más, te lo prometo, por mi vida”. “Trato hecho”.

Para esto no hace falta poner la tele, pensará el lector con criterio. Basta con acercarse al Rastro cualquier domingo por la mañana. ¿Y el resto del programa? Pues más de lo mismo, pero con otros objetos y diferentes pardillos. Como viene siendo habitual en esa fábrica de talento que es la tele española, se trata de una burda copia, hasta en los detalles más pequeños, “nunca se sabe que va a entrar por esa puerta”, de los programas similares que se emiten en otros mundos. Un espacio de auténtico saldo.

En el vídeo, la versión original de “Los reyes del empeño”

 

Un motivo para NO ver la televisión

Han llovido 15 años.

CD/DVD Homenaje a Enrique Urquijo.

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Enrique Urquijo, uno de los grandes genios del pop-rock español, se marchó el 17 de noviembre de 1999. “Han llovido 15 años” es parte de la letra de la última canción grabada por Enrique, “Hoy la vi”. Y el título elegido por Rafa Higueras, impulsor de un proyecto que culmina con este homenaje, en forma de CD/DVD con 20 versiones de canciones suyas interpretadas por amigos y seguidores. La lista de colaboradores es larga: Leiva, Los Elegantes (Juanma del Olmo, Pedro López), Burning (Johnny Cifuentes), Mamá (Jose Mª Granados), Pancho Varona,  Álvaro Urquijo-Los Secretos,  Chema Vargas-Jesús Redondo (Los Secretos), III Republica (Josu García y Pablo Martín), Marwan, Andrés Suárez, Txextu Altube, Rafa Higueras, Ramón Arroyo (Los Secretos), Diego Cantero Funambulista, Casa Rusa, Vicky Gastelo, Rebeca Jiménez, Jorge Marazu y César Pop.

Todos los temas que forman este “Han llovido 15 años” son magníficos. ¿Las versiones? Algunas se ajustan a las originales, otras, las mejores, sorprenden. Como por ejemplo el enorme blues en que los Burning convierten “Siempre hay un precio”, solos de guitarra incluidos. O los metales del vitamínico “Desde que no nos vemos” de Juanma Elegante. O el emotivo “No lo sé” de Mamá. O los temas interpretados por Álvaro Urquijo y Ramón Arroyo.

Un disco nostálgico, no podía ser de otra manera, que nos recuerda que Enrique era un compositor descomunal, que su talento era ilimitado, y que sus canciones continúan emocionando. Se le echa mucho de menos…