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Rekarte, La Sexta, Planeta…

¿Recuerda usted que hace unos días hablábamos de la entrevista que realizó Jordi Évole en La Sexta al que fuera miembro de ETA Iñaki Rekarte? Me sorprendió el gran apoyo de Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) al espacio en cuestión. En un post comenté que “La maquinaria promocional de La Sexta se empleó a fondo con un programa, “ETA desde dentro”, que se convirtió en el más visto del domingo, por encima incluso de la Fórmula 1”. Una entrevista que se anunció hasta en la sopa, brutal campaña de autopromoción, y consiguió “Éxito de audiencia, trending topic, periodismo en estado puro, minutos en todos los programas de Atresmedia…”.

“Una entrevista para la historia”, dijeron algunos, valorando sin duda las dificultades que hubo de superar el equipo del programa para conseguir que un sanguinario ex terrorista hablase, diese la cara, desnudase su negra alma ante un medio de comunicación. Fue el pasado diez de mayo. Otro puntazo para La Sexta, cadena que como bien dice su director Antonio García Ferreras, hace del periodismo su religión.

Su religión… y su negocio. Solo unos días después de la famosa entrevista con el ex etarra Iñaki Rekarte se ha puesto a la venta “Lo difícil es perdonarse a uno mismo”, la autobiografía de, no se lo pierda, ¡el ex etarra Iñaki Rekarte! Pero como la realidad siempre supera a la imaginación, cerremos la historia con una guinda: ¿Imagina qué editorial publica el libro? ¡Bingo! Planeta, la empresa propietaria de Atresmedia (Antena 3 y La Sexta).

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Una entrevista para la historia, sin duda. Concretamente para la historia del periodismo entendido como un gran negocio, como un excelente instrumento de manipulación, como una forma de ejercer poder, de rentabilizar la concentración de grupos, de hacer dinero.

Le llaman periodismo, pero solo es marketing.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Oso

Autor: Marian Engel.

Editorial: Impedimenta.

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Lou es una joven bibliotecaria, de vida ordenada y rutinaria, que un buen día recibe órdenes de su jefe: tiene que viajar a una perdida isla canadiense, instalarse en una vieja mansión, y hacer inventario de su biblioteca, donada por el fallecido coronel Jocelyn Cary. Lou hace las maletas, llega al fin del mundo, conoce a los pocos habitantes de la zona y se instala en la casa. Un lugar salvaje, en medio de la nada, donde deberá realizar su trabajo en plena naturaleza. Es la única habitante del lugar. Si exceptuamos al oso. “Es un buen oso”, le aseguran.

“Lo que él le había transmitido, Lou lo desconocía. No era la simiente de los héroes, ni magia, ni ninguna virtud asombrosa, porque ella seguía siendo la misma; pero por un momento intenso y singular había notado en los poros de su piel y en el sabor de su boca que sabía para qué servía el mundo. No se sentía por fin humana, sino por fin limpia. Limpia, sencilla y orgullosa”.

“Oso” es mucho más que un libro que escandalizó a la sociedad canadiense de los años setenta. Un libro con múltiples premios, eso sí. Y la historia que cuenta va más allá de la relación, en ocasiones íntima, entre un oso y una mujer. “Oso” habla de la naturaleza salvaje, de la soledad y los miedos, de la autosuficiencia en todos los sentidos. Sorprendente. 

Recursos narrativos

Antonio García Ferreras suele decir en “Al rojo vivo”, programa de debate político que presenta en las mañanas de La Sexta, que el periodismo es su religión. Luego da paso a invitados como Francisco Marhuenda, Eduardo Inda o Pérez Henares, capaces de ofrecer reflexiones tan objetivas como razonables e informativas. Por ejemplo, que “Pablo Iglesias es un fantoche” que “tiene voz de curilla”, que “el caso Rato es una operación para hundir a Rajoy” o que si gana Podemos se volverán a quemar conventos. Una vez Ferreras incluso llamó en riguroso directo a Sánchez Dragó para que, desde su casa en Madrid, el eyaculador interior describiese la tragedia de Nepal.

Un recurso narrativo. Como cuando La Sexta emitió “El precio de los alimentos”, un programa de investigación, periodismo en estado puro, en el que el famoso cocinero Alberto Chicote denunciaba el trapicheo con la comida que tiene lugar el mundo. En las imágenes se pudo ver al orondo chef en el aeropuerto de Barajas, a punto de salir para Bangkok: “El precio del arroz está detrás de este conflicto. ¿Acabará tocándonos el bolsillo a nosotros? Vamos al país asiático para averiguarlo”, dijo a cámara. Y se le vió acomodándose dentro de un avión. Inmediatamente después, imágenes de una fábrica de arroz en Tailandia, una de las mayores comercializadoras de este producto en el mundo. Ahora sabemos que Chicote no llegó a volar a Tailandia, y que las imágenes que parecían tomadas por el cocinero, en realidad habían sido compradas por La Sexta a Luis Garrido-Julve, un periodista español que vive en esa zona de Ásia.

“Alberto Chicote recorre el mundo para descubrirnos todos los secretos sobre el precio de los alimentos”, aseguraba la publicidad de La Sexta antes de que se descubriese el pastel. “Un recurso narrativo”, dicen en la cadena pequeña de Atresmedia, “algo habitual en el género documental”. “El chef viaja por el mundo en busca del porqué de la cuantía de lo que se come cada día”, dice aún la web de la cadena. Un “recurso estilístico”, aseguran en La Sexta tras ser descubierto el falso viajero, algo normal en “la fase de edición y montaje”. ¿A esto se refiere Ferreras cuando dice que para ellos “el periodismo es arriesgar e incomodar”?

Recursos narrativos de una cadena, La Sexta, especialista en fabricar protagonistas. Cocineros, y también periodistas. Sí, esos informadores que, desde una cadena de Planeta, se sientan junto a Marhuenda y hablan de periodismo libre e independiente. Periodistas que presumen de incómodos y rebeldes. Periodistas sumergidos en un mundo endogámico de autopromociones y succiones, tu me das un lametón y yo te pego un chupetón. Periodistas magníficos, algunos, otros simples showmans camuflados de periodistas en una cadena que, a partir de ahora, debería advertir de sus intenciones. ¿Que Alfonso Rojo llama “gorda” a Ada Colau en “La Sexta Noche”? Pues entonces un rótulo parpadea en una esquina de la pantalla: “Recurso narrativo, recurso narrativo, recurso narrativo…”.

El “recurso narrativo” de Chicote es un advertencia al telespectador. No se crea “Pesadilla en la cocina”, puro teatro desde el primer día, entretenimiento de baja calidad copiado de la programación británica. Pero tampoco se crea el periodismo de bajo coste, investigación u opinión, que proponen las televisiones. Son solo recursos narrativos para conseguir audiencia. Es decir, pasta.

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Un motivo para NO ver la televisión

Un trozo invisible de este mundo.

Juan Diego Botto y Astrid Jones.

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Teatro de lujo en Talavera de la Reina, la gran ciudad castellano manchega olvidada que arrancó de esta manera su semana más intensa: el pasado sábado una obra magistral de Juan Diego Botto, el martes la visita del presidente del Gobierno Mariano Rajoy, y el viernes los descomunales Siniestro Total. ¿Se puede pedir más? Quizá que cancele Rajoy.

Botto está simplemente espectacular. Se presenta ante el público en solitario, en un escenario oscuro e industrial, con solo una cinta transportadora y una torre de maletas. Y habla de las miserias actuales: del egoísmo y la avaricia, de los bancos y los políticos, de los desplazados y los sin techo, de la crisis y la miseria, de la hipocresía y las dictaduras (reales y encubiertas), del exilio y la emigración, de las desigualdades que nos separan, nos humillan, nos envilecen y nos hacen personas mucho peores. Y todo con grandes dosis de ironía y humor.

Botto protagoniza la obra con la ayuda de una actriz, Astrid Jones, que en su tenso monólogo está al nivel que exige el texto. Tanto en intensidad como en emotividad. “Un trozo invisible de este mundo” es una obra dura, y en ocasiones muy emocionante, que nos pone contra las cuerdas. ¿Podemos soportar impasibles todo lo que sucede a nuestro alrededor, esa ley no escrita que asegura que “a quien tiene, le será dado; a quien no tiene, le será quitado”? Botto habla en un momento de Primo Levi, escritor italiano de origen judío que sobrevivió a Auschwitz y escribió estas líneas: “Un país se considera tanto más desarrollado cuanto más sabias y eficientes son las leyes que impiden al miserable ser demasiado miserable y al poderoso ser demasiado poderoso”.

¡No se lo pueden perder!

La política omnipresente

Por ahí va Esperanza Aguirre, chulapa de paso firme y decidido, camino del Ayuntamiento de Madrid. Sube seis puntos desde que fue nombrada aspirante, según la última encuesta de El País, y se afianza como el valor más sólido de un Partido Popular consumido por la corrupción. ¿Cuáles son los valores de esta supermujer, cuáles sus méritos? Pues no son pocos: ha destapado la trama Gürtel, ha huido de la policía tras aparcar en el carril bus de la Gran Vía, ha colocado un sillón hinchable entre bambalinas a la salida de sus mítines, ha reivindicado su papel como cazatalentos (Granados, Ignacio González…), ha abrazado a una inmigrante negra, ha negado a Mariano Rajoy, ha bailado un chotis con Pablo Motos y ha dicho verdades tan grandes como que “el populismo no ha traído más que miseria y opresión”. Y eso sí, ha hecho promesas. Muchas promesas, todas las promesas del mundo.

Por si le quedaban dudas sobre el talento de la cazatalentos, Aguirre ofrece a su público, de manera completamente altruista, un master en gestión de la televisión pública. “Aguirre ´fuerza` a Telemadrid a cuatro días de debates”, titula el poco dudoso diario ABC. La información no tiene desperdicio: Esperanza Aguirre, candidata del PP al Ayuntamiento de Madrid, no quiere un debate televisivo a seis bandas. Telemadrid se ha visto obligada a innovar y programar tres días consecutivos de enfrentamientos «cara a cara» entre los aspirantes a la alcaldía –los días 18, 19 y 20– tras la presión ejercida en las negociaciones por los populares madrileños. Las fechas de los encuentros entre Aguirre, Antonio Miguel Carmona (PSOE), Begoña Villacís (Ciudadanos), David Ortega (UPyD), Raquel López (IU) y Manuela Carmena (Podemos) –quince rondas, según ha podido saber ABC– se cerraron ayer mismo. Un formato novedoso que, sin embargo, no se repetirá en el caso de los seis candidatos a la Comunidad”.

Dicho de otra manera: Esperanza Aguirre hace lo que quiere con Telemadrid, una televisión pública, pero a su servicio, dirigida por peleles a sus órdenes. ¿Cómo no votar a un político así?

Aguirre quiere quince debates porque necesita estar en la pomada mañana, tarde y noche. Poco importa el motivo de su omnipresencia mediática. Puesto que no hay discurso, que el programa es un papel en blanco y que las promesas se hacen para romperse, aturullemos al ciudadano a golpe de presencia. Puede haber madrileños que no sepan quién es Manuela Carmena, candidata de Ahora Madrid, pero ni uno solo debe ir a las urnas el próximo día 24 de mayo sin haber visto a Aguirre huir con el coche, bailar chotis, destapar tramas corruptas, besas yonquis, comer churros o, por qué no, mentir como una bellaca.

Mientras escribo estas líneas Aguirre es noticia porque ha dicho que Carmena no había aprobado las oposiciones a juez, y había entrado “por el cuarto turno”. La asociación Jueces para la Democracia ha acusado a Aguirre de mentir: “La realidad es que cualquier persona mínimamente informada sabe que Manuela Carmena accedió al poder judicial través de oposición, porque en aquella época ni siquiera estaba regulado el acceso por concurso a través del cuarto turno”. Aguirre ha dado marcha atrás, “a mí no me duelen prendas en rectificar cuando me equivoco”, de la manera más peregrina: diciendo que “había metido la pata por fiarse de una noticia de ABC.

Solo un día antes Aguirre había cometido otro “error”: acusó a La Sexta de manipular sus declaraciones, de mentir. En el debate “La Sexta Noche” el tertuliano Eduardo Inda afirmó que “hay dos personas que no cobraron sobresueldos en el PP: Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón”. La lideresa corroboró la frase diciendo “exactamente”. En La Sexta rotularon más tarde “Todos en el PP han cobrado sobresueldos menos Gallardón y yo”, frase no textual que sin embargo recoge el contenido de la idea de Inda y de, exactamente, Aguirre. La candidata se enfadó muchísimo: “Que lo sepan todos ustedes: laSexta miente. La frase que dijo Eduardo Inda me la ponen a mí entrecomillada. Ustedes han mentido. Yo no he dicho eso. Lo dijo Eduardo Inda. Y espero que ustedes lo corrijan porque eso es total y absolutamente falso”.

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Ni un día sin Aguirre. Si es posible, ni un minuto sin Aguirre. Así de sencilla es la estrategia de esta política sin escrúpulos, sin límites, sin moral, sin vergüenza. La lideresa que necesita un partido como el PP, corrupto desde antes incluso de llamarse PP, como única manera de conservar el Ayuntamiento de Madrid.

Humillación en las cocinas

No sé qué me da más asco, si los cocineros guarros con los que alterna Chicote en La Sexta, o los chefs altivos y soberbios que dan lecciones de Haute Cuisine en La 1. Es decir, si me repugnan más los mugrientos ensucia fogones de “Pesadilla en la cocina” o los restauradores arrogantes y maltratadores de “Masterchef”. Impresentables los dos. Los primeros por dejados, por guarros y por dejarse manipular por un programa de televisión que desnuda sus miserias en público para regodeo de la audiencia. Los segundos, por cómo humillaron a un pobre chaval, Alberto, que tuvo la insensatez de preparar delante de las cámaras un plato, “León come gamba”, considerado por los maestros hosteleros como “una guarrada” y “un insulto a la inteligencia, un insulto al jurado y un insulto a las 15.000 personas que se han quedado fuera del programa”.

Pepe Rodríguez, uno de los tres miembros del exquisito jurado de Masterchef, aseguró en la Cadena SER que volvería a expulsar a Alberto, el responsable de “León come gamba”, de la misma manera cruel y exagerada en que lo hizo: “Le tuve que echar, y no podía ser de otra manera”, asegura ignorando la violencia, tanto verbal como psicológica, del momento.

El problema no es echar al concursante, el problema es cómo le echan. Cómo le humillan ante sus compañeros, su familia y amigos, y ante millones de telespectadores. “Hay más verdad en la televisión que en el mundo de la cocina”, sentenció un Rodríguez que olvida que en estos concursos todo, desde el casting hasta la final, está dirigido a conseguir audiencia. Y que el hombre que cocinó el famoso león que come gamba fue elegido para dar espectáculo. Para dar este triste espectáculo.

Un espectáculo tan lamentable como el repetitivo y exitoso “Pesadilla en la cocina” (La Sexta). En su nueva edición, que comenzó el miércoles con una excelente audiencia (11,6% y 2.043.000 espectadores), insiste en la misma fórmula de siempre: restaurante hundido, dueño impresentable, personal desanimado, doctrina de Chicote, nueva carta, reforma del local… La salsa de tan redundante esquema son los empresarios, cocineros y camareros, tipos con problemas que se supone desnudan todas sus miserias ante las cámaras: inútiles, guarros, violentos, malhablados…

Televisión de éxito basada en mortificar y avergonzar a los más débiles. Un asco.

Un motivo para NO ver la televisión

Mediterráneo descapotable.

Autor: Iñigo Domínguez.

Editorial: Libros del K.O.

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El segundo título del periodista Íñigo Domínguez editado por Libros del K.O., tras el imprescindible “Crónicas de la mafia”, sigue apostando por el periodismo de recorrido extenso y amplio campo visual. Subtitulado muy acertadamente “Viaje ridículo por aquel país tan feliz”, este “Mediterráneo descapotable” se convierte en una lectura imprescindible para entender la España actual. Porque estamos ante un reportaje largo y jugoso que describe el país de la corrupción y el ladrillo, de los perros atados con chorizos y las ristras de rotondas, del sol y los chiringuitos, de Port Aventura y Marina D’or. El legado ideológico, económico y cultural de Jesús Gil, Manolo Escobar y Rita Barberá. Y Rato, claro.

En 2008 el periodista recorre la costa, desde Colliure hasta Tarifa, al volante de un Peugeot 207 azul descapotable. Las crónicas que forman este volumen, brillante radiografía de una España dorada por fuera y repugnante por dentro, fueron publicadas en su momento en el diario El Correo. Dos semanas después de que el último capítulo viese la luz quebró Lehman Brothers, y ya nada volvió a ser igual.

Dicen los editores que estamos ante una road movie, y tienen mucha razón. Una road movie costumbrista, con tintes de novela negra, protagonizada por muertos vivientes, un ejército de ciudadanos que han vivido tiempos mejores, han perdido el lustre y el moreno, y sobreviven como zombis paseando entre urbanizaciones de cartón y aeropuertos fantasma, comiendo paellas de chirlas y tomates de invernadero, mientras son estafados por un ejército de políticos sin escrúpulos.

“Mediterráneo descapotable” es un libro divertido, muy divertido. Y también pedagógico, puesto que nos ayuda a saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Imprescindible el apéndice: “Cómo acabó todo: un pequeño informe”, es un dossier no tan pequeño, cien páginas con nombres, fechas y datos, resumen de fuentes oficiales e informaciones publicadas en prensa, que se lee con la boca abierta y deja la bilis en ebullición. Una lectura intensa, soleada y amarga a un tiempo, que provoca en el lector sonrisas, muchas, y no pocas lágrimas.