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La pirámide de corrupción

El País del pasado miércoles contaba en su contraportada, a todo trapo, la “insólita presentación de la última novela de Javier Sierra dentro del monumento del faraón Keops”. Como firmaba la pieza Jacinto Antón, periodista al que admiro y disfruto, y con el que me unen aficiones tan insólitas como los relatos de devoradores de hombres, la recolección de egagrópilas o las hazañas bélicas menores, la leí de cabo a rabo. Era publicidad. Imagino que Planeta, editora de “La pirámide inmortal”, invitó al grupo de periodistas a viajar a El Cairo para que escribieran este texto, que posteriormente vendieron a los lectores que habíamos pagado 1,30 euros como si fuera información. Era publicidad, insisto.

Una lástima, porque la verdadera noticia de contraportada, o incluso de portada, estaba escondida en las entrañas de ese mismo diario. Concretamente en la página 28, menos de media columna, apenas veinte líneas perdidas en medio del tsunami del análisis de las cuentas del Estado para 2015. La noticia decía así: “La partida de transferencias que más crecerá porcentualmente en 2015 será la destinada a los partidos políticos”. No me diga que no le parece un notición: mientras la sociedad se desangra, víctima de la crisis y la corrupción, los partidos políticos recibirán más dinero “como consecuencia de la celebración de las elecciones generales y autonómicas”.

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Mientras se recorta en la Educación pública, conocemos que consejeros de Caja Madrid gastaron 15,5 millones de euros con tarjetas de crédito otorgadas al margen de los gastos de representación y de los estatutos de la entidad financiera. Al tiempo que se recorta en la Sanidad pública, nos enteramos de que el ex ministro Gallardón deja la política para entrar en el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid: 8.500 euros brutos, más secretaria y chófer, por asistir a una reunión semanal. Justo cuando la pobreza se perpetúa en España, con 2,5 millones de ciudadanos en riesgo de exclusión social y con Cáritas registrando el mayor aumento de personas atendidas desde 2008, sabemos que en 2015 los partidos políticos recibirán del Estado 156,44 millones de euros, un 84,7% más que en 2014.

Pues mientras pasa todo esto, una pirámide de corrupción, mi periódico acepta una invitación de Planeta y me vende como información, y a toda pastilla, la pirámide inmortal, una historia que es publicidad. Lo que viene siendo la crisis de la prensa.

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Un motivo para NO ver la televisión

Luke Winslow-King

Cd: Everlasting Arms.

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Luke Winslow-King es uno de esos tipos a los que jamás escucharás en los 40 Principales. Ni en la mayoría de radios españolas, un erial en lo que a rock and roll se refiere. Cantante, guitarrista y compositor, natural de Michigan pero vecino de Nueva Orleans, Winslow-King ha grabado un cuarto disco que suena a sur profundo, a guitarras con swing, a voces que se arrastran por el barro y metales que invitan a salir de juerga. La mezcla de géneros, realizada de manera natural, es infinita: del rock al folk, del gospel al blues primitivo, del jazz al soul o el ragtime. ¿Batiburrillo? Para nada. Una fiesta sureña que puede acabar sonando como los Stones o como Charley Patton. Maravillosamente imprevisible.

Acompaña a Winslow-King una mujer, Esther Rose, que rasca la tabla de lavar y apoya a nuestro hombre en las voces. Un duo original y creíble que ha grabado un disco de largo recorrido.

Trabajo culminado

Alberto Ruiz Gallardón ha dimitido. Sí, el más progresista de los populares, liberal entre liberales, abandona no solo el ministerio de Justicia, sino la política. Una decisión histórica, poco habitual en nuestro país, que se convierte en el momento más coherente y reseñable de sus 30 años de carrera política. Y es que la reforma de la ley del aborto era, pobrecillo, la obra de su vida, la culminación de su carrera, por encima incluso de los túneles de la M-30: “Creo que no haré nada más importante que esto en política”, dijo en entrevista a ABC. “Nunca imaginé que yo iba a tener ocasión de culminar un trabajo que había iniciado hace muchos años gente del partido, entre ellos mi padre”.

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Vaya por dios, qué chasco… Así las cosas, la marcha de Gallardón, el gran defensor de la vida, deja una gran incógnita en este país: ¿Qué será de los pobres concebidos? ¿Quién protegerá a los no nacidos? Sin el ministro de Justicia, en cuatro días las calles se llenarán de mujeres sedientas de sangre abortando por las esquinas. ¿Quién defenderá a partir de ahora la vida en España? ¿Nos extinguiremos los españoles antes incluso que los linces ibéricos?

Socialmente el problema no existía. Lo creó el PP, quién sabe si para ganar votos, para dar algo de color a su programa electoral, por ideología o por simple sinvergonzonería ultra. En cualquier caso, las circunstancias han cambiado. En estos momentos, con los catalanes levantiscos, la crisis galopante y los parados por millones, los no nacidos le importan una mierda a Mariano Rajoy. Se pira a China sin decir ni pío.

Si no hemos cumplido nada de nuestro programa electoral, pensará el presidente del Gobierno, ¿Por qué complicarnos la vida con la boutade de la ley de aborto? Olvidemos a  Gallardón, a los no natos y demás minucias. Lo importante es sobrevivir. No sea que los concebidos consigan lo que no consiguieron Bárcenas, Matas 0 Camps, las reformas en B de la sede de Génova, las indemnizaciones en diferido u otros éxitos populares.

Se ha impuesto el sentido común. La reforma de la ley del aborto, abortada. Gallardón, a su casa. Y el Gobierno sumido en una crisis de la que, en buena lógica, no debería salir indemne. Trabajo culminado.

Oligarcas versus ciudadanos

En un tren, un hombre lanza exabruptos de índole sexual contra una mujer, a la que después realiza tocamientos. El compañero del agresor es un guardia civil que, en lugar de socorrer a la víctima e impedir los abusos, graba la escena con su teléfono móvil mientras se ríe y se burla. El agente, condenado a una pena de seis meses de inhabilitación para empleo o cargo público por omisión del deber de perseguir delitos, ha sido indultado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, que ha rebajado la sanción a una multa de 500 euros. El indulto faculta al guardia civil, hijo del concejal y secretario general del Partido Popular en Lena (Asturias), para seguir en el cuerpo.

Horas después, un hijo de Alberto Ruiz Gallardón, recuerde, el ministro de Justicia que indultó al guardia civil que grabó una agresión sexual en lugar de impedirla, huyó tras chocar con dos turismos y casi atropellar a una mujer. En lugar de detenerse a rellenar el parte del seguro se refugió en el domicilio paterno. Según testigos, “por la forma de andar y de actuar iba en evidente estado de embriaguez”. Un suceso que recuerda otra fuga ilustre, la protagonizada recientemente por la presidenta del PP madrileño Esperanza Aguirre en plena Gran Vía.

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Pasa la vida, pasan los años, pasan los dictadores y los caciques, pasa esta democracia de medio pelo, y todo sigue igual. En España mandan los de siempre, abusan los de siempre, dan doctrina los de siempre. Aquellos que extienden los carnés de patriota. Gallardón, ese hombre que disfruta casi tanto dando clases de valores y de moral como escuchando el sonido de su propia voz, ahora calla. Su hijo Alberto da por aclarado el suceso con un críptico desmentido en El País: “1. Ni la noche del viernes 13 de junio al sábado de junio, ni la noche del sábado 14 de junio de 2014 al domingo 15 de junio de 2014, tuvo (ni estuvo implicado en) ningún accidente de tráfico; es más, dicha noche no condujo ningún vehículo. 2. En consecuencia con lo anterior, y en cualquier caso, no es cierto que ninguna de las referidas noches se diese a la fuga de un accidente de tráfico”.

Lástima de ministro mudito, porque, como dijo el escritor francés Émile Zola, “si silencias la verdad y la ocultas bajo tierra, ésta no hará otra cosa que crecer”. Aguirre sin embargo no calla ni debajo del agua: “Es hora de que las plazas dejen de ser trincheras para albergar la fiesta de la continuidad y de la esperanza. Es la hora del Rey, es la hora del pueblo, es la hora de España”. Y continúa este demencial discurso añadiendo algunas de esas frases que me avergonzarían profundamente, en caso de no producirme auténtico asco: “protagonizar la historia, abolir las sombras, de avivar el letargo y de demostrar al mundo entero que somos un gran país, que mira hacia el futuro tras haber sorteado mil y una tempestades… Si el jueves, como es deseable y muchos deseamos, Madrid es un clamor, un feliz rompeolas de todas las Españas sabremos con certeza que aquello que nos une es mucho más profundo de lo que nos separa”.

Aquello que nos separa es mucho más profundo de lo que nos une. Y Esperanza Aguirre lo sabe. Lo sabe cuando se para en un cajero de la plaza de Callao, cuando se da a la fuga golpeando una moto de la policía, cuando nombra a dedo a su sucesor, cuando dice que ella destapó la trama Gürtel, cuando se ríe al leer la noticia del hijo de Gallardón…

Aquello que nos separa de Aguirre y de Gallardón es mucho más profundo de lo que nos une. Afortunadamente. Infinitamente más profundo. Somos casi dos especies diferentes. Oligarcas, el gobierno de ricos del que hablaba Aristóteles, contra ciudadanos. Así de fácil, así de diferente, así de terrible.

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P.D.

Los dibujantes que abandonaron la revista El Jueves tras ser censurada su portada sobre el rey lanzan hoy mismo un cómic de 75 páginas (digital) con el que pretenden dar el adiós a Juan Carlos I y la bienvenida a Felipe VI. La cosa tiene muy buena pinta, y cuesta solo (un mínimo) de 1,5 euros.  Se puede conseguir pinchando aquí: Orgullo y satisfacción.

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Un motivo para NO ver la televisión

Natural Child.

Cd: Dancin´ With Wolves.

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Natural Child es un trío de Nashville que amarga la vida a los aficionados a colgar etiquetas. Rock sureño, blues, country, boogie, una miaja de heavy… todo esto y mucho más es lo que encontramos en esta original banda que, con solo cuatro discos editados, deja un excelente sabor de boca.

El batería Zack Martin y el bajista Wez Traylor crearon la banda en 2009, a la que posteriormente se añadió el guitarrista Seth Murray. Más tarde se sumarían un teclista y un guitarrista de pedal steel. Con esta formación han grabado las diez canciones de este “Dancin´ With Wolves”, un disco imposible de describir en una sola palabra. Se trata de un trabajo amplio, que navega entre los aires campestres de Commander Cody y el boogie trotón de los Little Feat de Lowell George, pasando incluso por las madres de Frank Zappa. Así de abiertos, de sorprendentes, de libres.

Natural Child estarán tocando en España el próximo mes de septiembre. Día 3 en Barcelona, 4 en Madrid y 5 en San Sebastían.

Las calles

Camino por el centro de Talavera de la Reina, una calle peatonal con comercios en ambos lados, cuando me cruzo con un señor que pasea un jabalí. El animal, sujeto con una correa, suelta unos zurullos junto a la puerta de Zara. No muy lejos, en la ferretería La Más Grande, ofertan una esquiladora de ovejas por 495 euros, y muestran todo el material necesario para matanzas y vendimias. En la esquina de la iglesia de San Francisco unos vendedores ambulantes ofrecen cerezas, a tres euros el kilo. Dos kilos cinco euros. Mientras pesan la fruta en una báscula dudosa miran como zorrillos asustados a ambos lados de la calle: si aparecen los municipales saldrán corriendo. A pocos metros, en la tienda de Alain Afflelou, tienen una oferta de verano absolutamente irresistible: el segundo y el tercer par de gafas por solo un euro más. Tchin tchin. Un pobre de solemnidad pide limosna sentado en el suelo, en unos cartones. No muy lejos, mientras tomo una cerveza en una terraza, un grupo de gitanos pone música, con cabra y todo, a la tarde talaverana…

La música callejera horroriza a muchos ayuntamientos. “Mendigos fuera de la calle”, exige La Razón en uno de sus inolvidables titulares. El diario de Marhuenda hace de altavoz de Gallardón, un ministro de Justicia que reclama a la cúpula del Partido Popular que incluyan en su programa para las generales del año próximo una ley que permita a los municipios retirar de las calles a los “sin hogar”.

La calle es suya, ¿recuerda? Y los mendigos, los sin hogar, los vagabundos y, si me apura, hasta los vendedores de cerezas, ensucian esas calles con su presencia infrahumana. Son un asco. No son Marca España. Y están realizando, según Gallardón, un “uso privativo” del espacio público. Busquemos soluciones imaginativas para un problema estético más importante que la corrupción política, la miseria social o la lentitud de una justicia que, según El País, “está por los suelos”.

Seamos prácticos: Tras el éxito de los bancos anti-mendigos, esos asientos callejeros divididos por una barra apoyabrazos para que ningún indigente pueda tumbarse a dormir en ellos, llegan los pinchos anti-homeless. Se trata de una idea facilmente importable que, dicen, está de moda en Londres. Consiste en colocar unos pequeños conos de metal en el suelo de las zonas donde los “sin hogar” acostumbran a pasar la noche. Portales, recodos, esquinazos, cobertizos, etc. Una adaptación para humanos (infra humanos, perdón) de los clásicos sistemas antipalomas que llevan años colocados con enorme éxito en cornisas y ventanas. Se trata de ponérselo difícil a quienes ensucian nuestras ciudades, ¿no?

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Aunque quizá el problema sea otro. La calle no es lugar para políticos. Y es que cuando no les hacen un escrache tienen que soportar como un apestoso homeless hace un “uso privativo” del mobiliario urbano.

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P.D.

El estado del periodismo en España, en un titular de portada…

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Un motivo para NO ver la televisión

La última noche.

Autor: James Salter.

Editorial: Salamandra.

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Salter es uno de los escritores de cabecera de este blog. La culpa la tienen obras maestras como “Quemar los días” o “Todo lo que hay”. El escritor de Nueva York, ingeniero, guionista, periodista y piloto de caza, describe como pocos los recovecos de las  relaciones entre hombres y mujeres. De eso hablan los diez relatos que forman este libro, un catálogo de sentimientos encontrados, desengaños y traiciones, arrebatos y melancolías.

El tiempo nos pone en nuestro sitio, y nos ofrece una triste perspectiva de nuestra vida. Los errores están ahí para siempre, algo que Salter utiliza para desmontar con crueldad esos espacios que creemos íntimos e inviolables. Su escritura no tiene trampa ni cartón, es impecable, intensa, triste, brillante, sencilla, demoledora.