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Dar la cara

En El Mundo, periódico famoso por su desbordante imaginación, han dado una nueva vuelta de tuerca al viejo cara a cara, esa legendaria técnica informativa que consiste en enfrentar a dos individuos para que defiendan planteamientos diferentes de un mismo tema. La cosa no tendría mayor importancia si uno de los contendientes no fuera Carlos Cuesta, un peso pesado del intercambio de guantazos. ¡Pobre Lucía Méndez, su rival en el cuadrilátero audiovisual! Y es que hay que tenerlos muy bien puestos para atreverse a cruzar guantes con Kid Banderita, el púgil que saltó al plató embutido en un batín patriótico…

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El cara a cara es la simplificación máxima del debate. En estos tiempos de crisis, cualquier idea que suponga un ahorro es bien recibida. ¿Tertulia con un presentador y seis comentaristas? Ni pagándoles con cheques de Mercadona. Dos periodistas de la casa, una cámara de vídeo de las que se utilizan en bautizos, media hora de montaje y rotulación, y… Voilà! Ya tenemos el cara a cara.

Hoy por hoy, el cara a cara que exige este país es el que enfrentase a Mariano Rajoy con Artur Mas. Pero hablar de este debate es hablar de unicornios y hadas. Una fantasía, un sueño imposible. Rajoy no da la cara. De Mas pueden decirse muchas cosas, pero no que se esconda: cada vez que anuncia algo importante ofrece rueda de prensa. Con preguntas. En catalán, inglés y castellano. Muchas veces para no decir nada, para confundir, para enredar. No importa. Hay que estar ahí, dar la cara. Y así pasa lo que pasa: que cuando Rajoy cree tener controlada la situación… Mas toma de nuevo la delantera. Por la cara.

Un presidente que se esconde es un presidente miedoso, débil, blandengue. Un presidente que no toma decisiones es un presidente incompetente. Un presidente pusilánime es un presidente saliente. El discurso de Mas es posible que no guste, que no convenza, que rechine. El discurso de Rajoy es inexistente. En el tema de Cataluña. Y en el de la corrupción, la inmigración… El PP ha rechazado la petición de comparecencia de Rajoy por el ébola.

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P.D.

Otra gran portada…

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Un motivo para NO ver la televisión

Lee Ranaldo and the Dust.

Cd: Acoustic Dust.

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Lee Ranaldo, el rey de la guitarra rabiosa al frente de los legendarios  Sonic Youth, emprendió hace poco más de un año una gira acústica por Europa al frente de una banda llamada The Dust. Durante una escala en Barcelona entraron en unos estudios de grabación y registraron los once temas que forman este álbum, una rareza dentro de la discografía del co fundador de la banda más ruidosa del Nueva York de los años 80.

“Acoustic Dust” suena reposado y sincero, con la batería y el Hammond arropando unas voces que convencen y unas guitarras acústicas que reinan. ¿Las canciones? Siguen el camino marcado por Ranaldo a lo largo de su carrera, entre la complejidad y la energía, entre el pop potente y el rock alternativo. Destacan las tres versiones, de temas de Neil Young, Sandy Denny y Mike Nesmith. Polvoriento de verdad.

Ante la duda, morcillismo

Los periodistas de raza, aficionados a dar doctrina, tienen un consejo favorito: Ante la duda, periodismo. Hermosas palabras, qué duda cabe. Pero en estos momentos de descrédito profesional, de cierre de medios y de EREs salvajes, de periodismo de chichi nabo, el morcillismo es la alternativa. La solución ante la duda. Me explico…

En la jerga teatral el término “meter una morcilla”, también conocido como “mearse en el guión”, significa intercalar palabras o frases que el autor no incluyó en el libreto pero que a los actores les parece que pueden engrandecer, o salvar, la representación. En periodismo, una morcilla era, hasta ahora, inventarse un texto destinado a completar la información. Eso sí, con la intención de dar lustre a la noticia, o hacerla más interesante, o más completa, o vaya usted a saber que miseria. Mearse en la profesión. En el prestigioso diario El Mundo, tantas veces ejemplo de periodismo riguroso y de calidad, han dado una vuelta de tuerca definitiva a la morcilla.

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“El rey Juan Carlos compra morcillas de Burgos”, titulaba a todo trapo la web del diario de Unidad Editorial el pasado día 7 a las 21:02. La información, acompañada de una gran foto, abría el digital del que presume ser “diario online líder de información en español”. El comienzo de la noticia no tenía desperdicio: “El monarca ha acudido a comer al restaurante del hotel Landa, muy cerca de Burgos. Después, ha pasado por la tienda para comprar estos embutidos”. Gran periodismo. Riguroso. Serio. Comprometido. Con un evidente servicio público. Quizá incluso periodismo de investigación: las morcillas eran de Burgos, cuidado, no de cebolla, no patatera, no blanca de Jaén (sin sangre). De Burgos, atención. Sangre, manteca de cerdo, arroz, pimentón, sal y cebolla.

Ante la duda, morcillismo. A la hora de abrir a lo grande el diario líder en internet en España, digo.

P.D.

Ana Botella anuncia que no será la candidata del PP a la alcaldía de Madrid. Lástima: deja la ciudad como los chorros del oro… La fotografía está tomada a las cinco de la tarde de ayer en la entrada al aparcamiento público de la plaza de las Descalzas, en pleno centro de Madrid.

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Había que intentarlo

TVE, la televisión pública española, estaba preparando un concurso familiar en el que las familias participantes tenían que ser como dios manda. Es decir, formadas por un hombre y una mujer. Es más, por un hombre y una mujer que viviesen, de manera habitual, bajo el mismo techo. Nada de mariconadas, de esas familias, por llamarlas de alguna manera, formadas por parejas homosexuales. Ni siquiera monoparentales. Un concurso para familias de las de toda las vida, de hombre y mujer, como tiene que ser.

No se si ha caído en la cuenta de que el programa, que se llama “¿Quién manda aquí?”, es la adaptación de un espacio turco, e iba a estar realizado por la productora privada Gestmusic, no era un encargo de 13TV, la cadena de los obispos. Era un encargo de TVE, la tele pública de todos los españoles. Y ha sido causa de escándalo, como no podía ser de otra manera: la asociación de defensa de los derechos del colectivo LGTB (lesbianas, gais, transexuales y bisexuales) ha dicho que resulta “más grave aún que sea TVE, una cadena pública, quien lo emita, que se dedique dinero de los contribuyentes a perpetuar un modelo que no es el actual”. La Asociación de Familias por la Diversidad, cree que se trata de un espacio “totalmente discriminatorio e ilógico. Nos  gustaría que explicaran cuál es el motivo. Hay una ley que nos permite casarnos y que está sustentada por el Tribunal Constitucional. Nos gustaría saber qué es lo que impide que una familia formada por dos hombres o dos mujeres, o uno de los padres y su hijo, sea reconocida en todos los ámbitos”.

Ante el follón organizado, en TVE han dado marcha atrás: en el nuevo programa podrán participar cualquier tipo de pareja que conviva y tenga un hijo. TVE parece un pollo sin cabeza, sin dirección, sin criterio.

¿Rectificar es de sabios? En este caso habría que preguntarle a tipos como Paolo Vasile, el capo de Telecinco, la cadena que nunca hubiese dudado: que la ideología nunca se imponga a la audiencia. Es decir, que puedes ser todo lo conservador que quieras, pero a la hora de hacer un concurso de éxito, cuanto más alboroto y alegría mejor. ¿Familias homosexuales? Por supuesto.

Pero la ideología es la ideología. Había que intentarlo… Y si no que se lo digan a Luz Sanín, senadora del Partido Popular por Ceuta. Según ella, “las subvenciones de Zapatero a los homosexuales aumentaron la deuda pública”.

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Matrimonio concursante en “¿Quién manda aquí?” (TVE)

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En El Mundo, un nuevo alarde de periodismo, educación y buen gusto: La niña del Gorila (Melody) ha crecido, ahora es más racial y menos putón”.

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Lo mejor que se pudo ver el fin de semana en televisión, sin duda alguna, estos dos legendarios sketches de Tip y Coll en La 2 de TVE (19:40). Así están las cosas…

Dictaduras buenas

El pasado sábado en La Sexta el director adjunto de El Mundo, Eduardo Inda, repetía uno de los mantras que le han situado en la cumbre del escalafón populista: “Podemos cobra dinero sucio de Venezuela”. Una frase escuchada una y mil veces que en esta ocasión sonó especialmente obscena, puesto que solo un par de días antes su periódico, El Mundo, había publicado un especial de 32 páginas sobre Guinea Ecuatorial. ¿Dinero sucio? No más que el conseguido con las mentiras del 11-M, para que usted me entienda.

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Resulta que no todas las dictaduras son iguales. Las que te contratan un suplemento de 32 páginas son, evidentemente, mucho mejores que aquellas que no lo hacen. La Guinea Ecuatorial de Teodoro Obiang tiene, según el especial de El Mundo, “grandes posibilidades como centro de inversión”, y “busca reanudar y profundizar sus lazos con España”. Por otro lado, según el director adjunto de ese diario, Eduardo Inda, la Venezuela de Maduro “asesina a la gente, tortura a los estudiantes y censura a los periodistas”.

Periodismo hipócrita que no vale el precio del papel, que pide a gritos que los lectores abandonen los grandes medios, que exige nuevas formas de entender la información. Hemos hablado de El Mundo, hablemos de El País. Un diario que no me ofrece lo que quiero saber, las razones por las que la cadena SER prescinde del excelente programa “Carne Cruda”, y me satura con publireportajes sobre espacios de la misma emisora que no me importan un pimiento: “El sexo calienta las ondas. “Contigo dentro”, una aventura erótica sin tapujos en la Cadena SER”.

P.D.

Según los datos de junio de OJD, El Mundo ha perdido el 16,9% de sus lectores respecto al mismo mes de 2013. El País, un 6%. En los seis primeros meses de este año Unidad Editorial, propietaria de El Mundo, ha sumado unos números rojos de 16,6 millones de euros.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Mal encuentro a la luz de la luna

Autor: W. Stanley Moss.

Editorial: Acantilado.

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El subtítulo de este libro explica a la perfección su contenido: “El secuestro del general Kreipe en Creta durante la Segunda Guerra Mundial”. Kreipe era un militar nazi, y el autor, Stanley Moss, oficial británico del Servicio de Operaciones Especiales. Moss tiene un compañero muy especial: Patrick Leigh Fermor, escritor, historiador, militar y, sobre todas las cosas, incansable viajero de insaciable curiosidad del que hemos hablado alguna vez en este blog. Juntos lideran un grupo de miembros de la resistencia que se propone dar un golpe de efecto espectacular al ejército nazi en la isla de Creta.

Narrado sin dramatismo y sin rencores, en ocasiones con gran sentido del humor, “Mal encuentro a la luz de la luna” es un espléndido libro de aventuras. Moss cuenta los preparativos, las largas caminatas nocturnas, las penurias de sus hombres escapando por las montañas, refugiándose en cuevas, confiando en la población local… Detalles sobre sus compañeros de asalto y escapada, sobre los cretenses, sobre un episodio especialmente emocionante de la Segunda Guerra Mundial. Y de regalo, un prólogo y epílogo de Iain Moncreiffe y un post scriptum del mismísimo Patrick Leigh Fermor.