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Amenazas

Hoy la actualidad televisiva me pide hablarles del encuentro entre Bertín Osborne y Fran Rivera en “Mi casa es la tuya” (Telecinco). Un éxito acojonante, con un 21,2% de audiencia que hunde en la miseria al resto de cadenas. Un éxito que tiene premio extra para el cantante de rancheras: el bueno de Bertín, como los futbolistas cuando ganan una competición, tiene una prima, un bonus, una cláusula en su contrato que le garantiza 1.000 euros por cada décima de share por encima del 18%. Es decir, que el día de Rivera añadió a los 30.000 euros que recibe por programa otros 32.000.

La actualidad televisiva exige comentar tan peculiar sistema de sueldos y primas, pero el cuerpo me pide pasar olímpicamente del encuentro televisivo entre un tipo que tenía una sociedad offshore en Panamá y otro que se dedica a torturar herbívoros. ¿El no va más en la actualidad televisiva? Más bien la España profunda. Olvidémonos entonces de la televisión, pero solo un poco. Seguimos en la España profunda…

¿Ha escuchado usted a Ignacio Cosidó, director general de la Policía de este país, decir en la tele de los obispos que Podemos “supone una amenaza para nuestra democracia”? Pues eso ha dicho el opusino individuo, diputado del Partido Popular hasta que Mariano Rajoy le colocó al frente de la policía. Y no solo soltó esa sandez profundamente antidemocrática sino muchas más: “Podemos defiende proyectos como el que ha representado ETA en nuestro país”; “En la política de Podemos hay un germen de justificación de la violencia porque se consideran los únicos representantes del pueblo”; “Podemos es un proyecto de izquierda totalitaria cuyas consecuencias se pueden ver en lo que está ocurriendo en Venezuela”.

¿Qué pensará el señor todopoderoso de las mentiras, manipulaciones y amenazas de Cosidó, el hombre que finge temer a Podemos? Y que quiere contagiar a los ciudadanos sus falsedades, sus miedos de pega. ¿Debemos temer a Podemos? Me encontraba reflexionando sobre este tema cuando saltó la noticia: La mujer de Arias Cañete se sumó a la amnistía fiscal cuando nuestro comedor de yogures caducados favorito era ministro.

Cosidó, ¿y si a quien los ciudadanos tuviésemos que temer es al PP? Ya sabe, ese partido al que sus colegas de la Guardia Civil consideran “una auténtica organización criminal”.

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Un motivo para NO ver la televisión

The Jayhawks

CD: Paging Mr. Proust.

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El retorno, en estudio, de unos viejos amigos. Eso supone este nuevo trabajo, el noveno de un grupo legendario. Los de Minneapolis, con Gary Louris al frente, no grababan un disco desde 2011. Se echa en falta a Mark Olson, para qué engañarnos, pero este “Paging Mr. Proust” de extraña portada futurista tiene grandes momentos: los Jayhawks siguen apostando por las buenas canciones, las guitarras con chispa y las voces sincronizadas.

No espere un “Hollywood Town Hall” o un “Tomorrow The Green Grass”, discos memorables que situaron a esta banda en la cumbre de la Americana con una mezcla exquisita de pop, rock y country. Pero no se pierda canciones como la que abre el disco, “Quiet Corners & Empty Spaces”. Tan grande como la acústica sencillez de “Isabel´s Daughteer”, la contagiosa electricidad acelerada de “The Dust of Losg-Dead Stars” o la perfección armónica de “Lies in Black and White”. Un excelente disco de una banda imprescindible.

Clamor silencioso

Dice Alberto Garre, ex presidente del PP en Murcia, que dentro de su partido hay un “clamor silencioso” para que Mariano Rajoy de un paso atrás. Es decir, para que se retire y deje paso libre a una reforma en su partido. No lo veo claro. Y no porque una “organización criminal”, que es como define la policía al PP, no se reforme simplemente con la retirada de su líder. No lo veo claro porque Rajoy aún tiene mucho que decir. Recuerde que hace solo un par de días asombró a todos los españoles con una nueva frase, la enésima, para la historia: “Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan seguir fabricando máquinas, porque lo que no va a hacer nunca una máquina es fabricar máquinas”, sentenció durante un encuentro con mujeres emprendedoras en Madrid.

El “clamor silencioso” del que habla el señor Garre es engañoso. Por lo críptico del término, un auténtico oxímoron, la palabra complementada con la opuesta. Una figura literaria contradictoria solo al alcance de auténticos genios. Y porque el verdadero “clamor silencioso” es el que señala como futuro inevitable el famoso gran pacto, el bipartidismo a tres (otro término complejo), la apuesta por un cambio con el que nada cambie.

Los clamores silenciosos solo se contrarrestan con clamores clamorosos. ¿Elecciones? Cualquier cosa antes que más de lo mismo.

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Un motivo para NO ver la televisión

Pimp. Memorias de un chulo.

Autor: Iceberg Slim.

Editorial: Capitán Swing.

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Cuando leí por primera vez la autobiografía de Robert Beck, más conocido como Iceberg Slim, en la vieja edición de Anagrama, me impresionó menos que ahora, en la versión de Capitán Swing. La culpa no la tienen la diferente introducción, el nuevo postfacio o el ampliado glosario final. La culpa debe ser mía: me estoy haciendo mayor. “Pimp” me ha golpeado en el estómago como una bola de demolición. Por la brutal sinceridad del protagonista, aparentemente ajeno a su maldad y su violencia, y por el maltrato que sufren las mujeres al servicio de Iceberg y otros proxenetas. Mujeres que en demasiados momentos pierden la condición humana y se convierten en cachos de carne al servicio de los chulos. Simple mercancía.

Curiosamente, justo antes de entrar por segunda vez en el sórdido mundo de “Pimp” leí sobre su protagonista en la autobiografía de Mike Tyson que en su día comenté en esta sección. El boxeador, no puede ser de otra manera, admiraba al chulo: “Por esta época conocí al famoso y legendario proxeneta/escritor Iceberg Slim. Ojalá lo hubiese conocido antes de casarme con Robin. Él me habría abierto los ojos… Para mí Iceberg poseía una estatura mítica. Su apodo se lo ganó la noche en la que, estando hasta las cejas de cocaína en su club favorito, un tipo disparó contra la persona que tenía a su lado. La bala pasó rozando a su amigo y le hizo un agujero en el sombrero. Él ni se inmutó; se limitó a sacarse el sombrero para inspeccionar la entrada y la salida de la bala. A sus amigos les pareció tan imperturbable que decidieron llamarlo Iceberg”.

Tyson visitó a un Iceberg viejo y decadente acompañado por Don King. Y le preguntó: “Señor, ¿cómo funciona ese rollo de ser el puto amo? ¿Significa poder controlar a una chica y conseguir que haga lo que desee?”. “No, eso no es ser el puto amo –me respondió lentamente Berg- Ser el puto amo es cuando controlas todos los elementos, como me ocurre a mí aquí. Sé todo lo que está pasando. Ser el puto amo no tiene que ver con las mujeres. Ser el puto amo las lleva hacia tí, las atrae y les hace saber lo que deben hacer. Se sienten magnetizadas; ser un puto amo es un imán. No tiene que ver con obligarlas a hacer lo que deseas, ellas ya saben lo que deben hacer”.

Así era Iceberg. Un hijoputa machista, drogado hasta las cejas, violento y sin escrúpulos. Un tipo sincero, astuto y despreciable que se metía tres gramos diarios de coca. Y así es “Pimp”, la autobiografía verídica y descarnada de un chulo de leyenda, adicto a las ropas caras y los Lincoln Continental, de la que se han vendido millones de ejemplares. Un libro que adoran los raperos más asilvestrados, y que odiaban unos Black Panthers que veían en él la explotación de los negros por los propios negros.

Escribe Iceberg en sus inicios, antes de completar su cuadra de putas: “Estaba peligrosamente desesperado por clavársela a toda chica lo bastante débil como para dejarse. Una noche tuve que correr para salvar el pellejo. Un padre enfurecido me pilló a horcajadas en el porche de atrás de su casa soltando puñetazos como un animal en la cabeza de su hija. Había perdido la paciencia con la dureza tan poco habitual de su himen”.

Así era el protagonista de este libro incómodo, una veces fascinante y otras repugnante. La historia de un proxeneta que en diciembre de 1945, cuando la guerra había terminado y el mundo se lamía las heridas, recordaba ya sus años de gloria: “Las drogas y el juego de los chulos me han endurecido la cara de niño. Estaba perdiendo pelo. Iba a cumplir veintiocho años, pero aparentaba cuarenta”.

El milagro

El lunes me cruce con Pablo Casado, vicesecretario de comunicación del Partido Popular, en Ávila. Me paré discretamente a unos metros del lugar en el que conversaba con unos vecinos, en la plaza que se levanta detrás de la iglesia de San Pedro. Abrí el periódico para disimular, estiré el cuello y acerqué la oreja. “Lo que tenemos que hacer es trabajar. Y olvidarnos de todos esos golfos que desde luego no representan al Partido Popular. Tenemos que ofrecer una mejor imagen”, dijo Casado, sangre fresca de los populares, antes de perderse entre una fina llovizna, camino del Mercado Grande.

Solo unas horas después escucho a Javier Maroto, vicesecretario general del PP, en la Cadena SER. Se queja amargamente de la corrupción en su partido, se enfada teatralmente, repite una de las frases que le han encumbrado como rejuvenecedor del partido (“Bárcenas me da un asco que no lo puedo ni ver”), y trata de convencer a los oyentes de que son honrados, que en realidad son víctimas de un puñado de maleantes y corruptos, que el Partido Popular es democracia en estado puro.

Minutos después de escuchar a Maroto, horas después de oír a Casado, cuando ya estoy casi convencido de que deberíamos darle una nueva oportunidad al PP, confirmo el nombramiento de Eladio Jareño como nuevo director de TVE. ¿Cómo, que no sabe usted quién es Eladio Jareño? Pues ni más ni menos que el jefe de prensa del PP en Cataluña, es decir, la mano derecha de Alicia Sánchez-Camacho. Sí, la misma Alicia Sánchez Camacho que prometió retirar la tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares. La misma Alicia Sánchez-Camacho que, como presidenta del PP catalán, prometió llegar hasta el final en el caso de espionaje de la comida que tuvo con la ex novia de Jordi Pujol Ferrusola para luego pactar con los dueños de la agencia de detectives Método 3 la destrucción de las pruebas.

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Me gustaría volver a creer en el PP, pero lo ponen muy difícil. Y no solo por su afición a la destrucción de pruebas. La obsesión por controlar los medios de comunicación públicos, sin importarles que eso les suponga desprestigio, la caída de la audiencia y la ruina económica, impide cualquier intento por confiar en sus buenas intenciones, en sus convicciones democráticas, en su honradez. Para volver a confiar en el PP no basta con las buenas palabras de esos jóvenes que llegan con las manos aparentemente limpias. Ni con la salida de Mariano Rajoy, y buena parte de los secuaces que le rodean y le han rodeado, por la puerta de atrás. Para volver a confiar en el PP hace falta un milagro. El milagro que el nuevo director de TVE intentará conseguir.

P.D.

Lo último de Rajoy…

Un motivo para NO ver la televisión

Quique González y los detectives.

Me mata si me necesitas.

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No tiene discos malos Quique González. Tiene discos que nos gustan más y otros que nos gustan menos. Discos con canciones memorables, de esas que te cambian la vida, y discos que simplemente son mejores que los del resto de cantautores eléctricos de este país. Con excepción de José Antonio Lapido, por supuesto. “Me mata si me necesitas” pertenece a la categoría de los discos memorables de González, que para mí son el primero, “Personal”, “Pájaros mojados”, “La noche americana”…

En una estrofa de “Me matas si me necesitas” Quique González habla de una navaja que despliega todas sus hojas. Así se muestran las canciones de este disco, lustrosas y afiladas, certeras, incisivas, deslumbrantes. Diez temas que hablan de la familia y los amigos, de los miedos y las redenciones, del amor perdido y la nostalgia que nos devora las entrañas. La vida. Un disco con momentos optimistas y otros melancólicos que apuesta por el rock and roll y gira alrededor de los temas tres y cuatro, “Sangre en el marcador” y Charo”, la columna vertebral de un trabajo que ya se encuentra entre los mejores de su carrera. Y ahora, de gira… Imprescindible.

 

Muy preocupados

A las siete de la tarde del domingo, cuando aún no se habían cerrado las urnas, en la Cadena SER informaban de que en el Partido Popular estaban “muy preocupados” por el subidón de Podemos. Aproximadamente una hora más tarde el presidente del Gobierno Mariano Rajoy llegó a Génova 13. Ya sabe, la sede central del partido político que estaba “muy preocupado” por el subidón de Podemos. Una sede adquirida en 2006 por un 35% menos de su precio de mercado. Una sede cuya reforma fue pagada, según el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz, con dinero negro. Una sede en la que Luis Bárcenas, gerente y tesorero del PP que asegura haber tenido una caja B y haber repartido sobres con dinero a los líderes del partido, tuvo despacho durante dos décadas. La sede que registró la policía durante 14 horas, la sede en la que destruyeron el contenido de los discos duros de los dos ordenadores portátiles de su ex tesorero.

Ni más ni menos que ese lugar, Génova 13, fue el escogido por Rajoy para pasar la noche electoral. Como para no estar preocupados. Con la subida de Podemos, digo. En la imágen, de Alberto Di Lolli (El Mundo), Rajoy llega a Génova…

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Una fotografía que resume a la perfección la noche electoral. El éxito de Podemos es una bomba en la línea de flotación de un partido en entredicho, que sobrevive gracias a insospechados mecanismos de promoción y ocultación, que se sostiene por el miedo, la desinformación y el apoyo del poder económico. La subida de Podemos supone una amenaza directa a la impunidad del PP, un partido que se refugia en su sede madrileña como hicieron Bruce Reynols y su banda en una granja de Leatherslade, cercana a Oakley (sur de Inglaterra), tras atracar el tren de Glasgow. En penumbra, entre sombras, con canguelo.

En el PP están muy preocupados. Tienen motivos. En el PSOE también, por supuesto. Se les acaba el chollo. La preocupación de populares (y socialistas) sólo puede ser motivo de alegría para la mayoría del resto de ciudadanos: la política vuelve a tener sentido, el Parlamento puede resucitar, la corrupción quizá deje de ser congénita, el poder debería volver al pueblo.

Están muy preocupados, el miedo cambia de bando, se avecinan tiempos interesantes. Sonrían.

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