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Periodismo siniestro

Titula el prestigioso diario El País en su portada que “El crimen de Barcelona eleva a un nivel insólito la violencia escolar”. Miro a mi hija de 14 años salir del colegio, rodeada de sus compañeros y amigos, entre risas y bromas, cargados con mochilas y botando balones, y no veo esa “insólita violencia” por ningún lado. No la he visto jamás. Tengo que ir a la portada de El Mundo para volver a sentir desazón, puesto que también abriendo a cuatro columnas, como El País, este diario lanza un mensaje de esos que crean inquietud y provocan sobresalto: “Tengo que matar a más”. Una frase que ponen en boca del chico de 13 años que el lunes apuñaló a un profesor en un instituto de Barcelona.

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Dos portadas para vender periódicos. Pero no desde la calidad, sino desde el miedo. Dos periódicos de supuesta calidad doblan la rodilla, una vez más, ante el más cutre de los sensacionalismos: insólita violencia escolar, matar a más… El primero habla del grupo, y advierte de que la furia se ha adueñado de las aulas. Ninguno de nuestros hijos puede sentirse seguro en el colegio. Despidámonos de ellos mañana por la mañana, cuando salgan camino de la jungla, por si no volvemos a verlos jamás. El segundo prefiere apostar por el individuo, centrar la atención del lector en el pequeño psicópata que, por supuesto, pretendía hacer mucho más daño. Mató a un profesor pero, querido lector, quería “matar a más”.

Los grandes periódicos agonizan. Y en sus desesperados intentos por salvarse, o por alargar el deterioro hasta que sus plantillas alcancen el mayor número posible de jubilaciones, no se les ocurre apostar por la calidad, por el rigor, por el periodismo serio, contundente, ejemplar. No. Apuestan por el amarillismo. El Mundo, que es perro viejo en este terreno, siempre va un paso por delante de sus colegas de El País. En el ejemplar de ayer martes, además de la portada ofrecían dos portadillas de esas que revuelven las tripas. Una de ellas, también dedicada al asesino de 13 años, es una delirante ilustración en la que un dibujante recrea de manera absolutamente libre la escena del crimen del instituto. Lo hace con la imaginación y la ferocidad con la que podría haberlo hecho el mismísimo Frank Miller, legendario ilustrador de “Sin City”, la cruda y sanguinaria historia de Basin City, la ciudad del pecado. Otra portadilla, la del suplemento dedicado a informar sobre Madrid, muestra también a toda página la imagen de un hombre tapado con una cazadora, el presunto descuartizador de Móstoles. Titulan “Bruno, el satánico”, y aseguran que invocaba a gritos a Lucifer y hablaba “con voces distintas” a los vecinos.

Lo llaman periodismo de investigación. Pero es solo violencia, matar, satánico… Periodismo siniestro.

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Un motivo para NO ver la televisión

Greg Tropper

CD: Live At The rock Room.

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Greg Tropper es uno de esos cantautores norteamericanos a los que la mala fortuna, o quizá no haber conseguido jamás un gran hit, relega a los circuitos de pequeños clubes. Excelente compositor, cantante y guitarrista, el de New Jersey tiene media docena de discos de estudio excelentes, alguno fundamental (“Straight Down Rain”, 2001). Y desde hace unos días un directo en el que, sinceramente, no tenía depositada demasiada confianza. Error. Las catorce canciones de este “Live At The rock Room” forman un brillante grandes éxitos en vivo, y muestran a un Tropper en plena forma. Muy recomendable.

 

 

El complejo de la coleta

En la cafetería, dos empresarios talaveranos rigurosamente vestidos de Montepicaza (ropa para pijos de provincias) comentan la actualidad mientras desayunan: “Los del coletas quieren ganar ahora la guerra que perdieron entonces”. Un análisis riguroso no solo de la situación que atraviesa España, sino de la Transición y sus sombras. Tras soltar media docena de sandeces más, mezcla de tópicos conservadores e ignorancia pura y dura, se suben el cuello del Barbour y se dejan engullir por la niebla del Tajo. A sus espaldas queda un desagradable tufo a cueva húmeda, incienso revenido y sulfuro de hidrógeno.

El coletas se está convirtiendo en el enemigo público número uno de buena parte de los españoles. Miembros del partido que gobierna este país le acusan de comunista, de bolivariano y hasta de terrorista. Normal: la Familia defiende sus intereses. Lo que resulta más sorprendente, y preocupante, es el resquemor que Iglesias despierta en la izquierda. En la supuesta izquierda. En la sombra de lo que un día dicen que fue izquierda. Rafael Hernando, flamante nuevo portavoz del PP, lo resume de manera brillante diciendo que el PSOE tiene “el complejo de la coleta”.

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No son los de Pedro Sánchez los únicos acomplejados. “Iglesias posee una vivienda en Ávila y una moto”, subtitula el diario progresista El País. Concretamente una vivienda rústica, adquirida en octubre de 2013 por 13.487 euros, y una motocicleta comprada un año antes por 2.670 euros.

Casa de campo, moto… ¡Joder con el bolivariano! Vive como un auténtico burgués. El País titula a todo trapo con los ingresos de Pablo Iglesias, “casi 70.000 euros en 2013 como profesor y tertuliano”, en lo que es un claro ejemplo tanto de servicio público como de periodismo de investigación. Ahora solo falta el mismo tratamiento, la misma precisión, similar minuciosidad, con otros personajes. Y no hablo de Juan Luis Cebrián: el presidente ejecutivo de una empresa en ruinas capaz de ganar 2.142.000 de euros en 2013 podría tener no ya una moto, sino toda la fábrica Harley Davidson. Me refieron al resto de políticos. ¿Cuánto mide el garaje de Esperanza Aguirre? ¿Tiene Thermomix Felipe González? ¿Posee Aznar algún terreno rústico en Irak? Vayamos a lo importante, al detalle, a la moto del coletas, no nos quedemos en el ático de Ignacio González, en las cuentas de Rato o en los ahorros de los Pujol.

P.D.

La ciencia en España…

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Un motivo para NO ver la televisión

Un mal día para nacer

Autora: Courtney Collins.

Editorial: Lumen.

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Courtney Collins es la Cormac McCarthy australiana. El mejor Cormac McCarthy, es decir, aquel que escribió la llamada Trilogía de la Frontera. La gran diferencia es que mientras “Todos los hermosos caballos”, “En la frontera” y “Ciudades de la llanura”, obras maestras indispensables, narran un enconado y rudo mundo masculino, el que hoy nos ocupa habla de la soledad femenina. Todos los valores y miserias que McCarthy deposita en un grupo de hombres asilvestrados, Collins se los adjudica a Jessie Hickman, forajida de leyenda, ladrona de ganado, gran amazona.

“Un mal día para nacer” se desarrolla en Australia. Muy bien podría tratarse del lejano Oeste o la linde entre Estados Unidos y México. Naturalezas ásperas y desoladas, tierra de serpientes y caballos. Los Bisontes dejan paso a los canguros. Un paisaje donde el aislamiento es lugar común. Jessie se sumerge en el desamparo y el destierro tras acabar violentamente con una vida de esclavitud, con un marido violento, con una suerte perra y un pasado de bandolera.

El libro comienza con un puñetazo en el estómago del lector: una madre degüella a su hija recién nacida, que se convierte en narradora fantasma, antes de enterrarla. Se acabó el sometimiento, ni una vejación más, comienza la huida y el vagabundeo. Aires de libertad en un ambiente de miedo, recelo y resentimiento. Podría haber una segunda oportunidad: hay otro hombre además del marido violento. Pero todo acaba torciéndose siempre en este paisaje inmisericorde, un bush australiano en el que parece que es imposible desaparecer. ¿O sí?

Magnífica primera novela de Courtney Collins, un western en las antípodas que fascinará a los seguidores de McCarthy. Y de Dorothy Johnson, James Agee, Eudora Welty o el mismísmo Faulkner.

Empresarios de izquierdas

“El progreso moral convive con un sistema económico que es contrario a los valores éticos”. Victoria Camps, catedrática de ética.

Jaume Roures es un empresario moderno. Es decir, un empresario que sabe diferenciar entre la ideología política y la cuenta corriente. Dos asuntos bien distintos, como todo el mundo sabe. Pero perfectamente compatibles: ¿Dónde está escrito que un tipo de izquierdas, socialmente comprometido, no pueda tener 250 millones de euros en 150 cuentas, un tercio en paraísos fiscales? Roures lo tiene todo, los millones y las cuentas, sin dejar de creer en los principios de Marx y Engels: “Mantengo los ideales marxistas con los que empecé”, confesó el fundador de Mediapro a su empleado Andreu Buenafuente hace unos años.

Es la magia de la televisión. Una fábrica de sueños… y de millones.

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Roures es un empresario moderno, es decir, millonario y de izquierdas. Un emprendedor que se dedica a la televisión y sus vericuetos: especular con los derechos de los partidos de fútbol es, por ejemplo, un vericueto muy rentable. La tele es un mundo amplio que abarca muchos mundos, desde el deporte al cine pasando por la información (el poder), las apuestas, los ventrílocuos, la ficción, el corazón, los videntes homeópatas o los cocineros dicharacheros, por poner algunos ejemplos. Por eso, por el enorme abanico de posibilidades mediático-empresariales, la tele está llena de millonarios de izquierdas. Es un medio de comunicación cool, que te permite forrarte sin necesidad de traficar con drogas o armas, negocios con los que mancharías tu prestigio y traicionarías tus ideales. ¿Quieres ser rico y progresista? Pon en antena una tertulia de izquierdas, un programa solidario o un telediario comprometido. Apuesta por la telebasura. Maneja el poder que te da la información. Sin complejos, coño, ¡que tienes una tele! Y ya sabes que la televisión es un reflejo del resto del mundo, y el resto del mundo es dinero e ideología. Los dos motores de la humanidad. De esta humanidad.

Una vez dicho esto… Resultan cuando menos curiosos los procesos de edición de El País, diario al menos tan progresista como Jaume Roures. El diario de Prisa abrió su web el pasado domingo con esta información sobre su enemigo número uno, titulando de la siguiente manera: “Roures posee 250 millones en 150 cuentas, un tercio en paraísos fiscales”. Sin embargo, en el periódico de papel de esa misma jornada eliminaban la foto del empresario y titulaban de manera mucho menos agresiva: “Los derechos del fútbol se enfrentan a un cambio decisivo”. Asuntos que escapan al vulgar consumidor de información, puesto que atañen a los grandes empresarios de la comunicación de izquierdas. La vieja guerra del fútbol. Es decir, la pasta.

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P.D.

Sin palabras (Firma del nuevo subsidio para parados de larga duración).

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De arponeros, peceras, chanquetes y homosexuales colgados de grúas

En la tertulia política de la noche de los sábados de Telecinco (Mediaset) una señora del Partido Popular asegura que Podemos está financiado por un régimen político que cuelga a los homosexuales de grúas. En la tertulia política de la noche de los sábados de La Sexta (Atresmedia) un periodista de El Mundo afirma que Podemos está financiado por un régimen político que cuelga a los homosexuales de grúas. Cuando la política y el periodismo recorren vidas paralelas es que algo está fallando. Y pasa lo que pasa: que Podemos asusta. Y que Pedro J se alborota. Y como arponero ingenuo que es, muerde sin querer la mano del nuevo cuidador de esa piscifactoria de truchas en que se ha convertido El Mundo: “¡Ah! y en relación a eso que dices de que no te gustaría que dentro de diez años la gente identificara a EL MUNDO como «el periódico de Casimiro», chico, nunca se sabe qué puede caernos del cielo, pero yo que tú tampoco me preocuparía demasiado. Francamente, ese peligro no lo veo”.

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Dicen que honra a El Mundo publicar el ataque de Pedro J a su sucesor, Casimiro García-Abadillo. No es para tanto. Si una vez recibida no hubiesen publicado esa carta empapada en bilis, en diez minutos hubiese estado circulando por medios y redes con un pósit pegado: “¡Extra, extra! El Mundo censura a Pedro J”. Podría parecer esta una historia de peces y hombres, de arponeros y chanquetes. Pero como sucede en demasiadas ocasiones solo es cuestión de pasta. La editora de El Mundo reclama a Pedro J 100.000 euros “como penalización por haber refutado un editorial”.

En el diario progresista El País también tienen telarañas, en la caja y en la dirección. “Podemos supera a PP y PSOE impulsado por la ira ciudadana”, titularon en principio, para más tarde suavizar el concepto convirtiendo el violento enfado en simple incomodidad o molestia: “Podemos supera a PP y PSOE impulsado por el malestar ciudadano”. Lo que no han moderado es el tono del editorial: “Todo esto no justifica dejar a la sociedad en manos de Pablo Iglesias y de Podemos, es decir, de un grupo de diagnóstico catastrofista y voluntad descalificadora, que niega ser de izquierdas ni de derechas para ocultar lo que en realidad es: simple y vulgar populismo como el que, con otras apariencias ideológicas, aparece en diversas partes de Europa”.

La irrupción de Podemos como alternativa de Gobierno, puesto que según un sondeo de Metroscopia supera tanto a PP como a PSOE en intención de voto, desnuda tanto a la clase política como a la clase periodística. El País piensa, tal y como titula su editorial, que se trata de “un seísmo”, pero lo cierto es que solo es un soplo de aire fresco. Un viento despejado y limpio que arrastra el hedor que han dejado en este país políticos corruptos y periodistas mercenarios.

¿Gobernará Podemos? A la hora de votar, olvide usted Gürtel, los sobres, la sede de Génova remozada con dinero negro, los programas incumplidos, los ERE andaluces, el paro y el deterioro de lo público, las tarjetas black, el hambre infantil y la Operación Púnica. Pero no se le ocurra olvidar que los del coletas están financiados por un régimen político que cuelga a los homosexuales de grúas.

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Un motivo para NO ver la televisión

Una curiosidad insaciable.

Autor: Richard Dawkins.

Editorial: Tusquets.

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Richard Dawkins es mucho más que el autor de “El gen egoísta”, uno de esos libros legendarios en el mundo de la divulgación científica. Dawkins es un etólogo, zoólogo, teórico evolutivo y divulgador científico británico, fundamental por su manera de contar las cosas: su misión, como el mismo ha reconocido, es “apoyar la educación científica, el pensamiento crítico y el entendimiento del mundo natural basado en la evidencia con el fin de superar a la superstición, la intolerancia, el fanatismo religioso y el sufrimiento humano”. Dawkins es un genio, de la ciencia y de la comunicación, y estas son las memorias de sus años de formación en África y Oxford, y de trabajo en Berkeley.

Dawkins se remonta a sus días de estudiante y los analiza desde la perspectiva de la contradicción, aparente, que nos hace creer que el niño y el adulto son la misma persona. “El niño es el padre del hombre”, dice. Y recuerda con sorprendente detalle sus años de estudiante, los centros en que se formó, sus compañeros y profesores. A estos últimos dedica algunos párrafos realmente emocionantes: les considera la base de su formación, de su vida profesional.

“Una curiosidad insaciable” se puede leer como lo que es, la primera parte de la biografía de un gran científico (anuncia la segunda parte para dentro de dos años). Pero también como manual de educación para padres preocupados por sus hijos: “Una vez más, esa penosa ausencia de pensamiento crítico. ¿No se debería instruir a los niños en el pensamiento crítico y la actitud escéptica desde una edad temprana? ¿No se debería enseñarles a dudar, a sopesar la plausibilidad de una afirmación, a demandar evidencias?”.

El autor demuestra poseer una memoria prodigiosa: el libro está repleto de nombres, de lugares y de anécdotas, alguna tan divertida como la protagonizada por Daniel S Lehrman y Konrad Lorenz. Dawkins recuerda, y cuenta con detalle, incluso el momento en que perdió la virginidad “a la edad bastante avanzada de veintidós años, con una dulce violonchelista…”. Pero lo importante es su aprendizaje en África, sus estudios en Oxford, unos maestros notables a los que adora, como demuestra en el mensaje póstumo que dedicó al zoólogo Mike Culle, “probablemente el mentor más importante en mi vida”.

Un momento especialmente interesante es en el que decide “continuar con su plan”, esa retórica de genes “egoístas” habitando una sucesión de cuerpos mortales desechables en la incesante marcha de los genes hacia el futuro, “que podría decirse fue el momento de la concepción de El gen egoista”.

Una biografía ágil y apasionada, un libro de aventuras a fin de cuentas, con las correrías de un hombre inteligente, generoso y modesto (“no soy buen observador”; “Me falta paciencia”; “No tengo conocimiento de ningún grupo animal o vegetal”) que ha estudiado el planeta y sus habitantes. Y lo ha contado de maravilla.