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Fósiles

Leo en la portada del prestigioso diario El Mundo: “Paleontología. El mayor pajarraco volador de todos los tiempos”. Tras el titular, todo un espectáculo ornitológico, detalles de la noticia en forma de entradilla: “Con más de seis metros de envergadura, un ave gigantesca descubierta en EEUU que vivió hace 25 millones de años fue la criatura más grande capaz de volar”. Es decir, que el “pajarraco” en cuestión fue “la criatura más grande capaz de volar”. ¿Y qué me dicen, por ponerle un ejemplo, del terodáctilo que se encontró hace seis años en Rumanía, cuya envergadura alcanzaba los 16 metros? Era un reptil, bien es cierto, y no un pajarraco. Pero si hablamos de “criaturas” voladoras, los reptiles, los terodáctilos, lo son…

Le cuento toda esta historia de lagartos gigantes, pajarracos voladores y periódicos decadentes porque quiero transmitirles mi preocupación por el delicado momento que atraviesa, también, el periodismo científico. Cuando trabajé en El País creamos la sección Vida Verde, pionera en información medioambiental. Recuerdo de mi paso por El Mundo su excelente suplemento de naturaleza y ciencia. Y añoro a todos los compañeros que en ambos medios se dedicaban a estos temas, y han ido abandonando esos periódicos de manera forzada: en estos momentos la ciencia, la naturaleza y el medio ambiente solo interesan para hacer especiales a la carta patrocinados por empresas eléctricas y petroleras que quieren blanquear su apestosa imagen. Una pena. El futuro de esta información no está en los periódicos, sino en nuevos medios independientes como la revista Ballena Blanca o la web de noticias Materia. Apostemos por ellos.

Y hablando de fósiles, no me gustaría acabar el post de hoy sin mencionar a Bertín Osborne. La pareja teatral del humorista Arévalo, ya sabe, el de los chistes de gangosos y mariquitas, resulta que ama Venezuela. Y por tanto, odia a Pablo Iglesias. Este choque de pasiones ha servido a una televisión, que solo podía ser Telecinco, para montar un show patético en el programa “Hable con ellas”. Osborne y una de las presentadoras, la indocumentada Beatriz Montañez, discutieron acaloradamente sobre democracias bolivarianas y hombres con coleta, y se apostaron mil euros. Palmó una Montañéz que incluso tuvo que explicar, pobre, que se equivocó pronunciando la palabra “transgiversar” por una “dislexia fonológica que tengo diagnosticada”.

Un cantante de rancheras fosilizado y una presentadora con dislexia fonológica han protagonizado el momento supremo, en cuanto a audiencia y repercusión mediática, de la tertulia política de los últimos días. Este es el nivel intelectual que ofrece la televisión, así de potentes son los creadores de opinión en este país.

 

 

 

 

 

La fábrica de imbéciles

Dicen que el engranaje industrial español no funciona. Que será difícil salir de la crisis porque nuestras fábricas no están a la altura de los tiempos, no son competitivas. Anticuadas, poco eficaces, improductivas, desfasadas… No todas. La fábrica de imbéciles sigue funcionando a toda mecha: los españoles consumen 244 minutos de televisión al día. Eso dicen los datos recogidos por Kantar Media, la empresa que mide las audiencias.

Cuatro horas de televisión diaria hubiesen acabado con la actividad neuronal de Albert Einstein. Es muy posible, por tanto, que este abuso de escoria audiovisual sea el responsable del adormecimiento de la sociedad española, absolutamente anestesiada ante el saqueo económico, moral e intelectual a que está siendo sometida. Nos están robando lo público, nos mienten y engañan, nos sodomizan (políticamente hablando)… ¿Y nosotros qué hacemos? Ver la televisión como yonquis terminales.

La televisión es una fábrica de imbéciles, insisto. Y de miserables. El diario El País del pasado martes dedicaba su página Pantallas a Ana Rosa Quintana. Una entrevista a la reina de la cochambre en la que la escritora de pega quedaba como una reina (sin imputar): “Nunca emitiría una entrevista con Ricart”, titulaban a cuatro columnas. Tremendo arrebato de dignidad de Ana Rosa, la misma mujer que solo unos días antes tuvo que declarar en el Juzgado de Instrucción número 43 de Plaza de Castilla por haber emitido en su programa una entrevista a Isabel García, una mujer que sufre esquizofrenia y retraso mental, y que en esas condiciones señaló a su marido Santiago del Valle como culpable del asesinato de Mari Luz Cortés.

¿Por qué se presta un diario supuestamente serio como El País a realizar una promo entrevista a Ana Rosa Quintana, la reina de la telecochambre? Pues muy fácil: la batalla entre Ana Rosa (Telecinco) y Susanna Griso (Antena 3) por liderar las mañanas es muy dura en esta televisión nuestra, un duopolio fraticida. Y El País apuesta por Ana Rosa, que a fin de cuentas es de la familia. Wikipedia: “El 18 de diciembre de 2009, las cadenas de televisión españolas Telecinco y Cuatro llegaron a un acuerdo de fusión por el que la Sogecuatro (subsidiaria de Sogecable) se integró en Gestevisióm Telecinco a cambio de un 18,3% del capital de Mediaset España Comunicación, nombre de la empresa resultante”.

La fábrica de imbéciles está perfectamente engrasada. Es una máquina magnífica, implacable, letal, de destrucción masiva. Es tan demoledora como para que sus tentáculos se extiendan a otros medios de comunicación. La tele mancha, envenena y contamina todo aquello cuanto toca. Tenga mucho cuidado, no acabe convirtiéndose en uno de esos que consume cuatro horas de basura tóxica al día. Si lo hace, acabará creyendo a Ana Rosa y confiando en El País. Apague la tele, tenga criterio.

Un motivo para NO ver la televisión

Jota Erre

Autor: William Gaddis.

Editorial: Sexto Piso.

¿Se considera usted un buen lector? Quiero decir un lector serio, maduro, constante, concienzudo, meticuloso, curioso, paciente. Un lector no de premios Planeta, por favor, sino de auténtica literatura. Un lector de clásicos, de largo recorrido, de tochos. Uno de esos lectores que, en lugar de arrugarse ante un volumen de 1133 páginas, se crece y se sumerge en ese océano de lectura con los pulmones repletos de aire fresco. ¿Es usted, insisto, un lector de los buenos? ¿Sí? ¿Seguro? Pues ahora tiene ocasión de demostrarlo.

Esta es la historia de un niño, Jota Erre Vansant, con un don especial para hacer dinero. Con poca salud y sin escrúpulos, y con un teléfono como principal instrumento, el protagonista de nuestro libro ve la vida como una inmensa mina de oro. Detrás de cada persona, de cada objeto y de cada gesto se esconde un posible negocio, un paquete de acciones, un camino hacia la riqueza. Nace la Jota Erre Corporation. Alrededor de esta idea Gaddis teje una telaraña de situaciones y de personajes realmente fascinante, que refleja de manera fiel a un sector de la sociedad norteamericana de la época. El poder, el dinero, la ambición… y lo absurdo de todo ello.

“Jota Erre” es un libro que echa un pulso al lector desde las primeras páginas. Construida con diálogos, esta novela de ida y vuelta contiene momentos memorables junto a otros francamente desazonadores: es fácil perderse, a veces es necesario retroceder, no es posible despistarse ni un segundo, ni media página, ni un solo párrafo. “Jota Erre” es un tsunami de excelente literatura crítica, irónica y satírica, capaz de arrollar al lector desprevenido y dejarle hecho unos zorros. Los supervivientes saldrán reforzados para el resto de sus vidas: este libro ofrece una demoledora descripción de la avaricia, el poder del dinero y los depredadores que se mueven por el mundo dispuestos a hacer cualquier cosa para ganar. Publicado en 1975, “Jota Erre” es una obra de absoluta actualidad que nos recuerda el atroz neoliberalismo actual.

El esfuerzo merece la pena.

Periodismo ventoso

“Era 1968. Sartre aparecía en las portadas de todos los periódicos, el Saturday Review se preguntaba: “¿Sobreviviremos al nihilismo?” y Life había fotografiado a Jack Gelber sobre un iceberg a la deriva”.                         T. Coraghessan Boyle en su libro “El fin del mundo”.

En 2013 quien aparece en las portadas de los periódicos no es un pensador, sino un futbolista, Bale

 

 

En 2013 las corrientes filosóficas no le importan a nadie. Y nadie se pregunta nada. La Razón, lejos de dudar de algo, afirma de manera contundente: “La remontada de Rajoy”

 

 

En 2013 pensadores, escritores, filósofos e intelectuales son unos pelagatos. El ciudadano compra los periódicos para informarse de las bondades del Gobierno. Por eso y no por otra cosa ABC homenajea a la vicepresidenta Soraya Sáez de Santamaría “rejuvenecida” a su regreso de las vacaciones…

 

En 2013 El País despide a Jesús de La Serna, un periodista cabal, educado, riguroso, un hombre tranquilo, con una foto en la que el fallecido cede protagonismo a quienes le rodean. “El periodista humilde”, reconoce Estefanía en un emotivo perfíl.Por cierto, no se pierda el flequillo de Javier Moreno, actual director del diario estrella de Prisa, a medio camino entre el Tom Wolf de “La izquierda exquisita” y el José Oneto de las tertulias de Hermida.

 

 

El periodismo vive momentos dramáticos. Tanto a nivel moral y profesional como laboral. Afortunadamente los diarios más prestigiosos tienen planes para el futuro: “Nuestro Máster te permite pasar de ser un simple licenciado a periodista”, promete ABC. “Los alumnos de la Escuela salen preparados para una redacción”, asegura un diario, El País, que va aún más lejos: “El nuevo plan supone realizar el máster en la Escuela de octubre a julio, y comenzar los 12 meses de prácticas remuneradas en algún medio de Prisa inmediatamente después”. ¿Pagar para conseguir “inmediatamente después” unas prácticas remuneradas? Tiene buena pinta, pese a recordar a la “simulación en diferido” de Cospedal. Es evidente que el periodismo está en buenas manos…

Pagar un master, ser utilizado como becario en una redacción que acaba de despedir a decenas de profesionales, recibir una paga miserable mientras tus jefes mantienen los sueldos de las vacas gordas, escribir reportajes promocionales, aliñar textos recortando y pegado, luchar contra la autocensura… ¿Para qué? Pues para algún día llegar a ser un periodista veterano, y poder ganarte la vida de la mejor forma posible en la actualidad: como opinador en las tertulias de televisión.

“Estoy hasta la coronilla, ya no puedo más, de que cada pedo que se tire el señor Bárcenas nos pasemos por tierra, mar y aire, en sesiones de mañana, tarde y noche, analizando los olores”, ladra Antonio Pérez Henares en “Al rojo vivo”, el debate político de las mañanas de La Sexta. Cabreado como una mona, en una interpretación teatral que ya quisieran para sí los alumnos del Actors Studio, el tal Pérez Henares continuó con su vocinglera teoría sobre el exceso de información sobre Bárcenas y sus ventosidades. Un ejercicio periodístico lamentable, más por torticero, mamporrero y gubernamental que por escatológico. No era el discurso de un periodista independiente, era el panfleto de un empleado de Rajoy. Periodismo ventoso.

P.D.

¿Recuerda la portada de La Razón? Sí hombre, aquella de “La remontada de Rajoy”. ¿Y las apasionadas defensas que su director, Marhuenda, hace del Gobieno en los debates de la tele? Pues como todo en la vida tienen una explicación: La Razón y La Gaceta, los dos periódicos menos leídos, recibieron entre 18 y 27 veces más publicidad de Sanidad que El País, el más leído.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Robbie Fulks

Cd: Gone Away Backward.

Robbie Fulks es uno de los grandes secretos del country norteamericano. Cantautor de enorme talento afincado en Chicago, Fulks no acostumbra a realizar concesiones comerciales. Quizá por eso haya grabando discos excelentes que han pasado desapercibidos, y que le han convertido en una de esas leyendas de serie B que disfrutan de gran prestigio pero se las ven canutas para llegar a fin de mes. Diez discos después de su álbum de debut, editado allá por 1996, vuelve con este “Gone Away Backward”. Y lo hace a lo grande: regresando a  Bloodshot, su primer y prestigioso sello discográfico.

“Gone Away Backward” es un disco de country folk grabado por un magnífico contador de historias. Las canciones están repletas de personajes, de aventuras, de derrota y esperanza. Fulks no sabe escribir letras huecas. Apuesta por el contenido, y por una instrumentación sencilla, en ocasiones minimalista, que respeta profundamente las raíces. Una especie de Mark Twain con guitarra acústica.

A todo se acostumbra uno

¿Recuerda usted los buenos tiempos de Lionel Messi? Sí, allá por 2010, cuando metió ocho goles en una sola semana, dos tripletes incluidos. Autor de todos los tantos de su equipo en el 4-1 al Arsenal en partido de Champion, el argentino parecía imparable. Se movía por la cancha liviano como una bailarina, discreto, entre líneas, y golpeaba con la contundencia y la precisión de un peso pesado. Verle jugar era un placer infinito. Se dijo que era mejor que Maradona, que definía mejor que Ronaldo (el gordo), que era más decisivo que Pelé. Acabó la Liga con 34 goles, fue jugador del año, Pichichi, Bota de Oro…Pero a todo se hace uno: con el tiempo, sus slaloms interminables, sus toques sutiles y precisos, sus pases imposibles y sus goles estratosféricos comenzaron a parecernos algo asiduo, repetitivo, casi vulgar y anodino. De tan habitual, lo espectacular comenzó a dejarnos indiferentes. Consideramos su talento algo normal. Nos acostumbramos a lo que debería ser excepción.

Algo así está pasando con la corrupción. Galáctica sin duda, pero tan habitual y repetitiva como para resultar rutinaria, monótona y hasta aburrida. Y es que en la misma página de El País del lunes, la 12, se podían leer tres noticias diferentes pero absolutamente iguales: “Ruz imputa por estafa procesal a Bárcenas y su mujer por la mentira de los cuadros”, “Floriano admite que se alquiló el piso donde vive Pons para usos del partido” y “El PP respalda que García-Escudero no declarara un préstamo que le concedió”.

A todo se acostumbra uno, dicen en mi pueblo. Nosotros nos estamos acostumbrando a vivir con la corrupción. Una pena: es admitir que la sociedad está muerta, que la democracia no existe, que no hay futuro. Y cuidado porque el delincuente también se acostumbra a la impunidad. Un día de la pasada semana, creo recordar que fue el miércoles, el diario El País incluía trece páginas, trece, dedicadas a temas relacionados con la corrupción. Y ese día lectores y ciudadanos no nos reunimos en las sedes de los partidos, y en las centrales de los bancos, para pegarles fuego. Estamos acabados, doblegados por la desidia de la putrefacción diaria, constante, tenaz, inmisericorde.

El Roto, como siempre y para no salir de El País, resumió la situación con cuatro trazos perfectos…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Como amigo.

Autor: Forrest Gander.

Editorial: Sexto Piso.

Gander nació en el desierto de Mojave, creció en Virginia y es profesor en la Universidad de Brown. Muy bien podría ser ornitólogo: los pájaros sobrevuelan por las páginas de este “Como amigo”, un libro inquietante que escarba en las entrañas de un puñado de perdedores sureños.

Todo comienza con la descripción, larga y detallada, por momentos dolorosa y excesiva, de un parto complicado. Los primeros supervivientes. Y un macho alfa, Les, que vive acorde a sus propias leyes. Tiene una mujer, una amante fija, un sinfín de amantes ocasionales, y un amigo que quiere ocupar su lugar al frente de la manada.

De esa amalgama de amor, derrota, envidia, celos e insatisfacción están fabricadas estas páginas. En algunas ocasiones siguen el ritmo de una novela. En otras son simples ideas, reunidas como un rosario de pensamientos o frases. “Está levantando el final de las frases al cantar. No es un zorzalito rojizo. Apostaría la vida a que es un tordo de mejillas grises, pero no se dejará ver” (página 89). “Llevo dentro el insoportable peso de las últimas palabras que te dije” (página 119).

Hiriente y resultón como un tatuaje, “Como amigo” es una tragedia rural, una canción country escrita por Leonard Cohen, una hermosa manera de ver las relaciones entre seres deshechos, el rastro de una serpiente de cascabel.