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Viajando con Chesterton

Escucho a Risto Mejide, ese malencarado engendro televisivo, hablar de “Chester” y, por esas cosas insondables del cerebro humano, imagino qué pensaría Chesterton de semejante mamarracho. El escritor y periodista británico creía que “la humildad es una virtud tan práctica, que los hombres se figuran que debe ser un vicio”. Pero no, cuando el tal Mejide habla de Chester no habla de Chesterton…

Chester 1

Chester es, lector ignorante, la abreviatura de  Chesterfield. Un sofá que, según la London Gallery, se ha convertido en “símbolo indiscutible y emblemático del Estilo Clásico Inglés. Tradicionalmente en piel, pero también en sus versiones en tela, este icono inconfundible de la tapicería de calidad siempre está de moda”. Es decir, que Chester es calidad, exclusividad, elegancia, estilo, clase…

“Viajando con Chester” es el nuevo programa de Cuatro para la noche de los domingos. Un espacio diferente diseñado para robar audiencia a un Jordi Évole que reina con su periodismo alternativo. Un programa de entrevistas conducido por un tipo soberbio, quién sabe si por necesidades televisivas, que tiene un gran concepto de sí mismo: “verán y escucharán grandes conversaciones”, dice Mejide. Chesterton le hubiese recordado que “el fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso”.

No encuentro una sola pregunta realmente inteligente, una sola respuesta francamente valiosa, en la entrevista con el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero con que se inaugura el programa. Destacaría, como no puede ser de otra manera, a un Mejide que busca sobre todas las cosas convertirse en protagonista. Tiene que ser más brillante que su invitado, más rápido, más listo, y para ello no duda en mostrarse agresivo con el socialista: “¿Cómo prefieres que te llame: Presi, José Luis, Bambi…“, “Cuando llegaste al poder nos traicionaste”. Puro marketing periodístico. Y es que el tal Mejide es un publicista que se viste de entrevistador. El programa ha sido producido por La Fábrica de la Tele, la misma empresa que puso en marcha “Sálvame” o “La Noria”. Chesterton nos dijo que “a algunos hombres los disfraces no los disfrazan, sino los revelan. Cada uno se disfraza de aquello que es por dentro”.

Route de Monument Valley

La fotografía promocional define a la perfección el gran problema de “Viajando con Chester”: Mejide quiere ser el protagonista. Siempre. Por partida doble, triple, cuádruple… Los invitados son una excusa para que el telespectador disfrute de su acidez, de su ironía, de sus comentarios despiadados. Los invitados son comparsas necesarias en un programa que en realidad se debería llamar “Viajando con Risto”. La escena final de la segunda entrevista, con Jorge Lorenzo, es un buen ejemplo: pretende convertir un error del presentador, que se confunde con el número de títulos mundiales del piloto, en un cierre brillante. Tan fascinante como el protagonista de la entrevista de la próxima semana, el ex presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla.

Jordi Évole tiene un rival, dicen. Un rival que no le llega ni a la suela de los zapatos. Porque, recuperando por última vez a Chesterton, “divertido no es lo contrario de serio. Divertido es lo contrario de aburrido, y de nada más”. Fin de las citas.

Un motivo para NO ver la televisión

Leo Welch

Cd: Sabougla Voices.

Leo

Leo Welch es uno de esos músicos brutales, pero totalmente desconocidos, que se esconden en los recodos del más profundo, oscuro y pantanoso Mississippi. Nació en Sablouga, junto a las montañas, y trabajó durante 30 años en los campamentos madereros, al aire libre, tocando la guitarra en garitos con un estilo urgente, violento, en ocasiones salvaje.

Como RL Burnside o Junior Kimbrough, Leo Welch jamás sonará en los 40 Principales, nunca podremos verle en la MTV. Y eso que poco a poco fue suavizando su sonido, seguramente por actuar en iglesias. Se acercó al góspel, pero lo cierto es que su disco suena como si estuviese tocando al frente de una banda de garaje. Blues montaraz, salvaje, inclasificable.

 

Un mundo de derechas

Antena 3 y Telecinco son las dos cadenas con más audiencia de este país. Sus informativos son claramente conservadores. Ambas cadenas pertenecen a dos grupos empresariales, Atresmedia y Mediaset, propietarios de las cadenas que ocupan el tercer y el cuarto lugar en el ranking de audiencia e influencia televisiva: La Sexta y Cuatro. Los informativos de estas dos últimas televisiones se proclaman progresistas.

Todo está en un par de manos. Toda la política, como es bien sabido, y también toda la televisión. Toda la información en televisión. En estas condiciones, cuando no existen alternativas reales, la democracia es una utopía. Porque la realidad es que todo es de derechas. Incluso lo que parece de izquierdas, como el PSOE, Cuatro o La Sexta.

Para hacernos una idea de cuán progresista puede ser la televisión en España debemos imaginar un programa en La Sexta con Juan Carlos Rodríguez Ibarra o José Bono como invitados y Francisco Marhuenda o Alfonso Rojo como tertulianos. Este es el nivel intelectual, el grado de reformismo y crítica, que ha alcanzado la televisión en España.

El roto

Las grandes empresas de televisión dicen no ser de derechas ni de izquierdas. Es mentira. Son de derechas, del color del dinero, pero no pueden dejar escapar los ingresos que le proporciona el público de una izquierda desinflada y completamente acomodada en el sistema actual. Atresmedia y Mediaset, propietarias de la televisión en España, tocan todos los palos, derechas e izquierdas, porque de todos estos palos se pueden sacar una perrillas.

Le cuento todo esto porque estoy cansado de las entrevistas de Mariano Rajoy en televisión. El presidente del Gobierno que se niega a hablar, salvo por obligación, ha considerado que Antena 3 es el lugar ideal para dirigirse a los españoles. La noche del lunes, en el mejor prime time, como telonero de la despedida de “El tiempo entre costuras”. Elige hablar en la cadena del empresario José Manuel Lara antes que, por ejemplo, en ruedas de prensa, respondiendo a los periodistas que se supone representan a los ciudadanos. Y es que donde esté una buena empresa privada, que se quiten los medios de comunicación públicos. Solo así puede entenderse que hayan hundido un programa legendario, como “Informe semanal” (La 1, TVE), arrastrándolo a los peores registros de audiencia de su historia: 3,1% y apenas 531.000 espectadores.

Rajoy elige a Lara. Y lo hace porque el Presidente del Gobierno quiere jugar en casa. No trabaja para todos los españoles, sino para unos pocos. Los elegidos. Quién sabe si mil, cien o tan solo veinte. Porque, para nuestra verguenza, las veinte personas más ricas en España poseen una fortuna similar a los ingresos del veinte por ciento de la población más pobre.

P.D.

Si realmente le interesa el contenido del simulacro de entrevista que hizo Gloria Lomana, directora de informativos de Antena 3, ayer noche a Mariano Rajoy, puede leer el post de mi blog en Cuarto Poder.

Mariano

Un motivo para NO ver la televisión

Lydia Loveless

Cd: Somewhere Else.

Lydia

Tiene solo 22 años, pero acumula mucha furia y toneladas de talento. Es pura energía. Podría ser la hija musical de Lucinda Williams, la heredera del trono de la gran cantante norteamericana de rock con raíces. La nieta de Patsy Cline o Loretta Lynn. Comenzó con un sonido cercano al bluegrass, pero de inmediato se inclinó por un rock and roll que compagina con sonidos vaqueros, puro honky tonk para el siglo XXI. El resultado es una colección de canciones musculosas que enganchan en sus intensos directos, pero que también funcionan de maravilla en disco.

“Somewhere Else” es el tercer álbum de Lydia Loveless, tras tres años de silencio discográfico, y lo mejor que se puede decir de él es que está a la altura de los dos anteriores. La cantante de Coschocton, Ohio, es dueña de una discografía modélica, con tres discos formidables que devuelven la confianza en el rock and roll con olor a estiércol. Y una curiosidad: si su anterior disco incluía “Steve Earle”, un homenaje al genio de Fort Monroe (Virginia), en éste, la tercera canción se llama “Chris Isaak”.

Perro no come perro

Estos días se ha producido una noticia de esas que te reconcilian con la televisión y también, por qué no decirlo, con el ser humano. Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset y máximo ideólogo de esa fábrica de entretenimiento de calidad que es Telecinco, ha anunciaco a bombo y platillo que ha hecho las paces con Globomedia, la fábrica de éxitos de la ficción española. Redoblan las campanas, estallan los fuegos artificiales y la fábrica de confeti que suministra a Ana Mato se ha visto obligada a interrumpir el resto de pedidos para poder atender a estos dos nuevos clientes. Desde el pacto de Estado entre Rajoy y Rubalcaba el ciudadano no tenía tantos motivos para la esperanza.

Lejos quedan ya los días de furia y crispación. Aquellas jornadas negras en las que los programas “divertidos” de la productora llamaban borracho a Jorge Javier Vázquez, la estrella de Telecinco. Días broncos, en los que desde Globomedia pirateaban las imágenes más chuscas de Telecinco para hacer programas donde se burlaban de la telebasura.  “Han querido destruirme a nivel personal”, llegó a decir Vasile. La guerra alcanzó su máxima intensidad cuando el bueno de Jorge Javier, quién sabe si en plena resaca, arremetió contra sus entonces enemigos desde La Noria: “Me pillaron una vez borracho, pero yo trabajo en una productora en la que nunca los jefes proporcionan cocaína a los trabajadores para que trabajen mejor cuando están cansados, trabajo en una productora en la que cuando llega una fiesta los trabajadores no aportan su dinero para comprar de la mejor cocaína, y trabajo en una productora cuyos jefes pueden decir que nunca por los efectos de la cocaína y de la borrachera han intentado abusar sexualmente de una compañera. Y ahora lo ponéis”.
¿Saben qué les digo? Pues que pelillos a la mar. “No soy rencoroso: es el mejor creador europeo de ficción”, ha dicho Paolo Vasile, consejero delegado de Telecinco, de Daniel Écija, productor de Globomedia. “Es una grandísima responsabilidad trabajar con Telecinco, la cadena líder de nuestro país”, ha dicho Écija de Telecinco. Todas aquellas miserias han sido felizmente superadas: ya están trabajando codo con codo en una serie conjunta.  Las dos empresas han comprendido que están unidas por el más poderoso de los sentimientos: el amor a la buena televisión.
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Están en el mismo barco y, por fin, reman en la misma dirección, en la única dirección: aquella que señaló Zapatero con su reforma audiovisual en nombre de la pluralidad. Telecinco y Cuatro (Mediaset), Antena 3 y La Sexta (Atresmedia). Cuatro cadenas, dos empresas, dos dueños (Lara y Berlusconi) y una meta común: ganar dinero a espuertas. Los mismos perros, con diferente collares. Y bien sabido es que perro no come perro… Puede soltarle un ñasco, pero nada más.
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Son hermanos de sangre. ¿Imaginan ustedes cuánta televisión de primer nivel nos puede proporcionar este reencuentro, cuánto entretenimiento de calidad nos espera? ¿Es consciente del enorme nivel de pluralidad audiovisual que estamos alcanzando? Descorche el cava, amigo, la ocasión lo merece.

 

Un príncipe para Corina

La sensación televisiva del momento es un programa que emite Cuatro y se llama “Un príncipe para Corina”. El pasado lunes se pudo ver “el striptease del Capitán América”, acontecimiento con el que logró batir su record de audiencia con un 9,3% de cuota, convirtiéndose en la segunda opción del prime time, solo superado por la serie “Águila Roja” (TVE). Manuel Villanueva, director de contenidos de Mediaset España y uno de los cerebros de nuestra actual televisión, comprendió rápidamente que estaba ante un espacio destinado a la gloria: “Supe que esto era la versión tróspida de un cuento”.

Tróspida. No es un insulto del capitán Haddock en una de sus peores resacas. Es la palabra de moda en tv. Si en los últimos meses usted ha construido más de cuatro frases seguidas hablando de televisión sin utilizar la palabra “tróspida” es que es un aburrido, un patán y un fracasado. No es cool, y no tiene el más mínimo talento. ¿Que qué significa “tróspida”? Pues tróspida significa que el programa en cuestión es una mierda, pero como soy tan brillante utilizando palabros resulto chispeante.

Dicen que “Un príncipe para  Corina” es un reality-dating, pero yo juraría que es la telebasura de toda la vida. Tróspida telebasura, si así lo quiere el señor Villanueva, pero telebasura. Y de la peor calidad. Y del tamaño de los excrementos de un dromedario. De esa telebasura reciclada de otras telebasuras. Porque “Un príncipe para  Corina” es una versión, o una adaptación, como usted prefiera, de esperpentos del calibre de “Granjero busca esposa” o “¿Quiere usted casarse con mi hijo?”. En este caso un puñado de hombres, 24, de diferentes calañas y con innumerables defectos de fábrica, deben conquistar a la clásica rubia guapa: Corina Randazzo Lagamma, malagueña de 21 años. Imaginen el resto…

Un programa inconcebible al revés, es decir, con un hombre guapo, Corino, al que tendrían que conquistar un grupo de mujeres gruesas, torpes o freaks. Se acusaría inmediatamente a la cadena de machismo. No sucede eso con “Corina”, donde los hombres denigrados son considerados “participantes”.

Lo dicho. Telebasura. Un éxito de audiencia, pero también un serio aspirante al título de peor programa de la historia de la televisión.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La vida simple.

Autor: Sylvain Tesson.

Editorial: Alfaguara.

El diario El País dedicó hace unos días más de media página a entrevistar a Sylvain Tesson, autor de “La vida simple”, libro del que hablaban maravillas. Esto no quiere decir gran cosa, puesto que se trata de un título publicado por una editorial que pertenece al grupo del periódico. Publicidad vendida como información. Pero recurro a ese texto porque destaca una frase que define en buena medida la obra de este escritor francés: “Abandonar la sociedad siempre es mejor que tratar de destruirla”.

Creo que la frase es sonora, un buen titular, pero que está llena de trampas. Hay muchas opciones entre abandonar y destruir. En cualquier caso, no es esa frase lo que me interesa, sino la afición de Tesson por las sentencias. Eso es “La vida simple”: una buena idea rodeada de sentencias más o menos brillantes. La idea, por cierto, la tuvo Thoreau hace 168 años: abandonar la civilización y recluirse en una cabaña, en soledad y en contacto directo con la naturaleza. Tesson, como Thoreau, se busca a sí mismo.

La cabaña del francés está en la orilla del lago Baikal, en Siberia. Nuestro hombre abandona su ático en París y vive seis meses en un chamizo de nueve metros cuadrados. Dispone de una estufa (las temperaturas son heladoras), 80 libros de todos los génereos, alimentos, cañas de pescar y litros y litros y litros de vodka. En estas circunstancias, Tesson corta leña, da grandes paseos, escribe un diario (el libro que tenemos en la mano) y se emborracha. Algunas páginas son brillantes, otras pedantes, las más, interesantes: un viajero moderno se convierte en Robinson Crusoe de manera voluntaria, durante un periodo de tiempo controlado, y reflexiona sobre la vida que pasa. La famosa vida simple. Recomendable.