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Periodismo Twitter

Para entender el por qué del paupérrimo nivel del cara a cara celebrado el pasado lunes sólo había que esperar al final del mismo. Entonces, tras la despedida sumisa y balbuceante de Campo Vidal, comenzaron los debates en diferentes cadenas de televisión. ¡La gran mayoría de periodistas eran tan mediocres como Rajoy y Rubalcaba! Los presentadores, los analistas, los tertulianos… todos fueron cómplices de la pantomima que tuvo lugar en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, con sus soflamas partidistas, su servilismo desbordado, su ausencia de autocrítica, su pesebrismo nauseabundo. Dos descréditos, el de la política y el del periodismo, caminan de la mano.

La culpa es de los políticos, de acuerdo, pero también del periodismo. Concretamente, de la ausencia de periodismo. El debate ha servido de perfecto ejemplo para confirmar no sólo que la democracia está enferma, sino que los achaques del periodismo son gravísimos. A la vergüenza del cara a cara debemos añadir la espantosa imagen que dejan unos tertulianos que hace mucho dejaron de ser periodistas. Y de unos periodistas incapaces de solicitar más debates, de rebelarse ante los pactos de silencio, de exigir a los candidatos que asuman riesgos, que se enfrenten a las preguntas de unos profesionales independientes (¿).

Muchos tertulianos y periodistas forman parte, aunque no lo sepan, de las plantillas de los partidos políticos. Sólo desde esa dependencia moral, y económica, se puede entender la falta de criterio, la ausencia de independencia, la brutal tendenciosidad de que hicieron gala en cada aparición televisiva posterior al debate. Nos estamos acostumbrando a esta miseria, sin duda alimentada por unas cadenas que buscan la audiencia, no la información y el equilibrio.

Afortunadamente nos queda Twitter. Realizando una cuidada selección de firmas en la red social fue posible seguir el cara a cara de manera entretenida, imaginativa, divertida, creativa y, sobre todo, independiente. ¿Quién quiere escuchar las memeces del actual director de La Razón (nombrado en 1996 por Rajoy director de Gabinete del Ministerio de Administraciones Públicas) pudiendo disfrutar de los disparos de una selección de inteligentes tuiteros?

La política y el periodismo sin duda agonizan, pero a este último las nuevas tecnologías pueden darle una nueva oportunidad. “La prensa actual es miserable, pero puede tener una recuperación espoleada por la tecnología”, reconoce un Pedro J Ramírez que, además de director de El Mundo (su parte miserable), es el periodista tuitero más influyente de este pobre país.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Neal Casal.

Cd: Sweeten The Distance.

 

 

Nuevo trabajo, el décimo en la discografía en solitario del cantautor de New Jersey, guitarrista habitual de los Cardinals de Ryan Adams desde el año 2.000. Un disco que arranca al trote, con medios tiempos y guitarras acústicas envolviendo la voz californiana de Casal. Once canciones que nos hace recordar “Fade Away Diamond Time” y “Basement Dreams”, aquellos discos optimistas y llenos de frescura que nos sorprendieron en el 95 y 98, respectivamente. Los temas actuales le mantienen en la categoría “Americana”. Algunos bien podría firmarlos un Lou Reed campestre (“Need Shelter”), y otros Roger McGuinn (“The Gyrls Of Wynter”). Sólo en una canción, “How Quiet It Go” pisa ligeramente el acelerador. Pocos, muy pocos sobresaltos en el reencuentro con un Neal Casal tan inspirado como intimista.

La gasolinera

“Cómo le encanta la gasolina, dame más gasolina”. Daddy Yankee

En la vida hay situaciones casuales que marcan el carácter de las personas, y pueden llegar a condicionar el resto de sus vidas y sus actos. Una broma pesada en el colegio mayor, ese manoseo furtivo del cura a la bragueta del monaguillo, el amigo que te invita a vestirte con ropa de su madre… Detalles que pueden permanecer aletargados en un rincón de nuestro inconsciente durante años para, a la mínima oportunidad, hacer acto de presencia y ponernos patas arriba la cabeza. ¿Obsesiones? ¿Traumas? ¿Complejos? Puede definirlas así, pero yo prefiero utilizar el término castellanomanchego “tontás”.

Cuentan en El Mundo que hace años, muchos años, Pedro J Ramírez viajaba hacia Burgos en una fría noche de invierno. Nevaba en el exterior, pero el periodista, cómodamente sentado en la parte posterior del vehículo, dormitaba en mangas de camisa. El coche disponía de una excelente calefacción. De pronto, el indicador de la gasolina descendió hasta rozar la línea roja: se acababa el caldo. El chófer entró en la primera gasolinera que encontró y se dispuso a llenar el depósito. Pedro J sobaba en el asiento trasero…

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Trending calvorota

Dos personajes han copado la actualidad en las últimas jornadas: Pedro J Ramírez, que ha presentado su nuevo libro arropado por la flor y nata de la derecha española, y Dionisio Rodríguez, que ha sido detenido por la Guardia Civil mientras participaba en el programa de Telecinco “Acorralados”. El Dioni y el Pedro J  son trending topic, temas que marcan tendencia en la red, que es lo máximo a que puede aspirar un ser humano en la actual sociedad de la información.

“¿Cuánto poder tiene Pedro J? ¿Para qué venimos? A veces regalamos el poder por una foto o un titular”, reconoció José Bonó en la presentación del libro de Pedro J. Un chupapollas, que diría un castizo, pero un chupapollas reflexivo y sincero. Tras relamerse los restos orgánicos de las comisuras de los labios, Bono abrió de nuevo la boca en Punto Radio para dejar otro escupitajo: “ETA ya no existiría si el PP y el PSOE hubieran tenido más ganas de derrotarla que de ganar las elecciones”. Pero volvamos a la presentación del libro del director de El Mundo, puesto que junto al político castellanomanchego, y con las manos ensangrentadas de tanto aplaudir,  estaban Rajoy, Esperanza Aguirre, Gallardón, Dolores de Cospedal, Ana Botella, González Pons, Miguel Sebastián y hasta un Zapatero que últimamente no encuentra un hueco  para ir a Rodiezmo, pero sí para asistir a estos actos rosas. Y es que donde esté Carmen Lomana que se quite un barrenero con neumoconiosis…

Lo dicho: la flor y nata de la derecha española arrodillada ante un Pedro J. que cada vez se parece más a Santiago Segura. ¿Por la calvorota? No, por convertirse en hombre-anuncio cuando pone a la venta un nuevo producto. Su descomunal campaña de promoción del libro le llevó ayer a “Espejo Público” (Antena 3), donde fue entrevistado por Sussana Griso. “Es una lástima que una persona con esas aptitudes en la relación personal luego haya sido tan mal gobernante”, dijo de Zapatero, agradeciéndole de esta maneta su asistencia a la presentación del libro apenas doce horas antes. El escorpión y su carácter… Con Rajoy fue, sin embargo más prudente y generoso, sin duda pensando en el futuro: “hay que decir que en estos cuatro años Rajoy ha ido desmontando buena parte de los tópicos que lo señalaban como una persona indolente y poco dotada para la política y poco brillante”.

Pedro J, el Dioni, José Bono y Santiago Segura. La prensa, la economía, la política y el espectáculo. Cuatro formas de entender la alopecia, cuatro seres condenados al trending topic, cuatro tendencias calvorotas que bien podrían ser las cuatro patas de esta España que nos duele como una almorrana del tamaño de un melón de Villaconejos.

P.D.

La foto es acojonante. No tiene desperdicio. El sombrero de Ágata. La mirada lasciva de Rajoy, su babeante boca, sus manos de pulpo. El porte del trio los Panchos…

 

Un motivo para NO ver la televisión

The Reverend Peyton’s Big Damn Band.

Cd: Peyton On Patton.

The Reverend Peyton’s Big Damn Band es una de las más interesantes pequeñas grandes bandas norteamericanas de blues tradicional. Formada por solo tres instrumentistas blancos (Josh Peyton, guitarra y voces; Jayme Peyton, batería; Breezy Peyton, voces) este grupo, respetuosos con las raíces, atento a los nuevos ritmos, obtiene un sonido sorprendentemente simple, fresco y directo. Parecen recién llegados de las montañas, pero miran de reojo a las músicas negras sin soltar sus dobros y sus tablas de lavar.

Su sexto disco, “Peyton On Patton”, es un homenaje al gran Charlie Patton, una leyenda del blues del Delta que no tiene nada que envidiar a Robert Johnson. Suena primitivo y salvaje. Patton se sentiría orgulloso de ellos…