Están pidiendo a gritos que pasemos del fútbol. Sí, lo están pidiendo Mediapro y Prisa, las dos empresas que desde hace años pelean por controlar el negocio del balompié televisado. Su último insulto al aficionado es que la Liga comienza sin partidos retransmitidos en abierto: la primera jornada GolTV ofrece siete encuentros y Canal+, los otros tres. Es decir, todo de pago, nada gratis (dicen gratis, pero en realidad están repletos de publicidad).
Y para que la tomadura de pelo sea total, la Liga de Fútbol Profesional y los clubes consienten que algunos partidos se jueguen a las once de la noche. Un horario golfo y criminal, que supone una terrible falta de respeto para todos aquellos aficionados que tengan la suerte de trabajar al día siguiente o pretendan ir al fútbol con sus hijos.
Están matando el fútbol. Con sus sueldos galácticos, con sus horarios inhumanos, con la rapiña televisiva, con el duopolio Madrid-Barcelona, con la gestión económica y las deudas, con el precio de las entradas… Quizá sea el momento de interesarse por otros juegos, menos podridos, más limpios, más deportivos.
Mercedes Milá tiene dos caras, pero no tanto. Como el propietario de una fábrica de bombas racimo, que hace puntualmente donaciones a una ONG de ayuda a huerfanitos afganos mutilados, la mediática estrella de Telecinco lleva una doble vida televisiva. De día presenta y anima “Gran Hermano”, la bazofia que ensucia incansablemente nuestras pantallas. Pero los lunes, cuando cae la noche, se disfraza de comprometida y avezada periodista de investigación y presenta “Diario de…” (Cuatro), un espacio de supuesta investigación. En realidad todo es lo mismo: telebasura. El circo de la casa-prisión y el show de la cámara oculta.
“En Diario de… veréis temas que me quitan el sueño”, asegura una melodramática Mercedes Milá, presentada por El País (accionista de Mediaset, propietaria de Cuatro) como super periodista que “dispara contra las consecuencias de la crisis”. La follonera. En la pieza promocional, vendida como información, dejan para el párrafo final la utilización de cámara oculta, “un procedimiento bajo el punto de mira de la justicia en los últimos meses”.
¿Sobre qué se construye el actual periodismo televisivo? Miradas críticas, investigaciones, conflictos que alimentan el drama… No. El periodismo televisivo se construye sobre el periodista. Porque la televisión comercial actual no concibe el periodismo sino como espectáculo. Al día siguiente del promo-reportaje sobre Milá y su “Diario de…” El País dedicaba el mismo espacio, la página de Pantallas, a la emisión en Canal + (canal de pago de Prisa) de “Con las barras bravas”, un reportaje de Jon Sistiaga sobre los violentos aficionados argentinos al fútbol.
No es lo mismo, pero es igual. El periodista, protagonista.
No hay tertulia televisiva o radiofónica que se precie sin la participación de Francisco Marhuenda, director de La Razón, sal y pimienta de los debates más pintureros, radicales y esperpénticos de la parrilla. Todas las cadenas invitan a este individuo, desde una progresista como La Sexta a las conservadoras como Antena 3 o Telecinco, pasando por la televisión pública española, la ultra COPE o la Telemadrid de Aguirre. Marhuenda es, por tanto, el número uno del periodismo español, la opinión que todos los españoles queremos oír, el pensador al que debemos seguir. Si Belén Esteban se dedicase a la información política, se apellidaría Marhuenda. Es el puto amo.
Me pregunto qué ha llevado a este hombrecillo de aspecto aniñado, a medio camino entre Milhouse, el amigo de Bart Simpsom, y un moreno y rejuvenecido Carlos Dívar, a la cumbre del periodismo español. A la meca del análisis, el debate y la tertulia. ¿Acaso la calidad del periódico que dirige? ¿Quizá su clarividencia y equilibrio a la hora de hacer información? ¿Resultar indomable y crítico con el poder? ¿Su inquebrantable firmeza, su carácter incorruptible? No, por dios. Marhuenda es el actual crack del periodismo español por todo lo contrario. La Razón es una bazofia absoluta, el órgano de propaganda del Gobierno, un panfleto insufrible que regalan cuando compras la Tribuna de Talavera. Y sus portadas, las de La Razón, hacen competencia directa a El Jueves y Mongolia. Marhuenda es, para colmo de males, un tipo servil hasta límites insospechados: su labor en las distintas cadenas es la de jefe de prensa de Rajoy.
Pues resulta que Marhuenda, ahí donde le ven, se ha convertido en un tipo mediático. Tanto como para que su éxito refleje la brutal decadencia del periodismo televisivo en España. Ahí tienen a todos los profesionales, descojonándose de las portadas de La Razón por la mañana y llamando al responsable de las mismas por la tarde para que acuda a sus tertulias. Quizá exagere, pero puede que no, si digo que la omnipresencia de personajes como Marhuenda en los medios es una gran tragedia social. Genera desinformación, desprestigia la profesión, y convierte los programas de debate en un auténtico circo. Telebasura.
P.D.
El estreno de “Planeta helado”, la nueva serie documental de la BBC, en Canal +, coincidió con el partido de España contra Irlanda. Una pena, porque se trata de un trabajo majestuoso que narra la vida en los ecosistemas polares. Y lo hace a lo grande, con un despliegue humano y tecnológico descomunal, que genera imágenes impactantes de gran calidad. No es un viejo documental de La 2 emitido por décima vez. Es una producción de 2011 que se ve como una película de aventuras. Auténtica televisión pública, británica (con un 29% de audiencia en su estreno en prime time, según El País). Imprescindible.
Un motivo para NO ver la televisión
Rory Block
Cd: I Belong To The Band: A Tribute To Gary Davis.
Rory Block es una blues woman neoyorkina. Tan grande como las mismísimas Bonnie Rait o Susan Tedeschi, pero más acústica. Domina el slide y las doce cuerdas y, cuando quiere, compone sus propias canciones. Tras grabar discos monográficos con temas de Son House, Mississippi Fred McDowell y Robert Johnson, tres leyendas, Block repasa el cancionero del reverendo Gary Davis, uno de los maestros de la guitarra ragtime y el góspel primitivo. Davis tocó durante décadas en las calles de Harlem, y su sonido puro y su profunda voz han sido reconocidos como fuente de inspiración por músicos tan diferentes como Dylan, Ry Cooder o Jorma Kaukonen, fundador de Jefferson Airplane.
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