You are currently browsing the El descodificador posts tagged: Telecinco


De puta a puta

La familia Sánchez Dragó se la ha jugado a Telecinco, la cadena de televisión en la que tantas y tantas veces ha dado la nota (por pasta) el patriarca de la misma. Sucedió el pasado sábado en el programa “El gran debate”. Fernando Sánchez Dragó se levantó todo digno del plató cuando apenas faltaba un minuto para ser entrevistado con motivo de la presentación de “Pacto de sangre”,  libro escrito a pachas con su hija Ayanta Barilli. El eyaculador interior y la mujer con apellido de pasta fresca italiana se marcharon sin decir ni mu, aparentemente ofendidos por un vídeo en el que destacaban un párrafo del libro: “Te he perdonado. Aunque no sepas cuáles son tus culpas, te he perdonado. Es ley de vida. Los padres se equivocan poco o mucho y los hijos perdonan, siempre o casi siempre”.

Poca cosa parece para ofender a los Sánchez Dragó, una de las grandes sagas de la telebasura y la prensa rosa de nuestro país. Versión histriónica y cutre de los Ozores de “La Regenta”, o los Oiaindia de “Verdes valles, colinas rojas”, los Sánchez Dragó han protagonizado algunos de los pasajes más bellos de la historia de España: ¿Recuerdan cuándo Naoko, la última mujer del escritor interior, parió en casa, entre orines de gato, para que El Mundo publicase las fotos? ¿Y cuándo el amojamado playboy presumió de haberse acostado con dos menores de 13 años? ¿Y cuándo reconoció que le escribían los libros, mientras babeaba ante Ana Botella?

“Es una infamia. Primero porque la gente que ve ese programa no lee libros. Yo he ido para hablar de literatura. No para hablar de cotillería de corrala”, ha llegado a decir un Sánchez Dragó que se nos ha caído de un guindo: ¡cree que el hijo putativo de “La noria” es la versión española de “Apostrophes”!

“El libro acaba de salir y yo me planteo si esto no ha sido una estrategia para vender más”, asegura Sandra Barneda, de Telecinco. Maldita sea, ¡qué graves acusaciones, qué cruce tan brutal de descalificaciones! Querido lector: ¿Usted cree tal vil a un escritor de la talla de Sánchez Dragó, y tan mezquina a una periodista de la categoría de su hija, que trabaja para Jiménez Losantos, como para montar una pantomima de este calibre para promocionar su libro? A mí ni se me pasa por la cabeza. Como no se me ocurre pensar que en Telecinco estén encantados con este patético show, un esperpento mediático mil veces más comercial que la enésima entrevista a un histrión que chochea.

Sánchez Dragó y “El gran debate”. De puta a puta, nos tuteamos.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Bajo una estrella cruel.

Autor: Heda Margolius Kovály.

Editorial: Libros del Asteroide.

Se han publicado grandes libros sobre el Holocausto. Auténticas obras maestras que ayudan a conformarse una imagen nítida del horror máximo, de la infamia suprema, de la maldad perfecta. Obras que también tratan, por supuesto, de la esperanza, la superación, la resistencia y la bondad. Se ha publicado mucho sobre el Holocausto, insisto, pero lo cierto es que el tema parece infinito: “Bajo una estrella cruel”, inédito hasta ahora en castellano, es la prueba de que aún quedan grandes obras escondidas.

“Bajo una estrella cruel” son las memorias de Heda Margolius Kovály, checa, hija de una familia de judíos acomodados, superviviente del gueto de Lódz y del campo de concentración de Auschwitz, donde murieron sus padres. De todo esto habla la primera parte del libro, francamente demoledora. “Llevo el pasado dentro de mí plegado como un acordeón, como uno de esos libros de postales, pequeños y elegantes, que la gente trae de recuerdo de ciudades extranjeras”, se puede leer en la introducción.

Heda cuenta cosas espantosas con pasmosa sencillez y no poca dureza. Es una mujer fuerte, no cabe duda. Pero el dolor que padece es tan grande como para dudar incluso de los suyos, aquellos que le dan la espalda cuando, destruida físicamente, sin nada, regresa a Praga: “Es difícil que las personas que viven durante tantos años como esclavos, en contacto directo con fascistas y con el fascismo, no se vuelvan un tanto retorcidas, que no se les contagie un poco de esa podredumbre sin querer y sin darse cuenta”.

La segunda mitad del libro, ya con la protagonista liberada, narra una nueva odisea: la dictadura comunista. Y es que cuando en 1945 tanto Heda como su novio Rudolf Margolius parecen liberados del yugo del fascismo, arranca una nueva e inesperada pesadilla. Margolius es nombrado secretario de Estado de Comercio Exterior del gobierno comunista checoslovaco. Viven días intensos y esperanzadores. Pocos. Rápidamente se desintegra el partido, y comienzan las purgas estalinistas. De nuevo tiempos duros, marginación y cárcel, soledad, hambre y enfermedad.

Decenas de páginas memorables, de situaciones espeluznantes, de descripciones magistrales, en una biografía absolutamente imprescindible. Un libro terrible, de una belleza conmovedora, homenaje a los supervivientes de cualquier totalitarismo, construido con reflexiones como ésta: “¿Es cierto? La verdad, por sí sola, no prevalece. Cuando se enfrenta al poder, la verdad suele perder. Únicamente prevalece cuando la gente es lo bastante fuerte como para defenderla”.

Pinchar para leer el comienzo del libro

¡Mira quién salta!

Dicen que si Shakespeare viviera hoy en día, escribiría guiones para series de televisión. También dicen que en España se hace buena ficción, que hay un horario de protección infantil y que las cadenas hacen telebasura porque es lo que la gente quiere ver.  Se dicen muchas tonterías, evidentemente.

De las mayores, que la televisión es imaginación. Se lo digo porque anoche Telecinco estrenó ‘Mira quién salta’, copia de ‘Splash! Famosos al agua’, el programa que estrenó hace dos semanas Antena 3, que a su vez es adaptación del formato alemán ‘Stars in danger: The High Dive’. Manuel Villanueva, director de contenidos de Mediaset, cree que es normal que dos espacios iguales coincidan en antena: “Nadie se escandaliza porque haya magazines de mañana en varias emisoras”, dice. También podía haber puesto como ejemplo los informativos…

Telecinco busca, por tanto, su Falete. El personaje que se tire a la piscina y reviente las audiencias. El famosete que pegue el faletazo y justifique los gastos del agua, los trampolines… Yo apuesto por el éxito de otra mujer, algo más estilizada pero igual de cachonda que la cantante de copla: Olvido Hormigos, ex oncejal del pueblo toledano de Los Yébenes. “¿Que si me da vergüeza que me vean en bañador? Ninguna. Después del famoso vídeo ya me da igual mostrarme en bañador” ha confesado la expolítica, toda dicharachera.

Hormigos  da un gran salto no sólo en la piscina, sino en su carrera audiovisual, pasando de la diminuta pantalla del móvil al enorme plasma de Paolo Vasile. El resto de actores de este nuevo circo acuático, presentado por Jesús Vázquez, no parece gran cosa. Tres jurados (Boris Izaguirre, Carlos Pumares y Bibiana Fernández) y saltadores de la calaña del jugador de polo Álvaro Muñoz Escassi, la periodista Lydia Lozano, la viuda del boxeador Pedro Carrasco, Raquel Mosquera… Incluso Jesulín de Ubrique, concursante del ‘Splash!’ de Antena 3, tiene su clónico en el ‘Mira quien salta’ de Telecinco: ¡su hermano Víctor Janeiro!

Si el bueno de Shakespeare viviese hoy en día, es muy posible que no tuviera televisión.

El kilo de tertuliano

Cuando el telespectador con un mínimo de criterio ve a Francisco Marhuenda, director de La Razón, ejercer de jefe de prensa de Mariano Rajoy en tertulias de diferentes cadenas, lo lógico es que se haga una pregunta: ¿Cuánto pagará este hombre para que le dejen decir semejante sarta de gilipolleces? Ayer sin ir más lejos soltó ésta: “Los periodistas lo que tienen que hacer es opinar”.

Querido lector, se va a quedar usted de piedra: Marhuenda no solo no paga, sino que cobra. Imagínese el momento que vive la televisión en España. Y el periodismo. Y la política. Y la moral.

Marhuenda cobra. Y también Pérez Henares, María Antonia Iglesias, Alfonso Rojo, Pilar García de la Granja, Isabel Durán, Miguel Ángel Rodríguez, Carlos Cuesta, Eduardo Inda… Incluso los tertulianos de Intereconomía y 13Tv cobran. Sé que cuesta trabajo creerlo, que es duro admitirlo, pero es así. ¡Los tertulianos cobran!

Cristobal Montoro, nuestro flamante ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, nos lo recordó de manera sutil hace unos días: “No se puede estar todo el día sentando cátedra y luego no pagar a Hacienda”, dijo siguiendo el estilo sutil del genial Gila. Ya sabe, “aquí alguien ha matado a alguien…”.

Los medios de comunicación han reaccionado de manera inmediata a la acusación del ministro y han recopilado información sobre el tema. Han puesto precio a la carne de tertuliano. Y yo hago lo propio y se lo pongo en bandeja: en los matinales de máxima audiencia, Ana Rosa en Telecinco y “Espejo Público” en Antena 3, estamos hablando de 500 euros por cabeza. En “Las mañanas de Cuatro” (Cuatro) la propina sería inferior a los 400 eurillos. En un clásico del talk show como “El gran debate” estaríamos hablando de tarifas personalizas, según la capacidad de crispación del invitado, pero siempre a partir del billete de 500. Pero cuidado, porque Miguel Ángel Rodríguez y María Antonia Iglesias no crispan por menos de 1.000 eurazos por barba.

Quien peor paga a sus tertulianos es, vaya por dios, TVE: 150 euros a los madrugadores de “Los desayunos” y 250 a los trasnochadores de “59 Segundos”. Y en la base de la pirámide, humildes entre los humildes, unos canales de TDT que sueltan  calderilla a sus invitados: entre 75 y 100 euros por cabeza. Ni para el taxi.

Pero no me gustaría terminar el post de hoy con el regusto amargo que supone pensar que alguien cobre por defender en una televisión que el 11-M fue obra de ETA. Hay esperanza: en los últimos tiempos el precio del opinador profesional ha caído entre un 50 y un 70%.

Si le parece bien, otro día hablamos de los 200.000 euros que cobra Jesulín por tirarse a la piscina en el programa “Splash!” (Antena 3)

 

Un motivo para NO ver la televisión

Cartas a un buscador de sí mismo

Autor: Henry David Thoreau.

Editorial: Errata Naturae.

La noticia es magnífica: ¡un texto inédito de Henry David Thoreau, el poeta trascendentalista, el agrimensor, el naturalista, el impulsor de la desobediencia civil, el fabricante de lapiceros! Y no unas insignificantes sobras, restos insípidos o vulgar relleno, sino la vibrante correspondencia mantenida con su amigo Harrison G.O. Blake, licenciado en Teología y compañero de Thoreau en Harvard.

Thoreau es el filósofo de la sencillez y el campo, un  hombre asilvestrado que creía no ser nada, un ser más insignificante que una semilla, un insecto o un chaparrón. El hombre que en la primera carta a Harrison G.O. Blake desvela las claves de su pensamiento: “Creo firmemente en la simplicidad. Es asombroso y triste ver cómo incluso los hombres más sabios pasan sus días ocupados en asuntos triviales que creen han de atender, en detrimento de otros asuntos más importantes que creen en su deber omitir”.

El libro incluye solo una primera misiva de Blake a Thoreau. El resto son las cartas del autor de Walden, repletas de emoción, equilibrio e inteligencia. Una auténtica delicia para los seguidores del pensador de Concord, qué duda cabe, pero también para todos aquellos que buscan fórmulas para hacer su vida más sencilla. Porque “no se trata tanto de conocer esto o aquello como de cambiarse a uno mismo, ser mejor, ser más feliz”.

Resulta especialmente conmovedor comprobar que el Thoreau de 1848-1861, fecha en que fueron escritas estas cartas, es un escritor de absoluta actualidad. El pensador que vivió durante dos años en una cabaña en el bosque fue un visionario, no cabe ninguna duda. Y en las páginas de este libro fundamental insiste en destacar la figura del hombre no como ser individual, sino como parte de un mundo en equilibrio: “No deje espacio para las dudas que no le sean satisfactorias. Recuerde que no tiene por qué comer si no está hambriento. No lea los periódicos. No deje pasar ninguna oportunidad de sentirse melancólico. Y en cuanto a la salud, considérese sano. No se empeñe en encontrar las cosas tal y como usted cree que son. Haga lo que nadie más puede hacer por usted. No haga otra cosa”.

Añada a la belleza sublime del texto una cuidada traducción, la ilustración de David Sánchez y la impecable edición de Errata Naturae. Tendrá un clásico.