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Monos, gorilas y neandertales

El lunes arrancó la nueva edición de “Gran Hermano VIP”, uno de los programas estrella de esa fábrica de entretenimiento elegante y de calidad que es Telecinco. El hombre que ven en la primera fotografía que ilustra este post no es uno de los concursantes, pero muy bien podría serlo. Se trata de la recreación de un neandertal de nuestros días, individuo que con su voluminoso cerebro, su lenguaje primitivo y sus ademanes algo toscos destacaría por su carisma, su educación y su clase entre el selecto grupo de homo sapiens seleccionados por la cadena de Paolo Vasile para conquistar a la audiencia televisiva.

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El programa comienza con un tal Coman entrando, desnudo, en la casa donde se desarrolla el programa. Es uno de los concursantes. Los Chunguitos, también concursantes, se preguntan desde una sala cercana: “¿Ese quién es, un mono? ¿un gorila?”. Coman es negro. Este es el nivel del programa.

Poco después una chica de volúmenes neumáticos, vestida como para trabajar en una barra americana, melena rubia, trozos de tela de leopardo y mucha chicha, abre una botella de cava. Los chunguitos, que ven la escena, se refieren a ella como a su “sobrina”. Un altavoz invita a la mujer leopardo a cambiar de habitación: en la sala contigua esperan Belén Esteban, Olvido Hormigos, un periodista del corazón… Concursantes todos de un programa que presenta Jordi González, el comunicador que dijo en Twitter aquello de “Telebasura, tu puta madre, guapa”.

“Gran Hermano VIP” es una zorrera irracional, un gallinero racista, un nido de piojos y víboras, un despropósito intelectual, un retroceso para la humanidad. El griterío, ensordecedor, permite escuchar palabras sueltas, perdidas, la banda sonora del programa: Polla, jacuzzi, maricón, fama… El neandertal de la imagen se sentiría profundamente incómodo entre tanto descerebrado.

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P.D.

Doce enfermos de hepatitis C mueren al día en España. El Gobierno reacciona con firmeza y prontitud…

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Un motivo para NO ver la televisión

O´Boys.

Autores: Phillippe Thirault, Stéphan Colman y Steve Cuzor.

Editorial: Norma.

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Norma Editorial recopila, en su solo y magníficamente editado tomo, los tres volúmenes publicados en su día de esta historia de niños y trenes, de ríos y bluemans, de pérdida y redención, de demonios y almas vendidas. Finn, el jóven protagonista de la aventura, ve cómo su hermano Snake es engullido por las aguas del Misisipi. Justo lo que necesita para abandonar a su padre, un miserable y violento borrachuzo, y lanzarse a la carretera. O al camino. O a la vía férrea.

Finn es un nuevo Huckleberry que hace amistad con un negro que sueña con dominar el blues y ser libre. ¿La sombra de Robert Johnson? Les persiguen fantasmas, en lo que se convierte en una larga y penosa huida, un áspero periodo de aprendizaje en unos Estados Unidos sumidos en la depresión, la miseria y el racismo.

O´Boys” cuenta, con un guión sólido y excelentes dibujos, las historias que antes contaron no solo Mark Twain, sino todos aquellos que han escrito de vagabundos, de trenes y de libertad en medio de la depresión. Desde Jack London hasta Jack Kerouac pasando por John Steinbeck o Ben Reitman, autor del libro comentado no hace mucho en este blog “Boxcar Bertha” (Pepitas de Calabaza). Y todo a ritmo del mejor blues. Un verdadero placer.

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Esa cosa libre y gratuita

“Hay una cosa muy libre en este país que se llama mando a distancia, que es absolutamente libre y gratuito”, dice Ana Rosa Quintana. ¿Qué quiere decir con esta frase tan compleja la popular presentadora y escritora? ¿Acaso que el mando está incluido en el precio de la televisión? No, que el ciudadano tiene derecho a ver cualquier cosa que decidan emitir las cadenas de televisión. “Lo más importante en la vida es la libertad de expresión y no se pueden acallar voces”, asegura la reina de la telebasura en una emocionante defensa de “Sálvame”, uno de los programas más infectos en la historia de la televisión.

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“Sálvame” se emite en Telecinco por las tardes, de 16.00 a 20.00 horas, horario de protección reforzada infantil según la Ley de Comunicación Audiovisual. Cansados de ver freaks y escuchar sandeces, en la Comisión Nacional del Mercado de Competencia han dado a Mediaset un plazo de diez días para que adapte los contenidos de su programa al horario en el que se emite. En caso contrario se enfrenta a un procedimiento sancionador por una infracción de carácter grave que le podría acarrear una multa de entre 100.000 y los 500.000 euros.

Parece razonable, ¿verdad? “Sálvame” es el programa que se utilizaría como ejemplo para hablar de telebasura. Hace dos años, trescientos responsables de marketing y publicidad de las empresas y agencias de medios españolas lo eligieron como el peor programa de la televisión, según un estudio sobre la calidad de la televisión realizado por el Grupo Consultores.

Pues para Ana Rosa Quintana la orden de Competencia, modificar sus zafios contenidos de cara al horario infantil, es un ataque a la libertad de expresión. Yo creo que en realidad es un ataque a su libertad para forrarse, aún más, desde una cadena que, no lo olvide usted nunca, es una concesión del Estado. Por eso cuando Jorge Javier Vázquez, presentador del engendro, dice que “Asociaciones ultraconservadoras con intereses ocultos nos acusan de cosas sórdidas”, solo es posible troncharse de risa. Tanto de esa frase como del melodramático monólogo que soltó en pantalla: “Después de cinco años y medio pasando la tarde juntos, cinco años y medio, vosotros desde casa y nosotros aquí, después de cinco años y medio de puro entretenimiento, de risas y grandes emociones con la única vocación de haceros compañía, os vengo a contar que hoy han amenazado seriamente la continuidad de ‘Sálvame’ y que quieren destruir nuestra gran familia”.

¿Gran familia? ¿Risas y grandes emociones? Me descojono. “Sálvame” es lo peor de la televisión, entretenimiento de ínfima calidad, un esperpento diseñado para hacer rentable el cotilleo, el escándalo, la maledicencia y la zafiedad. “Sálvame” es el programa de Telecinco que intenta que los telespectadores sean peores personas. Y pretenden emitirlo en horario de protección infantil aludiendo a la sagrada libertad de expresión. Al mando a distancia, “esa cosa libre y gratuita” que, afortunadamente, tiene un botón rojo.

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El retorno de la Bombi

Todo está inventado, nada es original, el presente es un simulacro de modernidad en diferido, el reciclaje manda, solo necesitamos girar el cuello hacia atrás para ver el futuro. Y no hablo de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, un invento que hubiera puesto cachondo al mismísimo Francisco Franco. Se lo digo porque ahí tiene a Mick Jagger y a Martin Scorsese anunciando el rodaje de un drama sobre la explosión del rock and roll en los años 70 para la prestigiosa HBO. O, ya en nuestro país, a TVE, confirmando el fichaje de una serie de talentos de corte clásico que regresan a la televisión pública, como los cuñados y los empachos, por Navidad: José Luis Moreno, Ramón García y José Mota.

Savia nueva, sangre fresca, ideas modernas. Eso es TVE. Un cascabel, con campanadas, humor y galas de corte vintage. Pero cuidado con las cadenas privadas, que si hablamos de imaginación y talento no se quedan atrás. Telecinco, una mina de oro cubierta de heces, invitó a su exquisita tertulia política de la noche de los sábados a La Pechotes. La amiga del Pequeño Nicolás sigue el rastro del talonario dejado por su fraudulento colega. Un nuevo éxito de la cadena de Paolo Vasile, un nuevo fracaso del ser humano como especie inteligente.

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La Pechotes pronunció una frase emocionante que traía preparada de casa: “Quiero demostrar que soy bastante más que un mote y unas tetas”. Pero lamentablemente no dijo absolutamente nada que diese un mínimo de credibilidad a esas palabras. Isabel Mateos, que así se llama la moza, es una víctima más de la televisión, carne de Interviú. Sus chulos, Nicolás y Telecinco, se llevan la tajada. Ella recogió anoche una limosna, y se llevará otro pellizco tras fichar por el programa de Cuatro (la hermana pequeña de Telecinco) “Todo va bien”.

La aparición de La Pechotes tenía ciertos tintes nostálgicos. Una mujer de discurso cándido y exuberantes volúmenes… ¿Dónde y cuándo se ha visto algo parecido? En El Hormiguero de hace solo unos días recuperaron, en un ejercicio nostálgico bastante triste, el legendario “Un, dos, tres… responda otra vez”. Una de las invitadas fue Fedra Lorente, la actriz que hacía el papel de La Bombi. ¿La recuerda usted? Una chica joven, atractiva y sexy, ingenua e ignorante, que en pantalla se limitaba a lucir palmito y repetir coletillas como “¿Por qué será?”.

Pues la Bombi ha vuelto. Y se llama La Pechotes. Han pasado 30 años, pero en la televisión no ha cambiado nada.

P.D.

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Un motivo para NO ver la televisión

Aires nuevos

Autor: Peter Kocan.

Editorial: Sajalín.

9788494236716

“Aires nuevos” cuenta la historia de un joven vagabundo de 14 años que pasea su alma en pena por la Austrália de la segunda mitad del siglo XX. Pero conozcamos en primer lugar al autor del libro… A los 14 años Peter Raymond Koca dejó los estudios para iniciar una vida laboral tan dura y compleja como la del protagonista de nuestro libro. Afectado por una enfermedad mental, Koca disparó a un político y fue condenado a cadena perpetua. En chirona se aficionó a la lectura y cuando quedó en libertad, diez años después, inició su carrera literaria. “Aires nuevos” tiene, por tanto, mucho de autobiografía.

El protagonista de “Aires nuevos” llega a la ciudad con su madre y su hermano pequeño, pero las circunstancias laborales de la primera le obligan a abandonar a su familia y comenzar a buscarse la vida. De eso va el libro, de un adolescente tímido y solitario que lucha por sobrevivir en un mundo difícil. Una historia que muy bien podría desarrollarse en la Oklahoma de la Depresión, pero que tiene lugar en una Australia empobrecida y triste.

El chico viaja del bush, el campo, a la ciudad, y en ninguno de los dos sitios encuentra ni amistad, ni trabajo, ni comprensión. Así las cosas, se apoya en un amigo imaginario, el soldado Diestl, un tipo duro que le ayuda a sobrevivir en un mundo áspero. Y en las imágenes de Grace Kelly, Dulzura, que le ofrecen unas revistas a las que se hace adicto. “Con algo de suerte, un rato en modo Diestl y una sesión de arrumacos con Dulzura lo dejaban lo bastante cansado para dormirse”.

En una granja de la Australia profunda aprendió no solo a arrancar malas hierbas: “El chico quería fumar finos cigarrillos liados como Clem lo hacía. Y llevar espuelas. Aquellas dos cosas le parecía que poseían glamour”. Del sórdido hotelucho frecuentado por borrachos y prostitutas donde fue a parar en la ciudad solo quería salir. Robó una bicicleta, se hizo habitual de la biblioteca, vivió el día en el parque y la noche en el callejón, comió pan y agua y dió con sus huesos en la Misión Religiosa de Alison Street.

“Aires nuevos” habla de la soledad y el abandono, de la derrota y el arrojo, de la desesperación que supone sobrevivir en un mundo sin amigos, de la ausencia de consuelo y de futuro. Una lámpara de lectura es la posesión más preciada del chico, un desheredado que solo tiene hambre y sueños. “Cuando apoya la imagen de Dulzura en la base de la lámpara y, junto a ella, el ejemplar de Año Decisivo, de ese modo rendía devoción a su pequeño santuario en el círculo de luz, un santuario consagrado a la Belleza, el Amor, el Coraje y la Muerte”.

Una historia de iniciación y supervivencia escrita desde interior de la tormenta.

El pollón de Revilla

“Primero mi polla, luego mi polla, y al final y para terminar, mi polla”. Escuchado en un burdel de carretera.

“Este país merece la pena” (Telecinco) es un nuevo programa presentado por el ex presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla en el que Miguel Ángel Revilla demuestra que, para hacer televisión en España, solo es necesario estar bien dotado. Para la comunicación, digo. Estar bien dotado, mediáticamente hablando, es algo que te abre puertas, te hace famoso, te da alas, te permite montar el pollo. Qué digo el pollo, el pollón. El pollón de Revilla.

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En el programa que tengo la suerte de ver Revilla habla con Pascual Margall, Revilla se rodea de niños repipis en el Palacio Real, Revilla hace un posado ante el edificio, Revilla se convierte en una caricatura que ilustra el programa, Revilla cuenta anécdotas patéticas sobre su pasado, Revilla dice que comió mal en una boda real, Revilla ofrece soluciones a problemas de política nacional y de política internacional, Revilla recuerda que cuando “estaba arriba” la gente era muy pelota, Revilla presume de austeridad porque tiene un teléfono muy viejo, Revilla llama a la abuela de un niño para demostrar que es un tío normal, Revilla anuncia una entrevista con un cocinero que se mató dos días después de hacer la entrevista, Revilla presenta a una familia que ha acogido a 54 niños, Revilla muestra la diferencia entre el gen solidario de esta familia y el gen egoísta de Urdangarín, Revilla nos recuerda que al que tiene mucho igual le jode más morirse, Revilla se sienta en medio de la pareja que adopta como si fuese él el adoptado y habla de ejemplaridad, Revilla sonríe con gran simpatía al taxista que le traslada y le responde a preguntas sobre corrupción, Revilla dice estar encantado de que la gente le conozca y le pare por la calle, Revilla pone imágenes del fervor popular que despierta Revilla y asegura estar encantado de que la gente le quiera, “Revilla presidente” grita la gente cuando pasa Revilla, Revilla se marea de tanta popularidad y se tiene que sentar, Revilla viaja a Valencia a ver el ninot de Revilla, Revilla se pregunta por el fenómeno Revilla y lo considera motivo digno de “hacer un estudio”, Revilla cree que su presencia en Valencia será “una contraprestación” a la corrupción, Revilla llama chorizos a los chorizos con dos cojones, Revilla pone la entrevista con el cocinero que se mató unos días antes de entrevistarse con Revilla, Revilla habla con otro cocinero y le hace decir que este país merece la pena, Revilla se despide del programa con una selección de fotografías en las que aparece Revilla junto a las personas que han tenido la suerte de estar en el programa de Revilla con el mismísimo Revilla.

Aparece mucha más gente en “Este país merece la pena”, alguna incluso famosa e inteligente e interesante, pero quedan eclipsadas hasta la invisibilidad por la sabiduría, el gracejo, la campechanía, la honradez, el desparpajo, la grandeza humana y, por qué no decirlo, la humildad, del tal Revilla, uno de esos hombres que ya no quedan. Un pollón, enorme, con piernas.

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P.D.

Podemos es ETA. Lo dice Telemadrid, la cadena pública que pagan los madrileños…

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P.D.2

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Un motivo para NO ver la televisión

La casa azul.

Autor: Tyto Alba.

Editorial: Astiberri.

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Chavela Vargas salió de su Costa Rica natal visiblemente cabreada: “¡Espero que algún día en cada casa de este pueblo haya una puta, una lesbiana y un maricón!”. Lo cuenta, no podía ser de otra manera, desde la barra de un bar. Una barra sembrada de tequilas. Una barra en la que le acompaña un viajero que pregunta por el museo de Frida Kahlo en su vieja casa azul de Coyoacán. Es su día de suerte: la cantante le cuenta la vida de su amiga, de su amada, de su buena Frida. Y del mundo en que vivían entonces, rodeados de artistas y políticos, un mundo mágico con el gran sapo de Diego Rivera al frente.

Un cómic oscuro y colorista, como la vida de Frida, que va de las fiestas más divertidas a los accidentes más espantosos con la facilidad con que se pasa de página. Se lee en un suspiro, deja un magnífico sabor de boca (ese reposado que gustaba a Chavela) y se guarda junto a todo el material de la pintora mexicana, mujer de leyenda, espíritu irreductible, protagonista de infinitas historias bellas.

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