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Chabelita

Jorge Javier Vázquez leyó un comunicado, en nombre de Telecinco y del programa “Sálvame”, en el que justificaba la futura emisión de una entrevista con la madre biológica de Chabelita, hija adoptiva de Isabel Pantoja. “El impacto de esta noticia es tal que en Sálvame Deluxe no podríamos ser ajenos a la noticia de la semana, del mes y del año. Vamos a tratarla de la misma manera que todas las que tienen relevancia a lo largo de la semana”, ha dicho el presentador. “No vamos a entrar a valorar ni ética ni moralmente si el paso que ha dado esta mujer está bien o está mal. Simplemente nos limitamos a transmitir una información… Por otro lado, el equipo de Sálvame Deluxe y Mediaset quiere dejar bien claro que respeta profundamente a las familias, madres y padres que han tomado la decisión de adoptar, y por extensión a todas aquellas personas que son adoptadas”.

¿Se ha dado cuenta usted de cómo chirrían palabras como “ética” o “moral” en boca de Jorge Javier Vázquez? Da grima no ya escuchárselas, sino incluso leérselas. La entrevista se emitió finalmente el pasado viernes, y consiguió una audiencia del 19.6% y 2.210.000 de espectadores.

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La degradación ética y moral de Mediaset, de los presentadores a su servicio, es tal, que se ven obligados a hacer comunicados en los que tratan de justificar no ya sus hechos, sino incluso sus intenciones. Son basura, y lo saben. Pero cuidado: respetan profundamente a las familias, madres y padres que han tomado la decisión de adoptar, y por extensión a todas aquellas personas que son adoptadas. Una hipocresía que no tiene límites.

¡Pobre Chavelita! No conozco en profundidad y al detalle su historia, pero seguro que es terrible. Una chica sin suerte: cuando parece que la fortuna le sonríe, que está en condiciones de afrontar un futuro esperanzador, resulta que cae en manos de la Pantoja y de Telecinco. Maldita sea, ¿Dónde están los Servicios Sociales cuando se les necesita? Y ahí tiene ahora a la pobre Chabelita, entre Paquirrín y Sálvame, perfectamente adaptada a sus nuevos hábitats, condenada a repetir su triste historia una y otra vez. Eso sí, en prime time.

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Telecinco

El Tribunal Supremo ha ratificado la condena de la Audiencia provincial de Madrid que obliga a Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros a abonar una suma total de 120.000 euros a Carmen Lomana. ¿El motivo? Nada, minucias: Las tres estrellas televisivas han llamado a Lomana, entre otras cosas, “sinvergüenza”, “analfabeta”, “payasa”, “imbécil”, “estafadora”, “cateta”, “idiota”, “auténtico perro”, “buscavidas”, “tonta del culo”, “busca camas altas” o “cerda”. Y le han dedicado expresiones como “chupas el culo para que te inviten a fiestas”, “de padres cerdos, hijos marranos” y “me lo paso por el potorro”Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros no salen de su asombro: consideran que sus palabras sobre Lomana deberían estar amparadas por el derecho a la libertad de expresión e información. Son periodistas. Del corazón, pero periodistas.

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El Tribunal Supremo no opina lo mismo, y cree que Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros se entrometen de manera ilegítima en el honor de Lomana. La Sala de lo Civil habla de insultos y de expresiones dirigidas a ofender. Poco me parece a mí 120.000 euros por llamar a alguien “cerda” o “auténtico perro”, o por decir que “de padres cerdos, hijos marranos”. Pero esa es otra cuestión, y debería ser tratada en otro post…

En el post de hoy me gustaría recordar que todos esos insultos, todas esas barbaridades, se pudieron escuchar en un medio de comunicación nacional. Es decir, que Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros no lanzaron esa colección de exabruptos a Carmen Lomana durante una pelea callejera, en la puerta de un burdel de carretera o mientras descargaban ladrillos de un camión de siete ejes. No. Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros insultaron de manera tan cruel y prolongada a Lomana en dos programas de televisión, “Sálvame” y “Sálvame Deluxe”, emitidos por Telecinco, la cadena de Mediaset que lidera las audiencias en España: es la tele más vista en agosto, por duodécimo mes consecutivo, con un 13,2% de cuota de pantalla.

Algunos medios de comunicación ofrecen esta noticia, la condena a Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros por insultar a Carmen Lomana, sin decir en qué cadena de televisión han tenido lugar los hechos. Me parece terrible. Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros no son nadie, sus insultos se perderían en el basurero de sus vidas, si no tuvieran un altavoz, una plataforma cómplice desde la que lanzar sus fechorías, una siniestra organización que se beneficiase de su forma rastrera de entender el entretenimiento, la información y la libertad de expresión.

Han condenado a Belén Esteban, Mila Ximénez y Kiko Matamoros, auténtica escoria. Pero aquellos que se llevan la tajada del león con esos insultos, los cómplices necesarios para llevar a cabo el delito, no solo se van de rositas, sino que se enriquecen con unas audiencia que van viento en popa. Como sucede con los grandes delincuentes de guante blanco. El insulto, la maledicencia y la intromisión ilegítima en el honor siguen siendo muy rentables en la televisión actual.

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Gran Hermano Sirio

Mercedes Milá ha dicho, en un alarde de solidaridad bastarda y demagogia repugnante, que “abriría Gran Hermano a los sirios que no tienen dónde ir”. Pobres sirios. Como si no tuvieran bastante con la guerra, como si no fuera suficiente con el exilio y la miseria, la veterana presentadora pretende condenarles también a la ignorancia y el disparate. No debería extrañarnos. Es bien conocido que en televisión todo vale para subir un punto la audiencia, para mantenerse a flote, para seguir explotando la miseria ajena. ¡Quién pudiera meter un sirio en la casa de “Gran Hermano”! Y si además fuese negro, transexual y enano, pues mucho mejor.

Arranca la 16 edición de “Gran Hermano” (Telecinco). Un formato agotado para cualquier espectador capaz de generar una chispa de actividad intelectual. Una presentadora acabada, la “yaya Merche”, que intenta compensar su decadencia profesional con extravagancias e histrionismo. Una colección de concursantes elegidos entre lo más sórdido y patético de la sociedad española, carne de esperpento. Una sucesión de frases insípidas, de personajes insustanciales, de decorados cutres y trampillas chuscas, de actos vacuos, de majadería en estado puro.

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Con estos mimbres Telecinco sigue haciendo caja. Da asco este sórdido negocio, mucho asco, pero sería injusto no reconocer que tiene su mérito: han conseguido embrutecer a una buena parte del pueblo español, han convertido a millones de ciudadanos, adictos a sus producciones de ínfima calidad, a sus famosos de saldo, a sus princesas de estercolero, a sus presentadores impresentables. Rentabilizan la zafiedad, el cotilleo y la desidia como nadie. Transforman en euros la peor televisión posible. Se enriquecen desnudando las miserias de nuestra sociedad, la simpleza de los seres humanos, mostrando lo mezquino y abandonado que puede ser el entretenimiento audiovisual.

¿Novedades? Los ejecutivos de Telecinco se han estrujado la cabeza, de nuevo hay que reconocer las cosas, y para esta nueva temporada, 16 años idiotizando a los españoles, ofrecen una gran sorpresa. Algo inimaginable, un prodigio de ingenio y talento solo al alcance de auténticos magos de la televisión: han fichado a Belén Esteban y Olvido Hormigos para el debate. Con ánimo de subir el nivel intelectual del mismo, imagino.

-¿De dónde eres?

- De Cáceres.

- ¡Anda! Andaluza.

Tras esta conversación entre dos concursantes de la nueva edición, ¿qué más podríamos decir del programa en cuestión? El puto día de la marmota televisiva. Arranca con una pedida de mano, ¡los dos son concursantes, pero no pueden decir que están comprometidos! Una madre y su hija tienen que disimular que lo son. Una chica llega con su hijo de un mes en un carrito, pero tranquilos porque estará en “una sala atendido por especialistas”. Una patinadora de circo. Una diva de barrio. Un médico. Un chino con coleta que no habla castellano… También hay un perrito “bodeguero”, un hombre invisible, un hijo falso, una casa con jacuzzi y discoteca… ¿Discoteca? ¿Acaso concursa Miquel Iceta? No, se trata de la misma basura de siempre, sin ritmo alguno, sin imaginación, sin un destello de inteligencia, sin renovar los guiones, sin vida neuronal alguna… Pero lo peor, fíjese lo que le digo, es que tras dos horas de programa parece que han pasado dos años.

Hágase un favor y apague la televisión. Antes de que incluyan un concursante sirio.

Un motivo para NO ver la televisión

Trabajo sucio

Autor: Larry Brown.

Editorial: Dirty Works.

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En su primera novela Larry Brown (Yokom, Mississippi, 1951) cuenta la poco convencional historia de dos hombres incompletos nacidos en el sur de los Estados Unidos. “Joder, nos criamos con el blues. Conozco estos sitios en Clarksdale, la música sonando por todas partes. El blues es lo único que teníamos. Eso y el puto azadón”.

Uno es blanco y el otro negro. La guerra del Vietnam les robó a ambos la inocencia, y algunas partes de su anatomía. Cuando regresaron no eran los mismos. Más de 20 años después ocupan camas paralelas en un hospital de veteranos, donde beben cervezas, fuman porros y se lamen las heridas. Añoran todo. Los días en los que se les consideraba personas, los buenos tiempos, lejos del campo de batalla, entre familiares y colegas. Y miran al futuro con desconfianza, como solo pueden hacerlo unos tipos tan golpeados por la vida. “Una de las cuestiones sobre la naturaleza humana que más que interesa es el modo en que la gente es capaz de aguantar bajo calamidades monstruosas, bajo todas las cosas terribles que le pueden acontecer, guerra, pobreza, desesperación… Lo mismo les hago saber más de lo que desearían saber sobre los pobres, los desafortunados o los alcohólicos”, cuenta el autor en una conferencia recogida al final del libro.

El resultado es una brutal novela contra la guerra, contra la violencia y contra la cobardía. Una obra tensa, original, arriesgada y sorprendente que golpea al lector en el estómago como una coz. Es imposible mostrarse indiferente ante este diálogo entre dos hermanos de sangre, y de cicatrices, que se preguntan cómo han llegado a donde están: “La gente ha estado luchando entre sí desde que Dios creó el primer hombre y seguirá haciéndolo siempre. Nada cambia, nunca, salvo los motivos, tío”.

 

 

Arcadas de sangre

Pasan los veranos, como pasan las modas, las penas, las oportunidades, las desgracias y el resto de cosas inevitables de la vida. Pasan las horas, los días, los meses y los años, pese al trabajo del cirujano y a las toneladas de botox. Todo pasa. Y ella queda. La princesa del pueblo sigue allí. Siempre. Al pie del cañón, al frente del negocio, defendiendo el fuerte, con la fuerza inhumana que da la inconsciencia, con la convicción ciega de los fanáticos, con la energía de los insensatos y la urgencia de los buscavidas. Todo se acaba, todo muere, es un hecho. Pero ella permanece, seguramente para recordarnos la fragilidad del ser humano: somos unos mierdas.

Belén Esteban regresó de sus vacaciones el sábado y, todavía con arena en el culo, se pasó por el plató de Telecinco (“Sálvame”). Consiguió el mejor dato de la versión de fin de semana del espacio del corazón, con un 16,6% de cuota de pantalla y casi 1,4 millones de espectadores, y se retiró entre aplausos a sus aposentos en palacio. La realeza plebeya sigue reinando en la televisión comercial.

No mejoramos. La pantalla sigue siendo un estercolero, con el mismo icono de siempre iluminándonos desde la montaña de excrementos: la ex de Jesulín permanece en la cima, reluciendo como un orondo Corpus Christi, para recordarnos cómo es la televisión en España. Cómo es España. No hacía falta. Un verano macabro, sin grandes noticias pero con excelentes sucesos, nos ha recordado en cada informativo que vivimos en un país donde los hombres asesinan a las mujeres, donde los toros matan a los hombres, donde la ignorancia y la incultura están acabando con la inteligencia. El país de Belén Esteban. Y de Esperanza Aguirre y Felipe González, del ABC y La Razón, de Telecinco y Telemadrid, de las tradiciones y las fiestas nacionales, del regreso al ladrillo y el adiós a la educación: España es líder en la Unión Europea en fracaso escolar, con una tasa del 21,9% que dobla la media comunitaria. Arcadas de sangre.

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Un motivo para NO ver la televisión

Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

CD: Nathaniel Rateliff & The Night Sweats.

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Mi disco de las últimas semanas, quizá de los próximos meses. Un huracán de rock y blues. Nathaniel Rateliff, cantautor de Denver, Colorado, metió su guitarra acústica en la funda en 2013, formó una gran banda, The Night Sweats, y grabó un primer disco explosivo. Puro ritmo y blues, con ecos de los grandes sellos de la música soul, pero producido de manera innovadora, un sonido que podría trasladarnos a una noche de copas con Tom Waits y Otis Redding bebiendo hasta el amanecer.

El primer disco de Nathaniel Rateliff y sus Night Sweats es una de esas maravillas que gana intensidad con cada escucha, que crece con cada tema, que sorprende por sus mil matices, por la fuerza de la voz y la originalidad y el riesgo de los arreglos. Un trabajo tan potente, una grabación tan sólida y atemporal, solo podía estar editada por una discográfica de leyenda: Stax. Absolutamente imprescindible.