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¡La vida puede ser maravillosa!

Si usted está preocupado por la crisis, agobiado por la subida de la prima de riesgo, indignado por los recortes, cabreado con los políticos o excitado por las manifestaciones contra el gobierno, que sepa que es porque quiere. Relájese. No se ponga tenso, amigo. Nada de tremendismos, que son muy malos para el corazón. Escape de los problemas, huya de las penurias, deje atrás las preocupaciones. ¿Cómo? Muy sencillo: evite la realidad. Es decir, sintonice los informativos de TVE. Olvide tristezas y penurias, disfrute de un mundo color de rosa. Prepárese un vermut, unas aceitunitas, sumérjase en los tradicionales telediarios de Televisión Española y repita conmigo: ¡La vida puede ser maravillosa!

Tanto como para que en el Telediario de las tres de la tarde del domingo digan que “un despido puede convertirse en una oportunidad”. Y es que cuando un informativo de máxima audiencia de la televisión pública evita hablar de una prima de riesgo que supera los 610 puntos, o ignora las manifestaciones que solo unas horas antes han movilizado a miles de personas en toda España, o camufla la quiebra de las autonomías, es que no quiere preocupar a los ciudadanos sin motivo. Si España va bien, si los despidos pueden convertirse en oportunidades, ¿para qué alarmar a quienes tan generosamente pagan estos informativos?

¿Y si alguien no ve los telediarios? Sí, hay algunos antisistema, quiero pensar que pocos, que se informan por otros medios, circunstancia que les puede llevar a dudar de la solvencia del gobierno de Rajoy. Entonces es cuando abre la boca Gallardón. El eterno tapado se destapa para lanzar, desde el fancine de su partido (La Razón), una cortina de humo: “La malformación del feto no será ya un supuesto para abortar”.

Gallardón distrae con esta boutade al personal, que anda encabronado con los brutales recortes sociales, el paro y el inminente rescate, y de paso recuerda a sus votantes que en el PP no serán buenos gestores, pero aman profundamente la vida. No como otros. No dice, chitón, cómo atender a esos futuros niños dependientes en unos tiempos en los que la desprotección social es enorme: la Ley de dependencia es, según Ana Mato, ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, “absolutamente inviable”.

Gallardón dinamita las redes sociales con un discurso de carcamal hipócrita. La Razón se lo publica en portada. El Telediario asegura que el paro, lejos de una desgracia enorme, supone una oportunidad única. Y ahí está Fernando Alonso, presumiendo de que un español, con un coche italiano diseñado por un griego, gana en Alemania: “no entiendo de política, pero está bien”. ¡Ve usted cómo la vida puede ser maravillosa!

 

Un motivo para NO ver la televisión

El trampero.

Autor: Vardis Fisher.

Editorial: Valdemar.

Este libro recientemente editado por Valdemar, una hermosa apología de la vida en libertad, los grandes espacios abiertos y la fauna salvaje, fue llevado al cine por Sydney Pollack en la película “Las aventurad de Jeremiah Johnson”. Remito al texto escrito sobre ambos en la revista Jow Down

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El jefe

“El liderazgo es hacer lo correcto por educar e inspirar a un electorado, teniendo empatía con el ánimo, las necesidades, deseos, y aspiraciones de la humanidad”. Benazir Bhutto

El concierto que ofreció Springsteen el pasado domingo en Madrid posiblemente fue el más largo de su carrera, y sin duda uno de los más intensos. Treinta y dos canciones y casi cuatro horas sobre el escenario, con 60.000 personas absolutamente entregadas a este cantante y compositor de 62 años. No voy a recrearme en la parte musical de esa noche inolvidable, sino en el espectáculo de masas, en la concentración humana, en el poder que puede llegar a acumular un líder.

Ahí arriba estaba Springsteen, dando órdenes a un ejército de 60.000 almas sedientas de instrucciones. Habló de la crisis en varias ocasiones, y recordó a la gente sin trabajo, a las familias que se quedan sin sus casas, a quienes luchan contra el poder. “En EE.UU. hemos vivido malos tiempos. Aquí también. Demasiada gente ha perdido su trabajo. Sé que aquí los tiempos son peores. Nuestro corazón está con vosotros. Queremos dedicar esta canción a todos los que están luchando en España”, dijo antes de tocar “Jack of all Trades”. En otra de sus canciones sugirió la posibilidad de utilizar una bola de derribos. Pero lo impresionante no era lo comprometido del discurso, sino el liderazgo de un cantante de rock. Si Sprigsteen decía “Uhhh!”, 60.000 personas aullaban “Uhhh!”, y si decía “Ahhh!”, la gente chillaba “Ahhh!”. ¿Palmas? Todos palmas. ¿Brazos arriba temblando? 120.000 brazos temblaban y señalaban el cielo de Madrid.

La sensación era estremecedora: si en ese momento Springsteen nos hubiese pedido salir a la calle y prender fuego al Tribunal Constitucional, es posible que en estos momentos solo quedasen los rescoldos de tan insigne institución.

Quizá todo esto se deba a que en España no tenemos jefe. Estamos solos, y por eso nos movemos como pollos sin cabeza. Nos sentimos huérfanos de líderes fiables, de ideólogos comprometidos, de intelectuales independientes, de cabecillas con ideas y estrategias. De alguien que nos ayude a transformar sueños en realidades. Es más creíble, y resulta más cercano y fiable, un cantante de rock and roll de New Jersey, que los últimos presidentes de Gobierno que hemos padecido en España. El liderazgo no es consecuencia de unas elecciones. Confiamos más y vemos mayor compromiso en un extranjero que canta a las malas tierras de Montana, a bandas callejeras de Nueva York o a las chicas del paseo marítimo de Atlántic City, que en aquellos que dirigen un país que se tambalea, y que vivió sus momentos más negros (El tipo de la deuda a 10 años supera el 7% y el diferencial con el bono alemán se acerca a los 590 puntos) mientras Springteen cantaba “No surrender”.

Las librerías están repletas de títulos que ofrecen lecciones de liderazgo. Textos que potencian las estrategias de caudillaje en el entorno de la política y la empresa, y ayudan a mejorar el rendimiento personal y profesional de aquellos instalados en el poder. Basura. Todo eso es simple teoría, porque lo que realmente diferencia a un político de un cantautor eléctrico es el material con el que trabajan: mentiras y verdades.

Indignado, Springsteen encabezó una insurrección contra el desánimo. Escondido, Rajoy lidera el camino al descrédito y la perdición. Necesitamos más guitarras y menos políticos. “Los tiempos difíciles vienen, los tiempos difíciles se van. Mantén tu rabia y no tengas miedo…”

Lenguaje corporal

El último barómetro del CIS confirma aquello que nos temíamos: la decepción del ciudadano con los políticos sigue en aumento. La valoración de estos últimos no cesa de bajar: ningún ministro aprueba y algunos se estrellan clamorosamente, como un José Ignacio Wert que solo consigue un patético 3,19. ¡Se quedó sin beca! Rajoy también sufre un duro castigo, puesto que pierde cuatro puntos con respecto al 20-N y queda por debajo de un Rubalcaba que encabeza la oposición. Algo deberían hacer nuestros líderes para mejorar su imagen, para conseguir la atención del pueblo. ¿Trabajar más y mejor? ¿Mentir menos? No van por ahí los tiros. Me explico…

El debate televisado era importante, puesto que reunía a los cuatro políticos del momento en México: los candidatos presidenciales de cara a las elecciones del 1 de julio. Pero los telespectadores no prestaron atención a sus propuestas económicas, sus promesas de bienestar o sus alternativas al desempleo. Nadie recuerda las palabras de los políticos, ninguna de sus reflexiones pasará a la historia. Sin embargo todos los mexicanos hablan de una mujer que, en lo que fue una actuación sin guión de apenas 24 segundos, repartió un sobre a cada candidato. Un generoso escote y un pecho prominente hicieron el resto. Julia Orayen, portada de Playboy México en su edición de septiembre de 2008, eligió personalmente el vestido blanco y muy ceñido, largo hasta los pies y con una abertura en la espalda, con que apareció en pantalla. Y acertó: los medios de comunicación mexicanos no han hablado de otra cosa en los últimos días. Incluso alguno de los candidatos se despistó al mirarla de reojo…

Parece evidente que los contenidos políticos están sobrevalorados. Estamos cansados de promesas. Hemos dejado de confiar en el pensamiento y la palabrería. Buscamos algo nuevo en que creer. La conejita Julia ganó el debate de las ideas sin abrir la boca, sin decir ni pío, con un vestido reprieto y unos senos generosos como únicos e incontestables argumentos. Puritito lenguaje corporal, que diría un analista político mexicano.

 

P.D.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La historia de mi gente.

Autor: Edoardo Nesi.

Editorial: Salamandra.

Edoardo Nesi es un escritor que codirigía junto a su familia una empresa textil en la Toscana. Un buen día venden el negocio, y durante el bajón posterior analiza las circunstancias que les han llevado a tomar esa decisión. Comienza por los buenos tiempos de la industria textil, aquellos que incluían la conquista del gran mercado chino. Y termina con la crisis causada por una globalización “sin gobierno y sin derechos”, que desemboca en la invasión de productos chinos. Cita a Fitzgerald: “Por eso dejo ahora mi ciudad perdida. Ya no susurra fantásticos éxitos y eterna juventud. Todo está perdido, salvo el recuerdo”

Nesi está muy cabreado: su concepto de progreso, basado en los negocios locales y familiares que generan riqueza para toda la comunidad, parece obsoleto. El nuevo modelo desprecia tanto la calidad del producto como al trabajador. Solo busca la rentabilidad más elevada. Sus excelentes telas no podían competir con los baratos trapos chinos.

“Quién sabe si hubo un momento, una hora, un día en que llegamos a la cúspide de nuestras vidas económicas y, desde entonces, nuestros sueños se volvieron quimeras; nuestros éxitos, privilegios; nuestro futuro, una medida imaginaria. Quién sabe si es posible apuntar con el dedo y señalar una fecha que haya que recordar y transmitir a nuestros hijos e hijas como el día en que todo lo que siempre había ido bien empezó a ir mal”.

Una brillante historia autobiográfica, en ocasiones emocionante y lírica, siempre comprometida, que ayuda a entender estos tiempos de depredación y desprecio por el trabajador y el trabajo bien hecho.