El viajero

Ha muerto Peter Matthiessen, una de mis referencias vitales. Escritor, naturalista y viajero, sentía un fuerte compromiso con la naturaleza: recorrió el planeta tras las huellas de especies salvajes, de migraciones y comportamientos, de aquellos fenómenos medioambientales que le fascinaban. Y escribió sobre ello endiabladamente bien. Con rigor y pasión, ciencia y literatura en unos textos tan rigurosos como bellos.  Suyos son libros tan maravillosos, tan necesario, como “El leopardo de las nieves”, “El árbol en que nació el hombre”, “Jugando en los campos del señor” o “País de sombras”.

Peter-Matthiessen

Nunca olvidaré cuando leí “El leopardo de las nieves” en el Dolpo tibetano. Dentro de mi pequeña tienda de campaña, solo, a 5.000 metros de altura, tras una jornada de siete horas de marcha por collados y valles de primitiva belleza. “Un hombre sale de viaje y es otro quien regresa”, escribía un Matthiessen que acababa de perder a su mujer, y que recorría  junto al gran zoólogo George Schaller el último reducto de la cultura tibetana pura. Una gran travesía, un libro imprescindible y un narrador absolutamente comprometido. En la pared de su casa está escrita esta frase de Albert Camus: “Debemos aceptar que resulta imposible evitar el dolor y que nuestra única justificación –si acaso tenemos alguna- reside en hablar en nombre de los que no pueden hacerlo”.

Peter Matthiessen murió el pasado día cinco, y la prensa española aún no le ha dedicado una línea. Leo estos últimos días en El País, mi periódico de cabecera, textos sobre Pilar Urbano, Karlos Arguiñano, los duques de Cambridge, el jurado de Master Chef o Guillermo y Máxima de Holanda, pero ni una palabra sobre el gran Matthiessen. Lo cual me lleva a hacerme una pregunta: ¿Qué coño hago comprando un diario que ignora la figura de alguien como Peter Matthiessen?

Y de la televisión es mejor ni hablar. ¿Literatura? En El Hormiguero, programa estrella de Antena 3, tienen como invitada del día a Mónica Carrillo, presentadora del informativo de las nueve de la noche. La razón es que el busto parlante ha publicado su primera novela, “Luz de candela”. La entrevista, con Pablo Motos seleccionando algunas partes patéticas del texto, resulta esperpéntica. Parece burlarse de la mala pinta que tiene el libro de su compañera, de la simpleza de sus frases, del vocabulario vulgar.

Unos medios que ignoran la muerte de alguien como Peter Matthiessen son forzosamente unos medios ramplones, mediocres, ignorantes, insustanciales. Periódicos y televisiones que, absolutamente prescindibles, agonizan. Como con tantas otras cosas, tenemos que buscar fuentes de información cultural alternativas. El esfuerzo resulta imprescindible: la cultura nos hace libres.

Author's Reflections – Conversations from Penn State

Gracias

Podría escribir sobre la decadencia, el dolor, la mutilación, la impotencia… Pero prefiero hacerlo sobre un mundo fantástico: aquel al que transportan los flecos de la anestesia. Estos días he soñado con un pájaro increíble, cruce imposible de rabilargo y cigüeña, al que una grúa gigante trataba de capturar mientras en el suelo crecían y morían plantas a ritmo vertiginoso. Cuando abría los ojos estaba en mi cama de hospital. Cuando los cerraba, el rabigüeño levantaba el vuelo y sobrevolaba unas casas bajas, chalets perfectamente ordenados que flotaban sobre el asfalto como una urbanización ingrávida. Donde debían estar los cimientos, serpientes de colores ¿corales? se escurrían entre grandes montones de periódicos atrasados, sillas de montar mexicanas y barriles de cerveza. Abría los ojos y veía los tubos de suero, la sonda, el frasco de analgésicos. Los cerraba y regresaba a un mundo parecido al que imaginó Moebius, sin esquinas ni responsabilidades ni sospechas, en el que hombres mono pilotaban pavos desplumados por desiertos de color rosa. Un fenómeno mental, un volcán médico que explota e incomoda en su irracionalidad, y llena el cerebro de cenizas lisérgicas. O algo parecido.

Poco a poco el aire, que se ha levantado de forma imperceptible, arrastra las cenizas del volcán. Los sueños dejan paso a la realidad, y el poder emocional parece recuperar el control sobre la química.

¡Más de mil doscientos comentarios! Muchas, muchísimas gracias a todos los que cada día hacen de este blog un reducto crítico, intelectual, sonoro y humorístico. Muchas gracias por participar, por esos comentarios brillantes, tan inteligentes como respetuosos y divertidos: ¡son el alma del blog! No diré nombres porque no quiero dejarme ninguno: partiendo de Mecacholo, responsable del parte médico habitual (y del montaje gráfico), todos estáis contribuyendo a mantener vivo El Descodificador. Gracias de corazón. A todos.

el desco

Despierto definitivamente, totalmente, racionalmente, y me encuentro con Mariano Rajoy escribiendo en El País una columna de opinión sobre África: “La clase media está creciendo en África más rápido que en ninguna otra región del planeta”, dice el hombrecillo que rehuye la realidad de Ceuta y Melilla. Cierro los ojos con fuerza, como ese niño pequeño que no quiere ver el monstruo que se esconde bajo la cama, y cuando los abro veo a Esperanza Aguirre trasformada en el Vaquilla, aparcando en el carril bus de Callao, derribando motos de la policía y dándose a la fuga, derrochando soberbia por las calles de Madrid. Cierro los ojos y echo de menos el gran pájaro mestizo, los campos inverosímiles, las casas flotantes y sus entrañas de culebras y diarios y sillas y cervezas. No se puede tener todo…

Tengo una cadera nueva. Y tenemos que acostumbrarnos el uno a la otra. No me deja doblar la pierna como antes, se resiste a permanecer sentada frente al ordenador, exige camino y muleta. Por eso me iré reincorporando progresivamente al trabajo. Sobre todo ahora que he confirmado lo que ya sabía: que los imprescindibles sois vosotros. Gracias otra vez. Gracias siempre.

Somebody to Love – Jefferson Airplane – Surrealistic Pillow 1967

Transición

Horas y horas de televisión dedicadas a Adolfo Suárez en la mañana del lunes. TVE, Antena 3 y Telecinco en directo desde la capilla ardiente, instalada en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso de los Diputados. Por ahí pasaron todos, desde el rey Juan Carlos y Felipe González hasta Ana Botella e Ignacio González. En las televisiones, los tertulianos elogiaban la figura del primer presidente de la democracia. “Hay unanimidad”, dijo Victoria Prego. “Excepto en algún memo de la izquierda” apuntaba Pérez Henares desde la televisión pública. Era el día grande de los opinadores, y ahí estaban el director de ABC, Luis Herrero, Pilar Eyre, Francisco Marhuenda y hasta Miguel Ángel Rodríguez. Mariló Montero elogió la figura del fallecido. Ana Obregón escribió en Twitter: “Tuve el orgullo de protagonizar una portada con Adolfo Suárez. El rey de la transición”. Se refería a una cover de Tiempo en la que se anunciaba un “reportaje de investigación”: “Los más deseados. Con quien quieren hacer el amor los españoles”.

La prensa también se volcó con la figura de Suárez. Tres días después de que su hijo anunciará el inminente desenlace, el diario El País de ayer lunes le dedicó la portada, ocho páginas interiores y un especial de 32 páginas. Medio centenar de fotografías ilustraban tamaño despliegue, en el que como en todos los demás medios, tanto televisión como prensa, curiosamente falta una imagen, sin duda más informativa que aquellas en las que Suárez aparece jugando al tenis o lanzándose al mar en Brasil: el momento en que juró el cargo de secretario general del Movimiento en presencia de Franco y Herrero Tejedor.

Suárez jura

Por la tarde, una fila humana de centenares de metros serpenteaba por las calles y callejuelas que rodean el Congreso. Miles de personas, horas de espera, para decir adiós al primer presidente de la actual democracia.

Y hablando de transiciones… Durante los próximos días, los menos posibles, no actualizaré el blog. Cuestiones médicas. El foro, los comentarios, es decir, lo mejor de El Descodificador, permanecen por supuesto abiertos. Abrazos!

Burning – Mueve tus caderas (1979)

Crónicas de una muerte anunciada

Cuando comienzo a escirbir este post, mediodía del domingo, Adolfo Suárez aún no ha muerto. Han pasado ya 48 horas, dos días, desde que escuché las primeras necrológicas, en los magazines matinales de Antena 3 y Telecinco. “Fue un gran gran hombre”, decían el viernes en los programas de Susanna Griso y Ana Rosa Quintana. Los tertulianos hablaban de Suárez en pasado, las imágenes de archivo recordaban los viejos tiempos, e incluso llamaron a Victoria Prego para hablar de la Transición.

Suarez 1

Tras ver y escuchar estos programas durante unos minutos apagué la televisión y me puse a hacer otras cosas. “Ha muerto Suarez”, dije en casa. Hasta la tarde no supe que Suarez no había fallecido, que solo se trataba de periodismo necrológico de anticipación. Crónicas de una muerte anunciada por el hijo del ex presidente en rueda de prensa. Un suceso que recordaba al publicado por el New York Journal en junio de 1897: la muerte del gran Mark Twain. Solo un día después en el apartado de cartas al director destacaba una entre todas las demás. La firmaba el propio Twain: “James Ross Clemens, un primo mío, estuvo seriamente enfermo en Londres hace dos semanas, aunque ahora se encuentra bien. La noticia de mi enfermedad derivó de la enfermedad de mi primo; la noticia de mi muerte fue una exageración”.

El sábado, el diario El Mundo dedicó la portada y siete páginas a Adolfo Suárez. El domingo, La Razón le dedicaba la portada y diez páginas. ¿Qué harán cuando realmente muera? ¿Repetirán crónicas apasionadas y columnas laudatorias, o considerarán que ya está todo dicho? ¿Iniciarán entonces la caza, esa búsqueda del lado oscuro que piensan que todos tenemos? Y sobre todo… ¿Qué sucedería en caso de que, de forma milagrosa o por su recia constitución, se recuperase y viviese días, semanas, meses?

No parece muy serio, periodísticamente hablando, anticiparse a la muerte. Una exageración, como dijo Twain, que dice muy poco de una profesión acostumbrada a devorar noticias con excesivo apetito, con auténtica precipitación.

Cuando cuelgo este post, Adolfo Suárez ha muerto. Descanse en paz.

P.D.

Por la dignidad.

Madrid

Fotografo: Olmo Calvo.

Un motivo para NO ver la televisión

Adolfo Suárez, historia de una ambición.

Autor: Gregorio Morán.

Editorial: Planeta.

Sua

Publicado en 1979, esta biografía de Suárez ha marcado la vida de muchos estudiosos de la Transición. Morán es un gran periodista, y este libro demuestra que nunca fue dócil: tras la fachada del político se encuentra un personaje que no siempre se ajusta a la idea que han querido transmitir. Una figura controvertida, con un pasado turbio (portada tremenda, con Franco en las sombras y uniforme con yugo y flechas), que Morán describe apoyandose en más de 200 entrevistas. Fundamental para comprender la España de nuestros días.

Para completistas, en mayo de 2009 se editó “Adolfo Suárez, ambición y destino”, también firmado por Gregorio Morán. Una lúcida revisión de los últimos años del primer presidente de la democracia… “con todas sus luces y sombras”.

Suar