¿Cómo va España?

Hoy solo tengo buenas palabras para Miguel Ángel Revilla. Sí, el hombre al que tantas veces he criticado, el político al que he considerado populachero y bocazas, el analista absurdo con un gran concepto de sí mismo… hay ocasiones en las que tiene toda la razón. Ayer mismo, domingo, daba con la tecla exacta en una entrevista en El Mundo. Sí, unas de esas entrevistas en las que las preguntas son tan importantes como las respuestas, y el periodista intenta ser más brillante que el entrevistado. Imposible. Revilla estuvo simplemente insuperable.

“Que yo sea tan querido refleja lo mal que está España”, dijo el cántabro de las anchoas. Y no seré yo quien le lleve la contraria. Solo le haría algún pequeño matiz, le aclararía algún detalle de poca importancia, remataría la faena. Es decir, que añadiría algunas reflexiones nuevas al discurso de Revilla:

“Que yo sea una estrella de la televisión muestra lo mal que está la televisión en España”.

“Que yo sea tertualiano, es decir, que mi opinión tenga alguna repercusión social, refleja lo mal que están los espacios políticos en España”.

“Que yo sea famoso por aprovechar cualquier ocasión para vender anchoas refleja lo mal que están la publicidad, el marketing y las anchoas en España ”.

“Que yo sea una referencia como analista, pensador o erudito, como teórico social, refleja la crisis intelectual y moral de España”.

Cuando un país está a la deriva, como le sucede al nuestro, un pollo sin cabeza, es cuando son necesarias las seseras bien amuebladas, la reflexión y el pensamiento. Las ideas. Los líderes de opinión. Que Miguel Ángel Revilla se considere uno de ellos muestra, de manera contundente, la importancia de nuestra debacle cultural.

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Un motivo para NO ver la televisión

Siete vidas.

Autor: Josep María Beà.

Editorial: Astiberri.

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¿Quiere usted saber qué es un clásico? En el mundo del cómic, digo. ¿Sí? Pues corra a su librería favorita y hágase con una copia de “Siete vidas”, la obra maestra del dibujante de historietas, ilustrador y novelista Josep María Beà. Un trabajo publicado por entregas en 1983, glorioso blanco y negro, que ahora recupera Astiberri en una cuidada edición. Excelente papel, interesante introducción, tapa dura, portada a color… Y nueva rotulación. Todo lo que merece esta colección de episodios sobre las siete vidas de un gato, que son otras tántas anécdotas sobre la naturaleza del ser humano… con espíritu zoomorfo.

Porque mucho antes de que John Blacksad arrastrase su gabardina por los callejones ya había gatos con cuerpo de persona, vestidos como hombres y mujeres, que nacían, pensaban, sufrían y morían como tales. ¿Herederos de Felix y de Fritz? De alguna manera.

“Fue aquella una generación desalmada, pícara y rencorosa enseñada en el arte de denunciar para no ser denunciada… Así murió la confianza”.

Gatony es el protagonista de “Siete vidas”. Un minino viejo y atormentado que sueña con detener el tiempo, con recuperar lo perdido, con compartir la memoria. Pero no olvidemos que “es más duro resucitar que morir, sobre todo para aquellos que disponen de siete vidas”. Gatony mira para atrás y ve un mundo gris que no volverá. Ésta es una historia sobre el paso del tiempo y la nostalgia, sobre la vida triste de los pobres y la vida alegre de la minoría, sobre compartir miserias y grandezas, sobre la solidarid entre amigos y la amistad entre trotamundos. Josep María Beà sabía de qué hablaba, y de qué dibujaba. “Siete vidas” es un maldito clásico que, como dijo Borges de la obra de O. Henry, bien podemos considerar “una breve y patética obra maestra”.

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Más balones, menos procesiones

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Artículo 16.3 de la Constitución española.

Niños uniformados cargaban con un paso pequeño, pero muy apañado, que incluía un Cristo arrastrando la cruz. Para darle el toque definitivo de realismo, las trabajaderas estaban acolchadas. La sensación era que los chavales habían salido en procesión, pero no sabían lo que estaban haciendo: se despistaban con una mosca, perdían el paso, miraban a todos lados, se reían y empujaban… No se notaba demasiado fervor. Quizá se trataba de la Cofradía del Santo Chiquillo, más aficionada a comer chuches que a cargar con el muñequillo.

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Viendo los uniformes y los edificios usted se habrá dado cuenta de que la escena no tuvo lugar en Afganistán, ni en Quito, ni siquiera en Sevilla. Y de que la fotografía no había sido tomada en el siglo XIX. La imagen es del mediodía de ayer jueves, 30 de marzo de 2017. En el centro de Ávila.

Las últimas veces que pasé por ese lugar extramuros, el mercado Grande, la plaza de Santa Teresa, los estudiantes jugaban al fútbol en el recreo del instituto. Alguién les llamó la atención: podían dar con la pelota a la iglesia de San Pedro. Ayer nadie dijo nada a los niños. Nos limitábamos a mirar con la boca abierta.

Yo les prefiero con el balón. Pero cada padre sabe lo que hace con sus hijos, a qué colegio les lleva, y qué peso quiere que carguen sobre sus espaldas. ¿Niños costaleros? Por supuesto. Pero no con mi dinero, evidentemente. Con el mío, niños futbolistas, niños en la biblioteca, y niños estudiando a Charles Darwin. Cargando con todo el peso de la evolución sobre sus lomos.

La religión es adoctrinamiento. O en el mejor de los casos, una vivencia personal. La religión es la práctica de una fe, y por tanto no puede ser una asignatura en el colegio. Y mucho menos en un país aconfesional, con separación entre Iglesia y Estado. La religión, dicen algunos católicos, ni se enseña ni se aprende: se vive. Y debe vivir fuera de la escuela. En la familia, en su comunidad religiosa y en su iglesia.

Es decir, menos dinero público para imponer contenidos religiosos. Más balones, menos procesiones.

Pajarracos

Me cae bien Henk, un holandés descerebrado que ha convertido su casa en una mierda de museo franquista. Henk es facha porque su abuelo luchó con los golpistas en la Guerra Civil española, y no oculta sus gustos: banderas anticonstitucionales, escudos con aguiluchos, fotos de dictadores, manos levantadas… Quizá no tenga dos dedos de frente, seguramente se trate de un peligroso tarado, pero tiene dos cojones: en España mucha gente es franquista hasta las corvejas y lo niega las 24 horas del día. “Franco era un dictador”, aseguran todo dignos mientras piden que no se retiren las placas dedicadas a Millán Astray o al Generalísimo de las calles y no se saque a los muertos de la cunetas.

Henk dice que los que no son como él, es decir, los que no son fascistas, son “pajarracos”. Lo cuenta el diario El País en un reportaje un tanto surrealista, puesto que concede al freak en cuestión, y a su miserable casa-museo, una importancia que no tienen: “Las piezas exhibidas en esta muestra gratuita, en realidad, no tienen mucho valor, por muy orgulloso que esté su propietario. Son souvenirs que pueden comprarse en ventas de camioneros de las antiguas carreteras nacionales, junto a casetes de Camela y Junco. Más que un museo es una sucursal de Casa Pepe, un bar de Despeñaperros repleto de utilería kitsch con el sello del yugo y las flechas”.

En España das una patada a un bote y salen tres o cuatro Henk. Fachas tapados que se agazapan en las grietas del sistema, que juegan a disfrazarse de demócratas, que como decía Javier Krahe de Felipe González, hablan con lengua de serpiente. Escuchar a Rafael Hernando decir por la mañana que Franco era un dictador y por la tarde que las víctimas del franquismo solo se acuerdan de sus familiares “cuando hay subvenciones”, es simplemente repugante. Henk va por la vida sin careta, a pecho descubierto, como el facha majadero que es. Un pajarraco, sí, pero con dos huevos.

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Un motivo para NO ver la televisión

Cory Branan

Cd: Adios.

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A la sexta llegó la vencida. El cantautor de Southaven, Misisipi, ha grabado su disco más amplio, más ecléctico, más completo. Una colección de canciones muy diferentes, todas interesantes y algunas magníficas, que van desde el country del siglo XXI (The Vow) hasta el power pop (Yeah, So What y Chameleon Moon) pasando por esos temas que no pueden faltar en el repertorio de los buenos cantantes y compositores de corte clásico (Blacksburg o Cold Blue Moonlight). Branan no es un músico de primer disco memorable. Es un artista en proceso de formación, que no deja de crecer, y que está alcanzando la madurez mientras busca su propio sonido, su particular forma de entender el rock and country.

Recuerdo el primer disco de Cory Branan, editado allá por el 2002, como una agradable sorpresa. El potencial era enorme. Pues desde entonces el protagonista de la recomendación de hoy ha evolucionado favorablemente: es una esponja, escucha a Hank Williams y a Black Sabath, y cada vez resulta más original, más personal, menos estándar. “Adios” está formado por catorce canciones brillantes, tiene una producción sólida y adecuada al tono de cada tema, y Branan se encuentra en su mejor momento como cantante. El resultado es un gran disco de Americana, con pinceladas de todos aquellos generos que han participado en la formación musical del autor. Un excelente trabajo, un talento al que seguir muy de cerca.

 

Una estafa renovable

Si usted lee la portada de El País del domingo corre el riesgo de pensar que, urgido por cumplir los compromisos con el cambio climático, el Gobierno del PP apuesta de nuevo por las energías renovables: “Las causas (del parón de las renovables) hay que buscarlas en la profusión desordenada de este tipo de fuentes de energía en los años anteriores y en la crisis que frenó bruscamente la demanda de electricidad”. Yo creo que no fue así, y que la verdadera razón por la que el Gobierno del Partido Popular hundió las energías renovables mediante la regulación del autoconsumo, el famoso impuesto al sol del ministro José Manuel Soria, fue mantener los privilegios de las grandes compañías electricas, uno de los habituales retiros dorados de los líderes políticos.

“El Gobierno español ha matado a la energía solar. El caso de España sigue causando estupor”, aseguró a finales de 2015 el director ejecutivo de SolarPower Europe, James Watson. “¿Cómo puede un país que ha sido líder mundial pasar del todo a la nada en tan poco tiempo? ¿Cómo puede tirar por tierra su ventaja tecnológica y su gran potencial? ¿Cómo se puede destruir así una de las industrias del futuro cuando tanta falta hace generar empleo?”. En el reportaje de El País solucionan la implicación del Gobierno en este atraso energético, en este desbarajuste ecologico y económico, en poco más de un párrafo: “el sector fotovoltaico lleva cinco años en guerra con el Gobierno del PP por este asunto; le acusan de poner trabas, como el impuesto al sol”.

Vivo con mi familia, desde hace doce años, en una casa con una instalación fotovoltaica aislada. Es decir, que no tengo nada que ver con las compañías electricas, que no pago factura de la luz, que soy autónomo y me alimento con energía solar. Placas, baterías y un generador de apoyo. Dos neveras, un congelador, dos televisores, ordenadores, etc, etc. Nunca nada ha funcionado tan bien en la casa, nunca trabajó con nosotros una empresa más seria y eficaz que la que nos montó y mantuvo a punto la instalación. Alternativas Energéticas Vaquero. Hablo ellos en pasado porque tuvieron que cerrar hace dos años: les habían hundido. El sector perdió 35.000 puestos de trabajo.

Nos estafan todos los días. Con la energía, de manera renovable. Desde el poder, desde los medios. Desenchufémonos y busquemos nuevas vías de alimentación, nuevos enchufes en los que recargar las baterías.

4. 7. El Roto

Un motivo para NO ver la televisión

La guardia

Autor: Joydeep Roy-Bhattacharya.

Editorial: Sexto Piso.

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Una de las grandezas de la literatura es que no pierde la capacidad de soprender al lector. Cuando menos te lo esperas abres un libro aparentemente menor, comienzas a leer, te sumerjes en una gran historia, disfrutas de la pericia del narrador, y no puedes parar hasta llegar, con la boca abierta, al final. Pues eso mismo me ha sucedido con este “La guardia”, una obra maestra de la literatura bélica. O quizá mejor, antibelicista.

Aprovechando una tormenta de arena, un grupo de talibanes ataca una pequeña base norteamericana cerca de Kandahar. Al día siguiente, tras el sangriento enfrentamiento, una mujer tapada con un burka se acerca para reclamar el cadáver de su hermano, líder de los atacantes. Quiere enterrar el cuerpo según las constumbres de su fe. Los soldados sospechan que pueda tratarse de una trampa, o incluso de una terrorista suicida. No puedo contarle más, salvo que son diferentes los personajes que van narrando la historia, utilizando distintos lenguajes y perspectivas. En el vídeo final el autor le desvela algunos detalles más…

“- Era un terrorista, un talibán y un mal saray.

- ¡Eso no es verdad! Mi hermano era un héroe pastún, un muyahidín que luchaba por la libertad. Combatió a los talibanes. Y murió luchando contra los invasores amrikâyi. ¡Era un valiente!”.

Joydeep Roy-Bhattacharya es un escritor nacido en Jamshedpur, este de la India, que me ha dejado enormemente impresionado con este libro de brillante planteamiento, ingenioso desarrollo y final demoledor. Todo en “La guardia” arrastra a la tensión y la emoción, desde la presentación del personaje protagonista a las intervenciones de los actores aparentemente secundarios. Se habla de la guerra de Afganistan, y de unas víctimas concretas, pero en realidad se está hablando de todas las guerras y de todas las víctimas. Es un libro del que se disfruta cada página, cada diálogo. Una obra ágil y profunda que nos ayuda a recordar la situación de la gente en el otro lado del mundo, que nos invita a reflexionar sobre las formas de vida y las creencias diferentes, que nos obliga a mirar a las guerras modernas como lo que son: enfrentamientos desiguales entre seres humanos parecidos y economías distintas. Una patada, necesaria, en el estómago.