El vecino

Un motivo para NO ver la televisión

El vecino. Origen.

Autores: Santiago García y Pepo Pérez.

Editorial: Astiberri.

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Javier es un tipo desordenado y superficial que sueña con ser escritor… pero que solo es un vulgar periodista. Casi lo olvido: también es un superhéroe de corte clásico, traje ajustado de colores chillones con antifaz y capa. Su vecino y amigo José Ramón es todo lo contrario, un tipo sencillo y aburrido que estudia oposiciones y huye de los sobresaltos. El primero se esfuerza por mantener en secreto su identidad, por ganar sus combates con enemigos malísimos y por conservar el trabajo y las pastillas que le dan superpoderes. José Ramón estudia y estudia y estudia, y mira de reojo a la cajera del supermercado. Aparecen dos chicas, la novia de Javier y la vecina de José Ramón. Todo se complica: no es fácil vivir junto a un superhéroe en horas bajas.

Netflix no ha dejado escapar la ocasión y ha convertido “El vecino”, considerada una comedia urbana costumbrista, en una serie, dirigida por Nacho Vigalondo y protagonizada por Clara Lago y Quim Gutiérrez. Los acertados dibujos en color o blanco y negro, y sobre todo los brillantes guiones, estaban pidiendo a gritos pasar a la pantalla: la equilibrada mezcla de locura y cordura, de problemas cotidianos y desvaríos de superhéroe, de drama y comedia, hacen de este trabajo un cómic muy original… y seguramente una serie tronchante. Vigalondo parece el hombre ideal para adaptar a televisión el ordenado desorden de identidades, amistades y enfrentamientos, euforias y depresiones, que ofrecen García y Pérez en este libro, magníficamente presentado por Astiberri. “Origen” recopila los tres primeros tomos del cómic, y añade textos y bocetos explicativos del proceso creativo.

También se han reeditado dieciséis historietas protagonizadas por los super anti héroes de “El vecino”, algunas ya publicadas en distintas revistas y otras inéditas, en un volumen especial subtitulado “Historias”. Incluye numerosos e imprescindibles extras en forma, como no, de textos y bocetos. Muy recomendables los dos tomos.

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Una pequeña mentira

Un motivo para NO ver la televisión

Una pequeña mentira

Autores: Mario Torrecillas y Artur Laperla.

Editorial: Astiberri.

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La película ya está en los cines. Normal. Se trata de un cómic absolutamente delicioso que cuenta cómo un chaval de barrio se inventa su fichaje por, nada más y nada menos, el Arsenal. El resultado es divertido, conmovedor en ocasiones, sin evitar la más dura realidad. Astiberri lo publicó en su día, allá por el 2014, con el título original, “Dream Team”. Ahora, con el gancho de la película dirigida por Julien Rappeneau, lo reedita acertadamente como “Una pequeña mentira”.

Enzo, el protagonista de la aventura, es el típico niño que vive para jugar al fútbol: un mundo redondo que le permite soportar la separación de sus padres, un tanto agobiante ella, alcoholizado y violento él. La llegada de un ojeador de un equipo inglés de élite le hace soñar con el éxito y con recuperar a su familia. No ser elegido por su tamaño le obliga a no decir la verdad: asegura que está fichado y que deberá viajar a Inglaterra acompañado de su padre, si es capaz de recuperarse. Se sumerge en un torbellino de mentiras, sus amigos le apoyan, su falso mundo se desmorona…

“Una pequeña mentira” es una historia para todos los públicos, que entusiasmará a los amantes del balón y a los adictos a los telefilms dominicales. Y a todos aquellos que creen en las segundas oportunidades, los dibujos sencillos de colores luminosos y los guiones que nos arrastran a la infancia y nos invitan a soltar una lagrimilla. Entrañable.

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El río

Un motivo para NO ver la televisión

El río.

Autor: Rick Bass.

Editorial: Volcano.

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Conocemos a Rick Bass, geólogo y escritor tejano afincado en Montana, gracias a “Invierno”, la historia que cuenta cómo el autor se instala con su pareja en un rancho (editada en España por Errata Naturae). Es decir, que ya sabíamos del talento de Bass para reflejar en sus escritos la fuerza y precisión de las batallas que deben librar con la naturaleza quienes pretenden domarla. Estamos ante un hombre habituado a diseccionar tanto la complejidad del ser humano como la grandeza de la vida salvaje. Bass conoce ambos mundos, los considera inseparables y los convierte en protagonista y escenario de unas historias breves pero intensas.

“No he hecho nada”, le decían a Lily cuando volvía a casa a última hora de la tarde, todos los días. Miles de páginas de sermones, esparcidas por el despacho entero. La casa estaría caldeada, más que su despacho con todas esas corrientes de aire, y la cena, preparándose, con verduras y carne al fuego, en la estufa de leña. Mahatma Joe disparaba a los alces y ciervos que invadían su huerto; también a osos y uapatíes, y a cualquier cosa que apareciera escabulléndose por allí en busca de los productos del señor. Colgaban los animales en el garaje para que Lily los despellejara y los despiezara. Siempre tenían carne”.

Tres relatos forman este libro, una obra que huele “al heno recién cortado del verano” y habla de personas y de bosques, es decir, de amor y de soledad, de grandeza y agonía, de brutalidad y de jugadores retirados de fútbol americano, de osos y de predicadores, de vientos gélidos y, sobre todo, de cursos de agua por los que circula la vida y la muerte. Bass parece conocer en profundidad todos estos conceptos, y su poderosa influencia en aquellos que consideran la naturaleza su hábitat, el lugar del que jamás se debe salir. El primer relato cuenta la llegada de un predicador a un pacífico pueblo de Montana y de cómo patinar sobre el agua helada se convierte en sinónimo de libertad. En el segundo, un hombre enorme que nada desnudo a contracorriente, con una canoa anudada a la cintura, conoce el amor. Y muchas cosas más. Finalmente en El río, la historia que da título al libro, un ex jugador de fútbol americano participa en una jornada de pesca con unos colegas. Los mapaches contemplan desde el bosque algo más que hombres persiguiendo a peces cabeza de acero en la oscuridad, en un agua gélida repleta de trampas. Es el hombre contra la naturaleza.

“El salmón, lanzado como un cohete, salta del agua, se retuerce, se agita, rueda y vuelve a estamparse en el río, salta de nuevo, pero todavía está enganchado. Jack lo tiene en el sedal, sigue siendo el pez de Jack; Jack es el dueño y señor de ese trozo de vida salvaje, y aquello es una lucha, nada más que una lucha, no llegarán a ningún acuerdo, el pez es demasiado grande. El animal terminará en tierra, apaleado, llevado a casa y engullido (igual que les ha ocurrido a otros peces a lo largo de su vida)… O conseguirá escapar”.

Tres relatos perfectos, reunidos en un libro que consigue la armonía. Como sucede en esos bosques y arroyos de los que tanto habla. Una armonía en este caso conseguida al encajar excelentes historias con personajes creíbles, situar a estos últimos en espacios salvajes y posiciones complejas y, por supuesto, contarlo todo de manera tan luminosa como contundente. Rick Bass sabe de qué habla, y sabe cómo contarlo. Un libro fundamental para entender la moderna literatura de naturaleza.

Cómo ser una buena criatura

Un motivo para NO ver la televisión

Cómo ser una buena criatura

Autora: Sy Montgomery.

Editorial: Errata Naturae.

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Sy Montgomery es una vieja amiga, a la que seguramente recuerde por dos libros que hablan de las relaciones entre humanos y animales tan diferentes como tigres y pulpos. “El embrujo del tigre” (Errata Naturae) y “El alma de los pulpos” (Seix Barral) son textos redondos que convirtieron a la escritora alemana, afincada desde niña en Estados Unidos, en referencia destacada en el mundo de la literatura de naturaleza: Montgomery escoge bien los temas, se sumerge en ellos sin miramientos y cuenta las historias que le suceden de maravilla. Por eso escribir este “Cómo ser una buena criatura”, una original autobiografía basada en trece animales que de alguna manera han marcado diferentes etapas de su vida: perros, cerdos, emús, armiños, equidnas… y por supuesto pulpos.

“¡Hay un cerdo en nuestro jardín! ¿Es vuestro?”, me preguntaban por teléfono, y allá que salía yo a buscarlo. A veces me presentaba en camisón y con el pelo enmarañado: la peor pinta posible para socializar, sobre todo con vecinos a los que apenas conocía. Pero siempre era bienvenida, porque, para cuando llegaba, Christopher ya había encandilado a sus anfitriones: me los encontraba rascándole las enormes orejas, restregándole la barriga o dándole alguna chuchería. “¡Qué mono es! ¡Pero qué simpático!”, exclamaban, Querían saberlo todo sobre él”.

En este libro Montgomery desnuda su alma animal en unas líneas en ocasiones sencillísimas, prácticamente infantiles, para dos párrafos más adelante mostrarse madura, emocionalmente intensa y fuertemente comprometida. Particularmente la prefiero cuando se convierte en una Durrell (Gerard, por supuesto) divertida y apasionada. En cualquier caso se trata de una obra original, de un trabajo original que Errata Naturae convierte en una pequeña obra maestra con su bellísima edición (mucha culpa es de las maravillosas ilustraciones de Rebecca Green).

“Aunque había aprendido mucho del tiempo que pasé con Clarabelle y sus parientes de ocho patas en la Guyana Francesa, nunca antes había llegado a hacerme amiga íntima de un invertebrado, y mucho menos de un invertebrado marino. El mero hecho de que fuera posible trabar amistad con un pulpo podía ser considerado en muchos círculos como un deplorable antropomorfismo: la proyección ficticia de emociones humanas en un animal”.

“Cómo ser una buena criatura” es mucho más que el regalo perfecto. Es una biografía sorprendente y emocionante, que analiza con sensibilidad la esencia de la naturaleza, que es la esencia de la vida: el amor, la soledad, la amistad, la muerte… Los intensos vínculos que nos unen con la tierra y relacionan con sus habitantes, nuestros hermanos.