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Muuuucho morro

“Toda la gente que está sufriendo con este caso…”, dice Ana Rosa Quintana con voz lastimera, el susurro fantasmal de un personaje moribundo de Dickens. La presentadora parece sufrir con “toda la gente”… Pero en realidad se está forrando: inmediatamente después de tan sentida y melodramática frase inicia una tertulia en su programa de Telecinco donde analiza los detalles más escabrosos del Caso Bretón. Hablan del acusado, de las declaraciones de su cuñado, de los niños muertos, de su madre, de los huesos quemados, de la posible comunicación entre familias, de informes e imputaciones…“La sangre llama la sangre”, dice una tertuliana. “No quieren creer que los niños están muertos”, dice Joaquín Prat. “Que consulte con la almohada”, sonríe otra. “Tendrán que abrir los ojos en algún momento”, sentencia Ana Rosa antes de dar paso a la publicidad…

“¿Quieres empezar bien el día? Pues toma leche Muuu. La leche que sabe muuuuy bien. La leche más sana a un precio sensacional. Muu, la buena leche, leche fresca, leche natural”. Y es que los grandes profesionales de la comunicación, son exigencias del guión, igual venden un producto lácteo que hurgan en las heridas de una familia destrozada.

Telecinco es publicidad y es periodismo. La cadena ha aplazado “Nada es igual”, el especial que tenía previsto emitir esta noche sobre el caso Bretón. Esgrime “razones de actualidad”: los familiares de José Bretón se negaron a declarar ante el juez, circunstancia que ha “trastocado los planes del programa de Telecinco”, informa Vertele.com. La prestigiosa productora Mandarina, que al parecer llevaba días trabajando en este especial informativo, carece de material. Sin declaraciones de los familiares, no tienen “chicha” para rellenar una hora y media de programa.

Así está el periodismo televisivo. La Mandarina se quedó sin jugo, periodismo de declaraciones (de las víctimas y familiares), y Telecinco tiene que regresar a sus clásicos: nuevos capítulos de “CSI”. Telerrealidad policiaca, a fin de cuentas.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Mumford & Sons.

CD: Babel.

Tres años después de “Sigh No More” el cuarteto londinense de folk (con pinceladas de rock, de country, de indie) formado en 2007 regresa con su esperado segundo disco de estudio. Producido por Markus Dravs, quien ha trabajado anteriormente con grupos como Arcade Fire o Coldplay, “Babel” carece de batería. Es una de las características del sonido de Mumford & Sons, en directo una auténtica bomba y en estudio cuando menos sorprendente.

Mumford & Sons pertenece a ese conjunto de nuevas bandas que buscan alternativas al folk tradicional. Banjos, pero también algo de electrónica. Dylan dijo que era una de sus bandas favoritas del momento, y Springsteen les invitó a subir al escenario y cantar junto a la E Street Band. Los resultados no se hicieron esperar: ya han vendido más de un millón de discos en los USA.

Court show

Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia del Gobierno de Mariano Rajoy, quiere poner en marcha el Código Penal más duro de la democracia. No le parece suficiente con penas de hasta 40 años para los delitos más graves. Ya a cara descubierta, este político tan populista como ambicioso exige más protagonismo. ¿Cámara de gas? ¿Garrote vil? ¿Inyección letal? No, de momento solo pretende endurecer el castigo de aquellos delitos “especialmente reprochables”. ¿Delitos especialmente reprochables? ¿Se refiere quizá a aquellos cometidos por políticos corruptos? ¿Pretende tal vez  meter mano a individuos que, como su colega Carles Fabra, llevan años burlándose de la sociedad española? No, por dios. Gallardón habla de justicia mediática, de delitos audiovisuales, de crímenes en prime time. De court shows

Gallardón quiere que la chusma entienda que él, hoy ministro pero quién sabe si mañana presidente, está del lado del pueblo llano, siente como el pueblo llano, y como el pueblo llano quiere castigar a tipos de la calaña de José Bretón. Un monstruo ¿no es cierto?

Si la propuesta de Gallardón sigue adelante, la justicia quedará en manos de Ana Rosa Quintana, Susanna Griso y Jorge Javier Vázquez. Ellos, utilizando la audiencia a modo de Código Penal, decidirán cuan “especialmente reprochable” es un delito. ¿Qué share tuvo ayer el reportaje sobre el asesino en serie que mataba ancianas después de sodomizarlas con un crucifijo? ¿Un 27%? Crimen especialmente reprochable, amigo Gallardón. Estará semanas en nuestros programas, daremos todos los detalles escabrosos, haremos llorar a los familiares y amigos de las víctimas en riguroso directo, acosaremos a los parientes de la bestia, investigaremos con cámara oculta la fábrica de crucifijos… ¿Solo un 6%, menos que los documentales de cocodrilos de La 2? Menuda mierda de delito, menudo panoli el pervertido: que lo suelten de inmediato, que no sirve ni para rellenar un minuto de programación.

Con Gallardón, los juicios por fin tendrán la grandeza mediática que merecen. El ministerio público tendrá su sede en los platós de las principales cadenas de televisión, circunstancia que ayudará a descongestionar la justicia. De abogados y peritos ejercerán los tertulianos habituales, que por fin verán reconocida su capacidad para malmeter (presuntamente). El juez será el presentador, la Ana Rosa de turno. Los testigos serán los invitados en plató, que con sus comentarios absurdos y tendenciosos encenderán los ánimos de las masas. El jurado, y esto es lo mejor, será total, completa y absolutamente popular: los televidentes, que incluso podrán participar enviando sus SMS, a precios muy módicos, indicando si el acusado merece cadena perpetua modificable o cadena perpetua inmodificable.

Gallardón no propone nada nuevo. En televisión los llamados court show (o judge show, o judicial show) tienen una larga y jugosa historia. Telecinco, no podía ser otra cadena, puso en marcha en España este formato en 1993 con el programa “Veredicto”, presentado por, no podía ser otra persona, Ana Rosa Quintana. En 2009, y para sustituir a “El juego del euromillón”, la cadena de Berlusconi estrenó “De buena ley”, un espacio que sigue en antena. Y que en su versión latinoamericana, “Caso cerrado”, es un gran éxito. Populismo. Gallardonismo.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El bebedor.

Autor: Hans Fallada.

Editorial: Seix Barral.

Estamos ante un clásico de la literatura deprimente y sórdida. La culpa no es de la calidad del texto, siempre potente y por momentos muy brillante, sino de la historia tremenda que cuenta: la de un hombre total y absolutamente derrotado. Primero es el alcohol quién empuja a Erwin Sommer, empresario de postín, a hundir su empresa y abandonar a su mujer tras diferentes episodios de violencia y delincuencia. Después son las circunstancias, y la mala fortuna, los que hunden definitivamente a nuestro protagonista y le arrastran a la cárcel, primero, y al manicomio, finalmente.

Un drama autobiográfico que, escrito en solo dos semanas en una prisión alemana, muestra una visión única del lado oscuro del alma de una sociedad, la alemana de los años 40. Y que desnuda las frustraciones, miedos, obsesiones y malas decisiones de un hombre sin esperanza. “El bebedor” es un libro oscuro, sobrecogedor y apasionante que pone la piel de gallina.

Daños innecesarios

Dice Ana Rosa Quintana, en una patética entrevista promocional publicada por El País, que en su programa “el límite está en no hacer daño innecesariamente”. Conocer los motivos y las circunstancias que llevan a Ana Rosa a decidir  cuando es necesario y cuando no hacer daño sería fascinante, seguramente porque nos ayudaría a entender la existencia y las decisiones del todopoderoso. Ana Rosa es una diosa que reniega de  apelativos menores, como “reina de la mañana”. Cuando ponen en duda su profesionalidad, por ejemplo preguntándole por la imputación en el caso Mariluz, recuerda al lector que tiene un premio Ondas, y asegura que el mismísimo Augusto Delkader (presidente de PRISA Radio) no se podía creer que no tuviese galardones de esta calaña a cascoporro.
Que Delkader defienda a Ana Rosa, la periodista que publica libros escritos por negros, no es extraño: son socios. Recuerde que hace solo unos meses Telecinco absorbió el 100% de Cuatro, la cadena en abierto de Sogecable, y el 22% de Digital +, negocio que le proporcionó a PRISA el 18,3% de Telecinco y 491,1 millones de euros en efectivo. Desde ese instante los medios de comunicación de PRISA tratan con sorprendente cariño la telebasura que genera ese ojete audiovisual llamado Telecinco.

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