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Periodismo y literatura

“Siempre he sido pequeño, peludo y suave”, titulaba el diario El País una entrevista a Màxim Huerta publicada hace apenas diez días. Huerta, que acaba de publicar una novela titulada “Una tienda en París”, es famoso porque aparece en televisión presentando “El programa de Ana Rosa” (Telecinco) junto a la también escritora Ana Rosa Quintana. Hace solo unas horas fue Carles Francino quién entrevistó a Huertas en “La ventana” de la Cadena SER. “¿Puede ser que aparques el periodismo y te dediques por entero a la literatura?”, le preguntó Francino.

Es decir, que Francino quería saber si Huerta aparcará el periodismo que hace en “El programa de Ana Rosa” para dedicarse a la literatura que practica con libros como “Una tienda en París”.

Elegir entre periodismo y literatura siempre ha sido un dilema. Ahí tienen a García Márquez, Graham Green, Truman Capote, Norman Mailer, Tom Wolfe, Hunter S Thompson y tantos y tantos otros. Auténticos genios que, como Huerta, han navegado entre dos aguas con enorme solvencia, borrando con su talento la frontera que pudiera existir entre géneros. Y ahí tienen al omnipresente Enric González, que acaba de abandonar El País para escribir su primera novela. Con sus incursiones en el mundo de la gran literatura, Huerta dinamita la barrera entre realidad y ficción y escapa de su labor periodística habitual en Telecinco. “Los informativos se han banalizado una barbaridad, han perdido la esencia”, asegura en entrevista concedida a Vanity Fair.

Movido por la curiosidad, y teniendo en cuenta que  no entra en mis planes leer “Una tienda en París”, ayer mismo sintonicé Telecinco para disfrutar del Màxim periodista. Estaba sentando en un sofá, junto al conde Lequio, Ana Rosa y alguna periodista rosa, hablando de la enésima separación de Belén Esteban y de los problemas de Isabel Pantoja y Julián Muñoz con la justicia. Le evitaré los detalles sobre contenidos. Patrocinaba el espacio conservas “Carretilla”. ¿Tendrá este Màxim el mismo negro que Ana Rosa o escribirá sus propias obras?, se preguntará el lector con mala baba. De ninguna manera. Màxim escribe sus propios libros, según confesó a la revista que alberga este blog: “con mi vela encendida, una copita de alegría y la música muy bajita”.

Una copita de alegría… Todo el mundo habla de la crisis del periodismo. También deberíamos preocuparnos por la crisis de la literatura.

P.D.

En cualquier caso, jamás emprenderé un boicot a los libros y programas escritos y presentados por Màxim Huerta. No porque no me lo pida el cuerpo, sino por miedo a las demandas de Telecinco. Acaban de confirmar la querella de la cadena de Mediaset contra el bloguero que, hace un año, inició una campaña contra el programa de Telecinco “La Noria” en la que pedía a los anunciantes que retirasen la publicidad. Y es que con la publicidad, es decir, con la pasta, no se juega…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Dublinés

Autor: Alfonso Zapico.

Editorial: Astiberri.

Una novela gráfica. Eso es “Dublinés”, el libro que el dibujante Alfonso Zapico dedica a repasar la vida de James Joyce. El comic de toda la vida, pero en formato algo más reducido y con 230 densas páginas repletas de ilustraciones fabulosas y textos descriptivos. Merecido Premio Nacional del Cómic 2012.

La pasión de Zapico por el escritor irlandés queda perfectamente reflejada en una obra sorprendente, que se lee de una sentada y muestra diferentes aspectos de la vida del hombre que escribió “Ulises”. Un juerguista soberbio, egoísta y déspota en sus primeros pasos como escritor; un borrachín  altivo, vanidoso e insobornable en el final de su vida. Un genio siempre.

Zapico es un dibujante narrador que disfruta especialmente con los paisajes urbanos: calles abarrotadas de gente, escaparates anunciando vida, fachadas de edificios de ladrillo…Dublín, Trieste, París, Zúrich… El autor sigue las huellas de Joyce por Europa, y alterna las descripciones minuciosas de los personajes que influyeron en el autor dublinés con análisis sobre la situación historica que vive el viejo continente.

Tan interesante y recomendable como para leer inmediatamente después “La ruta de Joyce”, el cuaderno de viaje que Zapico escribe/dibuja sobre el proceso de documentación para realizar “Dublinés”.

Reinventarse o dejar de girar

La  humanidad no recibía tan buenas noticias desde el descubrimiento de la penicilina: cierra “La noria”, uno de los programas más repugnantes (que se dice pronto) de la historia de Telecinco. Lamentablemente no podemos celebrarlo como es debido, purificando el plató con unos bidones de gasolina y un mechero, puesto que solo se trata de una suspensión “temporal”. Me temo que el efecto real del cierre sea mínimo: de licuar los cerebros de los telespectadores del sábado noche se encargará ahora “El gran debate”, que toma el relevo, amplía su horario y mantiene presentador. Se han reinventado. La programación cambia para que todo siga igual.

“La noria” no ha cerrado por cuestiones ideológicas, por remordimiento de sus creadores, porque Sanidad no pudiera ignorar semejante foco de contaminación o sencillamente por petición popular. Ha cerrado por falta de anunciantes. La inversión publicitaria ha caído un 15% en el primer trimestre del año. Y la televisión, que es el primer medio por volumen de inversión, ha decrecido en su conjunto el 17,7%.

Las crisis de los medios es proporcional a la crisis publicitaria… pero multiplicada por la crisis ideológica. No hay ni perras ni ideas. Solo hay empresarios y gurús, que no es lo mismo. Podría ponerle como ejemplo los expedientes de regulación de empleo que están sufriendo los grandes medios de comunicación. Pero creo que el auténtico termómetro de la situación es la última página de El País, esas entrevistas que comenzaron celebrándose en grandes restaurantes, entre suculentos platos y excelentes caldos. Una obra maestra de marketing. El lector quizá no leyese una sola línea del texto, pero no podía evitar mirar de reojo el menú y escandalizarse con la factura, símbolo del momento de bonanza que atravesaba la profesión. Pues bien, se acabaron las comilonas: desde hace semanas el 50% de esas entrevistas tienen lugar durante un desayuno. Café con leche y churros, y si el periodista es de plantilla y veterano, quizá un zumo de naranja. El foie plancha, el arroz con bogavante y los crianzas de 30 euros han pasado a la historia.

Es el final. Cuando un periodista que va a pasar la factura del restaurante a su empresa tiene que mirar los precios de la carta, estamos jodidos. Hemos pasado del menú degustación, largo y estrecho, al menú de supervivencia, corto y mezquino. De El País al Huffington Post. De la información a la agregación. ¿La reinvención del periodismo? No, la reinvención de las empresas de comunicación. “Si no apostamos por el periodismo como negocio, la libertad de expresión estará en peligro”, sentencia Juan Luis Cebrían.

La noria ha dejado de girar.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Trilobites

Autor: Breece D´J Pancake.

Editorial: Alpha Decay.

Breece D´J Pancake, el autor de este maravilloso libro de cuentos deslumbrantes, se suicidó en 1979 a la edad de veintiséis años. Un drama: son las 230 páginas más emocionantes e intensas que he leído en los últimos meses. Un prodigio de pasión y dolor, pero también de técnica y capacidad para transmitir, para contar.

Breece Dexter Pancake nació en Virginia Occidental, coleccionaba puntas de flechas indias y fósiles, pescaba y cazaba en los Apalaches, jugaba al billar y bebía como una esponja. Dicen que se convirtió al catolicismo, y que disfrutaba más enseñando a escribir que escribiendo. Los doce cuentos que forman este libro hablan de la sangre caliente de una cierva, las primeras luces del día o de hombres que se comportan como perros, buscando algo muerto que arrastrar a casa. Es decir, hablan de las mismas cosas que hablaban Faulkner o Hemingway.

Solo leyendo este libro imprescindible es posible comprender lo enorme de la pérdida. El destino de Breece Dexter Pancake era la gloria.

“Miro como juega el ganado. Deben venir lluvias. Siempre vienen cuando el ganado juega. A veces sus juegos llaman a la nieve, pero casi siempre es la lluvia lo que viene. Cuando papá me atizó de lo lindo con esa serpiente negra, la colgó de una valla. Pero no llovió. El ganado no estaba jugando y no vinieron las lluvias, pero no abrí la boca. Ya había tenido bastante con la serpiente y no quería que me diera con el cinturón”.

Daños innecesarios

Dice Ana Rosa Quintana, en una patética entrevista promocional publicada por El País, que en su programa “el límite está en no hacer daño innecesariamente”. Conocer los motivos y las circunstancias que llevan a Ana Rosa a decidir  cuando es necesario y cuando no hacer daño sería fascinante, seguramente porque nos ayudaría a entender la existencia y las decisiones del todopoderoso. Ana Rosa es una diosa que reniega de  apelativos menores, como “reina de la mañana”. Cuando ponen en duda su profesionalidad, por ejemplo preguntándole por la imputación en el caso Mariluz, recuerda al lector que tiene un premio Ondas, y asegura que el mismísimo Augusto Delkader (presidente de PRISA Radio) no se podía creer que no tuviese galardones de esta calaña a cascoporro.
Que Delkader defienda a Ana Rosa, la periodista que publica libros escritos por negros, no es extraño: son socios. Recuerde que hace solo unos meses Telecinco absorbió el 100% de Cuatro, la cadena en abierto de Sogecable, y el 22% de Digital +, negocio que le proporcionó a PRISA el 18,3% de Telecinco y 491,1 millones de euros en efectivo. Desde ese instante los medios de comunicación de PRISA tratan con sorprendente cariño la telebasura que genera ese ojete audiovisual llamado Telecinco.

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