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La vida real

¡Wouzee! No es la voz de ánimo de un luchador de sumo. Ni el grito de guerra de un kamikaze. Ni siquiera la versión sofisticada de la sartén abombada empleada en extremo oriente y sudeste asiático para saltear alimentos conservando su olor y sabor. No. Wouzee es una startup. ¿Y qué es una startup? Se preguntará un buen número de lectores de este blog chapado a la antigua. Pues una red social de emisión de videos en directo por el sistema de streaming. ¿Mande? Una plataforma de lifestreaming. ¿Perdón? A ver si ahora me entiende: un sistema para retransmitir la vida en directo. Wouzee, sorpréndete y mira.

Video ok

La vida en directo, la vida real. ¿Real? A los pocos días de nacer esta red ofrece las imágenes de una declaración en las que estaba prohibido tomar imágenes. Las de la infanta Cristina en el juzgado de Palma de Mallorca. Unas imágenes que ya están en todos los medios de comunicación. Desde El País a El Mundo, desde Antena 3 a Telecinco. “Es una exclusiva fantástica”, dicen en las tertulias televisivas. Todos emiten esas escenas de baja calidad por su gran valor informativo: algo parecido a una estantería, un techo de oficina (módulos blancos) de lo que debe ser la sala de vistas, una bandera de España, una gran pantalla, gente sentada en bancos, la supuesta cabeza de la infanta con su media melenilla… con la cámara torcida, todo borroso. Y las voces lejanas, a veces inaudibles, incomprensibles por las protestas que tenían lugar en la calle, subtituladas.

Un fallo del sistema de seguridad. El juez Castro, muy enfadado, ha tachado la filtración de “incalificable”. En la sala había 50 personas. Una de ellas grabó la declaración. Yo tengo mi teoría. Creo saber quién ha sido. ¿Un dron? No. Todas mis sospechas recaen, atención… ¡En la infanta Cristina! Ha sido una vuelta de tuerca genial registrar su propia declaración y colgarla en la última red social, sorpréndete y mira, en un alarde de esa transparencia que tanto se exige a la Casa Real. Y es que del medio centenar de personas que tenían permiso para estar en la sala, ella era la única que no fue obligada a pasar el control de metales del juzgado, que no atravesó el arco detector de llaves, monedas, aparatos electrónicos… ¿Quería tal vez Cristina enseñar a su padre la declaración al llegar a casa, para demostrarle que había estado a la altura de la institución?

La historia de Cristina, el duque empalmado y compañía es tan chusca, tan miserable (esos trabajadores sin contrato a los que pagaban en negro), tan bochornosa, que merecía unas imágenes como estas. Robadas. Periodismo desenfocado para unos delincuentes presuntos, pero muy reales.

¿Quién ha grabado esas imágenes? “Ha sido la mano de Dios”, dice un adjunto a la dirección de El Mundo en La Sexta. “¿Han pagado por esas imágenes?”, pregunta el presentador. “El Mundo no paga nunca por la información”, asegura ofendido el ex de Pedro J, que olvida la famosa frase de José Emilio Suárez Trashorras, ex minero acusado de facilitar el explosivo con que se cometieron los atentados del 11-M: “Mientras El Mundo pague, yo les cuento la Guerra Civil”.

En cualquier caso, ante la inevitable pregunta de la policía o el juez (¿Grabó usted el interrogatorio a la Infanta Cristina pese a estar prohibido?) el autor de las imágenes debería responder lo habitual en estos casos: “No lo sé, no me acuerdo, desconozco la mecánica…”.

Camara

 

P.D.

TVE

Imagen de un Telediario de TVE. Sin comentarios…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Scott Gagner

Cd: Rise & Shine.

Scott

Hace solo unos días escuchábamos el último disco de Bap Kennedy, un cantautor irlandés amigo de los medios tiempos. Y recordábamos a Ron Sexsmith. Pues seguimos en esa línea blandengue. Hoy con un cantante y compositor de Minnesota que ha grabado un segundo disco perfecto, si lo que te gustan son las baladas y los ritmos tan suaves como cadenciosos. Dicen que Scott Gagner hace power pop, pero yo no diría tanto. Pop acústico, con detalles de la música folk, una producción tan eficaz como sencilla y una instrumentación muy amplia. Las guitarras de pedal conviven con violines y trompetas en unas armonías estructuradas a la perfección. Buenas composiciones, y una voz interesante, completan un disco delicioso, doce canciones suaves que enganchan poco a poco. Ideales, según el propio Gagner, para los seguidores de Nick Lowe y Harry Nilsson.

 

Catorce

Catorce fueron, según la radio, los pasos que dio la infanta Cristina desde el coche a la puerta del juzgado de Palma de Mallorca. Catorce eran a esa misma hora las personas muertas en Ceuta por querer escapar de la miseria. TVE apostó por los primeros catorce y olvidó a los otros. El Telediario de TVE, la televisión pública, de las tres de la tarde del sábado abrió con la primera noticia: imágenes del modesto vehículo bajando la rampa, de la infanta sonriente. Resto de titulares: nuevo comunicado de ETA, canal de Panamá, un hombre intenta secuestrar a su hija de 18 meses en el metro de Madrid, “Pocos avances en Homs” y el tiempo. Una mañana con mucho viento y lluvias intermitentes. Y los deportes, las primeras medallas en los juegos olímpicos de invierno. Cinco minutos. Ni una palabra de Ceuta en los titulares.

Ceuta 1

El informativo estrella de la televisión pública española regresó a Palma. Y continuó con las banalidades y las obviedades sobre la declaración de la infanta: “A la manifestación que ha tenido lugar en los alrededores se han sumado numerosos curiosos”. Y luego muchas noticias más, algunas tan intrascendentes como el 175 cumpleaños del restaurante Lhardy: “Se supone que aquí venía Isabel II, y en una de esas visitas fue cuando se olvidó el corsé”, dijo la copropietaria. Ni un segundo dedicado a Ceuta en todo el Telediario, al nuevo cadáver descubierto, al silencio del ministro de Interior, a los vídeos que muestran las expulsiones de los inmigrantes.

Ni una mención en el informativo estrella de la televisión pública a los entonces catorce muertos en Ceuta. El diario El País les dedicaba ese mismo día una doble página. El tema era, es, de absoluta actualidad.

Para ocultar la realidad todo sirve, bien es cierto, pero la declaración de una infanta ante el juez y una buena ciclogénesis explosiva forman una combinación irresistible. Al Gobierno no le interesa el problema de la inmigración, es evidente, y en los informativos de TVE sienten ese deseo de ocultación como una orden.

La información está manipulada. La transparencia es un sueño imposible. Nadie da la cara en este Gobierno: se esconde el Presidente Rajoy tras pantallas de plasma, se esconde el ministro de Interior con la ayuda de TVE, se esconde hasta el ministro de Cultura, que no asiste a los Goya para no vérselas con la industria del cine. Y como cómplice necesario de semejante miseria, TVE, la televisión pública.

ElRoto

 

Un motivo para NO ver la televisión

Nebraska

Nabraska

Esta es la historia de Woody, un viejo que viene de allí y va para allá. La historia pequeña, en blanco y negro, de un hombre que olvida las cosas, se lo ha bebido todo y necesita un millón de euros para comprarse una camioneta nueva y un compresor. El resto de lo dará a sus hijos.

El protagonista de esta road movie está dispuesto a cobrar su premio, su falso premio, a cualquier precio. Y David, su hijo pequeño, poco a poco entiende lo que está sucediendo: es la última oportunidad que tiene para ganar. Lo cual no es poco para un perdedor profesional. Algo de ropa, un Subaru viejo y largas carreteras rodeadas de campos de cereal. Es el recorrido entre Montana y Nebraska, entre la miseria nuestra de cada día y el millón de dólares. Padre e hijo emprenden el viaje, al que se suman el resto de personajes de esta aventura sencilla, en ocasiones sobrecogedora y en otras divertida, que nos recuerda una vez más la importancia de las cosas sencillas, de los detalles, de la transigencia y el saber escuchar.

Telediario católico

A este año de mierda apenas le quedan un par de telediarios. Mejor. Son una auténtica basura. Los telediarios, digo. Los telediarios de TVE, concretamente. Sí, los telediarios de la televisión pública, aquellos informativos que en otros tiempos fueron referencia y ejemplo de periodismo. Hoy son una auténtica vergüenza, un modelo de burda manipulación, tramposos y ramplones, el hazmerreir de la profesión.

Escribo en caliente, nada más presenciar el Telediario (TVE) de las nueve de la noche del pasado domingo, un informativo tendencioso y perverso que había que leer (ver) entre líneas. Arrancaba con la celebración de unas reuniones religiosas en dos ciudades españolas: “Hoy, en Madrid, las familias cristianas han celebrado la fiesta de la familia”, decía la presentadora del informativo. ¿La fiesta de la familia? ¿Acaso no hay otra familia que la cristiana? ¿Dónde cojones he vivido yo toda mi puñetera vida, en un puto rebaño, en una jodida piara? El lema de la reunión era, tal y como  advierte la voz en off, “La familia, un lugar privilegiado”. Dan paso a las opiniones de los asistentes: “Hemos venido en un autobús de la parroquia…a celebrar la familia”. Esta era la segunda noticia más importante del día para el editor del Telediario, solo detrás de las reacciones de los políticos vascos al comunicado de los presos de ETA.

Pero el informativo de TVE alcanzaba el grado máximo de manipulación cuando, en el ecuador del programa, cuentan la historia de una familia cuyos tres hijos padecen una de esas enfermedades llamadas “raras”, el síndrome de sanfilipo. Tres hijos que, al padecer todos la enfermedad, están condenados a morir en la adolescencia. “Hasta ahora no tenía cura, pero ensayos en animales han dado resultados positivos y han devuelto la esperanza a las familias que esperan”, asegura la presentadora. “Los padres de los niños no pierden la sonrisa”, dice al autor del reportaje. “Es una obligación de los padres tratar de conseguir la terapia”, asegura el padre. “Y todo esto con una sonrisa, porque la tienes que poner, porque no hay otra. Es la forma, es la forma de tirar adelante”, afirma la madre de, insisto, tres hijos con la misma enfermedad genética.

Podría parecer sutil esta apología del orden católico, de la felicidad de la familia cristiana hasta en los malos momentos, e incluso de la nueva ley del aborto de Gallardón, pero no es así. Se trata de brochazos de grueso calibre, repartidos por un informativo en el que el resto de piezas son puro relleno. Los editores del Telediario querían contar dos cosas: por un lado, que las familias católicas están ahí, adoran a sus hijos, rezuman bondad y son la base de la sociedad española. Por otro, que el aborto es un crimen espantoso, y ahí tienen como ejemplo a una familia con sus tres hijos condenados a muerte, que es feliz y lucha por ellos con uñas y dientes. El resto de las noticias, insisto, relleno.

Un informativo simplemente repugnante. E irresponsable.

El Telediario de la señorita Pepis

“Qué pena haber recogido un Ondas por casi 30 años en TVE y que esa imagen no se haya visto en el Telediario”, se lamentaba amargamente el pasado miércoles María Escario, periodista de deportes de TVE, en su cuenta de Twitter. Dicho y hecho. Tres días después, el sábado, los presentadores del Telediario Fin de Semana dieron paso, nada más terminar los deportes y con Escario sentadita a su vera, a las imágenes de la entrega del Ondas solicitadas por la veterana periodista: “Antes de despedirnos queremos recuperar un momento muy importante de esta semana; muy importante para tí, pero muy importante para todos y que es un motivo de orgullo para todas las personas que trabajamos en esta casa”.

Escario se quejó en las redes sociales de no salir en el Telediario recogiendo un premio, y a los tres días la sacan en el Telediario recogiendo el premio. No parece muy seria la cosa. Que conste que pienso que esta periodista deportiva se merece no ya ese galardón, sino el Pulitzer, el Ortega y Gasset, el González Ruano, el Príncipe de Asturias y hasta el Planeta, este último muy bien dotado económicamente. Otra cosa es que la imagen que transmite todo este proceso de lloriqueos y caricias no ayude a creer en la seriedad y el rigor de los informativos de la televisión pública.

Me explico: si una periodista de deportes tiene mano en la edición de los informativos de esta TVE, hasta el punto de hacer que se recupere con tres días de retraso, plena actualidad, una imagen tan personal como festivalera y prescindible, ¿cómo no van a tener mano Rajoy, Cospedal y compañía para evitar que en esos mismos telediarios informen como dios manda de la corrupción que corroe las entrañas de su partido? Por poner un ejemplo, digo.

El Telediario de la señorita Pepis. Los informativos de Somoano. La televisión de Mariano. Es decir, la frivolización absoluta de TVE.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Pobre blanco.

Autor: Sherwood Anderson.

Editorial: Barataria.

Cuando en 1919 Sherwood Anderson publicó “Winesburg, Ohio” se convirtió en un clásico norteamericano. El escritor de Ohio demostró, con esas crónicas minuciosas y sutiles de las vidas de los habitantes de un pequeño pueblo del interior profundo de Estados Unidos, ser un maestro del relato corto. Un libro memorable, una obra maestra absoluta, una lección sobre el arte de contar historias pequeñas.

En “Pobre blanco” Anderson abandona el cuento, el relato de corto recorrido, y se decide a narrar la historia de un hijo de la montaña… en beneficio de un hijo de la llanura. Es decir, el proceso de transformación de un hombre hecho a sí mismo. Hugh McVey nació en “una modesta casita de un pueblo situado al oeste del Mississippi… un lugar miserable y sucio”. Pobre como una rata, tiene la fortuna de vivir bajo la tutela de una mujer, Sarah Shepard, que le instruye, le viste y le consigue un trabajo digno. A los diecinueve años, en septiembre de 1886, nuestro protagonista decide conocer mundo. Comienza la odisea de un tipo tímido, introvertido y trabajador que tiene grandes ideas en la cabeza.

Anderson describe hombres y máquinas, y cuenta cómo los primeros inventaron y construyeron las segundas para orgullo y enriquecimiento de algunos y miseria de otros. Porque el protagonista de nuestra historia es todo un inventor: “Desde Bidwell a todas las granjas y hacienda del mediodía de Ohio el nombre de Hugh McVey se hizo célebre. Su máquina de segar llevaba el nombre de McVey pintado en letras blancas sobre un fondo rojo en uno de los lados de la máquina”.

“Pobre blanco” habla de un inventor y de los ambiciosos seres que le rodean, pero sobre todo de los trabajadores que sufren los cambios laborales que provocan esas máquinas, ese nuevo concepto de éxito. El desarrollo industrial, un “sistema social que admitía la existencia de fábricas cuya escala de jornales la dictaba el capricho o el criterio de un hombre o de un grupo de hombres”.

Una novela tan melancólica como su protagonista, un triunfador que no olvida sus raíces, que sufre por los que le rodean, que duda de sí mismo, que tiene dificultades para amar (y para se amado), que reniega de ambiciones desmedidas y sueña con vivir una vida normal. La puerta trasera del sueño americano. Emocionante.