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Mi gran boda Gürtel

“Es un regalo de una boda celebrada hace 11 años de un invitado a uno de los contrayentes”, dice la madre de la novia. Concretamente se refiere a un regalo de 32.425  euros que le hizo el líder de una trama mafiosa cuando se celebró en enlace de su hija. Lo dice y se queda tan ancha, tan pancha, tan sonriente, convencida de que somos tan sumamente imbéciles como para pensar que 32.425 euros es un regalo normal de boda. La madre crédula es Ana Botella, mujer del ex presidente del Gobierno José María Aznar. Son los padres de Ana, la feliz novia que, con una iluminación digna del mismísimo Madison Square Garden, contrajo matrimonio en una sencilla ceremonia religiosa celebrada en El Escorial con el joven emprendedor Alejandro Agag. Asistieron más de mil invitados. Ofició el acto monseñor Rouco Varela. Cofinanció el evento la trama Gürtel. Y ejercieron de monaguillos, a las órdenes de Correa, el Bigotes, Bárcenas, Blesa, Camps, Jesús Sepúlveda

El foco tras los novios fue un detalle de la trama Gürtel…

Lo feo no es ya la cantidad, 32.425 euros. Lo feo es que un invitado te pague, como regalo de boda, las luces, los  andamios, los generadores, el parking, las acreditaciones… Resulta de una vulgaridad espantosa. Es tan cutre que yo, fíjese lo que le digo, no me lo creo: es imposible que gente tan elegante, tan preparada, tan culta, tan honrada y tan patriota sea capaz de aceptar regalos tan zafios. Imposible del todo.

De esto trata la cosa. De que seamos incapaces de ver aquello que sucede delante de nuestras narices. De que contemplemos un acto corrupto de manual, de que nos restrieguen por los morros una boda sembrada de delincuentes, y pensemos que se trata de un derroche lumínico de la crème española. Quieren que, cegados por las bombillas, no veamos la luz. Que sepamos que somos gilipollas perdidos, y ellos son listos listísimos. Lo demás son tonterías. Y además, han prescrito.

Todo consiste en decir que nada existe. Ahí tiene a Cospedal, que quiere que el Caso Bárcenas “se ventile cuanto antes”.  Y ahí tiene a Ana Botella, que niega contrapartidas por el regalo de 32.425 euros: “La duda ofende”, dice. Iré más lejos, y le diré que ahí tiene al PP al completo: con sus votos en contra, y la abstención cómplice de UPyD, impidieron ayer mismo que el Congreso de los Diputados condenase la dictadura franquista.

Los tiempos han cambiado, pero no tanto como deberían.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Salmones contra percebes.

Autor: Rosa María Artal.

Editorial: Temas de hoy.

Rosa María Artal se ha convertido en una periodista imprescindible en estos tiempos revueltos que nos ha tocado vivir. Abandonó TVE, donde formó parte de la mejor etapa de “Informe semanal”, para sumergirse en las redes sociales y en la literatura de combate. Y ha escrito numerosos libros sobre la situación política y social, imprescindibles para comprender cómo este país ha caído tan bajo. Siempre comprometida y didáctica, Artal es una referencia en la actual lucha contra la corrupción y el poder mafioso.

“Salmones contra percebes” propone, como subtítulo, “ganar la partida a quienes rechazan los cambios políticos y sociales”. Y lo hace partiendo de una metáfora muy bien traída: ¿Te aferras a la roca o nadas a contracorriente? ¿Tienes miedo o quieres luchar? ¿Prefieres no hacer nada o te rebelas contra la corrupción y la ineficacia? ¿Eres un salmón batallador o un percebe cagueta?

Artal insiste en los temas de sus últimos libros: la mala política, la corrupción, la decadencia social, el deterioro de la educación y la sanidad públicas, los recortes en servicios sociales… Todo aquello que empobrece nuestra sociedad está en el punto de mira de una periodista que, además de denunciar, propone soluciones. Ya no basta con mirar. Hay que actuar. Los ciudadanos tienen que recuperar el control, y ganar la partida a los conformistas que niegan la necesidad de profundos cambios políticos y sociales.

Un libro de batalla, por tanto, que abre los ojos, enciende la sangre e invita a salir a la calle, a levantar a la voz, a luchar por aquello que es nuestro y nos están robando. Imprescindible.

Droga dura

Pocas horas después de que el ciclista norteamericano Lance Armstrong confesase a Oprah Winfrey que se había dopado, Esperanza Aguirre aseguraba a Ana Rosa Quintana que iba a inaugurar un foro en Murcia. ¿Casualidad? Me extraña. Dos grandes programas de televisión, dos presentadoras que dominan el arte de la entrevista, dos tramposos profesionales… Y es que muy de cuando en cuando las estrellas de la televisión consiguen alinearse en brillante constelación, y nos ofrecen momentos audiovisuales tan mágicos como estos. Instantes que quedan para siempre en las retinas de unos espectadores que flipan con esta televisión psicotrópica de primera calidad.

Todos los medios de comunicación nacionales recogen la entrevista de Winfrey, y se regodean en la desgracia de ese drogadicto de mierda llamado Lance Armstrong. ¡Maldito seas por siempre, fullero! Braman los mismos periódicos y las televisiones que consideran lo del chuletón de Contador como un ataque francés a nuestro glorioso deporte. Recuerda usted el famoso “soy español, ¿a qué quieres que te gane?”. Pues eso mismo.

Ana Rosa Quintana, la Oprah Winfrey blanca, estilizada y estirada, tiene su propio bombazo: Esperanza Aguirre. La actual caza talentos, ex presidenta de la Comunidad de Madrid, parece que también se ha dado al consumo de sustancias alucinógenas: “me da mucha pena el ERE de Telemadrid… ha sido una emisora estupenda”, dice con la voz arrastrado del yonqui que lo está dejando, pero que no lo deja. ¿Sobredosis de hipocresía? Jamás…

“¿Es más feliz ahora?”, le pregunta Quintana en el momento cumbre de la entrevista, con un nivel de emotividad difícilmente soportable por el corazón humano. “La felicidad es una cosa complicada. Voy a ser más feliz, creo, pero todavía no he empezado”, responde la caza talentos con mirada torva.

Y antes de que el telespectador pueda reponerse del shock emocional, el realizador de Telecinco funde el rostro revirado de Aguirre con el fúnebre careto de Nacho Abad, enterrador de guardia de Ana Rosa. Y se ponen a hablar de una niña secuestrada que ha sufrido abusos sexuales.

No importa. Para entonces Esperanza Aguirre ya había dejado una frase para la historia: “Hay que hacer políticas que den confianza a la gente”. Se refería, no me cabe ninguna duda, a las políticas de su partido, del PP. Ya saben, las políticas de gestores brillantes e inmaculados, como pueden ser la propia Esperanza Aguirre o Ignacio González, Ana Botella, Luis Bárcenas, Güemes, su mujer y su suegro, etc. Todos carne de caza talentos.

P.D.

A las seis de la tarde se podía leer en la web del diario ABC la noticia sobre las cuentas suizas de Luis Bárcenas, ex tesorero del Partido Popular. Pero mientras ese tema abría las portadas de Elpais.com y Elmundo.es, en ABC.es estaba en la posición número diecisiete, tras “La interesante vida sexual del percebe” y antes de “Mújica, con chanclas y tomando café en una terraza”.

No es coña. Es periodismo. Concretamente es la crisis del periodismo…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Redd Kross

Cd: Researching The Blues.

Primer disco de estudio en quince años de un precoz cuarteto californiano: grabaron su primer disco, el excelente “Born Innocent” (1982), nada más cumplir los quince años. Pop, rock, punk, hardcore, indie… No es fácil etiquetar a Red Kross, una banda que desde entonces ha editado apenas seis discos, todos buenos, algunos memorables: en 1992 publicaron “Third Eye”, con Sofía Coppola desnuda en la portada y once grandiosas canciones en el interior. Un clásico.

“Researching The Blues” sigue ese mismo camino, ofreciendo poco más de media hora de power pop de primera. ¡El género no estaba agotado! Redd Kross demuestra en solo diez canciones que con una actitud coherente, grandes melodías, guitarras frescas y juguetonas, estribillos inolvidables y un respeto reverencial por Beatles se puede hacer pop potente en pleno siglo XXI. Un gran disco, digno sucesor de aquel imprescindible “Third Eye”.

Estabilidad

Merece la pena escuchar con detenimiento a Ana Botella. No porque diga nada interesante, que ya se cuida mucho, sino por admirar cómo afronta el reto de ofrecer explicaciones, de aparecer ante la prensa, de dar la cara en situaciones importantes. La alcaldesa habló por fin ayer jueves en rueda de prensa, y lo hizo mostrando todo su potencial político. Cuando le preguntaron si pensaba dimitir, respondió con un seco “no” adornado con una sonrisa cínica. Cuando le preguntaron si se arrepentía de haber viajado a un spa de lujo en Lisboa horas después de la tragedia de la noche de Halloween, dijo: “No dejé ni un minuto de pensar en las familias y en lo sucedido en el Madrid Arena”. Cuando anunció el cierre del Palacio Municipal de Congresos del Campo de las Naciones y el Palacio de Cristal de la Casa de Campo, tras detectarse deficiencias de seguridad, y le preguntaron cuáles eran esas deficiencias de seguridad, respondió diciendo que se trataba de “deficiencias de seguridad”. Normal…

El futuro de Ana Botella en el mundo de la política es grandioso. Representa aquello que más valora el ciudadano: la estabilidad. Que no es otra cosa que  mantener en estado estacionario las situaciones, por inestables que parezcan.

La estabilidad es garantía de longevidad. Botella no dice nada para no cagarla (como en el chiste), y así poder seguir siendo alcaldesa durante mucho, mucho tiempo. Estable es sinónimo de inalterable, de duradero e incluso de definitivo. Por tanto, un político que consiguiese ser perfectamente estable podría considerarse imperecedero y eterno.

Habla Botella y hablan los obispos, estos últimos para decir que el matrimonio homosexual es “injusto” y para pedir una modificación “urgente” de la ley. ¿Conoce usted sus razones? Se resumen en una: defienden una familia, adivínelo, “estable”.

La estabilidad asegura la raigambre y protege el equilibrio. Alicia Sánchez-Camacho, líder del Partido Popular catalán, dice que “Mas quiere que Cataluña viva en una permanente inestabilidad”. Y así podríamos seguir hasta mañana…

Regresamos, buscando la tan necesaria estabilidad, a Ana Botella, para preguntarle por el equipo médico que cuidó de la salud de los asistentes al Madrid Arena la noche de la avalancha: un ex concejal del PP de 77 años y su hijo funcionario. “Fui a echar una mano a mi padre, sin cobrar”, ha dicho este último, consciente de que según la Ley 53/1984, de 26 de diciembre, de Incompatibilidades del personal al servicio de las Administraciones Públicas, ningún funcionario puede tener un empleo privado.

Algún antisistema desestabilizador podría pensar que a Botella le crecen los enanos, y que sin embargo se aferra a su ayuntamiento con uñas y dientes. Negativo. Botella, como los obispos, siempre piensa en la seguridad de todos nosotros. Y sin escatimar en gastos: la pasada noche de Halloween envió al plató del programa “El Hormiguero” (Antena 3) a todos los miembros de la Unidad Antidisturbios de la Policía local (UCS). Nada menos que 42 policías para controlar a los fans del grupo One Direction, invitados de Pablo Motos. Lástima que al espectáculo multitudinario que se celebraba a pocos kilómetros, en el Madrid Arena, solo enviasen un sargento, un cabo y 14 policías.

¿Dimisión? No, Ana, no. Lo que necesitamos es estabilidad