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Periodismo en tiempos oscuros

Hace unos días Letizia Ortiz, ex periodista y princesa de Asturias, advertía durante la entrega de los premios del Club Internacional de Prensa de los oscuros tiempos que vive la profesión. La de periodista. Según información de El País, la parienta del príncipe Felipe “convocó a los profesionales a buscar en las raíces del oficio, el rigor y la seriedad, lo que éste representa en la sociedad”. Le acompañaba en esta defensa de la información libre e independiente nada más y nada menos que Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y, siempre según El País, “lectora de periódicos y de libros”. También estaban entre los invitados personalidades ilustres como Ana Botella o Iñaki Gabilondo. La creme…

Que un miembro de la familia Real hable de transparencia en la información resulta, una vez superada la sorpresa, tronchante. Letizia forma parte de una de las instituciones más opacas de este país, excluida precisamente estos días por el Gobierno del PP de su anteproyecto de ley de transparencia. Que Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta de un Gobierno que acaba de dar el tiro de gracia a la independencia de RTVE, y que consiente la opacidad de la Corona, asista al Club Internacional de Prensa y no sea abucheada, dice mucho sobre los periodistas. Al menos sobre los periodistas del Club Internacional de Prensa.

El periodismo actual tiene dos grandes problemas. El primero es laboral: no hay trabajo. Nuevas tecnologías, saturación de información, empresas insolventes tras nefastas gestiones… elija usted el motivo. El segundo problema es moral: el descrédito. No existe la independencia, los grandes medios son cómplices del poder, los periodistas son dóciles, la información llega por otros canales.

Que Letizia Ortiz y Soraya Sáenz de Santamaría den doctrina sobre periodismo desde el estrado de un Club Internacional de Prensa supone la mejor explicación de los males de la profesión.

Periodismo de colmillo

José María Izquierdo, periodista de larga y brillante trayectoria en El País y Cuatro, acaba de publicar el libro “Las mil frases más feroces de la derecha de la caverna” (editorial Aguilar). Se trata de un trabajo de hemeroteca que recoge, como bien indica su título, sentencias facciosas a cascoporro. Desde Jiménez Losantos a Sánchez Dragó pasando por Alfonso Rojo, Nacho Villa, Salvador Sostres, Hermann Tertsch, Juan Manuel de Prada o Pedro J. Ramírez. La flor y nata del periodismo ultra vomitando estupideces, sandeces y mentiras de grueso calibre: “Zapatero proyecta legalizar la poligamia” (Luis María Ansón. El Mundo, 13-01-2011). A la presentación de semejante colección de groserías y exabruptos, que se celebró en el Círculo de Bellas Artes, asistieron el autor del prólogo, Iñaki Gabilondo, y diferentes personalidades de la política socialista, como Alfredo Pérez Rubalcaba o Carme Chacón. Los medios le han dedicado abundante espacio: entrevista con Carles Francino (Cadena SER), pieza en El País (“El periodismo de colmillo”), doble página en El País Domingo, entrevista digital en elpais.com, elogios en el blog de Juan Cruz

Jamás compraría este libro. En un supermercado atiborrado de jugosas frutas, verduras frescas y carnes rojas ¿Adquiriría usted una bolsa llena de excrementos variados, surgidos de diferentes intestinos? Las librerías están repletas de títulos atractivos que prometen lecturas apasionantes: acaban de publicarse nuevos trabajos de Benjamin Black, Jonathan Franzen, Manuel Rivas, Andrea Camilleri, Jonathan Safran o Francisco Peregil. ¿Por qué gastarse 15 euros en una colección de patrañas?

Necesitamos periodistas con la experiencia, los conocimientos y la categoría de José María Izquierdo. Por eso no merece firmar este libro, una compilación de detritus tan desagradable como banal e innecesaria. Demasiado fácil. Es triste que un periodista que acaba de salir de la facultad no tenga posibilidades de conseguir trabajo, pero también que profesionales con la trayectoria de Izquierdo pierdan tiempo y energía recopilando frases miserables pronunciadas por fanáticos y manipuladores. Los grandes medios, y las leyendas del periodismo, como Izquierdo o Gabilondo, deberían plantearse retos profesionales más atrevidos, menos cómodos, más excitantes. Un ejemplo: me gustaría leer el libro, también prologado por Gabilondo, en el que Izquierdo analizase la actual crisis de los informativos de televisión, el traumático cierre de CNN+ o la pérdida de pluralismo que acarrea la fusión entre Telecinco y Cuatro. Eso sí sería periodismo de colmillo.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Ponderosa

Cd: Moonlight Revival.

Primer disco de un quinteto de Atlanta que, bajo el nombre de rancho de la serie Bonanza, cabalga entre el souther rock, el soul country y el respeto absoluto a Stones y Black Crowes. Grandes riffs de guitarra, mucha slide, voces aguardentosas y canciones escritas tras haber desgastado varias veces las discografías completas de Lynyrd Skynyrd y John Fogerty.

Debut impactante de una banda a la que debemos seguir la pista, tanto en estudio como en directo: el año pasado ofrecieron más de 150 conciertos. Acaban de empezar y ya tienen un rodar sedoso…

 

El suicidio del periódico (de papel)

“El peor enemigo del periodismo no es la corrupción, sino la mediocridad”. Valentí Puig.

Me considero un buen comprador de periódicos. Y un aceptable lector, capaz incluso de recortar y conservar los textos que me resultan interesantes. ¿Diógenes? Hasta hace poco recorría cada jornada muchos kilómetros para hacerme con la prensa. Actualmente compro todos los días de la semana El País y Público. Los miércoles y sábados añado La Vanguardia, por el suplemento cultural y la página de Gregorio Morán, respectivamente. De paso leo las “contras”. Y los sábados también compro el ABC, por su interesante suplemento cultural. Alrededor de 90 euros al mes, más de 1.000 al año. Mucho dinero, sobre teniendo en cuenta dos factores: que buena parte de esa información se encuentra de manera gratuita y actualizada en la red, y que los contenidos, en lugar de mejorar empeoran.

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