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Oráculos

“Un periodista tiene que estar harto, ser escéptico. Si los periodistas tradicionales no hacen algo por mejorar, se van a extinguir. No salen de su oficina para ver lo que sucede en la calle. Estamos perdiendo la especialización, la singularidad, el arte del periodismo…”. Gay Talese en “Vida de un escritor”.

En el programa numero 1.000 de “El Intermedio” (La Sexta) entrevistan a Iñaki Gabilondo. “Oráculo del periodismo”, invoca Thais Villas, “¿Cómo ves la profesión?”. El oráculo levita ligeramente, mira a cámara de refilón y dicta: “el mayor problema que le veo al periodismo, al margen del paro, es que hace demasiado tiempo que los medios de comunicación no tenemos tiempo de pararnos a pensar qué vamos a contar. Toda la energía está concentrada en sobrevivir”. Sentado en su despacho de la Cadena SER, el veterano periodista (70 años) parece más cómodo que cuando, hace unas semanas, le preguntaron por el ERE que presentó Prisa en El País: “No conozco la casa con detalle para saber si la envergadura es correcta o incorrecta. Los trabajadores dicen que es excesivo, pero yo no lo sé… es muy duro, pero imprescindible, dada la brutalidad con la que está siendo castigado el periódico por la crisis”.

El periodismo necesita oráculos, y no periodistas de medio pelo, de esos que buscan noticias en las calles, editan textos escritos por otros y carecen de despacho y coche de empresa. En El Mundo, sin ir más lejos, acaban de conceder su prestigioso Premio Internacional de Periodismo, en el que valoran la lucha “frente a la represión del poder político” y “el ejercicio del periodismo en toda su esencia”, al norteamericano Gay Talese. No cabe duda de que  Pedro J admira la forma de trabajar de Talese. Tanto como para pensar que “Honrarás a tu padre”, el libro de este último sobre la Mafia, tiene una relación evidente con las noticas que publicó El Mundo sobre la cinta de la Orquesta Mondragón encontrada en la Renault Kangoo o, más recientemente, con el falso informe sobre de las cuentas suizas de Artur Mas.

Prisa desmonta la redacción de El País poniendo en la calle a 129 trabajadores, pero conserva despachos VIP de oráculos como Iñaki Gabilondo. El Mundo escupe cada día sobre el código deontológico de la profesión, pero concede un premio a Talese en un intento por que se le pegue algo del prestigio, la credibilidad y el talento del reportero. Más oráculos y menos periodistas, una fórmula que no puede fallar…

¿O sí?

Casi 200 medios de comunicación, 132 revistas y 22 diarios, han cerrado en España desde 2008. Y 6.393 periodistas aumentan las cifras del paro desde el comienzo de la crisis, allá por principios de 2008.

Y eso no es todo. El número de periodistas encarcelados en 2012 en todo el planeta asciende a 232, la cifra más alta desde que el Comité para la Protección de los Periodistas elabora este registro. Pocos me parecen a mí para las cosas que se pueden leer en algunos periódicos, escuchar en algunas radios, ver en determinadas televisiones…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Narcomex

Autor: Ricardo Ravelo.

Editorial: Debate.

Hemos discutido estos últimos días en el blog sobre la violencia en Estados Unidos, el fácil acceso de los norteamericanos a las armas, y las fatales  consecuencias de mezclar la primera con las segundas.

Pero armas, violencia y muerte no son una exclusiva de los USA. Solo entre el 1 de diciembre de 2006 y el 31 de julio de 2010 se registraron en México 28.353 homicidios vinculados con el crimen organizado. En enero de 2011 el gobierno federal reconocía cerca de 40.000 muertos en cuatro años de lucha contra la delincuencia organizada. Hoy se habla de 60.000 muertos.

En México catorce cárteles de la droga se reparten el país. Estas redes criminales controlan, territorial y políticamente, el 80% de los poco más de 2.000 municipios del país. Cada día aparecen cadáveres en las cunetas, envueltos en mantas, decapitados, troceados, con mensajes escritos en la piel. El nivel de impunidad bordea el 98%: solo dos de cada cien delitos son castigados.

De todo esto trata “Narcomex”, una crónica apasionante de la guerra que vive México desde hace un lustro contada por el periodista Ricardo Ravelo. Aquí está todo lo que debemos saber del conflicto: los principales cárteles y sus relaciones, las ascensiones y caídas de personajes tan increíbles como el capo Chapo Guzmán, las rutas de la droga, de dónde llegan las armas, los sistemas de blanqueo del dinero, las relaciones con sus vecinos norteamericanos, la podredumbre que salpica a políticos, militares y policías…

Ricardo Ravelo es un experto en la guerra del narco: ha escrito varios libros sobre el tema, todos muy recomendables. Éste quizá sea el mejor para iniciarse, puesto que se trata de una visión global del conflicto. Periodísticamente impecable, riguroso y muy bien escrito. Habitualmente se dice de este tipo de obras, como mayor elogio, que se leen como una novela. En este caso es completamente cierto. Como una gran novela.

Visita de mantenimiento

María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla La Mancha y secretaria general del Partido Popular, visitó ayer “Los desayunos de TVE”. Y lo hizo a pecho descubierto, usted ya me entiende: sin peineta, sin miedo, sin vergüenza… No era una visita normal, la clásica entrevista en una cadena de televisión a un político. Era una visita de mantenimiento a la televisión pública. Como cuando la compañía del gas manda a un propio a revisar, cada dos años, el buen funcionamiento de la instalación. Para ver si todo está en orden, si las cosas funcionan, si no pasa nada raro, si no hay peligro…

Cospedal regresaba al programa donde, el 26 de abril del 2011, se enganchó con Ana Pastor y sus tertulianos. En aquel entonces un periodista del Grupo Z, Miguel Ángel Liso, preguntó a Cospedal  por la campaña del PP contra TVE. Los populares acusaban a la televisión pública, dijo Liso, “de manipulación y parcialidad”. Cospedal aseguró que “en el ámbito de la información no se ve la imparcialidad que debería tener una televisión pública como TVE”. Ana Pastor le preguntó entonces por cuál era “el modelo informativo que propone el PP”. “Una televisión pagada con los impuestos de todos los ciudadanos debería ser de una objetividad y una imparcialidad meridianas”, respondió Cospedal sin sonrojarse.

Diecinueve meses después, Cospedal regresó al lugar del crimen. Pero las circunstancias eran otras. Ya no era miembro de una oposición cabreada, sino “número dos” de un Gobierno cínico. Ya no tenía enfrente a Ana Pastor ni a periodistas incómodos, sino al director de informativos de la Cadena COPE y al director de ABC. Ya no estaba en una televisión plural, sino en una televisión a su servicio. ¡Qué sonrisa y qué buen color lucía esta vez Cospedal! ¡Qué monólogos tan interesantes soltó! ¡Qué cariñosa estuvo con ella María Casado, la sustituta de Ana Pastor! En resumen ¡Qué ejemplo dio Cospedal de la “imparcialidad que debiera tener una televisión pública”!

La visita de María Dolores de Cospedal a “Los desayunos…” fue de mantenimiento, para comprobar si las reformas se habían hecho a conciencia. Es decir, para confirmar que se había purgado a los periodistas rebeldes y se había fichado a tertulianos mamporreros. Para asegurarse de que los miembros del PP por fin podían visitar TVE, “la televisión de todos los españoles” según sus propias palabras, con total y absoluta tranquilidad.

¿El discurso de Cospedal? Nada nuevo. “Esto es ley de comunicación política”, sentenció en un momento dado.

P.D.

Unas horas antes de la visita triunfal de Cospedal a TVE, Jordi Évole había dedicado su programa, “Salvados”, a la manipulación en la televisión pública en España. Me gustó, excepto por el excesivo protagonismo final de un Iñaki Gabilondo un tanto desfasado en algunas cuestiones, como la financiación de las cadenas o las autonómicas. “Que haya una televisión pública en Cataluña, que se habla catalán, o en Euskadi porque que habla euskera, tiene una explicación… pero que haya una televisión pública en otras comunidades que no tienen un rasgo especialmente definitorio, es más difícil de explicar”, dijo. Pues que sepa Gabilondo que en Castilla La Mancha hablamos castellano, pero hacemos un atascaburras que muy bien podría considerarse “un rasgo especialmente definitorio”.

 

Periodismo en tiempos oscuros

Hace unos días Letizia Ortiz, ex periodista y princesa de Asturias, advertía durante la entrega de los premios del Club Internacional de Prensa de los oscuros tiempos que vive la profesión. La de periodista. Según información de El País, la parienta del príncipe Felipe “convocó a los profesionales a buscar en las raíces del oficio, el rigor y la seriedad, lo que éste representa en la sociedad”. Le acompañaba en esta defensa de la información libre e independiente nada más y nada menos que Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno y, siempre según El País, “lectora de periódicos y de libros”. También estaban entre los invitados personalidades ilustres como Ana Botella o Iñaki Gabilondo. La creme…

Que un miembro de la familia Real hable de transparencia en la información resulta, una vez superada la sorpresa, tronchante. Letizia forma parte de una de las instituciones más opacas de este país, excluida precisamente estos días por el Gobierno del PP de su anteproyecto de ley de transparencia. Que Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidenta de un Gobierno que acaba de dar el tiro de gracia a la independencia de RTVE, y que consiente la opacidad de la Corona, asista al Club Internacional de Prensa y no sea abucheada, dice mucho sobre los periodistas. Al menos sobre los periodistas del Club Internacional de Prensa.

El periodismo actual tiene dos grandes problemas. El primero es laboral: no hay trabajo. Nuevas tecnologías, saturación de información, empresas insolventes tras nefastas gestiones… elija usted el motivo. El segundo problema es moral: el descrédito. No existe la independencia, los grandes medios son cómplices del poder, los periodistas son dóciles, la información llega por otros canales.

Que Letizia Ortiz y Soraya Sáenz de Santamaría den doctrina sobre periodismo desde el estrado de un Club Internacional de Prensa supone la mejor explicación de los males de la profesión.