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La frontera

Un motivo para NO ver la televisión

La frontera

Autor: Don Winslow.

Editorial: Harper Collins.

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Todo comenzó con “El poder del perro”, una obra maestra que sorprendió por su crudeza. “El cártel” fue la continuidad, perfecta bisagra entre dos clásicos. “La frontera”, más de 900 páginas que se leen en un suspiro, cierra de manera brillante una trilogía a la que Don Winslow ha dedicado más de veinte años de su vida. Ha merecido la pena. Se trata de una obra de ficción inmensa que se devora como la mejor crónica periodística, con la misma ansiedad con que el yonqui se busca la vena, con la misma voracidad con que el narco acaba con el cártel rival, con esa ansiedad del que está ante algo adictivo, peligroso, fascinante.

«Cuarenta años luchando en esa guerra, haciendo el mal en nombre del bien común, haciendo pactos, jugando a ser Dios, bailando con el diablo. (…) Luchar. Seguir luchando. Tú caerás, pero ellos caerán contigo. ¡Quizá. Si puedes. Impedirles, quizá, que se adueñen del país. Si es que no lo han hecho ya».

Don Winslow ha escrito El Padrino del narcotráfico. Cuando acabas de leer la trilogía parece que conoces de toda la vida a las grandes familias de la droga, que has estado en sus fiestas repletas de droga, sexo y violencia, que la forma de trabajar de la policía y la DEA no tienen secretos para ti, que conoces como la palma de tu mano los senderos que llevan la cocaína y la heroína desde México hasta Estados Unidos o Europa.

«La corrupción no solo es cuestión de dinero, tiene raíces mucho más profundas. Tenemos que preguntarnos qué clase de corrupción es la que afecta a nuestro espíritu colectivo como nación para que seamos el mayor consumidor de drogas ilegales del mundo. Podemos decir que el origen de la epidemia de heroína está en territorio mexicano, pero los opiáceos son siempre una respuesta al dolor. ¿Qué dolor impulsa a la sociedad americana a buscar drogas para aliviarlo, para mitigarlo? ¿Es la pobreza? ¿La injusticia? ¿El aislamiento?»

Art Keller es nuestro hombre. El tipo que quiere acabar con las organizaciones que están sembrando Estados Unidos de coca y caballo. Es decir, de muerte. Los cárteles que matan de manera impune a más de 40 jóvenes que viajan en autobús para recuperar el cargamento de droga que transportan junto a las maletas. Keller lleva 40 años en la línea de fuego. Ahora, con el cuerpo lleno de cicatrices y el currículo plagado de luces y sombras, está al frente de la lucha contra el narcotráfico. Una mafia que salpica a su propio gobierno, el dinero no tiene fronteras, y le coloca contra las cuerdas. No se lo pierda de ninguna manera.

La princesa y la reina

Dos mujeres centran la atención de El Mundo, el diario que sabe mezclar como pocos la información política más seria y contrastada, recuerde el 11-M, con las frivolidades más disparatadas e hilarantes, no olvide el 11-M. Dos leyendas de la prensa rosa, dos divas de la comunicación y la empresa, dos bellezas veteranas e irregulares con un gran concepto de sí  mismas: la princesa Corinna por un lado, en una entrevista troceada y ofrecida en dos dosis, y la reina de las mañanas televisivas, Ana Rosa Quintana, protagonista del reportaje de investigación “La trastienda de Ana Rosa”.

La princesa Corinna abre dos días seguidos un diario que presume de serio, innovador y riguroso. Normal, puesto que la larga, profunda e intensa entrevista que mantiene la periodista Ana Romero con la “amiga” del rey Juan Carlos es de esas que pasan a formar parte de la historia del periodismo. “Ser mujer y encima rubia complica aún más las cosas”, llega a confesar la tal Corinna en un momento de estremecedora sinceridad. Tremendo, ¿verdad? Mujer y encima rubia… ¿te puede golpear la vida con mayor dureza?

Solo siendo mujer y castaña, como Ana Rosa Quintana. El rostro de las mañanas de Telecinco es la protagonista de un reportaje inolvidable, no menos estremecedor que la entrevista con Corinna, en el que se desvelan los secretos del programa de la cadena de Paolo Vasile. Desde que Ana Rosa se quita las legañas, a las cinco y media de la mañana, hasta que acaban las “más de tres horas y media de riguroso directo”. Un reportaje de monumental valor periodístico que recuerda por su dureza al Truman Capote de “A sangre fría”, por su prosa innovadora  al Tom Wolf de “La hoguera de las vanidades”, por su impacto y atrevimiento al Norman Mailer de “La canción del verdugo”, y por su rigor al Philip Gourevitch de “La balada de Abu Ghraib”. Los minutos previos al arranque del programa resultan especialmente brutales, y su valor periodístico es incalculable: “”Ya están ahí los bocadillos”. Ana Rosa se lanza directa a por un bocadillo y un café con leche. «Estoy muerta de hambre». Mientras da el último sorbo camina por los pasillos, es el momento del maquillaje y la peluquería, faltan escasos 30 minutos para entrar en directo”.

Pero la cosa no termina aquí, puesto que princesa y reina del universo mediático coinciden en un momento televisivo absolutamente mágico: Ana Rosa analiza la entrevista a Corinna. ¿Choque de trenes? Sí, de trenes cargados de botox y estupidez. “Es muy jugoso lo que ha dicho la entrañable amiga del rey”, dice con mal disimulada ironía el escritor Màxim Huerta, copresentador del programa de Ana Rosa. Y da paso a una serie de entrecomillados y a un sinfín de juegos de palabras, todos insinuando la relación “intima” de Juan Carlos con Corinna. “Al rey me une una entrañable amistad”, leen en el momento con más punch periodístico de la charla televisiva. El resto, suposiciones de un grupo de tertulianos entre los que destaca la capacidad de análisis del conde Lequio.

Reyes, princesas, condes y Ana Rosas. La crème de la sociedad española. La prensa y la televisión de la mano, recordándonos el buen momento que vive el periodismo.

 

P.D.

Cospedal y su “simulacro” de explicación del finiquito de Bárcenas. Sin comentarios…

 

Un motivo para NO ver la televisión

La hora de los caballeros

Autor: Don Winslow.

Editorial: Martínez Roca.

Los seguidores de Winslow y su detective surfero es posible que sufran una enorme decepción al leer las primeras páginas de este libro. El escritor recuerda la historia de Boone Daniels y sus colegas playeros, el Club del Amanecer, sin duda para poner en situación al lector primerizo. El repaso a las vidas y milagros de Doce Dedos, David el Adonis, Johnny Banzai, Marea Alta o Sunny Day sin duda sobran a los que ya hemos cogido olas con “El Club del Amanecer” (Martínez Roca), pero son necesarios para los novatos.

Superado este inicio algo repetitivo, regresa el mejor Winslow. Es decir, el mejor thriller californiano que se puede leer de un autor vivo. Boone Daniels, amante del surf sobre todas las cosas, trata de superar la marcha de Sunny con otra chica, una abogada que trabaja en el caso del asesinato de un viejo surfista golpeado por un joven neonazi. Como suele pasar, nada es lo que parece. Corrupción urbanística, infidelidades, ineficacia policial, artes marciales…la batalla de Rockpile.

La cosa se complica cuando los colegas de Daniels, el famoso Club del Amanecer, aquellos con los que se mete cada mañana en el mar, le consideran un traidor. Solo, con el único apoyo de un tipo triste llamado El Optimista, su último amigo, Daniels se enfanga hasta el cuello. Es el mejor Winslow, el que construye diálogos memorables, marca un ritmo trepidante con capítulos intensos y muy breves, y consigue un desenlace sorprendente, brillante, explosivo.

Casquería

Telecinco, la cadena del corazón y las vísceras, ha iniciado una campaña solidaria destinada a la donación de órganos. “Yo voy a donar todo a la Ciencia”, ha dicho un Jesús Vázquez muy seguro de sí mismo. Pedro Piqueras, el hombre de los informativos apocalípticos, se muestra orgulloso de sus bronquios: “dicen que mis pulmones son inigualables”. Pilar Rubio no hace falta que abra la boca. Con ella, estará usted de acuerdo conmigo, pasa como con el gorrino: se pueden aprovechar hasta los andares. ¿El resto de la cuadra de Vasile? Ahí tengo más dudas. Quizá estemos hablando de subproductos humanos, más adecuados para el mostrador de mármol de una chacinería-charcutería que para un quirófano en condiciones.

El hígadillo de Massiel, el bofe de Jorge Javier Vázquez, las asadurillas de Karmele, las entrañas de Koto Matamoros, la próstata del Conde Lequio, los menudos de Ana Rosa Quintana, el bacito de María Patiño, la piel (el mayor órgano de todos) de Jordi González… ¿Quién querría recibir uno de estos despojos? ¿Qué organismo humano no rechazaría una y otra vez esa hamburguesa que Mercedes Milá calza en el interior del cráneo? ¿Cómo encontrar los órganos en ese puzle ortopédico en que se ha convertido el cuerpo de  Belén Esteban?

Casquerías Telecinco. Me va usted a perdonar, pero, después de ser torturado durante años por esta cadena sin escrúpulos, me cuesta trabajo relacionar cualquiera de sus actividades con la solidaridad. “Hacerse donante es el acto más generoso que puede hacer una persona”, ha explicado Paolo Vasile. No estoy de acuerdo. El acto más generoso que podría  hacer el Consejero Delegado de Telecinco es devolver la licencia de su cadena.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Satori

Autor: Don Winslow.

Editorial: Roca Editorial.

Winslow, maestro de la nueva novela policiaca, tiene infinidad de seguidores en España gracias al éxito de “El poder del perro”, una obra maestra que ha llegado a ser considerada la versión “narco-mex” de “El Padrino”. Quizá sea cierto: James Ellroy piensa que se trata del libro más importante sobre el narcotráfico jamás escrito. Será difícil que Winslow  repita semejante maravilla. Los seguidores del escritor neoyorkino tenemos que conformarnos con devorar el resto de su obra, títulos como “Salvajes”, “El invierno de Frankie Machine” o “Muerte y vida de Bobby Z”, que provocan división de opiniones.

“Satori” es una novela de espías. No sé si a la vieja usanza, pero sí con los mismos esquemas, personajes y situaciones de los clásicos del género. Curiosamente, Winslow parte de una obra ya escrita: “Shibumi”, publicada en 1997 por Rodney William Whitaker, escritor también neoyorkino que utilizaba el seudónimo de Trevanian. Winslow recupera al actor principal de esa obra, Nicholas Hel, maestro de la hoda korosu (matanza sin armas), y lo convierte en protagonista de su nuevo trabajo, construido sobre una densa trama criminal.

1951. Pekín. Los Norteamericanos proponen a un prisionero la libertad a cambio de que cometa un asesinato. El prisionero, como se puede usted imaginar, no es un tipo pusilánime, es una máquina de matar. De matar de manera silenciosa, sofisticada y profesional. Y debe acabar con el delegado de la Unión Soviética en China. Una misión suicida que se ve aliviada por las circunstancias: mientras se prepara para la faena se enamora de una geisha.

Por cierto, ¿Qué significa satori? La respuesta, en las palabras de un monje (página 278): “La iluminación no se encuentra, lo único que puede hacer es estar abierto para que ella lo encuentre. Eso es el satori”.

Un nuevo y sorprendente Winslow.

Pinchar para leer el primer capítulo

periodismo de guante blanco

Ramón Jáuregui, militante socialista y ministro de la Presidencia, ha encargado la elaboración de un libro blanco del periodismo con el que ayudar a un sector marcado por la precariedad laboral y el desempleo. También insistió en la necesidad del plan de ayudas económicas a los medios de comunicación propuesto por Rubalcaba. Su deseo es conseguir, dice, “una sociedad formada e informada”. Ramón Jáuregui ignora que, con toda seguridad, una sociedad formada e informada no votaría a políticos como Rubalcaba o él propio Jáuregui. O quizá sí lo sabe, y por eso PSOE y PP han pactado, de cara a los próximos comicios, una reforma de la ley electoral según la cual las televisiones privadas están sometidas a criterios de proporcionalidad en la información de las campañas. Es decir, que en lugar de aplicar un criterio puramente informativo, se aplicará el de los resultados de anteriores procesos electorales y será la Junta Electoral quien arbitre, cronómetro en mano, entrevistas y debates. ¿Un atentado a la libertad de información? ¿Una injerencia del poder político? No, por dios, un esfuerzo titánico por conseguir “una sociedad formada e informada”.

Cuando Rubalcaba y Jáuregui hablan de un plan de ayudas económicas a los medios de comunicación, los medios de comunicación tenían que escupirles en  la cara. Y recordarles que, para que exista una  sociedad “formada e informada” en libertad, los políticos deberían mantenerse lo más lejos posible de los medios de comunicación.

¿Ayudas? Después de pagar los despilfarros y las tropelías de los bancos, pretenden que los ciudadanos también financiemos las ludopatías bursátiles (como dijo Enric González) de los medios de comunicación. Unos medios, le recuerdo, mezquinos con los trabajadores, generosos con los altos cargos y al parecer incapaces de adaptarse a los nuevos tiempos y de gestionar correctamente su patrimonio. ¿Tendremos que apechugar los ciudadanos con la deuda de PRISA, para que su flamante nuevo consejero delegado no ejecute a 2.500 trabajadores? ¿Tendremos que financiar los españoles las conspiraciones de El Mundo, los insultos de Intereconomía, las manipulaciones de ABC o las mentiras de la COPE?

Si subvencionas a un periodista, le conviertes en un funcionario. Un periodista dócil, sin espíritu crítico, es la mitad de la cuarta parte de medio periodista. Muchos ya han quedado reducidos a esta minúscula porción, pero otros todavía luchan por ser independientes, por informar en libertad. Políticos, quiten sus sucias manos de estos últimos…

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Un motivo para NO ver la televisión.

Muerte y vida de Bobby Z.

Autor: Don Winslow.

Editorial: Mondadori.

A medio camino entre las aventuras fronterizas de Corman McCarthy y los violentos enredos de los hermanos Coen, este libro cuenta la historia de un convicto sin futuro: Tim Kearney ha matado en la cárcel a un Ángel del Infierno, y los compañeros del motorista tarde o temprano ajustarán cuentas. Así las cosas, la policía propone a Tim dejarle en libertad si es capaz de suplantar durante un tiempo a un narcotraficante legendario, Bobby Z, que ha palmado de un infarto y con el que tiene gran parecido físico. Tim acepta, y ahí comienza su verdadera ruina…

La novela carcelaria se transforma en road movie. Tim se relaciona con los grandes del narcotráfico. Y todos quieren matarle. Tim escapa con un extraño acompañante. Le persiguen a través del desierto los señores de la droga, indios especializados en seguir rastros, sicarios sin escrúpulos, motoristas que matan con bombas… Todos quieren su cabeza. Todos buscan a Bobby Z.

Esta novela de Winslow no es tan sorprendente y redonda como “El poder del perro”, pero resulta complementaria. Se trata de una visión desquiciada  del mundo de la droga, de la frontera, de la violencia, escrita de manera tensa y apasionada. Perfecta para una versión cinematográfica…

http://www.youtube.com/watch?v=4h_hdG6L09A