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Perdón

Imagine que usted llega un día a casa y se encuentra a su pareja subida al cabecero de la cama, vestida con un mono de látex agujereado de manera estratégica. Salta como un felino: sobre las sábanas le espera una persona desnuda y con las piernas abiertas. Intenta un tirabuzón lateral, pero falla el brinco, roza con la rodilla en la lámpara, tropieza con la mesilla y se rompe la cadera al golpearse contra el orinal. Cuando sale del hospital se le acerca y le dice: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir”. Se da la vuelta y sigue su camino. Y aquí paz, y después gloria…

Pues eso es lo que ha hecho el Rey. Excusarse de manera pueril, teatral, y a todas luces insuficiente, con once palabras banales pronunciadas durante una puesta en escena francamente patética. Un solo periodista, una sola cámara, una sola pregunta, una mirada de niño travieso que humilla justo antes de pedir perdón. Y sin entrar en materia, pidiendo excusas de manera imprecisa y superficial. ¿Qué es lo que siente mucho? ¿En qué se ha equivocado? ¿Qué no volverá a ocurrir?

Sin embargo, para el Gobierno y para la prensa de derechas (ABC, La Razón, El País…) esta pantomima, apenas once palabras susurradas en 25 segundos, han sido un ejemplo de “valor”, “humildad”, “sinceridad” y “fortaleza”. El periódico monárquico de Juan Luis Cebrián habla de “una disculpa rotunda”, y se atreve a reprender en su editorial a quienes dudan de la institución: “solo el populismo o el amarillismo periodístico permiten confundir la crítica que merece el comportamiento de un familiar del Rey, o del propio Rey en un caso concreto, con un debate sobre el futuro de una Monarquía que protagonizó la devolución de las libertades y la soberanía al pueblo español”.

En El Mundo han ido un poco más lejos y han pedido a Rafael López, director del prestigioso Club del lenguaje no verbal, su opinión sobre la escenita: “Presenta una mirada perdida hacia abajo a la izquierda…Estaríamos ante un signo de vergüenza. Es verdadero ya que se produce décimas de segundo antes que la expresión verbal de la disculpa”. ¿Está claro? Tanto como la participación de ETA en el 11-M. “El rey ha sido muy claro”, sentencia Mariano Rajoy, ese presidente mudito que entiende perfectamente a todos aquellos parcos en palabras y explicaciones.

Con este post no quiero decir, dios me libre, que no acepto las disculpas del rey. Solo insinúo con plebeya modestia que quizá debió extenderse un poco más en los detalles. Sobre todo si tenemos en cuenta que últimamente la monarquía española tiene muchos y muy importantes frentes abiertos. A Urdangarín, yerno de sus majestades, le acusan de corrupción, y su socio parece que tira de la manta. Los responsables de Froilán han ofrecido tres versiones del accidente: estaba tirando al blanco, estaba cazando y estaba limpiando las armas. Y qué quiere que le diga del rey cazador, presidente de honor de una ONG conservacionista, y de sus correrías cinegéticas a pelo y pluma.

El poder, y aquí están incluidos tanto políticos como periodistas, quieren evitar un debate sucesorio. El  instinto de supervivencia, el mismo que impulsa al rey a pedir perdón, les hace conservadores: que nada se mueva, que todo siga igual. “No es procedente entrar en los detalles”, dice Esther Palomera, una periodista de La Razón que, sorprendentemente, no quiere tener toda la información.

La transparencia debería ser absoluta. En la monarquía, sí, pero también en esos partidos políticos financiados de forma milagrosa y en esos medios de comunicación con infinitos tentáculos e innumerables intereses que sobreviven a duras penas.

Y hablando de perdón, el bueno de Cayo Lara también debería pedirlo. En su caso por expresar tan malamente un bello sentimiento democrático: “No entendemos que alguien tenga que ser jefe de estado por ser hijo de alguien. ¿Y si sale tonto? ¿Entonces tenemos que cargar con un jefe de estado tonto?”.

 

P.D.

 “Me ha dicho el médico que estás hecho un toro”, le dice Carmina a un Paquirri que yace corneado en la cama de un hospital. No es un chiste, es “La noche de Carmina”, nuevo y patético biopic de Telecinco basado en la vida de Carmen Ordóñez. ¿Qué más puedo decirle de semejante bazofia? Pues que las televisiones no emitían una porquería similar desde hacía tiempo. Entretenimiento de la peor calaña, más cerca de la fotonovela que de la televisión. Diálogos construidos con frases recogidas del 10 minutos, y un guión construido ordenando de mala manera una sucesión de tópicos andaluces y flamencos, de personajes habituales del corazón (pantojas, lolitas y julianes), de infidelidades y de tradiciones, de drogas y de juergas, de toros y de fascistas. Añádale un puñado de tacos, cuestión de ambientación y credibilidad, y tendrá “Carmina”, uno de esos programas capaces de sacar los colores al telespectador.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Fargo Rock City

Autor: Chuck Klosterman.

Editorial: Es pop.

Este libro se subtitula “una odisea metalera en la Dakota del Norte rural”, y trata exactamente de eso: del viaje sonoro de un periodista gonzo por las entrañas sonoras de la norteamerica profunda. ¿Un Hunter S Thompson de la información musical? Más o menos.

“¿Sabéis? Si alguien escribiera un ensayo afirmando que Thin Lizzy fue la columna vertebral de sus experiencias como adolescente a mediados de los setenta, hasta el último crítico de rock de Norteamérica se mostraría de acuerdo. Una discusión seria sobre el significado metafórico de Jailbreak resultaría completamente aceptable. La única diferencia es que yo creo que podemos mantener el mismo diálogo acerca de Slippery When Wet”. Por un lado Klosterman escribe las memorias de un joven paleto aficionado al rock duro, y por otro lleva a cabo un estudio antropológico del mundo gañán que le rodea. En ocasiones hilarante, a veces demasiado simplista, se trataría de un libro irregular si Klosterman no escribiese tan endiabladamente bien. Y no tuviese un sentido del humor tan desarrollado.

“Fargo Rock City” deparará momentos de enorme placer a los amantes del metal, y ayudará a los demás a entender cómo la música influye en nuestras vidas. “Hay cierta clase de individuos que se niegan a aceptar que el heavy metal fue importante o incluso ligeramente interesante. De hecho, la mera sugerencia parece cabrearles considerablemente”, escribe el autor en el epílogo. El nuevo periodismo rocanrolero rinde homenaje a la cultura popular norteamericana.

Elefantiasis

Se ha hablado mucho estos días de la cacería real, del real tropezón y de la real prótesis injertada en la real cadera. ¿Qué se puede añadir a esta última y lamentable gesta de nuestra monarquía, conocida por el pueblo llano el mismísimo día que se conmemoraba la República y el centenario del hundimiento del Titanic? Poco, puesto que todo está dicho en los magníficos tweets, posts, columnas y hasta editoriales publicados en las últimas horas, resúmenes perfectos de una actividad, matar paquidermos de estrangis, tan rancia y desfasada como sanguinaria y cobarde.

Solo nos queda reconocer que la monarquía española está enferma, gravemente enferma: padece elefantiasis. Concretamente elefantiasis testicular. Inflamación de los órganos genitales externos. Juan Carlos y compañía tienen los huevos como sandías de Velada (población  toledana famosa por sus cucurbitáceas). Unos pedazo de cojonazos, que dirían en mi pueblo. Porque hay que tenerlos bien gordos para ser el rey y, con la que está cayendo, pillar a un grupo de amigotes y marcharte a África en un avión privado a tomar whiskies y pegar tiros. El nieto en el hospital con el pinrel como un queso emmental, el yerno Urdangarín camino de chirona, España a punto de ser intervenida, los republicanos celebrando el 14 de abril y tú, en el Delta del Okawango, tocándote la trompa a dos manos. Cojonazos.

Borbón, en el trono

La elefantiasis testicular monárquica es una enfermedad grave, muy común entre una realeza con las defensas debilitadas por la degeneración genética y la sangre azul. Te crees inmune, intocable (solo te han recortado un 2% los presupuestos mientras que la ciencia sufre un 25%), te relajas, te vienes arriba…y pillas la elefantiasis. Una putada, porque cuando la elefantiasis testicular monárquica se hace visible ya es demasiado tarde: está tan extendida que no sirve de nada la amputación de la zona afectada, en este caso los cataplines. La abdicación es el único remedio. Bueno, hay otro, pero resulta mucho más traumático, puesto que requiere el paso del enfermo por un quirófano con la guillotina bien afilada. Y deja las paredes llenas de sangre. Los especialistas moderados recomiendan, sin dudar, la abdicación.

 

Ley, justicia, principios

Enric González escribe en Jot Down sobre el liberalismo: “Lo de Bhopal es una de esas cosas que deberíamos evocar cada vez que se habla de dar plena libertad a las empresas, de suprimir controles burocráticos y de seguir el camino asiático hacia el progreso económico”. Leo a Enric y, cinco minutos después, un reportaje de cuatro páginas que publica El Mundo sobre Eurovegas, la empresa de ocio (casinos) que pretende instalarse en España. ¡Coño! Uno de esos reportajes “que deberíamos evocar cada vez que se habla de dar plena libertad a las empresas, de suprimir controles burocráticos y de seguir el camino asiático hacia el progreso económico”.

“La gran jugada de Las Vegas en España”, titula El Mundo la página de apertura de esa promoción vendida como información. Inmediatamente después, una doble dedicada a entrevistar a un tal Michael Leven (“la mano derecha de Sheldon Adelson”, magnate de los casinos). Y finalmente una última página titulada “Libros y deporte más allá de las mesas de juego”, para que el lector comprenda que no todo son ruletas y tragaperras en el negocio de los casinos. Un grandioso publirreportaje sobre Eurovegas, firmado por Pablo Pardo, del que destacaría tres frases:

- “Las principales trabas legales (los impuestos sobre el juego y la Ley Antitabaco) parecen ya ser menos problema”.

- “Lo que cuesta entender es por qué la izquierda, el PSOE, tiene problemas en que sus votantes trabajen”.

- “Habrá muchos empleos para españoles. No solo ofreceremos puestos para fregar baños o hacer camas”.

“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”, dijo Groucho Marx anticipándose a los políticos madrileños, y a algunos periodistas, dispuestos a cambiar las leyes para facilitar la instalación de un megacasino. Quizá tengan razón, y la ley sea un concepto sobrevalorado. Tal vez le estemos dando demasiada importancia a la justicia. Sin duda los principios son algo secundario. Ahí tienen a los jueces de las islas Baleares, escapando de las islas en busca de destinos más apacible: “dos prestigiosos magistrados de la Audiencia de Baleares, con larga trayectoria como presidentes de sección, Juan Catany y Margarita Beltrán, han solicitado y obtenido su pase a un juzgado de instrucción y a un juzgado de lo penal, respectivamente”, cuenta José Yoldi en El País. Pierden categoría y dinero, pero con el cambio se libran de juicios como Palma Arena y los nuevos procesos contra  Matas y Urdangarín. Es decir, que ganan “una fortuna en calidad de vida”.

¿Y si instalasen Eurovegas en Baleares? Matas tiene los contactos para cambiar las leyes, Urdangarín redactaría los informes de viabilidad (plagiados y con erratas), y de la seguridad podría encargarse la Policía Nacional en sus horas libres. El domingo dos de sus miembros ofrecieron un ejemplo de profesionalidad de esos que cuesta olvidar: el jefe de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado y un agente, ambos borrachos y conduciendo un coche oficial pese a no estar de servicio, atropellaron a una ciclista y se dieron a la fuga. La ciclista falleció. Cuando los policías fueron detenidos habían intercambiado sus puestos en el coche para que pareciese que conducía el de mayor categoría.

Leamos “lo de Bhopal”.

 

 Un motivo para NO ver la televisión

Ray Wylie Hubbard

Cd: The Grifter´s Hymnal.

Ray Wylie Hubbard es uno de esos músicos con pocas posibilidades de aparecer en televisión: greñas, gafas oscuras, más de 60 años, letras densas, apenas 16 discos en casi 40 de carrera, ninguna concesión comercial… Nacido en Oklahoma, y educado en la carretera junto a Jerry Jeff Walker y Ramblin’ Jack Elliott, Ray toca un country-blues nada comercial que se basa en la exquisita utilización de las seis cuerdas y en una voz inolvidable. “The Grifter´s Hymnal” es su flamante nuevo disco. Auténtico.