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Justicia y democracia

“La justicia llega a todos por igual”. Mariano Rajoy.

Mientras dos miembros de la compañía de teatro popular Títeres desde Abajo siguen en la cárcel de Soto del Real, quinto día, por el contenido de una de sus obras, el Partido Popular blinda a Rita Barberá situándola en la Diputación Permanente del Senado para que no pierda el aforamiento en caso de que una nueva convocatoria de elecciones generales disuelva las Cortes.

Esto que acaban de ver y escuchar es la realidad de este país. La obra de los titiriteros solo era ficción. “¡Rita, eres la mejor!… Puedes estar muy orgullosa, y todos los que te acompañaron y te apoyaron también”, bramaba el presidente del Gobierno antes de que el juzgado de instrucción número 18 citase a todos los concejales y asesores del PP en el Ayuntamiento de Valencia en calidad de imputados (investigados según la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal) por lavar la caja B de la ex alcaldesa Rita Barberá. Ésta es la realidad, la dura realidad. Lo de “La Bruja y Don Cristóbal. A cada cerdo le llega su San Martín” es ficción. Ya sabe, esa simulación de la realidad, producto de la imaginación, que es la base de la literatura, del cine, de la historieta, del teatro… de la cultura.

En este país, en estos momentos, no se debería hablar de otra cosa. Nada es tan importante, nada amenaza tanto la libertad y el Estado de derecho. Dos titiriteros encarcelados por representar una obra de ficción. Y la ex alcaldesa de Valencia blindada por el Gobierno para que no pierda el aforamiento. ¿Esto es justicia? ¿Existe la libertad de expresión? ¿Se le puede llamar a esto democracia?

Un motivo para NO ver la televisión

Mongolia

El número de febrero de la revista Mongolia rinde homenaje a Bowie y a dos imitadores, estrellas del pop-que-me-lo-llevo. Y lo hace dedicándoles portada y contraportada. Por un lado, Mariano Rajowie y sus Chorizos From Mars. Por otro, Ruta Barberá & The Power Corruption & Lies. Imprescindible, como siempre.

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La mochila de Celia

“Me jode que digas que mi partido es corrupto. Ten cuidado con las palabras”, le ha dicho Celia Villalobos a Pablo Iglesias. La bronca no ha tenido lugar en la barra de un burdel de carretera, durante una pelea en una taberna de un puerto de mercancías, o en la cuneta de una autovía, con los nervios a flor de piel tras un accidente de tráfico. La ex alcaldesa de Málaga se dirigió al líder de Podemos en estos términos en el salón de plenos de la Cámara Baja, ante decenas de ciudadanos, durante una visita de este último este jueves al Congreso de los Diputados. La conversación, por llamarla de alguna manera, fue emitida en directo por el Canal 24 Horas de TVE.

“En todos los ámbitos de la sociedad hay personas que son corruptas. Lo que pasa es que en la política es mucho más llamativo, porque el dinero que utilizamos es de todos los ciudadanos”, dijo la política adicta al Frozen Free Fall, miembro del PP y vicepresidenta del Congreso. “Si tú entras en esta casa (Congreso), si tú quieres ser presidente como imagino que lo quieres, tienes que dejar la demagogia en la puerta”, sentenció.

Dicen los especialistas que el primer paso para solucionar los problemas con las adicciones es reconocer que existen esos problemas, esas adicciones. Cuando Villalobos, ejemplo perfecto de la vieja política (40 años en la pomada), dice que le “jode” que digan que su partido es corrupto, y asegura que “en todos los ámbitos de la sociedad hay personas que son corruptas”, está pidiendo a gritos el ingreso en una clínica especializada. No por lo del Frozen, que también, sino por no asumir que su partido, el PP, tiene la corrupción en el ADN.

El Partido Popular tal y como lo conocemos es un auténtico asco. Bárcenas, Rato, Granados, González, Aguirre, Lamela, Gürtel, Púnica, la reforma de su sede pagada con dinero negro, los discos duros destruidos, los SMS de Rajoy, las cuentas suizas… ¿Como en todos los ámbitos de la sociedad? Sin duda como en todos los ámbitos de la sociedad en que se mueve Villalobos. No en los míos. Si quiere sobrevivir con dignidad, el PP debe asumir sus pecados, pedir perdón, apartar a toda la morralla (corruptos, semicorruptos, cooperadores necesarios y simpatizantes), regenerarse y dejar paso a gente nueva con las manos limpias y las mochilas vacías. 

P.D.

Estoy escribiendo este post cuando se publica una noticia que lo ilustra a la perfección: “El PP compró en 2006 la sede de Génova por un 35% menos del precio de mercado”“¡Demagogia, demagogia!”, grita Villalobos desde la sede de su partido, la misma que según confirmó Hacienda al juez Ruz se reformó con dinero negro.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Londres Noir.

Editorial: La Felguera Editores.

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Cuando comencé a leer “Londres Noir” tuve la sensación de que tenía en las manos el futuro del libro de papel. Una edición cuidada, contundente, original, bellamente ilustrada y con un tema que pedía a gritos zapatillas, sillón, chimenea, luz tenue… y un disco de los Cramps sonando de fondo. Un libro que transmite placer desde que le arrancas el plástico protector. Una pequeña obra maestra que vale el precio que cuesta. Un clásico moderno, con una selección acongojante de perfiles de criminales del The Newgate Calendar, el boletín mensual de ajusticiamientos de la prisión londinense de Newgate. Subtitulado The Malefactors bloody register (El sangrante registro de los malechores), cuentan que este libro se podía encontrar en cualquier hogar inglés entre 1750 y 1850 junto a la Biblia. Normal: habla de conspiradores, amotinados, brujas asesinas, pirómanos, ladrones de caminos y de cadáveres, torturadores, farsantes, caníbales cavernícolas y otras gentes de mal vivir. ¡Como para aburrirse!

Un par de ejemplos… El capitán John Kidd, el rey de los mares, fue ejecutado por piratería el 23 de mayo de 1701: “Una vez que ataron a Kidd a la horca, la soga se rompió y el condenado cayó al suelo… Caminemos por los senderos del honor, / que intenten en vano los villanos / burlar las sagradas leyes de Dios / e infligir dolor a sus hermanos”.

William Burke era peor que los llamados resurreccionistas: para vender cadáveres a anatomistas no robaba los cuerpos en los cementerios, sino que asesinaba a seres humanos con la ayuda de un cómplice: “Los cirujanos, a causa de su afán por conseguir sujetos y la reconocida ilegalidad de los procedimientos, con frecuencia no se mostraban puntillosos ni minuciosos en sus pesquisas para determinar la causa de la muerte o los medios mediante los que se había conseguido el cuerpo que se les ofrecía… Burke le señaló un montón de paja bajo la mesa, indicándole que el cadáver estaba allí, y el testigo le dió cinco libras a dividir entre los dos hombres”. Burke fue colgado el 28 de enero de 1830 y su cuerpo entregado a los cirujanos para su disección. “Se produjo una refriega entre los agentes presentes por los trozos de soga con la que había sido ahorcado, las virutas de su ataúd y reliquias similares”.

Se suceden los casos, los personajes, las intrigas, los charcos de sangre y los patíbulos, las crónicas negras sencillas, directas y brutales que sin duda inspiraron el género gótico, y que harán las delicias de los seguidores de Tim Burton, de Guillermo del Toro y del cine de terror de los años 30, de los lectores de Creepy, y por supuesto de los que crecimos mirando de reojo El Caso en la barra del bar del pueblo.

¿Periodismo? El mejor, y de la mano de Charles Dickens: “En la sala para la prensa, se encontraban tres hombres que, por la naturaleza de sus crímenes, se hacía necesario mantener separados incluso de sus compañeros en la culpa”, escribe en la introducción a este libro el inglés que nos regaló “Grandes esperanzas”. Dickens realizó el reportaje durante una visita al interior de Newgate: “Los ataúdes de esos hombres a punto de ser ejecutados se colocaban en ese banco, junto a ellos, durante todo el servicio”.

“Londres Noir” es la crónica de una prisión, de una época, de una forma de periodismo, de diferentes maneras de delinquir y una de impartir justicia. Y por supuesto, es una colección impagable de formas de hacer el mal y de criminales de novela. Acojonante, en todos los sentidos.

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Charranes

Han colapsado las urgencias con sus dolencias tropicales, sin duda consecuencia de esos bailes sabrosones, esas alimentaciones frutícolas y esas tórridas sensualidades, pero nuestro glorioso gobierno se lo ha perdonado. Lo que no ha conseguido el 20% de pobreza infantil, que Mariano Rajoy y sus secuaces den marcha atrás en sus recortes fraticidas, lo han logrado estos turistas sanitarios, que parecía que llegaban para realizar los trabajos que ningún español quería hacer, pero que lo que en realidad buscaban eran nuestras aspirinas y nolotiles. Una hueste de enfermizos hunos ha doblegado a un Gobierno humano, sensible y hasta cariñoso, que pretendía mantenerse firme ante la proximidad de las elecciones, y evitar que sus votantes viesen el más mínimo atisbo de electoralismo en decisiones como la de devolver la atención sanitaria a los sin papeles.

Anarquistas, perroflautas, bolivarianos y antisistema verán en este giro para con los inmigrantes irregulares simple populismo. Nada de eso. Tres años después en el PP quieren recordarnos que no son monstruos, que tienen su corazoncito, que les votemos en las próximas elecciones. Ana Mato estaba confundida, pero no pasa nada porque ha venido Alfonso Alonso a poner las cosas en su sitio. Rectificar es de sabios, es decir, de políticos en periodo electoral. Así que han diseñado una sanidad B, no podía ser de otra manera, para los forasteros. Porque devolver a estos pajarracos la tarjeta sanitaria es algo a todas luces innecesario: el efecto promocional ya está conseguido con la noticia del nuevo ministro.

El PP, con los inmigrantes. A muerte. Desde siempre. Como debe ser. Y es que por si usted no lo sabía, el símbolo del Partido Popular es un ave migradora. No una vulgar gaviota, para nada. “No es un ave carroñera, es un ave que vuela alto”, dice el popular que diseñó el logo del avechucho. Y asegura que el símbolo que adorna la fachada de Génova es un charrán. Un pájaro que no sabe de fronteras, ni de atenciones primarias, ni siquiera de tarjetas sanitarias. Un ave libre capaz de recorrer más de 70.000 kilómetros anuales, de polo a polo.

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Solidarios, pero sin derogar el decreto y sin perder la perspectiva: los españoles que pagamos impuestos estamos pagando la sanidad a los inmigrantes sin papeles, nos recuerda Alonso. Y eso no es todo… seguro que algunos inmigrantes pitarán al himno español en la próxima final de la Copa del Rey. Serán desagradecidos…

P.D.

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Un motivo para NO ver la televisión.

El árabe del futuro.

Autor: Riad Sattouf.

Editorial: Salamandra.

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Esta es la historia de un niño de angelical rubia melena, hijo de una francesa y un libio, que pasa los primeros años de su vida entre el país de Gadafi y la Siria de Hafez el Asad. Y pasa lo que pasa: Que Riad disfruta comiendo moras, oliendo el polvo y el sudor de las mujeres, siendo el centro de atención de todos… incluso de aquellos otros niños que le dicen “hijo de perro”, “me follo a tu madre”, “maldito sea tu padre” y lo peor de todo, “maldito… sea… tu… dios”.

Gracias a su paciente y bondadosa madre, el dios de Riad es Georges Brassens. Gracias a su padre, un hombre que dibuja Mercedes con las ruedas rectangulares, y navega entre ser un liberal, un hombre de dios y un radical antisemita, recorre algunos de los lugares más desolados del planeta. Su madre sufre, su padre duda y mientras, él dibuja a Pompidou con maestría.

Esta historieta autobiográfica, subtitulada “Una juventud en Oriente Medio (1978-1984)”, ha ganado el premio a la mejor obra en el Festival de Angulema de 2015, y ha vendido en Francia más de 200.000 ejemplares. Normal. Se trata de un cómic divertido, que cuenta una aventura fabulosa, y que ayuda a comprender la historia y la realidad de dos países en constante actualidad, Libia y Siria, además de su relación con Francia. Muy recomendable.

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Gansters

Cuando Alberto Nisman, fiscal argentino especializado en terrorismo internacional, apareció muerto en su casa solo unas horas antes de exponer su denuncia a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner frente a la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, en España nos llevamos las manos a la cabeza y hablamos de mafia, de corrupción insoportable y de país bananero.

Ahora acabamos de enterarnos, con un año de retraso, de que ha desaparecido el sumario que investigaba el borrado de los ordenadores de Luis Bárcenas por parte del Partido Popular. Sí, el partido que gobierna el país, el mismo que en su día admitió haber machacado esos archivos, haber destruido esa importante documentación junto con agendas y libros de visitas. La organización política con una secretaria general, María Dolores de Cospedal, que presume de trabajar en el partido que más colabora con la justicia, y defiende su “compromiso incuestionable” contra la corrupción y contra aquellos “indeseables” que deshonran “el noble oficio de la política”.

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¿Mafia? ¿Corrupción insoportable? ¿País bananero?

Existen dos varas de medir. La de los políticos y la otra. La de un Bárcenas en libertad marchándose de vacaciones a Baqueira con su familia, y la del ladrón del Códice Calixtino condenado a diez años de cárcel.

Por eso cuando El Mundo localiza a un etarra como De Juana Chaos en Venezuela, se refieren a este país como “uno de los rincones más paradisíacos del Caribe”. Pero cuando se trata de las visitas de algunos miembros de Podemos la cosa cambia, y Venezuela se convierte en una “dictadura feroz”, un país “desabastecido de productos básicos” con unos “servicios públicos que no funcionan”, con una ausencia de seguridad “insostenible” y un “chavismo que asfixia el periodismo libre”.

Por eso es importante que la desaparición del sumario que investigaba el borrado de los ordenadores de Bárcenas, mil folios se le traspapelan a cualquiera, o la imputación light de Griñán y Chaves, no nos distraigan de lo verdaderamente importante: que Monedero se esconde en el Metro y que Errejón disfrutó de una beca black. Serán gánsters estos tíos.

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P.D.

Se muere Oliver Sacks. El neurólogo y escritor de 81 años, autor de libros tan importantes como “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” o “Despertares”, padece un cáncer terminal. En un emocionante texto en The New York Times afirma que, debido al poco tiempo que le queda, está decidido a aprovechar cada minuto: dejará de ver los informativos y pasará de las cosas no esenciales, como “la política o las discusiones sobre el cambio climático”.

“He amado y he sido amado; he recibido mucho y he puesto algo de mi parte; he leído y viajado y pensado y escrito…”, asegura un Sacks que tiene escrita una autobiografía que se publicará en primavera.

Un motivo para NO ver la televisión

Ostende

Autor: Volker Weidermann.

Editorial: Alianza.

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Stefan Zweig (Viena, 1881-Petrópolis, 1942) y Joseph Roth (Brody, Imperio austrohúngaro, 1894-París, 1939) vivieron, pese a ser muy diferentes en todos los aspectos, quizá por eso, una amistad entrañable. “Están como hechos el uno para el otro. Dos zozobrantes que encuentran mutuo apoyo por breve tiempo”. Y es que Zweig era prudente, pulcro, ordenado y generoso, un escritor famoso que “puede leer a las personas como libros, y que por eso no solo las juzga, sino que las comprende”. Roth era un alcohólico inteligente y divertido, un desastrado perdedor que vivía de anticipos de libros cada vez peores y de la caridad de su amigo. El santo bebedor.

Algo les une profundamente: el exilio. Ambos escritores habían sido prohibidos en Alemania. Eran judíos, y sus libros no encajaban con la mentalidad nazi. “¿Es posible vivir una vida sin culpa?”, se pregunta un Zweig especialmente atormentado por tener que abandonar su hogar, por dejar su país en manos de unos asesinos. “¿Aún no lo ve usted? La palabra ha muerto, los hombres ladran como perros”, escribe Roth.

Volker Weidermann cuenta en este libro la vida de un grupo de escritores alemanes y austriacos en 1936 en la ciudad balneario belga de Ostende. Roth y Zweig son los principales protagonistas. Al primero le acompaña Irmgard Keun, la escritora que será su último amor, y un alcoholismo galopante. Con Zweig viajan su máquina de escribir y su segunda mujer, Lotte Altmann. “Ostende” es una celebración de la literatura, de la vida en condiciones mentalmente insoportables, del talento y la esperanza, pero sobre todo de la amistad. Dos colegas que se han ayudado, que han discutido, que se han extrañado, saben que se aproxima la despedida. Y disfrutan de esos últimos días como solo dos genios pueden hacerlo: siendo amargamente felices.