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En la enfermedad

Estoy enfermo. Dolor de cabeza, de cuello y espalda, mareos… ¿Cervicales? Por primera vez en más de nueve años no hay post por enfermedad. ¡Lo siento!

P.D.

Estoy viendo El Intermedio (La Sexta), con mantita en las rodillas y coñac caliente en la mano, y me estoy poniendo malo, más, con las contradicciones y falsedades del ministro del Interior y del director de la Guardia Civil. ¡Versiones diferentes! ¡Mentiras! ¡Ahora admiten disparos de fogueo y pelotas de goma al agua! Mientras tanto, se ha encontrado el duodécimo cadáver…

No hay día sin escándalo, sin motivo para avergonzarse de esta política, de estos políticos. Me voy a la cama.

Un motivo para No ver la televisión

Ya conocen la cagada…

“Por razones  exclusivamente técnicas hoy no podemos emitir el programa”, decía ayer la cuenta oficial de Twitter de “El Intermedio” (La Sexta). Las redes sociales echaban humo. Miles de telespectadores, que esperábamos ansiosos el análisis alternativo de la entrevista a Aznar en Antena 3, quedamos profundamente decepcionados. Otros veían fantasmas: “Jajajajja razones técnicas El bocachancla y torcida este estaría de día libre, de rodillas frente a la bragueta de su jefazo el faisán Pérez en Ferraz”.

¿Un problema “exclusivamente técnico”? ¿Que te llame Lara para recordarte que aún no has renovado tu contrato se puede considerar un problema “exclusivamente técnico”? ¿Se habría rajado el tal Wyoming al recordar que, cuando presentaba “Caiga quien caiga”, compartió mesa y mantel con el Aznar presidente? ¿Le habrá pedido Marhuenda a su amigo Ferreras que no emitiesen ayer el programa?

Se averió el Avid. Y sin Avid, es muy difícil hacer un programa como “El Intermedio”. Desde tiempos inmemoriales,  Wyoming y los suyos han tenido problemas con el famoso programa de montaje y edición de video. Vean, vean…

Falló el Avid pero no se borraron los vídeos. La entrevista de Gloria Lomana a Aznar quedará para la historia de la chulería y el desprecio. Y el talento de los guionistas del programa no podía desaparecer en 24 horas. Así que…

Descarten la teoría de la conspiración: acabo de ver “El Intermedio” del día después y ha resultado tronchante. Arrancó a las 9:33 minutos con Wyoming diciendo: “Ya conocen la cagada… ahora les contaremos la verdad”. Y comenzaron a sacudir a Aznar, a Rajoy, a Blesa, a Cospedal, a Correa, a Bárcenas, a Miguel Ángel Rodríguez, a Alejandro Agag, a Urdangarín y a todo corrupto, presidente, ex presidente o borrachuzo que se cruzase en su camino. Y a las 21:51 comenzaron a analizar en profundidad la famosa entrevista.

Olvide la opción de la censura. Créame: falló el enlace del sistema de edición de vídeos. Y si no quiere creerme vea los primeros 55 minutos del  programa de anoche, un despiadado pim pam pum a Aznar, al Gobierno y a sus secuaces. “El Intermedio” está vivo y en plena forma.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Ragtime

Autor: E.L. Doctorow.

Editorial: Miscelánea.

El músico negro Coolhouse Walker Jr. interpreta un ragtime en el salón de la familia que protagoniza este libro, formada por Padre, Madre, Hermano Menor, Sarah… El lector puede escuchar la música, y ver sus dedos recorriendo las teclas del desafinado piano, y admirar cómo el sonido se apodera del tiempo, y lo acaricia, y lo detiene. Antes ha contemplado al más grande de los escapistas huir de un ataúd. Después contemplará una serie de atentados terroristas. Todo descrito de manera sublime, sin una palabra de más. Porque Doctorow es uno de los grandes escritores norteamericanos, y lo demuestra en cada una de las páginas de este libro histórico y fantástico, triste y alegre, intenso y absolutamente maravilloso.

La costa Este de Estados Unidos. Los años previos a la Primera Guerra Mundial. Houdini, Pancho Villa, Booker T. Washington, J. P. Morgan, Henry Ford, la anarquista Emma Goldman“Ragtime” es la historia de una época, de un momento y de un lugar, contada de la mejor manera posible. Con un talento grandioso, que permite al escritor neoyorkino manejar con absoluta libertad situaciones diferentes, personajes distintos y tiempos distantes.

Me gustó a rabiar “Homer y Langley”, la historia de las andanzas de dos hermanos que convierten su mansión de la Quinta Avenida de Nueva York en un basurero. “Cómo todo acabó y volvió a empezar” me pareció una de las novelas sobre el Oeste norteamericano más brutales y hermosas que he leído jamás. “Ragtime” es, sencillamente, la obra de un genio.

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El último refugio

Quién iba a decirnos, hace cinco años, que Jordi Évole, el tipo insolente que surgía de entre el público del programa de Buenafuente haciendo comentarios irónicos y realizando preguntas mordaces, se convertiría en la gran esperanza de la televisión. Y que tendría un espacio propio, “Salvados”, que con el tiempo se consolidaría como una de las señas de identidad no ya de La Sexta, sino de la televisión española del momento. Secundario de Andreu, Évole no solo ha sobrevivido a la crisis televisiva, sino que gracias a las circunstancias, el criterio y una forma descarada y fresca de hacer periodismo se ha convertido en referencia: nadie cuenta la actualidad  con tanta claridad, nadie desmonta las mentiras de los  políticos con mayor descaro, nadie se agarra a la ironía con mayor sentido común.

“Salvados” celebró su quinto aniversario como el cine de antaño: con un programa doble de estreno. De entrada “Soy inmigrante”, un análisis necesario de la situación que viven los trabajadores que, como consecuencia de la debacle económica y el paro, tienen que abandonar sus países. Un problema de ida y vuelta: una mujer con una enfermedad crónica cuenta las dificultades que tiene para acceder a la sanidad en España, un soldador español recoge comida en el Salvation Army noruego. Espeluznante, y muy bien conducido por un Évole armado con una batería de preguntas, un iPad con incongruencias de la prensa tradicional, y una selección perfecta de personajes a entrevistar.

De segundo plato ofrecieron “Desmontando Salvados”, con el escritor, director de cine y columnista David Trueba que entrevista a Évole en un intento por analizar la evolución del programa, los momentos especiales, las curiosidades. Buena idea. David es uno de esos tipos incapaces de decir una simpleza, de escribir una línea torcida, de dejar escapar un detalle interesante. “Pienso hacer lo mismo que haces tú”, arranca David, “es decir, quedar yo bien y hacer quedar mal al entrevistado”.

Juntos, sentados en una nave industrial alrededor de una mesa, recuerdan los comienzos de “Salvados” y explican la evolución sufrida a lo largo de cinco años. Es decir, cómo han pasado del humor un tanto simple que suponía entregar la guitarra de juguete de Chiquilicuatre al Papa, a poner contra las cuerdas a un político de élite o denunciar una especulación urbanística. Después llegarían los momentos delicados, como esa entrevistas a Otegi días antes de un asesinato de ETA. Y las situaciones hilarantes, tocar la campana en Wall Street. O simplemente memorables, como las entrevistas a Matas, Cayetano Martínez de Irujo o Martínez Pujalte (“ese cruce entre López Vázquez y Saza”, dice David).

“La evolución del programa nos ha permitido que lo vea mucha gente de derechas”, asegura Jordi Évole. Es un gran comunicador, es rápido, está sobrado de desparpajo, tiene olfato a la hora de elegir y enfocar tanto temas como entrevistados, sabe escuchar y sobre todo trabaja a pie de calle. Es decir, sabe qué preocupa a la gente, de qué habla la gente, qué quiere discutir la gente, sobre qué quiere informarse la gente. La crisis del periodismo en general, y del televisivo en particular, mucho más grande de lo que pudiera parecer, le viene de miedo a “Salvados”, un espacio concebido como programa de entretenimiento que se ha convertido en referencia ineludible para aquellos que, además, quieren estar bien informados.

Muchos de mis colegas dicen que ya no ven telediarios. Entre semana “El Intermedio”, y el domingo “Salvados”. El último refugio.

Un motivo para NO ver la televisión

Bobby Rush

Cd: Down in Lousiana.

Bobby Rush nació en Los Angeles hace 73 años, pero su familia se mudó a Chicago, ciudad en la que la música flotaba por las calles. Desde entonces no ha dejado de tocar y cantar blues, soul y funk caliente. Guitarristas del calibre de Freddie King y Luther Allison le acompañaron en unos comienzos duros: Rush no grabó su primer disco como solista hasta 1979 (“Rush Hour”).

Espectacular en directo, Rush posee una voz tórrida que domina a la perfección. Una voz con la que interpreta desde blues primitivos, acompañado por una guitarra acústica, a temas más elaborados y cercanos al soul y al funk. La banda sonora perfecta para una película de Tarantino sobre los bajos fondos de una gran ciudad, las canciones que podrían sonar en cualquier tugurio oscuro con una pista de baile diminuto donde sirven licores clandestinos.

“Down in Lousiana” arranca sonando a puro sur, acordeones incluidos. Rush da clases de armónica e  invita al baile, pero también recita, amenaza rapear, arrastra blues eléctricos de corte clásico, y pasa de John Lee Hooker a Mr Dinamita en solo un corte, en apenas un gruñido. Gran disco, viejos blues.

 

Dudosa reputación

La COPE de los obispos tiene que pagar al Barça de Guardiola 200.000 euros. Un pellizco de nada: La Iglesia española recibirá este año 248,3 millones de euros a través del IRPF. En cualquier caso, y tal y como está la crisis, 200.000 euros es una cantidad importante para fundírsela en entradas de tribuna o camisetas de Messi (que no lucen nada debajo de la sotana). ¿Por qué paga la COPE al Barça? Por acusarles de drogotas: hace poco menos de un año, en el programa de radio “El Partido de las 12” informaron, citando una fuente sin identificar del Real Madrid, de las sospechas de que el Barcelona trabajaba con médicos de “dudosa reputación” y que estaban dispuestos a pedir a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) que se practicaran controles antidopaje “serios” en la Liga BBVA.

El Juzgado de 1ª Instancia número 34 de Barcelona atendió la demanda contra la Cadena Cope por “intromisión ilegítima en el derecho al honor”. La emisora de radio reconoció que “la citada información ha resultado ser no veraz y proveniente de una fuente no contrastada”, y propuso un “resarcimiento”.

Esta es una de esas sentencias que da gusto escuchar: pones en entredicho la reputación de alguien sin pruebas, descubren tu mentira, te hacen rectificar, agachar las orejas y pagar. Finalmente, la que queda en entredicho es tu reputación. Cazador cazado.

Debería ser más habitual este tipo de escarmientos, para que no fuesen tan habituales ese tipo de calumnias. Un buen ejemplo son los sindicatos, difamados desde hace algún tiempo por todos los medios de derechas. Hace unos meses se crucificó a Toxo, secretario general de CCOO, por disfrutar de un crucero junto a su  mujer: “Toxo preparó la huelga general en un lujoso crucero por el Báltico”, titulaba un fancine ultra.

Por lo visto los sindicalistas no pueden ir de crucero, aunque sea uno sencillito y se lo hayan pagado con su dinero. Los sindicalistas no tienen derecho, al parecer, ni a tomarse una cerveza. Hace unos días La Razón publicó una de esas portadas para la historia…del periodismo-basura: “El mensaje sindical: ¡Ahora a tomar cervezas!”, decía el titular, que acompañaba una fotografía con el siguiente pie: “Liberados siguieron al pie de la letra las indicaciones sindicales en la Puerta del Sol”.

Peor si cabe son las maledicencias de Intereconomía, cadena que denunció a bombo y platillo que Cándido Méndez, secretario general de UGT, calzaba un Rolex y era habitual del lujoso restaurante del Hotel Villa Magna. Thais Villas, la entrevistadora de “El Intermedio” (La Sexta), desmontó las maledicencias del canal ultra de la manera más periodística, y sencilla, posible: contrastando la información, es decir, preguntando a Méndez. Resulta que jamás ha estado en el Hotel Villa Magna y que lo que lleva en la muñeca es una imitación que le regalaron en un congreso.

Los infundios raramente reciben la medicina que merecen: el caso de la COPE y los 200.000 euros del Barça es una excepción. Ahí tienen a Salvador Sostres, profesional de la provocación y el insulto, convertido por Pedro J en una estrella de la opinión. Ayer mismo se preguntaba en El Mundo por los sindicalistas: “¿Es ético, social y compañero que vivan (los sindicalistas) tan acomodadamente gracias a lo que les recaudan a sus pobres afiliados? ¿Han renunciado a su cuantioso sueldo antes de echar a sus compañeros más humildes a la calle? ¿Cómo se debe sentir uno que nunca ha trabajado cuando de repente le dicen que se queda sin trabajo?”. Mala gente.