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Se vende televisión (por no poder mantener)

“Cadena de televisión seminueva, con apenas seis años de uso extremista y desestabilizador, se vende a buen precio por no poder mantener. También se cambiaría por conspiración paranoica para publicar en periódico de papel. O incluso por paquete de acciones de Intereconomía. La cadena se entregará inmaculadamente limpia, tanto de audiencia (0,7% de media) como de trabajadores, y con la bilis recogida en bidones. Para ajustar precio y condiciones, llamar a Pedro J Ramírez. Facilidades. Urge”.

La televisión que se salda, quizá usted lo ha adivinado ya, es Veo 7, la cadena de Unidad Editorial. Dicen que interrumpirá su programación el próximo día 30 de junio para “establecer un plazo de reflexión sobre el modelo de televisión”, pero la realidad es que está en venta. No la encontrará usted en la sección de saldos de Cash Converters, pero casi: en 2009 tuvo unas pérdidas de más de 5.125.000 euros, casi el doble que el año anterior. Un capricho insostenible para cualquier empresa de comunicación, sobre todo en estos tiempos de crisis publicitaria. Para Veo 7 el futuro no existía: la programación era miserable (un par de debates crispantes, refritos, series y películas de saldo, teletienda y tarot), la repercusión mediática era mínima (audiencia patética) y el futuro muy negro (el nicho ultra se encuentra ocupado por Intereconomía).

Desconozco la opinión de Eduardo Inda, flamante director de Veo 7 desde finales de marzo, sobre esta muerte anunciada. Pero su nombramiento huele a pase negro: la cadena lleva meses en la sección de desechos audiovisuales, y está a la venta desde hace semanas. Lamentablemente, como cadena, Veo 7 no vale absolutamente nada. Es una de esas televisiones de juguete (TDT) que se repartieron para compensar la aparición de La Sexta (analógica), la última cadena realmente viable. La frecuencia en que emite Veo 7 puede tener algún valor. Pero, teniendo en cuenta que las cadenas de televisión son concesiones del Estado, ¿no sería más lógico devolver la licencia?

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Un motivo para NO ver la televisión

La misma sangre (y otros cuentos)

Autor: William Goyen.

Editorial: La Compañía / Páginas de espuma.

Este librito de pequeño formato, con apenas 150 páginas y solo diez cuentos, está repleto de pequeñas grandes historias. De personajes que lloran a sus bebes muertos, de coyotes que matan gallinas y granjeros que los persiguen, de mujeres barbudas y de hombres que guardan el whisky debajo de la cama, de supervivientes que asimilan el horror con indiferencia y renuncian a la redención. Viejas vidas sureñas, tan hundidas en la tierra como las de Faulkner, tan repletas de recuerdos de juventud como las de todos los grandes escritores del norte del Rio Grande.

William Goyen es uno de ellos, de los grandes. Nació en Texas en 1915, vivió en California, Nueva York y Europa, y hasta su muerte en 1983 permaneció a la sombra de los colosos de la literatura norteamericana “de raíces”: Flannery O,Connor, Joyce Carol Oates, Carson Mc Cullers… Estos son cuentos de iniciación y de madurez, de optimismo y de muerte, tan cálidos como un rascacielos en llamas, y tan fascinantes como la gente que no encuentra su sitio. El latido trágico y melancólico del alma de Estados Unidos. Absolutamente imprescindible.

Monos en la televisión

Raúl del Pozo piensa que los blogueros somos “monos con ordenata”. ¿Quién es Raúl del Pozo? se preguntarán muchos de ustedes. Alguno lo habrá adivinado al leer la palabra “ordenata”: un mal imitador de Francisco Umbral. Clónico defectuoso del autor de “Mortal y rosa”, Raúl del Pozo fue elegido por Pedro J para ocupar el lugar que dejó aquel en la contraportada de El Mundo. Un simio con columna, a tenor de la frase que nos ocupa: “los blogueros son monos con ordenata que cabalgan a sus anchas por la red como piratas de Somalia”. Desde este modesto blog exijo al señor del Pozo que pida de inmediato perdón a primates y bucaneros. Y que deje de inventar palabros como “ordenata”, tan decadentes y horteras como su propia escritura.


Pero cuidado, porque incluso la mediocridad de Raúl del Pozo puede ser útil al lector inteligente. Estará usted de acuerdo conmigo en que el titulo de su columna, “Monos en la Red”, es francamente ingenioso. Tanto que me he tomado la libertad de adaptarlo para el post de hoy, “Monos en la televisión”, convencido de que de esta manera no ofenderé a los directivos de Veo 7, la televisión de El Mundo, a quienes va dirigido el texto de hoy…

Cuando El Mundo recibió la licencia para abrir una cadena de televisión, Pedro J se sintió más cerca que nunca de Polanco. ¡La tele era la guinda del soñado gran grupo mediático! ¡Focos, cámaras, audiencias descomunales, egos desbordados, publicidades millonarias, influencia y poder a espuertas! Pero la televisión es traicionera. Sólo seis años después del nacimiento de Veo 7, cuando Unidad Editorial anuncia la supresión de los informativos y el despido de 60 trabajadores, podemos decir que el hombre de los tirantes ha cumplido su sueño y alcanzado el estatus del que fuera líder de PRISA. Porque los grandes empresarios de la comunicación no se pueden considerar auténticos triunfadores hasta que no realizan una buena purga en sus empresas. ¿El sabor de la derrota? De ninguna manera. El sabor de la impunidad, del auténtico poder.

El regalo estaba envenenado. La televisión que concedieron a Unidad Editorial (una primera licencia de Aznar, una ampliación múltiple de cuatro canales de Zapatero) era un saldo, auténtica chatarra mediática. La última televisión viable fue La Sexta (que arrancó en analógico), y el resto de cadenas de TDT repartidas entonces sólo sirvieron para aplacar los ánimos y saciar las vanidades de empresarios de medio pelo con ínfulas de magnates audiovisuales.

Con la tele no se juega. Un solo hombre puede crear y sostener un diario competitivo. El ejemplo es Pedro J, corazón y alma de El Mundo, un periódico a su medida profesional y moral. La televisión es un medio diferente, mucho más caro y exigente, con menos margen para el error: no basta con el talento individual. Con directores como Melchor Miralles o Eduardo Inda, programas como “La hora de Federico (Jiménez Losantos)” y tertulianos como Miguel Ángel Rodríguez, lo mínimo que le ha podido pasar a Veo 7 es tener una audiencia lamentable (0´7% en abril), unas pérdidas económicas brutales y un futuro negrísimo.

Como diría sabiamente Raúl del Pozo, son monos en la televisión.

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Un motivo para NO ver la televisión.

Valor de ley.

Autor: Charles Portis.

Editorial: Mondadori Debolsillo.

Tras leer Warlock (Galaxia Gutenberg) pensé que no se podía escribir nada mejor sobre el viejo oeste. Error. No había leído “Valor de ley”, una pequeña obra maestra a la altura del clásico de Oakley Hall. Presentada en un formato muy ligero y barato (7,95 euros), próximo al de las viejas novelas de Estefanía que se leía en las garitas durante el servicio militar, “Valor de ley” es la historia de una venganza.

Un borracho pendenciero mata a un hombre desarmado. La hija del muerto, Mattie, de catorce años, viaja hasta el lugar del crimen para recoger el cadáver… y para contratar a un comisario que busque y capture al asesino. Mattie acompañará al tuerto Rooster por el territorio indio de Arkansas, viviendo formidables aventuras. Publicado en 1968, y considerado imprescindible por los amantes del género, ha inspirado dos películas, una protagonizada por John Wayne y otra, la última, dirigida por los hermanos Coen. Violencia, coraje, amistad, traición, caballos…Imprescindible.

ha nacido una estrella

A la chita callando, de manera discreta pero incansable, Veo 7, la televisión de El Mundo, se está consolidando en el panorama audiovisual español. Con el cadáver de Melchor Miralles todavía caliente Pedro J. Ramírez,  gurú del periodismo e  historiador de reconocimiento internacional, ha cogido las riendas del invento y, ni corto ni perezoso, se ha estrenado como presentador: es el anfitrión del programa “La vuelta en Orbyt”, un nuevo giro de tuerca al tantas veces fracasado “La vuelta al mundo”. “Sin tapujos. Sin intermediarios. Como debe ser”, advierten en el periódico de la misma empresa. Excitante ¿verdad? Pues espere, espere, porque Pedro J sólo es el mascarón de proa de un buque repleto de grandes de la comunicación. Al frente del espacio estrella de la programación nocturna de Veo 7 estará, los lunes, Sáenz de Buruaga. Los martes, Luis Herrero. Los miércoles Fermín Bocos. Los jueves, como ya hemos visto, Pedro J. Y los viernes, Carlos Cuesta. ¿Quién da más?

La flor y nata del periodismo independiente, de la opinión ecuánime, de la pluralidad y, por qué no decirlo, del feeling audiovisual. Sólo se echa en falta a un Jiménez Losantos que, con su templada presencia, pondría la guinda a una plantilla galáctica, de ensueño. ¿Quién dijo que no se hacía buena televisión en España? Ahí tienen las noches de Veo 7. ¿Quién pensó que la TDT no aportaría nada nuevo al panorama audiovisual? Ahí tienen a Pedro J, a Buruaga y a Luis Herrero.

“El mundo en 2 minutos”, videoblog con el que  Pedro J desgrana la actualidad en la red, se le ha quedado pequeño, qué duda cabe. El director de El Mundo necesita mucho más que 120 rácanos segundos para exponer sus pensamientos y reflexiones. Recuerden que no se trata de un simple periodista, sino de toda una eminencia: recibió hace sólo unas semanas el doctorado Honoris Causa por la prestigiosa Universidad San Ignacio de Loyola de Perú. “Por una vida dedicada al periodismo, a la verdad, a la regeneración democrática y a la lucha por la libertad”, dijo sin inmutarse Edward Roekaert, rector del centro.

Ha nacido una estrella audiovisual. Es un honor para todos los televidentes españoles, acostumbrados a la telebasura, poder sintonizar las noches de Veo 7.

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Un motivo para NO ver la televisión

Justin Townes Earle
Cd: Harlem River Blues.

El hijo del grandísimo Steve Earle lanza su cuarto  CD (el primero fue un EP titulado “Yuma”), un trabajo sencillo y directo con el que recupera el pulso del enorme “The Good Life” (2008). Buenas canciones, instrumentaciones cuidadas, una producción adecuada… No se puede pedir más. Tarde o temprano Justin Townes Earle nos dejará una obra maestra…