You are currently browsing the El Descodificador posts tagged: tve


La virgen y la Toñi

“La religión no mantiene a nadie. Tiene que ser mantenida. No produce trigo ni maíz; no ara la tierra; no derriba bosques. Es una mendiga perpetua. Vive del trabajo de otros, y luego tiene la arrogancia de pretender que ayuda al que da”. Robert G. Ingersoll, el Gran Agnóstico.

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, condecorará a Nuestra Señora María Santísima del Amor con la Medalla de Oro al Mérito Policial. Con dos cojones. Concede a esa virgen esta medalla, la más alta condecoración del Cuerpo Nacional de Policía, por compartir “una serie de valores como la dedicación, el desvelo, la solidaridad y el sacrificio”.

Me temo que lo único que comparten virgen y policía es la madera. La del muñeco, la de la bofia. ¿Pero qué país de mierda es éste, supuestamente aconfesional (que no reconoce como oficial ninguna religión en concreto), en el que Interior condecora vírgenes por la mañana y por la tarde lanza pelotas de goma a inmigrantes que se ahogan?

Jorge

Un país de mierda, insisto, en el que las condecoraciones, como los programas de televisión, parecen repartirse en casetas de feria.  María Santísima del Amor tiene una medalla, Toñi presenta un programa en La 1 (TVE). Y pasa lo que pasa. Que el ministro del Interior es un meapilas y que Toñi es una metepatas.

Toñi es la gran Toñi Moreno, la presentadora de “Entre todos”, espacio al que he calificado en este blog de “bazofia buenista” y al que el diario Le Figaro ha definido como “El programa de los pobres”. La presidenta del Consejo General de Trabajo Social es, si cabe, más dura: “promueve la sustitución de los derechos sociales por la caridad, sin respetar la dignidad de las personas”.

Pues bien, Toñi Moreno, famosa por algunas meteduras de gamba memorables, ha abierto la boca para decir una nueva necedad: “O se denuncia (el maltrato) o se calla una para el resto de la vida”. Palabras mayores. Mientras que sus torpezas anteriores resultaban simplemente patéticas, arremeter contra un espectador crítico o lanzar un zapato al aire, ahora se atreve a juzgar a quienes han sufrido malos tratos y no han denunciado. ¿Deben callarse ahora quienes fueron de niños víctimas de pederastas? Por poner un ejemplo…

Pues ahí donde la ven Toñi Moreno tiene un buen sueldo. En TVE cobra, por decir estupideces como esa, alrededor de 175.000 euros al año, es decir, unos 1.400 euros por programa. “Entre todos” le cuesta a la televisión pública 3,68 millones de euros por temporada.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Paco de Lucía (1947-2014)

paco 1

Una de las muchas cosas que debo a Nacho Sáenz de Tejada es que un buen día me presentó a Paco de Lucía. Fue tras un concierto de Camarón en Madrid. Paco no estaba muy contento. Ni con la actuación, ni con el cantaor. Estuvo introvertido, huraño, quizá enfadado con el de la Isla. Años después coincidimos otra vez, como siempre con Nacho por medio, y estuvo mucho más hablador y simpático. Entonces me pareció un tipo sencillo, tímido, que soñaba con bucear y con comidas de puchero. Era un genio. Quizá el músico español más grande de todos los tiempos. Félix Grande le define a la perfección en su imprescindible “Memoria del flamenco” (Alianza Editorial): “Paco de Lucía ha compuesto el lenguaje guitarrístico más ambicioso y expresivo, y más flamenco, que jamás conociera la guitarra”.

Y hablando de Paco de Lucía y Félix Grande, creo que es un momento perfecto para leer parte de la intervención de este último en la peña La Parra Flamenca de Huétor Vega el día que la entidad granadina le rindió homenaje…

“Yo le debo la victoria de esta noche a una inmensa derrota. Así como D. Manuel Machado hubiera querido ser, según decía, “antes que un tal poeta, un buen banderillero”, a mi me hubiera gustado ser antes que un casual escritor, un buen discípulo de Paco de lucía. Lo que pasa es que tuve la terrible y fatal fortuna de ser amigo de Paco de Lucía desde que era muy joven.

Yo tocaba la guitarra desde que tenía 14 años, pero tocaba sin verdadera responsabilidad. Tocaba el fin de semana, imitaba como podía algunos bordonazos de Melchor de Marchena, algunas falsetas de Niño Ricardo, quizás alguna falseta de Sabicas. En aquella época antes de la llegada de Paco era mucho más fácil creer que uno tocaba la guitarra. Luego me encontré con Paco un día cuando estaba haciendo el servicio militar, él, y nos hicimos amigos y a partir de ese momento nos veíamos con mucha frecuencia en mi casa. Él entonces viajaba poco y pasaba muchas tardes tocando la guitarra, mi guitarra, que dicho sea de paso se llama “Mesalina”, se llamaba Mesalina. Mesalina como saben ustedes, era una mujer tan poderosa que un día un centurión le propuso llevarle a la cama a una centuria de soldados, romanos, y pasaron por la cama de Mesalina durante toda la noche una centuria de soldados, y cuando, se hizo el amanecer el centurión le dijo: ¿Mesalina, estás satisfecha? Dijo: “No, cansada”.

Por eso le puse el nombre de Mesalina a mi guitarra, en la cual tocó mucho Paco de Lucía, él le hizo eso a mi guitarra, y durante un año y medio más o menos en que nos veíamos casi a diario en mi casa y tocábamos la guitarra, tocaba él, yo de vez en cuando la cogía y tocaba, durante un año y medio, ya saben ustedes que los flamencos, incluso los genios flamencos tienen una especie de superstición con la letra escrita, nunca he entendido por qué, pero la tienen, tienen una especie de respeto supersticioso por aquella gente que escribe y que habla en público, y yo creo que Paco tuvo durante mucho tiempo la necesidad de decirme algo, pero se las estuvo callando por un respeto que no correspondía a nuestra amistad porque ya éramos muy amigos, sin embargo él tenía un pudor, que un día reventó ese pudor como suele reventar cuando se guarda demasiado tiempo, y un día que yo estaba tocando la guitarra me dijo: “¡Azí no vas a tocar tú bien nunca!”.

Le dije: “Paco, estando Paco de Lucía ya, ¿quién va a tocar bien?…

Dice: “! No, no! ¿A que tú te pones la mano derecha de vez en cuando delante de un espejo?…

-Pues sí…

-¿Y pa qué?

-Pues hombre, para colocar la mano derecha de modo que quede perpendicular a las cuerdas, los dedos y pueda atacar con más fuerza…

-¿Y eso por qué lo haces?…

-Pues porque lo veo en los guitarristas, en los guitarristas a los que admiro…

Y me dijo: “Tú tienes que tocar con la tuya y la única manera de que toques bien es dejar la mano absolutamente relajada, tú déjala caer la mano derecha y con la punta de los dedos atacas las cuerdas, pero completamente relajados los dedos, la mano, la muñeca, el codo, el hombro y el cuerpo, y si no estás relajado nunca podrás tener buena técnica”.

Bien, aparte de eso me dio dos o tres ejercicios de digitación y con cierta melodía para que no me aburriera. Y unos meses después, las manos me volaban, de manera que llegó el momento que para mantener la técnica que ya tenía, yo tenía que tocar tres o cuatro horas diarias y para adelantar, para aprender más, tenía que tocar seis o siete horas diarias que es lo mínimo que se puede hacer teniendo en cuenta que nuestros antepasados se dejaron la sangre por las aceras para conseguir la jornada de ocho horas.

Y llegó un momento en que yo tenía la necesidad de tocar la guitarra a todas horas, pero ya estaba instalado en mi mundo literario el cual también amaba mucho, me encontraba desgarrado entre dos pasiones, como el que se encuentra desgarrado entre dos amores.

Un día me fui a ver a un amigo anatomista y le dije: “Mira, esta semana tengo que tomar la decisión más importante de mi vida, que va a condicionar el resto de mi vida, esta semana tengo que decidirme si continuo escribiendo, si dejo la literatura o me dedico a la guitarra”. Y este amigo me dijo: “Bueno, ¿y qué?”…

-Vengo a pedirte consejo…

-Hombre, eso no se le hace a un amigo…

-Los amigos están para eso.

Y me dijo, me preguntó: “¿A qué edad empezaste a tocar la guitarra?

-Yo aproximadamente a los 14 años.

-Bien, tienes afición, yo lo sé, tienes el mejor profesor del mundo, pero si has abierto las manos a los 14 años estás condenado a correr detrás de la técnica toda tu vida, incluidos los domingos y la Semana Santa, hay que abrir las manos a los 6 ó 7 años.

Entonces cerré la guitarra, cerré con llave hace cerca de 30 años y ya no la he vuelto a tocar. Y creo que la culpa, el sentimiento de culpa que sentí al abandonar a Mesalina es lo que me hizo sentarme a escribir mi primer libro sobre flamenco, y luego unos cuantos más, y esos son los libros que desde aquella derrota de no haber podido ser un buen discípulo de Paco de Lucía se ha convertido en la victoria que es esta noche. Esta noche me siento lleno de victoria, esta noche me siento lleno de una alegría, como decía Miguel Hernández, una alegría de una sola vez.

Y ya llega el momento en que no habría que decir más ninguna palabra…

 

Ficción histórica

La foto tiene miga. Una pareja de príncipes disfrazados de civiles saluda a una pareja de actores disfrazados de reyes. El batiburrillo es de órdago. La monarquía, auténtica ficción histórica, se ve reflejada en esta pantomima audiovisual como en los  espejos del hall del museo de cera. Deformada, grotesca, patética. Imagino el diálogo: “Hola, ¿Qué ashe?”; “Pues aquí, rodando una serie. ¿Y ustedes vosotros?”; “Pues aquí, viendo cómo rodáis una serie”; “Pues si no les importa seguimos, que entre el maquillaje y la ropa viejuna esto de la ficción histórica es un coñazo”.

Reyes y truenos

Y es que Felipe y Letizia asistieron al rodaje de la escena final de la serie de TVE “Isabel”. No podían esperar a verla por televisión, querían saber cómo acababa la cosa. Normal que, después del epílogo que para los reyes tuvo la revolución francesa, los príncipes de Asturias anden inquietos y quieran confirmar que Fernando e Isabel corrieron mejor suerte que sus vecinos del norte. Aunque la verdad es que Isabel no tiene muy buena cara: parece compaginar el rodaje de “Isabel” con el de “The Walking Dead”.

La Casa del Rey ha informado que Felipe y Letizia “se han declarado seguidores de la serie”, y “han visitado asimismo las áreas de maquillaje, atrezo y vestuario, donde han podido comprobar hasta qué punto se ha cuidado el rigor histórico en la ambientación de la serie”. Comprobar el rigor histórico. Un coñazo.

Si los príncipes lo que quieren es airearse, salir a la calle, sentir el aliento del populacho en el cogote, yo les diseñaría otro programa de visitas. Menos ficción histórica y más realismo presente. ¿Qué tal unas cañas en el barrio del Gamonal? ¿Y una tarde de compras en la Rosilla? ¿Y un paseíto por el hospital de Toledo, con cadáveres en los pasillos? ¿Y qué me dice de un relajante puente sabático en un ático marbellí, amplio y soleado, cedido por algún político de élite? Si quieren sol, pero con más ambiente, pueden acercarse a las costas de Ceuta. Y es que España es un país de contrastes, campo y playa, repleto de lugares donde pasar un rato agradable. Pero no seamos paletos… Tampoco estaría mal un fin de semana en Suiza, con una visita guiada a los principales bancos en los que tienen cuentas los patriotas españoles.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La vida soñada del capitán Salgari.

Autor: Paolo Bacilieri.

Editorial: Norma.

Salgari

La vida de Emilio Salgari, escritor de algunas de las novelas de aventuras más fascinantes de todos los tiempos, fue terrible. Trabajaba sin cesar, escribiendo mañana y noche, y sin embargo le acosaba la penuria económica, los acreedores y los insaciables editores. Firmó 84 novelas, algunas de las cuales lograron grandes ventas, vivió en una casa modesta, tuvo cuatro hijos, y se sintió estafado por cuantos tenían que ver con su trabajo. Un buen día, a los 49 años, se cansó de aguantar. Cogió un yatagán como los que había puesto en manos de Sandokan y se hizo el harakiri. En la nota que se encontró junto al cuerpo decía lo siguiente: “A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, solo os pido que en compensación de las ganancias que os he proporcionado os ocupéis de los gastos de mis funerales”.

En esta sección hemos comentado ya un par de biografías, una escrita por el propio Salgari y prologada por Savater (“Mis memorias”, editorial Renacimiento), y otra firmada por el turinés Ernesto Ferrero (“El último viaje del capitán Salgari”, editorial Ático de los libros). La que hoy nos ocupa es una biografía gráfica, un cómic bellísimo, emocionante, en el que la historia que se cuenta es tan importante como la forma en que se narra. Un majestuoso blanco y negro, en el que destacan los paisajes, las ciudades y sus calles, y los últimos momentos del escritor de Verona. La aventura en estado puro.

Salgari 2

 

Salgari 3

 

Salgari 4

Más de lo mismo

Noche caliente para la ficción española con el estreno, a la misma hora y en las dos grandes cadenas privadas, de dos nuevas series: “Velvet” (Antena 3) y “B&B” (Telecinco). Podría decir que los posos de crítico de televisión que aún conservo se pusieron de inmediato en ebullición, ante semejante enfrentamiento en la cumbre de la cadena trófica audiovisual, pero mentiría: hace falta algo más que versiones de “Tiempo entre costuras” y “Periodistas”, vendidas eso sí como grandes novedades, para despertar el interés de quien piensa que la ficción española comercial ya ha dado de sí todo lo que podía dar. Se trata de una industria que, visto lo visto anoche, se limita a sobrevivir, a rentabilizar prestigios pasados, a repetirse.

Son las diez y media pasadas, y tengo el mando de la tele en la mano, un ojo en Antena 3 y otro en Telecinco. Esto no es vida. Las cadenas, que mantienen criterios y estrategias difíciles de comprender, no respetan a nadie. Y al telespectador, menos: al colocar estos dos nuevos productos en la noche del lunes, desplazan a “La que se avecina” y “El corazón del océano”. ¿Y los seguidores de estos dos programas? Que se jodan…

velvet

Decía que esto no es vida. Y lo es aún menos cuando aparece Miguel Ángel Silvestre como protagonista de “Velvet”, según Antena 3 “un drama romántico con un elenco de matrícula de honor”. Una nueva serie nostálgica, con ese tono neblinoso, como de purgatorio, con que pretenden crear ambiente vintage. Lo dicho: más de lo mismo.

“B&B” es, aseguran en Telecinco, “una comedia de enredo y sentimientos para todos los públicos ambientada en la redacción de una revista de actualidad y tendencias”. ¿Le suena eso de “revista de actualidad y tendencias”? Sí, hombre, como Vanity pero en más cutre, más popular, más cerca del “Diez Minutos”. La eterna historia de una redacción, de cartón piedra, con sus líos, sus miserias y sus amoríos, para consumo masivo de familias sin excesivo criterio.

B&B

El mando echa chispas, tengo que reconocerlo. Pero no por “Velvet” y “B&B”, qué va. Es lo mismo que hemos visto mil y una veces. Más lujo el primero, más populachero el segundo. El mando está más caliente que el asfalto de Georgia porque, a la misma hora en que las dos cadenas líderes han programado sus nuevas series, el Málaga y la Real Sociedad están jugando en Cuatro, partidazo, y en La Dos (TVE) ponen una gran película: “Animal kingdom”. Elijo una de las dos últimas opciones y arranco las pilas del mando.

P.D.

¿Quiere leer usted una noticia realmente interesante sobre la ficción española? Aquí la tiene: “TVE exigió a la productora de ‘Cuéntame’ cambiar los guiones para no ensalzar la victoria de Felipe González en el 82”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

El árbol del ahorcado.

Autor: Dorothy M. Johnson.

Editorial: Valdemar / Frontera.

El arbol

Hace ya un par de años comentábamos en esta sección “Indian Contry”, un libro de la misma autora que el que presentamos hoy lanzado por la misma editorial. Era el título que inauguraba la colección Frontera, dedicada por entero a la narrativa western. Pues ahora retoman a la autora de aquellas vibrantes narraciones, la gran Dorothy M. Johnson, para ofrecer una nueva colección, en este caso de diez historias sin desperdicio alguno.

Una edición como siempre impecable, y una gran traducción, para relatos editados en la década de los cincuenta en revistas como Saturday Evening Post, Argosy, Collier’s o Cosmopolitan. Relatos que mantienen la temática habitual en los textos de Dorothy M. Johnson, pero relegando a los indios a un segundo plano. Aquí están todos los habitantes humanos del salvaje Oeste, desde los buscadores de oro a los tramperos, desde los predicadores de pacotilla a los tahúres de saloon.

“Y otros relatos de la frontera”, reza el subtítulo de este libro intenso, vibrante, maravilloso, en el que destaca el relato que le da nombre. Imprescindible.

Algo cultos

Lo ha vuelto a hacer. ¿Messi? No, el crack del Barcelona ya no sorprende a nadie con sus increíbles goles, con su fútbol grandioso. ¿Ana Botella? No, la alcaldesa más dicharachera lleva unos días callada, quién sabe si tendrá anginas. ¿Justin Bieber? No, el niñato cantarín a la deriva parece que no se mete nada entre pecho y espalda desde hace 24 horas. Es la gran Mariló Montero quien lo ha vuelto a hacer. El ridículo, digo. La última metedura de pata de esta presentadora de televisión es confundir, en directo y sin paracaídas, el Nilo con el Miño. Minucias, dirán sus seguidores: con la ciclogénesis explosiva que afecta a la península cada vez hay menos diferencia entre el caudal de ambos ríos.

Tranquilo, querido lector, que no vamos a perder demasiado tiempo con Mariló. Pero eso sí, me gustaría recordarle que esta presentadora de TVE, la televisión pública española, preguntó hace solo unos días si los cefalópodos del Museo del Calamar de Luarca arrasado por el temporal seguían vivitos y coleando. Es la misma Mariló Montero que enalteció la fiesta del Toro de la Vega, que aseguró que los órganos tenían alma, que se burló del arresto del cura de Borja

Le cuento todas estas miserias de una presentadora de nuestra televisión pública porque en el excelente blog Paper Papers (El periodismo no es de papel, es de sangre y fuego) acabo de leer la siguiente frase: “si los periodistas no somos cultos, algo cultos, se hace muy difícil ser periodista propiamente. En general, se hace difícil ser humano”.

Algo cultos. No hace falta tener el coeficiente intelectual de Albert Einstein, ni el recorrido como lector de Jorge Luis Borges, ni la perspectiva histórica de Gabriel Jackson. No. Simplemente algo cultos. Lo suficiente como para no confundir el Miño con el Nilo, para no creer que los órganos tienen alma o para, efectivamente, diferenciar la tortura del arte.

Los periodistas son cada día más incultos porque son un reflejo de la sociedad, de las necesidades y exigencias de ésta. Y parece evidente que la sociedad actual no está siendo educada  para ser culta. Está siendo educada para consumir, para ganar, para depredar, para corromper, para recelar, para tragar. Una pena, porque la cultura no sirve para saber más, sino para tener la oportunidad de transformar el mundo.

Esta última reflexión, que cito de memoria, pertenece a Stuart Hall, teórico cultural y sociólogo de origen jamaicano que acaba de fallecer. Hall amaba a Miles Davis, comenzó a escribir una tesis sobre Henry James, trabajó como profesor de instituto, acuñó el término thatcherismo y alertó sobre el peligro del excesivo formalismo en los estudios de comunicación de masas. Pero una cosa es el formalismo y otra bien distinta la ignorancia: el Nilo, el río más largo de África, nace en el lago Victoria y desemboca en el Mediterráneo. El Miño, el río más grande de Galicia, nace en Pedregal de Irimia y desemboca en el Atlántico. Y si no tenemos claros estos últimos conceptos geográficos, quizá no deberíamos ponernos delante de una cámara.

 

Un motivo para NO ver la televisión

La muerte del pequeño Shug.

Autor: Daniel Woodrell.

Editorial: Alba.

La muerte de...

Daniel Woodrell es uno de los escritores norteamericanos más interesantes de los últimos tiempos. Lo digo yo, lo cual no tiene la menor importancia, pero también Dennis Lehane, y eso ya son palabras mayores. “No cabe concebir la literatura norteamericana de los últimos veinte años sin él”, dice el autor de Boston. Y tiene razón. Lehane, como Woodrell, ama la escritura directa, dura, arrastrada al límite. De eso va nuestro libro de hoy, escrito en 2001 y publicado ahora en España gracias a la serie negra de Alba.

Shug es un chaval de trece años que sobrevive en la marginación más absoluta. Su casa está en el cementerio, que limpia y vigila con Glenda, una madre alcohólica, y Red, un padre que… no es su padre. Este último les aterroriza, les amenaza, les abandona durante semanas. Despiadado, violento y muy colgado, Red obliga al gordinflas de Shug a asaltar casas de enfermos para robarles medicamentos. ¿Merece la pena vivir en estas condiciones?

Nuestro pequeño héroe adora a su madre, una mujer guapa que lo ha sido aún más. En otros tiempos, en otro lugar, Glenda vivió días de gloria. Ahora se limita a beber sorbos de té trucado, soportar sexo cutre, y acariciar a un hijo que le recuerda tiempos mejores. El miserable equilibrio de esta familia basura se rompe con la llegada de un flamante T-Bird conducido por Jimmy Vinn. Arranca la novela negra, y lo hace con un ritmo endiablado.

Son doscientas páginas de una intensidad agotadora. Un muestrario de la dura vida en las montañas Ozark, la región “de animales salvajes y escasa tierra fértil” donde nació y vive Daniel Woodrell, su principal fuente de inspiración. Un territorio despiadado que marca la obra de este hombre como lo hizo el “Mississippi con Faulkner o Albany con William Kennedy”. Enorme mezcla de poesía rural y prosa urbana, de realismo negro y desesperanza, de sueños que se desvanecen a lo largo de la Hillbilly Highway