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Pelotazo de cine en TVE

La noche del lunes TVE abrió sus puertas al cine español. La 2 comenzó a emitir en prime time, dentro del programa “Historia de nuestro cine”, la friolera de 690 películas. Serán tres años con la flor y nata de la filmografía española, desde los años treinta hasta el 2.000. Elena S. Sánchez presentará el espacio, que se podrá disfrutar cada día, de lunes a viernes.

Televisión pública, ¿verdad? Quizá un poco agobiante, cine español todas las noches de la semana, pero interesante: se podrán ver películas que de otra forma se perderían en el fondo de los archivos. Concretamente de los archivos de Enrique Cerezo y José Frade, tipos cercanos a Génova y los dos grandes beneficiarios del nuevo proyecto de TVE. Y es que Cerezo, presidente del Atlético de Madrid y amiguito del alma de Ignacio González, y Frade, productor con gran habilidad para los negocios, son los propietarios de la mayoría del cine español.

“Historia de nuestro cine” supondrá millón y medio de euros para ambos empresarios, en lo que será su segundo pelotazo cinematográfico en la televisión pública: en 1998 Hacienda aseguró que TVE había “incumplido la normativa interna” en la mayoría de las operaciones de compra de 1.155 películas a los productores José Frade y Enrique Cerezo, por un importe global de 5.500 millones de pesetas, realizadas en 1996 y 1997.

Poco más que decir, nada más que añadir a este magnífico negocio televisivo, bienvenido de nuevo Mr. Marshall. Salvo quizá la gran frase de Cristina Cifuentes para la historia: “El PP, único partido que garantiza que el dinero esté donde tiene que estar”.

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P.D.

¿Esto puede ser cierto?

Un motivo para NO ver la televisión

Emmylou Harris & Rodney Crowell

Cd: The Traveling Kid.

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Dos grandes leyendas del country, o si lo prefiere del sonido Americana, música de raíces a fin de cuentas, se reúnen de nuevo para grabar un disco tremendo. Dejaron el listón muy alto allá por 2013, cuando editaron “Old Yellow Moon”, pero este “The Traveling Kid” es aún mejor. Más redondo, menos fisuras, una gozada de principio a fin.

Once canciones que recuerdan a la Emmylou de voz pletórica, capaz de pasar de los tradicionales ritmos honky tonk a los sonidos atmosféricos de “Wrecking Ball”, su gran obra conceptual. Once temas en los que Rodney Crowell se muestra como un compositor maduro, una voz de acompañamiento sólida, y un guitarrista solvente, por momentos brillante. En ocasiones country clásico, en otras country fantasmal y atmosférico… este disco podría convertirse en un clásico.

 

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Así de claro

El lunes, el jurado de “Masterchef” (TVE) Jordi Cruz pidió “disculpas de corazón” a todos los telespectadores que se pudieron ofender por la humillante crítica que realizaron al concursante que presentó el famoso plato “León come gamba”. El martes, ya en el programa, el sinceramente arrepentido Cruz volvió a conseguir que uno de los concursantes moquease, agachase las orejas y terminase lloriqueando como una vieja: volcó y rompió el plato que éste había preparado al grito de “¡Estoy harto de excusas!”. En la web de RTVE rociaron con sal la herida del concursante humillado: “Pablo ¿Un juguete roto?”.

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Desprecio, soberbia, crueldad, malos modos, falta de respeto… “Masterchef”, programa estrella de la televisión pública española, está dejando de ser una escuela de cocina y se está convirtiendo en un campamento militar, con niveles extremos de exigencia y un enorme estrés mental. Los concursantes, los reclutas, tienen que prepararse para lo peor, para que les menosprecien, humillen y avergüencen ante millones de espectadores. Y es que los tres chefs que forman el jurado han alcanzado una posición, un rango, digno de los instructores de los marines, famosos por su riguroso estilo de instrucción, por su agresividad y su sentido del mando, y por obligar a seguir sus órdenes sin cuestionarlas. ¿Debe transmitir estos valores una televisión pública?

Todo es cuestión de audiencia, como siempre en televisión. Las broncas de “Masterchef” son el equivalente a las peleas que provoca la testosterona en “Hombres, mujeres y viceversa”, o al exhibicionismo de Mercedes Milá en “Gran Hermano”. La salsa del programa. Olvide la cortesía, el respeto y demás detalles superfluos de la vida civil. Estamos en la tele, queremos audiencia, mucha, y el resto nos importa una mierda. Usted, el que tiene el suflé hundido, ¡al suelo! ¡50 flexiones, basura humana!

TVE necesita otro tipo de programas, más relajados, más positivos, más formativos. Seguramente por eso el consejo de administración de RTVE somete hoy jueves a votación a “Así de claro”, la segunda propuesta de programa presentada por Ernesto Sáenz de Buruaga, el hombre que dirigió los informativos de la televisión pública de Aznar y que partió la pana en Telemadrid y la COPE. Toda una garantía de pluralidad informativa para la tele pública. Así de claro.

P.D.

La contra mongola…

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Un motivo para NO ver la televisión

The Doughboys.

Cd: Hot Beat Stew.

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Una portada sin duda espeluznante, de esas que invitan a no comprarse jamás semejante disco, esconde un trabajo formidable, el nuevo álbum del cuarteto The Doughboys. Su anterior producción, “Shakin´Our Souls”, fue elegido mejor disco del 2012 por Miami Steve Van Zant, guitarrista de la E Street Band y responsable de “Underground Garaje” (Sirius/XM), programa de radio de referencia en sonidos rocanroleros. Pues este “Hot Bear Stew” no le desmerece en absoluto: riffs memorables en 16 grandes canciones que nos recuerdan a los primeros Stones, a los nunca suficientemente ponderados Yarbirds, a todas las bandas de garaje de los sesenta… Mucho más que un glorioso revival.

Libros y televisión

El próximo jueves se celebra el Día del Libro. El programa literario de TVE “Página 2” dedicó el espacio del domingo a ese acontecimiento anual, una fiesta de la lectura, el conocimiento, la diversión y el entretenimiento. En el suplemento cultural Babelia que publicó El País el pasado sábado, Ricard Ruiz Garzón escribe un texto, titulado de manera no demasiado imaginativa “La caja tonta”, en el que se hace una serie de preguntas sobre “el binomio maldito televisión-cultura”: ¿Por qué no emiten espacios literarios las cadenas privadas? ¿Por qué las públicas apuestan cada vez menos por ellos? ¿Ha de tener audiencia un programa de libros o es un servicio? ¿Por qué ni siquiera quienes hicieron fortuna en el mundo editorial apuestan por él en sus grupos mediáticos? ¿Hay que seguir haciendo programas para los convencidos o abrirlos para hacer difusión entre el público menos lector? ¿Tienen futuro los programas con libros con mando a distancia o acabarán siendo todos online?

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No es fácil responder a Ruiz Garzón, pero se puede intentar. ¿Por qué no emiten espacios literarios las cadenas privadas? Esta es la más sencilla de todas sus preguntas: Porque con ellos no obtienen audiencia, es decir, dinero. Y porque el Estado no les obliga a cumplir con ciertas condiciones de servicio público para con los ciudadanos. Ganar dinero no debería ser el único fin de las televisiones privadas. ¿Por qué las públicas apuestan cada vez menos por ellos? Porque aunque lo nieguen, compiten con las privadas (hablo de España), y como acabamos de ver, los espacios literarios no generan audiencia. ¿Ha de tener audiencia un programa de libros o es un servicio? Es un servicio público, y cuanta más audiencia tenga mucho mejor. Pero ésta no debería ser ni un fin, ni una obsesión. Un programa de libros en una cadena pública debe tener, sobre todas las cosas, calidad. ¿Por qué ni siquiera quienes hicieron fortuna en el mundo editorial apuestan por él en sus grupos mediáticos? Quienes hicieron fortuna en el mundo editorial tienen como principal obsesión hacer que esa fortuna se multiplique, y para ello son capaces de cosas increíbles, como vender su alma al poder político o manipular premios literarios. No olvidemos que se han forrado vendiendo libros como podrían haberlo hecho vendiendo embutidos, zapatos o neumáticos usados.

¿Hay que seguir haciendo programas para los convencidos o abrirlos para hacer difusión entre el público menos lector? Todos los telespectadores tienen derecho, puesto que todos pagan impuestos, a ver programas a su medida, tanto los lectores habituales como los menos convencidos. Se supone que los Telediarios se hacen tanto para los consumidores habituales de información, lectores de diarios u oyentes de radio, como para los más despistados. Se puede hacer un gran programa de libros para todos los públicos, siempre que exista voluntad. ¿Tienen futuro los programas de libros con mando a distancia o acabarán siendo todos online? Los programas con libros no tienen futuro porque ni a los gobiernos ni a los empresarios de televisión les interesan unos ciudadanos preparados, cultos, críticos, con criterio. Los gobiernos quieren ciudadanos incultos, ignorantes, dóciles y fácilmente manipulables. Para que vuelvan a votarles. Los empresarios de televisión quieren telespectadores lerdos, adormilados y poco exigentes, para que sigan enganchados al electrodoméstico y no se les ocurra salir a la calle, viajar, visitar exposiciones, asistir a conciertos o, el colmo, leer un libro.

Para terminar el post de hoy me gustaría recordar un pequeño detalle: no es fácil hacer un buen programa de libros. Es más, es muy difícil. Es muchísimo más sencillo, e infinitamente más rentable, pastorear una docena de freaks y poner en marcha una nueva edición de Gran Hermano.

Un motivo para NO ver la televisión 

El paseo de los sueños.

Autores: Zidrou y Mai Egurza.

Editorial: Norma.

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Napoleón Cavallo es un tipo bonachón, nadie diría que es policía, que está en problemas. No solo en su profesión, sino porque ha cogido una mala costumbre: aparece cada noche por sorpresa en la cama de Linh Yu, una pequeña muchacha de la que no sabe absolutamente nada. Ni los cerrojos más férreos ni las ventanas mejor cerradas impiden que Napoleón repita cada noche esta aventura, que incomoda sobremanera a una Linh Yu que ignora encontrarse ante el primer brote de una epidemia: la de los sonámbulos de tejado, un ejército de somnolientos paseantes que recorren la ciudad a la luz de la luna.

Napoleón y Linh Yu viven en realidad una historia de amor, que se convierte en un ejemplo de tolerancia, de buen humor y de noctambulismo. Todos los personajes son entrañables, todas las páginas luminosas y radiantes. Una historia que levanta el ánimo magistralmente dibujada por Mai Eguruza con un emotivo guión de Zidrou.

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Humillación en las cocinas

No sé qué me da más asco, si los cocineros guarros con los que alterna Chicote en La Sexta, o los chefs altivos y soberbios que dan lecciones de Haute Cuisine en La 1. Es decir, si me repugnan más los mugrientos ensucia fogones de “Pesadilla en la cocina” o los restauradores arrogantes y maltratadores de “Masterchef”. Impresentables los dos. Los primeros por dejados, por guarros y por dejarse manipular por un programa de televisión que desnuda sus miserias en público para regodeo de la audiencia. Los segundos, por cómo humillaron a un pobre chaval, Alberto, que tuvo la insensatez de preparar delante de las cámaras un plato, “León come gamba”, considerado por los maestros hosteleros como “una guarrada” y “un insulto a la inteligencia, un insulto al jurado y un insulto a las 15.000 personas que se han quedado fuera del programa”.

Pepe Rodríguez, uno de los tres miembros del exquisito jurado de Masterchef, aseguró en la Cadena SER que volvería a expulsar a Alberto, el responsable de “León come gamba”, de la misma manera cruel y exagerada en que lo hizo: “Le tuve que echar, y no podía ser de otra manera”, asegura ignorando la violencia, tanto verbal como psicológica, del momento.

El problema no es echar al concursante, el problema es cómo le echan. Cómo le humillan ante sus compañeros, su familia y amigos, y ante millones de telespectadores. “Hay más verdad en la televisión que en el mundo de la cocina”, sentenció un Rodríguez que olvida que en estos concursos todo, desde el casting hasta la final, está dirigido a conseguir audiencia. Y que el hombre que cocinó el famoso león que come gamba fue elegido para dar espectáculo. Para dar este triste espectáculo.

Un espectáculo tan lamentable como el repetitivo y exitoso “Pesadilla en la cocina” (La Sexta). En su nueva edición, que comenzó el miércoles con una excelente audiencia (11,6% y 2.043.000 espectadores), insiste en la misma fórmula de siempre: restaurante hundido, dueño impresentable, personal desanimado, doctrina de Chicote, nueva carta, reforma del local… La salsa de tan redundante esquema son los empresarios, cocineros y camareros, tipos con problemas que se supone desnudan todas sus miserias ante las cámaras: inútiles, guarros, violentos, malhablados…

Televisión de éxito basada en mortificar y avergonzar a los más débiles. Un asco.

Un motivo para NO ver la televisión

Mediterráneo descapotable.

Autor: Iñigo Domínguez.

Editorial: Libros del K.O.

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El segundo título del periodista Íñigo Domínguez editado por Libros del K.O., tras el imprescindible “Crónicas de la mafia”, sigue apostando por el periodismo de recorrido extenso y amplio campo visual. Subtitulado muy acertadamente “Viaje ridículo por aquel país tan feliz”, este “Mediterráneo descapotable” se convierte en una lectura imprescindible para entender la España actual. Porque estamos ante un reportaje largo y jugoso que describe el país de la corrupción y el ladrillo, de los perros atados con chorizos y las ristras de rotondas, del sol y los chiringuitos, de Port Aventura y Marina D’or. El legado ideológico, económico y cultural de Jesús Gil, Manolo Escobar y Rita Barberá. Y Rato, claro.

En 2008 el periodista recorre la costa, desde Colliure hasta Tarifa, al volante de un Peugeot 207 azul descapotable. Las crónicas que forman este volumen, brillante radiografía de una España dorada por fuera y repugnante por dentro, fueron publicadas en su momento en el diario El Correo. Dos semanas después de que el último capítulo viese la luz quebró Lehman Brothers, y ya nada volvió a ser igual.

Dicen los editores que estamos ante una road movie, y tienen mucha razón. Una road movie costumbrista, con tintes de novela negra, protagonizada por muertos vivientes, un ejército de ciudadanos que han vivido tiempos mejores, han perdido el lustre y el moreno, y sobreviven como zombis paseando entre urbanizaciones de cartón y aeropuertos fantasma, comiendo paellas de chirlas y tomates de invernadero, mientras son estafados por un ejército de políticos sin escrúpulos.

“Mediterráneo descapotable” es un libro divertido, muy divertido. Y también pedagógico, puesto que nos ayuda a saber quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Imprescindible el apéndice: “Cómo acabó todo: un pequeño informe”, es un dossier no tan pequeño, cien páginas con nombres, fechas y datos, resumen de fuentes oficiales e informaciones publicadas en prensa, que se lee con la boca abierta y deja la bilis en ebullición. Una lectura intensa, soleada y amarga a un tiempo, que provoca en el lector sonrisas, muchas, y no pocas lágrimas.