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Entender a quienes luchan por un ideal

Hay españoles que no desean la independencia de Cataluña, pero les gustaría que aquellos que quieren convocar un referéndum sobre el tema puedan expresar sus razones con absoluta libertad. Por cuestiones de calidad democrática, para poder presumir de que son ciudadanos de un estado que respeta la libertad del individuo sobre todas las cosas. Muchos de esos españoles habrán sentido una profunda e inquietante decepción al enterarse de que el juzgado de lo contencioso número 3 de Madrid ha suspendido de manera cautelar el acto a favor del referéndum del 1 de octubre que se iba a celebrar el próximo domingo en el centro cultural Matadero del Ayuntamiento de Madrid.

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P.D.

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Un motivo para No ver la televisión

Steve Earle

So you Wannabe an Outlaw.

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El gran Steve Earle, el tipo al que su primera discográfica quiso vender como el Bruce Springsteen redneck, acaba de lanzar su mejor disco en años. Con este So you Wannabe an Outlaw el de Virginia recupera aquella mezcla de rock y country que le convirtió primero en pionero, y más tarde en leyenda. Se trata de un homenaje a sus clásicos, desde Johnny Cash a Hank Williams, pero sobre todo a dos de los más importantes outlaws (proscritos) del genero: Willie Nelson y Waylon Jennings. El primero canta en una canción. El segundo es la razón de ser del disco: “Este álbum soy yo tratando de canalizar a Waylon”.

So you Wannabe an Outlaw suena como si agitásemos en una coctelera su disco de début, el descomunal Guitar Town del 86 (un trabajo que revolucionó el mundo de la música vaquera y señaló el camino a seguir), con los no menos brillantes Train a Comin´o I Feel Allright de mediados de los 90, trabajos de madurez. Buenas noticias, por tanto: regresa el mejor Steve Earle, el músico más brillante que ha dado la música Americana en las últimas décadas, junto a Lucinda Williams. Ahora solo falta que su nueva gira incluya España.

Pablo Casado tiene un amigo

Pablo Casado, el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, es el futuro. De la Comunicación y del PP. La sangre fresca que tanto necesita el partido de Bárcenas, Rato y Camps. Es decir, Pablo Casado es la moderación, la juventud, la honradez, la nueva derecha. ¡Qué suerte, que existan políticos como Pablo Casado! Un tipo que, además de compañeros de partido, tiene un amigo…

Hace unos días Pablo Casado colgó un tuit que confirmaba su condición de político honrado, moderno y moderado, de tipo fiable, de líder moral de esa nueva derecha que tanto necesita España. El tuit decía: “Me manda esto un amigo de Venezuela: el pueblo se enfrenta a la policía chavista pidiendo comida #NoPodemosTolerarlo”. El tuit incluía un video con enfrentamientos callejeros entre manifestantes y policías. ¡Venezuela en llamas, maldita sea! Y sus socios de Podemos intentando implantar en nuestro país ese régimen de violencia, injusticia social y ropa deportiva de colores imposibles… #NoPodemosTolerarlo, efectivamente.

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Poco después supimos que en esas imágenes en las que el pueblo venezolano se enfrentaba a la policía chavista pidiendo comida, no hay ni pueblo venezolano, ni policía chavista ni petición alguna de comida. Pertenecen a unas protestas que tuvieron lugar en enero de 2015 en Kinsasha, Congo, contra una ley electoral de Joseph Kabila.

Pablo Casado, la sangre fresca del PP, la moderación y la honradez frente a la picaresca y la sinvergonzonería de Granados y compañía, casi nos la clava. ¡Esto de engañar sí que lo tienen en el ADN, los jodíos, y no lo de la creación de empleo! Afortunadamente Casado, la prudencia y la seriedad de la nueva derecha, un vicesecretario de Comunicación como la copa de un pino, ha sabido rectificar. ¿Pide perdón rojo como un tomate, agacha las orejas, mete el rabo entre las piernas, abandona la política y se marcha a vivir a la cueva que dejo libre Bin Laden? No, no, qué va: “El vídeo anterior es incorrecto. Pero estos de EFE/AFP, no”, y cuelga otros vídeos. Pablo, ¿Y tu amigo venezolano que te mandó el impresionante documento gráfico? Queremos conocer las fuentes de todo un vicesecretario de Comunicación. Queremos animar a tu colega a que siga mandándote imágenes sobre la ruina de Venezuela, aunque estén tomadas en Kinshasa, para hacernos una fiel idea de cómo será dentro de poco la España podemita y perroflauta que nos espera.

Esta vez le hemos pillado (le ha pillado @AntonioMaestre). Pero ¿Cuántas veces nos ha engañado antes? ¿Cuántas no nos engañará después? Esta es la savia nueva del PP, la regeneración, la honradez y la moderación, y la mejoría se nota un huevo.

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P.D.

Y hablando de todo un poco… ¿Recuerda usted al marido de Susana Díaz, ese que la socialista decía estaba “tieso”? Pues no lo estaba tanto: “La nómina de José María Moriche, el marido de la presidenta de la Junta, la socialista Susana Díaz, durante su etapa como auxiliar administrativo en el Instituto de Formación y Estudios Sociales (Ifes) de UGT, se cargó al menos a 102 cursos distintos costeados por el Gobierno andaluz, a través de las subvenciones millonarias para la formación que cada año concedía a la federación andaluza de este sindicato”.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Colvin & Earle

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El gran Steve Earle cambia de pareja. En princio para la grabación de un disco, este formidable “Colvin & Earle” editado a dúo con una vieja amiga de los 80, la cantante folk Shawn Colvin. Un trabajo de enorme intensidad, en el que las voces de ambos circulan en paralelo: olvide una versión roots de los Pimpinela, yo te hablo y tú me respondes. Aquí cantan juntos, con enorme energía y convicción, sobre una sólida base instrumental que incluye a Buddy Miller, que también ejerce de productor, y a Chris Wood, de los Wood Brothers.

Escuche el primer single de “Colvin & Earle”, el arrastrado y pantanoso “You´re Right (I´m Wrong)”, o la vitaminada canción que abre el disco, “Come Wath My”, el pop-rock perfecto de “You Where On My Mind” o simplemente la deliciosa versión del “Ruby Tuesday” de los Stones, y comprenderá que está ante el mejor disco de Earle, y compañía, en años. Una maravilla.

 

La historia interminable

Con el ánimo por las nubes tras uno de esos partidos de fútbol para la historia, afronté la gala de los Goya, la fiesta del cine español, con una sonrisa en los labios. Suele ser un coñazo, me dije, con sus agradecimientos eternos y sus vanidades desbocadas, pero después del 4-0 me creía capaz de soportar el chiste menos gracioso, el play back más doloroso (Miguel Poveda), el discurso más soso (González Macho), el llanto más grimoso (Nerea Barros) o incluso la sonrisa cínica de un ministro asqueroso.

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Me gustó el comienzo, con un Dani Rovira en el que no tenía depositadas demasiadas esperanzas absolutamente brillante. Seguro, ágil, simpático… Tras la primera hora la fiesta comenzó a repetirse y, lo que es peor, a desangrarse: el aburrimiento es el peor enemigo del cine y, lógicamente, de una gala cinematográfica en la que sobran agradecimientos, discursos y minutos. Y por supuesto actuaciones musicales freaks, humoristas casposos y bailoteos interminables. Y a la que faltan películas: es terrible ver cómo todo gira alrededor de dos únicas cintas, “La isla mínima” y “El niño”.

Cuatro horas eternas. Entiendo el cine como entretenimiento, pero también como compromiso y denuncia. Por eso me parece brillante aprovechar los minutos de gloria para algo más que saludar a tus padres y dedicar la estatua a tus hijos. Algo que muy pocos de los que subieron al escenario tuvieron pelotas de hacer. Por eso me gustó lo que disgustó a ABC: “Amigos de la cultura y el cine español… señor Wert, no está incluido en esto”, dijo Pedro Almodovar al presentar a Antonio Banderas. En el diario conservador y ultragubernamental titulaban: “Todo el cine español respeta a Wert, menos Almodovar”.

Pero el auténtico premio a la interpretación, el Goya entre los Goya, se lo merecen no Penélope Cruz, Bárbara Lennie o Carmen Machi, actrices todas ellas de medio pelo si las comparamos con la vedette estrella de la política española, la Lina Morgan de la bufonada popular y el sainete social, caricata de la administración e histriona de lo público. La gran Esperanza Aguirre.

“No pondría la mano en el fuego por Rajoy”, reconoce la lideresa a Jordi Évole en una de las entrevistas más surrealistas que recuerdo. Évole ironizando de manera burda, provocando descaradamente a una Aguirre que aguanta el tirón, traga bilis y actúa como una Linda Lovelace conservadora para no dejarse llevar por la furia y desperdiciar la oportunidad televisiva. Patética. Repite su eterno discurso, yo no sabía nada de nada, pobrecita mía, e incluso torea con facilidad las preguntas del presentador: “En la Comunidad de Madrid no ha habido recortes ni en Sanidad ni en Educación”, dijo a un Évole que debió responderle con cifras. Por ejemplo: Entre julio de 2011 y julio de 2013, el recorte de personal en Sanidad y Educación en la Comunidad de Madrid superó los 7.500 profesionales.

Y cuando se cansó, se levantó y se fue.

P.D.

¿Censura en los guiones de los Goya? Me temo que a nadie le extrañaría. Pues eso dicen que le sucedió al actor Carlos Areces, que se presentó en la gala con unas preciosas gafas naranjas y un lazo del mismo color en solidaridad, el lazo, con los trabajadores de RTVE. Areces tenía que entregar uno de los premios, pero cuentan que la organización le pidió que se quitara el lazo y que firmara un documento comprometiéndose a no saltarse el guión. Areces se negó, y se quedó sin entregar el premio y sin asiento en la fiesta.

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Un motivo para NO ver la televisión

Steve Earle

Cd: Terraplane.

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Cada nuevo disco de Steve Earle, seguramente la última gran leyenda entre los cantautores norteamericanos, siempre es esperado con enorme ansiedad. ¿Volverá el de Fort Monroe a regalarnos otro “I Feel Alright”? O cuando menos otro “Copperhead Road”. O quizá un nuevo “El Corazón”. Es decir, el mejor Steve Earle. Todos sus seguidores esperan la grabación que le recupere definitivamente para el country rock, o para el folk eléctrico, o para la Americana, o para como demonios quiera usted llamarlo.

Pero Earle no está por la labor. Sigue lanzando discos excelentes, algunos de bluegrass como “The Mountain”, otros homenajes a viejos amigos, como “Townes”, pero nada que recuerde los viejos y buenos tiempos. Este “Terraplane” es un gran disco de blues. Ni más ni menos. Blues. En ocasiones tradicional, en otras con aires de jazz, a veces recordando a los Stones…

Un disco magnífico que nos ayuda a superar el mono generado por este coloso de la música Norteamericana. Y a sobrellevar la espera del álbum total que, con los aires que le han convertido en leyenda, sin duda llegará.

Informe semanal

En televisión, ¿cumplir 40 años en antena es garantía de calidad? En absoluto. Solo es un premio a la supervivencia, mera cuestión de longevidad. “Informe semanal” arrancó hace cuatro décadas, y con más de 8.000 reportajes repartidos a lo largo de 2.000 semanas, se ha convertido en el informativo con análisis de largo recorrido más veterano de Europa. La noche del pasado sábado “el programa de siempre y el programa de todos” ofreció un especial con motivo de este 40 aniversario. Sonaba Neil Young (“Heart of Gold”) mientras Ángela Rodicio contaba, a modo de espectacular resumen, los acontecimiento narrados por el programa a lo largo de todos estos años: desde la entrevista sorpresa a Pinochet al nombramiento del nuevo Papa, pasando por Videla, el divorcio en Italia, el año de los tres Papas, la caída del Sha y la llegada de Jomeini, el rock de rabiosa violencia de los Who, el 11-S, la invasión de Irak, la victoria de Obama, los indignados… Auténtica televisión pública.

El telespectador pudo ver y escuchar a algunos de los directores del programa hablar sobre la oportunidad e importancia del mismo. Ramón Colom presumió de haber empezado “a abordar la cultura de consumo”. Baltasar Magro recordó cómo pasaron “en poco tiempo de la prehistoria a la edad dorada de la TV”. Alicia G. Montano eligió la palabra “globalización” para resumir un tiempo en que “la palabra ha sido sustituida por la economía”. Pero de todos ellos me quedo con un Pedro Erquicia, fundador del programa allá por 1973, que contó cómo engañaban a los censores de la época sacándoles del visionado mediante una llamada telefónica efectuada en el momento más delicado. “Eran unos memos”, resumió Erquicia.

¿Los actuales censores de TVE también son unos memos? ¿Les engañan de la misma manera? Lo digo no por nada personal, sino porque el Consejo de informativos de la televisión pública ha denunciado la grave manipulación que sufren programas como “Informe semanal”, donde algunos periodistas se han negado a grabar reportajes al no responder a criterios periodísticos. El mismísimo Consejo de Europa ha condenado las injerencias políticas en RTVE. Así las cosas, la pregunta del millón es la siguiente: ¿Es actualmente “Informe semanal” una isla de periodismo independiente y de calidad dentro de unos informativos públicos claramente manipulados?

Se podrían poner númerosos ejemplos sobre la situación, cuando menos dudosa, que atraviesa el veterano programa. Destaca el descenso alarmante de la audiencia, con mínimos históricos de entre un 5% y un 6% de share y apenas un millón de espectadores, en las últimas semanas. Sin duda consecuencia del tratamiento de los contenidos, de la pérdida de calidad y credibilidad. En septiembre del pasado año “Informe Semanal” emitió “La lucha de Esperanza”, un publirreportaje vergonzoso sobre  Esperanza Aguirre, con frases como éstas: “En su despedida, visiblemente emocionada, fue igual de sincera y práctica que siempre”;  “Eurovegas, por su calado, será un factor de crecimiento y empleo”; “Pragmática y defensora de sus principios liberales. Es una superviviente y una luchadora”.

Poco después uno los realizadores del programa fue apartado del mismo por negarse a firmar el reportaje sobre la tragedia del Madrid-Arena debido a su “ínfima calidad”. El Consejo de Informativos de TVE calificó estos hechos como un  “grave ataque a la libertad de información”, y emitió el siguiente comunicado: “varios profesionales han sido advertidos o expulsados del programa tras ejercer su derecho a retirar la firma de algunos reportajes en los que la Dirección ha impuesto una línea editorial contraria a los principios del Estatuto de Información y al Manual de Estilo de CRTVE”.

Festejemos como se merece el 40 aniversario de “Informe semanal”, uno de esos programas que han hecho historia en el mundo del periodismo y de la televisión. Pero no olvidemos las circunstancias actuales. ¿Sigue siendo un espacio de servicio público o se habrá convertido en un servicio institucional? ¿Sobrevivirá a la manipulación? ¿Y si este “Informe semanal” no fuese nuestro “Informe semanal”? Ya sabe, aquel “programa de siempre y el programa de todos”…

 

Un motivo para NO ver la televisión

Steve Earle & The Dukes (& Duchesses).

Cd: The Low Highway.

Esta sí es una buena noticia: el gran Steve Earle edita nuevo disco, con doce canciones producidas junto a, atención, Ray Kennedy, el hombre que forma con Steve esa sociedad legendaria llamada “Twangtrust”. En su disco número 15 de estudio le acompañan, como viene siendo habitual, los duques (Chris Masterson, Kelley Looney, Will Rigby), pero ahora acompañados por las duquesas: la cantante Allison Moorer, su compañera, y Eleanor Whitmore.

“The Low Highway” muestra a un Steve Earle que, sin perder la frescura, parece más maduro que nunca. Presta especial atención a las letras, en ocasiones muy poéticas, casi siempre comprometidas y combativas. Quizá por eso en ocasiones más que cantar recita, rapea, cuenta. Algunos temas han pasado por la serie de tv “Treme”, y hablan de Nueva Orleans. Cajun. Guitarras de pedal. Banjo y violines irlandeses. También un homenaje al hombre que fundó el Hardly Strictly Bluegrass Festival en San Francisco: Warren Hellman. Y una memorable canción, “Remember me”, para cerrar un álbum intenso y de largo recorrido.

Gracias al cielo, Steve aún disfruta con la música, componiendo, grabando y actuando. En las notas que acompañan al disco, el orgullo de Virginia escribe: “I’ve been on every interstate highway in the lower forty-eight states by now and I never get tired of the view.  I’ve seen a pretty good chunk of the world and my well-worn passport is one of my most prized possessions, but for me, there’s still nothing like the first night of a North American tour; everybody, band and crew, crowded up in the front lounge, eating Nashville hot chicken and Betty Herbert’s homemade pimento cheese, swapping the same tired old war stories half shouted over the rattle and hum of the highway.  And I’m always the last one to holler good night to Charlie Quick, the driver, and climb in my bunk because to me it feels like Christmas Eve long ago when I still believed in Santa Claus.  God I love this”.

“Invisible”, una canción sobre Nueva York y sus ciudadanos olvidados, es el primer sencillo. Un hermoso vídeo…