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La lista de Torrijos

El ayuntamiento de Torrijos (Toledo) ha presentado un inventario de canciones machistas, elegidas según criterio propio, para que los dj´s de las fiestas de la localidad no las pinchen durante el llamado “baile de las cañas”. Radio Futura, Loquillo, Alejandro Sanz o La Unión están en una lista negra que, dicho sea de paso, es tan corta como incompleta. No está el Fary.

Mal asunto cuando un ayuntamiento prohíbe canciones, sean las que sean. O sugiere que no se pinchen. Mal asunto porque, entre otras cosas, puede que su sentido de la moral y el orden no coincidan con los de los vecinos de la localidad. ¿Cuáles son las canciones que no deberían sonar en unas fiestas? Julián el fontanero, por ejemplo, quitaba las de Taburete, el grupo del hijo de Bárcenas: piensa que esos instrumentos han sido comprados con nuestro dinero y se le revuelven las tripas. Seguramente Juana, la panadera, eliminaba los pasodobles, por aquello de lo taurino y el maltrato animal. Y su vecino Pablito, que es rapero y de Podemos, suprimía de un plumazo Paquito el Chocolatero y Macarena, ejemplos perfectos de caspa viejuna. Y así hasta que el dj no tuviese material y tuviese que cerrar con un vinilo de Simon & Garfunkel: “El sonido del silencio”.

¿Debe dejar de sonar una canción que habla del maltrato y seguir en cartelera una película que cuenta la historia de un asesino de mujeres? ¿Y qué me dice de aquel libro de un tipo que descuartizaba prostitutas? En Torrijos se han metido, sin necesidad, en un jardín importante.

Un motivo para NO ver la televisión

Fred Cabeza de Vaca

Autor: Vicente Luis Mora.

Editorial: Sexto Piso.

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Primera gran sorpresa de la temporada. Un libro difícil de clasificar, tremendamente abierto en su planteamiento, sorprendente en su estructura, fascinante en su desarrollo. Y exigente para el lector, que en algunos momentos debe dar lo mejor de sí mismo para no perder el norte en este puzzle diabólico que es la vida de Fred Cabeza de Vaca, un tipo al que adoras en una página y detestas en la siguiente.

Hablamos ni más ni menos que de “el artista español más universal desde Picasso”. Un crítico artístico y comisario de exposiciones de comedida actividad creadora, que triunfa en el mundo de las artes plásticas de manera un tanto original. Despreciable misógino, brillante conversador, genio deslumbrante y vulgar farsante, ambicioso sin escrúpulos y atormentado perdedor. Todas estas cosas, y muchas más, es el protagonista de esta reconstrucción de la vida de un artista fantasma, biografía laberíntica y lunática que sirve de excusa a Vicente Luis Mora para reflexionar sobre las miserias del mundo que rodea el arte contemporáneo. Miserias que son las de nuestros días…

“España es un país contradictorio y esquizoide porque su ley escrita, al vindicar la ética del comportamiento, choca de frente contra la anti-ley, la ley consuetudinaria real que sus habitantes aplican sin pestañear, sin aspaviento alguno, con la mayor naturalidad. Por eso este país puede vivir con ley democrática, porque sabe burlarla de continuo, y también puede sobrevivir sin ella. Este país pasó cuarenta años confortablemente instalado bajo un régimen dictatorial por la simple razón de que nunca ha necesitado de leyes justas para superar el día a día; sus maleables ciudadanos toleran con igual indolencia la legalidad y la falta de legalidad, la reglamentación y la barbarie, porque la justicia nunca ha sido una necesidad metafísica, ni espiritual, ni pragmática. La justicia, para un español, ha sido siempre lo que les pasaba a los otros”.

Nacido en Córdoba en 1970, Mora ha tenido el valor y la habilidad para construir esta obra ambiciosa, enrevesada y contradictoria, a veces dramática y en ocasiones tronchante, que intenta marcar distancias con el soporífero panorama de la actual literatura convencional. Nada de lo cual sería posible si no tuviera las cosas muy claras y escribiese de manera brillante, tomando riesgos y saltándose reglas. Mora decidió echarse un pulso a sí mismo, y ha salido victorioso.

Una estafa renovable

Si usted lee la portada de El País del domingo corre el riesgo de pensar que, urgido por cumplir los compromisos con el cambio climático, el Gobierno del PP apuesta de nuevo por las energías renovables: “Las causas (del parón de las renovables) hay que buscarlas en la profusión desordenada de este tipo de fuentes de energía en los años anteriores y en la crisis que frenó bruscamente la demanda de electricidad”. Yo creo que no fue así, y que la verdadera razón por la que el Gobierno del Partido Popular hundió las energías renovables mediante la regulación del autoconsumo, el famoso impuesto al sol del ministro José Manuel Soria, fue mantener los privilegios de las grandes compañías electricas, uno de los habituales retiros dorados de los líderes políticos.

“El Gobierno español ha matado a la energía solar. El caso de España sigue causando estupor”, aseguró a finales de 2015 el director ejecutivo de SolarPower Europe, James Watson. “¿Cómo puede un país que ha sido líder mundial pasar del todo a la nada en tan poco tiempo? ¿Cómo puede tirar por tierra su ventaja tecnológica y su gran potencial? ¿Cómo se puede destruir así una de las industrias del futuro cuando tanta falta hace generar empleo?”. En el reportaje de El País solucionan la implicación del Gobierno en este atraso energético, en este desbarajuste ecologico y económico, en poco más de un párrafo: “el sector fotovoltaico lleva cinco años en guerra con el Gobierno del PP por este asunto; le acusan de poner trabas, como el impuesto al sol”.

Vivo con mi familia, desde hace doce años, en una casa con una instalación fotovoltaica aislada. Es decir, que no tengo nada que ver con las compañías electricas, que no pago factura de la luz, que soy autónomo y me alimento con energía solar. Placas, baterías y un generador de apoyo. Dos neveras, un congelador, dos televisores, ordenadores, etc, etc. Nunca nada ha funcionado tan bien en la casa, nunca trabajó con nosotros una empresa más seria y eficaz que la que nos montó y mantuvo a punto la instalación. Alternativas Energéticas Vaquero. Hablo ellos en pasado porque tuvieron que cerrar hace dos años: les habían hundido. El sector perdió 35.000 puestos de trabajo.

Nos estafan todos los días. Con la energía, de manera renovable. Desde el poder, desde los medios. Desenchufémonos y busquemos nuevas vías de alimentación, nuevos enchufes en los que recargar las baterías.

4. 7. El Roto

Un motivo para NO ver la televisión

La guardia

Autor: Joydeep Roy-Bhattacharya.

Editorial: Sexto Piso.

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Una de las grandezas de la literatura es que no pierde la capacidad de soprender al lector. Cuando menos te lo esperas abres un libro aparentemente menor, comienzas a leer, te sumerjes en una gran historia, disfrutas de la pericia del narrador, y no puedes parar hasta llegar, con la boca abierta, al final. Pues eso mismo me ha sucedido con este “La guardia”, una obra maestra de la literatura bélica. O quizá mejor, antibelicista.

Aprovechando una tormenta de arena, un grupo de talibanes ataca una pequeña base norteamericana cerca de Kandahar. Al día siguiente, tras el sangriento enfrentamiento, una mujer tapada con un burka se acerca para reclamar el cadáver de su hermano, líder de los atacantes. Quiere enterrar el cuerpo según las constumbres de su fe. Los soldados sospechan que pueda tratarse de una trampa, o incluso de una terrorista suicida. No puedo contarle más, salvo que son diferentes los personajes que van narrando la historia, utilizando distintos lenguajes y perspectivas. En el vídeo final el autor le desvela algunos detalles más…

“- Era un terrorista, un talibán y un mal saray.

- ¡Eso no es verdad! Mi hermano era un héroe pastún, un muyahidín que luchaba por la libertad. Combatió a los talibanes. Y murió luchando contra los invasores amrikâyi. ¡Era un valiente!”.

Joydeep Roy-Bhattacharya es un escritor nacido en Jamshedpur, este de la India, que me ha dejado enormemente impresionado con este libro de brillante planteamiento, ingenioso desarrollo y final demoledor. Todo en “La guardia” arrastra a la tensión y la emoción, desde la presentación del personaje protagonista a las intervenciones de los actores aparentemente secundarios. Se habla de la guerra de Afganistan, y de unas víctimas concretas, pero en realidad se está hablando de todas las guerras y de todas las víctimas. Es un libro del que se disfruta cada página, cada diálogo. Una obra ágil y profunda que nos ayuda a recordar la situación de la gente en el otro lado del mundo, que nos invita a reflexionar sobre las formas de vida y las creencias diferentes, que nos obliga a mirar a las guerras modernas como lo que son: enfrentamientos desiguales entre seres humanos parecidos y economías distintas. Una patada, necesaria, en el estómago.

 

 

Casa nostra, casa vostra

En la ciudad de Barcelona se celebró el pasado sábado la manifestación más grande de Europa a favor de los refugiados. El lema “Casa nostra, casa vostra”. Los organizadores hablan de medio millón de personas, la Guardia Urbana de 160.000. Las fotografías aéreas son impresionantes: miles y miles de ciudadanos con pancartas azules, en unas calles abarrotadas, pidiendo acoger a las personas refugiadas y defender su derecho a asilo. Algo que debería hacer el Gobierno de Rajoy, pero no hace.

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De los periódicos de tirada nacional, solo El País ha considerado la noticia digna de su portada de papel. En ABC han preferido dedicar tan exclusivo espacio a la frase “A la infanta la han sentado en el banquillo por ser quien es”. En La Razón han apostado por una foto a toda página de alguien de la familia, María Dolores de Cospedal: “Veo a Rajoy candidato…”. Y en El Mundo desvelaron que en Podemos se ha “consumado la purga”.

La solidaridad ejemplar de Barcelona, la ciudad más cosmopolita y europea de este país, saca los colores al resto del Estado. Lo cual es un problema: Que Colau o la Generalitat o Cataluña hagan bien las cosas… no le interesa al gobierno del PP. Los catalanes son egoistas, roñosos, aburridos… independentistas. Usted ya me entiende. “Hagamos como que no ha pasado”, piensan de la manifestación algunos directores de periódicos, empresas privadas entregadas a intereses particulares. En TVE, una televisión pública, la cosa es bien distinta, ¿verdad? Hablamos de servicio público pagado por todos los ciudadanos…

Pues resulta que según denuncia UGT-RTVE, el presentador y director de los informativos del fin de semana, Pedro Carreño, censuró algunas de las imágenes que los periodistas de la redacción de informativos de TVE habían seleccionado para informar de la manifestación de los refugiados. Carreño quería que salieran menos esteladas en su televisión. Este tipo de actuaciones ha conseguido que 2.225 trabajadores de los informativos de RTVE, un tercio de los 6.400 que forman la plantilla, presenten un escrito en el Congreso pidiendo que la televisión pública “no sea utilizada como instrumento de propaganda partidista o gubernamental”.

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Un tercio de los trabajadores de RTVE pide pluralidad e independencia. A los dos tercios restantes les deben ir bien las cosas como están. Lastima. La radiotelevisión pública debería ser, recuerde aquel Casa nostra, casa vostra, la televisión de todos los españoles. De todos.

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Un motivo para NO ver la televisión

El buen soldado.

Autor: Ford Madox Ford.

Editorial: Sexto Piso.

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En la contraportada del libro de hoy, Graham Green asegura que “El buen soldado”, quizá la obra cumbre del escritor británico Ford Madox Ford, es “una de las mejores novelas del siglo XX”. No seré yo quien lleve la contraria al autor de “El americano impasible” y “Nuestro hombre en La Habana”. Se trata de un ejercicio literario complejo, con idas y venidas en el tiempo, con personajes que entran y salen, con situaciones que se cruzan y tramas que aparecen y desaparecen: “Soy consciente de haber contado esta historia de un modo tan desordenado que tal vez resulte difícil que alguien encuentre el camino en lo que quizá sea una especie de laberinto”, reconoce el narrador, la voz del autor, en la recta final de la obra. No le crea. Madox Ford resuelve con enorme solvencia y brillantez ese problema: el lector jamás se siente perdido en el tiempo, no tiene una sola duda sobre el espacio, se encuentra en todo momento situado en el lugar correcto. El laberinto se recorre con facilidad y gran placer.

“Ella no debería haberlo hecho. No debería haberlo hecho. Se interpuso entre él y Leonora movido por un estúpido espíritu de santurronería. ¿Puese usted creer que mientras fue la amante de Edward estuvo constantemente intentando reconciliarse con su esposa? Acostumbraba a sermonear a Leonor sobre el perdón… desde el alegre punto de vista estadounidense. Aunque Leonora solía tratarla como la furcia que era. En cierta ocasión le dijo a Florence al encontrarse con ella a primera hora de la mañana:

- Vienes directamente desde su cama a decirme que es mi lugar. Ya lo sé, gracias”.

Dos parejas protagonizan el arranque de “El buen soldado”: los Dowell y los Ashburnham. Son dos parejas aparententemente bien avenidas, de cómoda posición económica, una norteamericana (a la que pertenece el narrador) y otra británica, que hacen buenas migas. O eso parece. La relación se mantiene, pero sufre diversos… digamos que contratiempos. ¿Lo normal en una amistad, en un matrimonio, en una vida? Lo normal en una gran novela sobre sentimientos desencadenados. Porque de eso va este libro, de la vida y sus reveses. De la pasión y la soberbia, del amor y el adulterio, del desequilibrio y la sinceridad, de los arrebatos y las decepciones, de las mentiras y la muerte.

“Creo que en todas las relaciones conyugales existe una constante: el deseo de ocultar a la persona con la que vivimos algún punto debil de nuestro carácter o de nuestra vida. Pues resulta insoportable vivir constantemente en compañía de un ser humano que percibe nuestras debilidades más mezquinas. Resulta verdaderamente insoportable. Es por eso que tantos matrimonios son infelices”.

Publicada en 1915, “El buen soldado” es, en el fondo, un catálogo de miserias humanas. Un catálogo triste, por momentos furibundo y lúgubre, que viene envuelto en papel de regalo: es imposible escribir sobre el desamor, la decadencia y la derrota mejor que Ford Madox Ford. Una grandísima novela, tenía razón Greene.

I Master de Rock and Roll Matutino Sobre Ruedas.

You Got To Walk That Lonesome Valley

“Mississippi” John Hurt

Se llamaba John Smith Hurt, pero todos le conocían como “Mississippi” John Hurt. Nació cerca de Avalon, Misisipi, allá por 1893. Y tocó el blues con alma folk: una guitarra acústica que se dejaba acariciar (¡fingerstyle!), canciones con letras que trataban los problemas de cada día, y una voz que susurraba y podía parecer melancólica o dolorosa.

Mississippi grabó numerosos discos, algunos tan redondos como “Today!”, “The Inmortal” o “Last Session”. Todos son recomendables, porque estamos ante el bluesman acústico por excelencia. Como nos sirve cualquiera de sus clásicos, aprovechemos éste grabado en glorioso blanco y negro: You Got To Walk That Lonesome Valley.

El contrapunto

De un tiempo a esta parte me sentía mal conmigo mismo. La razón es muy sencilla: cuando veía en televisión las imágenes de Miguel Blesa saliendo del juzgado, aterrorizado, y un ciudadano estafado por su banco le rozaba con una pancarta en la cabeza… me sentía bien. Es más, notaba cierto placer sucio. Imaginaba que el palo de la pancarta alcanzaba su objetivo. Sonreía viendo el miedo en el rostro descompuesto del que fuera orgulloso presidente de Caja Madrid. Todo esto hacía que me sintiese un miserable, un ser vengativo y cruel, una rata. ¿Necesitaba apoyo especializado? ¿Medicación? ¿Quizá confesión?

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Entonces escuché al bueno de Manuel Jabois en la Cadena SER recordando un correo electrónico intervenido a Blesa en el que habla de la serie de televisión “Aída” (Telecinco): “Cuando cuento que soy un entusiasta de semejantes personajes, la gente me mira mal y creen que les tomo el pelo, pero me parece un contrapunto perfecto a mi vida, mi lenguaje y mis costumbres”.

Mano de santo. Más eficaz que el mejor y más caro de los psicólogos, que las pastillas más potentes, que el sacerdote más misericordioso. Escuchar a Blesa poner como contrapunto a su vida la serie “Aída”, una ficción costumbrista que cuenta las aventuras de una familia de clase trabajadora que vive en el imaginario barrio humilde de “Esperanza Sur”, tuvo efectos milagrosos en la conciencia de quien escribe este blog. Está claro. No se trata de simples ladrones, sino de auténticos psicópatas. No es un despilfarro insultante, y una gestión bancaria mafiosa, es una burla al ciudadano modesto, al proletariado, al trabajador y al ahorrador, a la justicia y a la democracia.

No son carteristas trajeados, son enfermos (yonquis del dinero, que diría Benavent) capaces de comparar su vida como delincuentes de guante blanco con las miserias de familias trabajadoras. ¿Recuerda la escena inicial, ese palo de la pancarta que rozaba la cabeza de Blesa y me hacía sentir incómodo? Pues ahora lo imagino convertido en un bate de béisbol manejado con precisión asesina por el más joven y fuerte de los preferentistas. Y duermo como un niño pequeño.

Un motivo para NO ver la televisión

Preparación para la próxima vida.

Autor: Atticus Lish.

Editorial: Sexto Piso.

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Estamos ante una historia de amor tan desesperada y visceral como tierna y conmovedora. Amor infantil y salvaje, según las circunstancias, según los miedos, según el grado de desesperación. Un amor vehemente y lírico que tiene lugar en las calles, bajo la lluvia, entre sábanas de pensión, apartamentos compartidos y restaurantes baratos. Un amor que es un salvavidas y una trampa mortal, que ofrece esperanza y redención, que cicatriza unas heridas y abre otras. Un amor de novela. De novela moderna, escrita de manera sólida y original, capaz de sorprender al lector más exigente. Apunten el nombre del autor: el destino de Atticus Lish es la gloria.

“Sus episodios de llanto todavía no se habían iniciado, pero empezarían pronto. Al parecer, el amor de Zou Lei, algo a lo que no estaba acostumbrado, precipitaba el desbordamiento emocional. La falta de sueño y la irritabilidad ya estaban ahí, eran familiares; el amor de ella no tenía la culpa de eso. Pero Skinner buscaba algo o alguien a quien culpar, y eso sí era típico. No comprendía lo que pasaba. No había estudiado medicina. Aquello no era un proceso curativo; hundirse es lo opuesto a eso. Tampoco era una catarsis. Skinner carecía de suficientes conocimientos como para estar tan asustado como correspondería, pues de lo contrario habría acudido a la administración de veteranos”.

Zou Lei y Brad Skinner. La primera es una inmigrante ilegal china de origen musulmán, un ser suave y quebradizo. El segundo es lo que queda de un veterano de la guerra de Irak: “un enfermo mental que día tras día transitaba por la zona de combate agravando sus daños: cortes que no cicatrizaban, dolor de espalda, diarrea, pérdida auditiva, visión borrosa, cefaleas, calambres en las manos, insomnio, apatía, ira, tristeza, desprecio, depresión, desesperación”. Estar juntos es su ultima oportunidad. El mundo está empeñado en arrollarles, y ellos corren de la mano en busca de refugio. Zou es la fragilidad y el miedo, Brad la fuerza y el desequilibrio. Lish cuenta su aventura de supervivencia en un entorno urbano salvaje, ese Estados Unidos que margina a los perdedores, olvida a los héroes y persigue a los inmigrantes ilegales.

Lish ha creado dos personajes inolvidables, vagabundeando por una ciudad en llamas, y ha escrito un texto sorprendente sobre los lazos que atan: la necesidad de amar y compartir, la marginalidad y la soledad, la necesidad de creer en alguien, preocuparse por alguien, soportar a alguien. Ganador del PEN Faulkner Award, este libro dará que hablar. O debería. Es lo que se espera de la literatura en estos tiempos convulsos.