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¡Basta ya!

El pasado sábado 40.000 personas salieron a la calle en Talavera de la Reina (84.000 habitantes) para, al grito de “¡Basta ya!”, solicitar la atención del Gobierno de Castilla La Mancha. Talavera es la ciudad con más paro de esta comunidad, y la cuarta de toda España. Las reivindicaciones de los talaveranos estaban muy claras, y no eran descabelladas: inversiones en empleo, infraestructuras, servicios, Universidad y el fin del trasvase Tajo-Segura.

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La manifestación acabó sin incidentes, en un ambiente festivo pero triste. La gente quiere ser optimista, pero no puede: la ciudad pierde vida, hay calles enteras con los comercios cerrados, muchas familias sobreviven gracias a las pensiones de los abuelos, a sus huertos y gallinas. La manifestación fue un éxito, pero la sensación que tengo es que sirvió para poco, excepto para unir a los talaveranos.

¿Quién puede dar importancia a una manifestación en Talavera, el culo del mundo, con la que está cayendo fuera? Comentaba con unos amigos que, sin llegar al modo en que otras comunidades han solucionado años atrás sus problemas, quizá sí deberíamos haber llamado más la atención. Por ejemplo cortando la autovía de Extremadura durante 24 horas con montañas de neumáticos en llamas. Toda la prensa, todos los informativos de televisión, recogerían entonces las penalidades de una población tan olvidada hoy como el pasado viernes.

Cuando pase todo el follón de Cataluña, que aunque parezca mentira pasará, volveremos a la realidad general. Con Mariano Rajoy o alguno de sus clónicos en el poder. Pedro Sánchez, quizá. Y todo seguirá como estaba. Igual. Nada habrá cambiado, excepto el nombre de aquellos que nos ignoran.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Corto Maltés: Equatoria.

Autores: Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero.

Editorial: Norma.

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Segundo libro con las aventuras de Corto Maltés tras la muerte de Hugo Pratt, creador y alma del aventurero más carismático de la historia del cómic. Lo mejor que puede decirse de este excelente trabajo, muy superior al primer intento (“Bajo el sol de medianoche”, Norma Editorial) es que el lector olvida en las primeras páginas que el dibujante italiano nos dejó en 1995. El espíritu de Pratt está en cada viñeta, en el rostro de cada personaje, en la sonrisa cínica de Corto y en los magistrales diálogos.

“-Señora, lamento decirle que las damas no tienen permitido el acceso a esta sala. Aunque venga con su marido.

- No estamos casados. Solo somos dos buenos amigos charlando y compartiendo unos cigarros. ¿Cuál es el problema?

- Una dama que esté fumando no es algo que esté bien visto.

- Pues no mire.

- Cuando uno viaja en este tipo de barcos ha de aceptar las normas, caballero.

- Será por eso que nunca viajamos en estos barcos”.

Pero la cosa no queda en una simple revisión de un clásico. “Inspirado en la obra de Hugo Pratt”, advierte la portada, cuando la realidad es que “Equatoria” va más lejos. Canales y Pellejero se sienten más confiados, más cómodos, y comienzan a imprimir su toque personal en esta nueva etapa de las andanzas del vagabundo nacido en Malta. Es justo lo que necesita el nuevo Corto: unos padres adoptivos que le lleven por nuevos senderos, por diferentes mares, que le enfrenten a distintos enemigos. La búsqueda de un espejo mágico, en la tradición del mejor Indiana Jones, ofrece al protagonista de este cómic todo lo que necesita para enamorar al lector: viajes exóticos, mujeres hermosas, culturas diferentes, peligros inimaginables y, sobre todo, situaciones excitantes que sacan lo mejor de Corto, de su desbordante ingenio y su lengua afilada.

“- ¿Cuanto tiempo llevas traficando en la región?

- ¿Conoces dónde está la tumba de Emin Pasha?

- Sus más fieles acompañantes le sacaron el corazón y lo enterraron bajo un árbol.

- Igual que a Livingston.

- Siguieron el mismo método que con Livingston. Secaron su cuerpo con sal y se lo llevaron de vuelta al fuerte de Wadelai”.

“Equatoria” sacia la sed de Corto que teníamos los viejos seguidores del hijo de la gitana y el marinero. Y nos hace esperar ansiosos una nueva entrega que, de seguir progresando a este ritmo, podría incluso superar a los originales (algunos un tanto espesos). Por cierto, hablo de la versión en color, absolutamente espléndida. Hay una versión en blanco y negro a la que no he tenido acceso.

La jornada definitiva

Dicen los medios que nos enfrentamos a la jornada definitiva. Es un término que se aplica habitualmente al deporte, ese final de liga, pero en este caso se refiere a Cataluña. ¿Dará Puigdemont un rebelde SI a Rajoy? ¿Reculará otra vez, con el rabo entre las piernas? ¿Escuchará el presidente a Rivera (y a tantos otros ultras) y pondrá en marcha el ya mítico 155? ¿O se aplazará todo unos días más, engrandeciendo este thriller político que estamos viviendo desde hace semanas?

Yo apuesto por alargar el asunto todo lo que sea posible. Entre Cataluña y la vuelta de la Liga, tras los compromisos de la selección, estamos entretenidos, pensamos lo justo y no hacemos daño a nadie. El populacho digo. La corrupción, el paro, la sequía, la desigualdad, etc, etc, son minucias si lo comparamos con la deriva secesionista, con la posibilidad de que España se rompa. Pongamos pues los cinco sentidos, tal y como nos invitan a hacer todos los medios de comunicación, en Cataluña. Compremos banderas españolas, abucheemos a Piqué y sustituyamos el cava por champán (vinos espumosos o sidra si no llegamos, gaseosa si somos unos pelagatos). Y vivamos durante algunos días más este sueño de unidad, orgullo y grandeza.

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Un motivo para NO ver la televisión

El largo y tortuoso camino

Autores: Rubén Pellejero y Christopher.

Editorial: Astiberri.

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Termino “El largo y tortuoso camino”, cierro los ojos, y comienzo a imaginar la road movie dirigida por David Trueba. Carretera, nostalgia, humor y personajes redondos que suben el volumen de la radio de la furgoneta y sueñan con que los buenos tiempos vuelvan a rodar. El guionista francés Christopher y el dibujante Rubén Pellejero firman un cómic que tiene un único defecto: no incluye un CD con la banda sonora de la obra, la colección de canciones que sirve de columna vertebral a una historia de amor y redención. Amor por la música y la amistad. Redención personal, regreso al padre, a las raíces, a una vida nueva y diferente.

Ulysse, el protagonista, es un tipo maduro, barrigón y triste. Su vida, aburrida y gris, es una mierda. Su mujer una pesada. La muerte de su padre, con el que tenía una relación mínima, cambiará todo. Recibe el encargo de esparcir sus cenizas en la isla de Wight, donde el famoso festival. Su padre no era el carcamal serio, burgués y aburrido que pensaba. Ulysse coge sus cenizas, arranca la furgoneta hippy que hereda, y se lanza a una aventura en la que le acompañan tres colegas de su padre. ¿Soporíferos triunfadores de traje y yate? Para nada. Viejos rockeros antisistema. La carretera les une…

“Viajar. ¿Sabemos viajar? No, hacemos trayectos de un punto a otro en el menor tiempo posible. Excluimos el trayecto, que es la esencia del viaje. Nos obligamos a seguir la línea blanca en mitad de la carretera para que nos lleve los más rápidamente posible a nuestro destino. Ahora bien, si te pierdes en el camino, ve a la izquierda, después a la derecha. Adonde te lleve el camino, entra en la clandestinidad para descubrir la verdad del ser humano”.

“El largo y tortuoso camino” es un cómic tremendamente divertido, en ocasiones tierno y hasta conmovedor, que debe leerse con los cascos puestos, sonando a un volumen generoso música de los 70. Desde Hendrix a Dylan pasando por los Byrds, Cream, Joni Mitchel y hasta Sixto Rodríguez. Un placer atemporal. Una deliciosa mirada a la vida por el retrovisor.

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