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De cabrones y hombres (II)

En el último post comentamos la condena del juzgado número 5 de Madrid al supuesto periodista Carlos Dávila por llamar “cabrón” al juez Santiago Pedraz, ¿recuerda usted? Dávila deberá indemnizarle con 5.000 euros, tendrá que pagar una multa de 9.900 euros por delito de injurias y deberá hacerse cargo de las costas procesales. Normal: aunque seas periodista, que ya sabemos que es poco menos que ser dios, no puedes ir por el mundo llamando “cabrón” a un juez. Excepto, cuidado, si el juez se llama Baltasar Garzón

Federico Jiménez Losantos, otro de esos predicadores montaraces de la escuela de Dávila, dijo en sus programas de radio y sus columnas de prensa que el entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón era un “paleto”, un “botarate”, un “oportunista” y un “malcriado”. Losantos aseguró que cuando a Garzón se le pilla “con las manos en la pasta” pisotea el Código Penal, y que “intelectualmente es un botarate, políticamente un oportunista y socialmente una peonza”.

Acabamos de saber que el Tribunal Supremo considera que en tan hermosas palabras, y tan reflexivas descripciones, no hay ni menosprecio personal ni insultos. Y considera que debe prevalecer la libertad de expresión del locutor. Bueno es saberlo.

No lo olvide. Llamar “paleto”, “botarate”, “oportunista” y “malcriado” a un juez no es delito. Es libertad de expresión.

P.D.1

Son las seis de la tarde. En la madrileña estación de Atocha, la policía detiene a un mantero. Hasta aquí todo normal, si no fuera porque los cuerpos de seguridad utilizan una contundencia incomprensible, digna de los GEO durante la captura del líder de un sangriento comando terrorista. Derriban al subsahariano, le aplastan la cara contra el suelo, le ponen la rodilla en los riñones y le atan las manos a la espalda. No es un criminal peligrosísimo, solo es un vendedor ambulante de gafas de marca falsas.

Los viajeros, que esperan la salida de su tren o acaban de llegar a la estación, increpan a los policías. “¿Por qué no detienen así a Bárcenas?”, dicen, visiblemente enfadados. Insultan a los policías, e insultan a unos  políticos a los que consideran responsables de la violencia empleada por los primeros.

¿Cómo se sentiría ese inmigrante, acosado, derribado y amarrado por varios policías? Como un animal acorralado. Quizá por eso me recuerda a las imágenes publicadas por el torero João Moura Jr en su página de Facebook. Imágenes que han causado gran indignación en Portugal, y en las que se puede ver a cuatro perros de presa atacando a una vaquilla en la finca del torero.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Manu

Autor: Manuel Jabois.

Editorial: Pepitas de calabaza.

Manuel Jabois es el mejor de los nuevos columnistas. Y con mucha diferencia. Así de sencillo. Sus textos, siempre interesantes, en muchas ocasiones espléndidos, se pueden leer en El Mundo, donde ocupan el hueco que ha dejado libre David Gistau. A la chita callando Pedro J, que puede ser lo que usted quiera a nivel moral pero no tiene ni un pelo de tonto, se ha hecho con los servicios de Jabois y Enric González, lo mejor del periodismo de opinión en estos momentos. Con permiso de Gregorio Morán, por supuesto…

“Manu” es un libro pequeño que cuenta una gran historia: la de cómo el inconsciente, inmaduro y borrachuzo Jabois llega a convertirse en padre. Con un sentido del humor encomiable, nuestro hombre siempre se ríe en primer lugar de sí mismo, invita al lector a sumergirse en todo el proceso reproductor: desde los instantes previos a la penetración hasta el momento en que le echan del hospital por roncar en la cama en la que deberían reposar madre e hijo. Un comienzo tronchante que advierte del tono del libro, las joviales reflexiones de un niño grande.

Un librito que se lee de un tirón, entre risas y sonrisas, y que advierte del enorme potencial de Jabois en distancias más largas que la columna. Un tipo con talento, y con un futuro espectacular.

Pinchar para leer las primeras páginas.

P.D.

En el más que probable caso de que, tras leer este “Manu”, el lector se quede con ganas de más Jabois, resulta muy recomendable el libro “Irse a Madrid”, una selección de columnas publicadas en el Diario de Pontevedra, en El Progreso y en su blog de la revista digital Frontera D.

La televisión de partido

Todo tiene sentido y es muy fácil de entender. Sígame… Rajoy y el resto del Gobierno del Partido Popular forman una banda de mentirosos compulsivos. Zapatero y su Gobierno también lo fueron, pero estamos hablando del presente. Rajoy y el resto del Gobierno del Partido Popular, les estaba diciendo, han mentido como bellacos en sus primeros meses al frente del país. Los medios de comunicación, algunos, desenmascaran a diario a estos farsantes y advierten a los ciudadanos de que están siendo estafados. Para esto sirven los periodistas: para ayudarnos a distinguir la realidad de la mentira, para destapar embustes y denunciar curruptelas. El periodismo de verdad es, por tanto, un grave problema para un Gobierno que necesita seguir mintiendo para conseguir sus fines: destruir el estado de bienestar para poner al servicio de sus intereses privados, y los de sus familiares y amigos, determinados valores públicos. Sanidad, educación, bancos, etc, etc, etc.

Para ocultar mentiras burdas, para disimular gestiones nefastas, para camuflar conductas corruptas, es imprescindible controlar el arma de propaganda más poderosa conocida: la televisión pública. Por eso y no por otra cosa el Gobierno de Mariano Rajoy dio ayer en el Congreso el visto bueno, con el apoyo de Convergencia i Unió (CiU),  al real decreto que permite nombrar al presidente de RTVE por mayoría absoluta. Se acabó el consenso: a partir de ahora el Partido Popular podrá elegir a quien gobierne la televisión y la radio públicas sin necesidad de pactar con ningún partido político. Seguiremos pagando con nuestros impuestos estos medios de comunicación, pero ya no estarán a nuestro servicio, sino al del Partido Popular. Olvídense de Ana Pastor y de Fran Llorente. Es tiempo de Alfredos Urdacis y Ernestos Sáenz de Buruaga.

El retroceso democrático es brutal. El PP destruye uno de los logros del PSOE, que confiaba en poder manipular la información desde medios de comunicación privados (y supuestamente rentables). Los populares escupen en la cara a la libertad de expresión y resucitan el fantasma de la censura: Rajoy dirigirá ahora RTVE. Ha muerto la televisión pública, ha vuelto la televisión de partido.

 

Un motivo para NO ver la televisión

A Cool Million. Desmontando a Lemuel Pitkin.

Autor: Nathanael West.

Editorial: Gallo Nero.

Este sería un libro desternillante si no fuera porque cuenta una historia dramática: la de un hombre desmembrado por las promesas del Sueño Americano. Se llama Lemuel Pitkin, vive junto a su madre en una miserable granja de Vermont, y quiere conocer mundo y hacer fortuna. Abandona el campo y llega a la gran ciudad dispuesto a triunfar, con poco dinero y mucha ingenuidad en el equipaje. Antes de que pueda bajar del tren ya ha sido desplumado. Poco después será encarcelado.

“Muy debilitado por la extracción de todos sus dientes, se había resfriado a la decimotercera ducha helada, y la decimocuarta había dañado sus pulmones”. El sistema penitenciario del país de las oportunidades le quita los dientes por su bien, para evitarle enfermedades. Es la primera de una serie de desgracias que hacen de Lemuel, un incorregible optimista, el ser más desgraciado del planeta.

Nathanael West (1904-1940), último representante de la Generación Perdida de Scott Fitzgerald y John Steinbeck, escribió en este libro una  deliciosa, cruel e irónica crítica al capitalismo y al sueño americano. Por su escritura trepidante, por sus personajes disparatados, por sus dosis brutales de humor negro (negrísimo) y porque, pese a publicarse en 1936, cuenta una historia de total actualidad. La bondad no tiene lugar en este mundo despiadado.

El día de la dominación

José Luis Rodríguez Zapatero fue un líder  impresentable, un presidente de paja al frente de un Gobierno colorista, efectista y profundamente  incapaz: estamos donde estamos gracias a su nefasta gestión. Aclarado esto, con lo que pretendo evitar comentarios del tipo “pues anda que Zapatero”, deberíamos ser conscientes de que Mariano Rajoy está rematando la faena aniquilando el estado de bienestar. La sanidad, la educación, la ciencia y, de momento en último lugar pero no por ello menos importante, la televisión pública, es decir, la información. El Gobierno del PP ha roto el consenso sobre TVE, y ha aprobado un decreto ley mediante el cual puede imponer al presidente del Ente sin necesidad de pactos. Se acabó la televisión pública independiente, regresamos a los viejos y oscuros tiempos…

http://www.youtube.com/watch?v=d3i3YTV_obw

No debería sorprendernos: ningún gobierno totalitario prescinde del control de los medios de comunicación. Y el de Rajoy es un gobierno muy, pero que muy, totalitario: ¡quieren tipificar como atentado a la autoridad la resistencia pasiva!.

Una de las pocas cosas buenas de Zapatero, algo que no fueran fuegos artificiales y brindis al sol, fue conseguir que la televisión pública se gestionase desde el consenso. Los ideólogos socialistas eligieron las pelas, y decidieron beneficiar a determinadas empresas amigas en lugar de controlar informativamente TVE. Creían que con Público y La Sexta tendrían las dos cosas, la pasta y la propaganda. Error. Fracaso económico y vía libre para los medios de derechas, que camparon a sus anchas.

Quizá los ciudadanos no merezcamos recibir información independiente y libre. ¿Por qué vamos a tener una televisión pública digna si hemos elegido deteriorar la sanidad y empobrecer la educación y la ciencia? ¿Acaso es más importante un telediario o un debate que una lista de espera, una beca universitaria o una investigación sobre Parkinson? Cuando TVE sea como Telemadrid (o Canal Sur) al menos no sabremos que la gente se muere por no poderse pagar la medicinas, que en los hospitales no atienden a los inmigrantes, que los científicos abandonan España o que aumenta el fracaso escolar.

Con el anuncio del PP de acabar con la independencia de la televisión pública se cierra el círculo estratégico de Rajoy: quiere acabar con el estado de bienestar, y no quiere que nos enteremos de los detalles. Ojos que no ven…ciudadano dócil.

En cualquier caso, lo grave no es que estos maleantes intenten eliminar la información  independiente. Insisto: es una característica fundamental de los gobiernos totalitarios. Lo realmente grave, lo terrible, lo dramático, es que se lo consintamos.

P.D.

Pero no me gustaría terminar el post de hoy con ese tono triste y melodramático… ¿Pueden Mongolia y El Jueves competir con la realidad? “Desaparece por fin la manipulación socialista de Televisión Española”, titulaba el pasado sábado La Gaceta en portada y a todo trapo. ¿Cómo pagará el PP las nóminas de estos sicarios de la desinformación? ¿Camiones de seis ejes repletos de jamones Joselito? ¿Cargos en los medios de comunicación públicos? ¿O simplemente con publicidad estatal?

 

Un motivo para NO ver la televisión

En estos tiempos difíciles, con los medios de comunicación en proceso de putrefacción, el individuo tiene la necesidad, y la obligación, de formarse a sí mismo. Hoy es el día del libro. El día de la independencia.

Número uno

“Yeah… Tú y yo lo sabíamos, seguro, seguro… ¡Televisión española ha dejado de ser número uno! ¡Qué fuerte, que fuerte!…¡Y Telecinco ya es líder totaaaal! Yeaaaah”. Más o menos así aullaría el pobre Joaquín Luqui al conocer la noticia televisiva de la semana: Telecinco arrebata el liderazgo de audiencia a La 1 de TVE. De la misma manera que al peculiar locutor no le hacían falta super poderes para adivinar los éxitos, puesto que trabajaba en una radio corrupta donde las canciones sonaban si las discográficas pagaban, el telespectador actual podía prever el descenso de audiencia de la televisión pública. La razón es muy sencilla: el Gobierno ha cerrado el grifo de la pasta. Los medios llevaban semanas advirtiendo de la catástrofe: “TVE asiste a su hundimiento”, advertía El País en abril. “RTVE, al borde del precipicio”, sentenciaba el mismo diario el pasado lunes.

http://www.youtube.com/watch?v=OeqpWPIfJbk

Quizá tengan razón, y RTVE esté hundida. Pero me temo que lo del liderato de audiencia es lo de menos. RTVE está hundida porque así vienen exigiéndolo desde hace años las cadenas privadas, insaciables devoradoras de audiencia y publicidad. RTVE está hundida porque los políticos no soportan unos informativos independientes, no conciben que una televisión pública no esté a sus órdenes. RTVE está hundida porque su cúpula directiva es provisional, con un Consejo de Administración irracional, una presidencia rotatoria, y un director que presentó en marzo una dimisión sin fecha de ejecución.

¿Necesita ser líder de audiencia una televisión pública, sin publicidad? No. Sólo necesitaría ser líder en calidad, en servicio público, en coherencia. RTVE no es una televisión comercial, y no debería obsesionarse por competir con las cadenas privadas en ese terreno. Su liga es otra: la del servicio al ciudadano, la de las series de calidad, la de los programas de entretenimiento dignos, la de la producción propia a coste razonable, la de las minorías que también pagan impuestos, la de una programación diferente al resto de la parrilla.

Resulta especialmente patético ver cómo en pleno Telediario, supuestamente el mejor informativo de la televisión española, dedican varios minutos a promocionar el éxito de audiencia obtenido con, por ejemplo, un partido de fútbol. “Nosecuantosmil millones de espectadores”, “El minuto de oro coincidió con el gol de Ronaldo”, “Convierte a TVE en líder de audiencia”… Resulta patético porque conseguir grandes audiencias con el fútbol solo es cuestión de dinero. Y porque antes del informativo han emitido el magazín rosa “Corazón”, e inmediatamente  después el culebrón “Cielo rojo”, programas seguramente indignos de una televisión pública.

Olviden el liderazgo de audiencia: está en mejores manos en Telecinco, con sus grandes hermanos, sus sálvames y sus norias. Y no olviden el servicio público: independencia, periodismo, calidad, austeridad…

P.D.

¿Y los Presupuestos Generales? Bien, gracias.

- Recorte del 34% en investigación. El gasto en I+D civil se reduce en casi 2.000 millones de euros, un 25%.

- Los programas de educación dispondrán de 623 millones de euros menos.

- 166 millones menos para becas y ayudas.

- Un 21,6% menos para combatir la violencia machista.

- La dependencia pierde un 5,7% sobre lo presupuestado el año anterior.

- El Plan Concertado, para financiar servicios sociales básicos de los Ayuntamientos, pasa de cerca de 90 millones de euros a alrededor de 50.

Pero la cosa no queda ahí… Juan Carlos I y familia también se aprietan el cinturón. ¿Tanto como educación, ciencia o dependencia? Un poquito menos: el recorte a los presupuesto de la Casa del Rey es de apenas un 2%.