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Número uno

“Yeah… Tú y yo lo sabíamos, seguro, seguro… ¡Televisión española ha dejado de ser número uno! ¡Qué fuerte, que fuerte!…¡Y Telecinco ya es líder totaaaal! Yeaaaah”. Más o menos así aullaría el pobre Joaquín Luqui al conocer la noticia televisiva de la semana: Telecinco arrebata el liderazgo de audiencia a La 1 de TVE. De la misma manera que al peculiar locutor no le hacían falta super poderes para adivinar los éxitos, puesto que trabajaba en una radio corrupta donde las canciones sonaban si las discográficas pagaban, el telespectador actual podía prever el descenso de audiencia de la televisión pública. La razón es muy sencilla: el Gobierno ha cerrado el grifo de la pasta. Los medios llevaban semanas advirtiendo de la catástrofe: “TVE asiste a su hundimiento”, advertía El País en abril. “RTVE, al borde del precipicio”, sentenciaba el mismo diario el pasado lunes.

http://www.youtube.com/watch?v=OeqpWPIfJbk

Quizá tengan razón, y RTVE esté hundida. Pero me temo que lo del liderato de audiencia es lo de menos. RTVE está hundida porque así vienen exigiéndolo desde hace años las cadenas privadas, insaciables devoradoras de audiencia y publicidad. RTVE está hundida porque los políticos no soportan unos informativos independientes, no conciben que una televisión pública no esté a sus órdenes. RTVE está hundida porque su cúpula directiva es provisional, con un Consejo de Administración irracional, una presidencia rotatoria, y un director que presentó en marzo una dimisión sin fecha de ejecución.

¿Necesita ser líder de audiencia una televisión pública, sin publicidad? No. Sólo necesitaría ser líder en calidad, en servicio público, en coherencia. RTVE no es una televisión comercial, y no debería obsesionarse por competir con las cadenas privadas en ese terreno. Su liga es otra: la del servicio al ciudadano, la de las series de calidad, la de los programas de entretenimiento dignos, la de la producción propia a coste razonable, la de las minorías que también pagan impuestos, la de una programación diferente al resto de la parrilla.

Resulta especialmente patético ver cómo en pleno Telediario, supuestamente el mejor informativo de la televisión española, dedican varios minutos a promocionar el éxito de audiencia obtenido con, por ejemplo, un partido de fútbol. “Nosecuantosmil millones de espectadores”, “El minuto de oro coincidió con el gol de Ronaldo”, “Convierte a TVE en líder de audiencia”… Resulta patético porque conseguir grandes audiencias con el fútbol solo es cuestión de dinero. Y porque antes del informativo han emitido el magazín rosa “Corazón”, e inmediatamente  después el culebrón “Cielo rojo”, programas seguramente indignos de una televisión pública.

Olviden el liderazgo de audiencia: está en mejores manos en Telecinco, con sus grandes hermanos, sus sálvames y sus norias. Y no olviden el servicio público: independencia, periodismo, calidad, austeridad…

P.D.

¿Y los Presupuestos Generales? Bien, gracias.

- Recorte del 34% en investigación. El gasto en I+D civil se reduce en casi 2.000 millones de euros, un 25%.

- Los programas de educación dispondrán de 623 millones de euros menos.

- 166 millones menos para becas y ayudas.

- Un 21,6% menos para combatir la violencia machista.

- La dependencia pierde un 5,7% sobre lo presupuestado el año anterior.

- El Plan Concertado, para financiar servicios sociales básicos de los Ayuntamientos, pasa de cerca de 90 millones de euros a alrededor de 50.

Pero la cosa no queda ahí… Juan Carlos I y familia también se aprietan el cinturón. ¿Tanto como educación, ciencia o dependencia? Un poquito menos: el recorte a los presupuesto de la Casa del Rey es de apenas un 2%.

Salvemos RTVE

RTVE siempre ha sido la puta de políticos y empresarios audiovisuales. Hasta hace pocos años, la televisión pública era el mejor altavoz para amplificar el mensaje del Gobierno y ocultar el de la oposición, el mejor instrumento para torear al populacho, manejar la opinión y asegurar el voto. El control de TVE no solo garantizaba una ventaja política, sino que ayudaba a sostener economías próximas: varias productoras privadas han sobrevivido vendiendo sus productos a la televisión pública, y todas las cadenas privadas se han beneficiado del fin de la publicidad en TVE. La televisión pública española ha sido una lumi deseada por todos, utilizada por todos, extorsionada por todos, saqueada por todos, sodomizada por todos. Por eso es sorprendente que haya sobrevivido hasta nuestros días, y deberíamos considerar milagroso que en los últimos tiempos incluso haya gozado de excelente salud: actualmente disfruta de independencia y de audiencia. Algo así no se podía consentir…

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En estado de guerra

En una ocasión, cuando la “investigación periodística” del 11-M estaba en su momento cumbre, un directivo de Telemadrid me confesó el porqué de la actitud tan partidista, chusca y manipuladora de los informativos de su cadena: “vivimos en estado de guerra”, aseguró, “y tienes que elegir en qué bando estás”. Me sorprendió, y me causó inquietud, el lenguaje melodramático que utilizó, pero al tiempo me provocó una enorme ternura: estaba ante un idealista. Un tipo fiel a unos principios, que podía estar confundido, de acuerdo, pero se movía por impulsos morales.

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Dimisión

El hecho de que los políticos no acostumbren a  corregir sus errores podría llevarnos a pensar que rectificar es de sabios. Pero no es así: rectificar no siempre es de sabios. Puede muy bien ser de tontos. O de cobardes. O de tramposos. O de consejeros de RTVE. Tras las quejas de periodistas, ciudadanos y trabajadores de la corporación, el Consejo de RTVE ha dado marcha atrás y asegura que anulará hoy mismo el acuerdo alcanzado para que los políticos pudieran supervisar la elaboración de los telediarios.

Tarde, demasiado tarde. Rectificar es, en este caso, de desvergonzados. De censores desenmascarados. Lo primero que deberían hacer los consejeros que, con su voto o su abstención, respaldaron esta medida facciosa, es dimitir. ¡A la calle los políticos incapaces de entender y defender el servicio público! Este sería el primer e innegociable paso para que PP y PSOE recuperasen una cierta salud democrática, algo de credibilidad. Pero no será sencillo: una de las prioridades de los partidos es el control de la información, y muchos periodistas y medios se sienten cómodos alimentando este juego de poder e intereses.

Los partidos políticos que nombraron a estos consejeros ahora les niegan, y se desmarcan de su actuación. Escuchen a esos líderes sinceros, consecuentes y merecedores de toda confianza: “rectificar es de sabios”, dice un original Rajoy. “No me gusta la decisión y estoy a favor de la rectificación” asegura un brillante Rubalcaba. Ni una palabra de dimisiones, ni una crítica dura, ni un ápice de dignidad.

Las víctimas de este escándalo democrático, de semejante vileza política, somos, una vez más, los ciudadanos. La Constitución nos garantiza el derecho a una información libre, independiente y de calidad que, en televisión y hoy por hoy, solo nos proporciona TVE. ¿La mejor televisión pública de la democracia a nivel informativo? Podría ser. Precisamente por eso en lugar de mimarla y protegerla, tratan de ensuciarla y manipularla para, finalmente, destruirla. O ponerla a su servicio.

 

Un motivo para NO ver la televisión

Wilco ha presentado su nuevo disco en el programa de David Letterman