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Pisalo

Cristiano Ronaldo, sonrisa amplia y ropa de pasarela, se pavoneó camino de la Audiencia Provincial de Madrid después de eludir el pago de 5,7 millones de euros a la Hacienda española. Es decir, de estafar a los españoles. “Todo perfecto”, dijo tras ser condenado a 23 meses de cárcel y 19 millones de euros de multa por fraude fiscal. “Todo perfecto”, aseguró tras reconocer ser un delincuente.

Condena que fue sustituida por 365.000 euros, además de otros 3,2 millones. Será por dinero…

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Decenas de personas le acompañaron en un paseíllo callejero que, lejos de resultar humillante, obligó al futbolista a saludar y hasta a firmar autógrafos. Nadie quiso agredirle, nadie trató de escupirle en la cara, nadie le llamó ladrón. Tras reconocer los delitos, sin perder la sonrisa y entre los aplausos del público, el portugués y su novia se subieron a una lujosa furgoneta negra y pusieron tierra de por medio.

En 2017, cuando Ronaldo aún vivía y defraudaba en España, el numero de “ultra millonarios” creció un 4% en España, país en el que el 10% más rico concentra más riqueza que el resto de la población junta. Un país España donde, por cierto, el 40% de sus ciudadanos no lee libros nunca.

“Pisalo, pisalo”, dijo el entrenador argentino Carlos Salvador Bilardo hace 25 años en un Sevilla-Deportivo de la Coruña cuando el fisioterapeuta de su equipo atendió a un jugador rival lesionado. Al enemigo, ni agua, quería decir el bueno de Bilardo. Al enemigo, ni autógrafos ni sonrisas. Ni pactos. Al enemigo, al delincuente millonario, al que defrauda de manera consciente y desde la opulencia absoluta… pisalo!

la justicia no es un cachondeo

Tranquilos. No voy a hablar de Garzón, ni siquiera del Constitucional y sus jueces divididos en dos bandos. ¿De los Beatles o de los Stones? ¿Del Madrid o del Barsa? No, no, nada importante, algo anecdótico: conservadores o progresistas. Minucias. El post de hoy es algo serio, puesto que está dedicado nada más y nada menos que a los Kikos, una de las sectas más extremistas y peligrosas de nuestro país. ¿Los “Kikos”, el movimiento Camino Neocatecumenal dirigido por ese personaje esperpéntico llamado Kiko Argüello? No, no, algo mucho más dañino. Los Kikos que yo digo se apellidan Matamoros y Hernández, y son dos iconos de la televisión moderna gracias a su impunidad a la hora de mentir, confundir, manipular e injuriar.

Kiko Matamoros y Kiko Hernández, tertulianos del programa de Telecinco “Sálvame”, dijeron ante millones de telespectadores que Cristiano Ronaldo había montado una fiesta en su casa justo la noche antes del partido decisivo que el Real Madrid, su equipo, jugó y perdió contra el Barcelona. Implicaron en la fiesta a otros jugadores de la plantilla madridista, y dijeron que después del partido el portugués, lejos de estar compungido, se fue otra vez de juerga. “¡Es una indecencia, una vergüenza que no se puede permitir! Se están riendo de nosotros. ¡Vamos hombre, por favor! No sé cómo seguimos siendo del Real Madrid…”, ladraron.

El juerguista Ronaldo demostraba así una insultante falta de profesionalidad y de compromiso con el equipo, provocando el cabreo de miles de aficionados blancos. Quedaba marcado para siempre… si no fuera por un pequeño detalle: todo era mentira. Ronaldo dio un paso al frente y, tras desmentir a los Kikos, anunció que tomaría medidas legales contra Telecinco “por comentarios intolerables que desprestigian mi dignidad y mi profesionalidad”.

¿Medidas legales? Canguelo. Eso fue lo que tuvo de inmediato la cadena de Paolo Vasile, que obligó a los Kikos a retractarse de la noticia que juntos habían ofrecido en exclusiva y por todo lo alto. “Manifestar que mis fuentes no fueron del todo exactas y la fecha no coincide con la expresada en el día de ayer”, dijo Kiko Hernández, “Lamento el malentendido y nunca tuve la intención de dañar la imagen del Real Madrid, de ninguno de sus jugadores ni de Cristiano Ronaldo, del que pienso que es un futbolista extraordinario”. ¿Se puede ser más miserable? Sí, se puede ser Kiko Matamoros: “Cuando terminó el programa llamé a Íker Casillas y, por su tono de indignación, me di cuenta perfectamente de que la información que habíamos dado era absolutamente falsa”.

¿Quién dijo que la justicia es un cachondeo? Sólo hizo falta que Ronaldo utilizase la palabra “querella” para que dos delincuentes de poca monta y una cadena de televisión sin escrúpulos manchasen los calzoncillos. Lamentablemente los telespectadores que, por diferentes cuestiones, presenciaron las  infamias pero no la rectificación, aún pueden pensar que Ronaldo es un irresponsable crápula. Calumnia, miente, emponzoña, insulta y manipula, que algo queda.

Afortunadamente en el periodismo serio no suceden estas cosas ¿verdad?

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P.D.

¿La SGAE tiene que ir a un instituto porque se representa una obra de Lorca? ¿La SGAE tienen que ir a una peluquería donde suena la radio? Las preguntas se las hizo el Follonero a Ramoncín en “Salvados”, el excelente programa que La Sexta emite los domingos. Yo hubiese añadido una: ¿Tiene que cobrar la SGAE un canon por los discos vírgenes a los vecinos de mi pueblo que los cuelgan en los huertos para espantar pájaros?

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Un motivo para NO ver la televisión

Kanikosen. El pesquero.

Autor: Takiji Kobayashi.

Editorial: Ático de los libros.

“Kanikosen. El pesquero” cuenta la historia de la explotación de unos hombres que, a bordo de un buque factoría, pescan cangrejos en las lejanas aguas de Kamchatka. Y de cómo estos trabajadores, apaleados por el estado y el patrón, se rebelan contra sus opresores. “Hasta el capitalista más astuto no había podido imaginar que las cosas sucederían de ese extraño modo”, asegura un Kobayashi que, en el último párrafo del libro, sentencia: “Esta obra es una página de la historia de la penetración del capitalismo en las colonias”.

En “Kanikosen. El pesquero” encontramos toda la injusticia, la desigualdad, la decadencia moral, la brutalidad y la miseria que nos estremeció en “Las uvas de la ira” de John Steinbeck, “La jungla” de Upton Sinclair, o “El camino del tabaco” de Erskine Calwell. Un clásico de la literatura japonesa que, en estos tiempos de precariedad laboral y empresarios depredadores, estremece desde la primera a la última página.