Telecinco estrenó anoche “La voz”, un programa presentado por Jesús Vázquez en el que participan cantantes como David Bisbal, Malú o Melendi. La cadena dice que es un talent show, pero está presentado por Jesús Vázquez y cuenta con la presencia, insisto, de David Bisbal, Malú y Melendi. ¿En qué quedamos? Pues en que “La voz”, versión ibérica de “The Voice”, un éxito en los USA, es otra vuelta de tuerca a los insoportables concursos de cazatalentos musicales. Le recuerdo que entre los grandes “talentos” surgidos de este tipo de programas están Bustamante, Chenoa, Manu Tenorio, Rosa López o el mismo Bisbal (¡bulerías, bulerías!).
El plató es, eso sí, acojonante. Y se acabó. El resto es más de lo mismo. “Es un programa único, jamás visto en España”, miente Manuel Villanueva, flamante director de contenidos de Telecinco. Villanueva, hombre de gran talento pero poca memoria, olvida “Operación Triunfo”, “Tú sí que vales”, “Factor X”, “Tu cara me suena” y tantas y tantas bazofias similares.
David Bisbal, Melendi, Rosario y Malú son, no se lo pierda, los “coaches” (entrenadores) de “La Voz”, y en el comienzo del programa permanecen de espaldas a los concursantes (elegidos en un casting de 3.600 personas). Solo pueden escuchar su voz, para que el aspecto físico, edad o estilo a la hora de vestir de los mismos no les influya en la toma de decisiones. Audiciones a ciegas, lo llaman. Cuando les gusta una voz eligen al propietario (Melendi se precipita sobre el botón, Bisbal cierra los ojos y pone cara de estar… ¿pensando?), que se convierte en concursante y pasa a formar parte de su grupo de aprendizaje. Entonces comienza la historia de siempre: las clases, las batallas entre concursantes, las “cinco súper galas en directo”, las lágrimas, las grandes canciones destrozadas… y el premio final: grabar un disco con Universal.
No estoy seguro de que en 2012 grabar un disco pueda considerarse un gran premio. Pero lo peor no es eso… ¿De verdad que Bisbal, Melendi o Malú pueden ayudar a alguien a convertirse en una estrella de la canción? ¿En serio piensan que se trata de un producto sorprendente y original? Quizá las únicas diferencias con el resto de talents musicales sea la cata ciega, un numerito (“eres perfecta para este programa”, le dice Vázquez a Maika, una concursante con una gran voz pero poco agraciada físicamente), y la utilización de los familiares, que acompañan a los concursantes, cuentan sus virtudes, les dan ánimos… El padre de Mara, la primera concursante, contempla la actuación desde camerinos: gesticula, lloriquea, enloquece, salta, se cae al suelo de morros y se arrodilla entre lágrimas. ¡vocerío, vocerío! El programa no puede ser más humano…
“Eres un ganador, un máquina”, le suelta Bisbal a un concursante no seleccionado. “¡Me cago en la puta!”, grita su hermano desde los camerinos mientras llora como una vieja en brazos de su madre. ¡Qué emoción más grande, dios mío!
Grabado, enlatado y meticulosamente montado, “La Voz” sacrifica la posible naturalidad de un espacio de estas características para ganar ritmo y perfección formal. Les gustaría ser un enorme video clip. Y aspiran a ser uno de esos fenómenos de Internet que revientan las redes sociales creando monstruos. Van por el buen camino: el programa de la noche del miércoles se convirtió en el mejor estreno de un programa de entretenimiento desde 2006 (“Gran Hermano VIII”) con un 30.6% de share y 4,6 millones de espectadores.
Un motivo para NO ver la televisión
Los anagramas de Varsovia.
Autor: Richard Zimler.
Editorial: Plata Negra.
Estamos ente una de las sorpresas del verano. “Los anagramas de Varsovia” es, al mismo tiempo, una novela policiaca y una novela histórica. Y en ambos aspectos resulta vibrante. La acción transcurre en el gueto judío de la Varsovia de 1941, un lugar claustrofóbico que se consume en su aislamiento: escasean los alimentos y la higiene, el frío es atroz, y los abusos y las injusticias están a la orden del día. Erik Cohen, psiquiatra de costumbres austeras, vive un hecho espantoso: Adam, el hijo de su sobrina, aparece muerto en terribles circunstancias. Con una pierna amputada. A este crimen siguen otros, de niños también mutilados.
Cohen y su viejo amigo Izzy investigan los asesinatos. Se sumergen en la miseria del gueto, e incluso lo abandonan de manera temporal para intentar dar con el criminal. En todo este proceso, el lector se sumerge en el drama que se vive dentro de ese infierno, y puede comprender las inhumanas condiciones de vida de los supervivientes, las costumbres de unos judíos heroicos y la violencia irracional de los carceleros nazis. Muy interesante.


