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La nueva TVE

El telespectador que observe los últimos movimientos que se están produciendo en TVE podría llegar a pensar que los nuevos dirigentes de la televisión pública no se encuentran en pleno uso de sus facultades mentales. Por su descaro: en “Los desayunos…” han fichado como tertuliana a Edurne Uriarte, la esposa de José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte. Por su torpeza: el día de la última Diada, a la que asistió un millón y medio de personas, el telediario de TVE ocultó tan rotundo éxito emitiendo la noticia en el minuto 20, para justificarse al día siguiente diciendo que se trataba de “un error de valoración”. Por carcas: regresa Bertín Osborne con “Un mundo mejor”, un formato social en la línea del programa que hacía en Intereconomía. Y en último lugar, pero no por ello menos patético, por su blandenguería, su docilidad y su estupidez: el Ente anuncia que está preparando un programa sobre la Casa Real. No un especial, no: un programa, quizá semanal, en La 2, de tono “blanco y de corte muy institucional”.

¿Incluirá el programa sobre la Casa Real de TVE documentos gráficos como el que se puede ver sobre estas líneas? ¿Hablarán de los trapicheos de Urdangarín? ¿No? Pues perdone usted, pero menuda mierda de programa de actualidad sobre la Casa Real. Si dicen que el espacio, aún sin título, servirá para conocer lo que hace la familia real en sus viajes tanto en territorio español como en el extranjero, lo lógico sería que tuviese una sección sobre paraísos fiscales, otra sobre dictadores amiguetes, otra sobre el lucro de las entidades sin ánimo de lucro, etc, etc.

Cuentan que dirigirá el esperpento Miguel Ángel Sacaluga, consejero de RTVE nombrado por el PSOE, famoso porque votó, junto al PP, a favor de permitir el acceso a los miembros de ese órgano al sistema de trabajo y edición que utilizan los servicios informativos. El socialista Sacaluga quería controlar los telediarios, para que usted me entienda. Ahora promocionará la monarquía. Un ejemplo perfecto del nuevo, y exquisito, socialismo.

Un motivo para NO ver la televisión

John Hiatt

Cd: Mystical Pinball.

El cantante, guitarrista y compositor de Indianapolis vive, a los 60 años, uno de los momentos más excitantes de su vida. Manteniendo un gran ritmo de trabajo, y una creatividad exultante, Hiatt ha editado tres discos en los últimos tres años, todos ellos excelentes. Y se encuentra embarcado en una larga gira calificada por la crítica norteamericana con palabras como “inolvidable” o “magistral”. Poco más se puede pedir a un compositor de una regularidad sorprendente.

“Mystical Pinball” tiene canciones memorables. Ahí están “It All Comes Back Someday” o “I Know How To Lose You”, con sus melodías brillantes, sus juegos de voces, sus guitarras a lo Roger Mcguinn…Y las otras diez canciones que forman este álbum grandioso, con aires de blues duro, riffs contundentes y estribillos pop. Hiatt alcanza la madurez, tanto como guitarrista como escritor de canciones. Simple y sencillamente memorable.

La televisión de partido

Todo tiene sentido y es muy fácil de entender. Sígame… Rajoy y el resto del Gobierno del Partido Popular forman una banda de mentirosos compulsivos. Zapatero y su Gobierno también lo fueron, pero estamos hablando del presente. Rajoy y el resto del Gobierno del Partido Popular, les estaba diciendo, han mentido como bellacos en sus primeros meses al frente del país. Los medios de comunicación, algunos, desenmascaran a diario a estos farsantes y advierten a los ciudadanos de que están siendo estafados. Para esto sirven los periodistas: para ayudarnos a distinguir la realidad de la mentira, para destapar embustes y denunciar curruptelas. El periodismo de verdad es, por tanto, un grave problema para un Gobierno que necesita seguir mintiendo para conseguir sus fines: destruir el estado de bienestar para poner al servicio de sus intereses privados, y los de sus familiares y amigos, determinados valores públicos. Sanidad, educación, bancos, etc, etc, etc.

Para ocultar mentiras burdas, para disimular gestiones nefastas, para camuflar conductas corruptas, es imprescindible controlar el arma de propaganda más poderosa conocida: la televisión pública. Por eso y no por otra cosa el Gobierno de Mariano Rajoy dio ayer en el Congreso el visto bueno, con el apoyo de Convergencia i Unió (CiU),  al real decreto que permite nombrar al presidente de RTVE por mayoría absoluta. Se acabó el consenso: a partir de ahora el Partido Popular podrá elegir a quien gobierne la televisión y la radio públicas sin necesidad de pactar con ningún partido político. Seguiremos pagando con nuestros impuestos estos medios de comunicación, pero ya no estarán a nuestro servicio, sino al del Partido Popular. Olvídense de Ana Pastor y de Fran Llorente. Es tiempo de Alfredos Urdacis y Ernestos Sáenz de Buruaga.

El retroceso democrático es brutal. El PP destruye uno de los logros del PSOE, que confiaba en poder manipular la información desde medios de comunicación privados (y supuestamente rentables). Los populares escupen en la cara a la libertad de expresión y resucitan el fantasma de la censura: Rajoy dirigirá ahora RTVE. Ha muerto la televisión pública, ha vuelto la televisión de partido.

 

Un motivo para NO ver la televisión

A Cool Million. Desmontando a Lemuel Pitkin.

Autor: Nathanael West.

Editorial: Gallo Nero.

Este sería un libro desternillante si no fuera porque cuenta una historia dramática: la de un hombre desmembrado por las promesas del Sueño Americano. Se llama Lemuel Pitkin, vive junto a su madre en una miserable granja de Vermont, y quiere conocer mundo y hacer fortuna. Abandona el campo y llega a la gran ciudad dispuesto a triunfar, con poco dinero y mucha ingenuidad en el equipaje. Antes de que pueda bajar del tren ya ha sido desplumado. Poco después será encarcelado.

“Muy debilitado por la extracción de todos sus dientes, se había resfriado a la decimotercera ducha helada, y la decimocuarta había dañado sus pulmones”. El sistema penitenciario del país de las oportunidades le quita los dientes por su bien, para evitarle enfermedades. Es la primera de una serie de desgracias que hacen de Lemuel, un incorregible optimista, el ser más desgraciado del planeta.

Nathanael West (1904-1940), último representante de la Generación Perdida de Scott Fitzgerald y John Steinbeck, escribió en este libro una  deliciosa, cruel e irónica crítica al capitalismo y al sueño americano. Por su escritura trepidante, por sus personajes disparatados, por sus dosis brutales de humor negro (negrísimo) y porque, pese a publicarse en 1936, cuenta una historia de total actualidad. La bondad no tiene lugar en este mundo despiadado.

El campo de batalla

Los grandes líderes deberían ser especiales. ¿Ejemplares perfectos de la raza humana? De alguna manera. ¿Seres únicos, exclusivos, formados de manera minuciosa para guiarnos por este valle de lágrimas? Puede. En un futuro quizá sea la ingeniería genética quien diseñe, construya y ponga en el poder a estos individuos, lo mejor de nuestra especie. Algo más que humanos virtuales, muy cerca de los robots humanizados. Entonces no habrá paro, ni delincuencia, ni ignorancia, ni diferencias, ni abusos. Hasta que llegue ese futuro cercano tenemos que conformarnos con Rajoy.

Rajoy es un presidente de incógnito. Mientras su equipo se desgasta dando malas noticias, él permanece en las sombras. ¿Inactivo? De ninguna manera… Posando para la eternidad. El museo de cera de Madrid presentó el pasado martes la figura de cera de nuestro presidente del Gobierno. La escultura quedó expuesta en un pódium al lado justo de la familia real, en el lugar que hasta ese mismo día ocupaba la de Zapatero. El ex presidente ha sido trasladado al almacén por, según la dirección del museo, falta de espacio. El Rajoy inanimado, aún más inanimado, quiero decir, mide 1,86 metros y pesa 78 kilos. Cuando los periodistas preguntaron a los técnicos del museo por alguna característica especial de la figurita de Rajoy, se limitaron a decir que “tiene mucho pelo”.

Donde hay pelo, hay alegría, pensarán Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Ya nadie puede quejarse de que el presidente está desaparecido. Todos los días de la semana, de diez de la mañana a dos y media de la tarde, y de cuatro y media a ocho y media, y por apenas 16 euro (¡16 euros!), el precio de una entrada al museo de cera, cualquier español puede tener el soñado cara a cara con Rajoy. Cuando usted se encuentre frente al cerúleo avatar del presidente podrá por fin preguntarle todo aquello que lleva días envenenándole la sangre: ¿Pero usted no dijo que estaba en contra de la amnistía fiscal? ¿Pero usted no dijo que no subiría los impuestos? ¿Pero usted  no dijo que no abarataría el despido?

El Rajoy construido con panales de cera de abeja le escuchará de manera paciente, con la misma mirada bovina del Rajoy de carne y hueso. Y le responderá exactamente lo mismo que le respondería el Rajoy que se esconde en la sede de Génova.

Pero las buenas noticias no acaban aquí. Koji Eto, científico del Centro de Investigación y Aplicación de Células iPS de la Universidad de Kioto, ha anunciado que dentro de diez años comenzarán a probar sangre artificial en humanos. ¡Sangre artificial! Si el Partido Popular está por  entonces en el poder, cosa muy probable (cuatro años el PP, hasta 2016; cuatro el PSOE, hasta 2020; y regreso para cuatro del PP, hasta 2024), los herederos ideológicos de Manuel Fraga podrían inyectar sangre artificial al cuerpo inerte de Rajoy, que me temo para entonces reposará, junto al muñeco de Zapatero, en los almacenes del museo.

En ese momento mágico la hueca y estática figura, un esqueleto de metal con molde de arcilla y recubrimiento de cera caliente, sentirá cómo corren por su interior las plaquetas. Y cobrará milagrosamente vida. Entonces ya solo le faltará, para convertirse en un gran presidente, el tan esperado trasplante de cerebro. Y es que como dijo la artista alemana Barbara Kruger, “el cuerpo humano es el campo de batalla”.